Disclaimer: Los personajes no son míos... ¡ya quisiera!... son de la fantástica S. Meyer, yo, simplemente , los tomo prestados para soñar con ellos….pero la trama y algunos de ellos si…


Hola preciosas mías... ¡SORPRESAAAAAAAAAAAAA! (saraes con ojitos centelleantes)

Ainss... ¿sabéis qué día es hoy?... Algunas dirán que el día del Pilar, cierto, felicidades a todas las Pilar...jajajaja; otras, que el día de la hispanidad, también cierto, al menos aquí en España; pero también es un día especial para mí. Un día tal como hoy, hace exactamente un año, publiqué el primer capítulo de "La chica del rincón", y ese día fue el primero de muchos días de satisfacción y felicidad a través de ella.

A algunas os conozco desde ese primer día y otras muchas os fuisteis uniéndoos en los siguientes y así, hasta seis meses. Y es por eso que, humildemente, quisiera celebrar con vosotras este día; y para ello, me gustaría dejaros un capitulo que estuvo a medio hacer desde hace mucho tiempo en una carpeta. En su momento, me rajé y no me atreví a seguirlo, pero este capítulo era el final que durante mucho tiempo estuvo rondando mi cabeza... Espero que os guste... para mí es el final idóneo de esta pareja que amo tantísimo.

Os lo dedico con todo mi corazón y en especial a vosotras Reques, que durante todo este año, habéis estado conmigo cada noche... Os quiero.


Outtake. El Final.

Hacía frío, mucho frío, pero eso no impidió a Bella visitar, como venía haciendo cada domingo desde hacía más de dos años, el lugar donde descansaba los restos de su amor. Dos años extrañándolo, dos años, en los que cada noche se abrazaba así misma pensando que eran sus brazos los que lo hacían, así le dijo él que hiciera, así le dijo él que haría cada noche…

"-No llores mi preciosa chica del rincón -susurró Edward con la voz cansada, apagada -. Yo siempre estaré a tu lado, aunque no me puedas ver…-. Una tos repentina lo interrumpió. Bella se inclinó, aún con los ojos rojos, para ahuecarle la almohada para que pudiera respirar mejor.

- Edward, no te esfuerces, mi amor… -. Le pidió ella tragando ese nudo que le atenazaba la garganta. Siendo testigo de cómo el amor de su vida se iba yendo poco a poco…

El se recuperó y volvió a enfocar su ya cansados ojos en ella. Y una vez más, a pesar de las arrugas que los rodeaban, y que la intensidad de su mirada había bajado a causa de la edad, volvió a mirarla con todo ese amor que seguía sintiendo por ella…

- Prométeme que no te hundirás, mi amor; prométeme que seguirás siendo feliz, con nuestros hijos, con nuestros nietos; prométeme que seguirás viviendo, Bella -. Le pidió levantando una de sus ya envejecidas manos, para borrar las lágrimas que caían sin restricción por sus mejillas; también cubiertas de arrugas, esas arrugas que demostraban lo mucho que había reído en la vida, esas huellas que dejaban patente que había sido feliz, que él había conseguido hacerla feliz hasta el último momento.

- No me pidas eso, mi amor… - le susurró Bella con la voz rota por el dolor, siendo consciente de que se estaba despidiendo de ella... - No me dejes Edward, no lo hagas, aún no.. - le pidió llevando su mano a sus labios, y entre miles de lágrimas, comenzar a besarla una y otra vez -. Tú eres toda mi vida, no puedo dejarte marchar - añadió dejándose llevar por el llanto que era incapaz de contener..

Edward no pudo evitar tampoco que las lágrimas se desbordasen de sus ojos al oírla, pero no podía pedirle más a la vida. Estaba tan agradecido por haber pasado todos esos años con ella, que no tenía miedo a irse. Pero le dolía en el alma verla tan abatida. Durante toda la vida su único empeño había sido hacerla feliz, no dejar que esa hermosa sonrisa, que tanto le costó volver a dibujar en su cara, se borrara nunca, ese había sido su único cometido.

- Me duele verte así - le confesó él entristecido.- Ya llega mi hora , amor, pero te propongo un trato…- le dijo dedicándole una cansada sonrisa, al recordar como siempre tenía que estar haciendo tratos con ella para conseguir lo que quería. Ella negó con la cabeza sin poder evitar seguir llorando; no quería causarle ese dolor, pero era incapaz de dejar de llorar... - Vamos princesa, un último trato…- le volvió a insistir, lo que hizo que ella, aún con las lágrimas en los ojos, lo mirara amorosamente y esbozara otra pequeña sonrisa al ver que, aún en su lecho de muerte, Edward seguía manipulándola con lo de los tratos…-. Te prometo, que si continuas siendo feliz, disfrutando de nuestra familia, de los días que te queden junto a ellos, yo, cada noche, dormiré junto a ti abrazándote; rodea tu cuerpo con tus brazos, y piensa que yo seré el que lo esté haciendo -dijo mirándola, esta vez, con la pena de saber que ya no volvería a sentirla como ahora, era lo único que le dolía de tener que marcharse, el no poder seguir sintiendo sus abrazos, su calor...

Bella, que se dio cuenta de cómo le temblaba el labio, y lo que luchaba por no dejarse llevar por la pena delante de ella, no pudo evitar abrazarse a él, con fuerzas, sintiendo que esa, seguramente, sería la última vez que lo abrazase, la última vez que sintiera la calidez de esos brazos que tanto la habían cobijado, que tanto calor le habían dado y tanto la habían protegido a lo largo de todos esos años…

- Edward, mi amor, te quiero -susurró enterrando su cara en el cuello de él y llenándose de ese aroma que, a pesar de los años, seguía haciéndola estremecer.

- Yo siempre te querré, mi amor, vaya donde vaya, siempre te amaré…"

Una repentina brisa hizo que varias hojas se remolinaran sobre la tumba de Edward, devolviéndola de nuevo a la realidad, y provocando que ella sonriera tristemente, para después suspirar antes de quitar con la mano esas hojas que habían quedado esparcida sobre su nombre.

