Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y J.K. Rowling. Yo solo juego con ellos y lo hago victimas de mis locuras...

Le quiero dar las gracias a mi beta: Claudia por corregirme los capitulos! Un millon de gracias amiga!


Luego de esa noche tan horrible para mí, volví a ser la Isabella frágil y miserable como cuando muriό Cedric o como cuando Edward me dejό por primera vez. Neville y Ginny me trataban de subir la moral invitándome a las reuniones clandestinas del E.D. en la sala de los Menesteres, pero yo como una tonta no les hacía caso y no asistía. Neville tenía varias ideas (mucho mejores que las mías) y gracias a él, el Ejercito Dumbledore seguía de pie y con vida. Mi actitud era inexplicable, era débil e inestable, me sentía hasta mal conmigo misma. ¿Por qué no podía enfrentar lo que me ocurría con madurez? Lo que tengo que hacer era olvidarme de Edward por una buena vez y por todas y superarlo. La vida continúa… Pero no, yo no era de ese tipo de chicas, yo era del tipo de chicas que se sientan en una silla y ven los días pasar sin hacer nada al respecto. Un corazόn roto debía ser el mínimo de mis problemas. Por ser tan tonta y pasar horas llorando porque Edward Cullen no sabía lo que sentía por una desconocida que apenas conocía de unos días, no había ido a investigar más sobre mi hermano. Ahora que lo veo, suena estúpido. ¿Cόmo sería posible que Edward se enamorara de una total desconocida? Ese no es su estilo. Isabella Potter era una distracciόn para él.

-Pelirroja, no puedes seguir así.- brinqué exaltada al escuchar la voz de Ginny a mis espaldas.

-¿Cuánto tiempo llevas detrás de mi Gin?-pregunté encarándola. Ella se encontraba parada en el marco de la puerta del dormitorio de chicas de 7mo año. Ginny cruzό sus brazos encima de su pecho y me mirό reprobatoriamente.

-¿Importa? Pareces un inferi Isabella. Ya han pasado varias semanas desde que tuviste la conversaciόn con Edward. No sé lo que te dijo para que te pusiera así, pero, ¿no crees que ya es suficiente? Estamos en medio de una crisis en el mundo mágico y tú estas aquí, como una cobarde, llorando…- Ginny tenía razόn, era patética.

-Déjame en paz Ginebra.- le di nuevamente la espalda a mi amiga y me acosté en la cama. Tomé la almohada y me tapé la cabeza con ella.

-No seas tonta Isabella.-los pasos de Ginny hacían eco en mi cabeza causando que el dolor de cabeza incrementara.- ¡Fuera de la cama! Tienes clase de Estudios Muggles en 20 minutos. Si avanzas, puede que llegues a tiempo a desayunar y a tu clase.-

-¿Qué ocurriría si no te hago caso?-pregunté desafiante.

-Esto, ¡Levicorpus! - al comprender lo que me iba a ocurrir, traté de agarrarme de la cama pero no lo hice a tiempo. Mi cuerpo quedό suspendido en el aire.

-Ginebra Weasley! Más te vale que me bajes, ¡AHORA!-

-Bien, te bajo cuando dejes tu idiotez y de estar desanimada y desolada.- Ginny tenía razόn, esto tenía que parar.- No escucho que te comprometas a cambiar de actitud Isabella. ¿Quiéres quedar colgada de tu tobillo por el resto de tu vida?-

-Bien, prometo cambiar de actitud. ¿Me puedes bajar ya?- con un movimiento de varita, Ginny me liberό de su hechizo y caí de bruces a la cama.- No era necesario que llegaras a estos métodos tan agresivos.-

-Bueno Bella, ¿Qué querías? Lo he intentado todo. Te he tratado bien y con ternura y no funcionó. Traté de razonar contigo por medio de palabras y tampoco funcionό. ¿Qué me quedaba? La fuerza bruta.- yo negué enojada dirigiéndome al baño para arreglarme.

-Aún pienso que no era necesario.- Ginny bufό mientras que buscaba el uniforme que utilizaría.

