Epilogo

Miroku frunció el entrecejo con perplejidad al leer el enigmático mensaje que llegó a Broddington una hora más tarde. Comprendió que todo se había resuelto y Kagome estaba en el lugar que le correspondía, junto a Inuyasha. No importaba que la nota de su hermano no especificara los detalles, pues éstos podían esperar. Lo que desconcertó a Miroku fue el extraño tono del mensaje, que, en cualquier caso, no era nada claro. Ansioso por descifrar el significado de las palabras de Inuyasha, Miroku siguió el consejo de su hermano y buscó enseguida a Sango.

—He recibido una carta de Inuyasha —anunció Miroku.

—Sí —La lacónica respuesta de Sango no evidenciaba sorpresa. Sin decir más, continuó arreglando el dormitorio de los duques.

Miroku se aclaró la voz, releyendo rápidamente los preliminares de la carta y centrándose en la curiosa sección que seguía.

—Inu escribe que «el pasado es irrevocable»-

Sango asintió con gravedad. —Su excelencia cita a sir Francis; una elección muy sabia.-

—Ah, comprendo —Miroku miró fijamente a la doncella— Bueno, Inu asegura que Kagome y él se encuentran bien y regresaran de Spraystone dentro de unos días.

—Cuatro días, para ser exactos; una decisión muy sensata. —Sango se irguió, inclinándose burlonamente hacia Miroku— ¿Cuál es su pregunta, señor?-

Miroku movió la cabeza, atónito, y volvió a la nota. —Inu añade que Shakespeare sabía lo que decía cuando escribió: «Ya no deseo una rosa en Navidad, ni nieve en el alegre renacer de mayo, sino que adoro todo lo que florece en su tiempo.» Concluye pidiéndome que te diga que tienes un gusto excelente y que «un hombre debe crear su oportunidad tan a menudo como encontrarla».-

—Otra vez sir Francis. —Sango dio unos golpecitos sobre el abultado libro que guardaba en el bolsillo de su delantal.

—¿Qué significa, Sango?—preguntó Miroku, que no comprendía nada.

La bella doncella sonrió y conecto sus miradas en un intenso lazo antes de contestar —Significa, señor, que usted y yo tenemos nuestro destino trazado.-

(…)

—¿Estás seguro de que Miroku y Sango saben que estamos bien? —preguntó Kagome, apoyando la barbilla sobre el pecho de su marido.

—Seguro. Les envié un mensaje antes de zarpar —Inuyasha cogió entre sus dedos un mechón del magnífico cabello de su esposa y acercó su cara a la de él— ¿Por qué? ¿Tantas ganas tienes de marcharte de Spraystone?-

—No —susurró Kagome junto a sus labios, sabiendo que su hogar estaba allí donde se hallase Inuyasha.

—¿Te he dado las gracias por mi sala de estar? —preguntó él con solemnidad.

—¿De verdad te gusta? —Kagome se liberó del abrazo de su marido, con los ojos radiantes de placer.

—Es cuanto deseabas que fuese y mucho más: un cariñoso homenaje a mi padre, un acogedor refugio y un magnífico testimonio del incomparable y precioso amor de mi esposa. — Inuyasha tomó la cara de Kagome entre las manos— Gracias, ángel de la niebla.-

Los ojos de Kagome se empañaron. —Yo también tengo que darte las gracias. Pese a la angustia que te han causado Naraku y Kikyo... —La emoción embargó a Kagome.

Inuyasha acarició el labio inferior de Kagome con el pulgar interrumpiendo antes de que pudiera continuar —Por lo que me has contado en el barco, tu hermana ha pagado amargamente por su crueldad. Mentiría si dijera que me siento capaz de perdonarla. Ni siquiera estoy seguro de que pueda compadecerme de ella —La expresión de Inuyasha se suavizó— Sin embargo, gracias a Kikyo ahora poseo el tesoro más precioso: tú.-

—Te amo —susurró Kagome.

