Epílogo

La oscuridad de la noche se adueñó de la ciudad. Eran altas horas de la madrugada, y no se oía un solo sonido por Palacio. Kaileena se había quedado dormida abrazada a Cyrus. Él continuaba observándola, incapaz de dormir. Faltaban pocas horas para marcharse con Malik y Rostam hacia Aresura, y ahora que tenía a la mujer amada de nuevo en sus brazos no podía quitarle la vista de encima.

Su belleza estaba inalterada, tal y como era antes de la llegada a Babilonia. Parecía un ángel, allí, dormida tranquilamente entre sus brazos. Quien no la conociera no sería capaz de decir que antaño había sido la mujer más sanguinaria del mundo. Ahora, el odio y la soberbia que había sentido anteriormente se había reemplazado por bondad y cierta inseguridad.

Cyrus estaba a punto de ceder ante el sueño cuando comenzó a escuchar a Kaileena hablando en sueños. Se incorporó un poco y se acercó a ella.

No … - Decía ella, mostrando miedo en su rostro.

¿Kaileena? – Le dijo, tratando de despertarla.

¿Cyrus? – Ella pareció oírle, pero continuaba soñando. – Ayúdame.

¿Ayudarte?

Sácame de aquí …

¿Sacarte? ¿De dónde?

No dejes que me hieran. – Suplicaba ella con voz débil. - ¡No me hagas esto!

¿Hacerte el qué? – Cyrus comenzaba a asustarse.

¡No he hecho nada! ¡Déjame ir!

Kaileena estaba teniendo una pesadilla. Concretamente, estaba soñando de nuevo que Cyrus la capturaba a su llegada al puerto. Aquello le preocupaba. Estaba retorciéndose, tratando de librarse de sus agresores. No podía continuar viéndola sufrir de esa manera.

¡Kaileena, despierta! – Le gritó sacudiéndola.

¡No! – Gritó al abrir los ojos, aún soñando. Estaba temblando y respiraba con agitación. Miró a su alrededor y cuando comprobó que todo era un sueño, se llevó las manos a la cabeza. – Dioses …

¿Estás bien? – Le preguntó él, preocupado.

Sí … Sólo ha sido un sueño.

Estabas soñando que te apresaba en el puerto … ¿Verdad?

No te preocupes, no importa. Sólo es un sueño, nada más.

¿Nada más? ¿Estás segura?

Cyrus, tranquilo. Una pesadilla la tiene cualquiera.

No quiero que pases malas noches por eso … - Le dijo abrazándola.

No voy a olvidarme de eso tan fácilmente. No puedo. – Al decir esto, Cyrus se separó y la miró con tristeza.- Pero no te guardo rencor por ello. No te preocupes.

Desde que te vi morir en mis manos sólo he soñado con tu muerte … Ahora que te he recuperado no quiero que seas tú quien sueñe esas cosas.

¡Sólo ha sido una vez! Deja de preocuparte. – Se tumbó de nuevo en la cama y le invitó a hacer lo mismo. – Sigamos durmiendo. Dentro de unas horas te espera un largo viaje.

Cyrus volvió a tumbarse en la cama junto a Kaileena, quien le daba la espalda. La rodeó con el brazo y ella se aferró a él para sentirle más cerca. Iba a cerrar los ojos, pero algo llamó su atención en el hombro izquierdo de Kaileena.

La marca de la ciudad … - Pensó. – Ormazd ha hecho desaparecer todas sus cicatrices salvo la marca de la ciudad.

Ya no fue capaz de dormir el poco tiempo que quedaba hasta el amanecer. Su mente había sido invadida por los desagradables recuerdos del martirio que hizo pasar a Kaileena.

Ormazd no le había quitado la marca. Aquello fue una señal para Cyrus. Para él, Ormazd, de quien se había ganado su odio por traicionar a Kaileena, no debía ver con buenos ojos que ambos estuvieran juntos. Quizás la había devuelto a la vida sólo para que pudiese encontrar su lugar. Y, desde luego, no era junto a él.

