Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y J.K. Rowling. Yo solo juego con ellos y lo hago victimas de mis locuras...

Le quiero dar las gracias a mi beta: Claudia por corregirme los capitulos! Un millon de gracias amiga!


Corrí bosque adentro sin ningún destino concreto. Reconocí ese bosque… me era tan familiar pero a la vez tan desconocido. Los árboles eran tan altos que parecían tener principio, pero no final. Me detuve, no podía dar un paso más, sentía que caería derrumbada en cualquier segundo al suelo. Mi respiración era agitada y el latido de mi corazón era desenfrenado. Caminé como pude hasta unas rocas y me senté en una de ellas. Miré mi alrededor esperando reconocer algo que me indicara donde me encontraba, estaba rodeada por árboles y rocas… todo se veía igual. Escuché el crujir de unas ramas, alguien se estaba acercando, me levanté alerta esperando a la persona. Mi corazón comenzó a latir más fuerte cuando vio al desconocido aparecer de entre los árboles.

- Edward!- corrí hacia él y lo abracé. El se mantuvo firme como una perfecta estatua.

- No deberías de estar aquí.- su voz sonó fría pero aún así hermosa.

- Estoy perdida… no se donde estoy.- dije separándome de él. Me estaba empezando a sentir incomoda.

Era obvio que le molestaba encontrarse conmigo. Él dio media vuelta y corrió devuelta por donde seguí por varios minutos, con la esperanza de que lo encontraría pronto. Debía de estar cerca de la salida del bosque ya que mientras más corría más claro se veía todo y los árboles se volvían más pequeños. A unos pocos metros de lo que parecía ser la salida, Edward estaba de pie, con la luz del sol dándole directamente. Me quede paralizada observándolo, su piel brillaba como los diamantes. Caminé hacia él y cuando estaba a unos centímetros de poder tocarlo, desapareció. Miré desesperada a todos lados… siempre pasaba, cuando estaba a punto de alcanzarlo desaparecía. Decidí salir del bosque y buscar ayuda. Sabía que reconocía este bosque. Frente a mi estaba un enorme y majestuoso castillo, mi hogar por 7 años. ¿Qué significaba esto?

-Es hora de volver Bella…- una suave brisa rozó mi cuerpo, estremeciéndolo. Esa voz, era tan conocida. - Es hora que vuelvas a donde perteneces.- mis ojos se llenaron de lágrimas. Cómo olvidar esa voz o a su dueño.- Es hora de volver….- sentí mi corazón romperse en dos. Esa voz, esa voz que no había escuchado en más de dos años volvía a mí. Mis recuerdos no le hacían justicia a esa voz.- Recuerda que siempre estaré para ti. Siempre te amaré mi Bella. - sentí una pequeña corriente en mi mano derecha, la piel se me erizó y mi corazón se achicó.

-No te vayas por favor.- dije con la voz quebrada.- No me dejes ahora… por favor…-

- Nunca te dejaré… siempre estaré junto a ti.- sentí unos labios rozar los míos. Mi cuerpo se estremeció y mi corazón parecía querer escapar de mi pecho.- Siempre estaré junto a ti, aunque la muerte nos separe…-

-Bella! Despierta!- abrí los ojos al escuchar la voz de Charlie gritándome. Todo había sido un sueño. Lo miré asustada, él me abrazó y yo rompí a llorar.- Ya Bella… todo fue una pesadilla… - lloré precisamente por eso… todo fue un sueño… una horrible pero a la vez hermosa pesadilla.

Ese sueño tal vez era una señal… era momento de que enfrentara la realidad. Me separé de Charlie y bajé de la cama. Él me miró confundido mientras me sentaba en el suelo y buscaba debajo de la cama, mi viejo baúl.

- ¿Qué haces ahí Bella?-

- Charlie, es hora de que regrese.-dije mientras buscaba en el desordenado baúl. Busqué entre calcetines y camisetas hasta que hallé lo que quería. Tomé una caja larga y rectangular, la abrí y saqué el objeto más valioso para una persona como yo.

- No Bella… ¿Estás loca?-preguntó exaltado Charlie.

