Los personajes son de Stephenie Meyer y solo esto es de mi autoría.

Segunda propuesta para el Halloween Contest del blog de MerySnz. Pueden encontrar el link también en mi perfil. Les recuerdo que las votaciones comienzan el 27 de octubre. ¡Voten por mí! :D


Visitante


La pequeña niña jugaba en el patio del jardín de su casa, ajena al par de ojos borgoña que la miraban con intensidad, como si fuera el platillo más delicioso a degustar. Ella, por su parte, se columpiaba alegremente en el balancín que pendía de la rama de un árbol; su cabello, negro como la noche y cortísimo, se balanceaba junto a ella, haciéndole cosquillas en la cara y causándole risitas. Pronto, se aburrió de ese juego y decidió tomar la pelota que estaba a mitad del césped. La arrojaba hacia los arbustos e iba por ella para enviarla de regreso. Sus mejillas comenzaron a colorearse de carmín por la carrera que hacía de un lado a otro.

No muy lejos de ella, escondido bajo la sombra de un frondoso árbol, alguien la observaba detenidamente. Como si el rápido palpitar de su pequeño corazón se tratara del canto de una sirena, llamándole. No era la primera vez que lo hacía, y siempre buscaba la manera de mantenerse lo más alejado posible de la pequeña niña; sabía que era una estupidez arriesgarse a estar cerca de ella, pues su sangre olía tan deliciosamente, que no iba a detenerse por el hecho de ser una menor. Siempre que iba a visitarla, después tenía que alimentarse el doble para evitar caer en tentación. Nunca estaba cerca de ella con los ojos negros.

Ella era tan hermosa, sin importarle lo joven que era. Su piel era blanca, como la porcelana, y sus ojos eran de un azul profundo. No debía tener más de cinco o seis años. Todos los días, sin excepción, su madre la vestía con esos adorables y femeninos vestidos vaporosos, y su cabello negro estaba recogido con cintas o listones de colores.

Pero la atracción que Jasper sentía era más allá de la sangre, aunque esto sonara ridículo para un experimentado vampiro; la alegría y excitación que emanaba de cada poro de esa chiquilla era lo que lo tenía atado a ella, y lo hacía permanecer revoloteando en ese lugar todos los días. Era como si con una sonrisa pudiera borrar todas las décadas de sufrimiento que había pasado desde que María lo transformó. Esa risita emocionada que soltaba de vez en cuando, era como un bálsamo para su muerto corazón, que menguaba todo el dolor que sentía por todas esas víctimas.

Se encontraba tan encerrado en sus propios pensamientos, que no vio que la niña había arrojado la pelota tan fuerte que fue a parar a los pies del vampiro, sino hasta que escuchó al pequeño corazoncito latir con más fuerza y cada vez más cerca de él. Se quedó congelado en su sitio, lo más pegado posible al árbol, manteniéndose en las sombras, mientras la niña se acercaba por su juguete y quedaba frente a él.

—¿Qué haces ahí? —dijo la vocecita. Jasper decidió quedarse callado—. ¿Estás asustado?

No pudo evitar resoplar por la pregunta. La niña debía ser la que estuviera asustada. Es más, ni siquiera debía estar tan tranquila frente a él. Como el resto de los humanos, en estos momentos debía comenzar a temblar de miedo.

—No tienes de qué temer. No te haré ningún daño. Me llamo…

—Alice —la interrumpió, sin pensarlo dos veces. Tuvo que golpearse mentalmente por hacer eso.

—¿Cómo lo supiste? —jadeó, dibujando una sonrisa hermosa.

Seguía preguntándose por qué no salía corriendo despavorida hacia su casa, pero sus emociones eran las mismas: alegría, emoción, felicidad…, como si estar en su presencia fuera el mejor regalo de mundo. Se acercó un poco más, saliendo de su escondite, para ver si así ella reaccionaba como era normal, pero fue todo lo contrario. Alice dio pequeños saltitos cuando vio que el hombre salía de las sombras.

—Escuché que tu mamá te llamaba así cuando saliste al patio —mintió.

—¿Quieres jugar conmigo? —soltó de repente, para después agachar la cabeza y susurrar—. Es que… no tengo con quien hacerlo. Las niñas de la escuela no quieren estar cerca de mí porque sus mamis dicen que estoy loquita.

No pasó por alto la gorda lágrima que amenazaba con deslizarse por su mejilla. Sus emociones ahora eran de soledad y añoranza, y odió a aquellas personas que le hacían daño a tan maravillosa criatura. Por un instante, no le importó ser un asesino, y sintió el deseo de aniquilar a toda esa gente que la había llamado loca. Y en un loco impulso, se agachó hasta quedar al nivel de la niña, y limpió sus mejillas húmedas.

—Ya casi oscurece, y tienes que regresar a tu casa —susurró, de una manera consoladora, y sintiéndose mal por ello—. Pero te prometo que vendré a verte mañana.

—¿En serio? —sus ojitos brillaban de emoción.

—Sí —dijo con firmeza—. Y, por último, yo no creo que estés loca.

Con una pequeña caricia, acomodó detrás de su oreja el rebelde mechón que se salía de la cinta. Se puso de pie y dio media vuelta, alejándose de ella. Pudo escuchar a lo lejos la risita alegre de Alice, mientras se dirigía de regreso a su casa.

Y durante muchos años, todos los días, fiel a su tradición iba a visitar a la pequeña y charlaba un momento con ella, siempre a escondidas de sus padres. Hasta que un día, simplemente ella ya no apareció.


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