Luego de varios gritos de Ginny para que avanzara y jalones de cabello, al fin estaba presentable para otro insoportable día de clases. El camino hacia el Gran Comedor estaba lleno de gente. Yo solo quería estar sola. Lo peor de todo era, que hoy compartía mis clases con Edward. Mi actitud hacia él lo tenía confundido, varias veces había tratado de hablar conmigo al salir de clases, pero yo le evadía. Incluso Alice y Emmett habían tratado de intervenir pero yo les había rogado que se mantuvieran al margen de la situaciόn. Nadie entendía porque había reaccionado de la manera en que lo hice. Mis actitudes lo que hacían era ponerme en evidencia con los Cullen. Al llegar nos sentamos en la mesa de Gryffindor, yo tomé un par de frutas y un poco de zumo de Calabaza. Miré furtivamente a la mesa de Ravenclaw y ahí se encontraba Edward, junto a Jasper. Mi corazόn se estrujό en mi pecho y temí por tener una recaída luego del "compromiso" que había hecho con Ginny.

-Buenos días señorita Weasley, señorita Swan. ¿Cόmo se encuentran ustedes? - dijo Slughorn con una amplia sonrisa dibujada en los labios parándose justo a nuestro lado e impidiéndome tener una mejor visiόn de Edward.

-Creo que bien…-dije en un leve susurro. El profesor me mirό apenado.

-Muy bien profesor muchas gracias - dijo Ginny - ¿Qué tal usted?- preguntό esta al ver que yo no hablaba .

-Oh yo como siempre ocupado con mis libros y mi correspondencia. Hablando de correspondencia, ojalá que no sea una indiscreción de mi parte señorita Weasley, pero ¿No habrá recibido una nota de parte de la señorita Charlotte Cavendish?- ¿Charlotte Cavendish? ¿Dόnde había escuchado ese nombre? Miré confundida a mi amiga y pude ver como esta miraba con incredulidad al profesor.

-Si de hecho, si - dijo Ginny - profesor ¿Acaso usted…?

-Mi querida señorita Weasley le ruego me disculpe el atrevimiento, pero el año pasado no pude dejar de notar que es usted una extraordinaria jugadora, así que cedí a la tentación y le escribí a mi amiga Charlotte. Ella siempre está atenta a mis recomendaciones pues como probablemente sepa yo le recomendé a la brillante Gwenog Jones que también estuvo en mi Club de Eminencias.- ¡claro! La Charlotte esa es la apoderada y dirigente de las Arpías de Holyhead.

-Pues se lo agradezco mucho profesor - dijo Ginny con una amplia sonrisa -. No tiene porque disculparse, al contrario, aprecio mucho que me considere una buena jugadora.-

-¿Buena? Brillante diría yo - repuso Slughorn -. Y una magnífica bruja también mi querida niña, debo decirle que es usted una joya, hay de los jóvenes hechiceros que se crucen en su camino porque están condenados a sucumbir ante semejante combinación de talento y belleza, como nuestro desaparecido amigo Potter pudo constatarlo el año pasado.- las mejillas de Ginny se enrojecieron, era más que obvio que le incomodaba que su relación fuera del dominio publico, yo me sentiría incomoda si, por ejemplo, Snape me hablara de mi relaciόn con Edward. Sería lo más extraño de este mundo.

-Profesor yo no sé que decir. -balbuceó Ginny.

-No tiene que decir nada, solo espero que piense primero en sus estudios y cuando llegue el momento, si lo cree conveniente pues se dé una oportunidad para probar suerte, quien sabe si estemos en presencia de la nueva Gwendolyn Morgan, o de la nueva Gwenog Jones. - Ginny sonrió emocionada - Antes de ir a clase, espero no importunarla si le pregunto - y bajó apreciablemente el tono de su voz - ¿De casualidad no sabrá usted el paradero de nuestro querido príncipe de las pociones?-Ginny bajó la mirada al suelo.

-Lamento decepcionarlo pero no, hace más de 6 meses que no nos vemos. Como usted podrá imaginar me encantaría saber algo sobre él, pero no es así, lo siento.

-Una pena, una pena sin duda, un muchacho talentoso, él y la señorita Granger tenían muchas posibilidades de convertirse en dos prominentes miembros del Club, que pena, que pena. Bien, saludos a su hermano Reginald.- dieciendo esto, el profesor se marchό.

-¿Qué clase de amiga eres? ¿Por qué no me habías contado de esa carta?-pregunté exaltada.

-No te había contado porque estabas muy ocupada llorando hasta quedarte seca. Por eso no te había podido contar.- inmediatamente bajé mi mirada al plato.

