Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
Autora: Mangetsu Miru-Chan
Parejas: UsaxInglaterra, FranciaxCanada (Principales) FranciaxInglaterra (Ligera) etc.
Advertencias: Creo que nada. En el proximo si -.-

Disfrutenlo! Bye~


Hall de los Sueños Rotos
Capitulo 2: ''Soy Arthur, ¿Y tu?''

Alfred POV'

Ni siquiera llevo media hora aquí y ya quiero irme.

No entiendo porque me trasladan a una salita de espera perdida en el más recóndito lugar de Estados Unidos, teniendo hospitales y sanatorios mejor que esta cosa. Encima tengo un medico francés pervertido que ¡Encima! Cuidara de mi hermano mientras yo, el héroe, este en este lugar.

A veces no se si es Dios, o una fuerza alienígena, que esta muy, pero muy en contra mía.

-¿En que piensas, mon amie? –Me pregunta ese francés en ese idioma inentendible.-

-En nada, en lo fea que es tu cara. –pienso y miento al mismo tiempo, solo un héroe puede hacer eso, haha~ -

Seguimos caminando por el lugar. Mi habitación estaba en el ala Oeste, supuestamente el Ala Oeste es donde están los enfermos que no son terminales, pobres los de la Este, pero bueno, la vida sigue, ¿No?

A veces pienso que soy muy egoísta, pero eso no afecta al momento, sigamos…

Llegamos al Hall principal, Francis me hizo una seña para que esperara parado en medio del lugar mientras el hablaba con la recepcionista. Apuesto a que iría a coquetearle. En fin, mire por inercia un corredor que daba a la izquierda de donde estaba, no se porque, sentí que mi cabeza trabajaba sola para memorizar ese camino. Sentía que allí había algo, algo que no sabia que era, pero sin duda quería conocer.

Estaba tan sumergido en mis pensamientos, que no note cuando Francis me toco el hombro. Salte del susto.

-¡Ah! –grite, todos me miraron, unos con odio, otros con una mirada agotada, y la mayoría, con una mirada curiosa.- ¡Casi me matas del susto, fucking French! –

-Cuidado el vocabulario, estas en un lugar publico. –Ni siquiera se inmuta por mi insulto, algo extraño viniendo de él. Al parecer si es verdad eso de que se pone mas serio cuando esta en su hospital.- Apresúrate, vamos a tu habitación.

Seguimos por el corredor de la derecha, o sea el que no estaba mirando.

Caminamos en línea recta por el pasillo, mire por la ventana que tenía a un lado, estábamos a gran altura. Quizá en el 3º o 5º piso. Me choque con la espalda de Francis por andar distraído.

-Ten mas cuidado. –me dice, abriendo la puerta de mi supuesto cuarto.- Anda, entra. –me invita a pasar.-

Entre al cuarto, había dos camas, quizá tenga un compañero. ¡Genial! Podre conversar con alguien hasta que venga mi hermano, aunque conociéndome terminare prestándole mas atención al enfermero que a mi propio hermano.

Me sumerjo en la habitación, mi cama era la de la ventana, ¡Que bueno! Encima tenia vista a la otra Ala del hospital. Miro por el vidrio eso mismo, se veía desolada. Divise unas camillas en el Ala Este y enfermeros que iban y venían.

-El Hall de los Sueños Rotos… -susurra Francis a mi espalda.-

-¿Eh? –

-Así es como llaman al Ala Este los del pueblo. Aquí, Alfred, han muerto muchas personas, como debes pensar. Pero… esa es, precisamente, la diferencia entre el Ala Oeste y el Ala Este. –me explicaba.-

-No entiendo… -en serio, no entendía a donde quería llegar.- Solo se que ahí están los enfermos complicados y terminales.

