Disclaimer: Los personajes, pertenecen a S. Meyer. La secuela de ''Ayuda a tu Hermano'' es de mi autoría.


Secuela de ''Ayuda a tu Hermano''

...

Siempre Es Bueno Ayudar

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Esme venía con una bolsa.

Le observé, incrédulo. Avancé con cuidado hasta ella, evitando a unas personas y disculpándome con las que golpeaba accidentalmente. Mi madre sonreía de oreja a oreja. Con un abrazo sobreprotector, me entregó la bolsa. La cogí rápidamente; ella ya estaba llorando. Un nudo se formó en mi garganta.

—Mamá, no es para tanto —Intenté calmarla—. Regresaré para navidad.

Ella hipó—. Edward, quiero que seas feliz. Ábrela cuando estés en el avión.

Sus palabras me desconcertaron, y antes de que hiciera cualquier pregunta, me dio un beso atronador en la mejilla y se marchó sin mirar atrás. Debía ser difícil para ella. La Universidad quedaba tan lejos que no podía conducir los fines de semana para verla. Imagino que al ser madre, dolería más ver partir a un hijo sin tener con seguridad cuando lo vería. Sonreí, con nostalgia.

Extrañaría mi hogar, extrañaría a mi familia… Extrañaría a Bella.

Pasé una mano por mis cabellos, frustrado. ¿Sólo podía pensar en ella? Regresé a mi lugar en la fila. Ya estábamos abordando. Miré la bolsa con recelo. Quién sabe qué cosas tendría adentro y sólo esperaba que Esme no hiciera algo loco. O que Alice no le hubiera dicho que hiciera algo descabellado. Alice me metía en mucho problemas, no era de extrañarse que…

—Su boleto, por favor —Gruñó el joven de la entrada.

Avergonzado por no prestar atención, se lo entregué; con una mano podía contar las veces que había subido a un avión, y nunca me había pasado esto. Una azafata me guió hasta mi asiento y me sonrió con coquetería. Fruncí el ceño. Ella nunca causaría el efecto que tenía Bella cuando sonreía así… Ahí estaba de nuevo, pensando en la castaña que se robó mi corazón y la única que ocupaba mis pensamientos.

Un timbre de celular se escuchó. Sobresaltado, comencé a buscar el lugar procedente de tal ruido. Mis manos vibraban, supuse que el celular estaba en la bolsa que me dio mi madre. Reí. Qué locura, ¿por qué haría eso? Ya tenía un celular bien podría marcarme a ese número. Decidí seguirle el juego. Con una sonrisa de oreja a oreja, contesté:

— ¿Diga? —Dije haciendo el tonto.

Silencio.

—Alice sé que eres tú, y… —La llamada se cortó y me quedé confundido.

Oprimí la tecla del menú para ir a llamadas y revisar el número. Indicaba 'desconocido' y ni siquiera ponía un número procedente. Esa broma era mala. Tal vez Alice no estaba tras de ella después de todo; quizás Emmett era el bromista. La sonrisa no se borró. Guardé el teléfono de nuevo en la bolsa, esperando a que llamaran de nuevo.

Pasaron un par de minutos y el avión no despegaba. Todos los pasajeros estaban a bordo y acomodados en su sitio. ¿Qué sucedía? Ni siquiera había indicado que apagáramos los aparatos electrónicos ni que nos abrocháramos los cinturones de seguridad. Algo había retardado el vuelo. Mis ojos recorrieron el alrededor; personas mayores y hasta niños ocupaban asientos. Me encogí en mi lugar.

La bolsa vibró de nuevo. Reí. Creía que la broma se había terminado, pues no habían dado muestra de querer continuarla. Saqué el aparato y lo revisé. ''Tienes un mensaje nuevo''. Se abrió en cuanto le di 'leer'. Era una confusa frase que en mi vida había escuchado. Lo leí con mucho cuidado, intentando resolver el mensaje oculto, pero era imposible.

Capitán, capitán, el radar está descompuesto.

