NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTA HISTORIA.

¡Hola a todos! Ya, aquí traigo el siguiente capitulo en el que me he desvelado por hacer :p Bueno, pero sí me esforcé ¡Y eso cuenta! jajaja. Ne, nada de eso, me divierte y relaja bastante hacer estas historias, así que en realidad nada me cuesta ^ ^

Mensaje importante para *Nisseblack* al final del episodio.

Revisión de Comentarios:

SammyKataangTwilight: curiosamente el mensaje me dio risa, ya me imagino a tus hermanos diciéndose que le pares a tus reacciones, pero eso les pasa por no leer y apasionarse ¿verdad? :)

leslimanya97: como ya dije en el mensaje que te mande, me encantaría leer tu historia. Ah, y aprovecho para agradecerte lo mucho que me has apoyado en mis fics. ¡Gracias!

Daari:No me molesta que tardes en comentar, entiendo eso de tener mamás que se pasan con castigos. Con que leas mi fic y saber que te gusta me siento más que feliz. n.n

cindy williams black: ¡Muchísimas gracias! te dedico el capitulo.


Capitulo 38

Invasión, Parte 3: Huida.

-¡Debemos alejarnos lo más pronto posible de aquí!—gritó Sango, mientras un guerrero caía a sus pies por el látigo de agua que le había golpeado—Los Maestros de seguro planean un escape, debemos ir con ellos.

-¡Que más quisiera yo!—le respondió Naoko, mientras una de sus llamas hacia retroceder al espadachín que pretendía atacarla—Pero, por si no te has fijado, no estamos en condiciones de irnos a ningún lado.

La flecha que rompió el viento en dirección a Sango solamente pudo confirmarlo. Un chorro de agua congelado, justo a tiempo y enfrente de la chica, fue donde la flecha terminó encajada. Sango devolvió el ataque con filosas cuchillas de hielo, haciendo caer a cinco hombres de los tejados. Pero siempre se levantaban más.

Al ritmo en que iban, estaban ya convencidas de que morirían en combate. No temían a la muerte, pues sus conciencias estaban tranquilas, y no pensaban en forma mejor de abandonar el mundo terrenal que luchando valerosamente por la paz, bajo la bandera del Avatar. El sudor empapaba sus cuerpos, los músculos se contraían de cansancio, cada vez más les costaba controlar sus elementos y esquivar las espadas. Pero lo hacían. Y morirían haciéndolo.

O eso creyeron.

-¡Basta! ¿Qué hacen tarados? ¡Son mis hermanas!—gritó la enfurecida voz de Momoko, quien entró al Salón Principal, donde se llevaba a cabo la batalla.

Inmediatamente todos los guerreros enemigos guardaron sus armas y se fueron corriendo, alejándose por los pasillos para irse a pelear contra más soldados de la realeza. Momoko, altiva, se paró frente a sus hermanas con una sonrisa petulante y a la vez, curiosamente, afectuosa.

-¿Por qué están en estas condiciones, mis hermanas?—preguntó, con voz suave e indignada—Rotas sus ropas, manchadas de tierra y sangre ¡No es la apariencia de una noble guerrera!

-Momoko ¿Y tú que traes?—inquirió la confundida de Sango, mirando a su hermana como si no la conociera.

-Nada—fue su respuesta—¿Por qué peleaban contra sus propios soldados? Eso no es bueno.

La indignación en los ojos de Naoko impulsó su voz, cunado habló:

-¿Nuestros soldados? ¡Enemigos, traidores! ¿De dónde sacas esas pamplinas, Momoko?

-Son la realidad, Naoko. ¿O qué? ¿Acaso pretenden seguir a un maestro mediocre, al Avatar?

Sango extendió su brazo justo enfrente de Naoko, para detenerla, ya que la Maestro Fuego estaba en clara actitud de pelea contra la mayor de todas. La mirada inexpresiva de Sango repentinamente mostró un odio acérrimo que intimidó a Naoko, pero no a Momoko.