-Lo siento. -dije en susurro para que solo ella me escuchara.

-Acepto tus disculpas si me prometes que vas a hacer un intento por ir a las reuniones del E.D.- yo asentí y fingí una sonrisa alegre.

Luego de terminar de comer, me levanté de la mesa con Ginny detrás. Ginny se despidiό de mi con un leve movimiento de mano y se dirigiό hacia las mazmorras para su primera clase del día. Yo me dirigí hacia las escaleras para ir hacia el salόn de clases correspondiente. Arrastré los pies tratando de demorarme lo más posible en entrar al aula de Estudios Muggle, una verdadera tortura para aquellos que apreciamos a los muggles.
De forma mecánica ocupé mi lugar en uno de los pupitres más alejados del frente. Saqué mi libro de texto y me propuse a hacer oídos sordos a todo lo que fuera a ser pronunciado esa mañana por la querida "profesora". De no ser porque ahora la materia era obligatoria con gusto habría dejado de asistir, pero no tenía opción. Neville se sentό junto a mi y me sonriό con sinceridad. Sacό un pedazo de pergamino y comenzό a escribir en él. Luego de terminar me lo pasό sin que nadie se diera cuenta.

"Ginny me contό que decidiste volver al país de los vivos".

Reí disimuladamente y tome la pluma para redactar mi respuesta.

"Algo así Neville. Aunque creo que no he vuelto por completo."

Neville negό frustrado y me arrebatό la pluma. Tomό un poco de tinta del tintero y comenzό a escribir con expresiόn enojada, o mejor dicho, decepcionada.

"Siempre te he admirado Isabella. Has pasado por mucho en tu corta vida, pero siempre has buscado la manera de reponerte y seguir adelante. La Isabella que veo ahora no es ni la sombra de la que eras antes. No tengo ni la más remota idea de lo que te ocurre, pero lo que sí sé es que este no es el momento para rendirte. Necesitamos a la Isabella decidida y con mente fría, necesitamos a la Isabella que lo arriesgaba todo por demostrarle a Snape, los Carrows y Voldemort que ellos no tenían el poder de gobernarnos. ¿Dόnde esta esa Isabella? ¡El ED la necesita y eso es ya!"

Al terminar de leer, mis ojos se cristalizaron por culpa de las lágrimas que querían salir. Iba a tomar la pluma para contestarle que tenía toda la razόn pero la entrada de la profesora impidiό que pudiera hacerlo.

-Buenos días jóvenes - dijo Alecto Carrow con su horrible voz, muy pocos contestaron y casi todos ellos con muy poco interés -. El día de hoy vamos a continuar hablando sobre la triste historia y las repugnantes costumbres de los muggles. Como ya hemos dicho los muggles apenas pueden considerarse seres humanos, de hecho hay algunos eminentes magos, entre los que me incluyo, que consideran que en realidad se trata de una especie diferente. Es por eso que no podemos consentir el tener el menor contacto con ellos. La clase anterior hablamos de las crueles persecuciones que esos semi-humanos organizaron en el pasado en contra de inocente magos y brujas. Lo que no aclaramos era que no se trataba, como han intentado hacernos creer, de incidentes aislados organizados por turbas de ignorantes embrutecidos y es que, afrontémoslo, los muggles son sanguinarios, brutos, ignorantes y viles, todos ellos hombres mujeres y niños por igual.

Todos en el aula mantuvimos silencio. Miré alrededor del aula, Edward había llegado y ni cuenta me había dado, estaba sentado solo en uno de los escritorios cercanos a la puerta, Jasper se encontraba sentado con Alice y Emmett con Rosalie. Giré mi mirada hacia el frente al ver que Alecto se movía por los asientos de los demás estudiantes.

-Lo más triste es que desde el pasado remoto ha habido familias mágicas que de forma voluntaria y hasta entusiasta han ayudado a los muggles y a los nacidos muggles en sus perversos planes en detrimento de los intereses de su propia gente. - mantuve los ojos clavados en el pedazo de pergamino, entendía perfectamente cuales eran sus intenciones, hacer enojar a Neville y a mi. Alecto se acercó hasta pararse delante del pupitre que compartíamos con Neville y continuó con su discurso.

