En realidad, la historia estaba planeada para terminar en el cap pasado… pero, meh! No pude resistirme a este pequeño salto, jeje. Disfrutenlo!

"Familia"

El rey Aranion estaba sentado frente al escritorio de su pequeña oficina, discutiendo algunas 'propuestas' –si se le podía llamar como tal a las demandas- de tres nobles dragones. Estos discutían acerca de la seguridad de un objeto poderoso y muy valioso para su gente: el medallón forjado durante su breve pacto de paz con los humanos. Suspirando, Aranion escuchó pacientemente los argumentos de uno de los nobles, que insistía en sacar el medallón fuera del reino.

"De verdad creo, Majestad, que lo mejor sería simplemente deshacernos de él" interrumpió uno de ellos. Tanto el Rey como el otro dragón lo miraron, serios y algo irritados ante la inocencia del noble.

"No es tan sencillo. El Medallón fue construido para protegerse de nuestros ataques… no puede ser destruido por nuestra energía" dijo el Rey. El noble entonces lo miró, debatiéndose entre decir o no lo que pensaba.

"Creo que tenemos a 'alguien' que podría, ¿no cree?" dijo el dragón con tono sugerente. Aranion lo miró, molesto.

"No es necesario; y créame, si vuelve a insinuarlo como un arma, no voy a contenerme" amenazó Aranion. El noble hizo una reverencia como disculpa.

"¿Y si termina en manos equivocadas?" insistió el dragón; los otros dos nobles asintieron en acuerdo.

"¿Acaso esta dudando de la capacidad de mi esposa para cuidarlo?" preguntó a su vez el Rey, calmado pero con cierto tono disgustado. Otro noble negó de inmediato con la cabeza.

"¡No! ¡Claro que no, mi señor! Nadie aquí se atrevería a dudar de la Reina, pero…" respondió el dragón, inseguro. Aranion suspiró y le dedicó una mirada tranquila pero firme.

"Entonces no tienen razón alguna para preocuparse. No podemos arriesgarnos a alejarlo de nuestra vigilancia; podría ser robado. Esta seguro aquí" insistió el Rey. Los nobles, pese a no encontrar un argumento contra eso, parecían reacios a aceptarlo del todo… y un sirviente abrió la puerta, lanzando una mirada avergonzada al Rey.

"¿Si?" preguntó Aranion. El sirviente parecía nervioso.

"Lamento interrumpirlo, Majestad, pero… alguien quiere verlo" dijo el dragón, remarcando la última frase. Aranion no pudo evitar una sutil sonrisa cuando vio la pequeña sombra detrás del dragón, que parecía algo asustado… solo había un dragón capaz de asustar al sirviente –inconscientemente, claro- a tan grado de interrumpir una reunión.

El Rey asintió con calma –ignorando la repentina tensión de sus nobles- y el sirviente se retiró con evidente alivio. Un niño, con el cabello tan negro como el de su madre –aunque no era rizado- entró en la oficina y prácticamente corrió hacia él, abrazando al Rey mientras dejaba escapar una risita inocente.

"¡Padre! ¿Ya podemos ir?" preguntó el niño con entusiasmo. Aranion sonrió, y revolvió afectuosamente el cabello del niño, que lo miró con aquellos extraños ojos.

"No puedes esperar, ¿no es así? ¿Dónde están tus modales?" preguntó Aranion, aunque sin mostrarse molesto por la entrada del niño. Éste, su hijo, lo soltó y se dirigió a los nobles… el Rey no pudo evitar notar el mismo porte de su madre.

En el instante en que el pequeño miró a los tres nobles, éstos hicieron un gesto similar al que harían al estar frente a un juicio de muerte. El Rey los vio tensarse aun más cuando el niño los miró con sus ojos amarillo-naranja, brillantes e intensos.

"Buen día" saludó cortésmente el niño, serio y educado; los dragones tragaron saliva, como si temieran que en cualquier momento el pequeño les saltara al cuello para devorarlos.

"Es… es un placer verlo, príncipe Arthion" consiguió responder uno de ellos, nervioso y asustado. Sin embargo, Aranion detectó un tono en su voz que no le gustó nada; el niño, inocente, ladeó la cabeza al notarlo, pero el Rey miró al noble con el ceño fruncido.

"¿Qué le he dicho sobre ese tono, Lord Theran?" comentó el Rey, molesto. El dragón se sobresaltó un instante.

"Yo… disculpe, Majestad" se disculpó el noble, pero volvió a dirigir la mirada hacia el príncipe Arthion. "Es solo que, bueno, sus ojos…" añadió, pero no tuvo el valor para continuar: Aranion lo miraba casi con tanta intensidad como su hijo.

"Por su propio bien, voy a ignorar esa última frase. Pueden retirarse" dijo Aranion con tono brusco pero educado. Los nobles lanzaron una última mirada a Arthion, y se retiraron con una sutil reverencia. Una vez solos, el príncipe miró a su padre con una mezcla de curiosidad y temor.

"¿Hay algo malo con mis ojos, padre?" preguntó Arthion con inocencia, aunque sin ocultar en lo más mínimo el tono apenado en su voz. Aranion –intentando reprimir el deseo de salir y darle un buen golpe a esos nobles- se acercó a su hijo y le palmeó el hombro con gesto juguetón.

