Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a S. M, solo la trama es mía.

Hold my Hand

Capítulo 17

Edward's POV.

A la mañana siguiente me desperté temprano, ya que tenía que ir al instituto a recoger la tarea que me habían asignado los profesores y de paso recogería a Bella para ir juntos. La noche pasada no le había dicho nada, así que opté por salir temprano de mi casa por si acaso ya se había ido. Alice no me había comentado nada sobre ir a casa de Bella ni Emmett, por lo que pensé como Bella: seguramente no quería molestar y se iría andando. Muy típico de ella.

Que me hubiesen echado del instituto era un verdadero coñazo. Es decir, ¿cómo iba a tener controlado a Mike y que no se acercara a Bella? Me lo merecía, claro que sí, pero si piensas bien te das cuenta de que Mike es un auténtico cabronazo y que se merecía que un autobús pasara por encima de él. Sé que mis pensamientos son un tanto asesinos, pero era lo que conseguía en cuanto mi mente registraba el nombre de Mike Newton. Por lo menos él también había sido expulsado, aunque no tantos días como yo. Tendría que ser muy sutil con Emmett cuando le dijese que mantuviera un ojo en Bella. Sin embargo, Emmett y sutileza en la misma oración no era precisamente bueno; nunca entiende nada y al final hace lo que le da la gana. Hablaría con Jasper si fuera necesario.

Me metí en la ducha y tranquilamente dejé que las gotas de agua caliente cayeran libremente por mi cuerpo. Como esa mañana, con suerte, no vería a Alice por ningún rincón de la casa, cogí lo primero que mi mano encontró en el armario y fui a la cocina. Mi madre ya estaba despierta haciendo el desayuno mientras que mi padre estaba sentado en la mesa con una taza de café frente a él y el periódico en una de sus manos.

―Buenos días ―Saludé en cuanto entré en ella.

―Hola, cariño ―Contestó mi madre, poniéndole el desayuno a mi padre.

―¿Qué haces levantado tan temprano? ―Preguntó éste.

―Anoche se me olvidó decirle a Bella que me tenía que pasar por el instituto a primera hora para recoger la otra parte del castigo, y conociéndola, sé que por no molestar se irá a pie. Así que voy a ir a su casa antes de lo que acostumbro.

Cogí un tazón y vertí leche y cereales en él. Me senté junto a mi padre justo cuando él se levantaba para irse al hospital. Siempre era lo mismo.

―Me marcho ya ―Se acercó a donde estaba mi madre y dejó un beso en su mejilla.

―Suerte ―Le deseó Esme. Era como una especie de rutina entre mis padres.

Algún día, pensé para mí, tendré una familia estupenda con Bella.

―He hablado con Renée ―Comentó mi madre.

―¿Sobre qué?

―Sobre la casa en la que os vais a mudar Bella y tú ―Posé mis ojos en los suyos para que continuase hablando―. Me ha dicho que podéis echar un vistazo siempre que queráis, pero la llave la tiene Charlie todavía. Y que cuando queráis vosotros dos, podéis «autorizarme» para comenzar con la decoración.

―Claro que sí, mamá. Seguro que Bella no pondrá ningún impedimento ―Le sonreí―. Al contrario, estará completamente emocionada.

Me miró con un cariño infinito y me acarició mi frente con ternura.

―Me enorgullece tanto lo que estás haciendo por Bella y por el bebé ―Sus ojos se anegaron de lágrimas.

―Me alegra eso. Sabes, mi amor por Bella es muy profundo y puedo sentir que ese sentimiento puede durar y luchar contra todo lo que ponga frente a nosotros.

―Me recuerdas tanto a tu padre… ―Rio dulcemente y se limpió las lágrimas que había derramado.

―Me lo dices como ocho o nueve veces al día ―Bromeé―. Al final me lo voy a creer.

―Anda, tonto; dale un abrazo a tu madre ―Me acerqué a ella y puse mis brazos a su alrededor. Dejó un beso en mi frente e intentó arreglarme mi pelo, sin resultado alguno.

Después de asegurarme de que estaba bien, cogí las llaves del Volvo y la chaqueta y me dirigí a la casa de Bella.

