SECRET


Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capitulo, por favor.

Demore más de lo planeado con esto.

Pero también resulto mucho más largo de lo que imagine en un principio.

Así que para ya no colocar otro capítulo a parte y tomando todas las ideas que me llegaron, las coloque todas aquí junto con un 'Epilogo'.

Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Nurarihyon no Mago y Cía. No me pertenecen, esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro; de lo contrario: Simple, Itaku y Ryuuji aparecerían más en escena.


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Un mundo lleno de secretos… es todo menos aburrido…

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El problema de la mascota, perdón, Itaku.
VI PARTE

(Otras dos noches después. Mansión Nura.)

La noche apenas había llegado cuando Itaku hacía arribo a la mansión Nura y fue cosa que tomo por sorpresa a algunos de los que habitaban el lugar, pues no cabían de incredulidad al verlo pasar tan tranquilo por los pasillos de la residencia.

Se levantó un revuelo general que le fastidio de camino a la Sala Principal de reuniones, donde lo aguardaba aquella persona, de seguro.

– Itaku – grito alguien – Tú, pequeño bribón, ¿Dónde demonios te habías metido? Hace días que no dabas la cara y ahora te apareces como sin nada, sin saludar! – la persona gritona no era otra más que Awashima, que al igual que él, ya se había transformado al caer la noche.

– He estado ocupado – le respondió este secamente.

– ¿Dónde andabas? Pensábamos darte por muerto – esta vez era Amezou.

– He tenido… unos contratiempos. – contesto sin inmutarse.

– ¿Contratiempos? ¡Carambas! ¡Y ahora así le dicen a irse de juerga con una chica! –

Itaku se quedó lívido por un breve instante. Se detuvo en seco y todos aquellos Youkais que le seguían chocaron contra su espalda. El Kamaitachi volteo a verlos por sobre su hombro y con cierto tono peligroso, pregunto – ¿Cómo dices? –

¿A poco ya todos en la Casa Principal sabían lo de Kana? Si era así, rodarían cabezas por los boca flojas.

– Pues es lo que todos dicen! ¿Qué no es cierto? – Pregunto confundida Awashima.

– ¿Y se puede saber quién es tu dadivosa benefactora? –

Itaku siguió su camino con un gruñido por respuesta a la pregunta. Se soltó de todos los metiches y se abrió paso hasta la Sala. No llevaba ni cinco minutos en esa residencia y ya tenía deseos de regresar a la casa de Kana. No es que fuera el paraíso vivir con ella, pero estando allí, estaba lejos de este infierno.

Una vez en la Sala de Reuniones abrió la puerta, entro por ella y la cerro tras él. La habitación estaba a oscuras a excepción de la luz de luna que se filtraba por el papel que cubría la madera.

– Rikuo – saludo Itaku con un gesto de la cabeza al encontrar a este sentado en el medio de la habitación. El joven Nura seguía en su forma humana. Debido a sus mezclas de sangres, el convertirse en su forma nocturna era más entrada la noche que a él.

– Itaku… – respondió cordialmente Rikuo…

La comadreja se sentó frente a él con cierta discreción…

Y allí se quedaron… contemplándose mutuamente, sin decirse nada más y dejando que el incómodo silencio se interpusiera entre ellos. Rikuo se le notaba confuso e inquieto, Itaku, por su parte, se le notaba hasta cierto punto tranquilo pero daba la impresión de estar listo para atacar o defenderse… cualquiera que fuera el caso.

Mientras, fuera, todos se arremolinaban para ver si era posible escuchar algo y sus cuchicheos podían oírse perfectamente. Y el hecho que no se oyera nada, les estaba empezando a impacientar. Esperaban una guerra verbal, no una guerra de miradas.

El palpable silencio estaba comenzando a hastiarlos…

– Itaku ¿Ha… pasado algo interesante? – pregunto Rikuo un poco ronco.

– No sé tú. – respondió tajantemente – Tú me has llamado esta noche. – y entonces se encogió de hombros al responder.

– Oh, si – comento apenado.

Otros penosos cinco minutos de silencio. Y así hubiera seguido de no ser que la puerta se abrió de golpe y todos los Youkais que estaban fisgoneando cayeron dentro de la habitación. Y entre toda la turba apareció Zen, de pie y en la cara una expresión furibunda.

– ¡Maldita sea! – vocifero lo más que pudo con sus no muy sanos pulmones – Van a decir algo de una buena vez o seguirán como idiotas aquí perdiendo el tiempo, mirándose el uno al otro nada más – reclamo. – ¡YukiOnna! – llamo entonces.

– ¿H-Hai? –

– ¡Trae Sake! –

– ¡Hai! –

Rikuo e Itaku, que habían sido tomados con la guardia baja, no tuvieron tiempo de objetar cuando Zen se abrió paso entre la muchedumbre y se sentó frente a ellos con los brazos cruzados y con el ceño fruncido a más no poder.

– Arreglemos este estúpido malentendido de una buena vez: Itaku – Zen señalo peligrosamente al susodicho con su dedo – Rikuo quiere que te largues de la casa de esa humana de una vez por todas, aunque tú no quieras. Y lo más rápido posible. –

Los dos muchachos se quedaron en blanco durante 5 segundos y entonces…

– ¿Qué? – preguntaron al unisonó ambos jóvenes con sorpresa mirando a Zen. Parpadearon un segundo y voltearon a verse entre sí con el ceño un poco fruncido pero confundidos – ¿Qué tú quieres qué? –se preguntaron entre sí al mismo tiempo. – ¿De qué estás hablando? – volvieron a coincidir sus palabras – Espera un segundo… – abrieron sus ojos algo espantados de tal coordinación en sus pensamientos – Argh! – y con impaciencia terminaron pellizcándose el puente de la nariz.

Rikuo suspiro cansinamente – Zen-san, por favor. ¿No puedes dejar que me encargue yo mismo de mis problemas?– pregunto con cierta impaciencia y acomodándose las gafas.

Itaku pensó lo mismo. En primer lugar no le gustaba la gente que se involucraba en problemas ajenos y segundo, no le gustaban aquellos que trataban de resolverlos asuntos que no eran suyos, principalmente gente que trataba de arreglar sus problemas.