—Lo sé y doy gracias a Dios por ello.-

—¿Inuyasha?-

—¿Hummm?-

—En cuanto a Naraku... —Kagome respiró profundamente— No espero que cambies tu opinión sobre él y respeto tus razones, tanto las que se derivan del pasado como las actuales. Pero él es un hombre digno de lástima. En el fondo sé que me quiere, aunque su amor es poco profundo y siempre ocupará un segundo lugar, después de sus nada honrosas prioridades. Y su enfermo amor por mi hermana, pero ahora que Kikyo fue internada se ah quedado solo y la prisión no es un lugar que deberia de soportar si ningun apoyo.-

—Es tu hermano. —Inuyasha, que había escuchado en silencio la explicación de Kagome, la hizo callar posando un dedo sobre sus labios— Por lo que a mí respecta, detesto a ese hombre, pero amo mucho a su hermanita, de manera que puedo permitirme ser magnánimo. Concédeme un poco de tiempo, ángel de la niebla. Después, si deseas verlo, yo no me opondré; pero jamás iras sola-

—Trato hecho. —Los ojos de Kagome resplandecían— ¿Lo ves? Te dije que eras un hombre maravilloso.-

—Y yo te dije que no soy un héroe.-

—Te equivocas.-

—Eres hermosa. —Sintiendo que de repente las palabras sobraban, Inuyasha hizo rodar a Kagome sobre su espalda y contempló sus profundos ojos chocolate— Te amo —dijo con un gran respeto— Aún no sé qué he hecho para merecerte, mi extraordinaria esposa, pero no estoy dispuesto a perderte.-

—Y yo no pienso darte nunca la oportunidad. —Kagome acarició los anchos y desnudos hombros de su marido y rodeó su cuello con los brazos— El destino quería unirnos. Sango lo supo desde el principio. Yo también debí haberlo intuido cuando me rescataste del laberinto de Covington.-

—¿Eso sucedió? —Inuyasha abrió los labios sobre los de Kagome mientras separaba, ansioso, las piernas de su esposa y se colocaba entre ellas— Es extraño, pero yo no lo recuerdo así. Yo te rescaté, sí, pero al final fuiste tú quien me salvó, aunque admito que mi pérdida aquella noche fue mucho mayor que la tuya.-

—¿Tu pérdida? —preguntó Kagome, jadeando, mientras abría su cuerpo para recibir la profunda invasión de Inuyasha— No te entiendo...-

Con una inmensa veneración, Inuyasha miró a su esposa, enterrándose en su acogedora tibieza en cuerpo y alma. —Aquella noche, amor mío, tú sólo te perdiste en el laberinto. En cambio yo perdí mi corazón.-

(…)

—¿Lamentas haber dejado Spraystone? —preguntó Inuyasha, descansando la barbilla sobre el sedoso cabello de Kagome mientras el carruaje se aproximaba a Broddington.

—Sí y no —respondió Kagome con sinceridad, tranquila y feliz entre los brazos de Inuyasha— Estos últimos días han sido el paraíso, pero añoro Broddington, a Sango y a Miroku... —Con una pesarosa sonrisa, añadió— Tu hermano debe de estar totalmente desconcertado, deambulando por la casa, esperando nuestro regreso.-

—Sospecho que Miroku se habrá mantenido ocupado.-

—Kagome no percibió el brillo que destelló en los ojos de Inuyasha, pues tenía la cara apoyada en el hombro de su marido— Además, ya le expliqué en mi carta cómo habían ido las cosas. Miroku no estará preocupado.-

—Sango tampoco. Estoy segura de que ella lo sabía todo incluso antes de recibir el mensaje.-

—Sin duda.-

Kagome inclinó la cabeza hacia atrás para contemplar a través de la ventanilla el cielo del atardecer. —Me pregunto dónde estará Odisea. Albergaba la esperanza de que nos visitara en Wight.-

Inuyasha sonrió. —Yo también. Debo agradecerle muchas cosas. Tu lechuza resultó ser una heroína.-

—Como te dije, se parece mucho a tí, Inuyasha; sin pretenderlo, es una gran campeona y una viajera solitaria que busca su camino.-

Inuyasha estrechó a su esposa. —Mis días de soledad han terminado. Ya he encontrado lo que buscaba.- emocionada y apegandose al cuerpo de su esposo Kagome sonrio ante dicha afirmación, ya que tenia un fuerte presentimiento que le indicaba que a Inuyasha tan sólo faltaba una cosa para que su felicidad fuera completa. Y si su instinto no le fallaba, como jamás lo habia hecho, estaba segura de que pronto, tal vez en unos días, podria darle la noticia que no haría más que completar dicha felicidad, llevandose sus manos discretamente a su vientre sonrio, sí estaba casi segura.