¿Radar? Yo no poseía uno. ¿O es que significaba otra cosa? Me estrujé los sesos, pensando en el posible significado de eso. No daba ninguna. El radar se encontraba en la cabina… ¿Tenía que ir ahí? ¿Era una especie de sorpresa de despedida? El hecho me alegró y entristeció; fue una manera de despedirnos, de decirnos adiós. Sospeché de nuevo de Alice, era una persona pequeña llena de mucha energía.

Me levanté de mi asiento y caminé a través del pasillo hacia la cabina. En mi pecho, el corazón parecía quererse salir, temblaba mucho. Mis manos sudaron y tragué en secó una vez que estuve frente a la puerta. Estaba, irracionalmente, nervioso. El conocer lo que había tras esa puerta y los sentimientos que traería, era demasiado. Di unos toquecitos leves.

Esperé pacientemente, pero nada sucedió. Volví a intentarlo golpeando con más fuerza. Una tenue voz, que no identifiqué si de hombre o mujer, me indicó que entrara. Solté un bufido y pasé. Había dos enormes y cómodos asientos –piloto y copiloto- que parecían sacados de una oficina empresarial. Dos personas estaban sentadas, puesto que escuchaba a la perfección sus respiraciones.

— ¿Hola? —Inquirí, sonando como un idiota. No estaba tan seguro si venir fue lo correcto.

El asiento del copiloto se giró lentamente. Era… ¿Emmett?

— ¿Qué demonios haces aquí?

Su carcajada estruendosa me hizo sonreír. Se sentía avergonzado por usar a su hermana de esa manera, y él tenía miedo de que no volviera a ser feliz con otra persona que no fuera yo. También lo temía; siendo un sentimiento egoísta, ella podía ser feliz con cualquier persona que no fuera yo.

—Edward, no te vayas aún —Agregó rápidamente—. Regresa al aeropuerto… Bella aún no está aquí…

¿¡Bella!

—Es cierto —La otra silla hizo lo mismo, revelando a Alice.

— ¡Lo sabía! —Chillé—. ¡Estabas detrás de esto!

Fue tan infantil que ella rodó los ojos. Sonreí satisfecho. Yo tenía la razón, mi pequeña hermana estaba haciendo todo éste alboroto. Fruncí el ceño. Había pasado por alto el comentario de Emmett. ¿Qué hacen ellos aquí? ¿Y por qué Bella iba a venir? Las cosas entre nosotros estaban tensas. Sus rostros estaban nerviosos; Alice balanceaba sus piernas de adelante a atrás mientras que Emmett miraba a cualquier lado menos a mí.

— ¿Me dirán qué está sucediendo?

Intercambiaron una larga mirada en la que no supe identificar que se querían decir; igual, aunque lo descubriera, ellos no hablarían sin dar rodeos al asunto. Mi hermana soltó un suspiro. Su pequeña boca se abrió, y antes de que pudiera decir algo, el teléfono celular de ella vibró. Se le iluminaron los ojos y lo supe: Bella ya estaba aquí.

Independientemente de lo que ambos habían tramado, yo estaba feliz. Ella había recorrido había recorrido tres horas sólo para verme. Una sonrisa idiota se instaló en mi rostro… Salí corriendo de la cabina, y fue fácil bajar del avión una vez que todos estaban sentados. Bajé las escaleras del avión para correr hacia la entrada del aeropuerto. Cerré los ojos y corrí, seguro del camino. Jadeaba por un poco de aire, pero Bella estaba aquí, ¿eso qué importaba ahora? Con lentitud entreabrí mis ojos para ver como la puerta del pasillo ocho se abría.

Aquel cabello castaño estaba más enmarañado de costumbre, su ropa era apenas un pants gris con una sudadera a juego; en ella se veía hermoso. Respiraba con dificultad, al igual que yo. Mi sonrisa no se había borrado, y no tenía intención de que lo hiciera. Avancé con decisión hasta su posición; aún no me había visto. Resopló mientras decía algo entre dientes. Reí. Fue entonces cuando sus ojos –grandes y totalmente expresivos– se encontraron con los míos.

Bella POV

Esa melódica risa sólo podía pertenecer a alguien. Con miedo alcé mis ojos hacia él. Mi rostro enrojeció, dándome cuenta de que él vestía tan casual y bien como siempre, y yo tenía esta especie de pijama. Si mi madre no me hubiera dicho esas palabras, quizás seguiría en mi casa deprimida, pensando que lo había dejado ir. Sólo que aquí estaba, en el aeropuerto y él estaba frente a mí.