Justo estaba llegando cuando Charlie salía con el coche patrulla marcha atrás. Me paré a su lado y esperé a que bajara la ventanilla. Le comenté lo que me había dicho mi madre y estuvo totalmente de acuerdo en que Bella y yo la visitáramos en los próximos días. Sacó su llavero y sacó una de las llaves. Por si acaso, me la dio junto un papel donde estaba anotada la dirección de la casa por si no nos veíamos. Nos despedimos y cada uno siguió por su camino.

Estaba bajando del coche cuando la puerta de la casa se abrió y mostró a Bella enfundada en una sudadera de algodón y unos pantalones vaqueros. Llevaba puestos sus audífonos, por lo que no me había visto todavía. Eché a caminar y me situé detrás de ella. Y, desde mi posición, podía escuchar perfectamente la música que reproducía su iPod. Se dio la vuelta y pegó un grito en cuanto se encontró con mi pecho. Cerró los ojos fuertemente cuando tomé su cintura con mis manos para prevenir algún mareo o desmayo.

―Ay, Dios ―Murmuró.

―Bella, soy yo. Abre los ojos ―Le susurré en el oído. Vi como abría sus ojos, dejándome ver esos preciosos ojos marrones, y noté cómo su respiración volvía a la normalidad.

―Joder, Edward. ¿A caso querías matarme o qué? ―Golpeó mi pecho mientras reía.

―Lo siento ―E incliné mi cabeza para juntar nuestros labios.

―¿Qué haces aquí? ―Susurró enterrando su cabeza en mi cuello.

―He venido a recogerte ―Le dije en el oído―. Tengo que ir al instituto para coger los deberes y no quería que fueras andando, como ibas a hacer. Así que aquí estoy…

―Mmm ―Se acurrucó contra mí. Me quedé extrañado, pues Bella no era muy dada a acurrucarse contra mí. Me agradó.

―¿Bella? ―Pregunté con diversión.

―¿Mmm?

―¿Qué te pasa? Te veo un poco lánguida hoy.

―Tengo mucho sueño, Edward ―Bostezó y depositó un suave beso en mi cuello, haciendo que me estremeciera―. Me ha costado la vida levantarme porque esta noche no he dormido casi nada. Te he extrañado mucho ―Añadió con voz melosa.

―Vamos, dormilona; cuando llegues esta tarde puedes echarte una siesta. Mientras tanto, debes ir al instituto y aprender todo lo posible ―Le sonreí dulcemente y la alejé un poco de mí para poder besarla de nuevo. Sus labios eran como una droga para mí. Toda ella.

Cuando logré que se mantuviera en pie por sí sola y que el sueño no la venciera, la guié hacia mi Volvo y cuando estuvimos instalados le comenté lo que me había dicho mi madre y que Charlie me había dado la llave de nuestra futura casa ―joder, qué bien sonaba eso―; por supuesto, Bella se desperezó y, volviendo a cambiar radicalmente de humor, se puso muy contenta de poder ir ya allí y ver cómo estaba todo. Respecto a lo otro, que mi madre quería hacer la decoración, Bella no le puso objeción alguna y dijo que lo único que quería decorar, si podía, era la cocina. Como un niño pequeño, me pedí la mejor parte: el cuarto del bebé. Al decirlo ―más bien exclamarlo pues sonó a algo como «¡Me pido el cuarto de nuestro bebé!»―, los ojos de Bella se anegaron de pequeñas gotitas saladas a la vez que reía.

Por suerte ya habíamos llegado al instituto, así que solo le desabroché los cinturones y la pasé a mi regazo. Le acaricié la espalda y me plantó un satisfactorio beso que me dejó jadeante y algo atontado. Pasé la yema de mis dedos por su mejilla y ella se quitó los últimos restos de lágrimas de sus ojos.

Pero siempre tenía que estar por ahí Emmett para romper la magia del momento.

―¡Hey! Bajad de ahí ahora mismo. Bien sé yo que los coches no solo están para conducir ―Dijo con su típica voz chillona. Rosalie se sonrojó y escondió su cara en el bolso. ¡Por Dios! Qué vergüenza de hermano, de verdad.

―No sé cómo le soportas, Rose ―Le comenté bajando del coche con Bella.