El crepúsculo había dado paso a la oscuridad cuando el carruaje cruzó la verja de hierro de Broddington. La mansión estaba tranquila, desprovista de actividad. Kagome frunció el entrecejo mientras Inuyasha, ajeno a los pensamientos de su mujer la ayudaba a bajar —Me pregunto dónde estará Myoga. No es propio de él desatender un mensaje. Les anunciaste cuándo regresábamos, ¿no?-

—Sí. —Rodeando la cintura de Kagome, Inuyasha la alejó de la puerta principal, guiándola hacia el camino que conducía a la parte lateral de la casa.

—¿Adonde vamos?-

—Ya lo verás.-

—Inuyasha, ¿qué diablos ocurre? —Kagome estaba totalmente desconcertada. Mientras que la casa parecía deshabitada, un intenso resplandor procedía del lugar al que se dirigían.

—Vamos, ángel de la niebla, no querrás que lleguemos tarde.-

—¿Tarde? ¿A qué? ¿Adónde me llevas? —Se interrumpió de repente y profirió un ahogado grito de asombro e incredulidad— Oh, Dios mío... —exclamó.

El invernadero se alzaba ante ellos, regio y majestuoso, con las puertas abiertas de par en par. En el centro del recinto había un enorme abeto, iluminado por cientos de velas diminutas, decorado con caramelos, frutas y adornos. El fulgor de las velas que se esparcía hasta los solitarios alrededores de Broddington inundaba el jardín con una luz dorada. De un extremo a otro de las paredes de cristal colgaban hermosas guirnaldas con hojas de laurel, lazos de papel de vivos colores y salpicadas con pequeñas coronas de hiedra y bayas. Delicados crisantemos y camelias habían sido dispuestos en cestos, y una enorme mesa, con un montón de regalos encima, esperaba junto a la pared del fondo y atraía a Kagome hacia ella. Y, sobre todo, estaban las queridas y felices caras de Miroku, Sango e incluso de Myoga, sonriendo a Kagome, compartiendo su regocijo con ojos rebosantes de amor. Era Navidad!

—Inuyasha, yo... —Las lágrimas fluyeron como un torrente por las mejillas de Kagome y le impidieron hablar.

—Ven, cariño. —Inuyasha la cogió de la mano para conducirla hasta aquel cuento de hadas hecho realidad— ¿No vas a abrir tus regalos?-

—¡Espera! —exclamó Miroku, señalando hacia el techo— Estáis debajo de una rama de muérdago.-

Con los ojos brillantes, Inuyasha rodeó a Kagome con sus brazos y la besó. —Feliz Navidad, ángel de la niebla —murmuró.

—Pero estamos en septiembre —susurró Kagome como en un sueño, incapaz de asimilar lo que Inuyasha había hecho por ella— Es demasiado pronto...-

—No, es tarde. —Inuyasha tomó su cara entre las manos— Hace casi toda una vida que no has disfrutado de unas Navidades. Creo que es justo que las celebres dos veces este año. Además... —La besó de nuevo, con dulzura— ¿No dijiste que querías pasar la Navidad en Spraystone? Así podremos gozar de estas fechas en nuestros dos hogares: el que yo construí, y el que tú has construido para mí.-

—Inuyasha...-

—Te amo, ángel de la niebla —dijo él— Te daría el mundo entero, te devolvería tu niñez... si pudiera.-

—Me lo has dado todo —murmuró Kagome con devoción. El amor resplandecía en su mirada— No puedo pedir más.-

Un agudo chillido procedente del cielo recordó a Kagome que estaba equivocada. Por encima de sus cabezas, anunciando su celebración y su milagroso amor, surgió el prodigio de la naturaleza; el mensajero que esta y el destino habían elegido para unir al duque y la duquesa de Broddington.

Y, como su amor, el ave se elevó en los cielos.

FIN


Al fin acabé!

No puedo creer que finalmente se terminara, hace demasiado que quería ver esto publicado y al fin esta realizado.

Muchisimas gracias a todos los que me leyeron, dejaran reviews o no. Espero disfrutaran tanto como yo llegar al final de esta linda historia que me tiene enamorada. Y espero que nos volvamos a encontrar por aquí porque seguiré publicando otras historias que tengo por ahí. Algunas son de Inuyasha pero creo que la proxima será de Candy Candy o de Sailor Moon, así que si son fanaticas de estas series espero que se pasen a leer y me dejen un comentario.

Nos vemos

CL