- Mi amor, cuánto te hecho de menos -musitó acariciando las letras doradas que componían su nombre.

- Abuela, es hora de irnos -dijo de pronto Emilie, la más pequeña de sus nietas-. Ya mamá ha acercado el coche -. Continuó diciéndole mientras la ayudaba a incorporarse.

- Claro preciosa -contestó Bella, mirando hacía donde estaba el coche de su hija. No pudo evitar sonreír orgullosa al verla. Elizabeth se había convertido en toda una mujer. Ya casada, felizmente casada con su adorado Seth. Bella, sonrió moviendo negativamente la cabeza al recordar, cuánto tuvo que pasar la pobrecilla por los celos de su padre. Y lo mucho que tuvo ella que batallar con Edward para que comprendiera, que no siempre sería su pequeña princesa, y que tenía que dejarla volar, como ellos también hicieron. Cuánto tuvo que consolarlo la noche antes de la boda de su pequeña y la de lágrimas que derramó junto a él cuando, finalmente, la entregó a Seth en matrimonio. Pero una vez pasados esos malos ratos, que felices se sintieron cuando la veían mirar a Seth con el mismo amor que ellos sentían y ahí supieron que él la haría feliz, tanto, como él mismo estaba siendo a su adorada Bella...

Agarrando con cariño la mano de su nieta, caminó tranquila y serena hasta llegar al coche.

- ¿Te encuentras bien mamá? -preguntó Liz en cuanto llegaron, ayudándola a entrar en él.

- Si hija, siento haberte hecho esperar -contestó Bella con una voz cansada. A sus ochenta y cinco años cualquier esfuerzo la cansaba.

- Sabes que no me importa mamá. Yo te traeré siempre que quieras - dijo ella mirando una vez más hacía donde estaba la tumba de su padre.

Para Liz, la muerte de su padre había sido también un doloroso momento. Ella amaba a su padre con locura, al igual que su hermano Eddie, ambos lloraron abrazados en la intimidad de su cuarto cuando Bella, con una templanza ejemplar, los llamó para anunciarles que Edward ya no estaba entre ellos… Se lo había prometido, no se regodearía en el dolor que su perdida le ocasionaba, seguiría viviendo por él, para que él cumpliese la promesa de estar cada noche junto a ella, hasta que ella misma, recorriera el mismo camino que la llevaría hasta su amor.

Las tres, sumidas en un cómodo silencio, regresaron a la casa. Como era habitual cada domingo, todos se reunían en una agradable comida familiar. Así le gustaba hacer a Edward y así siguieron haciendo.

Bella, sentada al frente de la gran mesa, el lugar que siempre ocupó Edward, y en la que no faltaba de nada, miró con emoción a todos los que la rodeaban. A su derecha estaba el que, a pesar de sus cincuenta y nueve años, seguía siendo su pequeño Eddie, junto a Megan, su mujer, y a sus tres hijos: Eddie Jr., Annie, y el más jovencito de todos, Zacky, que por lo travieso que había sido de pequeño, hacía las delicias de sus abuelos.

A su izquierda, su princesa, Liz, que le sonrió cuando enfocó sus ojos en ella. Liz amaba y admiraba a su madre con devoción, y siempre fue un ejemplo a seguir, al igual que su padre lo fue para su hermano.

Junto a ella, Seth. Bella suspiró al recordar a su gran amigo Nahuel, que también hacia varios años que los había dejado. Otra cosa más que tenía que agradecer a su gran amor, el haber conseguido limar totalmente las asperezas que en un principio tuvo con el que siempre sería su mejor amigo.

Junto a él sus dos hijas: Sasha y Emilie, tan preciosas las dos como su madre, y que hicieron también las delicias de su abuelo Edward junto a su prima Annie.

También los acompañaba su ya también anciano hermano, Charlie, y su cuñada Lisa, junto a la cual había una silla vacía, la de su hija Renée que, a causa del trabajo, vivía en otro país y sólo los visitaba dos veces al año.

Cuánto agradecía a Dios haberlo encontrado. Cuánto bien hizo Charlie en su vida. Ella le sonrió cuando él, con todo ese amor que sentía por su hermana, la miró y le regaló una cálida sonrisa.

Ahí estaba toda su familia, su gran familia, solo faltaban los amigos, pero la mayoría de ellos vivían en lo Estados Unidos, mientras ellos seguían allí, en la gran mansión Cullen a las afuera de Londres.

Cuánta vida concentrada entre esas paredes, cuántas risas, cuántos sueños volvieron albergar, desde que ellos decidieron quedarse allí. Y cuántos recuerdos por donde quiera que mirase.

A pesar de todo lo que en un principio le tocó vivir, Bella se sentía afortunada, finalmente, la vida le sonrió y fueron muchos más los años en los que la alegría encabezaba su vida. Edward le había enseñado a vivir de nuevo, o mejor dicho, la había enseñado a vivir. Y aunque habían pasado ya dos años desde que la dejó, su amor por él seguía intacto.

Apenas probó bocado mientras todos en la mesa reían, contaban sus anécdotas de la semana, sus triunfos, sus inquietudes; últimamente le costaba más digerir la comida, y su metabolismo se había acostumbrado a subsistir con lo mínimo. Después de escuchar a todos, y ya un poco cansada, se despidió de todos para ir a descansar.

Con paso lento, pero decido, subió el tramo de escalera que la llevaba hasta su habitación y, una vez allí, se sentó en el diván que tenía bajo la ventana. De nuevo la imagen de su adorado Edward se hizo presente, como si de un espíritu se tratase. Y ella sonrió cerrando los ojos e imaginando que era cierto, que él estaba allí. Hoy se encontraba más sensible que de costumbre. Sentía mucha nostalgia y por una razón desconocida, no conseguía quitarse a su amor de la cabeza.

