|Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, son de Stephenie Meyer. Parte de la trama es del animé/manga KissxSis… intento adaptarle algunas cosas de su argumento a mi propia cosecha.

+Millones de gracias a: delitah cullen, lu537, Lorraine Cullen Swan, darky1995, lax gabytaxx, Denisse-Pattison-Cullen, m0radita, Jeziik. Se aprecian con todo el corazón, sinceramente gracias.

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.:: Kiss, Kiss ::.

Capítulo III:

¡Te Ayudaré!

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«Oh, esto no puede estar pasando. ¿Por qué? ¿Por qué lo hice?», se preguntaba Edward con enfado hacia sí mismo. Los sentimientos de culpa y arrepentimiento se arremolinaban en su interior, causándole un horrible malestar. Se guardó en el bolsillo el papel y comenzó a prácticamente correr.

Emmett y Jasper se miraron entre sí sin entender nada de lo que pasaba. Edward fue rápidamente por el lugar, deseoso de alcanzar a sus hermanas y resolver esto de una vez por todas. Como siempre lo había echado a perder, como siempre las había tratado y hacerles sentir mal. Es que 'a veces' podían con él.

Lo peor de todo esto es que era Edward quien terminaba arrepintiéndose, porque el ver a sus hermanas tristes y dolidas era lo peor que podía pasarle. No lo soportaba y mucho menos si era por su culpa. Y ahora mismo, el que ellas se hubiesen entristecido sólo era culpa suya.

Un poco de alivio de inundó cuando vio que las dos chicas todavía seguían aquí, pero pronto comenzó a sentir algo de temor y vergüenza; le era muy difícil disculparse. Ellas se giraron sorprendidas cuando escucharon el ruido de los zapatos contra el pavimento justo detrás de ellas.

—¿Edward? —musitó Alice algo confundida. Edward pudo ver la tristeza en sus ojos y se sintió peor, había sido un completo idiota. Probablemente si les hubiese escuchado antes de explotar no hubiese pasado nada de esto.

—Y-Yo… yo lo siento… —comenzó a decir Edward, sin saber cómo empezar a justificar su rabieta. Bueno, aunque la tuviera, no tenía por qué gritarles así. Eran sus hermanas.

—No, no. No tienes porque disculparte —le cortó Bella, negando con la cabeza, mientras Alice asentía, dándole la razón. —Ya nos habías dicho que no viniésemos así, sabemos que te molesta. Perdónanos a nosotras.

—No. Es que… yo no sabía que —farfulló Edward rápidamente. —No sabía a lo que venían. No quise escucharlas, lo siento —añadió con un poco más de firmeza, mientras su vista se desviaba hacia otro lado. Alice y Bella intercambiaron miradas sorprendidas, antes de volverlo a mirar, sin saber qué decir.

—No importa, no te preocupes —se atrevió a decir Bella rápidamente, no le agradaba que Edward se sintiese mal por su culpa. Ellas habían sido unas imprudentes al llegar así a pesar de las advertencias de Edward.—No te sientas mal por haberte enojado, ¿sí? Tienes todo el derecho de hacerlo…

—Estábamos invadiendo tu espacio, lo entendemos. Te causamos demasiados problemas —intervino Alice.—Sólo que… no podemos evitarlo. Pero ya no volverá a pasar, réstale importancia.

—No… Ya sé por qué vinieron y por eso me siento mal por haber gritado así… —comenzó a decir Edward de nuevo, esta vez sonrojándose un poco y con la vista aún fija en algún punto que no fueran ellas. Iba a continuar hablando, pero entonces sintió que unos brazos se le echaban al cuello y lo comenzaban a asfixiar.

—¡Ahhh! —exclamó Edward. Estaba más rojo que un tomate y pronto se desvanecería tanto por la vergüenza, como la falta de respiración. Alice y Bella se le habían echado al cuello y lo abrazaban al mismo tiempo, tan fuerte que no le permitían respirar. —N-No…

Ellas se separaron y Edward les miró, ambas sonreían. Alice tan emotiva con algo de lágrimas acumuladas en los ojos esmeralda y Bella con su sonrojo y sus ojos chocolate brillando intensamente. —¡Oh, eres tan bueno! ¡Y dulce!

—Pero… no entiendo por qué les importa… No sabía que sus sentimientos llegaran a tal punto que… —continuó diciendo Edward. Era increíble lo mucho que sus hermanas podían hacerle sentir algo avergonzado y probablemente, juzgando por sus actitudes, no se daban cuenta de ello. Edward agradecía que no hubiese nadie cerca de aquí, ¿qué pensarían? Ellas sólo eran sus hermanas, pero siempre inventaban muchas cosas.