– Joder, Rikuo! – Exclamo ofendido Zen – ¡Esto apremia! Y a la gente de la casa le urge arreglar este bendito problema. ¡No se puede esperar hasta que te armes de valor para encararlo! ¿No tienes idea de la importancia de esto? –

Rikuo e Itaku levantaron una ceja de admiración mientras miraban con cara de pura perplejidad a Zen. Casi como si le hubiera crecido otra cabeza. Pero de la forma en la que él hablaba del problema, parecía como si fuese asunto de vital jerarquía o gravedad que por un instante ambos pensaron si estaban hablando del mismo caso... o Zen ya se estaba deschavetando de la cabeza por su enfermedad y estaba confundiendo las cosas.

– Tampoco es como si fuera de vida o muerte – murmuro por lo bajo Itaku.

La forma en la que Zen volteo a verlo de reojo le espanto un poco. Zen estaba mortalmente serio. – Tú no tienes derecho de hablar aquí, pequeña comadreja… – siseo con desdén. E Itaku parpadeo patidifuso.

– Pero Zen-san. Tampoco es para exagerar. – trato de intervenir Rikuo.

– Tu tampoco hables de lo que no sabes – le hablo en un tono un poco más afable pero igual de sulfuroso y algo agrio.

Si Zen los hubiera mordido, ni les hubiera extrañado, era lo único que faltaba.

– No es la forma de arreglar las cosas, Zen –

Y ahora era el turno de Gyuuki de intervenir. Sin ser invitado, paso entre la bola de curiosos que rodeaban la habitación y tomo asiento frente a Zen, quedando Itaku y Rikuo rodeados por ambos mayores.

– ¿Y qué esperabas que hiciera? La gente no puede andar tranquila debido a las histerias de Rikuo. – Respondió Zen mientras que el Joven Comandante no pudo evitar sonrojarse cuando Itaku lo miro con cara de incredulidad – ¡No es justo que se desquiten con uno! ¡Y por una chica! Humana! Gyuuki, ¿comprendes eso?– exclamo dolido y sumamente indignado el enfermizo subordinado – ¡Por una chica! –

Tsurara que acababa de llegar con el sake, se puso a consolar a Zen que estaba al borde de las lágrimas de pura indignación.

– Zen-sama tiene razón. ¿Tanta algarabía por una mujer…? –

– Las mujeres son problemáticas… –

– Ustedes dos a callar – silenció Kubinashi a un par de pequeños demonios.

– Oh, Rikuo-sama ya está en esa edad~ Jojojo –

– Kejouro..– Kubinashi contemplo con resignación a su compañera entonces.

Gyuki negó un poco con la cabeza ante la bulla generada. Lo más prudente era poner un poco de orden antes de que alguien más saliese lastimado de la psique, como él, por ejemplo.

– Todo con debido orden – sugirió.

Rikuo suspiro para serenarse. Era suficiente tener a Zen metido en esto, pero ¿Gyuuki? En fin.

– Itaku – comenzó mientras se acomodaba las gafas – ¿Porque no me habías contado que estabas viviendo con Kana-chan? –

¿Fue su imaginación… o Itaku sintió cierto tono homicida en su acento?

– No pensé que fuera relevante. – confesó tranquilamente.

– Todo empezó por que Kana-chan fue atacada por un Youkai… – regreso como respuesta Rikuo.

– Si. –

– Eso es relevante

– Quizás. Aunque es cosa que no fuera novedad, según parece, tratándose de ella… – fue la indiferente respuesta que el Kamaitachi le dio.

Rikuo trato de reprimir el temblor en su ceja.

– Y te ha acogido en su casa ¿Por qué? – continuo lo más sereno posible el joven amo.

– ¿No te ha contado Zen? –

– Si –

– ¿Entonces para que preguntas? – le contesto algo fastidiado.

Ok. Tratar de reprimir el tic era imposible.

– ¡Es solo que quiero saber por qué sigues estando con ella después de todo este tiempo!– trato de preguntar sin exaltarse mucho, cosa que no consiguió.

Itaku ladeo la cabeza como si le costara comprender sus palabras. – Aún no estoy completamente curado… – expresó.

– Yo te veo perfectamente – comento con suspicacia Kurotaubo al echarle un vistazo bajo el sombrero.

– Kana no piensa igual. No es que haya sido privilegiada con dotes en la medicina para poder hacer un buen diagnóstico. – le respondió la comadreja sin muchas cortesías.

– ¡Pero si ya estas casi recuperado! ¡¿Por qué no te has ido? – insistió Rikuo.

– No es que tampoco quiera ser malagradecido – respondió con languidez.

– ¿Desde cuándo a Itaku le ha importado eso? – se escuchó que Awashima mascullaba por allí.

– Simplemente escabúllete – sugirió Zen.

– Desaparecerme en 'esta' situación no creo que la tranquilice –

– Y a no me tranquiliza que estés allí tampoco – soltó al fin Rikuo.

Itaku arrugo el entrecejo, confundido. Seguía sin comprender por qué de los nervios de el otro.

– Eres un Youkai. – señalo Rikuo e Itaku afirmo con la cabeza – ¡Ella les teme! – volvió a explicar. Y a Itaku no le quedaba duda de eso. – ¿Entonces por qué no te has ido de allí? ¡No quiero que ella termine llevándose otra mala experiencia! – explico angustiado él como si fuera la cosa más obvia del mundo y ver que Itaku parecía no captar el punto lo mortificaba más – O acaso tú… – de repente una apabulladora idea lo invadió – ¿Le has dicho a Kana-chan… que eres… un Youkai? –

– No soy idiota. ¿Para qué se lo voy a decir…? – respondió moderadamente el chico comadreja.

–'Para que le digo, si ya sabe'–, pensó Itaku para sus adentros… Y Gyuuki compartía sus pensamientos.

– Te transformas cuando llega la noche y cuando es de día. ¿Cómo puedes ocultar ese hecho estando con ella, bajo el mismo techo? –

– Tú también – acuso ofendido – y hasta ahora no se ha dado cuenta que eres capaz de hacerlo. – contrapunteo el Kamaitachi.

– No estoy con ella por las noches!–

– Y yo tampoco. Por las noches me escabullo. ¿No me ves aquí? –

Rikuo se quedó con la palabra en la boca.

– No es prudente que estés más tiempo allí. – siguió necio en su punto. – Tu presencia puede ocasionarle problemas –

– ¿Cómo la tuya? – contrarresto de pronto con cierto tono encrespado.