Sus ojos recorrieron la habitación y cuando estos enfocaron la cómoda, vio sobre ella el Álbum de foto que le estuvo enseñando a su nieta hacía unos días. De nuevo, haciendo un poco de esfuerzo, se levantó y anduvo hasta llegar a él; pero al ir a cogerlo, no pudo evitar recordar las veces que Edward le había hecho el amor sobre aquella cómoda. Su cuerpo se estremeció en el acto sólo de recordar las manos de Edward sobre su cuerpo, como esté se encendía a la más mínima caricia. Como su cuerpo ansiaba desesperado que la tomase de mil y una forma, y la llevara una y otra vez a ese cielo único y que existía sólo para ellos…

Al abrir los ojos, vio su imagen proyectada en el espejo; no pudo evitar llevar una de sus manos a su rostro y tocar esas arrugas que adornaban su nívea piel. Sus ojos se veían más pequeños y también estaban rodeado de arrugas. Su cabello ya no era ese cabello castaño que tanto enloquecía a Edward, se había vuelto blanco. Pasó la mano por el y de nuevo, el recuerdo de aquella vez en el que él le lavó su cabello después de haber estado haciendo el amor casi toda la noche, le hizo estremecer. Cuánto lo echaba de menos, cuánto tiempo sin escuchar esas cosas lindas que él le decía continuamente y que siempre la sonrojaban, cuánto tiempo sin escuchar su voz…

Le había prometido ser feliz, disfrutar de su familia, y así lo hizo; tras llorar aquella vez en la que se despidió de él, ya no lo hizo más, pero hoy le estaba costando mucho mantener sus emociones a raya, y una lágrima traicionera comenzó a rodar por sus mejillas.

Tras mirarse una vez más en el espejo, se paso el dorso de la mano para borrar esa traidora lágrima que le estaba haciendo no cumplir su promesa. Fijó de nuevo su vista en el álbum y lo cogió para volver a sentarse cómodamente en el diván.

Una a una fue pasando las hojas, miles de recuerdos, de él, de ella, de sus hijos. De nuevo las lágrimas comenzaron a rodar pero unos golpes en su puerta le hizo limpiárselas enseguida.

- Mamá, ¿puedo pasar? -preguntó, desde el otro lado de la puerta Liz.

- Claro hija, pasa -contestó ella.

Inmediatamente, Liz apareció en la habitación cargando una bandeja con un taza.

- Te traigo un poco de Té -dijo posando la bandeja cerca de la mesa que había junto el diván donde Bella descansaba.

- Gracias, hija -contestó ella. Pero para Liz no pasó desapercibido el rastro que las lágrimas habían dejado en su rostro.

- ¿Te encuentras bien, mamá? -volvió a preguntarle -. No sé, te encuentro más cansada, más apagada que de costumbre -. Le confesó con un deje de preocupación.

- No hagas caso, hija. Tengo ochenta y cinco año, cómo quieres que esté si no cansada -dijo a modo de broma luciendo una cariñosa sonrisa.

Entonces, los ojos de Liz se posaron en la foto que tenía su madre en las manos. Y no pudo evitar que su corazón se encogiese. En ella aparecían su madre y su padre el día que se casaron, y se veían tan dichosos, tan felices, había un brillo tan radiante en sus ojos, que siempre que veía esa foto se conmovía…

- Lo echas de menos, ¿verdad? -le preguntó con los ojos también lo hecho mucho de menos -confesó a su madre, y ésta, no tardó en atraerla a sus brazos-. Lo extraño mucho mamá, pero sé que él no se sentirá feliz viéndonos llorar -. Siguió diciendo mientras se abrazaba a su madre.

- Ya lo sé cielo, ya lo sé…-contestó Bella tragando el nudo que de nuevo se había puesto en su garganta. Poco después, se separó y acunó el rostro de su hija-. Que preciosa eres…-susurró, lo que provocó que Liz riera entre lágrimas-. Siempre has sido tan hermosa, que ni los años hacen que pierdas eso -. Siguió diciendo orgullosa.

- Es porque me parezco a ti, mamá -contestó Liz emocionada, acercándose para darle un cariñoso beso en su mejilla-. Con los dos padres tan guapos que he tenido, es fácil ser guapa -añadió para seguir amenizando el momento.

- No sabes que orgullosos hemos estado de ti, cariño -dijo de pronto; pero nuevamente unos golpes en la puerta les llamó la atención…

- Mamá, ¿puedo pasar? -preguntó Eddie desde el otro lado de la puerta.

- Claro hijo, pasa -contestó Bella y enseguida Eddie entró a la habitación.

- Vengo a despedirme, ya es tarde y… ¿Te encuentras bien? -. Le preguntó al verlas a las dos en el diván.

- Si -contestó ella mirando embelesada lo mucho que su hijo se parecía a su padre. Eddie se puso en cuclillas para estar a su altura.

- ¿De verdad te encuentras bien? -preguntó de nuevo con un deje de preocupación.

- Si, de verdad, sólo que hoy me siento más nostálgica -. Le dijo señalando el álbum de fotos. Eddie no tardó en llevar los ojos a él y al igual que a su hermana, un nudo se le formó en la garganta, al ver a su padre junto a su madre en el día de la boda.

Eddie había resentido muchísimo la muerte de su padre, siempre fue su eje en la vida, su ejemplo a seguir, admiraba a su padre como no admiraba a nadie en este mundo y el día que murió, no pudo evitar emborracharse para poder calmar el profundo dolor que su partida le había causado. Sólo que eso nadie lo supo, excepto Megan, que fue la que, durante toda la noche, estuvo esperándolo preocupada, sin saber donde se había metido después del entierro…

Pero Eddie evitó hacer ningún comentario, a decir verdad, evitaba hablar de su padre; era demasiado doloroso para él y no quería mostrarse así en público, y mucho menos, delante de su madre, que a pesar de la entereza que mostraba siempre, sabía que lo estaría sintiendo mucho más que ellos dos juntos…

Bella, que conocía a sus hijos mejor que nadie, no tardó en llevar su envejecida mano al rostro de su hijo, y con un amor infinito, lo acarició inclinando un poco la cabeza y esbozando un triste sonrisa, sabía que Eddie lo había pasado muy mal tras la muerte de su padre y eso la apenaba muchísimo…

Eddie miró a su madre, y ya no pudo evitar que de sus ojos saliese una lágrima traicionera, lo que hizo que tanto Liz como Bella, se abrazasen a él.