¿Se han quedado sin palabras? No, ¿han estado ansiosos por algo y al momento se quedan en blanco sin saber qué hacer? Este era uno de esos momentos. Sonreí nerviosamente y enredé mis dedos en mi cabello. Tenía que hacer o decir algo, pero nada venía a mi mente.

—Estás aquí —Susurró sin creerlo.

—Lo estoy —Afirmé. Me quise dar una patada por lo tonta que soné, sólo que antes de que agregara una cosa más, él ya estaba rodeándome con sus brazos.

El sentimiento llegó a mí, sin poder reprimirlo, lloré. Me apretó más hacia así, y sin poder respirar, me sentía en casa, me sentía con vida. Balbuceé cosas que estaba segura habían sonado absurdas y cursis.

—Soy una idiota —Lloriqueé—. Te perdí y por mi orgullo me rehusaba a recuperarte. Tonta yo… No te merezco —Continué, desahogándome, diciendo todo lo que pensaba—. Y sólo, yo sólo quería verte una última vez…

—Shh —Se separó de mí y colocó un dedo sobre mis labios—. Quiero estar contigo, Bella —El pulso se me aceleró ante sus palabras—. Para siempre.

No había momento más perfecto para un beso que éste. Pudo haber sido de esta manera si no hubiera descubierto a Alice y a Emmett espiándonos detrás de una planta. Edward y yo reímos de ellos y fue como si ambas risas se complementaran; él y yo éramos el uno para el otro, y todos sabían eso. Yo hacía poco que me había enterado, mejor tarde que nunca.

El vuelo se canceló por una tormenta y a Edward no le quedo de otra que esperar un mes para irse… Conmigo. Nuestro beso de película llegó, seguido de otro, y otro. Pero el que nunca olvidaría fue el que me dio esa noche.

Él estaba viendo por la ventana. Era una noche calmada y, por increíble que sonará, brillaba una hermosa luna llena. Entré con sigilo y lo rodeé con mis brazos. Edward se sobresaltó. Pasaron unos segundos antes de que reconociera mi aroma y sonriera contra mi brazo.

—Me has dado un susto de muerte, Bella.

Detalle por detalle, me había contado cómo es que sabía sobre lo de Emmett. Alice jugaba en doble bando. Saber que le gustaba antes de que estuviéramos juntos me hizo sentir mal; él me quería de verdad y yo estaba ahí sólo por mi hermano. Nunca hay que jugar con fuego, terminarás quemándote, o en mi caso, enamorada. Jugueteé con sus cabellos mientras observábamos la silenciosa noche.

— ¿Sabes, Edward? —Murmuré contra su espalda—. Realmente te amo.

Suspiró—. Yo también. Con todo mi corazón.

Ladeé mi cabeza, buscando sus labios. Edward esperaba ansioso nuestro beso; sus labios se movían con gentileza. Colocó una mano en mi mejilla y me acarició con su dedo de la sien hasta la barbilla. Dejé de respirar, pero no de besarlo. Moví con entusiasmo mis labios sobre los suyos, haciendo el tímido beso uno más atrevido. Ninguno de los dos lo quería terminar, ser el primero en ceder.

Una vez que éste acabó, le di un pequeño beso antes de acostarme sobre su regazo.

—Aprendí una valiosa lección —Dije como quién no quiere la cosa.

Vi como su perfecta ceja se enarcaba.

— ¿Ah, sí?

Asentí—. Siempre es bueno ayudar.

Reímos hasta llorar. Sí, definitivamente era bueno ayudar a un hermano.

Fin


Sé que mi mala costumbre de dejar finales de... ¿QUÉ PASA DESPUÉS? les ha dado en que pensar. Ejemplo: apuesto a que no se esperaban que fuera Esme la que fue tras Edward en el aeropuerto.

Ni yo.

Ésta secuela se la deben a Génesis, que me dio inspiración (?) O algo así. Feliz cumpleaños. Sí, hoy es su cumpleaños, no ando inventando nada :B

Gracias por leer,

Annelice K.