Los presentes aguantaron la respiración. Ese argumento fue un golpe bajo.

– Admítelo. – continuó Itaku – La mitad de sus problemas relacionados con seres de la noche es porque está relacionada contigo. – explico mientras tomo un pequeño sorbo de sake para aclararse la garganta.

Incluso Zen lanzo una mirada cauta a la reacción de Rikuo por si acaso.

– Lo que le ocurrió ese día que tu interviniste en el parque no tuvo que ver conmigo – se defendió Rikuo.

Itaku se encogió de hombros restándole importancia y aceptando que en parte él tenía razón.

– Quizás. – prosiguió. – Pero tampoco estabas allí para ayudarla. Si bien no quieres que ella se vea envuelta en más problemas de esa índole no comprendo por qué no la has alejado de tu lado lo más posible, porque veo difícil tratar de mantenerla salvo de todo lo que la rodea tal y como es necesario, siendo que tienes otras cosas que atender. Así que si tú no vas a asumir ciertas responsabilidades, te recomendaría que la vigilaras más de cerca. Dispón alguno de tus guardaespaldas. – comentaba muy quitado de la pena mientras jugueteaba con su bebida en el vaso.

– Por ejemplo… ¿tú? – se aventuro a decir Rikuo sin asomo de humor.

– No seas ridículo. Yo no soy tu subordinado para andar haciendo tus encomiendas –

Awashima parpadeo confundida. La plática se estaba desviando mucho del rumbo inicial. – Oi, Itaku. Ten cuidado con lo que dices – comento precavida…

– Ella tiene razón – intervino Gyuki – Este no es el punto de la reunión. –

– Perdona – se disculpó el Kamaitachi y se terminó de un golpe su bebida.

– Itaku. Solo sal cuanto antes de su casa. Ya después discutiremos este asunto – concluyo Rikuo.

– Está bien. Entonces… ¿Cuanto antes quieres que me vaya? –

– Si. -

– Si gustas… voy a despertarla y decirle de mi partida ahora mismo –

– No bromees –

Y unas sonrisas se asomaron en los rostros de ambos jóvenes lo cual contagió a todos los presentes y todo el ambiente pesado se esfumo de pronto.

Por lo visto era el final de los malentendidos y rencillas por esa noche. Y tratándose de la casa Nura a todo mundo se le comenzó a servir Sake y los brindis sin sentido inundaron el lugar. Las risas y los juegos aparecieron y todo el mal asunto se estaba olvidando.

– No entiendo por qué tanto problema. ¿Que podría pasar de todos modos si él se queda con ella en su casa? – preguntaba Natto Kozzo mientras se embuchaba una botella.

– Oh, bueno… podría ser que por accidente se comiera su Ikigomo… jojojo –

– YukiOnna… no creo que ese comentario ayude mucho. –

– Aotabo tiene razón. Además, ¡eso es asqueroso! –

– ¡Para que quiere comerse su corazón si se lo puede robar! Jajaja –

– Amezou, ¡Silencio! –

Y la cotilla se hizo en todo el lugar hasta que el comentario de Itaku volvió a paralizar el escandaloso lugar.

– Que te extraña. – decía refiriéndose a Rikuo – No es como si la primera vez que ella durmiera con alguien más en su habitación de todos modos. Ella me comento que ustedes dos solían acostarse juntos – comentaba sin mucha pena.

Y todos se quedaron con la respiración trunca.

Zen escupió su sake junto con una buena cantidad de sangre mientras Gyuki casi se atraganta y la ceja que le temblaba no ayudaba mucho a disimular su agitación. Y lo único que rompió la atmosfera tras unos instantes fueron los gritos que pego Tsurara de pronto:

– ¡¿Eeeeeeeeeeeeeeeh? ¡¿Cómo es posible? Amo, respóndame, ¡¿como es eso posible? ¡¿Ya han dormido juntos? ¡¿ya han dormido juntos? Waaaaaaaaaaaaaaakaaaaaaaaaaaa, ¡¿Por qué? –

– ¡Pe-Pero eso fue cuando éramos pequeños! – exclamo con las orejas rojas - ¡Eran pijamadas en el preescolar! ¡Tsurara, deja de gritar! –

Bueno. No es que decir que eran pijamas redujera lo vergonzoso y comprometedora de la situación.

– ¿A que le tienes más miedo? – molesto un poco más la comadreja – ¿A que ella descubra que yo soy un Youkai… o que ella descubra que lo eres? –

– Solo soy un cuarto de Youkai! – se defendió tratando de esquivar la pregunta.

– No entiendo por qué tanta urgencia que me vaya de allí. – comentaba con cansancio.

– No entiendo por qué tanta necedad de no hacerlo – le respondió. Rikuo arrugo un poco el ceño y una abrumadora posibilidad asomo por su mente – Ella… ¿te gusta? – pregunto un poco temeroso

– No. – Itaku respondió inmediatamente de una forma honesta y brutal que no dejo a dudas otra cosa.

Y era verdad. Kana era una chica agradable, noble y de confianza, le causaba curiosidad. Era bonita, lo reconocía. Tenía su carácter, no era una chica hueca y de pocas luces, tampoco demasiado chillona o vanidosa. Si era algo densa y tenía la costumbre de impacientarlo hasta cierto punto con sus interminables charlas, con sus pensamientos inocentes o su particular forma de ver la vida… pero no era su tipo de chica. Bueno, de hecho, francamente, no tenía en mente un ideal de mujer pero si lo tuviera Kana no lo sería, aunque bueno, no es que lo descartará del todo, o algo así, era un tema que no le dedicaba ni tiempo ni esfuerzo en analizar. Y eso lo pensaría, cuando realmente le importará involucrarse con alguna chica. Claro, cuando le importara, cosa que ahora no. Así que simplemente no podía ver a Kana nada más ni nada menos que como… Kana, bueno… como una benefactora… una humana… una amiga… si, una amiga. Alguien a quién con quien contar y a alguien a quien apoyar a su vez. Y el mero hecho de reconocerlo lo tranquilizaba y al parecer, a Rikuo también, pues lo vio suspirar aliviado y tomar un poco de té. Entonces a Itaku le tocó el turno de tener una idea descabellada, pues pensó que quizás… fuera posible que…

– ¿A ti si te gusta? – pregunto de golpe a su amigo, por mera curiosidad.