-Traidora—fue lo único que dijo.

-¿Yo traidora?—agregó Momoko—Traidor el Avatar ¡Él sí! Nos prometió convertirnos en grandes maestros y míranos ¡Somos unas malditas buenas para nada que están jugando a ser guerreras cuando bien sabemos que una maldita flecha nos mataría! ¿Y por qué? ¿Por qué ese maestro conocido como Avatar tanto nos envidia en nuestro talento que pretende evitar nuestro crecimiento, y así mandarnos a alguna pelea donde muramos y librarse definitivamente de nosotros! ¡Ah no! ¡Eso no! Yo sí quiero progresar en la vida.

-Traicionando y yéndote con quien te conviene nunca lo conseguirás—respondió Sango, con voz fría.

-Es supervivencia del más fuerte, y no sabes lo decepcionada que estoy al descubrir que las dos son débiles—dijo con desprecio.

Aquello hizo crecer tanto la ira de Noako, que Sango se apartó por las intensas llamas que emergían de su respiración. Pero, calmándose, consiguió al menos hablar de modo que se le entendiera.

-No, Momoko, no somos débiles—empezó—Nosotras tenemos algo que has olvidado: la moral. Y ésta nos hace fieles a los buenos maestros que nos dieron un techo, cama, comida, entrenamiento, y además nos apreciaron hasta el grado de convertirnos en parte de su familia. Pero, al parecer, en ti crece una ambición que pronto te consumirá. Y yo no quiero ser arrastrada por ti, hermana.

Momoko río, cosa que de seguro había estado aprendiendo de Azula.

-Bueno, como digas, no me interesa seguir escuchando esas dizque valerosas palabras con las que disfrazas tu cobardía. En verdad, yo quería rescatarlas, pero no podré. Tienen lavado el cerebro.

-Quien lo tiene lavado, es otra—gritó Naoko.

-Claro, como digas. En fin, ya no merecen mi tiempo. Diviértanse escapando, queridas.

Dio la media vuelta y se fue, sin decir nada más. Hasta que su silueta desapareció entre los escombros, ni Naoko ni Sango se permitieron llenarse sus mejillas de lágrimas ante el dolor. Esa noche, habían perdido ¡De seguro para siempre! A una hermana.

Sango cerró con fuerza sus ojos, en un intento de reprimir el llanto, pero era en vano. Cuando los abrió, pudo contemplar mejor el salón. Aquel enorme espacio bellamente decorado y que en ocasiones especiales era limpiado, colgadas de sus paredes hermosas lonas bordadas y linternas del techo, con manteles coloridos sobre las mesas y la pista despejada para los bailes ¡Ah, cómo recordaba las melodías que entonaban aquellos graciosos músicos, consentidos de Zuko, que animaban las fiestas del Señor de Fuego! Ella y sus hermanas habían tenido el honor de asistir a una de ellas y divertirse como nunca rodeadas de lujo, belleza y delicias.

Ahora, los altos pilares que sostenían la fachada yacían en su mayoría derrumbados sobre el piso, normalmente pulido, convertido ahora en una masa informe de tierra ahuecada y con montones de escombros incendiados. Paredes derrumbadas, tejados caídos, llamas por aquí y por allá disputándose el festín de madera predispuesto para ellas en ese Palacio. Destruido aquel lugar donde río, bailó y por vez primera, vio al mundo sin desdenes ni angustias.

-Niñas…-Naoko y Sango saltaron de asombro, por la voz a espaldas suyas que las llamaba.

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Zuko y Mamuro corrían uno detrás del otro por los carcomidos pasillos que aún quedaban en pie del Palacio. ¿Cómo, maldita sea, pudieron destruir tan imponente lugar en minutos? ¡Ya no importaba! ¡No, no! ¡Debían irse ya de ahí! Pero, aún pensando en eso, los pensamientos de Zuko corrían a mil por hora. Esas paredes lo vieron crecer además, resguardaban las memorias que poseía de una familia feliz. Memorias quemadas. Calcinadas. Hechas cenizas.

