Hola, soy Mitsuki-Wing, y soy nueva tanto en escribir y subir historias en esta página como escribir un fic sobre Soul Eater. Sinceramente espero que guste, y les agradecería mucho que me dieran una oportunidad a mí y a mi historia. Sin más, ¡espero que disfruten leyendo! ¡Muchas gracias por pasarse a leer!^^

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SYNCHRONICITY

Capítulo I: Preludio. Bienvenida a Shibusen

Acababa de amanecer cuando me despertó el odioso sonido del despertador.

Intenté apagar ese molesto sonido sin querer salir de entre las sábanas, y lo único que conseguí es que se cayera de la mesilla de noche, y tal vez se rompiera. Bueno, al menos había parado de sonar.

Detesto madrugar.

No me apetecía para nada levantarme de la cama, y mucho menos para ir al colegio, pero, si no me levantaba ahora, lo que iba a conseguir es que papá subiera a ver si estaba despierta, y eso si que era algo que no me apetecía en absoluto.

Con gran fuerza de voluntad, me levanté de la cama y me estiré. Fui al baño a arreglarme, e intentar despertarme un poco a base de lavar varias veces mi cara con agua fría. No funcionó mucho.

Me miré en el espejo. Mis ojos verdes aún se veían somnolientos. Me peiné mi cabello color ceniza en dos coletas. Me quité el pijama y me puse algo de ropa para salir.

Hoy era mi primer día asistiendo al Shibusen, el colegio de élite de Death City. Mis padres habían estudiado allí, y esperaban que yo también lo hiciera a partir de hoy.

Bajé a desayunar. Me preparé un tazón con cereales, hoy no me apetecía liarme con la cocina, a parte de que de seguro, si me entretenía, papá aparecería y no me dejaría de molestar, como siempre.

Cuando terminé, recogí todo, y ya estaba preparada para irme cuando él apareció.

-Oh, Maka, ¿ya te vas?-bostezó. Acababa de levantarse.

-Sí, papá.

-Oh, mi Maka…-se le humedecieron los ojos.

"Oh, no, aquí viene", pensé en mi fuero interno.

-Mi Makita ya va a ir a estudiar a Shibusen-se echó a llorar de una manera que yo calificaría de graciosa-¡Pero qué mayor sea ha hecho mi niñita!

Me abrazó fuertemente.

-Spirit…me asfixias-no me gustaba cuando me abrazaba así, era molesto.

Se separó de mí.

-No, Maka, llámame papá-se señaló-Yo soy papá.

-Sí, sí, papá.

-Oh, qué orgulloso estoy de mi niñita-otra vez con esas estúpidas lágrimas-Tu madre también estaría orgullosa.

"Sí, lo estaría, de estar aquí".

Me puse las botas y cogí mi mochila.

-Me voy-anuncié.

-¿Quieres que te acompañe?

-¡No!-me apresuré a decir. Se desilusionó-Quiero decir…no hace falta…Ya tengo quince años, puede ir yo sola. Sé dónde está el Shibusen.

-Bien, entonces da un beso de despedida a tu queridísimo papá…

-Adiós-y cerré la puerta tras de mí, y, aún con ella cerrada, oía a mi padre despotricar porque no le había dado un beso de despedida.

Suspiré. Parecía un niño pequeño, pero, la diferencia radicaba en que él era un adulto.

El día se empezaba a clarear, peor aún había alguna que otra farola encendida por las calles todavía dormidas de Death City.

Me encaminé directa al Shibusen, el cual sería mi colegio a partir de hoy. Las vacaciones de verano se habían terminado y aún tenía la sensación de estar en las nubes.

-Tu madre también estaría orgullosa.

Lo estaría, de estar aquí, con nosotros, pero no está. Hace más de un año que nos abandonó a papá y a mí, aunque, no me extraña para nada, teniendo en cuenta cómo es papá. Lo que a veces me pregunto es qué le habrá visto a papá como para casarse con él y darme a mí la vida.

Desde que nos abandonó, papá visita con demasiada frecuencia cabarets y clubs nocturnos, de los cuales cree él que no sé que visita. Pero, bueno, en realidad ya visitaba esos sitios incluso estando con mamá, así que por eso le abandonó, ¿verdad?

Un día una mujer de un cabaret de esos visitó nuestra casa, mientras mamá y yo estábamos fuera de compras. Cuando volvimos, mamá les vio haciéndose carantoñas y bebiendo alcohol (sí, papá también era bastante bebedor), y aquello puso fin a todo. Mamá echó a patadas a esa chica de casa, y, después de unos cuantos minutos de gritos y represiones por parte de mi madre, y lloros y excusas por parte de mi padre, mi madre no quiso seguir con aquello.

"-Me voy-dijo poniéndose su abrigo y cogiendo el bolso-Volveré cuando se te haya pasado la tontería y hayas reflexionado y prometas no volver a hacerlo, Spirit. Hasta entonces, adiós.

-Kami…-a mi padre daba pena verlo.

-Maka-mi madre se dirigió a mí-No te preocupes, volveré.

-Mamá…

-Hasta entonces, cuida de tu padre."

Y se fue, sin más. Y no volvió, claro que no volvió. Aquello era un adiós definitivo, ¿verdad?