-No te equivocas. Pero, ahí no solo están los complicados y terminales, mon cher, -Francis se pone junto a mi en la ventana, mirando al final del corredor de la otra Ala.- Ahí están las personas que jamás, pero jamás van a recuperarse, las personas que no tienen nada, ni siquiera sueños o esperanzas sobre una nueva vida del otro lado de estas paredes. Nuestra misión con ellos, es diferente a la que tenemos contigo o los otros residentes del Ala Oeste, nuestra misión con el Hall es… darles una vida más o menos apetecible antes de su final. –

Sinceramente me dejo sin habla. ¿Tan complicado era eso que tenían esos pacientes? Pobres… me arrepiento de haber pensado tan egoístamente al principio.

-¿Una vida… agradable? –Le miro a los ojos, sus orbes azules estaban fijos en una habitación en particular, lo pude notar.-

-Si, quiero verle sonreír, antes de que se marche de aquí. -¿Estaba hablando de alguien?-

-¿A quien quieres ver sonreír? –le pregunto.-

-A nadie, solo eran… comentarios al aire, olvídalo. –Me hace un ademan con la mano, recuperando su usual tono fanfarrón, según yo.- Bueno, dentro de un rato vendrán a hacerte unos retoques a tu ficha, contesta bien y mañana empezaremos con los estudios, ¿Te parece? –

-¿Qué~? ¡¿Tan pronto? -¡Mierda! No me dejan ni respirar.-

-Si, quiero que te recuperes rapidito. Así vuelves a casa con Matthew y tus papas, en si, según el pronóstico que nos dieron de ti en el otro hospital, tu estado es mucho mejor que el de cualquiera. –Exagera, seguro, porque aun me duele mucho el hígado.-

-Bueno… -

-¡Ah, si! Mañana también llega otro chico desde Lituania, así que llévate bien con el, por favor. –me pide, mientras se va yendo.-

Genial, encima tengo que quedarme callado hasta mañana. ¿Es que acaso algo puede irme peor?

Fin del Alfred POV'

X~x~x~x~x~x~x~x

-¡Doctor, doctor! –gritan.-

-¿Huh? –Francis, al sentir su nombre, voltea la cabeza, encontrándose con Elizabetha, la enfermera de Alfred.- ¿Qué ocurre, Elizabetha? –le pregunta a la castaña.-

-Vera, el paciente de la 202 dice que necesita un cambio de infusión de sangre, porque se siente mareado, pero la ultima infusión fue hace solo un día. Y el de la 125 se esta quejando de que nadie ah ido a revisarlo, ya sabe, es el de problemas renales. –explica, bastante apurada.-

-Ve con Natasha y dile que mande a Roderich a ver al de la 125. Y manda a Yekaterina a que atienda el problema con el de la 202. Y tu, ve con Alfred, en la 136. –Manda el francés, retomando su camino.-

-Okey. En seguida me encargo. –Dice con entusiasmo la enfermera de procedencia húngara.-

Francis, por su parte, se dirige al Ala Este, se conocía todo el hospital, pero en especial ese camino. Iría a ver a su ''consentido'', como le decía a Arthur, ese chico era insoportable cuando quería, pero debía admitir que algo en él tenia atrapado al doctor.

Quizá es por su lamentable historia… -piensa.-

Cuando estuvo finalmente frente a esta. Ni siquiera se molesto en tocar, entro como si nada y vio al chico mirando por la ventana, sus ojos usualmente alertas y precavidos, brillaban con algo que Bonnefoy capto al vuelo. Nostalgia. Sus ojos brillaban de ese sentimiento que creía que el chico desconocía.