Mamuro no se sentía mejor, pues en ese Palacio había servido durante mucho tiempo, conviviendo con espléndidas personas que probablemente estaban ahora muertas. Ahí, había conocido a Toph. Encerraban esas paredes gratos recuerdos ¡Paredes derrumbadas! ¡Convertidas en nada!

-¡Apúrate!.—gritó Zuko, a lo que Mamuro volvió en sí.

Era menester encontrar a Aang en ese momento. Habían pasado ya por la alcoba del Avatar y la encontraron envuelta en llamas, tuvieron que saltar aquel pasillo para recorrer el otro extremo del Palacio. Tardaron, sí, pero finalmente consiguieron atravesarlo para llegar a la explanada. Ni rastro de Aang. Ni de nadie. Y eso era anormal ¿Dónde estaban los guardias? ¿Y los enemigos? ¡No podían esfumarse así, de la nada!

La ansiedad era horrible, no así la incertidumbre, emociones que se combinaban en una sola para volver cardíaco el momento. La primera impresión de los dos chicos fue espantarse cuando encontraron a un séquito de guerreros esperándolos con espada en mano. Pero, reaccionando, Mamuro empuñó su espada y Zuko creó látigos de fuego.

No fueron contrincantes serios, pues lograron rebasarlos y llegar a la siguiente área. En esa, no tuvieron la misma suerte. Estrechos como eran aquellos pasillos, el pelear contra los dos espadachines que salieron a su encuentro fue más difícil. Peor porque esos dos dominaban, además, el Fuego Control y el arte de las cuchillas.

Mamuro, en posición, enfrentó con sus dos espadas al otro. Éste no usaba sus armas, se limitaba a mandar llamaradas que el chico apenas y conseguía esquivar. Desviaba unas con la espada, pero otras le costaban demasiado que no le tocaran. Zuko, en cambio, debió usar como hace mucho tiempo su talento en el Fuego Control, los látigos no le servían lo suficiente y debió aplicar técnicas que hace muchísimo no empleaba.

Se distrajo el Señor de Fuego cuando su sirviente y amigo gritó de dolor, y es que en uno de sus movimientos, la intensa llama finalmente alcanzó el hombro de Mamuro. La prenda se quemó al instante y el chico debió apagarla con la mano izquierda, misma que quedó muy herida. Cayó inclinado en el suelo, con un hombro quemado y mano lastimada. La otra apenas y podía sostener bien la espada.

Viendo que Mamuro estaba seriamente herido, Zuko se colocó enfrente de él y alzó una cortina de fuego que alejó a los otros dos espadachines, sin que pudieran acercarse.

-¿Qué haces?—demandó al chico—¡Levántate! Te curarás después ¡Debemos irnos!

El dominio de los dos espadachines sobre el fuego hacia difícil mantener la cortina, pues los otros intentaban disiparla y de no ser porque Zuko tenía un poder mayor al de ellos, por mucho, de seguro lo hubiesen conseguido. Convirtió esa cortina en una centelleante esfera que después explotó hacia ellos, dejando a ambos espadachines heridos y desmayados en el suelo.

Zuko entonces apoyó a Mamuro sobre su hombro.

-Debemos irnos—repitió.

-¿Cómo? ¡A dónde!—dijo el desesperado chico, apretando los dientes para no gemir de dolor.

-¡No lo sé! Vamos hacia Appa.

-¿Y Aang?

-Primero te dejo, y me regresaré ¿Entendido? Debo encontrarlo cueste lo que cueste.

-Déjame aquí, entonces—insistió Mamuro—Sólo seré una carga. Caminaré y llegaré a con Appa.

-¿Estás loco? ¡No te podrías ni defender! No, no. Te llevaré.

