Personajes de Kaoru Tada.


Una Fatidica Prueba

Capítulo 1: Vacía

Tristeza… Creyó haber estado alejado de ese sentimiento por hacía ya mucho tiempo, y sin duda alguna, no contaba con que regresara de una manera tan insólita e inesperada. Y no por menos… trágica.

Siempre pensó que a pesar de las circunstancias más adversas que pudieran suscitarse, él debía mantener una compostura tranquila y de confianza en sí mismo para poder afrontar de una forma más efectiva cualquier problema, pero ni toda la frialdad de una vida lo había preparado para esto.

Kotoko estaba recostada en esa insípida cama de hospital con el cuerpo pálido y su cabello seco y sin vida; sin embargo, lo más triste acerca de su paupérrimo aspecto eran sus ojos, alguna vez tan llenos de amor e inocencia, hoy estaban prácticamente congelados. Condenados a mirar fijamente a un punto vacío en la ventana sin mostrar ningún ápice de vitalidad. Simplemente estaban abiertos por inercia. Estaba seguro que si dependiera de ella no los abriría jamás.

Naoki simplemente se limitaba a observarla también desde la silla de visitas de la habitación, pero esta era una ocasión diferente, ya que sus irises si mostraban sentimientos: Preocupación, angustia, desesperación… Quería salvar a Kotoko del profundo agujero negro en donde había caído, pero la misión resultaba infructuosa día tras día.

Pero su esposa se había dedicado a ignorarlo por completo, a él y al mundo. Aquel suceso horroroso había cambiado sus vidas para siempre, pero ella era la única que lo había vivido… sola.

Se sentía impotente por no haber estado a su lado, no haberla rescatado del inmenso dolor y la angustia que vivióen esos instantes, siendo arrancada de un atributo que solo guardaba para él. Ningún hombre era tan afortunado en la tierra, y hasta ahora se daba cuenta… Pero que tonto había sido…

Sus meditaciones fueron interrumpidas por el crujir de la perilla de la puerta, anunciando la llegada de un desventurado invitado más al silencioso espectáculo de horror que parecía ocupar lugar en aquel lugar.

Era Yukki, sereno y tranquilo como siempre, y aun así inmensamente agobiado por el miserable camino que su cunada había tenido que recorrer.

En esta ocasión, no venía solo, su joven y tímida pero risueña novia Konomi lo seguía llevando consigo al más grande tesoro de su vida, la pequeña pero inteligente imitación de su madre, Kotomi.

La niña de ahora 6 años miro a su progenitora una vez más sin la más mínima expresión en su rostro y de inmediato quiso llorar a más no poder, pero se contuvo. Característica que aprendió de su padre y de su tío. Limpio sus ojitos con los puños de sus manitas y se volteo hacia su madre una vez más encontrándola mirando como siempre hacia la ventana. Pasando a su padre de lado, Kotomi corrió hacia el lado que miraba Kotoko y la saludo alegremente.

- ¡Mama! ¿Cómo estas hoy?

A pesar de que Kotoko parecía no querer tener la mínima comunicación con nadie a su alrededor, su pequeña hija parecía ser el único ser viviente que lograba sacarle una expresión estos días…

- Mi-chan… -el único nombre existente en su vocabulario ahora-

- Que bueno, ya estas mejor… Mira lo que hicimos en la escuela hoy –le mostro una ilustración de animales, la cual al parecer había agradado a Kotoko- Por cierto, ¿sabías que Yoshida-kun me presto sus crayones el día de hoy? ¿Si lo recuerdas verdad?

La mujer no respondía con palabras, solo leves asentimientos daban fe de que su mente se encontraba en la habitación, y no perdida en el espacio.

- En fin, fíjate que me presto todos sus crayones pero yo realmente solo quería el marrón pero lo olvide en casa, pero de todas formas los acepte y luego dibujamos animales de granja y…

La animada historia que relataba Kotomi parecía desvanecerse en los oídos de su padre, quien una vez más dirigió su vista hacia su aún joven esposa, quien a pesar de su triste mirada, al parecer hacia un gran esfuerzo por escuchar a su hija.

