Los personajes son de Stephenie Meyer, y nada más la trama es mía.


Epílogo
Donde estés... yo estaré contigo


Philadelphia, 1950

¿Acaso un corazón muerto puede morir por nueva cuenta?

El tiempo le era irrelevante al ser inmortal, pero el dolor era el peor recuerdo que le perseguía todos los días. ¿Habían pasado treinta años ya? ¿En qué momento? Todavía podía sentir la pérdida de Alice, como si hubiera sido hace menos de un mes. Era como una herida abierta, todavía sin curarse, que sangraba todos los días y le restregaba en la cara la expresión de pánico y horror que había tenido ella la última vez que se vieron.

Él, quien había sido el soldado más valiente en la Guerra Civil, ahora se lamentaba patéticamente por los rincones. No podía llorar, su naturaleza de vampiro se lo impedía, pero deseaba fervientemente poder hacerlo; al menos así su dolor estaría menguado aunque fuese solo un poco. Sin embargo, tenía que conformarse con arrastrarse de un lugar a otro.

No podía dormir y soñar, pero podía desconectar su mente del mundo a su alrededor por un instante y perderse en sus recuerdos. Por ella, siempre por ella. ¿Qué aspecto tendría ahora? Seguramente, Alice seguiría siendo hermosa. Tal vez, para este tiempo, se habría casado y ahora tendría un montón de hijos (incluso a lo mejor hasta nietos). Siempre la visualizaba feliz y con una familia numerosa. Y a veces, en sus divagaciones se imaginaba un futuro con ella, como una pareja.

A pesar del paso de los años, Jasper seguía recordando a Alice con clara nitidez: en el caballo negro, lacio y largo, una chica de piel pálida, o sencillamente una joven con complexión de hada de cuentos. En todos lados, Alice le acompañaba.

Entonces, como cada vez que la recordaba, los hubiera llegaron a su mente: si no se hubiera involucrado en su vida, sus papás hubieran notado que algo andaba mal con ella y lo hubieran solucionado; si se hubiera apartado a tiempo de Alice, ella ahora estaría con vida; si no se hubiera enamorado como un loco de ella, ahora no sería tan desdichado.

El dolor podía decir que era peor que cuando decidió apartarse de María. Siempre que pensaba en los hubiera de esa decisión, se recordaba a sí mismo todo lo bueno que había pasado desde eso. Jamás imaginó que, lo que comenzó como una simple visita y un encuentro fortuito, al final terminaría siendo la mejor cosa en toda su existencia, y el peor dolor que le había sucedido en su vida inmortal.

Empezó a llover y Jasper esbozó una imperceptible sonrisa. Era como si sus sentimientos se reflejaran ante el cielo. Como si alguien allá arriba comprendiera su dolor y se desahogara también. Dejó que las finas gotas de agua se deslizaran por su rostro, empapándolo como si se trata de lágrimas.

Llegó a una rústica cafetería, ubicada en el centro de la ciudad. Estaba casi vacía, lo que le venía bastante bien. En primer lugar, porque no se había alimentado en días, así la tentación no sería tan intensa; además, nadie se le acercaría a hablar con él (aunque prefería eso a que huyeran de él por el color borgoña de sus ojos). Ubicó un taburete, en una esquina de la barra, y se dirigió hacia allá. Pidió únicamente un vaso con agua al camarero, y se hundió en su miseria de todos los días.

Los tonos grises del cielo comenzaron a hacerse cada vez más oscuros con el paso del tiempo. Su vaso seguía intacto, pero irradiaba cierta hostilidad que hacía que el camarero ni siquiera mirara en su dirección. Era algo a lo que estaba acostumbrado: el miedo natural en los humanos.

Decidió que ya era suficiente por ese día, pagó un par de dólares (después de todo, tampoco era ingrato, y el camarero se había portado bien con él y no le había molestado en toda la tarde), y se dio la vuelta para marcharse de ahí, a buscar un nuevo sitio para vagar. En ese momento, la puerta se abrió de par en par, y un efluvio se coló por todo el lugar. Piñas y azúcar. Un aroma que automáticamente le recordaba a ella. Era como el sello personal de Alice.

El asombro lo noqueó por completo, dejándose caer de nuevo en el taburete. Sus ojos estaban abiertos completamente, mientras la chica se abría paso por las mesas, buscando algo (o alguien) en particular. Para Jasper, era antinatural el temblor que lo envolvía, y sintió que de un momento a otro iba a desmayarse.

Al principio le dio miedo asimilar a qué grado su locura le estaba llevando. Era totalmente imposible que fuera ella, luciendo de esa manera: tan joven y hermosa. ¡Su encuentro había pasado hace más de cincuenta años! No había lógica alguna en lo que veía frente a él. Tal vez, era uno de sus demonios que venía a torturarle; a lo mejor, se había descuidado cerca de otro vampiro, quien aprovechó para deshacerse de Jasper, y ahora se encontraba en otro mundo. ¿Los Volturis se habrían enterado de su participación en las Guerrillas del Sur? ¡Imposible! ¡Ya había pasado demasiado tiempo!