-Pero…

-¡Sin peros!

Calló.

Caminaron los dos en silencio lo más presurosos que pudieron, pero cuando llegaron al patio donde debería estar Appa, no lo encontraron. No había ni rastro del bisonte volador, ni de sus amigos. Más sí claras señales de pelea.

-Hubo un enfrentamiento—declaró Mamuro.

-Sí, y aparentemente nos ha dejado aquí abandonados.

-¿Tú crees? Puede que…

-¡Sea como sea!

-Puede que estén heridos.

-Mira, no tenemos tiempo de pensar—Dijo Zuko sin paciencia alguna—Debemos actuar ya y la única manera de salir con vida de ésta situación es escapar del Palacio.

-¿Pero y…?

-Por más que me duela, no podemos pensar en nadie más. O nos salvamos o nos morimos ¿Qué decides?

Sopesó un poco.

-¿Salvarnos?

-¡Pues vámonos! ¿A qué esperas?

Mamuro en realidad no estaba muy de acuerdo con eso, pero se las arregló para correr detrás de su Señor rumbo al muro del Palacio. Claro, ahí había más espadachines. No encuentro en esos momentos palabras que consigan recrear del todo aquellas escenas de valientes enfrentamientos para poder salir con vida de ahí. Pero, puedo decirles que el costado de Mamuro recibió una nueva quemadura, y el brazo derecho de Zuko quedó casi inutilizado por la extensa cortadura de la que emanaban grandes cantidades de sangre.

Corrieron, ya sin espadachines persiguiéndolos, hacia la ciudad. Evidentemente no está de más decir que casi todos los ciudadanos se habían encerrado en sus casas, quienes tuvieron la oportunidad escaparon en barcos, por eso el muelle estaba vacío, salvo una pequeña embarcación del Reino Tierra.

De madera y algo descuidada, poco les importo. Subieron sin que nadie los viera y se fueron al área de carga. Los tripulantes comían en la parte alta y no se percataron de su presencia. Arrinconados sobre montones de paja, al lado de unos animales que Zuko olvidó el nombre, se tumbaron a reposar.

Con prendas rasgadas consiguieron al menos cubrir las heridas que no los dejaban descansar. Intercambiaron unas cuantas palabras antes de guardad un profundo silencio, en el cual sus pensamientos e inquietudes emergieron antes de que el sueño llegara para llevárselos a su merecido descanso. Aún así, la pregunta seguía flotando en el aire:

¿Qué había pasado con los demás?

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Recostada y con los ojos cerrados, la frente de Katara sudaba a montones mientras la calentura aumentaba. Estaba enferma, no había ya manera de negarlo. Suki dejó a su hijo cuidadosamente recostado sobre unas colchonetas y se juntó a Mai para intentar cuidar de su cuñada, que no parecía mejorar.

-¿Crees que sea por el embarazo?—inquirió Mai-

-Dios te oiga—contestó Suki—Sí, que eso sea ¡Dios te oiga!

Sokka, que había estado parado en el patio esperando impaciente el regreso de Toph, Mamuro y Zuko, pensaba en la salud de su hermana y el paradero de Aang. También le tenía angustiado la desaparición de Sango, Naoko y Momoko ¿Dónde estaban esas niñas? ¿Dónde estaban todos? La preocupación era inmensa y no parecía ceder.

-Sokka—lo llamó Suki, a lo que él volteó—Dime ¿Ves algo?

-¡Nada!—respondió.

Y eso le inquietaba.

Repentinamente, entre las nubes de humo por los incendios, pudo vislumbrar una silueta, se acercaba a ellos de manera lenta. En un principio pensó que podría ser uno de sus amigos, pero conforme más se acercaba, descubrió que no era el caso. Palideció cuando reconoció aquella sonrisa formarse en los labios rojos de la que fuera su peor enemigo cinco años atrás. El cabello negro cuidadosamente atado dejaba caer pocos mechones que volaban con el viento.

