~Protege Moi~

.

.

~Autora: Chrysallis Hime
~Capítulo: Intro.
~Extensión: 3.070
~Rating/Advertencias: T.
~Disclaimer: Masashi Kishimoto ©. Cherry Tomatoes.


Intro


Tsunade rozaba los sesenta años pero conservaba la mirada brillante y enérgica. Sus ojos, a pesar de reflejar una vitalidad que no correspondía a su edad, también revelaban desde su juventud un sentimiento de pérdida. Quizá aquel matiz en su mirada se debiera a su prematuro y prolongado historial de despedidas sin retorno, a su vicio con los juegos o a la fluctuante pero confortante estancia en la inopia que pagaba con botellitas de sake que siempre daba ganas de repetir.

Era una mirada vencida pero resabiada. Ahora que contemplaba desde la azotea de su despacho la lenta entrada de los últimos escuadrones cargando con los bultos oscuros, Tsunade comprendía que jamás llegaría el momento de dejar de aprender nuevas formas de experimentar el dolor, nuevas formas de vivir la pérdida.

Le había parecido que el terrible dolor de la pérdida se aprendía a tolerar con el primer adiós porque la herida que abría era inolvidable, pero cada pérdida tenía un sabor distinto que agriaba el corazón. Así, todas las pérdidas que llegaban eran siempre primeras veces. Si recibía el popular título de "legendaria perdedora", no era por capricho. El condenado apodo daba en el blanco.

Pero a Tsunade las pérdidas no terminaban de vencerle. Había creído realmente que en el escenario de la despedida siempre quedaba algo por lo que seguir luchando, y una villa como Konoha daba muchos motivos para volver a apostarse al pie del cañón. ¿Quién mejor que una perdedora legendaria para amortiguar el adiós e instruir a los jóvenes subalternos en el cumplimiento del deber contra viento y marea? Se dio una oportunidad haciéndose con el control de la Hoja para comprender con el tiempo que las viejas puñaladas seguían doliendo, porque la gente seguía muriendo y ella, con su apariencia artificialmente joven, estaba allí para enterrarlos a todos.

"A Jiraiya le puedo dar un pase, pero esto no tiene sentido —pensaba al verlos serpentear por el camino hasta el hospital—. El orden de las cosas no debe ser el que se da por naturaleza. ¡Los jóvenes tienen que superarnos! ¡Ellos nos tienen que enterrar!"

La mirada de Tsunade se reblandecía cuando pensaba en esa parte de Konoha que se perdía por defecto en el cumplimiento de su deber. Era muy duro ver llegar tantos cuerpos, tantas esperanzas entusiastas encerradas en las bolsas opacas. Pero más fuerte que todo el dolor que pudiera sentir con todas sus pérdidas juntas, más fuerte que su fama de perdedora, era la determinación que la animaba a hacerse grande cada día.

Vencida pero resabiada.

Resabiada y fuerte como pocos kages.

—Shizune —dijo con voz decidida y los ojos fijos en la procesión de cadáveres. Era el momento de recordarles a todos que la aldea seguía viva. Tenía trabajo que hacer.

—Sí. Les avisaré si encontramos algo raro. Prepararé la recepción en el cuartel ANBU y avisaré a las familias.


Junto a la fotocopia renegrida de la foto, los datos se ordenaban como en los otros siete nuevos informes. Los recortes del macabro libro de bingo ocupaban más de la mitad de la página, y los detalles de las autopsias improvisadas por el médico del escuadrón estaban garabateadas a pie de página, con algún rastro de sangre seca en el borde inferior, señal de que el auxilio prestado había sido tardío y, probablemente, demasiado global. Una buena asistencia siempre trataba las hemorragias en primer lugar, no mareaba las manos sobre un moribundo para no aplicar ninguna técnica.

"Las manos de un médico tienen que mantenerse siempre muy limpias, incluso cuando están dentro de un cadáver. La contaminación es peligrosa."

Los datos del último fallecido eran ligeramente distintos de los anteriores, pero nada que extrañar. El perfil era un promedio, como todos.