Y la única respuesta que obtuvo al instante fue que Rikuo escupió todo el té al rostro de Zen y tuvo que ser asistido por Tsurara para no morir atragantado.

Itaku se quedó en las mismas. ¿Cómo debía interpretar esa reacción? Eso debía entenderlo como un "No, de ninguna manera, ella es una humana y es imposible ¿Cómo crees?" o un "Sí, pero no lo reconoceré aunque me hayas descubierto"

– Ne, ne Gozumaru. No entiendo cual es el problema de que dos personas duerman juntas. Tú y yo solíamos dormir muchas noches juntos cuando eramos más pequeños ¿Verdad? –

Mezumaru recibió un golpe por respuesta por parte de Gozu mientras Gyuuki meditaba eso de que era necesario tener ciertas pláticas con sus jóvenes subordinados sobre cómo pueden malinterpretarse ciertas frases frente a otros.

– Bien, creo que es hora que me vaya retirando. Necesito aire fresco. – dijo de pronto Itaku, ignorando por completo que Rikuo aún se atragantaba. – Oh, Rikuo. Asegurate que ninguno de tus subordinados se acerque a nosotros dos… – sugería gravemente. – No queremos que ella sospeche que soy un youkai ¿cierto? Ja ne –

No bien había terminado de despedirse cuando Wakana apareció por el pasillo.

– Itaku ¿No te quedas a cenar? –

– No, gracias. Kana me alimento antes de venir… –

Y tras haber hechado más leña al fuego, él abandono tranquilamente la casa dejando con un palmo de narices a los presentes.

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.

(Al siguiente tortuoso día. Casa de Kana.)

Kana iba y venía por su habitación al igual que los ojos de Itaku que la seguían, contemplándola como se arreglaba para el nuevo día de clases y guardaba sus cosas en la mochila. Mientras lo hacía aprovecho para acomodarse sobre el almohadón de la cama de la chica y enrollarse. Aún estaba tibio y era agradable sumirse en algo tan suave y calientito para descansar. No lo reconocería nunca en voz alta, pero tras pasar el resto de la noche afuera en vela resultaba muy gratificante echarse una pestañita en la cama de su amiga. Principalmente tras el ajetreo en la casa Nura. Aunque eso le recordaba que…

– ¿Una noche movida? – pregunto de pronto ella.

– Algo – reconoció a medias.

– Oh, pobrecillo – se compadeció ella. Se le acerco con cautela y le acaricio su lomo peludo con sutileza.

No, él tampoco reconocería que le gustaba eso de ser acariciado como si se tratase de un simple animal doméstico. Porque Kana no lo hacía con esa intención. Aunque alguna que otra vez se dejaba llevar por su simpática y tierna apariencia y lo abrazaba más de la cuenta como si se tratara de un animal de peluche.

– Kana – la llamo de pronto. Ella volteo a verlo.

– ¿Si? –

Itaku tenía que decirle que tenía que irse cuanto antes de su casa, había quedado en eso con Rikuo (Y medio Clan que había estado de metiche ayer en la noche) pero al ver la confusión en los brillantes ojos de la niña, se contuvo.

– Nada. Luego hablamos –

– Vale. – Y ella continuo a lo suyo.

Bien, su plan por salir de esa casa sin hacer el mayor daño posible no estaba funcionando.

Aunque de todos modos era un plan que podría esperar después del desayuno, el almuerzo, la comida y la cena, y claro, que después de su respectiva ducha y una o dos siestas vespertinas... Ejem… Hábitos que había adquirido últimamente… El punto era que necesitaba suficiente tiempo como para formular las palabras adecuadas para decirle que tenía que irse pero ya!

Y un escaso boceto de su argumento, de esa ridícula y mediocre excusa de su marcha, más o menos así era: Y era porque su gran amigo, si, aquel amigo introvertido de lentes (que era lo bastante cobarde para ocultarle su gran secreto, por cierto) tenía miedo que descubriera su ya no tan oculto secreto (y a estas alturas, bastante evidente ) que era un youkai y eso le ocasionaría más problemas (si es posible) de los que actualmente ella tiene en cuanto a ese ámbito. Sin olvidar, personalmente, que se estaba volviendo un dolor en el trasero eso de ser la cotilla de todo mundo con esto de los malos entendidos. Y también tener que lidiar con el estúpido del Omnyouji aquel en su forma animal, sin siquiera poder arrancarle uno o dos dedos para consolarse…

Pero tiempo era algo de la que ya no gozaba. Cuando menos se lo había esperando, ya había llegado la tarde. Kana había regresado de clases y él seguía sin seguir poder decirle nada…

Tras mucho buscar las palabras adecuadas para despedirse sin muchos dramas de la joven, al final Itaku concluyo que él no era tipo de palabras así que daba igual como le diera la noticia. A fin de cuentas él era hombre de acciones

– Kana… –

– ¿Si? –

– Me voy –

Y tras soltar la bomba, la joven se quedo de piedra. Estupefacta.

Itaku tras decir eso se encamino con toda la dignidad que un roedor como él podía irse sin mirar atrás con la cola en alto.

Pero no alcanzo siquiera a acercarse al filo de la ventana cuando una confundida Kana lo sujeto por la cola y lo jalo hacia ella como si se tratara de un simple muñeco.

– ¿Qué? – pregunto medio histérica – ¿Irte…? ¿Por qué? –

– Es hora. – respondía con calma. Aunque no es que le quedara de otra y gritar… El agarre de Kana era más fuerte de lo que pensaba y sus pequeños pulmones se estaban quedando sin aire.

– Hora… ¿Cómo que hora? ¿A dónde? – inquiría angustiada.

– No puedo decirte… –

– Pero… Itaku… Tú…–

– Tengo que irme. Es lo mejor para ambos. Agradezco lo que has hecho por mí, pero no puedo quedarme más aqui. – Coloco con solemnidad una de sus patitas sobre la cabeza de ella como señal de agradecimiento.– Gracias – Agregó y con un ágil movimiento se zafo de su agarre y con un rebote en el colchón tomo vuelo hacia la libertad brincando a través de la ventana abierta, perdiéndose en la oscuridad de la noche.