—¡Lo sentimos! ¡No quisimos meternos en tus asuntos! —ambas se disculparon, interrumpiendo de nuevo a Edward. Ambas estaban muy apenadas y un leve sonrojo apareció en las mejillas de Bella, la más vulnerable. «Seguramente está molesto por eso también, ¿cómo no estarlo?, si nos estamos metiendo en sus asuntos…», comenzó a pensar Bella.

—No. No estoy molesto —aclaró rápidamente Edward. —Sólo que no estoy seguro de qué es lo que estaban haciendo aquí. ¿Era por… la junta de padres? —Vale, era algo obvio. De hecho estaba seguro de que habían venido a su escuela por esa razón y por eso se había sentido tan mal, pero no podía creer que los sentimientos de cariño por parte de sus hermanas llegaran a este punto.

—Sí… —contestaron ambas, aunque Edward no se sorprendió mucho. En estos momentos sólo estaba algo confundido y lleno de curiosidad.

—¿En verdad vinieron aquí por eso? No entiendo por qué.

—Queríamos ayudarte, Edward —respondió Alice. —Encontramos ese aviso y entonces… pensamos lo peor, sí.

—No debieron haber venido… De todas formas era una junta de padres, no habrían podido…

—Sabes qué podría pasar si se enteran de las notas que tienes, además ¡ya casi es el examen de admisión! —exclamó Alice, como siempre tan emotiva. —Si no mejoras tus notas, no podrás estar…

—Lo sé —contestó Edward, esta vez algo apesadumbrado. No quería que Alice terminara de decir eso, sólo le haría sentirse peor —Aún no estoy seguro de la preparatoria que quiero…

—Oh, vaya, entendemos —terció Bella asintiendo, intentando ocultar la ansiedad. Alice hizo una mueca, no le gustaba el hecho de que Edward todavía estuviese indeciso respecto a su decisión, pero había que respetarlo. —Piensa muy bien en cuál es la que más deseas estar.

Ambas le sonrieron. No importaría, le apoyarían sin dudarlo. —No se preocupen, sé que podré mejorar mis notas —dijo él muy convencido.

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Edward se sentía cansado a este punto. Probablemente en cualquier momento explotaría, porque se sentía tan tenso y preocupado que esos sentimientos ya no cabían en él. Habían pasado unos cuantos días en los que estuvo concentrándose en estudiar y repasar, sobre todo en las asignaturas que fallaba.

Aunque la decisión sobre a qué preparatoria irse le abrumaba un poco, porque no se decidía, estaba decidido a mejorar sus notas y a prepararse bien para el examen de admisión, fuese la escuela que fuese, él tenía que mejorar sus notas, sobre todo en idiomas.

Tenía dos opciones, irse a la preparatoria en la que le habían recomendado debido a sus habilidades deportivas y en donde ya no tenía grandes problemas para entrar. La otra opción era irse a la misma preparatoria que sus hermanas, pero… para ser sinceros, la idea le aterraba un poco. Es decir, ya de por sí Edward se exasperaba por el 'acosamiento' de sus hermanas en casa.

No se imaginaba qué podría ser de su vida si ellas también lo hicieran en el instituto. Él estaba seguro de que esa era una de las razones por las que ellas estaban tan entusiasmadas por su ingreso a la preparatoria. Probablemente estarían detrás de él todo el tiempo, sus mismos compañeros de secundaria detrás de ellas y también le harían preguntas que él odiaría… sería como estar en el mismo averno.

Pero sabía muy bien que esa era la mejor opción. Probablemente si sólo les aclarara a sus hermanas que no las quería tan excesivamente cerca, ellas lo entenderían y lo dejarían. Aunque… ¿cuántos años llevaban juntos y pasaba lo mismo? Eran demasiado emotivas, cariñosas, le querían en exceso.

Sacudió la cabeza, no quería seguir pensando en eso. En estos momentos estaba caminado de regreso a casa, pues últimamente se estaba quedando tarde para ponerse al corriente y estudiar, lo cual lo mataba, porque eso sólo era para mejorar sus notas. ¡Todavía faltaba prepararse para el examen de admisión! Y si era sincero consigo mismo, no lo estaba logrado del todo.

A este punto ya se encontraba en la casa, justo enfrente de la puerta principal, sacó las llaves abrió la cerradura y no se sorprendió mucho de encontrarse a sus dos hermanas esperándole allí. Pero vio algo que lo dejó con la boca abierta, que hizo que todo el aire se le saliera y que se sintiera como un muñeco desinflado y los ojos se le salieran de órbitas.