- Ya está mis niños -les decía Bella abrazándose fuertemente a ellos-. No lloréis, a vuestro padre no le gustará vernos así -dijo separándose de ellos y mirándolos de uno a otro-. Habéis sido el mejor regalo que la vida me ha dado, que nos ha dado, vuestro padre así lo sentía. Y quiero que sepáis, que nos hemos sentido muy orgullosos de vosotros…

- Mamá…-susurró Eddie borrando las lágrimas que habían caído de sus ojos.

- No lo olvidéis nunca, habéis sido nuestro mayor tesoro. No podría haber elegido a unos hijos mejores -. Siguió diciendo.

- Y nosotros unos padres mejores, te quiero mucho mamá -la interrumpió Liz con los ojos colmados de lágrimas.

- Yo también te quiero, mamá -musitó también Eddie intentando contener sus emociones.

- ¡Anda!, dadme un beso y dejadme descansar -Les dijo ofreciéndoles una sonrisa. -. Eddie, mi amor, ten cuidado en la carretera -. Le pidió.

- No te preocupes mamá, el domingo que viene, nos volveremos a ver -dijo dejándole un beso en la frente antes de levantarse.

- Entonces, yo también te dejo para que descanses, ¿bajarás a cenar, o te subo la cena?

- Mejor me la subes cuando llegue la hora Liz, me siento cansada, prefiero cenar hoy aquí.

- Esta bien, descansa mamá -contestó ella dándole también otro beso en su frente.

Una vez que Eddie y Liz se habían marchado, de nuevo la habitación se llenó de voces al subir todos sus nietos en cuadrilla para despedirse antes de irse. Con suerte le dio tiempo de ocultar el álbum, si Emilie lo veía, de nuevo le haría contarle todo sobre ellas y hoy se sentía verdaderamente cansada.

Con cariño, abrazó y besó a todos y cada uno de sus nietos, hombres y mujeres ya, pero que al igual que sus propios hijos, antes sus ojos, seguían siendo sus pequeños nietos.

Cuando ya todos se marcharon, Bella dejó caer nuevamente la cabeza sobre el cojín del diván, realmente se sentía cansada, más cansada que de costumbre, pero antes de cerrar los ojos, volvió a coger el álbum, y una vez más, se permitió navegar por sus recuerdos.

Y estos le llevaron al día en el que entró por primera vez en aquel café, inspiró profundamente como hizo aquella primera vez, y como si de algo mágico se tratase, le pareció que le llegaba aquel mismo olor. Cuánto había cambiado su vida el hecho de entrar en aquel lugar. De pronto, el recuerdo de alguien al que hacía mucho que no recordaba le llegó con fuerzas.

- Papá -musitó con tristeza, al recordar la imagen de su padre postrado en aquella cama. Aunque cuando supo la verdad de todo lo que había pasado, a través de las líneas que su madre le había dejado escrita en esas cartas, se había lamentado por todo lo que su orgullo la hizo sufrir, realmente sentía pena por él. Al fin de cuenta, todo ese sufrimiento a ella le había llevado derechita al hombre de su vida; él, en cambio, malgastó los últimos años de su vida postrado en una cama, ajeno a que había tenido otro hijo, uno, del que se hubiese sentido más que orgulloso; y ajeno a que su mujer nunca dejó de amarlo.

Pero lo que realmente le entristecía, es que nunca pudo despedirse de él, todos esos años cuidándole, y murió solo, cuando ella no estaba. Nuevas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

- Estás tonta hoy -se dijo a si misma al ver lo sensible que estaba. De nuevo enfocó la imagen que tenía en el álbum, y acariciando con el pulgar la cara de su amor, susurró:

- No me lo tengas en cuenta, amor. No quiero que te sientas triste por mí donde quieras que estés…

Pero diciendo eso, un fuerte dolor le sobrevino al pecho. Ella se llevó la mano a ese lugar y comenzó a masajearlo; no era la primera vez que le ocurría, desde hacía unos días a tras que, de vez en cuando, una punzada le provocaba un dolor agudo en el pecho, pero pasados unos minutos, el dolor comenzaba a remitir. Siguiendo la pauta de los días anteriores, continuó masajeándose hasta que poco a poco, este fue desapareciendo dejándola realmente agotada y algo asustada por la intensidad del mismo.

En un principio pensó en llamar a su hija para que avisara a un médico, pero de pronto, la idea de morir no le pareció tan descabellada. Aunque adoraba a sus hijos, la ausencia de Edward le causaba un estado de vacío perpetuo. No, no la avisaría, si había llegado su hora, no le pondría barreras, dejaría que la propia naturaleza hiciera su trabajo. Para qué alarmar a sus hijos, para qué causales ese dolor…

Pasados unos minutos que le hicieron recuperar algo de fuerza, se levantó del diván y, tras sacar la foto del álbum, se dirigió a su cama, la destapó, y aún con las ropas, se metió en ella. Aunque hacía dos años que Edward no dormía con ella, no pudo evitar hundir la nariz en su parte de la almohada, tratando de recordar algo de su olor allí. Pero ya no estaba, ya apenas le quedaba nada de lo que, durante tantos años, Edward la había acostumbrado. A dormir envuelta en su olor, en su calor. Solo los recuerdos, como los que hoy llevaban asomando de su memoria, le hacía sentir algo de lo que él le hacía sentir, y especialmente hoy se sentía más necesitada que nunca de él.

- Edward…-susurró desgarrada aferrándose con fuerza a su almohada. Abrió de nuevo los ojos, que una vez más se colmaban de lágrimas, y miró la foto que tenía en la otra mano-. Te amo…-susurró dejando que sus ojos fueran distorsionando la imagen de Edward a causa de las lágrimas, lo que hizo que, lentamente, cerrara los ojos aferrada con una mano a su almohada y con la otra a su foto, hasta perderse en la inconsciencia…

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.

.