-Bonjour~ -Saluda el europeo, fingiendo una sonrisa.-

-Ah, hola, tiempo sin verte. –Contesta el menor, sin dirigirle la mirada.-

¿Qué clase de respuesta es esa? –Francis se traga las palabras hirientes que le iba a dirigir al chico que tenia a su cuidado.- ¿Toño cuido bien de ti mientras no estaba? –Como si hubiese sido mucho tiempo el que se había ido…-

-Si, me divierte estar con Antonio. Pero es muy irritante. –seguía sin mirarlo.-

-Mmm, si, es medio insoportable, pero a que es muy amigable, ¿No? Podrían ser buenos amigos. –Canturrea el francés al otro chico, que ahora lo mira con extrañeza.- ¿Por qué esa mirada rara, mon amour? –

-¿Amigos? ¿Antonio y yo? –la simpleza de su voz, lo apagadas y sin vida que eran sus palabras, sin duda no era un buen síntoma.-

-¿Pasa algo que no sepa, Arthur? –Francis corta el pequeño silencio que había, acercándose al otro rubio para mirarle a los ojos.-

-Yo… yo no necesito amigos, Francis. –susurra muy bajo, pero el otro lo puede escuchar.-

-Todos necesitamos a alguien, cheri. Yo, Antonio, tu… ¡Hasta los mismos animales necesitan compañía! –Alega con un exagerado gesto de brazos.-

-Nunca eh tenido una mascota, nunca eh ido a una escuela, todo lo que se lo se por mis libros, por los que tu me traes. Por una vez, solo por una vez, quisiera… quisiera saber lo que se siente ser normal. –Sus palabras se vuelven cada vez mas apagadas, a medida que va hablando. Francis se queda mudo, nunca espero algo así.- Pero mi maldita enfermedad no me va a dejar, ¿Verdad? –

Si antes había perdido el habla, ahora, Bonnefoy, había perdido el alma ante ese comentario tan… tan carente de sentido, si, sentido tenía, claro, pero la forma en la que la expreso no tenia sentido, la ironía negra que expresaba Arthur en cada una de sus palabras.

-No digas eso, ya veras que todo saldrá bien. –Francis acaricia el corto cabello del joven, su usual cara pervertida cambia a una 'paternal', por así decirlo.- Yo no dejare que te sientas así. Voy a salvarte, lo prometí… -mientras se dejaba convencer por sus propios pensamientos, Arthur se inclina para apoyar su cabeza en el pecho del francés, el cual por inercia lo abraza.-

Y mientras ambos chicos, doctor y paciente, se sumergían en pensamientos de distinta índole otra persona… estaba ocupada en otra cosa.

Alfred estaba tendido sobre su cama, jugando con su PSP. Su cara era de total desconsuelo y aburrimiento. Había intentado de todo para no fastidiarse el mismo, pero nada consiguió, solo logro aburrirse más de lo que ya estaba, si es que eso era posible.

-Estoy aburrido~ -dice, para extenderse sobre todo el colchón.- ¡Matthew, ¿Dónde estas? –piensa abatido, llamando a su gemelo, con lo que Alfred llamaba 'poder mental', no funciono, claro.-

Se fijo la hora en su fiel reloj de mano. Eran apenas las ocho de la noche, no había hecho nada productivo en todo el día. Bueno, como si pudieras hacer mucho en un hospital perdido en medio de la nada.

Alfred recordó los días que pasaba en Beverly Hills antes de contraer la Hepatitis. Solía ser el mejor deportista de su escuela, era sobretodo bueno en Atletismo y Baloncesto, sus deportes favoritos. También era uno de los más activos estudiantes. Pertenecía al club de cine, era el favorito de sus profesores (por su carácter, no por sus notas) y sin contar la fama que tenía con las mujeres. ¡Por Dios! Si era todo un Don Juan, hasta sus compañeros venían a pedirle consejo a él sobre la chica que les gustaba… era todo un héroe.

-Ojala puedan venir a visitarme. Extraño mucho a mis compañeros, en especial a Kiku. Como me divertía con ese tipo, por Dios. –Al recordar a su amigo japonés, su mirada cambia a una mas o menos alegre.- Quisiera que viniera… junto a los otros.