Y atrás quedo Kana con una expresión dolida y confundida.

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(Algunos confusos días después. Mansión Nura)

Pasaron los días y aparentemente había regresado la calma a la Mansión Nura tras el regreso de Itaku. Todo parecía perfecto al igual que el bienvenido cambio de humor de Rikuo…

Pero nuevamente sucedió un cambio de temperamento por parte del joven Comandante que nadie previno.

– ¿Y ahora que bicho le ha picado? – preguntaba algo mosqueado Gozumaru desde lo alto del árbol. Acababa de ver pasar a Rikuo con un gesto de ansiedad en su cara.

Y eso mismo se preguntaba Gyuki sentado en el porche frente al estanque. Miro de reojo a su lado y se encontró a Itaku, en su forma de animal, tranquilamente echado tomando los rayos de Sol de la tarde.

– A mí ni me mires. Esta vez no fui yo. – siseo con desgano Itaku al sentirse observado.

Al veterano le hubiera gustado responderle que no compartía su idea, pero lamentablemente era cierto. Itaku no había incurrido en otra falta ni nada por el estilo. Ni siquiera se había escabullido sospechosamente y se había mantenido al pendiente de todos sus deberes durante su estancia en la mansión. Pero algo dentro de Gyuki le decía que a todas luces si tenía algo que ver con la comadreja. ¿Cómo? Lo ignoraba, pero tenía que ver con él.

– YukiOnna ¿Tú sabes algo? – pregunto Kurotaubo cuando la chica apareció por el corredor con una bandeja de dulces y té verde.

Y entonces la expresión alegre de ella se descompuso. Frunció el ceño y torció la boca como si la hubieran ofendido. Dejo la bandeja en las manos de Kubinashi y se retiro con dignidad del lugar.

– Sea lo que sea, tendrá que ver con la Escuela del Amo – comentaba contrariado el joven sin cuello mientras depositaba la bandeja en el piso junto a Gyuuki.

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– Bueno, ciertamente tiene que ver con su vida escolar. Si se puede decir de algún modo. – decía un tanto insegura Yura mientras masticaba lentamente su galleta de arroz.

Ryuuji bufó con sorna y todos a su alrededor se pusieron en guardia. El moreno vio como todos lo vieron mal y sonrió con malicia.

Era otra de esas curiosas situaciones en las que se veía últimamente envuelto.

– Yura-san, por favor continua – pidió con amabilidad Kubinashi ofreciéndole un poco más de té.

La susodicha se relajo y echo un vistazo a su alrededor. Esto era inverosímil.

Estaba relativamente tranquila ya estos días, después de que aparentemente la situación con el secretito había pasado. Itaku se había ido de la casa de Kana. Fue evidente. Rikuo se le notaba más tranquilo y despreocupado. La relación entre ellos había mejorado. No se evitaban, no se ocultaban nada… hasta que ocurrió que a cada día que pasaba el humor de Kana parecía haberse ido por la borda. Se le notaba distante, distraída y afligida. Y Rikuo se fue dando cuenta, incluso ella misma se lo hizo notar aún más.

Y ambos sabían perfectamente a que se debía: Itaku. El animalito había abandonado a Kana.

La cuestión es que ella no les decía nada. No se dejaba ayudar.

El problema para Yura era que tenía que ser muy cuidadosa con lo que decía a ambas partes. Se supone que había cosas que no podía decirle a Rikuo… y otras que no le podía decir a Kana… Así que se estaba volviendo algo confuso. Peor porque no sabía que tanto estaban al corriente en la mansión Nura los demás residentes.

Y para empeorar la situación, de la nada, los subordinados de Rikuo le pidieron el favor de ir a la mansión Nura (En una de esas salidas de el joven Amo a hacer guardias) para que rápidamente les pudiera dar alguna razón o motivo del que ella pensara de porque Rikuo-sama había vuelto a ponerse neurótico.

Acepto. La culpa y la intriga la mataban.

Pero su adorable hermano se entero. Y ya sea para fastidiarla o por que en verdad se preocupaba que su hermana fuera sola a una mansión Youkai por su cuenta, fue con ella. Así que allí estaban 2 omnyoujis poderosos, tomando té rodeados de youkais, en una mansión infestada por ellos.

– Bueno… tiene que ver con Ienaga-san – miro discretamente a Itaku, quién pasando de todo el bendito asunto, estaba echado tranquilamente en una esquina de la habitación, ignorando que todas las miradas se posaban en él.

Y aunque fue breve el gesto y la sola mención de la chica Kana, todos se dieron la idea de que iba el asunto.

– Entonces… ¿Sí es culpa de Itaku? – soltó de pronto Awashima.

– Definitivamente – concordó Kuro.

– Que novedad – ironizo Zetsu terminándose de un golpe su sake.

El afectado refunfuñó con hastió y salió del cuarto, molesto. Se sentó junto a Gyuuki que estaba afuera en el corredor contemplando el árbol mientras escuchaba la conversación.

Yura suspiraba aliviada. No hizo falta que entrara en muchos detalles comprometedores para ayudar a estas personas. Y Ryuuji se estaba comportando a la altura y no había metido la pata ni hecho alguna estupidez en un arranque de Quiero-ver-sufrir-a-mi-hermanita-querida.

– Bueno… ¿Y ahora qué? – pregunto en general Aotaubo rascándose la cabeza.

Todos guardaron silencio mirándose entre sí.

– Nada. – dijo a secas Gyuki.

– Pe-pero… –

– A menos que quieran decirle a Rikuo que se andan inmiscuyendo en sus asuntos o se ofrezcan en consolar a la chica, no sé que más puedan hacer, jaja – decía divertido el Supremo Comandante.

Todos los presentes ahogaron un gemido al ver que nunca se dieron cuenta cuando el viejecito arribo al lugar y estaba pacíficamente sentando bebiendo té en su vaso favorito.

– Yura-chan! Es un placer verte por aquí – comentaba él – Por cierto, Rikuo ya llego… – comentaba como no queriendo la cosa.

Y entonces se armo el revuelo general. Todos se sintieron descubiertos como si hubiesen sido cachados in fraganti en un sucio crimen. No sabían ni por dónde meterse.

De pronto apareció el susodicho chico caminando a grandes zancadas por el pasillo, dirigiéndose a donde estaban ellos.