―Yo tampoco, Edward. Yo tampoco ―Me contestó con algo de dramatismo.

―Que sepas, Eddie, que a partir de ahora te voy a vigilar de cerca. No tocarás a Bella mientras que yo esté en frente.

―Descuida, Emmie. Si hacemos algo, que creo que por ahora no, lo haremos en privado. No como tú ―Bella se apegó más a mí y pasó sus brazos por mi cintura. Le puse mi brazo en sus hombros.

―Awww, Emmett. Déjalos, son demasiado monos para decirles algo ―Escuché que Rosalie decía, pero yo me había vuelto a quedar prendado de los ojos chocolate de mi preciosa novia. A penas registré el flash de la cámara de fotos.

―¡Odio las fotos! ―Gritó Bella, para después irse precipitadamente hacia dentro del instituto. No supe si seguirla o no; no quería agobiarla, pero quería que supiera que estaba ahí para ella, para lo bueno y lo malo.

―Wow, cómo está hoy la embarazada ―Comentó Jasper, que acababa de llegar con mi hermana.

―No le habrás hecho algo, ¿no? ―Preguntó mi hermano. Aunque dudé y empecé a pensar que tal vez era más hermano de Bella que mío, debido a la forma por la que se comportaba con ella.

―¿Yo? ―Me señalé a mí mismo y alcé las cejas―. Todo iba bien. He llegado a su casa, me ha echado una regañina de broma por asustarla, después casi se queda dormida en mi hombro, le he subido el ánimo con lo de la casa, pero ahora otra vez estaba adormilada y supongo que las fotos ha sido la gota que ha derramado el vaso ―Me encogí de hombros.

―Eddie, sois tan dulces ―Señaló Alice por no-sé-cuánta-vez dando saltitos―. Sois como los protagonistas de una película americana para adolescentes.

―Ya, Alice ―La paré y ella iba a añadir algo más, pero sonó el timbre.

Me despedí de ellos y fui hacia secretaría para coger la que iba a ser la condena durante mis próximas dos semanas.

La señora Cope, una mujer muy agradable y que me conocía desde que había pisado por primera vez el instituto, me envió una mirada entrecerrada y con algo de decepción. Estuvimos un rato hablando y le conté lo que había pasado, pues sabía que ella ya sabía la otra versión y me agradaba que la mujer se interesara por mi opinión. Básicamente conocía desde antes de yo averiguarlo que estaba enamorado de Bella, así que podía confiar en ella, pues no se lo había contado a nadie. Le tenía mucho respeto y me trataba como si fuera su nieto o algo parecido. Después de haber charlado un rato con ella, me despedí y me dirigí a mi Volvo.

Se me había olvidado a Bella comentarle que esa mañana iría a la casa para inspeccionar los daños (polvo, muebles, suelo, paredes, etc.) para ver lo que necesitaba. Así que le mandé un mensaje y poniendo el manos libres en el coche, llamé a mi madre. Le pregunté si tenía que hacer algo esa mañana y me dijo que tenía que terminar de hacer una cosa pero que después estaría libre; quedamos a una hora en concreto en la casa y cada uno llevaría una cosa con la que trabajar.

La casa era muy acogedora, pequeña, perfecta para los tres. No era muy grande, era una pequeña cabaña de una planta que se extendía a lo ancho. La fachada era de ladrillos marrones y los grandes ventanales blancos. Tenía un gran y extenso jardín tanto delantero como trasero. Había una pequeña buhardilla y un garaje para dos coches.

Era maravillosa. Esplendida.

Dejé el coche fuera y comencé a inspeccionar el estado del jardín. Se notaba que estaba muy dejado y que la tierra no era fértil; no entendía mucho de jardinería, por lo que esperaría a mi madre que era la entendida. Me adentré en la casa y todo estaba en orden, excepto que había mucho, mucho, mucho ―bastante― polvo para el bien humano. Tosí hasta que pude abrir una ventana y decidí abrirlas todas, para que la casa expulsase ese olor a cerrado que conservaba.