- "No todo está perdido…" –pensó Naoki para sí mismo-

- Oni-chan… -lo saco Yukki de sus pensamientos-

- ¿Que sucede?

- ¿Te sientes bien? ¿No te gustaría ir a descansar a la casa al menos un rato?

- No, aquí estoy bien. Sera mejor que te lleves a Kotomi en unos momentos, a Kotoko le administran somníferos en la tarde y en la noche para que pueda conciliar el sueño, últimamente parece imposible que duerma.

- Disculpe por entrometerme –intervino Konomi- Pero tampoco es saludable para usted estar en el hospital tanto tiempo, si descansa adecuadamente, podrá cuidar mejor de Kotoko-san, Irie-san.

El comentario de su joven cunada le hizo gracia en el fondo, no por su contenido, sino por la formalidad con que aún le hablaba. Pero de todas maneras, no podía hacerle caso. Él no se permitiría dejar a Kotoko sola una vez más… Nunca más la dejaría desprotegida.

- Me temo que insistiré en quedarme, además tengo asuntos que atender aquí, dile a mi madre que no se preocupe tanto, Yukki.

- Como prefieras, oni-chan. –concluyo decepcionado el menor- Oye Mi-chan, deja que Konomi y yo saludemos a tu mama un momento ¿sí?

- Claro que si, oji-san, Konomi-chan, vengan. –Kotomi hizo un ademán para que se acercaran-

Los jóvenes fueron cautelosos, se posicionaron al lado de la cama y el primero en saludar fue Yukki.

- Kotoko, ¿cómo estas hoy? Espero no le hayas causado problemas a los doctores hoy –intento tratarla de la manera de siempre, quería a la Kotoko de antaño de vuelta-

- Espero que se sienta muy bien, Kotoko-san. Por cierto, le trajimos estas flores –dijo mostrando un ramo que venía cargando desde hacía un rato algo escondido, pero el cual mostraba señales de estar dañado- Pero, algunos pétalos se cayeron en el camino…

- Cielos, Konomi, eres muy torpe… -la reprendió Yukki-

- Lo lamento, Yukki-kun –expreso Konomi avergonzada-

Una vez más, Naoki sonrió internamente, su hermano y cunada le recordaban mucho a su esposa y el, cuando este la reganaba por su increíble torpeza y esta se disculpaba, aunque el carácter de Kotoko era mucho más activo que el de Konomi. Miro a su esposa para saber si esta había sentido al menos la misma nostalgia, pero para su desdicha, el rostro de Kotoko seguía tan frio y sin vida. Era un puñal atravesándole el pecho.

Yukki noto que Kotoko no planeaba responderle, simplemente tenía a Kotomi a su lado, acariciando la espalda de la niña suavemente. Decidió que lo mejor sería dejarlo así por hoy.

- Bueno, creo que será mejor irnos ya, antes de que oscurezca, aun debo dejar a Konomi en su casa. Mi-chan, es hora de irnos.

- Pero yo no quiero irme aun. Quiero quedarme con mi papa cuidando a mi mama.

- Kotomi, debes ir a descansar y hacer tus tareas. –le dijo su padre- Mañana puedes regresar con tu abuela.

- ¡No! –se negaba fervientemente- ¡No me iré! Me quedare con mama…

- Mi-chan, por favor –rogaba Konomi- tu mami debe descansar.

- ¡Ya les dije que no me iré! –se arrincono al pecho de apariencia inerte de su madre-

- Kotomi –elevo su tono de voz Naoki- deja tus caprichos, es hora de que te vayas a casa.

- ¡No quiero ir a casa! Porque cuando llegue allá –empezó a sollozar- Ni tu ni mama estarán allí, y los extraño mucho. –rompió finalmente en llanto-

Todos no tenían palabras que decir, Konomi se aferraba fuertemente al brazo de Yukki en sorpresa y dolor quien también estaba en la misma posición y Naoki, solo sentía que su alma se desgarraba. Su pequeño tesoro estaba también sufriendo las consecuencias de la tragedia de Kotoko y la ausencia que él se había dado de su casa para cuidarla, pero es que no podía dejarla sola, no podía hacerlo nunca más… Se acercó más a la cama y se arrodillo ante ella, Kotoko aún seguía inmóvil.