Desanimado y sin saber qué hacer, Cyrus se levantó con cuidado de la cama y se dirigió al balcón. El cielo comenzaba a aclararse, y pronto el Sol haría su aparición.

¿Qué debía hacer? Aquella marca le perseguiría para siempre … y también a Kaileena. ¿Sería realmente feliz a su lado, recordando constantemente lo que él le había hecho pasar?

¿A quién pretendo engañar? – Pensaba él. – Esto no lleva a ninguna parte.

El frío que entró por la puerta del balcón despertó a Kaileena. Al ver que Cyrus no estaba allí se extrañó. Barrió la habitación con la mirada y le vio fuera. Ya estaba vestido con su armadura. Confusa por verle así, cubrió su cuerpo con la cortina que había arrancado y salió a su encuentro.

Cyrus, ¿por qué estás aquí? – Le preguntó acercándose.

Estaba pensando. – Respondió con voz apagada.

¿Te ocurre algo? – Kaileena se colocó a su lado y le obligó a mirarla. Él no despegaba la vista del suelo. – Cyrus, ¿qué ocurre?

He estado pensando en todo lo que ha ocurrido …

¿Otra vez? Cyrus, ya te dije que lo olvides.

¿Acaso tú lo has olvidado? ¡¿Lo olvidarás algún día? – Kaileena no supo responder. - ¿Realmente crees que lograrás superarlo?

Cyrus, tarde o temprano lo superaré …

Ya … ¿Y cuánto podrás aguantar teniendo esas pesadillas?

¡Sólo ha sido esta noche! – Protestó ella.

Pero mañana podría repetirse, ¿no es así?

Cyrus … Creo que estás exagerando.

¿Exagerando? Pues explícame por qué Ormazd no ha hecho desaparecer la marca de la ciudad como las demás cicatrices. – Antes esta acusación, Kaileena se llevó la mano al hombro. No tenía respuesta para eso. – Él no quiere que estemos juntos.

Eso no es cierto, Cyrus.

Kaileena, ¿por qué iba a querer Ormazd que su preferida pasase el resto de sus días con el hombre que hizo de su vida un infierno?

Pero …

No hay peros, Kaileena. Esto no tiene futuro. – Dijo él, desanimado.

¡Claro que lo tiene! La Línea del Tiempo …

La Línea del Tiempo ya se equivocó una vez. – Interrumpió. - ¿Qué te hace pensar que Ormazd no la manipuló para convencerte de que regresaras?

Pero … ¿Por qué iba a querer que regresara si no era para estar contigo?

Para darte tu segunda oportunidad … Y que encuentres al hombre que mereces.

Ese eres tú. – Kaileena trató de abrazarle, pero él no le devolvió el abrazo.

No … - Se alejó. – Yo sólo soy un puente para facilitar tu camino hacia tu destino. Yo no te merezo … No después de lo que te he hecho.

No, Cyrus … No digas eso.

Es la verdad.

Pero … ¿Y lo de anoche?

Anoche me dejé llevar por mis sentimientos …

¡Entonces me quieres! ¡¿Qué más necesitas para merecerme?

¡Pues claro que te quiero! – Le dijo acariciándole la cara. – Pero no quiero que malgastes tu vida junto al que el Destino marcó una vez como tu asesino y tu condena.

Cyrus … - Kaileena no quería seguir escuchándole.

Piensa lo que te digo. Tienes toda una vida por delante. Puedes conocer a otro hombre que te trate como la Diosa que eres.

¡Yo ya no soy una Diosa! ¡Dejé eso por ti!

No … - Corrigió él. – En el fondo sabes que no fue por mí, sino por ti.

¡¿De qué estás hablando?

Aprovecha estos días para pensar en lo que te he dicho. Ve a donde quieras, inicia una nueva vida … - Los ojos de Kaileena comenzaban a llenarse de lágrimas conforme decía aquellas palabras. – Pero por tu propio bien, asegúrate de que yo no esté en ella.

