" El Que No Debe Ser Nombrado ha sido Derrotado"

Ese era el titular que mostraba el Profeta aquella mañana. A partir de ese día el mundo mágico podía vivir en paz. Y todo gracias a un chaval de 17 años que yacía inconsciente en una de las camas del Hospital San Mungo. Con la ayuda de Ron y Hermione, Harry había conseguido lo que tantos quebraderos de cabeza le había ocasionado en los ultimos años. Mucha gente murió en esa guerra, pero el responsable de todo no se iba a cobrar ninguna víctima más.

- Lo siento, pero el horario de visitas ha finalizado. - dijo una enfermera.

- Espere, ¿no puedo pasar la noche aquí?

- Ya le hemos dicho que no, Señor Weasley, por mucho que insista no creemos que el Señor Potter despierte esta noche.

- ¿Pero y que hay de...

- Déjalo, Ron, ya has oido a la enfermera - le replicaba la Sra Weasley. - Y tu tampoco estás recuperado del todo, iremos a casa a que descanses y mañana por la mañana prometo que volveremos aquí.

Todo se veía borrroso, sentía la boca seca y un fuerte dolor de cabeza. A Harry no le hizo falta agudizar demasiado la vista para saber donde se encontraba. A juzgar por la luz que entraba por la ventana supuso que debía ser de madrugada. Intentó relajarse y pensar con claridad, pero un golpe de recuerdos le hizo tener la necesidad de saber como acabó todo. Él estaba vivo y según la profecía eso significaba que Voldemort ya debía estar mordiendo polvo. Pero y si algo había fallado, y Harry no consiguió derrotarle y aún sigue vivo y fuerte esperando un nuevo encuentro¿?¿?¿?

Harry movió la cabeza en busca de sus gafas. Las encontró en la mesilla de al lado de la cama y al ponerselas vió una cama a unos metros de la suya. No le costó reconocer a la persona que dormía en ella. Era Hermione. Su fiel compañera, su mejor amiga, su ojito derecho estaba tumbada en esa cama, al parecer estaba inconsciente y llena de tubos por todos los lados, con una pierna entabillada y una venda en la cabeza.

Harry se maldijo a si mismo por sentirse culpable del estado de su amiga. Decidió levantarse de su cama y acercarse a Hermione. Cual fue su sorpresa que mientras se acercaba a la cama de su amiga vió en la mesilla de esta un ejemplar de El Profeta. No pudo reprimir que unas lagrimas salieran de sus ojos al comprobar que sí, que todo había acabado. Era libre para vivir feliz el resto de su vida. Se sentó en el borde de la cama de Hermione y la cogió la mano mientras seguía desahogandose.

- Todo va a estar bien, Hermione... lo hemos conseguido, ya todo estará bien.