-Así es jóvenes estos "traidores de la sangre", como con justa razón se les conoce, son hoy día una de nuestras principales amenazas. Se trata de gente impía, miserable y manipuladora que, como verdaderos "judas", son capaces de vender a su gente y ¿por qué?, solo por un poco de reconocimiento público - eso ya era suficiente levanté la vista y clavé mis ojos cafés en los diminutos ojos negros de esa horrible mujer, sentí como mi pulso se aceleraba y el calor que sentía en mi rostro me decía que debía estar roja de furia. - ¿Acaso no están de acuerdo conmigo señor Longbottom, señorita Swan, en que los traidores de la sangre se merecen el mismo destino que los muggles y los mestizos, que deberían de ser condenados a la servidumbre, reducidos a la indigencia como si de elfos domésticos se tratará?-

Sin saber bien como me puse de pie de golpe.

-¡Basta! - exclamé en voz tan alta que resonó en las paredes del salón.

-¿Qué haz dicho? - replicó Alecto indignada - Pequeña traidora...

-Si, mi familia es amiga de muggles y de mestizos, porque a diferencia de ustedes somos seres humanos y nos interesan las personas por sus sentimientos, no por el estatus de su sangre.- grité sin contenerme.

-¿Te atreves a desafiarme, basura?.- preguntό esta enojada.

-Por supuesto que si pequeña mujer hipócrita y solo para que quede claro, sí tengo amigos muggles y mestizos, y eso no me hace ni menos humana ni menos capaz de manejar mis habilidades mágicas.- Alecto bufό con rabia.

-!Suficiente¡-gritό la mujer a pocos centimetros de mi rostro.- La clase ha terminado, ahora la señorita Swan recibirá una lección de lo que se merecen todos los traidores de la sangre como ella.- dijo Alecto mientras me sujetaba del brazo y me tiraba hacia la salida del aula ante la perpleja mirada del resto de la clase.

Minutos más tarde me encontraba sentada en un incómodo banco de madera de una de las mazmorras con las muñecas atadas a mi espalda, el lugar olía a humedad y estaba apenas iluminado por unas cuantas antorchas distribuidas por las paredes. Tenía miedo pero no estaba dispuesta a demostrárselo ni a Alecto ni a su hermano Amycus que había descendido hasta el lugar para unirse a su hermana.

-¿Estás segura de esto? - preguntό Amycus con nerviosismo.

-La señorita Swan tiene una lengua demasiado larga. - dijo la bruja - Necesita aprender a guardar silencio y necesita aprender que no puede ser simpatizante de muggles sin recibir un castigo. - Alecto sonriό con sorna hacia mi.

-Pero conoces las ordenes.-dijo su hermano con voz temblorosa.

-No te preocupes, hay muchas maneras de disciplinar a un alumno rebelde sin necesidad de hacer brotar sangre.-temblé de miedo al detectar el odio y la sed de venganza que matizaban la voz de esa mujer.-¿Ves esto princesita? - dijo mostrándome un desagradable frasco de vidrio oscurecido que tenía en la mano -. Es increíble lo adelantados que están los brujos brasileños en su capacidad de crear pociones inductoras del dolor.-

Me aferré con fuerza a la silla, tenía que ser valiente, no podía darles la satisfacción de que me vieran rogar, pero tenía tanto miedo. Alecto me tomó por el cabello y me obligó a levantar mi rostro, comencé a forcejear, pero al resistirme soló conseguí que se enojara más.

-Imperio - dijo la bruja con firmeza - Ahora bébela.

Hice todo lo que pude por oponerme, mi mano intentaba desesperadamente levantarse y tomar el frasco de la poción, pero mi cerebro se oponía, como todo el mundo mágico sabía la maldición Imperius no era infalible, había personas (especialmente aquellas de carácter firme) que podía ofrecer diferentes grados de oposición y yo sabía que podía ser uno de esos casos. Era la mi primera vez que enfrentaba semejante prueba, mi mano derecha ya casi estaba a la altura requerida, yo temblaba descontroladamente, mi mente estaba perdiendo la batalla. Densas lágrimas de coraje, dolor y odio comenzaron a correr por mis mejillas pero yo no estaba dispuesta a ceder fácilmente, un intenso grito de dolor salió de mi boca cuando con todas mis energías logré bajar el brazo. Alecto Carrow lucía desconcertada, al parecer era incapaz de creer que una chica, aparentemente tan frágil como yo, fuera capaz de resistirse a la maldición Imperius, la mujer levantό su brazo y lo prόximo que sentí fue un gran ardor en mi mejilla izquierda, ella levantό de nueva cuenta su varita. Estaba por lanzar otra vez la maldición imperdonable cuando la puerta del calabozo se abrió de golpe.