Salí de nuevo hacia el coche y saqué todas las cosas que había traído para comenzar a limpiar. Mi madre tardaría en llegar, así que tenía que limpiar solo hasta que Esme llegase y sinceramente, no sabía por dónde empezar; había tantas cosas que hacer. Los escasos muebles estaban cubiertos por una sábana blanca, protegiéndolos del polvo y la humedad; tendría que hablar con Charlie sobre esto. De todas maneras, los destapé y observé que estaban en buena condición.

Por suerte, había agua, por lo que aproveché y llené los cubos para introducir los trapos y limpiar con ellos.

Tras lo que me parecieron horas infinitas, mi madre llegó. Por lo menos, me había traído mis altavoces para conectar el iPod y que la limpieza se nos hiciera mucho más amena. Estuvimos hablando de las ideas que tenía mi madre en su cabeza y de cómo quedaría más o menos cuando acabáramos.

Alice me había enviado un mensaje a la hora del almuerzo diciéndome que no hacía falta que recogiera a Bella, que ella se iría con ellos a nuestra casa. Eso me subió el ánimo y mejoré mi rendimiento.

Sobre la hora de salida del instituto, recogimos todo y fuimos hacia nuestra casa. Como ella no había traído su coche y la había dejado de paso una amiga fuimos juntos y estuvimos hablando del futuro y de todo eso.

Cuando llegamos, esperaba ver a Bella en el salón con Emmett jugando a la Play o en la habitación de Alice hablando sobre cualquier cosa. Pero me sorprendí cuando no la vi por allí.

―¿Dónde está Bella? ―Le pregunté a mis hermanos que estaban en el salón viendo la tele.

―Ha sido llegar, hablar un rato con Emmett y ha dicho que si nos importaba que fuera a tu habitación. Así que allí estará. Eso sí, no sé que estará haciendo ―Contestó Alice, con una sonrisa pícara. Se escuchó un «uhhhh» con tono travieso proveniente de mi hermano.

Meneando la cabeza, subí hasta la tercera planta y abrí la puerta de mi cuarto.

Y allí, mi preciosa novia, estaba recostada sobre mi almohada con mi camiseta del pijama entre sus manos. Estaba… muy dulce, tanto que una estúpida sonrisa se instaló en mis labios. Me acerqué a ella y le retiré el cabello de la cara. No se inmutó, aunque los bordes de sus labios de ensancharon. Era la cosa más adorable que alguna vez había visto. Me levanté para hacerle una fotografía y cuando la tuve hecha, me volví a acercar a ella. Dejé varios besos por su mejilla y por su frente para ver si se despertaba, pero como lo hacía, decidí dejarla dormir.

Bajé de nuevo al salón y me senté al lado de Emmett, el cual le estaba dando una paliza a Alice en algún videojuego de carreras para la Play 3. Alice perdió y me pasó a mí el mando.

―Prepárate para perder ―Le dije entrecerrando los ojos.

―Quien ríe el último ríe mejor.

3, 2, 1… y la carrera comenzó.

―Hey, chicos, ¿y si vamos de compras con Bella? Me he dado cuenta de que los pantalones casi no le cierran ―Soltamos unas risas.

―No sé si estará de humor, Alice. Está durmiendo como un tronco; no la he podido despertar.

Mi hermana bufó y se cruzó de brazos. Emmett y yo nos gritamos como obsesos por ganar, y Alice incluso se enfurruñó más. Reímos ruidosamente.

Iba ganando la carrera, casi para terminarla, apretando los botones del control como si la vida me fuese en ello, cuando unos dulces brazos aparecieron por mi vista periférica y unas manos taparon mis ojos.

Emmett chilló estrepitosamente ―como solo él podía hacerlo― y ahí fue que noté que había perdido. Mierda, Emmett me lo recordaría durante mucho tiempo. Mierda.

Bella me besó en la oreja. Reí como un tonto; ¿qué puedo decir? Era mi punto débil y al parecer el demonio que tengo por novia ya se había dado cuenta e iba a sacar partido al máximo.

―Hola ―Saludé―. ¿Te hemos despertado?

―Mmm, un poco ―Sonrió y dio la vuelta para sentarse a mi lado―. ¿He hecho que perdieras?

―Un poco ―Dije con sus mismas palabras―. Nah. No importa. Ahora Emmett me lo recordará todos los días.