Kaileena se había quedado sin habla, no era capaz de articular palabra. Como última despedida, besó a Kaileena en la frente con delicadeza y con un simple "adiós", se giró, entró en sus aposentos a por su bolsa y se dirigió a la puerta.

Antes de salir, volvió la vista hacia el balcón. Kaileena no se había movido. Sabía que no lo haría. Le dolía tener que hacer lo que estaba haciendo, pero era lo mejor para ella.

En la entrada de los terrenos de Palacio, sus dos hermanos aguardaban su llegada junto a un escuadrón de soldados para partir rumbo a Aresura. Rostam se había despedido de los suyos por la noche, no le gustaba despedirse en el acto.

Farah acababa de aparecer allí para despedirse de Malik. Por su aspecto, Malik pudo deducir que había pasado una mala noche. Bajó de su caballo corriendo y se acercó a ella.

¡Vaya! – Le dijo, tratando de hacer la situación menos incómoda. – Creía que no ibas a venir …

He estado a punto …

Farah, por favor. – Se acercó más a ella y le sujetó la cara con cuidado. – No pienses más en eso, ¿vale? Me despejaré en estos días que esté fuera. Tú tienes que preparar tu vestido de novia. Tendremos una gran ceremonia cuando regrese.

Entonces, ¿estás decidido a casarte conmigo?

¡Claro que sí! Voy a intentar que tardemos lo menos posible para poder regresar a tu lado y demostrarte que mis palabras son ciertas.

¿En serio?

Sí. – Malik miró a su alrededor y tras asegurarse de que nadie les miraba le dio un beso. – Te veré en unos días.

Te quiero.

Y yo a ti, mi Princesa.

Malik regresó a su caballo y al momento llegó Cyrus montado en el suyo. Traía una cara espantosa, y no pudo evitar preguntarle al respecto.

Eh, ¿va todo bien?

Sí … Apenas he dormido esta noche. – Le dijo. – Estoy cansado.

Has debido de estar muy ocupado … - Bromeó Rostam.

¿A qué te refieres? – Preguntó Cyrus, sin comprender lo que quería decir su hermano mayor.

Vamos, no te hagas el inocente. – Dijo Malik. – Sabemos lo de Kaileena.

Ah … Eso … - Cyrus apartó la mirada.

Has pasado la noche con ella, ¿no? – Malik se extrañó ante su reacción.

Sí … Más o menos.

¿Cómo que más o menos? – Insistió él.

Le he dicho que se marche …- Respondió él, mirando al suelo.

¡¿Qué? – Rostam estaba alucinando.

¡¿Le has dicho que se marche? – Malik no se lo creía. - ¡¿Se puede saber qué pretendes?

Ahora es libre de iniciar una nueva vida y encontrar al hombre de sus sueños.

¡Pero ese eres tú! – Protestó el mayor de los hermanos.

¡No! Yo sólo he sido su torturador. – Cyrus, deseando dejar de hablar de ese tema, ordenó a su caballo caminar. – Merece a alguien mejor que yo.

¿Y dónde va a encontrar Kaileena a alguien que la comprenda mejor que tú? Tú eres el único que la conoce lo suficiente.

Cyrus no respondió a aquella pregunta. La ignoró y continuó su camino. Rostam y Malik se quedaron mirándose, atónitos al saber que Cyrus había decidido poner fin a su relación con Kaileena tras reencontrarse con ella.

Aquello le dolía, no lo negaba. Cyrus hubiera deseado desmontar y correr en busca de Kaileena. Pero por su propio bien, era mejor alejarse de ella y dejarla marchar si así lo hacía. Deseó mirar atrás para comprobar si estaba allí, mas no lo hizo. Sabía que no la encontraría, pues aún estaría parada de pie en el balcón de sus aposentos, negándose a sí misma lo que Cyrus le había dicho.

Y así, los tres Príncipes de Persia galoparon hacia Aresura para formar una alianza con los habitantes de aquellas tierras. Sólo el tiempo diría si Cyrus estaba en lo cierto o no. Tenían por delante dos semanas. Catorce días que se les harían eternos.