-No…-susurró.

-Hola, campesino. Veo que nos volvemos a ver después de muchísimo tiempo—dijo Azula, con esa sonrisa que siempre la causaba escalofríos.

-¡Vete!—gritó, amenazándola con la espada que tenía en mano.

-¡Ja! ¿Crees poder hacerme algo, pequeño herido del sur?—recordó entonces la herida en su hombro y se cuestionó de estar en condiciones óptimas para un nuevo combate.

-Apártate…

-No.

-Te lo advierto, Azula.

-¿Tú, advertirme a mi? No me hagas reír. No eres competencia para mí.

La chica entonces lanzó una llama que no pegó a nadie, pero sí asustó muchísimo al bisonte. Appa se movió inquieto buscando alejarse del fuego, Hanh se despertó por aquello y Suki debió cargar a su hijo para calmarlo. El llanto del pequeño llegó a oídos de Azula, y ésta planeó una manera de deshacerse de ellos.

-¡Toma!—gritó con mayor fuerza, lanzando fuego azul que el bisonte empeñó en esquivar.

-¡Sokka, caeremos!—gritó la aterrada de Suki. Mai sostenía el cuerpo desfallecido de Katara, mandándole a la que fuese su amiga amenazadoras miradas.

Sokka debió saltar a la silla de montar y tomar las riendas para intentar calmar aunque sea un poco al animal. Appa estaba nervioso, por el trauma pasado con el fuego, y el incendio que los rodeaba más las llamas de Azula fueron demasiado para el pobre bisonte. Desesperado y lleno de miedo, emprendió un vuelo que asustó en su momento a los presentes, sentados encima de él.

Aferrados a la silla de montar, Sokka usó toda la maña que pudo para mantener a Appa estable. Consiguió al fin calmarlo, cuando era demasiado tarde: estaban ya encima del océano.

-Debemos volver—dijo Mai.

-No podemos, ya no.

-¡Pero…!

La entristecida mirada de Sokka respondió a todas las preguntas que pudieran tener ambas mujeres. El bebé dejó de llorar y Katara seguía sin despertar. Las cinco personas se perdieron en el horizonte, buscando el lugar apto para aterrizar.


Lamento dejarlo así, pero es que el espacio era poco y no estoy acostumbrada a hacer capitulos muy largos en este fic. Prometo dejar el próximo sin intriga al final ¡Es una promesa!

Nisseblack:

Primero que nada gracias por la confianza que me revelaste con ese mensaje, quiero de verdad ayudarte, pero cuando quise devolverte el mensaje me dice que has cerrado el buzón. Chequé tu perfil y no aparece tu correo electrónico, por favor, déjamelo para poder contactarme contigo o una página donde pueda hablarte ¿Si? TKM amiga!

Adelanto: (como prometí)

Las olas golpeaban aquel buque en un suave vaivén que mecía al Señor de Fuego, cuyo entumido cuerpo se negaba a reaccionarle. Lentamente pudo comenzar a sentir de nuevo, pero se arrepintió de inmediato cuando sintió las punzadas de dolor recorrerle cada uno de sus músculos. Se había lastimado mucho más de lo que pensaba cuando peleo el día anterior. Brazos y piernas le dolían por el exceso de esfuerzo empleado, y además la cortada que tanto le había preocupado el día anterior ardía espantosamente.

Fue entonces cuando, en sus cavilaciones, se percató de que estaba encima de una cama mullida y bastante confortable ¿Y la paja donde había reposado, donde se había quedado dormido? ¿Qué había pasado la noche anterior? ¿Y Mamuro?

Eso fue todo. El siguiente capítulo explica sobre todo el rumbo que tomarán nuestros héroes de ahora en adelante, para progresar en un entrenamiento intenso. No digo más, porque arruino la trama. Gracias por leerme y espero ansiosa los comentarios que me harán mejorar en mi redacción. ¡Gracias!

chao!