Alice le comentó a Bella qué pensaba sobre ir a comprar ropa, y para asombro de todos ella dijo que tenía razón, que debía comprarse ropa. Mi hermana saltó emocionada y se fue hacia su habitación para hacer no sé qué.

Me fui a tomar una ducha para quitarme toda la suciedad que tenía encima después de la limpieza y salí totalmente renovado. Allí, encima de mi cama, reposaba la ropa que Alice había dejado para que me la pusiese; por desgracia, ese día no habría más camisetas básicas por mucho que yo lo quisiera. El conjunto consistía en una camisa vaquera, unos pantalones rojos y unos mocasines azules. Estaba abrochándome el pantalón cuando la puerta se abrió de sopetón. Bella estaba allí. Me miró. La puerta se cerró de un portazo. Desde mi posición escuché una risa muy alta que rayaba la histeria. Bella, como no.

―¿Bella? ―La llamé. Me miró y me fijé que estaba totalmente sonrojada. Vestía una camiseta blanca ¾ con algunos detalles en diferentes colores, con unos pantalones cortos, medias y unos botines―. Estás muy guapa ―Le susurré en el oído, porque se había dado la vuelta, dándome la espalda.

―Podría decir lo mismo, pero… ―Y volvió a reír.

―¿He hecho… algo… para que te rías? ―Le preguntó un tanto confundido.

―¡Claro que no! Es solo que… no te esperaba ver así ―Suspiró y se dio la vuelta―. Venía porque Alice me dijo que te buscase. Se está impacientado.

―Típico de Alice ―Rodé los ojos y retrocedí sobre mis pasos para ponerme la camisa y los zapatos.

El pelo lo llevaba aún mojado, pero era igual de inútil intentarlo peinar tanto el mojado como en seco. Era algo natural en mí.

Bajamos juntos y ahí ya estaba Alice preparada con un vestido rosa cotidiano y mi hermano con una camisa de cuadros azules.

Mientras que íbamos de camino al centro comercial, Emmett nos dijo que Jasper y Rosalie no podían ir porque su madre quería pasar la tarde con ellos. Charlamos sobre cosas banales y para cuando nos dimos cuenta, ya habíamos llegado al gran edificio idolatrado por mi hermana.

Después de varias horas dando tumbos de una tienda hacia otra, Bella decidió que quería tomarse un descanso.

Era muy comprensible, pues no había parado desde que había llegado. Por muy raro que pareciese, le había dejado a Alice que le comprara todo lo que ella quisiera siempre y cuando no fuera muy caro. Sin embargo, cuando fuimos a la tienda de bebés, fui yo quien pagó la mayoría de las cosas; tampoco dijo nada, aunque pude ver reflejado que sentía un poco de vergüenza o algo semejante al nosotros comprarle la ropa. El caso es que no refunfuñó y puso todo el entusiasmo que hacía feliz a Alice; y lo mejor era que no era para nada fingido.

Aprovechando la tirada, Alice compró también algunas cosas para mí, para Emmett y para los hermanos Hale; y Emmett y yo fuimos a la tienda de videojuegos para que se comprase algunos juegos mientras que las chicas iban a la tienda top secret de mi hermana. No era para nada secreta: era la tienda de ropa interior. Emmett y yo habíamos salido escopetados, no porque nos incomodase o algo así, si no porque no quería incomodar a Bella. Seguro que se habría sonrojado.

Paramos y fuimos al McDonald's, porque a mi novia se le había antojado un McFlurry de oreo con chocolate blanco. Una vez con su helado en la mano, sostuve su otra mano en la mía y nos dirigimos al coche. Me encantaba darle todos sus caprichos, era bastante satisfactorio.

En el camino hacia casa, Charlie llamó a Bella.

―Hola, papá ―Saludó―. ¿Qué pasa? Sí, estoy con Edward, Alice y Emmett. Mmm, no sé si querrán, les tengo que preguntar. Además de Esme y Carlisle… Ah, bueno, entonces mejor. Sí, ahora te llamo. Te quiero.

Aparté un segundo los ojos de la carretera para preguntarle sutilmente el motivo de la llamada de su padre, pero el duende cotilla y entrometido que tengo por hermana me quitó las palabras que iba a pronunciar.