- Bella…-oyó que la llamaba alguien. Pero ella se sentía muy cansada. Ese último dolor le había hecho perder casi todas sus fuerzas.

- Bella, mi amor... -Volvió a oír. De pronto, esa voz se le hizo conocida, lo que le provocó que frunciese el entrecejo.

- ¿Edward? -preguntó y, poco a poco, comenzó abrir los ojos. Una enorme sonrisa se implantó en su cara cuando sus pupilas comenzaron a enfocarlo-. Edward… - volvió a musitar con más alegría. No era la primera vez que sus sueños le hacía pasar unas horas con él. Y agradecida de que ese fuese uno de ellos, se levantó y se puso a su altura. Pero, de pronto, se dio cuenta de algo; ese no era el Edward que se presentaba en sus anteriores sueños, era el mismo Edward que conoció en su plena juventud, lo que la hizo mirarlo extrañada.

Edward acortó la distancia que lo separaba de ella hasta tomarla de las manos y, esbozando esa sonrisa que ella tanto había amado, le dijo:

- No sabes cuánto tiempo llevo esperándote…

Bella se quedó maravillada ante la belleza de Edward, era aún más hermoso de cómo lo recordaba, había algo en él distinto, una luz, si, había una luz a su alrededor que lo hacía parecer un ángel... Pero ¿por qué se mostraba así? En sus últimos sueños siempre la visitaba ese Edward que estuvo con ella hasta el final. Pero ahora…

De pronto un miedo la sobrecogió, lo que la hizo apartarse de él repentinamente. No quería que la viese así, toda vieja y arrugada. Ella no era esa Bella que lucia la juventud de entonces, no…¿por qué su subconsciente le hacía esto?

- No me mires Edward, yo… no quiero que me veas así -. Le rogó tras separarse y cubrirse la cara con sus manos..

- Verte cómo, mi amor, yo te veo tan hermosa como siempre -Le contestó él acortando nuevamente la distancia para llegar hasta ella y apartar las manos de su rostro-. No me impidas disfrutar de la belleza de tus ojos, llevo esperándolos mucho tiempo -. Le pidió.

- Qué…-exclamó sorprendida apenas con un hilo de voz -. Yo, no, ya no soy como tú, Edward.

Edward sonrió y ahuecó delicadamente su rostro entre sus manos. Inmediatamente, Bella sintió esa familiar sensación que le recorría todo su cuerpo cada vez que él la acariciaba. Nunca antes sus sueños había sido tan vívidos, lo que la tenía totalmente sorprendida y desconcertada.

- Te prometí que estaría esperándote, mi amor -contestó Edward acortando la distancia hasta que sus labios, después de mucho tiempo, volvían a presionarse contra los suyos.

Bella cerró los ojos con fuerza, con mucha fuerza, tratando de retener, durante el mayor tiempo posible, todas esas sensaciones que la azotaban cada vez que él la besaba… Sabía que en cualquier momento despertaría, y de nuevo la soledad la devolvería a la realidad...

Pero Edward, ignorando por completo todo lo que pasaba por la cabeza de Bella, llevó una de sus manos hasta enterrarla en los cabellos de ella y con la otra, rodeó su cintura atrayéndola completamente a su cuerpo, profundizando de esa manera el beso.

Bella, sobrecogida por la intensidad con la que estaba sintiendo ese sueño, se dejó llevar y subió sus manos hasta abrazarlo por el cuello, permitiéndose así disfrutar de ese beso tan apasionado y tan necesitado. Una y otra vez sus manos se enredaron en los cabellos de Edward, besándolo con furor, con frenesís, entregándose a él con la misma pasión con la que lo había hecho siempre. Pero necesitaba verlo, y abriendo los ojos para poder mirarlo, aún sin apartar los labios de los de él, fue que se fijó en sus manos, en sus propias manos...

Extrañada ante ese descubrimiento, de nuevo se separó repentinamente de él. Edward, paciente, dejó que ella fuera asimilando su nuevo estado.

-Mis manos…-profirió sorprendida mirándolas de una cara y de otra…-, estas no son mis manos, son muy tersas…-Siguió diciendo lo que provocó una sonrisa divertida en la cara de Edward.

- ¿Cómo las quieres tener? -contestó divertido , voy a enseñarte algo -. Le dijo tomándola de la mano y caminando hacia…

Entonces Bella comenzó a darse cuenta de otra cosa, esa no era su habitación, bueno si, pero no… todo allí era de otro color, un color marfil resplandeciente… caminó siguiendo a Edward totalmente aturdida por ese sueño, hasta llegar frente a un espejo.

- ¿Qué ves Bella? -preguntó Edward colocándose detrás de ella.

Bella, totalmente sobrecogida, miró la imagen que reflejaba aquel espejo y lo que vio en él hizo que se llevara una mano a la boca para ahogar un grito de asombro.

- Dime, Bella…¿qué ves? -. Volvió a preguntarle..

- Soy yo…-contestó ella mirando asombrada hacia el espejo. De nuevo su imagen era la de una joven, apartó la vista del espejo y volvió a enfocar sus manos, era cierto, volvía a ser joven pero…¿por qué? Ella no necesitaba esa juventud, lo amaba tal como era cuando murió, ¿por qué su sueño los había rejuvenecido?-. No entiendo porqué aparecemos así -dijo volviéndose para mirar de nuevo a esos ojos verdes en los que siempre se había perdido-. Yo te quiero de cualquiera de las formas…-dijo sinceramente.

- Aún no lo entiendes, ¿verdad? - le preguntó él y, después de darle otro cálido beso, volvió a girarla para que mirase de nuevo su imagen..-. Así es como te sientes Bella, por esos lucimos así -dijo provocando de nuevo la confusión en ella.

- ¿Qué quieres decir?, no te entiendo -contestó mirándolo a través del espejo.

- Mi pequeña desconocida de rincón, tú siempre pensando que son sueños -musitó apoyando su cabeza sobre su hombro-. No es un sueño mi amor, ya nunca más despertaras, porque no estás dormida -comenzó a explicarle.

- Qué - susurró Bella sin llegar a comprender.

