Aubrey se encontraba en cubierta. Ya pasaba de la media noche, pero el había decidido hacer esa guardia. Estaba en el alcázar, vistiendo un abrigo grueso que le protegía del viento helado de la noche. Tenía la vista al frente, y hasta que no sintió pasos en la escalera no se cercioró de que había alguien mas por allí. Se giró y vio a Stephen dirigiéndose hacia él con una taza en la mano. Jack tendió la suya al ver que se la ofrecía. Un olor amargo y exquisito lleno sus pulmones, era café. Dio un sorbo, devolviéndole el caliente liquido a la vida.

Imaginé que querrías una.- dijo el médico con una sonrisa. Jack asintió agradecido.- Deberías resguardarte, aquí arriba podrías enfermar.

El capitán sonrió pícaro. Sabía perfectamente que lo que traía al irlandés a esas horas de la noche a su presencia y ese ultimo comentario. Nada tenían que ver ni con el frío, ni con el viento, ni con su salud. Maturin simplemente quería que tuvieran más intimidad.

Esta noche debo estar alerta. Hay probabilidades bastante altas de tormenta.- explicó.- Además no creo que muchos de la tripulación puedan dormir hoy por eso. Así que no seria sensato Stephen.

El nombrado aparto la vista fastidiado. Odiaba aquella sociedad en la que vivían, así como el reglamento de la Armada que castigaba con la horca esas relaciones. Siempre tenían que andar escondiéndose...

Aubrey posó la taza en una mesa cercana llena de mapas e instrumentos de medición y se acerco a él, posando su cabeza en el hombro del médico. Agarrándose a su cintura por la ropa. Stephen giró su rostro, rozando sus labios la frente y sien del capitán, lo estrechó entre sus brazos.

Jack al la vista. Acarició con una de sus recias manos la mejilla del doctor y le beso los labios suavemente. Un beso pequeño, de escasos segundos. Pues tenía el temor de que alguien les pudiera descubrir ahí. Al separarse, Maturin tomó su mano, guiándole escaleras abajo, llevando a ambos bajo estas. Allí tendrían algo más de intimidad.

Rápidamente se dirigió a los labios de su capitán, pero este llego antes, también ansioso por el beso. Se abrazaron efusivamente, juntando sus cuerpos, disfrutando del calor que desprendía el otro. Mientras sus lenguas se revolvían frenéticas en sus bocas degustándose la una a la otra.

Cuando terminó el beso Aubrey volvió a esconder su rostro en el cuello de Stephen. Dejando algún que otro beso que causaba cosquillas al medico. Este cerró los ojos. Por mucho que el mundo se pusiera en su contra y los despreciara, no iba a dejar de sentir lo que sentía por Jack Aubrey, y tampoco dejarlo escapar.

Era una promesa que se había formulado a si mismo hacía mucho tiempo. Y seguía con igual intensidad que entonces en su corazón.