- Lamento no estar en casa, Kotomi. –se disculpó Naoki- Prometo estar contigo allá mañana, y sabes que lo que tu papa te promete es sagrado ¿cierto?

- Si –respondió la llorosa infante-

- Muy bien, entonces, es hora de que te despidas de mami.

- Yo no quiero, no…

- Adiós, Mi-chan –dijo Kotoko a duras penas con la voz muy baja- Te estaré esperando mañana.

La niña se volvió atónita ante las palabas de su madre, al igual que los demás.

- Esta bien, mama. Mañana vendré con la abuela, se pondrá muy feliz de verte. ¡Te amo mama! –la abrazo fuertemente-

Kotoko no podía corresponderle más que hundiendo su cabeza con la de su hija con el poco fervor que podía emular. Intentando transmitirle su amor. Kotomi finalmente bajo de la cama ayudada por su padre. Se dirigió hacia él.

- Recuerda tu promesa, papa. Te amo, papa –lo abrazo fuertemente-

- Jamás la olvidaría, cariño. Te amo mucho Kotomi. –no era dado a las palabras, pero su hija se merecía estas y más-

La pequeña fue hacia donde su tío y sostuvo su mano.

- Mañana regresaremos, oni-chan. Cuídate y cuida de Kotoko, por favor.

- Lo hare, gracias por venir, a ambos. –agradeció Naoki-

- La familia debe apoyarse siempre Irie-san. –dijo Konomi- Y como ustedes también son mi familia, siempre los apoyare.

- Gracias, Konomi.

- Bien, vámonos. Hasta mañana oni-chan. Adiós Kotoko. –esta solo levanto sus dedos para afirmar a la despedida-

Salieron de la habitación y una vez más Naoki quedo solo con su esposa, quien rápidamente se volteo hacia el otro lado de la ventana para continuar su ritual de ignorar al resto del mundo… O mejor dicho, a él. Aunque no debía sentirse así, estaba dolido por la forma en la que Kotoko ya no parecía querer determinarlo. Era como si lo hubiera sacado de su vida de una forma muy drástica. Pero si, todo había sido drástico.

La tarde se hacía más profunda y ya había llegado la hora de los medicamentos vespertinos de Kotoko para dormir. Una de las enfermeras del hospital llego a la habitación con todo lo necesario. Miro a Naoki con respeto y cautela y se dispuso a prepararlo todo para administrar la dosis.

- Muy bien, Kotoko, es hora de que duermas un poco. –introdujo la aguja en la vía central de Kotoko y la medicina se empezaba a esparcir por el suero llegando hasta su sangre-

Al cabo de pocos segundos, Kotoko empezó a quedarse dormida ya que era una droga muy fuerte. Naoki miraba todo en silencio, no le agradaba mucho la poderosa dosis, pero al menos resultaba ser efectiva.

La enfermera le pregunto

- Irie-sensei, ¿por qué no come algo? Ha estado aquí todo el día, Kotoko dormirá un largo rato.

- Creo que iré a ver a algunos pacientes para distraerme, y comeré un poco. –respondió-

- Como usted guste, Irie-sensei.

Naoki se puso su bata la cual se encontraba apoyada en la silla y salió de la habitación dando una última mirada a una durmiente Kotoko.

Durante el tiempo libre que encontró, trato a varios pacientes con casos leves en el área de emergencias y luego fue a la cafetería del hospital por algo que comer. Intentaba aclarar su mente lo más que podía. En este proceso, se había tomado 4 horas y ya había anochecido. Mientras terminaba su sándwich noto como alguien entraba en el lugar muy agitado, se trataba de Marina.

- ¡Irie-sensei! –le grito en cuanto lo vio- Lo he andado buscando, lo trate de llamar por el localizador, pero no me contesto…

- La batería esta baja, ¿qué sucede? –se levantó preocupado-

-¡Se trata… de Kotoko! –dijo alterada- ¡Se ha despertado de pronto y ha comenzado a gritar como loca! Moto-chan y Keita se quedaron con ella junto con varias enfermeras pero no logran tranquilizarla y…

Naoki no le dio tiempo a que le siguiera explicando y se dirigió a toda velocidad hasta la habitación de su esposa. En cuanto subió las escaleras y se acercó, noto como los gritos de Kotoko llenaban el pasillo, asustando a pacientes y enfermeras. Entro al cuarto y vio a la jefa de enfermeras, a Motoki, Kamogari y a Nishigaki-sensei tratando de sostenerla mientras se deshacía en sollozos y gritos.