- Te dije que estaría esperándote, y al fin has llegado -contestó mirándola con todo ese amor que no dejaba de crecer en su interior por ella…

- Yo…quieres decir…

- Si Bella, llegó el día, y ya nunca más nos separaremos mi amor…

- Estoy…yo…¿he muerto? -De pronto un nudo agarrotó su garganta. La imagen de Liz y de Eddie asaltaron su cabeza- Los niños…-musitó llevándose la mano a la boca y sintiendo como las lágrimas comenzaban a llenarlos de nuevo…

- Tranquila mi amor, ellos estarán bien. Lo superarán, ¿y sabes por qué? -Le preguntó, ella negó con la cabeza sintiendo como las lágrimas comenzaban a recorrer de nuevo sus mejillas -. Porque sabrán que estamos juntos, porque siempre que nos llamen, ahí estaremos, infundiéndole ánimos, paz, seguridad, como lo he estado haciendo yo durante estos dos años con ustedes. Sé que me has extrañado, mi amor, pero hice todo lo posible para que te sintieras tranquila, para que de verdad sintieras que cada noche te abrazaba, no he dejado de hacerlo preciosa, ni una sola noche he dejado de abrazarte.

- Edward…-musitó Bella tragándose las lágrimas-. Lo sabía, lo sentía, cada vez que me abrazaba a mi misma sentía que lo hacías tú…

El asintió tan emocionado como ella-. Y así ha sido preciosa.

- Pero ¿por qué así? -dijo mirando de nuevo hacia el espejo.

- Ya te lo he dicho mi amor, somos, como tu sientes que somos… Así funciona esto, y te tengo una sorpresa -dijo abrazándola con fuerza desde atrás. Bella cerró los ojos y llevó sus manos hacia las de él para sentir con más intensidad su calor, ese calor que tanto había extrañado..

- Ves esa puerta que hay ahí - Bella miró hacia donde señalaba y asintió - ve, alguien te está esperando.

- ¿Alguien? -preguntó con cierto temor.

- Recuerda, somos como nos sientes, y estamos, todos los que tu quieres -Le dijo para tranquilizarla-. Ve…-. Le pidió.

Bella, aún con cierto temor, se fue alejando de Edward hasta llegar a la puerta, con manos temblorosa, rodeó el pomo de la puerta, y antes de girarlo miró de nuevo hacía Edward. El asintió con la cabeza infundiéndole valor…

Bella volvió su vista al frente y acabó de girar el pomo. La puerta comenzó a abrirse, la habitación era algo más oscura que la otra, pero se atrevió a entrar en ella. Caminó sin saber a donde dirigirse hasta que de pronto, apareció delante de ella una silueta. Inmediatamente frenó su paso y algo ansiosa se mantuvo en alerta mientras veía como la silueta comenzó a desplazarse muy lentamente hacia ella.

Al principio había tanta luz de tras de esa persona que no era más que una sombra, pero a medida que se iba acercando, lo que en un principio no era más que una sombra, comenzó a mostrarse tal cual era…

Bella no pudo evitar que los ojos comenzaran a humedecer de nuevo al ir descubriendo, poco a poco, a la persona que se ocultaba tras esa silueta. Sus labios comenzaron a temblar, su estomago y su corazón se encogió y cuando apenas quedaban unos metros para que llegase junto a ella, su llanto brotó, y sin poder evitarlo, corrió hacia él ansiosa por abrazarlo.

- Papá -musitó antes de unirse a él en un ansiado abrazo.

- Mi pequeña -musitó Charlie tan emocionado como ella abrazando a su pequeña Bella entres sus brazos, envolviéndola como lo hacía hasta que, ese fatídicos día en el que su madre los abandonó, dejó de hacerlo…

- Papá -. Seguía musitando Bella sin dejar de abrazarlo, sin parar de llorar.

- Perdóname, mi princesa. Cuánto daño te he causado -. Le pecía Charlie sin dejar de abrazarla, temblando de la misma emoción que le embargaba.

- No tengo nada que perdonarte, papá -contestó finalmente Bella, separándose lo suficiente para volver a ver esos entrañables ojos color chocolates, de quien los había heredado ella, para volver a ver ese bigote que tantas cosquillas le hacia cada vez que le daba un beso en la mejilla, para volver a ver a su padre, pero no el que se fue consumiendo poco a poco en esa maldita cama durante seis años, sino el fuerte y vigoroso que ella siempre recordaba-. Cuanto me alegra verte, papá, no sabes cuánto te he echado de menos.

- Y yo siento no haber estado contigo en esos momentos Bella, no merezco ni siquiera la dicha de que quieras que siga estando en tu vida.

- Mi vida no tendría sentido si tu no estuvieras en ella… -contestó Bella abrazándose de nuevo-. Ella no dejó de amarte papá, quiero que sepas que mamá siempre te quiso y que ese hijo que rechazaste, es realmente tu hijo, ella nunca te engañó. Y es…Charlie es.. Hubieses estado muy orgulloso de él…

- Lo sé Bella, lo sé… todo se sabe cuando llegas aquí -contestó su padre sonriéndole con cariño. De nuevo. Alguien le hacía ver su nueva realidad, que ya no estaba en el mismo lugar; entonces algo le inquietó, si allí estaban todos los que ella quisiese que estuvieran, ¿sería posible…?

- Si hija -contestó una voz detrás de ella...

Bella, sintiendo como su corazón comenzaba a galopar ansiosamente, se fue girando lentamente hasta quedar frente a la mujer que había hablado.

- Mamá…-musitó mientras nuevas lágrimas comenzaban a empapar de nuevo su rostro.

- Mi Bella -musitó Renée que enseguida le abrió los brazos para estrecharla en ellos-, mi niña, mi dulce Bella, cuánto lo siento mi vida y gracias, gracias por cuidar de tu hermano, mi amor, no sabes lo tranquila que me dejaba ver que tu cuidabas de él, siempre estuve a vuestro lado, mi niña, siempre -dijo Renée llorando mientras la abrazaba y la besaba sin parar.