Alfred empezó a recordar la cara de sus amigos allá en pleno centro de su país. No solo tenia a Kiku, tenia a su hermano mayor Yao y al (espeluznante) novio ruso del chico: Iván, admitía que son ese chico su trato era extraño, parecían enemigos desde años (y es porque Iván y el competían en muchas actividades escolares), también estaban los hermanos alemanes Ludwig y Gilbert, ¡Por Dios! Como se divertía con esos chicos… Gilbert y su manía de 'soy mas awesome que tu', era graciosa, fastidiosa, pero graciosa al fin, y su hermano Ludwig era un santo bajado desde el mas puro cielo, siempre le pasaba las tareas que no copiaba por quedarse dormido o por jugar con su móvil o con su PSP en medio de la clase, si eso no es un santo, ¿Qué es entonces?

-¿Hola? –Alguien interrumpe los pensamientos del joven americano, el cual deja sus recuerdos a un lado para prestarle atención a la enfermera.-

-Hola. –contesta Alfred, con tono apagado, pero amable.-

-El doctor Bonnefoy me dijo que debía hacerte unos retoques en la ficha. Para mañana proceder con los estudios. –Dice con una amable sonrisa la chica.- Por cierto, señor Jones, soy Elizabetha Héderváry. –La chica se acerca al rubio, con una sonrisa pintada en los labios.-

-Ehm, dígame Alfred, por favor. –Al ser tratado de ''señor'' le hizo sentir medio viejo, pero no dijo nada.-

Elizabetha suelta una carcajada y asiente.

-¡Claro! Pero trata de no tratarme de usted, por favor. –

Ambos empezaron a conversar, mientras Elizabetha tomaba apuntes sobre el estado de su paciente. Alfred contestaba por 'si' o 'no', y contaba historias absurdas, a lo cual la chica se reía. Elizabetha le conto que era todo un consentido en el hospital, porque el doctor le había reservado una habitación con buena vista y accesible. Que buena que era su mama al tener un amigo como ese.

-Bueno, Alfred. Nos vemos mañana, que tenga buena noche. –

Dicho esto, la enfermera desaparece por la puerta. Y Alfred al ver que hora era, decide dormir en su litera, mañana seria otro día…

-¡Uff! Al fin termine, que jornada mas dura. –dice la enfermara húngara, sentándose muy cómodamente en una silla.- Encima hoy me toca la guardia. –Se estira para tratar de relajarse, sin conseguirlo al cien por ciento.-

-¡Eli~! –Se escucha una voz que la llama, la chica sonríe, eran sus compañeros de esa tortuosa noche.-

-Hola, Feli… -saluda al que la llamo, un chico de cabello castaño claro y un extraño rulo en la cabeza.- Y Lovino, por supuesto. –Dirige su mirada al chico que estaba más atrás de, era igual a Feliciano, solo que su cabello era más oscuro.-

-Hola. –Contesta secamente Lovino, yendo a sentarse a las oficinas detrás de la recepción, para organizar el itinerario de mañana.-

Esto, llamo la atención de la húngara, pues… Lovino jamás, pero JAMAS trabajaba con el papeleo. Dirigió su vista a Feliciano, que parecía reprochar a su hermano con la mirada, quizá por la forma en que trato a la enfermera.

-Eh, Feli… -La mujer llama al chico en un susurro, este se acerca como cómplice.- ¿Qué le pasa a tu hermano?

Para empezar, Feliciano y Lovino son procedentes de Italia, ambos muy amigos del doctor Bonnefoy (bueno, solo Feliciano, Lovino lo repudiaba) eran enfermeros al igual que Elizabetha, solo que ambos eran medios… inútiles en su trabajo. Lo que mantenía a Feliciano en ese establecimiento era, sin duda alguna, su alegría tan contagiosa y esas ganas de vivir que emanaba; su comportamiento infantil era una de las razones de las sonrisas de muchos pacientes, caso, rotundamente contrario a su hermano, que lo único que hacia era quejarse de todo lo que tenia para trabajar, etc. Nadie sabía que hacia Lovino ahí, pero el lo sabía muy bien, y esa razón, era el secretario de Francis: Antonio, pero eso jamás lo iba a admitir.