"Veintisiete años.

Especial dominio en los chakras de tipo tierra y fuego.

Especialidad: interrogación y tortura.

Diecinueve misiones de rango S realizadas como jōnin.

Seis años de antigüedad en el cuerpo."

Sakura se mordió la uña del dedo pulgar. Sus ojos escaneaban la información sobre sus habilidades y sus calificaciones en el examen ANBU. Su clan era muy popular, aunque no estaba muy presente en el cuerpo de élite. Era fácil hacer memoria con los activos que pertenecían a un clan, ya que sus historiales del hospital estaban organizados con ese patrón. Podía apostar que aquel chico de ojos rasgados de la foto había pasado por su inspección antes de emprender alguna de sus misiones. Intentaba darle color a su cara, aunque no fuera necesario, para recordarle y poder darse una explicación de cómo podía haber ocurrido aquella tragedia otra vez. Por el momento no había suerte. No había recordado a los anteriores y nada de lo que leía ahora le daba una pista.

Si había alguna manera de comprender por qué ocho efectivos de ANBU habían caído en la última misión, siguiendo la tónica de las dos últimas salidas, Sakura iba a dar con ella.

Leyó con pocas esperanzas la última línea del expediente, comprobando tristemente que la conclusión a la que había llegado Shizune al examinar el cuerpo era más profunda y detallada que aquel conciso "Ataque lateral, incisión de aguja en la sien", que rezaba el informe médico.

Unas pupilas tan afiladas y peligrosas como la aguja que había trepanado el cráneo de aquel pobre chico estaban intentando hacer lo mismo con la coronilla de Sakura. Los ojos oscuros de Sasuke la observaban estudiar los informes que acababan de llegar de la sala de autopsias. Las brillantes hebras rosadas de Sakura se balanceaban de un lado a otro con su gesto de negación. Había estado haciendo lo mismo con cada página que estudiaba, con cada noticia sobre la vuelta de la misión, con cada discusión que mantenía con el médico superviviente.

También había una frase repetida:

—Esto es inaceptable.

Más importante que averiguar los motivos de ese ataque o los enemigos que pudieran plantar cara a Konoha, a Sakura le preocupaba e irritaba a partes iguales que cuatro de las muertes podrían haberse evitado con una asistencia más preparada e instantánea. Por eso, clandestinamente, Sakura había llamado a Sasuke a su pequeño despacho. Le habían encomendado la tarea de hacer exámenes más exhaustivos si se presentaba algún cuerpo complicado y el papeleo para formalizar las actas de defunción, y en algún momento había decidido que ya era suficiente. En cuanto recordó que Sasuke era el capitán del escuadrón, se dijo que no podía desaprovechar la oportunidad para hacer algo. A Sakura le indignaba aquel triste desfile de cuerpos al hospital. La conformidad de los altos mandos de ANBU ante aquel horrible espectáculo, más.

—Inaceptable —repitió—. Ocho efectivos son muchos. —Pasó a la primera página, cerrando el pequeño dosier con desazón. Miró a Sasuke directamente, apoyándose completamente sobre la mesa con ambas manos—. Tenemos que proponer un nuevo examen para tu médico. Necesito que apoyes mi propuesta y convenzas a los demás capitanes para que hagan lo propio.

Sasuke, aún enfundado en su uniforme de ANBU, sentado y encorvado en el estrecho sofá en la pared contraria al escritorio, apenas parpadeó. Había decidido ir a ver qué quería, pero no parecía que su actitud distara mucho de la de sus superiores. Sakura se lo olía, pero debía sacar partido de su antigua relación de compañero con él para dar el primer paso como fuera. Aunque fuera la jefa de enfermeras, ANBU era muy hermético y su política muy estricta. Sasuke era perfecto para meter la cabeza.

—Las capacidades de los médicos son suficientes —comentó Sasuke—. Es Tsunade quien los autoriza para que sirvan en los escuadrones. Lo verdaderamente denunciable ha sido la incapacidad de mis efectivos para cubrirse las espaldas. Los problemas del cuerpo militar no son competencia del hospital.

