Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es mía.

Espero que les guste.


Nunca fui como el resto, nunca actué como todos esperaban y jamás me avergoncé de ello.

Una lluvia torrencial caía sobre la ciudad y una amplia sonrisa marcaba mi rostro mientras caminaba por la calle dejando que el agua me mojara, haciéndome sentir que todas las impurezas y los malos pensamientos se iban con ella. Hoy había sido el último día de clases y estaba volviendo a casa cuando a lo lejos vi a algunos chicos que iban a mi curso. Me miraron desde el reparo de un paraguas, poniendo atención a mi ropa mojada y haciendo caras de asco, como si y tuviera lepra o algo así. Ellos ya sabían que yo no actuaba normalmente, pero eso no significaba que dejaran de creer que yo era un fenómeno de circo.

Diez minutos mas tarde llegué a casa donde me esperaba mi madre con expresión reprobatoria al notar mi estado deplorable, realmente parecía que me había metido a una pileta con la ropa puesta. Le sonreí con exageración y de forma angelical para que ella, como siempre, suspirara resignada sin decir nada más. Dejé mi mochila en la entrada ya que estaba goteando demasiada agua y subí las escaleras. No puse demasiado interesada mi ropa ya que no iba a salir y me fui a duchar antes de que mi madre me llamase para la cena.

Mientras me duchaba mi mente viajó a las increíbles vacaciones que tendría. No serían las típicas vacaciones con las cuales soñaba una chica de 17 años, pero para mi era lo mejor. Mañana iría a un torneo de gimnasia artística a seis horas de casa, donde estaría los dos meses de vacaciones y entrenaría todo el día para ganar la beca que otorgaban como primer puesto. Irían cientos de chicas que serían mis rivales, pero no me importaban, me había entrenado toda mi vida para esto y lograría mi sueño.

Cuando terminé de bañarme y vestirme, bajé a la cocina donde me esperaban mis padres y mi hermana para cenar. Me senté y respiré hondo a sabiendas de lo que sucedería mientras cenábamos. Sería un largo cuestionario que comenzaría con el típico...

- ¿estas segura? Porque si te arrepentís no pasa nada – la voz de mi madre me dio un poco de pena, pero a fin de cuentas me iría de casa en poco tiempo por lo que este sería una adaptación.

- claro mamá, vengo queriendo esto desde siempre – le aseguré y ella sonrió con tristeza.

- Entonces llévate todo lo necesario y acordate de tener siempre el celular prendido...

- por si tengo una emergencia, lo sé. Saben que no me voy a la guerra ¿verdad?

SI creí que ahí terminaba estaba muy equivocada, ya que pasaron a recordarme cada cosa que tenía que llevar en el bolso, que ya había armado, y tras uno que otro comentario de mi hermana Sophia como "¿puedo usar tus cosas?" o "que bueno que te vas todas las vacaciones", que fueron reprochados por mi padre, la conversación terminó junto con la cena.

Me fui a mi habitación y sin pensarlo demasiado me puse mi pijama que consistía en una calza corta que solía usar para practicar gimnasia y una remera que le había quitado a papá y me dormí, a sabiendas que mañana debía despertarme a las cinco de la mañana.

Cuando sonó el despertador me levanté de la cama como autómata y abrí mi ropero buscando lo único que había dejado fuera de la maleta para poder usar hoy. Era un pantalón marrón flojo estilo militar, una remera musculosa negra (estábamos en pleno verano) y unas zapatillas gastadas del mismo color. Mi pelo era un caso perdido por lo que hice lo de siempre, me lo até en una trenza cocida dejando a la visa lo único que me gustaba de mí, las pecas en mi nariz.

- ¡Nos vemos en la eliminatoria!

Eso fue lo último que escuché decir a mi madre antes de que el autobús avanzara. A penas dejaron de estar a la vista me puse los auriculares y me acomodé para dormir, ignorando olímpicamente a la chica rubia que tenía a mi lado. No planeaba hacerme amiga de ninguna en la competencia por lo que ¿para que intentar ser sociable? ¡Jamás lo fui! A los pocos minutos me quedé dormida profundamente escuchando una melodía de piano de debussí.

Estaba durmiendo cuando me despierto de golpe porque alguien me tapó la nariz y no pude respirar. Frente a mi, inclinada por sobre el respaldo de su asiento, estaba una chica de ojos dorados y pelo negro corto mirándome mientras sonreía. La rubia a mi costado rió cuando yo fruncí los ojos con enojo a la chica que me había despertado.

- hola – dijo simplemente, sin explicarme bien porque demonios me había despertado. Cuando a los pocos segundos no dijo más, decidí no gastar mi tiempo en ella y me moví a cerrar los ojos y seguir durmiendo pero la rubia me frenó.

- no te conviene, va a volver a hacerlo – suspiré sonoramente y miré a la rubia desconfiadamente.

- ¿la conoces? – ante mi pregunta se miraron entre ellas y luego a mi.

- si, somos amigas. Yo soy Alice y ella es Rose – explicó la de pelo negro que me había despertado - ¿cómo te llamas? – ignoré su pregunta.

- ¿amigas? ¿Y ambas son competidoras? – desde pequeña había participado en competencia y había aprendido por experiencia propia que dos chicas no podían ser amigas si participaban en el mismo torneo. Siempre terminaba en sabotaje.

- Lo sé, lo sé, es poco común – respondió con fastidio la rubia – pero ¿y qué? ¿Si nos llevamos bien afuera, por qué no también adentro? – parecía tan racional como lo decía que no supe que responderle.

- y bien ¿cómo te llamas? – insistió la tal Alice.

