Bueno la secuela de: "El amor no entra por las piernas". Espero les guste.

Summary: La vida, no siempre les sonreirá a Draco y a Hermione. Mucho menos a ella. Blaise ha regresado y desea formar parte de la gran familia. ¿Qué otra opción les quedará? Son padres de la pequeña Eliane. No tienen alternativa, más que congeniar. Por que los tres, tienen la misma responsabilidad.

Disclaimer: Nada es mío, solo la idea. El resto es de JK.


Un regreso turbio


Hermione estaba descansando. La cesárea había sido existosa y Draco, sostenía a la pequeña Mariane, con mucha felicidad. Sin embargo, Tonks y Snape, no estaban contentos de ver a Blaise Zabini. Con un gesto violento, Severus arrinconó a Blaise contra la pared. Lo miró con un recelo, mientras Blaise sonreía como si aquello le hiciera gracia.

Y le hacía gracia, solamente de verlo reaccionar de esa forma. Severus inspiró y sostuvo las solapas de su camisa, con fuerza.

- Escúchame bien, por que no lo diré más de una vez- le espetó y Blaise parpadeó varias veces- te acercas a mi hija y juro que yo mismo te mataré.

- ¡Severus!- exclamó Tonks, tratando de evitar una confrotación. Snape respiró, soltándolo bruscamente. Antes de que Blaise dijera algo, Tonks se contuvo el vientre con mucho dolor. Severus la miró.

- ¿Te sientes bien? - preguntó y ella, negó con la cabeza.

- Me duele mucho.

- Tienes ocho meses y medio- le dijo conciente de que aún era muy pronto para tener al bebé. Blaise suspiró, mirando hacia adentro.

Draco se veía muy feliz, pero él también estaría feliz de cuidar de su pequeña hija. Por que si la vida quería quitársela...

La vida tenía que saber que él, era muy buen peleador y no se dejaba vencer por un soplo negativo, del viento. Sonrió con fuerza y caminó hacia la salida del hospital. Al menos, ya sabía dónde vivían y podía pedir por la custodia compartida, de su hija.

Pero para eso, debía estar limpio en la sociedad. Y eso, no era muy difícil. Severus lo miró con un gesto de rabia.

Él solo regresaba para hacer sufrir a Hermione, pero si tenía que matarlo... Iría preso con mucha satisfacción.

Hermione sonreía, mientras su hija, miraba a su hermana con mucha curiosidad. Draco le enseñaba sus pequeños dedos y sus ojos. Ella sonreía, tratando de tocarla.

- No cariño, estás muy pequeñita para cargar a tu hermana- dijo Hermione con dulzura. Eliane, sonrió y miró a Draco.

- Mamá... ¡Mamá!

- Dime, cariño.

Señaló a la pequeña, que bostezaba, en los brazos de su padre. Hermione sonrió y la sostuvo, cuando Draco la colocó entre sus brazos.

- Sí, cariño. Ella es tu hermanita Mariane. ¿No es linda? Pronto las dos podrán jugar y divertirse juntas. Ella será tu hermana menor y tú tienes que cuidarla. Por que tú eres valiente y no le temes a los monstruos de armario.

- Descansa, Hermione. Eliane y yo, vamos a pasear un rato- dijo, depositando un beso en sus labios- ¿Quieres besar a mamá?

La alzó del suelo y Eliane, besó a su madre, mientras se despedía de ella. Con una sonrisa, ella movía las manos, despidiéndose de su pequeña. Con un suspiro, miró a su hija recién nacida y le acarició la coronilla, con mucha felicidad.

Al salir, Draco supo que las cosas no estaban tan bien como deberían. Tonks estaba sentada en un banquillo, mientras Severus sostenía una de sus manos.

- ¿Está todo bien?- preguntó y Snape, inspiró en silencio.

- Se ha sentido mal- dijo y Draco se sentó al otro lado.

- ¿Hay algo que pueda hacer?- preguntó y notó, que la madre de Hermione lloraba con fuerza- ¿Qué ocurre?

- Lo hemos visto, Draco. Hemos visto a Blaise. Tengo miedo de que quiera herir a mi hija, otra vez.

- Cálmate, Nymphadora. Eso te hará daño- dijo Snape, adusto. Draco inspiró y se preguntó cómo había descubierto que estaban en ese hospital.

- ¿Les dijo alguna cosa?

- No, nada. Severus no le permitió decir nada. Creí que lo agrederías.

- Necesitaba un par de golpes, pero no soy de esas personas que son capaces de demostrar cosas así, en público.

- Juraba que lo harías, hace un momento- le interrumpió Tonks y se sostuvo el vientre con mucha inquietud.

Severus permaneció en silencio, mientras ella sostenía su mano. Sin duda alguna, Blaise Zabini iba a representar un gran problema para la unidad en el hogar. La pequeña Eliane, era muy inocente, como para caer en brazos de ese infeliz.

Estaba reacio a cedérsela. Además, eso le causaría un problema de identidad al no saber, quién era su verdadero padre.

Quizá exageraba, pero no se sentía a gusto con lo que estaba ocurriendo. Comenzaba a creer que la historia se complicaría nuevamente.

Y estaba comenzando a desentenderse de los problemas. Pero así era la vida. Te sumía en el paraíso, para luego generar problemas en el cielo.

Y sí que habían problemas en el cielo, en ese preciso momento.