―¿Qué quería tu padre, Bella?

―Era para decirme que Renée quiere que cenéis esta noche en casa ―Sonrió dulcemente―. ¿Podéis, verdad? Bueno, si no podéis, se hará otro día; no pasa nada ―Aunque quiso mostrar la misma alegría que la embargaba cuando nos lo contó, no lo pudo lograr. Ay, mi Bella, se hace suposiciones antes de tiempo. Me encantaba.

―No saques conclusiones antes de escuchar nada ―Dijo Emmett.

―Cierto ―Apuntó ahora mi hermana.

―Los Cullen siempre podrán quedar contigo. Da igual la hora, el lugar y en las condiciones que sea ―Puntualicé, aparcando el coche.

―Porque eres muy importante para nosotros.

―Sobre todo para Eddie. Pero lo que importa es que te queremos mucho.

Y esa fue la chispa que encendió el fuego (el llanto, más bien): se puso a llorar a moco tendido. Emmett se quedó atontado y se apresuró a salir del Volvo, pues no estaba acostumbrado a tratar con chicas que lloran ―Rosalie es fuerte como una piedra y pocas veces se la ve llorando; y Alice y mamá eran igual―; Alice sonrió con su típica alegría y salió discretamente del coche. Nos quedamos solos.

La abracé para reconfortarla y sus lágrimas fueron disminuyendo poco a poco, hasta que desaparecieron por completo. Me apretó más contra sí y hundió su cara en mi pecho. Sorbió por la nariz a la vez que me separaba un poco para abrir la guantera del coche y sacar un rollo de papel que siempre llevaba ahí. Se separó completamente de mí y le limpié delicadamente las gotas saladas.

―¿Eso es verdad? ¿Lo que me habéis dicho?

―Claro que sí. Para ti siempre, siempre ―Hice hincapié en esa palabra― estaremos disponibles, a cualquier hora de cualquier día, ¿entendido?

Ella asintió. Dejé un beso en su frente y después abrí mi puerta para salir y ayudarla. Cuando entramos en la casa, mi madre subía las escaleras ―seguramente para arreglarse―, Emmett había desaparecido y Alice estaba en el salón con el móvil en la oreja.

―Ya he llamado a papá ―Sonrió―. Ven a mi cuarto, Bella.

Pero Bella no estaba muy cooperativa. Soltó mi mano solo para pasar sus brazos por mi cintura y abrazarse a mí con fuerza. Alice me miró con sus ojitos de perrito mojado bajo la lluvia para que obligase a Bella a subir con ella a su cuarto. Sin embargo, mi novia me conmovía más que la expresión de Alice y para que lo viera, levanté mis manos en señal de rendición. Mi hermana refunfuñó y se fue hacia las escaleras.

Le pasé un brazo por los hombros y la llevé hasta el sillón. Se recostó sobre mí mientras yo jugueteaba con un mechón de su suave cabello. Bella estaba muy cariñosa ese día; no es que me queje, pero usualmente es tan… mimosa. Suele ser más a su bola, independiente. Pero eso me gustaba, que se apegara a mí. Aunque por otra parte, pensé que sería por la vergüenza. Ella es muy tímida y estaría cogiendo las confianzas. La verdad es que no lo sé. Este ataque de amor podía ser por muchas cosas. Dejé de pensar y disfruté el momento.

Emmett chilló y berreó como un niño chico para que le dejáramos conducir. Mi madre no tuvo más remedio que decirle que sí, porque si íbamos en cualquier otro coche se tiraría toda la maldita noche echándonoslo en cara. Por lo que nos fuimos en el Jeep.

―¡Hola! ―Saludó Renée frente a la puerta principal de la casa de los Swan―. Pasad, pasad. ¿Qué tal estáis?

―Muy bien, Renée ―Le contestó mi madre y le dio un beso en la mejilla.

―Bella, cariño, apenas te vemos por casa ―Rio su madre dándole un abrazo.

―Sí, bueno. Los Cullen me tienen entretenida ―Mi novia sonrió.