- Charlie, no puedo esconderme toda la vida…-

- No… pero aquí estas segura…-

- Si, pero las personas que más quiero no lo están. Soy lo que soy, soy quien soy… no puedo seguir aquí escondida, mientras que la vida de ellos corre peligro. Soy una bruja… no una muggle.-

- Nadie está diciendo lo contrario… es solo que Dumbledore dijo…-

- Dumbledore no está…- respiré hondo. Dumbledore no estaba, había muerto… con más razón debería estar junto a ellos y no acá perdiendo el tiempo pensando en cosas que no eran importantes, al menos no para las otras personas…

- Es cierto, pero no es necesario que vayas… la Orden tiene todo bajo control.- ¡Esto era increíble! Ni el mismo creía esa vil mentira.

- Con más razón iré. Si según tú, todo está bajo control no hay riesgos para mí.-

- Está bien Bella… lo que dije no es del todo cierto.- lo miré mordazmente.- ¡Bien! Te mentí… vaya que eres igual de testaruda que tu padre.- sonreí satisfecha, el que me compararan con mi papá era genial, me hacía sentir bien.

- En ese caso… lo dicho, dicho esta. Me voy para Londres!- me paré junto a la percha y comencé a sacar la ropa y a colocarla en el baúl.

- Bella, no vayas, sabes que Dumbledore me pidió que te cuidara.-

- Lo sé Charlie, pero si se te olvida, Dumbledore también dijo que me cuidaras hasta el momento correcto, y ese momento es hoy.-

- No voy a lograr hacerte cambiar de opinión… ¿Cierto?- yo negué.- Bella, si todo esto lo haces por Cullen… déjame decirte que no vale la pena.-

- ¡Esto no es por Edward!- grité sin poder remediarlo.- No importa que me haya dejado… Esto es algo que decidí porque quiero ser útil. Sabes, no sé nada de mi hermano hace meses… ¿cómo crees que me siento? No sé si está bien… o mal. ¡simplemente no sé nada! Mi decisión no tiene nada que ver con un corazón roto…-

- ¿Dónde vas a ir?- preguntó Charlie tratando de cambiar el tema.

- A la Madriguera… luego veré que hago.-

- En ese caso toma esto…- de su bolsillo sacó un papel, algo estrujado y me lo tendió. Lo abrí y vi que era la dirección de la casa de los Señores Weasley. Era obvio que la casa tenía que estar bajo numerosos encantamientos de protección.

- Gracias…- él se acercó y me abrazó.- ¿Te sientes preparada?- entendía perfectamente su pregunta. La respuesta era no… ese suceso que ocurrió hace más de dos años marcó mi vida para siempre dejándome una enorme cicatriz en el corazón.

- No estoy segura de estar preparada… pero ya tomé una decisión.-

- Claro… Cuídate Isabella. Ese mundo esta peor que nunca…-

- Gracias por todo Charlie…-

- No hay de que… se lo debía a James y a Lily.-me separé de él y sonreí. Cerré mis ojos y poco a poco mi aspecto físico cambió, gracias a mi talento de ser metamorfomaga.- Eres idéntica a tu madre.- dijo sonriendo.

Caminé hasta el espejo… Charlie estaba en lo cierto. Era la copia de Lily Evans cuando era joven. Tenía cabello pelirrojo cayendo en suaves ondas hasta mi cintura, mi color de piel era la misma, demasiado blanca para mi gusto, todos decían que el parecido de ambas era aterrador, pero claro está, no pueden haber 2 personas iguales en este complicado planeta, por ese motivo heredé los ojos color chocolate de James Potter. Se sentía bien ser yo después de un año y medio con la apariencia de una chica que vi en Phoenix. Era hora de marcharme… ya era hora de dejar atrás todo lo vivido en Forks, ayudar a mi hermano y olvidar… olvidar todo lo relacionado con ÉL. Con un ligero movimiento a mi varita, mi baúl desapareció.

- ¿Supongo qué esto es un adiós?- preguntó Charlie.

- No… es un hasta luego.- Cuídate mucho Isabella…- yo asentí. Cerré los ojos y fijé mi destino: La Madriguera.