Ángeles y Demonios.

Ella una jovencita de 17 años, hermosa pero tímida. Responsable y decidida. Muy madura y también muy inocente.

Él un hombre de 29 años, atractivo, seductor, atrevido, que conoce y practica los siete pecados capitales. Que obedece a sus instintos para saciar sus apetitos.


Capítulo I:


Bella, siempre ha sido una chica tranquila, laboriosa y sumamente honesta, una buena chica y magnifica estudiante, que terminó todos los estudios que podía realizar en Forks, el pequeño pueblo en que vivía. Cuida de su padre Charlie y de su hermano menor Emmett, ya que hacía cuatro años de la muerte de su madre. Desde pequeña ha asumido responsabilidades propias de una mujer, pues se hizo cargo de atender a su familia, ya que su madre sufrió una larga y angustiosa enfermedad, y luego de mucho padecimiento pereció.

Esa tarde evidenciaba la llegada del verano y Bella salió a dar un paseo para descansar de las travesuras del pequeño Emmett, en su ruta halló a un forastero simpático y atractivo, pero no intuyó que también era inmensamente arrogante y ególatra. De ojos verdes y rayados que daban la impresión de encerrar grandes misterios. Ella quiso ignorarlo al sentir su insistente mirada, no obstante él le preguntó su nombre:

- Hola, ¿Cuál es tu nombre linda?- Al hablar manifestaba que era un hombre espontáneo, directo, pero también un casanova, un Don Juan. Algo que ella no ignoraba, pero que veía muy lejos de su realidad. Algo que no estaba presente en su mundo, en su día a día. Extrañada y a la vez emocionada con qué ese atractivo hombre le dirigiese un saludo tan familiar, le contesta, sin ocultar su creciente curiosidad.

- Buenas tardes, me llamo Bella, no lo había visto antes por aquí, ¿Quién es usted?

- Me llamo Edward, vengo de muy lejos, por eso es que no me conoces.- Le explica él viéndola, con marcado interés.

- ¿Sí?- Pregunta con aire de quien lo sabe todo, sin revelar algo sobre sí misma. Aprovechando el silencio de Bella, él prosigue con su interesante historia. - Vine acá a descansar un par de meses, liberarme del estrés en que vivo, por cierto… nena, ¿Sabes dónde hay un hotel por aquí, o algo semejante? Mi motocicleta se averió, y necesito un lugar donde descansar un poco. - Sus ademanes delataban su seguridad, y su profunda mirada revelaba un interés especial.

- Bueno, conozco una posada. Siga bajando esta calle, luego gire a la izquierda, verá una casa rosada, sube un poco más y verá una casa beige y azul allí es…-

- Gracias Bella, espero volver a verte, hasta pronto…- Se despide con una radiante sonrisa, al verlo ella lo imita, el corazón rebosante de júbilo, y posteriormente ella también le dice adiós, asegurándole que se verían pronto:

- Desde luego, este lugar es muy pequeño señor… ¿…? - ¡Olvidó su nombre…! ¿O acaso no se lo había dicho?

- Edward, Edward Cullen.- Le recuerda él, que al final de cuentas sí le había dicho su nombre.

- Adiós, señor Cullen.-

- Por favor… llámame Edward, además, el señor está de más. ¿O.K.?- Y al girar dándole la espalda, le guiñó el ojo, en un muy coqueto gesto.

- Bueno, adiós Edward.-

- Adiós Bella.- Le dice él marchándose, y dedicándole una de sus más cálidas sonrisas.

Bella volvió a casa, entusiasmada con ese ser, esa deidad, que había llegado a su pueblo, y que al parecer estaba interesado en ella.


Hola, acá con una nueva propuesta.

Cómo verán todos los personajes son humanos.

Espero que les haya llamado la atención y sigan mi nueva historia.

Besos a todos.

Phoenix.