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—No me gusta que Edward esté tan presionado —comentó Alice frunciendo el ceño y negando con la cabeza, en señal de desaprobación.

Bella suspiró, estaba más que de acuerdo. —Sí… el pobre últimamente se le ve tan estresado —comentó ella, mientras cortaba algunas verduras. Ya estaban en casa desde hace algún rato. Edward como en los últimos días, se había quedado en la biblioteca de su instituto a estudiar un poco.

A Bella y a Alice no les gustaba mucho esto, significaba menos tiempo con él, pero sabían que debían de apoyarlo. Al fin y al cabo él necesitaba hacerlo si quería entrar a la preparatoria. Aunque no habían vuelto a hablar sobre su decisión, era mejor no presionarlo y no evidenciar la ansiedad que ambas sentían.

—Deberíamos de hacerlo algo para…

—Sabes que no quiere que le ayudemos —le cortó Bella, sacudiendo la cabeza. Alice, que estaba sentada en una de las sillas de la mesa, recargó la barbilla en sus manos. No cocinaba, así que simplemente miraba. —Nos dijo que podía mejorar por sí solo…

—Pero ¿no ves cómo está? Parece agotado —dijo Alice, melodramática. Soltó un fuerte suspiró de lamento. —Pobre Eddie, tenemos que ayudarlo de alguna manera.

—Cree que puede solo…

—No lo sé, eso quisiera pensar, pero por su actitud pienso que no del todo.

—No me hagas pensar eso también, que me mortifica —se quejó Bella. Había un poco de verdad en las palabras de Alice, si de por sí el siempre había sido algo serio, ahora lo era más. Parecía más absorto en sus pensamientos y se irritaba más fácilmente, probablemente estaba teniendo un poco de problemas en regularizarse.

—Pues… pensaré alguna manera de ayudarle a estudiar.

—Pues yo…

—Espera, ¡Edward está aquí! —exclamó Alice y se levantó de su lugar para irse. Bella le miró algo sorprendida y también fue detrás de ella. Edward estaba allí plantado y se le veía cansado.

—¿Quieres cenar?

—¿Quieres darte un baño?

Antes de que Edward pudiese contestar alguna de esas rápidas preguntas, Alice fue con la siguiente: —¿O… me… quieres… a mí? —exclamó ella, levantándose la blusa que tenía y enseñando su sostén, que cubría unos firmes, redondos y algo grandes senos. Esto provocó los jadeos escandalizados de Edward y Bella, que se quedaron inmóviles mirando a Alice, que sonreía.

—Ahhh… —Fue todo lo que pudo decir Edward, tenía la boca abierta y sus pupilas se habían dilatado. No podía siquiera moverse porque estaba mirando fijamente los pechos de ¡su hermana!

—¿Qué estás haciendo? —exclamó Bella, bajándole la blusa a Alice, quien le miró algo confundida—¡Eso es muy penoso!

—D-Dios… —Voy a morir, terminó Edward en su mente. Bella miró a Edward, que estaba rojo como un tomate y comenzaba a hacer muecas mientras deseaba desaparecer de allí de una vez por todas.

—¿La viste, no es así? ¿Viste a Alice? —le preguntó Bella a Edward repentinamente, sorprendiéndolo, y se puso más nervioso.

—Y-Yo… n-no… —atinó a balbucear. ¿Qué podía decir? Sí, joder, las había visto y a pesar de que se recordaba a sí mismo que no estaba bien, porque Alice era su hermana, no pudo despegar la vista de ellas. Y eso que había visto un atisbo de ellas por el sostén azul.

—¡Eso no es justo! Solo la has visto a ella… —comenzó a murmurar Bella y el pulso de él comenzó a acelerarse y su corazón casi daba un vuelco, ella no pretendía… —Ya que la has visto a ella… También debes de mirarme a mí —añadió mientras comenzaba a desabotonar la blusa que llevaba.

Edward jadeó de nuevo, incapaz de decir palabra alguna, esto no podía estar pasando, no podían estar haciéndole este tipo de cosas. No justo ahora… porque olvidaría los estudios y solo… ¡No, no era por eso! Era porque…

Bella se sonrojó mucho más, cerró ojos y abrió su blusa, descubriéndose también —¡Mírame, Edward! —musitó ella y se quedó estática unos instantes para después abrir los ojos, queriendo ver su reacción. Pero… él ya no estaba. Ella jadeó sorprendida, a la vez que escuchaba la voz de Edward por detrás.