-Severus - dijo Amycus con miedo en su tono de voz.

-¿Podrían decirme exactamente que es lo que están haciendo? - preguntό Snape con firmeza.

-Disciplina - dijo Alecto - esta traidora de la sangre...

-Y se puede saber ¿por qué han desobedecido mis instrucciones?, creí que había dejado bastante claro que ningún alumno de sangre limpia podía ser torturado. ¿O acaso es que desean que informe al ministro y sea Él quien tome cartas en este asunto?-

Los dos hermanos se miraron sorprendidos, no podía creer lo que escuchaba. Amycus parecía aterrado pero Alecto lucía furiosa.

-Sabes Severus, me he percatado que esta es la tercera vez que intercedes por esta mocosa, ¿no será que tienes algún tipo de "interés personal" con ella?- sentí como mi estόmago se revolvía en mi interior. Esa suposiciόn era peor que mil cruciatus juntos.-Es decir, es muy bonita para ser una traidora de la sangre, y no sé porque pero creo que su actitud me recuerda a alguien que conocí hace mucho tiempo.-Snape se envaró lanzándole una particularmente fría mirada a Alecto, miré a Snape directamente a los ojos, si eso era verdad prefería que los Carrow siguieran torturándome..

-Estoy empezando a perder la paciencia con ustedes - dijo Snape con su típico tono controlado pero con un dejo de furia. - Esta es la última vez que soporto una de tus insolencias.-dijo Snape mientras que levantaba su dedo índice y apuntaba a Alecto.- Amycus ahora mismo llevarás a la señorita Swan a la enfermería mientras tu hermana y yo tenemos una plática sobre el respeto a las jerarquías y el interés que tiene el ministro en preservar la sangre mágica a toda costa.-

Snape palmeaba su varita debajo de su túnica, de modo que no ninguno de los dos mortífagos se atrevieron a cuestionar la instrucción recibida, Amycus se acercό a mi rápidamente y desató la cuerdas que me mantenían sujetada, me intenté levantar pero me sentía muy débil y caí de rodillas al húmedo suelo, Snape se acercό a mi y me levantό con sutileza y me llevó hasta la puerta con extrema gentileza. Por un segundo miré los fríos ojos de Snape, pero contrario a lo que había pensado, no encontré ni odio, ni coraje, ni ninguna emoción negativa en esa mirada impasible, no podía saber que era lo que motivaba a Snape a interceder por mi, pero sin duda, no era aquello que Alecto había insinuado. Amycus me hizo señas para que saliera, al salir del calabozo me negue a apoyarme en el mortífago, Amycus me acompañó por el pasillo mientras detrás de la puerta, de forma cada vez más lejana, se escuchaba la voz de Snape desatando su furia contra Alecto Carrow.

-¡Debes descansar muchachita!- repitiό por tercera vez la Sra. Pomfrey desde que había llegado a la enfermería.

-Me siento mejor Sra. Pomfrey, ¿me puedo marchar?-la enfermera negό.

-Tengo ordenes estrictas del director de dejarla aquí hasta mañana…-

-¿¡Hasta mañana!-pregunté exaltada.- Pero…-

-No hay peros señorita Swan. Ahora, descansa.- la Sra. Pomfrey se alejό de mi cama y entrό a su despacho.

Yo me giré hacia el otro lado de la cama rendida. La verdad era que me sentía rendida mentalmente. La maldiciόn Imperius había sido una experiencia escalofriante, no producía dolor físico y mucho menos dolor mental, el problema de ella era que te hacía sentir impotente al no poder detenerte y hacer lo que tu oponente quería. Aún estaba sorprendida por haber sido capaz de oponerme a tan fuerte maldiciόn.

-Te lo dije Emmett, está dormida.- la dulce voz de Alice inhundό mis oídos.- Debemos venir en otro momento.-me giré inmediatamente y me tope con Alice, Emmett, Jasper y Rosalie de pie, cerca de mi cama.

-No estoy dormida…-dije en voz baja sabiendo que ellos me escucharían. Alice sonriό ampliamente, apareciό junto a mi cama y me diό un fuerte abrazo.