-Mamá…-musitó Bella apretándola fuerte- mamá… mamá…mamá… - no dejaba de decir mientras se dejaba abrazar y besar por ella. Cuanto había necesitado esos besos y esos abrazos.

Durante un buen rato, Bella se mantuvo abrazada a su madre, ambas pidiéndose perdón, ambas recuperando todos esos abrazos que la vida les había impedido darse.

Hasta que otra voz de tras de ella las interrumpió.

- Y para mí, ¿no hay abrazo? -se giró y su sonrisa se ensanchó al ver a su mejor amigo, tan guapo como lo recordaba y con esa calida sonrisa que tanta paz le infundía…

- Nahuel -susurró antes de fundirse en otro abrazo con el-. Te he extrañado mucho -dijo mientras se aferraba con fuerza a sus brazos.

- ¿Y para nosotros? -dijeron al unísono esas voces que tan bien reconocía.

- Esme, Carlisle -profirió Bella antes de separarse de los brazos de Nahuel y fundirse nuevamente en una abrazo con ellos. A cada segundo que pasaba, cada vez se sentía más feliz de estar allí, viendo como todas esas persona a las que había amado en la vida, se acercaban a recibirla en esta otra nueva vida.

Cuando se separó de ellos, aún con lágrimas en los ojos, pero luciendo una gran sonrisa, comenzó a pasar los ojos de uno a otro, totalmente emocionada de volver a verlos después de tantos años de separación, unos más que a otros, hasta que sus ojos se cruzaron con los que tanto amaba que, con la misma intensidad de siempre, la miraba feliz. De un impulso se fue hacía él y se abrazó fuerte a su cintura. El, con la misma necesidad de abrazarla, la estrechó fuerte entre sus brazos una vez más, feliz de sentirla de nuevo.

- Bella -pronunció su nombre para que ésta volviera a aprestarle atención.

- Dime mi amor -contestó ella separándose de nuevo para mirarlo.

- No sabes cuánto me alegra de que lo quieras así -dijo, pero ella no supo entenderlo.

- No te entiendo, ¿a qué te refieres? -preguntó ajena a las dos persona que se habían acercado a ellos mientras lo abrazaba.

- A que…- Edward se pausó y la miró emocionado- sólo a los que tú quieres están aquí -Bella lo seguía mirando sin entender -. Mira Bella, ellos… - volvió a pausarse y miró tras ella con una cariñosa sonrisa -…son mis padres -. Le dijo finalmente y Bella no dudó ni un segundo en volverse para verlos.

- Dios mío…-musitó al ver al padre y la madre de Edward mirándola con tal amor hacia ella, que no pudo contener sus propias lágrimas.

- Bella, hija -dijo Elizabeth acercándose a ella y abrazándola fuertemente contra su pecho -, no sabes cuánto te agradecemos que le devolvieras la sonrisa a nuestro pequeño -confesó tan emocionada como ella…

- Yo… yo os tengo que agradece a vosotros que hayáis tenido un hijo así -contestó separándose para mirarla a los ojos para después, mirar al padre de Edward, que con los mismo ojos que ya conocía, la miraba con admiración y cariño.

- Hija -susurró abriéndole los brazos a los que no dudó en ir Bella - gracias, gracias, gracias. - le decía una y otra vez.

Y mientras Bella se reencontraba con todas las personas que de una forma u otra la habían amado en vida y habían ido a recibirla a la llegada de esta otra nueva… Liz llegaba a su habitación cargada con una bandeja.

- Mamá, ¿puedo pasar? -preguntó tras llamar a la puerta, esperó unos minutos, pero como esta no contestaba, abrió la puerta y caminó a través de la habitación hasta dejar la bandeja en la mesita de la pequeña salita-. Mamá, te he traído tu cena -dijo caminando hacia la recamara para ver a Bella durmiendo abrazada a la almohada. Una triste mueca hizo con su cara al verla así. De unos días acá había notado la tristeza en su cara, sabía que estaba añorando mucho a su padre, y no le extrañaba, se habían amado tanto, ¿qué, cómo haces para seguir adelante sin ese amor?

Lentamente se acercó hasta su cama, y su corazón se encogió al ver como ella tenía la foto de su padre fuertemente sujeta con una de sus manos.

- Mamá…-volvió a llamarla, le daba pena despertarla, pero había comido tan poco durante la comida, que tenía que obligarla a que, al menos, cenara algo ligero. -Mamá..- volvió a insistí al ver que esta no se despertaba…- Mamá…-Una vez más volvió a llamarla ,finalmente y extrañada por que no respondiese, se atrevió a tocarla..

- Mmaaaaaaá…-gritó cuando al hacerlo, sintió su cuerpo algo rígido y frío…- Mamaaaaaaaá…- volvió a gritar esta vez zarandeándola, pero nada, Bella no contestaba, y entonces se dio cuenta, y sintiendo como su pecho se desagarraba una vez más, la atrajo hacia su cuerpo y rompiendo en lágrimas comenzó a mecerla entre sus brazos…

- Mamá…mamá….mamá… -murmuraba entre lamentos mientras las lágrimas empapaban su rostro y caía sobre el de su madre, que con una expresión serena, permanecía inmóvil entre sus brazos..

Ante los gritos de Liz, tanto Seth como sus hijas no tardaron en llegar a la habitación, para, una vez allí, encontrarse con la desgarradora escena. Inmediatamente, Sasha y Emilie corrieron junto a su madre y entre llantos se abrazaron a ella y a su abuela. Seth tampoco pudo evitar que sus ojos se llenasen de lágrimas. Bella había sido como otra madre para él y saber que ya nunca podría disfrutar de su compañía, de sus sabios consejos, de su encantadora sonrisa, le hizo sentir un hondo pesar. Tras un primer momento en el que no dudó en estar cerca de Liz que, desconsolada, abrazaba a su madre sin dejar de mecerla, Seth se hizo cargo de llamar a Eddie y a todos los familiares para hacerles llegar la noticia del fallecimiento de Bella.