-Veras, nii-chan se peleo con Antonio-nii-chan hace un par de horas, creo que mi hermano se fue de la casa y ahora se quedara a dormir en la sala de descanso, le ofrecí venir a mi casa, pero no quiso. –explicaba el italiano de pelo claro, intentaba ser lo mas disimulado posible, pero Lovino pudo escucharlo.-

El italiano de pelo oscuro bajo la cabeza mientras un aura maligna lo rodeaba. Elizabetha fingió no haber escuchado y se dedico a sus papeles, mientras que Feliciano se preparaba para el griterío del siglo…

Al día siguiente.

Todo seguía su curso normal, por ahora no había pasado nada extraño.

En cuanto a Alfred, había llegado su compañero de Lituania, se llamaba Toris y tenia una ¿Novia? No, un momento, era un chico, si, un chico que mas que chico parecía una mujer, pero en fin. Su 'acompañante' no lo dejaba ni a Sol ni a sombra, se preocupaba mucho por su 'lo que sea' (parecían muy buenos amigos, pero Alfred sabia que eran otra cosa), el problema de su compañero era producto de un accidente de coche que tuvieron él y el chico que era polaco, ehm, ¡Feliks!, si, así se llamaba el tipo raro. Feliks no tuvo ningún problema, salvo unas heridas en los brazos y la cabeza, pero Toris se había roto una pierna y descubrieron un tumor en el costado derecho de la cadera, por suerte no era un tumor maligno, pero aun así Feliks se lamentaba no poder haber hecho nada por su querido.

Alfred y Toris se llevaban de maravilla, parecían amigos desde mucho antes. Compartían sus pertenencias, como comics o videojuegos (por parte de Alfred) y libros (por parte de Toris). Se llevaban bien.

Ya era de mediodía cuando Francis se apareció por la habitación de Alfred, este no lo recibió muy complacido, pues venían a buscarlo para hacerse unos estudios. Se fue bufando en su idioma.

Odiaba esos malditos estudios. Encima, con su enfermedad debería de privarse de muchas cosas que a él le gustaban, como sus amadas hamburguesas, podía comerlas, si, pero no mas de una (cosa que lo irritaba sobremanera), sus papas fritas, sus gaseosas, todo debería ser reducido a una sola porción, ¡¿Por qué no pudo agarrarle un brote de sarampión? por lo menos no tendría que sacrificar sus amados alimentos chatarra.

-Anda, cheri, no te preocupes, ya puedes volver a tu cuarto y mañana a primera hora te digo los resultados de tus análisis. –dice muy alegre el medico francés, a veces Alfred piensa que le divierte su situación.-

Bueno, ahora tenía toda la mañana libre y nadie había ido a buscarle. Se dirigió a su cuarto, pero no tenia ganas de ir, así que se dio un paseo por el hospital.

Salió al jardín trasero, que daba a su habitación, vio por la ventana a Feliks y lo saludo, pero esta ni atención le puso. En fin, volvió adentro de la instalación y subió unas escaleras… no reconoció el lugar donde estaba, genial, se había perdido.

-¿Dónde estoy? –Vio una luz al final del pasillo, debía haber una ventana cerca.-

Cuando llego a la ventana, se dio cuenta que estaba en el Ala Este, el área de los terminales. ¿Cómo había llegado ahí?

-Debo volver o me matan. –se dice a si mismo, tomando camino a lo que quizá llevaría a su cuarto.-

Camino, camino, doblo, camino, doblo, doblo, y nada… se había perdido. Encima estaba subiendo y bajando pisos por ese Ala. Culpo a su mal sentido de la orientación. Lo bueno es que estaba en el quinto piso, que era el suyo.

Encima no había nadie, era la hora de la siesta y descanso para los médicos y enfermeros residentes. Maldijo su suerte, como por enésima vez.