'Oh, Dios' ¡La gorda que se les iba a armar por andar de metiches! pensaban.

Rikuo se paro dignamente frente a las puertas abiertas de la estancia y… los ignoro.

– Itaku – llamo Rikuo. El susodicho levanto la cabecita extrañado – Tenemos que hablar – dicto seriamente.

Y antes de que tuviera tiempo de protestar la comadreja, alguien llamo a la puerta principal, dejando helados a todos los presentes.

– Rikuo-kun ¿Estás aquí? – vocifero Kana desde afuera.

Y a una velocidad asombrosa y con la mayor sutileza que pudo reunir pateo a Itaku como si se tratara de una almohada al interior de la sala y cerró la puerta.

Ryuuji vio como entraba volando una pequeña bola rojiza de pelos y aterrizaba sin mucha gracia en el platón de golosinas tradicionales.

– ¿Itaku también va a jugar a las escondidas? – pregunto un curioso y despreocupado Kappa.

– ¿Rikuo-kun? – pregunto Wakana al aparecer en el corredor acompañado de Kana.

– Kana-chan… ¡Hola! – saludo eufóricamente forzando una sonrisa en su cara, tratando de ocultar que casi se le salía el corazón de los nervios y el susto.

– ¿Estás bien? –

– Si… – contesto no muy seguro de sí mismo y se reclinaba como no queriendo la cosa sobre la puerta cerrada.

– Los dejo entonces – se despidió la alegre Wakana – Gyuki-san ¿Gusta más té? –

Rikuo ahogo un gemido al recordar que Gyuki seguía allí. Y para su horror Gozu y Mezu estaban en el árbol. Aunque aparentemente Kana no les prestaba mucha atención.

Kana daba una leve reverencia a Gyuuki que solo respondió con una inclinación de su cabeza, reconociendo su presencia.

– ¿Sucede algo, Kana-chan? – pregunto Rikuo esperando que nadie dentro de su Sala hiciera el menor ruido. Pero estaba seguro que podía escuchar los murmullos y las risitas ahogadas detrás de la puerta.

– Oh, bueno. Solo venía a devolverte tus apuntes – decía algo apenada. –Eso era todo… –

Pero era evidente que ella tenía intenciones de seguir hablando pero no se animaba.

– Sea lo que sea, puedes decírmelo. – dijo de pronto su amigo.

Ella levanto la vista y jugueteo con sus dedos. Se humedeció los labios. – ¡Oh, Rikuo-kun! – dijo de pronto con aprehensión. – ¡Lo siento tanto! – se disculpo con los ojos húmedos.

– ¡¿Kana-chan? – miro asustado como ella se ponía sentimental de pronto.

Y entonces Kana se puso a hablar sin pausas sobre lo que le atormentaba esos días. Que ella había estado al cuidado de un pequeño animalito con el que se encariño y ella no se había dignado en contarle, porque temía que no lo tomará a bien. Habían sido días que no le hablo para no revelarle su secreto y se sentía tan arrepentida y dolida. Pero que no había servido de mucho porque su pequeño amigo se había ido ya de su casa y sentía congoja y consternación al no saber que pudiera haberle pasado al pobre animalillo lejos de ella, solo y en la ciudad.

Y siguió narrando ella con cierto drama que hizo a los demás subordinados sentirse tan culpables y susceptibles al relato que no dudaban en lanzarle miradas de odio a Itaku, que como si nada, se le veía muy fresco y despreocupado, sentado pacíficamente sobre sus dos patitas, en el medio de la Sala (e ignorando que Ryuuji le lanzaba migajas de pan cada dos por tres, tratando de provocarlo)

Rikuo se acerco a Kana con el afán de tranquilizarla – ¿Eso es lo que te tenía afligida? – preguntaba con una muy bien fingida incertidumbre. Él no necesitaba preguntarle nada ni necesitaba de la dramática explicación de ella, él sabía perfectamente que ella estaba así por culpa de Itaku y su desaparición repentina. – Te apuesto a que tu pequeño amigo estará bien, por allí… libre. Apuesto a que es listo y no se meterá en problemas, por cómo me cuentas que se comporta – sonreía tratando de inspirarle confianza.

Kana gimoteó – Pero, Rikuo-kun. Eso no es todo. – agrego de pronto con mucha seriedad. Al chico se le erizo la piel. Kana había decidido sincerarse con él. Y sincerarse de verás. – Rikuo-kun. Prométeme que no te reirás de lo que te diré, que es la pura verdad. Itaku no era solo una comadreja normal… – decía buscando las palabras adecuadas – Itaku era… Itaku-kun era un… –

El Joven Comandante se quedo mudo y deseo ser también sordo. No quería escucharlo. No quería oír que Kana había descubierto el secreto de Itaku ¿Qué tal si también ya había descubierto el suyo también? ¡No!

– '¡Se lo va a decir! ¡Se lo va a decir!' – pensaba alarmada Yura e incluso Ryuuji había pegado oreja.

Y dentro de la sala también se habían quedado con un alma en vilo.

– ¡Itaku-kun era…! –

– Ejem… - se aclaro la garganta de repente Gyuuki rompiendo el ambiente.

Y como si hubiera salido de un trance, Kana parpadeo y reacciono a lo que estaba a punto de hacer.

– Itaku-kun… era… como un hermano para mí… – improviso.

El alma le regreso a Rikuo. – 'Buena esa, Gyuuki' – agradeció mentalmente a su siempre fiel seguidor.

Gyuuki pensó que hizo su obra buena de aquí a… unos cuantos años. El sermón de la chica era de esos que te removían el corazón, la conciencia o sea lo que fuese. Era un arma letal. Tenía que admitir que la chica siempre tuvo buenas intenciones, no era su culpa del todo, solo la de tener la maravillosa capacidad de verse envuelta en cualquier cosa paranormal que existiese cerca de ella. Pero en realidad el problema era que a cómo iban las cosas, las confesiones y los arrepentimientos y etc, lo más seguro que el siguiente en claudicar y pedir perdón por 'sucios y oscuritos' secretos, sería Rikuo. Así que mejor que antes que tener revelaciones que aún podían ser guardadas por otro tiempo más, era ponerle un fin a tanta comedia.

Pero dentro de la Sala muchos suspiraron decepcionados. Esperan otro final más peliagudo.