Para Eddie, la noticia de la muerte de su madre lo hizo desfallecer, sobretodo, porque desde que había salido de esa casa tenia la extraña sensación de que algo no iba bien. En menos de una hora, Eddie llegaba a la gran mansión acompañado de su mujer y sus hijos que, aunque todos vivian en sus propias casa, no dudaron en ir a acompañar a sus padres y a despedirse por última vez de su abuela, una mujer que le había regalado todo su amor durante todos los años de su vida…

Eddie volvió a fundirse en un fuerte abrazo con Liz, que desconsolada, no dejaba de llorar.

Todos los medios se hicieron eco de la noticia, ya que Isabella Cullen era mundialmente conocida y querida, no sólo por sus éxitos como escritora, sino por la admirable labor que hacía através de N.E.S.S.I.

A lo largo de la noche, cientos de personas se fueron congregando ante la puerta de la gran mansión, donde depositaban flores, mensajes de cariño y ánimo, y lloraban entristecidos ante la muerte de tan admirable mujer.

Charlie, totalmente sumido en una gran tristeza, se unió a sus sobrinos y durante toda la noche estuvieron unidos junto a ella….

Por deseo expreso de la familia, el sepelio fue intimo. Todos unidos por la pena y desconsolados, se abrazaban mientras veían como el féretro, que ahora acogía tanto los restos de su abuelo como los de su abuela, bajaba lentamente y entre lágrimas les daban ese último adiós.

Liz y Eddie se quedaron un rato más para despedirse de una manera más intima de sus padres, mientras el resto les dejaban ese espacio, caminando todos, unos abrazados a otros, hacia los coches.

- Ahora ya están juntos - susurró Eddie a su hermana Liz mientras la abrazaba para consolarla -, ahora ya descansaran en paz. Recuerda lo mucho que se amaban Liz, seguro que papá fue a recibirla y ahora están felices y juntos de nuevo - seguía diciéndole intentando convencerse él mismo. Liz asintió, deseando con toda su alma que así fuese, pero sin poder reprimir las lágrimas ya que sabía que la iba a extrañar muchísimo…

Edward y Bella acompañaron a sus hijos en esos fatales momentos. No pudieron evitar sentirse tristes al verlos, pero Edward, tomándola de la mano, la hizo caminar hasta estar cerca de ellos.

- Pon la mano sobre sus hombros - le pidió. Bella, sin dudarlo, le obedeció. - Ahora, diles que estás aquí, diles que te sientes feliz, que todo está bien y que han de seguir con sus vidas…

Bella lo hizo tal y como Edward le había indicado.

- No sientes como si ella estuviese aquí - le dijo de pronto Liz a Eddie mirándolo con cierta sensación de paz en los ojos.

- Si - contestó él mirando también a su hermana - y no sé, no sientes como que ella es feliz - le dijo esta vez él.

- Si - contestó ella secándose las lágrimas con la manga de su abrigo. - Es, como que quisiera que lo supiésemos. Además, nos dijo que ella siempre estaría ahí -dijo sintiéndose cada vez más tranquila, extrañamente serena.

- Si, creo que es hora de dejarlo descansar en paz - le dijo Eddie a Liz abrazándola fuerte.

- Si, vamos - y así el uno abrazado al otro, caminaron en silencio hasta reunirse con sus hijos y sus respectivas parejas…

- Ves, ellos estarán bien - le susurró Edward a Bella al oído abrazándola desde atrás, mientras ella veía como sus hijos y sus nietos se alejaban unidos.

- Si, lo estarán -contestó girándose para volver a perderse en ese intenso mar verde que la miraban con la misma adoración de siempre y que durante dos años, había echado tanto de menos.

- Te amo, Bella - dijo Edward antes de abrazarla con fuerza y volver a besarla-. Y lo seguiré haciendo para el resto de la eternidad.

- Yo también te amo, Edward… -respondió ella-, y también lo seguiré haciendo para el resto de la eternidad. No sabes cuanto te he extrañado -. Le confesó abrazándose a él de nuevo con fuerzas y sintiendose realmente feliz de estar nuevamente entre sus brazos.

Edward sonrió al oírla, él también la había echado mucho de menos. - ¿Vamos? Le preguntó entonces portando esa sonrisa que tanto ella amaba y ofreciéndole su brazo para que se sujetase a él.

- Contigo…hasta el fin del mundo, mi amor -dijo sonriéndole y mirándolo verdaderamente emocionada por la dicha de volver a estar junto a él.

Y así, como no podía ser de otra manera, los dos se alejaron abrazados para perderse juntos, y amándose como siempre, haya dondequiera que esta nueva y eterna vida le llevasen…

******fin******


N/A:

Dios, no me quieran matar por hacer un capi tan lacrimógeno, al menos para mi lo ha sido, pero siempre me gustó pensar en ellos juntos hasta envejecer, en ellos afrontando la dolorosa pérdida de uno de ellos, a ellos reencontrandose en esa vida, que al menos, yo me imagino así y deseo que así sea.

Puede que algunas prefieran quedarse con el final anterior. Adelante, para eso está escrito, pero yo me siento más feliz con este, imaginando que ese amor traspasó hasta la barrera de la muerte.

Triste, sí, pero la vida es así, los seres queridos nos van dejando, pero al menos, a los que creemos en que hay otra vida más allá de la muerte, nos queda la esperanza de que nos reencontraremos con ellos allá.

Ahora si me despido definitivamente de esta historia, y aunque tenía este capítulo escrito hace ya bastante tiempo, pensé que seria especial compartirlo en este día.

Un beso mis preciosas chicas de "La chica del rincón", porque eso sois todas para mí, mis chicas de la chica; tanto las que empezasteis la historia conmigo, como las que os fuisteis uniéndoos mientras se publicaba, incluso todas las que la habeís leido una vez terminada. Os agradezco todo vuestro apoyo tanto a mí como autora, como a la historia. Ustedes hicieron que fuera más especial aún.

Hasta pronto mis amores, y recordar que hay cierto Os en el concurso HLC2 que...en cuanto acabe... espera contar con vuestro apoyo tambien para dejar de ser un Os y convertirse en un fic... ¡Hasta entonces!

/(^_^)\saraes.