-¡Kotoko! –llego él y la tomo por los dos hombros- ¡Cálmate! Mírame Kotoko… ¡Mírame!

Ella no parecía querer escucharlo, siguió gritando. Era desgarrador. Marina llego después de unos momentos quedándose en el marco de la puerta muy asustada junto con Tomoko.

El doctor Nishigaki administro un fuerte calmante a Kotoko también de acción rápida, había que calmarla de la forma más rápida y efectiva posible. Empezaba a dar resultado.

Antes de desvanecerse por completo, Kotoko susurraba:

-Irie-kun… ¿Por qué?... –finalmente perdió la conciencia en la cama, dejando que todos respiraran tranquilos-

Naoki no entendía sus palabras, pero comprendía el dolor detrás de ella, se había sentido desprotegida. Esa pesadilla la perseguía a toda hora, aterrándola hasta los huesos.

Keita arrastro a Motoki fuera de la habitación en conjunto con sus amigas, quienes al igual que ellos estaban muy perturbados por lo sucedido. Kotoko era parte del grupo, a pesar de su torpeza y constante incompetencia para muchas cosas, era muy querida para todos por su espíritu positivo y vibrante.

El joven doctor Irie también respiraba con dificultad, dejo a Kotoko en la cama e intento tranquilizarse el también.

- Nishigaki-sensei, ¿Qué ocurrió en mi ausencia?

- Al parecer los chicos estaban visitando a Kotoko por unos momentos y de repente ella despertó gritando. Supongo que fue producto de un muy mal sueño.

- Todo esto es un maldito mal sueño, no debí dejarla sola.

- Lo que acaba de pasar no fue tu culpa, Naoki. –persuadió el doctor- No te responsabilices por eso. ¿Por qué no mejor te vas a descansar a tu casa? Aquí podemos cuidar de ella durante la noche. Yo tengo turno nocturno hoy.

- Se lo agradezco mucho, pero prefiero quedarme. Mañana iré a mi casa.

- Como quieras, solo debes cuidarte más, si no quieres enfermar también.

- Gracias, Nishigaki-sensei.

- Cualquier cosa que necesites me avisas, con permiso.

- Si, gracias.

Naoki cerró levemente la puerta y volvió a tomar asiento al lado de la cama de Kotoko. Se veía pálida e indefensa, asustada y llena de dolor. Era una imagen que no soportaba. A pesar de lo que dijeran los demás, él no se apartaría de su lado, ya no podía hacerlo, sino todos los temores de Kotoko le ganarían la batalla y en esta ocasión la llevarían a la muerte definitivamente.

No, él no podía permitir que eso ocurriera; un mundo sin Kotoko era demasiado oscuro y vacío para él. Ella debía vivir y ser la misma de antes. Tenía que ser fuerte y risueña, la joven que no se rendía tan fácilmente. Traer de vuelta a la que se convirtió en el amor de su vida.

Que tonto era, debió decírselo mucho antes, no esperar a que este hecho tan repulsivo ocurriera. Pero nunca más, el no permitiría por ningún motivo que su esposa pasara por la misma macabra situación.

Kotoko jamás volvería a ser brutalmente violada en su vida.

Continuara


Hola, pues este es mi primer fic de Itazura na Kiss y espero que les haya gustado la trama inicial. Si quieren saber cómo se desarrolla, manténgase pendientes del próximo capítulo. O diganme tambien si mejor no lo continuo. Y por favor, déjenme sus comentarios que son siempre apreciados. Ah y disculpen por algunas de las tildes, mi teclado no las tiene x ningún lado! Jeje y las q salen, las hago con autocorrección. También mencionar que en algún capitulo habrá contenido lemon y violento, para avisar a los lectores.

¡A los que vayan a leer esta historia, gracias de antemano!