Llego a una habitación perdida en el fondo de los pasillos. Era la que mas aislada de todas las habitaciones. La puerta era como las demás, vieja y de madera, con varios motivos de metal en ella. Solo por curiosidad, tomo el pomo de la puerta para abrirla y preguntarle al paciente que allí estaba como hacia para llegar al Ala Oeste. Abrió con mesura la puerta, e intento llamar.

-¿Hola? ¿Hay alguien? –pregunta dudoso, quizá no tuvo que haber abierto así no mas, pero ya que.- Necesito ayuda, disculpe. –intentaba sonar normal, pero estaba nervioso.-

Al no ver a nadie, se impaciento. Se sumergió en el cuarto que obviamente estaba habitado por un alma desconocida y enferma. Había libros tirados sobre la cama, una chamarra verde colgada del poste de la cama y… nada más. Libros y más libros. ¿Qué tipo de persona estaba allí? ¿Un político quizá? ¿O un escritor? Vaya a saber…

-¡Ah! –Alguien grita.-

-¿Eh? –los labios de Alfred se fruncen del pánico al ver a la persona que estaba allí.-

¡Mierda! Este tipo es el de mi sueño…

Sus pensamientos no llegan a ser procesados, porque el chico que tenia enfrente le avienta una almohada (muy dura, por cierto) en medio de la cara.

-¡Vete! ¡Usurpador! ¡Francis, Francis, help me, bloddy frog! –Grita un poco nervioso el dueño de la habitación.-

-I'm sorry, me perdí y quería preguntarte donde estaba el Ala Oeste. –dice Alfred, sobándose la cara por el dolor.- Que tipo mas fuerte… -piensa, obviamente por la penosa situación en la que estaban.-

-¿Eh? ¿Ala Oeste? ¡Esta es la Este, idiot! –exclama Arthur, quizá, solo quizá, mas tranquilo.-

-Si, lo se, pero no se como volver a la otra, te estoy diciendo que me perdí. –Alfred se defiende, explicando nuevamente su situación.-

-Eh… que tipo mas raro, el haberse perdido en un hospital local. Sigue derecho por el corredor y cuando te choques con una pared, dobla a la izquierda y sigue unos cuantos pasos más y llegas al Hall principal. –Indica Arthur, que aunque nunca había salido de su habitación, se conocía el camino por los planos del lugar, que Francis le dio para que se entretenga un día.-

-Thanks you! –Alfred abraza al inglés, que solo se sonroja por ese acto tan extraño para el.-

-Ale-aléjate. –El otro rubio le empuja con fuerza para que el gran americano se le quite de encima.-

-Lo siento. –se disculpa, no muy convencido, el muchacho hepático.- Por cierto, no me presente… -a decir verdad no quería irse, algo le decía que tenia que quedarse, vaya a saber por cual motivo.- Soy Alfred Jones, ¿Y tu? –Se presenta, extendiendo una mano.-

Arthur lo mira con desconfianza, nunca, de lo que tenia de vida, había estado metido en una situación tal y como la que estaba viviendo. Pero, como había pasado con Alfred, el inglés sintió que podía confiar en ese raro chico. Apretó, con mesura y desconfianza, la mano del otro. E intento formar una sonrisa en sus rosados labios.

-Kirkland, soy Arthur Kirkland. –

Alfred, casi se desmaya a escuchar ese nombre, ¿Ese chico era… el de su sueño?


Mon amie:francés. Mi amigo, amigo mío.
Fucking French: inglés. Maldito francés.
Mon cher: francés. Mi querido.
Bonjour: francés. Hola.
Mon amour: francés. Mi amor, amor mío.
Cheri: francés. Querido.
Help me, Bloddy frog: inglés. Sálvame, maldita rana.
I'm sorry: inglés. Perdón.
Idiot: inglés. Idiota
Thanks you: inglés. Gracias.

Bueno, eh aqui el capi 2 =) Espero que les haya gustado, y ya saben, cualquier cosita, review~ Ciao!