— ¡Pero es la tercera vez que ocurre en tu escuadrón! ¡Cuatro de los fallecidos perecieron por una mala praxis! ¡Está claro que el médico que tienes necesita mejorar su preparación!

—Cuando fue a atenderles era demasiado tarde. Le observé bien mientras lo hacía. El ataque fue muy violento y rápido. Ni siquiera sabemos de dónde venían las armas.

—Dudo que fuera tarde. El informe no me lo deja claro —dijo Sakura devolviéndole la mirada dura—. Puedo proponerte hasta cuatro intervenciones distintas que les hubiera salvado la vida a dos de ellos. Los ataques con agujas son muy precisos, pero estos en particular no llegaron a cruzar el córtex. Se puede fortalecer la carga de plaquetas para cicatrizar la incisión, aun con la aguja dentro del cerebro, en menos de treinta segundos. Un minuto bien empleado de tu efectivo médico te habría salvado dos vidas.

— ¿Crees que el problema lo ha tenido nuestro médico? ¿No crees, en cambio, que esos dos deberían haber escuchado la aguja zumbar en el aire?

Eso era muy inquietante, se lo debía conceder. Una aguja era siempre suficientemente grande como para escucharla llegar a gran velocidad. De todos modos, preguntarse por la razón por la que no hubieron escuchado la aguja llegar era algo que no ayudaba a Sakura a llegar a ninguna parte. Sasuke añadió:

—Te diré cuál es el problema: estaban demasiado ocupados intentando saber dónde tenían los pies. Por eso perdieron la cabeza.

Sakura notaba a Sasuke muy tranquilo. Demasiado tranquilo. La relación de Sasuke respecto a su escuadrón, como capitán, distaba de reunir el epítome del compañerismo, pero conocía muy bien las habilidades de sus hombres y llevaba a cabo todas las misiones de la manera más fría y eficiente, como se exigía en ANBU. Hasta hace tres misiones. Sasuke había perdido quince efectivos y no parecía afectado de ninguna forma. Las pocas veces que abría la boca fuera del cuartel, lo hacía para hablar sobre el trabajo en el cuerpo ANBU y las tradiciones que se mantenían desde su fundación a manos de los Uchiha, pero para estar tan orgulloso de poder recalcar el nombre de Uchiha cada vez que podía y de lucir el estilizado tatuaje de la élite en su brazo izquierdo, parecía olvidar fácilmente que su responsabilidad era guiar al equipo en sus misiones evitando las situaciones fuera de control y volver a casa manteniendo el grupo al completo, sin devolver cadáveres. Sasuke siempre decía que se trataba de ANBU, no de un grupo de genins a punto de presentarse al examen chūnin. ¿Remordimientos? ¿De qué?

Una cosa era que a Sasuke le sobrara entereza para ver caer a los suyos y otra muy distinta que no pusiera remedio a la lista de bajas que parecía engordar con cada salida del cuerpo fuera de la Hoja. Los demás escuadrones no eran excepciones.

El problema, por supuesto, no se detenía ahí. La política exterior de Konoha había cambiado a raíz de esos ataques y las relaciones tirantes con el resto de países de la alianza no estaban haciendo un favor. Si la defensa de Konoha seguía debilitándose, el país iba a necesitar de la protección que no tenía, suponiendo un momento muy crítico e idóneo para esas potencias que quisieran imponer su poder sobre el Fuego. ¿Qué potencia de la alianza estaría rompiendo sus reglas intrigando contra el Fuego?

—Tal y como están las cosas, Sasuke-kun, me veo en la obligación de proponer un examen. Sería una negligencia pasar por alto esta carnicería sin reparar en el trabajo de los médicos. Tú encárgate del entrenamiento de los nuevos si quieres, pero ayúdame a hacer mi trabajo —levantó la mano para hacer un gesto suave mientras echaba una mirada sobre otro fajo de papeles donde se recopilaba la información de los médicos asignados a los escuadrones—. No sé. Podríamos organizar jornadas, pasar cuestionarios a los médicos, preparar nuevos volúmenes de...