—No pueden estar yendo en serio… —soltó él ansiosamente, mientras se dirigía con rapidez hacia las escaleras, intentando huir de allí cuanto antes. —¡No se peleen por esas cosas!

Bella se giró y le vio huir rápidamente, mientras su cara de descomponía en una mueca compungida y su sonrojo se hacía más pronunciado —¡No puede ser!

—¡Es que Edward no quería ver tus pequeños senos! —se mofó Alice mientras sonreía malvadamente. Ella le miró sorprendida por unos instantes y de inmediato frunció el ceño e hizo una de sus muecas de enojo.

—¡Eso no es cierto! ¡Nuestros tamaños son casi iguales! —replicó ella cruzándose de brazos.

—Claro que no.

—Claro que sí.

—Los míos son más grandes por dos centímetros.

—¿Dos centímetros? ¿Y qué es eso?

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Edward no había querido escuchar la discusión de sus hermanas, había llegado lo más rápido posible a su habitación. Soltó un resoplido exasperado e incrédulo, mientras se dejaba caer recargándose en la puerta que acababa de cerrar de un azote. Sus mejillas todavía ardían, su pulso estaba acelerado y sentía un nerviosismo en el estómago que no podía con él.

¿Cómo podían pelearse con cosas como esas? ¿Cómo podían… pelearse por el tamaño de… sus senos? ¿Cómo podían atormentarlo de esa manera? ¿No pensaban en su tranquilidad? ¿Qué demonios con esto? ¡Era el colmo! Y nunca… habían hecho algo como eso.

A sus recuerdos vino de nuevo la vívida imagen de los pechos de Alice cubiertos por el sostén de encaje azul. No podía negar que eran… atractivos… Sacudió su cabeza, como si con eso pudiera sacar esos pensamientos y de repente sintió un calor que le recorrió el cuerpo entero y despertó en él…

Corrió al cuarto de baño, abrió el grifo y se desnudó rápidamente, para echarse en la bañera. Suspiró agradecido e intentó relajarse, debía de hacerlo si no quería morirse. Y de repente no pudo evitar pensar de nuevo en lo que acababa de ocurrir, aunque no quisiera hacerlo no podía evitarlo.

Bella y Alice son realmente inocentes… ¿O en verdad Bella y Alice eran tan inocentes? ¿En verdad sólo habían hecho eso por una discusión tan absurda? ¿O intentaban provocarlo simplemente? Pero… ellas siempre habían sido así desde niñas.

Muchos de los recuerdos penosos e incómodos de la infancia le azotaron, pero dominaron sobre ellos de nuevo la vívida imagen de Alice levantando su blusa y de Bella desabotonando la suya y mostrándose ante él (aunque en realidad no la había visto). Los perfectos, redondos y maduros…

Y sus pensamientos se vieron interrumpidos con una urgencia en su entrepierna, jadeó y se sintió arder su rostro. Esto era realmente penoso. Abrió el grifo de agua fría y se sumergió en el agua, como si eso le ayudara a olvidar esas cosas.

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Treinta minutos después, Edward se encontraba sentado en la mesa junto con sus hermanas. Aparentemente estaban… ¿cenando? Pero sólo estaban inmóviles mirándose unos a otros. De repente Alice se puso de pie y los otros le miraron, confundidos.

—¿Quieres tomar un poco de refresco? —dijo ella, sirviendo un vaso en cuestión de segundos y ofreciéndoselo a Edward. Antes de que él pudiera decir o hacer algo, Bella se levantó de su lugar también.

—Pero ¡no debemos de tomar refresco durante la cena! —refunfuñó ella. En cuestión de instantes ella ya tenía servido algo de arroz en un plato y se lo ofreció a Edward —¡Esto está mucho mejor! —añadió con una gran sonrisa. Alice le miró contrariada.

—¿Eso? Esto está mucho peor —comentó ella. —Anda, bebe esto —insistió acercándole más le vaso a Edward, que comenzaba a fruncir el ceño y ponerse algo nervioso. Diablos, no podía evitarlo. Ellas enloquecían por completo y se convertían en otras cuando 'discutían'.

-—No, mejor come esto.

—Ahmm… creo que pasaré de los dos —se atrevió a decir Edward, intentando sonreír un poco, pero la verdad es que estaba algo aprensivo.

—¿En serio?

—¿Estás seguro?

Él simplemente atinó a asentir y ambas se encogieron de hombros. Volvieron a sentarse y se quedaron en silencio de nuevo, era mejor estar así, la verdad. —¿No lo llevas muy bien, verdad? —preguntó de repente Alice, confundiendo a Edward.

—¿De qué hablas?