-¿Estas bien? Tuve una visiόn luego de que salieras del aula. No entendí bien lo que ocurriό. ¿Te hicieron algo los muy malditos?-

-No lograron hacerme nada…-

-Pero, ¿qué es esa marca que tienes en el rostro?- preguntό, para sorpresa mía, Rosalie, yo la miré confundida. Alice sacό su espejo del bolsillo de su uniforme y me lo tendiό. Se me había olvidado por completo el golpe que Alecto me había propinado. Mi mejilla izquierda aún estaba roja por el impacto y tenía una leve marca que quizás mañana, se pondría más oscura.

-Alecto…-dije en susurro.

-Entonces si te hicieron algo. Creí que Edward llegaría a tiempo con el profesor Snape…-dijo Alice algo exaltada.
-Snape llegό a tiempo, es solo que trataron de hacerme daño antes y logré oponerme.- Emmett se recostό a mi lado y comenzό a peinar mis rizos.

-¿Sabes que Edward está furioso contigo?- me soltό Jasper de repente.

-Creo que sí…- dije en tono resignado.

-Es algo tonto, ya que has demostrado que puedes defenderte sola, pero el sigue con esa enfermiza idea de que todo lo malo que te ocurra es por su culpa. Incluso se culpa por el incidente que tuviste con Carrow. Dice que si te hubiese detenido a tiempo nada de esto hubiese ocurrido.- yo negué.- Además, piensa que eres bipolar…- yo comencé a reír.

-Creo que lo soy Jasper…-

-No lo eres, conozco tus emociones y sentimientos… te sientes traicionada por él.- yo mire algo enojada al vampiro por poner en evidencia mi sentir.- Lo que no entiendo es el porqué.-

-Soy humana Jasper… es lo único que te puedo decir.-Jasper suspirό resignado.

-Es verdad… y aunque no lo creas, el también lo es, a pesar de ser un vampiro. Si en realidad lo quieres, lucha por él…- todos los Cullen asintieron ante la revelaciόn de Jasper.

¿Luchar por él? Era fácil para ellos decirlo cuando ellos no sabían que mi propia rival era yo misma.

- Él la quiere…- hablό Rosalie con voz segura.- Eso a ti te hace daño. Pero si Edward se está enamorando de otra persona, la única culpable eres tú.- miré sorprendida a Rose.- No me mires con esa cara Bella, jugaste a que te olvidaran y bien sabías que el que juega a que lo olviden, se arriesga a ser olvidado. ¡Abre los ojos ! Si en realidad lo quieres, lucha por él, estas a tiempo. Porque a pesar de que mi hermano apenas conoce a esa chica yo puedo ver que es la indicada para curar las heridas en el corazόn de Edward.-

-Rose…-hablό Emmett tratando de tranquilizar a su esposa.

-No Emmett, Bella tiene que entender, si ella no tiene las fuerzas de luchar por Edward, Isabella Potter tiene lo que a ella le falta.- estaba sorprendida de que Rosalie defendiera a Isabella Potter. ¿Qué tenía ella que Isabella Swan no tenía?

-¿La prefieres a ella?-pregunté fingiendo enojo.

-Con toda mi sinceridad, y espero que después de que te diga esto no me odies más, la prefiero más a ella que a ti. Por eso te suplico Bella, o luchas por mi hermano o lo dejas en paz. Tú decides.- yo asentí sorprendida.

-Aprecio tu sinceridad Rose… y aprecio que te preocupes por Edward. Por esa misma razόn ya he tomado mi decisiόn.- los 4 vampiros me miraron expectantes.- No lucharé por Edward…- los hermanos Cullen asintieron. Yo, como Isabella Potter sería quien lucharía por borrar de la mente de Edward cualquier pensamiento de Bella Swan.


Holaa!

Lo se, no tengo perdon de Dios ni de Edward =/

Lamento mucho no haber actualizado antes pero estoy con un SERIO bloqueo =$ Este capitulo lo tenia preparado hace tiempo pero a mi no me gusta darle el capitulo a mi Beta Reader sin tener uno de reserva, cuando ya tengo uno de reserva entonces le doy el capitulo para que lo corrija.. en estos momentos estoy sin ninguna reserva asi que puede que me tarde en publicar!

Espero me puedan perdonar!

att: Debbie