—No.

—Pero...

—He dicho que no.

En el silencio que siguió, una lenta exhalación nasal enunció una amenaza queda. La inclinación del cuerpo de Sasuke hacia delante se acentuó y sus ojos oscuros iluminaron la habitación para Sakura con su intensa fijación. Sus manos, protegidas por los guantes de neopreno, se suspendían entre sus rodillas indolentemente, pero la amenaza estaba presente, ondeando en su cuerpo como una gota caída en la superficie de agua. Sin embargo, a su pesar, el cuerpo tenso de Sasuke y la negativa que seguía flotando en el aire, le inspiraban a Sakura una postura apuesta. La mandíbula de Sakura colgaba floja por la vergüenza y la indignación.

— ¿P—por... por qué no?

—Porque no necesitamos distracciones. Allí fuera está rondando algún enemigo que nos quiere ver muertos. Necesito tenerlos a todos entrenando, no paseándose por aquí.

—No terminas de darte cuenta de...

—Eres la favorita de Tsunade y te sabes muy bien tus lecciones, pero te olvidas de que ANBU no está para permitirse perder el tiempo con primeros auxilios, por muy especializados y prácticos que sean. Las salidas son frecuentes y arriesgadas.

Sakura no podía creer lo que escuchaba. ¿Que ANBU estaba muy solicitado? ¡Ya había pensado en eso! Se irguió completamente detrás de su escritorio y puso los brazos en jarras.

— ¡La manera que tiene ANBU de hacer bien su trabajo es sobreviviendo! Si la élite nos falla, ¿quién nos va a proteger? –salió de detrás del escritorio hasta que la luz anaranjada del ocaso proyectada desde la ventana iluminó resplandecientemente su bata blanca— ¿Quién?

—La élite es la élite. No vamos a fallar.

—Por supuesto, pero esta semana ya hay casi treinta efectivos de baja permanente. Treinta efectivos que no se van a levantar de la tumba para proteger la aldea. Sólo quiero ayudaros a hacer vuestro trabajo. ¿Por qué no quieres dejarme hacer el mío?

—No te estoy impidiendo hacer nada. Puedes conseguir lo que quieras hablando con otro capitán o con Tsunade. Pero conmigo no cuentes. No creo en tus medidas. ANBU no debe confiar en que el médico haga algo más que improvisar un vendaje. ANBU debe preocuparse de hacerse más fuerte y ser autosuficiente con eso.

— ¡No estoy pidiendo tanto! ¡Podríamos conseguir tanto con tan poco!

Sasuke se puso en pie y recogió el informe de su misión de encima del sofá. Como si ella no estuviera allí, se dirigió a la puerta y la abrió.

—La situación es delicada. Ya hacéis lo que podéis. Continúa haciendo tu trabajo redactando certificados de defunción y deja que nos valgamos por nosotros mismos. Haz lo que tienes que hacer.

Sakura sintió que todos los nervios se le ponían en punta al ver a Sasuke desaparecer tras la puerta. Le había dejado con la palabra en la boca.

"Haz lo que tienes que hacer".

"Continúa redactando certificados".

Ya estaban poniéndola de nuevo en "su sitio". ¡Cómo odiaba que lo hicieran! Desde que se especializó en medicina, todos los compañeros la habían tratado en las misiones como alguien al que debían proteger para asegurarse la supervivencia, ignorando que ella ya se había entrenado para ser mejor que nadie defendiéndose. Por más que intentara dejar claro que estaba preparada para hacer algo más que poner tiritas, todos hacían oídos sordos.

Y ahora que intentaba hacer algo para beneficio de la aldea entera, Sasuke subestimaba esa ayuda sólo porque ANBU debía valerse por sí misma.

"¡Pero una cosa no está reñida con la otra! ¡No les quitaría tiempo! ¡ANBU se fortalecería con un poco de ayuda!"