—Tus estudios. Mejorar tus notas. El examen de admisión —dijo ella rápidamente, frunciendo el ceño. Bella la miró con desaprobación, pero a la vez miraba a Edward, temerosa de la respuesta.

—No… —masculló él, con la cabeza gacha. Era vergonzoso admitirlo. Se había negado a recibir ayuda, muy confiado de que podría hacerlo solo, pero la verdad es que era un fiasco con esas materias.

—Pero ¡no podrás estar en la misma preparatoria! —saltó Alice, levantándose de la silla y mirando a Edward con los ojos abiertos como platos. Los otros estaban algo sobresaltados por la reacción de Alice.

—¡Tonta, él aún no se decide por su preparatoria! —exclamó Bella irritada. —¡No lo presiones!

—¡No lo estoy presionando! ¡Sólo estoy diciendo que no podremos hacer muchas cosas de las que tengo pensadas!

—Yo… ya he escogido la preparatoria —murmuró Edward, esperando que eso zanjara la nueva y enésima discusión. —Creo que finalmente sí estaré en…

—¡En serio!

—¡Qué felicidad! —exclamaron ambas, melodramáticamente. Edward les miró asustadas por sus reacciones tan extasiadas, pero él no estaba tan entusiasmado. Probablemente ni siquiera podría ingresar a esa preparatoria.

—Y-Yo… No he podido concentrarme cuando estudiaba. Tengo sólo la mitad…

—¿Qué? —interrumpió Alice, sobrecogida, mirando intensamente a Edward a través de sus ojos esmeralda, que brillaban. —¡Tienes que esforzarte! ¡No podremos ir en el mismo instituto! ¡Hay un montón de cosas que quiero hacer contigo! —lo último lo añadió con algo de tristeza.

—Supongo que yo…

—¡Pero todavía hay tiempo! No te preocupes —dijo Alice muy emocionada, sin dejar que Edward dijera siquiera algo. Bella le miraba expectante, recelosa del repentino entusiasmo de Alice. —¡Estudiaré contigo hasta el final!

—¿Qué? —preguntó Edward, sonriendo un poco. No podía evitarlo, Alice a veces podía ser muy graciosa.

—¡Me convertiré en tu profesora particular! ¡Eso es! —exclamó Alice, muy segura de sí misma y sonriendo ampliamente.

—¿Mi profesora? —repitió sin dar crédito a lo que escuchaba. Sonrió un poco y le miró divertido, pero Bella que había estado mirando la escena con el ceño fruncido interrumpió la escena.

—¡Espera! ¡Es injusto que lo tengas todo para ti! —refunfuñó Bella, levantándose también. —No olvides que también yo hice el examen de admisión.

—Hmm, claro! —replicó Alice burlona. —¡Tirar un lápiz al azar fue un gran método!

Bella se sonrojó y se cruzó de brazos, un gesto muy familiar en ella, dándole sin querer la razón. —¡Já! ¿Lo ves? —se mofó Alice riendo malvadamente. —Lo mío no será casualidad, ¡me aseguraré de que él apruebe el examen! —dijo orgullosamente.

—¿En serio? —dijo él algo inseguro.

—¡Claro que sí! ¡No te preocupes! —dijo ella con una gran sonrisa. —¡Déjaselo todo a tu hermana! —Y Edward esta vez quedó más que convencido. Sólo había que mirar el rostro de Alice, lleno de confianza y entusiasmo, para hacerlo.

Alice Cullen era muy conocida por algo, era de esas mujeres que tenían las agallas para todo. Y cuando ella se proponía algo, cualquier cosa, lo lograba sin pensarlo dos veces.

+Nota de Autor:

Díganme, por favor, ¿fue horrible? ¿realmente malo? ¿les gustó? Espero que sí, porque estuvo dudando mucho en escribirlo. Estoy incluyendo y combinando varios hechos del manga/animé, pero no será todo igual, claro, sólo incluiré algunas cosas necesarias para el argumento y mis escenas favoritas XD. Me preguntaban que edad tienen los chicos, pues Edward tiene 15 años (casi 16) y las chicas tienen 17, prontas a cumplir 18 :)

Otra cosa que me gustaría que me dijeran es ¿El ritmo de la historia está bien? xD O sea, ¿va muy lenta o muy rápida o qué? ¿Qué le falta? ¿qué le sobra? En fin, lo que sea. Agradezco críticas constructivas/destructivas. Le suplico que me dejen un Review! Me hacen muy feliz, porque me encanta saber lo que piensan de mi escritura y eso. xDD

Mil gracias por leer y comentar,

Leon
Lunes 3 de enero del 2011.