―Eso está bien, me alegro mucho por ti. ―Le contestó su madre con orgullo. Nos saludó a mí y a mis hermanos y nos hizo pasar al salón.

Nos sentamos todos en los sillones y en las sillas mientras que Renée terminaba de poner la mesa. Charlie se había retrasado en la comisaría, pero no tardaría en llegar. Igual que mi padre.

―Tengo que deciros una cosa ―Dijo Bella susurrando.

―¿El qué, el qué? ―Preguntó la cotilla de mi hermana.

―Mi madre es una horrible, pésima, desastrosa cocinera. No os prometo que nada de lo que ponga en la mesa sea comestible ―Y puso una mueca de asco. Reímos juntos y Esme se excusó para echar un vistazo. Si alguien era buena crítica sobre la comida, esa era mi madre.

Estuvimos charlando hasta que la puerta se abrió y escuchamos unas risas. Después, mi padre y Charlie entraron por la puerta del salón. Nos saludaron y preguntaron dónde estaban nuestras respectivas madres. Se quedaron a hablar con nosotros; luego nos sentamos en la mesa.

―¿Cómo te va en la escuela, Edward? ―Preguntó Renée. Pero antes de que pudiese articular palabra alguna, mi padre se me adelantó.

―Lo han expulsado del instituto ―Bajé la cabeza y fijé la mirada en el plato de comida.

Pude escuchar el sonido de expresión que hacía Renée y cómo Charlie se daba ligeros golpes en el pecho, como intentando que la comida bajase más rápido.

―Y eso… ¿por qué sucedió? ―Preguntó Charlie, y pude notar cómo sus ojos se clavaban en mí.

―Defendió a Bella ―Dijo Alice. Mi pequeña hermana era muy intuitiva y normalmente sabía mis sentimientos; habría notado mi inseguridad.

Un silencio incómodo se dio paso tras esa breve conversación.

Charlie carraspeó y frunció el ceño.

―¿Qué… le hicieron algo a Bella?

―Un chico me dijo unas cosas desagradables y Edward salió en mi defensa. Eso es todo, papá ―Intercedió Bella y antes de que alguien pudiera preguntar cualquier otra pregunta complicada de responder, añadió―: ¿Has ido a la casa, Edward?

―¡Es verdad! ―Comentó Alice a la vez que Renée―. ¿Cómo te ha ido? ―Preguntó Alice.

―¿Está en muy mal estado? Lo sentimos, hace muchísimo tiempo que no pisamos esa casa ―Se lamentó la madre de Bella.

Y así nos enzarzamos en una amena charla, en la que todos participaron y aportaron cosas bastante ingeniosas (Alice), creativas (Renée), infantiles (Emmett), prácticas (Carlisle), dulces (Bella), decorativas (Esme) y curiosas (Charlie). Estaban muy contentos y compartimos muchas risas. Mi madre, por su parte, empezó a contar anécdotas de cuando éramos pequeños, para mi desgracia, y Renée hizo lo propio con Bella, haciendo que su inseparable sonrojo apareciera en sus mejillas.

No me separé de Bella en toda la noche.

Fue una noche memorable.


¡Hola!

¿Qué tal os ha parecido el capítulo? :) Espero que haya sido de vuestro agrado. Me ha gustado, no sé por qué :3

El caso es que os tengo que comentar una cosa... Creo que haré secuela. Es decir, no soy muy fan de ellas, pero creo que lo que quiero hacer con el final de esta historia pues... como que tendría que hacerla. Pero no sé si hacerla, porque si vosotras no me vais a seguir leyendo sería alargar más y más y más la historia, entonces quiero vuestra opinión :)

No tengo mucho más que decir, solo que creo que el final se acerca *redoble de tambores* jajaja solo quiero saber si os gustaría que hiciera la secuela o no (aunque ya estoy casi al 100% segura de lo que voy a hacer)

Muchas gracias por vuestros reviews, favoritas, alertas, etc. Lo aprecio mucho :')

No sé cuando actualizaré, pues ya tengo dos exámenes (Química y Geología, vaya coñazo)

Me despido,

Sandy.

Twitter: SandyPattz

Tumblr: sandypattz . tumblr. com

let's go crazy, crazy, crazy till we see the sun!