"No, Arthion… es solo que les dan envidia" dijo Aranion, sonriendo. Como Arthion, pese a su corta edad, sabía ya que era un Silven –y, por tanto, de donde venía el tono de sus ojos- echó a reír ante la broma de su padre. Si, claro… envidia. El Rey entonces le ofreció una mano, que el niño tomó con emoción. Ambos salieron de la oficina con rumbo a los jardines.

"¿Entonces vas a enseñarme?" preguntó Arthion, esperanzado. Aranion fingió seriedad al mirarlo.

"Tu madre me mataría si se entera, ¿sabes?" comentó, riendo. Él sabía bien que Bellethiel no estaría del todo en contra, pero aun así le preocuparía el que le enseñara a Arthion técnicas de combate, especialmente tomando en cuenta lo que iba a enseñarle. El niño lo miró, como rogándole… y el Rey suspiró. "De acuerdo… de acuerdo" accedió.

Arthion saltó de entusiasmo, y prácticamente lo jaló –con más fuerza de la normal en un dragón de su edad- hacia el área que normalmente se dedicaba a las prácticas de combate.

Horas después, Aranion y su hijo avanzaron por el jardín para reunirse con Bellethiel; la dragona había salido a visitar a sus padres. Arthion, al verla, soltó la mano de su padre y corrió hacia ella con los brazos extendidos… el dragón la vio sonreír mientras se arrodillaba para recibirlo. Ella aun no lo soltaba cuando Aranion se acercó a ella.

"Veo que has estado molestando a tu padre" dijo Bellethiel con humor, acariciando suavemente la cabeza del niño mientras miraba a su esposo. Éste se encogió de hombros.

"En realidad no" respondió Aranion; su hijo le había ahorrado muchas horas de discusión con aquellos nobles, y sin siquiera darse cuenta de ello. Bellethiel notó la súbita expresión pícara del Rey y lo miró curiosa… hasta que sintió que su hijo trataba de llamar su atención.

"Padre estaba enseñándome en la arena" dijo Arthion con inocencia y entusiasmo. Aranion hizo un gesto… maldiciendo la inocencia infantil. Traidor. Sin embargo, su esposa lo miró sonriente, y no hizo comentario alguno al respecto. Levantándose, le entregó a su hijo un pequeño bulto.

"Suena bien. Anda, ve a jugar" dijo ella. Arthion sonrió y empezó a correr entre los árboles del jardín, mientras la Reina se acercaba a su aun impactado esposo para darle un suave beso en los labios. "Ya sabía que estabas enseñándole, lo sé desde hace un tiempo. Arthion no sabe mentirme" dijo Bellethiel, divertida.

"¿Y te dijo exactamente QUÉ le enseño?" Preguntó el Rey, recordando que había adaptado una de sus técnicas al poder del Silven, creando una totalmente diferente: las serpientes doradas. La Reina asintió, tranquila. Aranion entonces tomó su mano y ambos caminaron lentamente hacia una banca, donde se sentaron para observar jugar al niño.

"Creí que no te gustaría" confesó Aranion, pasándole un brazo sobre los hombros.

"La verdad, creo que esta bien. Es un Silven, y un príncipe; tarde o temprano debe aprender a defenderse. Y claro, si eso le ayuda a controlar su poder, mejor" dijo Bellethiel, que se recargó cómodamente sobre el pecho de su esposo.

"Tal vez… dime, ¿Cómo esta tu padre?" preguntó Aranion, relajado con solo sentir la presencia de Bellethiel cerca suyo. Ella suspiró, evidentemente tan complacida como él.

"Bien. Te envía saludos" dijo Bellethiel, señalando con la cabeza hacia la pequeña pelota, casi del tamaño de su puño, con la que jugaba su hijo: un regalo de su abuelo. Aranion sonrió; había tomado tiempo –y bastante- pero parecía que Lord Ethelin finalmente se había hecho a la idea de que él y Bellethiel estaban juntos… aun recordaba, con bastante humor, la expresión de shock y asombro del dragón ciego la primera vez que conoció a Arthion; seguramente, la energía de un Silven no era algo que se sintiera todos los días.

"Me alegra escucharlo" respondió después de un rato el Rey. Bellethiel simplemente asintió y se apretó más contra él. Aranion entonces se inclinó y la besó en los labios.

Bellethiel se enderezó para permitírselo. Como ya era habitual, ambos se olvidaron del lugar en el que estaban, concentrándose solo en la sensación del beso y en las ocasionales risas de Arthion. Se sentía tan bien estar así, en paz… aunque momentos después interrumpieron el beso, no se apartaron, observando a su hijo correr, mirando la puesta de sol.

El reino de Aranion había estado en paz por mucho tiempo… lo que les daba oportunidad de relajarse bastante. Satisfechos, Bellethiel y Aranion permanecieron ahí, disfrutando la tranquilidad del jardín.

Finalmente, todo era como tenía que ser.

Mseros nobles cobardes… al menos al príncipe le importa muy poco la forma en q lo miran, jeje.

Siii! No pude resistirme a escribir un poquito a esos dos junto con su hijo. Awwwww, asi dan mas ganas de volver a matar a Morothar! Pero en fin, ni modo…

Espero les haya gustado esta historia, yo disfrute mucho leyendo sus comentarios! Mil gracias x leer y comentar, y espero pronto traerles otro producto de mi lado oscuro, mwajajajaaa!

Saludos!