– Neeee~ 'Como un hermano' – se burlaba Awashima de Itaku – Fueron solo unos días, no diez años los que pasaste con ella ¿Se puede saber que tanto hicieron, eh? – trataba de aguijonear a su amiguito.

Pero Itaku seguía inmóvil.

Aunque internamente estaba algo desconcertado.

En primera porque estaba fastidiado de todo ese embrollo y burlas a las que estaba sujeto estos días y hoy para rematar, era especialmente pesado. Si le agregaban a Ryuuji, mucho peor.

Y no era estúpido ni tan lento como lo había sido Rikuo.

Solo que era algo renuente y escéptico en sí mismo al creer que él NO pudo haber sido capaz de provocar tal daño a su amiga humana, pero era evidente que sí. No quería admitir una culpa más de algo que no podía controlar, como las emociones de ella, principalmente porque se sentía mal consigo mismo hasta cierto grado de hacerla sufrir. Por eso había estado especialmente distante, molesto consigo mismo pensando cosas que no eran. ¿El no podía ser tan importante para ella? ¿Verdad?

Pero entonces justo hoy confirma y disipa esas dudas. Él era importante para ella. 'Como un hermano…' recordaba que ella djio y Awashima se burlaba. Estaba molesto con lo dramática que podía ser la chica y lo impulsiva y desmesurada que podía ser cuando era sentimental, ¿Cómo era posible que se ella dejara llevar así y no soportar la simple despedida de su temporal mascota? Pero esa era la Kana que conoció y cierto gusanito de felicidad le andaba dando vuelta por su estomago al saberse un tanto importante y poderoso en ese aspecto. Pero claro, tenía que aguantarse su emoción poniendo cara de pocos amigos, aguantando a cualquier bobería que le estuvieran haciendo o diciendo antes de permitirle a sus amigos verlo sonriendo como chico/comadreja boba.

– Gracias por escucharme – decía Kana ya un poco mejorada, limpiándose una que otra lagrimilla de cocodrilo. – Me ha hecho bien… – trataba de sonreír pero se notaba que aún estaba cabizbaja.

– Oh, no hay de qué. – Rikuo tenía nuevamente esa sensación de gran culpa al verla aún con la sombra pesarosa sobre ella. ¿Pero que podía decirle a ella?

'Itaku está perfectamente bien! Es un Youkai! ¿No lo sabías? Y es más, está viviendo conmigo ahora mismo ¿Quieres ver por ti misma que está sano y salvo, sin mayor peligro?' Claro! ¿Por qué no lo pensó antes?

– Bien… Creo que es hora de irme – decía aún abatida ella.

– Kana-chan, espera… – dijo de pronto él. – Yo… yo... –

La chica lo miro con atención e incluso Gyuuki lo miro de soslayo.

–'¿Qué irá a hacer~?'- pensaba divertido Gozumaru desde el árbol.

Y al ver que el confundido de su nieto se había metido en un callejón sin salida, el buen abuelo decidió ayudar.

– Hey, tú, Kamaitachi – llamo con cautela y una maliciosa sonrisita en sus labios. Se veían claras sus negras intenciones para todo mundo presente. Itaku volteo a verlo con precaución – Ven acá – ordeno.

Su instinto animal le indico peligro y por acto reflejo se alejo más, listo para la huida. Esto le daba mala espina.

– Yura – grito el viejito – ¡atrápalo! –

La chica trato de pescarlo pero Itaku le brinco por encima de la cabeza y la tiro de bruces. Su hermano puso los ojos en blanco al ver la torpeza de su propia hermana. Sin embargo la joven Keikan había conseguido pescarle por los pelos la larga cola de la comadreja y lo jalaba.

– Itaku-san… lo… siento… - jadeaba ella mientras trataba de halarlo hacia ella. Pero Itaku se resistía clavando las garras en la madera del piso. Prácticamente se escuchaban como iba arañando los tablones y las marcas iban quedando grabadas.

La inverosímil escena era vista por un incrédulo público que no sabía bien cómo reaccionar.

Ryuuji exhalo fastidiado y sin contemplaciones lo jalo con mayor fuerza del rabo y lo levanto del piso.

– Deja de hacerte del rogar, todos sabemos que esto es lo que quieres – mascullo por lo bajo mientras habría de golpe solo lo suficiente para sacar su brazo y exponer al espécimen de comadreja colgando indignamente de su cola y balanceándose como péndulo, justo frente a las narices de Rikuo.

Uno, dos, tres…

– ¡¿Itaku? – casi grito una confundida pero complaciente Kana que no dudo en tomar entre sus brazos al animalillo. –¡Eres tú! –

– ¿Ryuuji-san? – grito Rikuo con la cara pálida al ver que dicha persona se recargaba en el marco de la puerta, muy quitado de la pena y con una radiante sonrisa maliciosa en su cara – ¿pero qué haces? –

– Considéralo un favor… – le respondía solamente. Le hizo un gesto con la cabeza a un aturdido Rikuo para que contemplara a una radiante joven llena de dicha.

– Me tenías tan preocupada Pero estas bien, que gusto – Itaku solo se dejaba mimar, sin mucho sentido el tener que responderle que era una tonta por preocuparse por nimiedades, pero bueno, solo se dejo despanzurrar de tanta fuerza con lo que lo abrazaba. – ¿Pero como…? ¿Por qué estabas aquí en la casa de Rikuo-kun? ¿Ryuji-san, también? –

– Hey, chica youkai – la saludo en forma de burla él.

– No entiendo… – murmuraba ella.

– ¡Puedo explicarlo, Kana-chan! –

– '¿Puedes?' – se preguntaron mentalmente Gyuki y Ryuuji arqueando una ceja escépticos ante lo dicho.

– No te canses Rikuo, yo amablemente le explico todo – apareció oportunamente su abuelo tras Ryuuji – Lo que pasa es que mi distraído nieto salió a caminar un rato y justo se encontró con este adorable animalito bonachón y decidió traerlo a casa, porque le removió su corazón al ver a tan pobre criatura sola y con expresión de ser un inocente animalito, convaleciente y perdido, sin dueño y solo… – agregaba de su cosecha en una majestuosa actuación el Supremo Comandante, digna de un Oscar.