- Isabella – respondí resignada. No sabía como lidiar con este par de chicas tan anormales.

Después de eso no tuve otra opción más que apagar mi IPod y charlar con ellas. Alice me había adoptado como su amiga y al parecer no era algo en lo que yo tuviera voto. No es que me quejara, me caían bien, y mientras no revelara nada con lo que pudieran sabotearme, estaría bien juntarme con ellas.

Al parecer ambas chicas vivían en un pueblo a quince minutos de mi casa, por lo que me sorprendió no haberlas visto antes. Con el tiempo fui descubriendo sus personalidades... Alice era muy activa y no dejaba que te niegues a algo, incluso había logrado que acepte compartir habitación con ella (aunque realmente no ofrecí mucha resistencia ya que de todos modos debía compartir habitación con alguien); en cambio, Rose, era mas tranquila y fácil de estar cerca. Las únicas dos cosas importantes en su vida eran la gimnasia artística y la moda.

Nos hospedaríamos en un hotel no muy lujoso cerca del centro de la ciudad. Mi cuarto, el cual compartido, consistía en las tres camas, un armario compartido, un baño y una ventana la cual tenía la hermosa vista de una escalera de emergencias por la cual podía salir tranquilamente. El coordinador nos avisó que teníamos hasta las nueve de la noche para descansar o recorrer la ciudad pero que a esa hora debíamos estar de vuelta para la cena. Agradecida por la noticia tomé una campera de buzo que había traído y tras despedirme de las chicas fui a pasear, deseosa de estirar las piernas después de seis horas de viaje.

Me subí la capucha de la campera debido a que había refrescado y caminé por la calle prestando atención a las calles para no perderme, hasta que unas risas me distrajeron. En un lugar medio desierto, había unos cinco chicos andando en bicicleta y haciendo piruetas. Lentamente me acerqué a donde estaban ellos tratando de que no notaran mi presencia, porque a pesar de no tener un aspecto que diera miedo, podían molestarse porque una extraña los espiara. Cuando noté que había comenzado a oscurecer me giré para irme y me dí cuenta que uno de los chicos había estado atrás mío y me estaba mirando con el seño fruncido y los brazos cruzados.

- ¿disfrutaste el espectáculo? – preguntó mirándome atentamente. Me quedé impresionada por sus ojos verdes por lo que tarde en responder.

- Lo siento – murmuré de manera casi inaudible, pero no esperé a que averiguar si me había escuchado e intenté esquivarlo e irme pero él tomó mi brazo con fuerza.

- no te vas a ningún lado. Al resto le va a encantar escuchar que encontré un chico chismoso – murmuró con burla y cuando lo escuché dejé de forcejear y lo miré dudando hasta que comprendí. Me había llamado "chico" porque al ver mi ropa y mi rostro oculto por la capucha, era lo primero que alguien suponía.

- no soy ningún "chico" chismoso – dije con fuerza y él se quedó estático al escuchar mi vos para nada masculina y con poca delicadeza me quitó la capucha. Su cara era de puro asombro.

- este no es lugar para princesitas creídas – me dijo sonriéndome. ¡Demonios! Tenía una sonrisa hermosa que casi llegaba a opacar su idiotez.

- ¡que bueno!, porque no me caen bien – respondí con burla y aprovechando que me había soltado me fui antes de que reaccione y sólo atiné a escuchar su risa mientras me iba.

Debido a que estaba oscureciendo, las sombras de los edificios eran mas largas y todo tenía un color anaranjado. Cada vez había menos gente y la poca que había me miraba demasiado por lo que me volví a subir la capucha y avancé mas rápido, deseando llegar pronto al hotel. Seguro que Alice y Rose... Mis pensamientos fueron interrumpidos por varias risas y ruidos de bicicletas. Por unos segundos mi corazón se aceleró del miedo, pero cuando escuché el grito de esa vos que reconocía, mi corazón se aceleró por motivos distintos.

- ¡Hey! – El chico de ojos verdes de hace un rato me dio alcance rápido junto con sus amigos.

- ¿tanto lío para encontrar a este chico? – se quejó uno de sus amigos y yo sonreí de lado.

- no le digas chico que tiene carácter fuerte – le advirtió y al pasar cerca mío me quitó la capucha mientras reía – te estuve buscando niña, es peligroso que andes sola por la calle ¿viniste por el torneo no?

- no soy una niña y puedo cuidarme sola por lo que mejor vete a jugar a otro lado – el chico era lindo pero igualmente era un extraño.

- no seas así, somos como estrellas de rock acá, tendrías que adorarnos – dijo uno de sus amigos obviamente refiriéndose a sus habilidades en la bicicleta. Yo seguí caminando y lo miré de reojo. Era de piel oscura y de ojos negros profundos.

- ¿por qué? – Pregunté yo – los vi haciendo pruebas con sus triciclos y yo puedo hacer lo mismo pero sin la bicicleta – me mofé y varios rieron mientras murmuraban "triciclos" de manera incrédula.

- ¿segura? – volvió a hablar el chico de piel oscura.

- muy, pero ahora lo que me interesa no es deleitarlos con lo que es tener habilidad. Sólo quiero volver a mi hotel... – murmuré mirando a los costados – qué no sé donde está – reconocí. Ya hacía unos segundos lo había sospechado, pero ahora estaba oficialmente perdida con cuatro chicos que no sabían quienes eran.


¿qué les pareció?

Es sólo el principio y las cosas van a avanzar mucho. Pronto subo otro por lo que sigan leyendo y dejen reviews que quiero sus opiniones.

XOXO