Ciertamente, no le había dado mucho tiempo de pensar qué podía proponer al cuerpo ANBU, pero tenía muy claro que había muchas cosas que mejorar, ¡y no era tan sacrificado! ¡Para nadie!

Sakura se había hecho un hueco en el hospital ella sola, evitando cualquier tipo de ayuda de su maestra para conseguir el acceso a material reservado, la participación en el diagnóstico en casos multidisciplinares o su propio puesto de trabajo. Había trabajado duro por hacerse respetar y ser una kunoichi de renombre.

Con unos compañeros como los suyos, el reto era difícil. Naruto iba y venía de los entrenamientos más sofisticados y duros, convertido en un ninja al que la tarea de hacerle sombra al difunto Jiraiya le quedaba más cerca cada vez que regresaba. Sasuke había tenido la gran oportunidad de afilar sus habilidades bajo la tutela de Orochimaru y se había impuesto entre los altos cargos del cuerpo ANBU en menos de un año al volver a Konoha y entrar en la élite (tiempo récord, considerando sus circunstancias).

Y ella estaba en un despacho pequeño, certificando actas. Sí, brillante y competente como ella sola, pero en un espacio cerrado, sin poder ambicionar tener las grandes aventuras que prometían esperar a sus compañeros. Ella siempre estaría a la zaga de aquellos ninjas excepcionales.

En su espacio cerrado, intentando cumplir con su deber, Sasuke la había dejado sola para que se tragara las palabras sobre el humilde trabajo que quería hacer. Ni siquiera le había dado tiempo a echar mano del bonito sermón sobre el espíritu de equipo que se había preparado pensando en el Equipo Siete para concienciar a Sasuke sobre lo importante que era que la Hoja funcionara eficientemente, aprovechando cada recurso. Pero si lo pensaba bien, tampoco le habría servido de mucho, ya que Sasuke seguía teniendo la misma actitud independiente de cuando era genin. De todos los grupos del diagrama de shinobis, ANBU actuaba de forma autónoma. Aunque guardaban obediencia hacia la Hokage, dentro de cada división, dentro de cada escuadrón, se operaba a placer de los capitanes.

Quizá entrar por medio de Sasuke había sido la peor idea, pero eso no significaba nada. Podía intentarlo con otro capitán. Incluso con la Hokage. Podía intentarlo incansablemente hasta que alguien la escuchara.

—Lo que está claro es que si me quedo de brazos cruzados, esto no irá a mejor —dijo en voz alta, para sí misma—. Si tengo que sobresalir sólo por seguir los pasos de Tsunade-shishou, que así sea.

Se quitó la bata y la dejó colgada en el perchero situado detrás de la puerta. Se sentó en el escritorio y escribió "propuestas" en un folio en blanco. Empezaba a oscurecer y ya debería haber salido del hospital, pero tenía un importante proyecto que llevar a cabo. Quizá los proyectos de gran envergadura le quedaran un poco grandes, pero a terca no le ganaba nadie; podía y debía plantearse el desafío de cambiar ANBU, aunque fuera un poco y temporalmente. Salvaría la aldea a su manera.

Pensó en Kakashi, en Naruto, en Sasuke. En su maestra y los cuerpos fríos que había visto al asomarse por la sala de autopsias. Apretó el bolígrafo entre los dedos.

"Voy a escribir mi propia historia"


Chicas, aquí empieza el primer proyecto de la comunidad Cherry Tomatoes formado en Livejournal. Es nuestro primer fic grupal y en él participamos ocho autoras -nos encontrarás en el perfil- . Debemos advertir que, a pesar de intentar escribir en español neutro, cada autora escribirá con aquellos tiempos verbales o pronombres personales -entre otros usos- que considere por su nacionalidad. Os encontraréis usos del español distintos, pero nos esforzaremos en escribir sin expresiones típicas de cada país para que no os confundáis.

Os animamos a que visitéis la comunidad, a la que podéis acceder a través del enlace de nuestro perfil.

Esperamos que os guste la introducción de Protège-moi.

Chrysallis hime al teclado.