Rikuo se quedo con el ojo cuadrado ante las excelsas habilidades de mentir de su abuelo y su buena cualidad de orador. Cuando le convenía, claro. Pero por su parte Itaku tenía unas tremendas ganas de morderle la yugular, otra vez.

– ¡Pobre criatura del señor, ¡Cuánto parece haber sufrido! – agrego con voz falsamente afectada el onmyouji moreno. Aunque la risa le ganaba fácilmente.

– No teníamos ni idea – remarcaba con un deje de ironía el abuelo – de que se tratara de tu pequeña mascota.– agrego el anciano guiñando un ojo (que a ciencia cierta no se sabe si iba dirigido a Kana o a Rikuo, que a fin de cuentas le iba como anillo al dedo para ambos chicos)

– Gracias, muchas gracias a todos! – agradecía la joven.

– Creo que entonces todo acabo bien… – comentaba en voz baja Rikuo con cierta alegría como si los problemas del mundo hubieran desaparecido…

– Por fin – comento Gyuuki sin preocuparse de ser escuchado esta vez.

Después de tan abrumador y enredoso asunto, lo que quedo al final fue que Itaku iría a vivir de forma indefinida con Kana. Solo como medida de seguridad extra de la chica, decía Rikuo, eso sí, que tenía que mantenerse a raya con ella en el horario nocturo, donde Itaku tendría que cumplir sus demás deberes de vigilancia.. Oh, bueno.

Así que los buenos y 'normales' días regresaron.

Kana era feliz con su mascota/casi hermano/amigo/youkai/protector en su casa y ya no se sentía TAN culpable de ocultar ese secreto a Rikuo. Y Rikuo estaba tranquilo a sabiendas que Itaku estaría ocupado cuidando de su amiga y que su secreto seguiría a salvo otro buen tiempo. E Itaku estaba mejor por que disfrutaba de 3 comidas al día, un lugar sin tanto bullicio y la necesidad de estar ocultándose de la casa Nura y con la ilusión de algún día poder morder en una parte que jamás debería ser mordida en la anatomía de Ryuuji, solo para ajustar cuentas y no tener represalías de Rikuo. Aparentemente Rikuo también había desarrollado cierta aprehensión contra el hermano de Yura igual que él.

Y por supuesto, también Yura se sentía tranquila. El asunto pasó, acabo y continúa tal y como a ella se le había pedido. Rikuo seguía sin saber que Kana YA sabía que Itaku era un youkai y, Kana seguía sin saber que Rikuo YA sabía que Itaku era un youkai.

Sí, todos felices en su ignorancia y pequeños secretos.

.

.

Una semana después.

– ¿Quién llamo por teléfono? – pregunto el Supremo Comandante a su nieto cuando este regreso con una hoja de papel en sus manos de la otra habitación.

– Ha sido Inugamigyōbu Danuki-san –

– ¡Oh! ¡Que novedad! ¿Y que se le ofrecía? ¿Se le volvió a perder su hijo? – se burlo mientras cambiaba de hoja de su periódico.

– Ehm… no, su hijo no. El perro de su hijo, sí –

El viejecillo arqueo una ceja. No sabía que era más extraordinario: que Tamazuki tuviera una mascota… o que la mascota se le hubiera perdido.

– ¿Y porque te hablo entonces? –

– Lo que sucede es que Tamazuki vino hace un par de días a un viaje escolar por estos lares y trajo al perro consigo (Que no entiendo como consiguió traerlo o porque). Pero se perdió y entonces su padre no vio mala la idea de preguntarnos si no lo hemos visto de pura casualidad. Como un favor – explicaba y entonces le mostro la hoja de fax que había recibido también donde aparecía la foto del susodicho can.

El abuelo analizaba la foto tratando de recordar pero alguien los interrumpió.

– ¡Buenas tardes! – saludo alguien desde la entrada.

– Kana-chan! – saludo Rikuo al ir a ver – ¿Qué pasa? –

Kana estaba en la entrada, aún con el uniforme escolar. Itaku aún en su forma animal estaba dócilmente puesto en los hombros de la chica quién al ver a Rikuo hizo un gesto con la cabecita para saludarlo.

Pero lo que más le llamo la atención al joven comandante fue ver lo que ella llevaba en sus brazos.

– ¿Y ese perro? – pregunto.

– Lo he encontrado ¿No te parece lindo? Estaba perdido en el parque y parecía hambriento. –

– ¿En serio? – preguntaba algo distraído sin escucharla realmente. Ese animal lo había visto en algún lado pero no recordaba donde.

– Y lo he llevado a casa para bañarlo y alimentarlo. Y a mi madre le ha encantado. Creo que quiere que lo conservemos. Incluso no le ve problema el tener a Itaku y a este perro juntos ¿No te parece genial? Me alegra mucho por que también me he encariñado con él y creo que hasta Itaku piensa igual – el mencionado solo puso los ojitos en blanco negando tal cosa. Y ella seguía hablando sin darse cuenta que la mente de Rikuo seguía divagando – Y bueno, lo traje para presentártelo y para no repetir lo del incidente con Itaku… – decía apenada.

De pronto el rostro de Rikuo se ilumino al recordar en donde había visto a ese perro y tan pronto como se emociono, sintió desfallecer.

– Rikuo-kun ¿Te sientes bien? – pregunto preocupada al verlo palidecer tan súbitamente.

'¿Porque de entre los miles de perros callejeros en el mundo, Kana tenía que ir y encariñarse con ese perro?' pensaba casi neurotico y estresado -otra vez- Rikuo.

Adentro de la casa Nurarihyon solo sonrió con diversión al ver tal escena.

– Creo que sería bueno que hable por teléfono ahora mismo con Tamazuki…. Digo, para avisarle que ya encontramos a su perro... jaja... – decía divertido.

Gyuki suspiro con cansancio. 'Allí vamos otra vez' pensó con pesadumbre. 'Ya estoy viejo para estas tonterías' pensaba amargamente vencido.


Por fin se ha terminado todo esto. Aleluya.

¿Les gusto el final?
¿Si?
¿No?

Algunas últimas palabras o comentarios al respecto se agradecerían mucho.

Solo para ver cuanto tiempo tardare en escribir algo más sobre NuraMago o me vuelvo a aventurar con alguna de mis tonterías por aquí.

Nos vemos después.

Ahora a esperar la 2a temporada del anime para Julio, me parece.

Saludos.