La misteriosa mujer era físicamente idéntica a Alice: ese cabello negro y cortísimo, tal y como la última vez que la vio en aquel psiquiátrico; complexión frágil y pequeña, igual que un pequeño duendecillo. Pero era ella, sin dudas. Su Alice había regresado a la vida.

Excepto por esos intensos ojos rojos… no eran tan escandalosos como los suyos como cuando estaba bien alimentado, sino que estos eran más bien de un tono naranja.

Y, por supuesto, estaba esa piel tan pálida… definitivamente, esta Alice era vampira.

Perdido en su pequeña burbuja de recuerdos y sospechas, no se percató que la vampira había fijado sus escandalosos ojos en él, y mucho menos, que ahora se acercaba sigilosamente (tal y como lo haría alguien de su misma especie) hasta donde estaba sentado. La mente de Jasper viajaba a la velocidad de la luz, tratando de unir todas las piezas. Entonces, una voz de campanitas lo envolvió, seduciéndolo completamente.

―Me has hecho esperar mucho tiempo.

¡Era ella! Con esa voz aterciopelada y dulce, aún y a pesar de su obvio cambio, la podía escuchar hasta por debajo del agua. Si se trataba de un fantasma, ¡aceptaría la ilusión con los brazos abiertos!

Esbozó una sonrisa boba, y clavó sus ojos en ella.

―Mis disculpas, señorita ―contestó, con ese acento sureño que recordaba que a ella le enloquecía, y haciendo gala de su porte de caballero que su madre humana le había inculcado desde niño.

El destino, que le había arrebatado lo más preciado de su eterna existencia de la manera más cruel, ahora se redimía ante Jasper, y le devolvía la razón para seguir adelante.

Forks, 2006

―Siempre lo supiste… ―soltó un jadeo sorprendido.

―No tienes idea de cuántas veces me quebraba la cabeza buscando una explicación lógica a eso ―respondió, completamente avergonzado por ocultarle un secreto tan grande.

―¿Pero por qué nunca lo mencionaste? ―preguntó dulcemente. No quería que Jasper sintiera que ella estaba molesta con él―. ¿Primero necesitabas comprobar que de verdad era yo?

―¡Por supuesto que no! ―respondió rápidamente―. Eras tú, de eso estaba cien por ciento seguro, pero era totalmente imposible que estuvieras ahí conmigo. Esa última vez que te vi en el psiquiátrico, estabas con un hombre… un doctor; y no pude comprobarlo, pero estaba casi seguro de que él era un vampiro. Claro, en ese momento, mi prioridad era saber si efectivamente seguías con vida, a pesar de lo que me habían dicho, así que ignoré ese detalle. Y ahora que todo ha salido a la luz con ese video que te ha mostrado Bella, no quería agobiarte aún más con todos esos recuerdos. Sé de primera mano cuánto te afecto enterarte de cómo se dio tu conversión, y cuánto te angustia no poder recordar nada. Si yo te contaba todo esto, iba a hacerte más daño, por lo que decidí esperar. En ningún momento lo hice para ocultártelo.

Hubo un breve silencio, pero que a Jasper le pareció un siglo. Siempre se sorprendía de la manera en que ambos estaban tan sincronizados, que ni siquiera tenían que hablarse para saber lo que pensaba el otro. Ahora, su mirada topacio no reflejaba nada, como si estuviera procesando toda esa nueva información. Jasper sintió como si un nudo se le formara en el estómago por la espera. ¿Le odiaría por haberle ocultado algo tan valioso? ¿Dejaría de quererle?

Sus temores se vieron ahuyentados cuando Alice rodeó su cintura con sus delicados y pequeños brazos, recargando su cabeza en su pecho.

―Gracias por contármelo ―suspiró contenta―. Te amo.

―Como yo te amo a ti, desde el primer momento en que te vi ―agachó su cabeza para quedar a su altura, y capturó sus labios en un dulce beso.

Fin


Gracias a ustedes, que me pidieron desde que se publicó en el blog de Mery en el Halloween Contest que siguiera con esa historia. Es la primera vez que le doy continuación a un One Shot, y por ahora es la única. Tengo varias versiones de cómo se conocieron Alice y Jasper, pero sin duda ésta es mi favorita. Me encantan, porque son tan sencillos y puros, que no necesitan grandes muestras de afecto. Desde un principio, esta era la idea que tenía para mi historia: que Jasper siempre ha estado en la vida de Alice, aún y antes de su transformación.

Perdón si esto no cumple con sus expectativas para el epílogo, pero yo me siento conforme con el resultado; sinceramente, ya no hay más qué contar de ellos, pues lo que sigue ustedes ya lo han leído en la saga. Espero que les haya gustado, y puedan dejar sus opiniones al respecto. Si no he podido actualizar antes, es porque el trabajo me tuvo muy ocupada estos últimos días, pero me comprometí conmigo misma a que hoy les daría actualización.

Nos vemos en mis otras historias.

.Carla.

"Alice αnd Jαsper αren't into show, but they hαve the deeper relαtionship. They αre mαrried, but once wαs enough for them." -Stephenie Meyer
"Alice y Jαsper no lo demuestrαn, pero tienen unα relαción muy profundα. Estαn cαsαdos, pero unα vez fue suficiente pαrα ellos." -Stephenie Meyer