Desde entonces, odio a mi padre. Pensar que por su culpa mamá se fue y ya no volverá. Ese idiota no se merece que le llame padre, pero, mamá me pidió que cuidara de él, es por eso que le aguanto todo cada día. Pero, siento como si me asfixiara en aquella casa, en la que no quedan más que recuerdos dolorosos y la presencia de un ser odioso y la ausencia de un ser querido.

Pero, hace tiempo que comprendí que mi madre ya no volvería más con nosotros, ya no porque quisiera reconciliarse con papá, sino por no venir a por mí y llevarme con ella. Desde que me di cuanta de ello, la odio, también.

Detesto a mis padres por apartarme de ese modo en sus vidas.

Mi padre, un maldito mujeriego y bebedor que busca el perdón de su hija cuando ni siquiera tiene el perdón de su mujer, y no digo ex-mujer porque los papeles del divorcio no llegaron a firmarse.

Mi madre, una abandona hogares y una mentirosa por hacer promesas que no va a cumplir, nunca.

En un año he sido capaz de darme cuenta que odio a mi familia y el ambiente en el que vivo, y ser consciente de que nadie me comprende, puede que ni yo misma, pero, mi alma no está sincronizada con el alma de nadie, y me siento sola, pero, eso es algo que nunca demostraré a los demás.

Nunca volveré a depender de nadie más. No permitiré que nadie más se acerque a mi alma y corazón para ponerlos en sincronización, para luego romper ese lazo y que sea yo la única que sufre por ello.

Antes de que quisiera darme cuenta, el Shibusen se haya frente a mí, de una manera que nunca hubiera imaginado. Quién hubiera pensado que tenía forma de castillo y tuviera ese aspecto tan raro.

Aquí es donde estudiaron mis padres y donde se conocieron. Esperaban que yo siguiera sus mismos pasos y estudiara aquí, pero la verdad es que me daba igual, o tal vez no, y preferiría no venir aquí nunca.

Un montón de gente se haya frente a las puertas del Shibusen. Un montón de estudiantes que esperaban llegar a ser el mejor Técnico de todos y la mejor Arma de todas.

Todo Técnico aspira a encontrar un Arma a la que convertir en Death Scythe, y toda Arma aspira a encontrar un Técnico que haga de él una Death Scythe.

Mi madre era Técnico, y mi padre era su Arma, y, mi madre fue la mejor estudiante de su curso, convirtiendo a mi padre en una Death Scythe antes que nadie. Y mi padre, incluso, aspiró a ser en algunas ocasiones la Death Scythe del director del Shibusen, al cual tengo que ir a saludar antes de asistir a clase por pedido de Spirit, mi padre.

Yo había nacido con sangre de Técnico, y todos esperaban que fuera como mi madre, convirtiéndome en una mera sombra de lo que fue mi madre.

Suspiré una vez más. No es una buena manera de empezar el día llenándome la cabeza de todo esto ahora.

-¡Maka-chan!-me pareció oír una voz entre el barullo de estudiantes que se agolpaba por entrar. Sí que tenían ganas de empezar a dar clase, ¿eh?

Distinguí la voz y la persona de la que procedía.

-¡Tsubaki!-nos abrazamos fuertemente. Hacía mucho que no la veía.

Tsubaki era una chica que conocía de la primaria, y la cual es mi mejor amiga, y en parte sabe cómo me siento respecto de mi situación familiar y mi estado de ánimo. Ella tenía sangre de Arma, así que puede que seamos compañeras. Realmente eso espero.

-Qué alegría volver a verte-sonrió Tsubaki.

-Sí, lo mismo digo. Me alegra mucho que volvamos a ir juntas en el mismo colegio este año también.

-Sí, el Shibusen es el mejor colegio de Técnicos y Armas de toda Death City-habló sonriente-Somos afortunadas de estudiar aquí.

-Sí…-no estoy tan segura.

De pronto, todo se quedó en silencio.

-¿Eh? ¿Qué pasa?

Y, de no sé dónde, salió algo, o creo que era alguien, que empezó a dar palmadas con unas manos blancas enormes.

-¡Bienvenidos, bienvenidos!-exclamaba.

Era alguien vestido completamente de negro, y su cara se encontraba tapada por una curiosa máscara blanca en forma de calavera, pero no daba para nada miedo.

-¡Bienvenidos a Shibusen!-continuó hablando-Yo soy Shinigami-sama, el director, y espero que se diviertan y se esfuercen por llegar a ser unos grandes Técnicos y Armas.

Se empezaron a oír gritos provenientes del grupo en el que estábamos Tsubaki y yo.

-Sin nada más que decir, ¡entren!-y se esfumó.

Y, los nuevos alumnos, como no, empezaron a correr en dirección a las puertas, que en ese momento se estaban abriendo solas, aparentemente.

-Vayamos dentro a ver en qué clase estamos-me dijo Tsubaki.

-Sí…-recordé algo-Ah, lo siento, primero tengo que ir a ver al director.

-¿Por qué?

Me encogí de hombros.

-Un antiguo amigo de Spirit.

Asintió y no preguntó nada más.

Entramos en el edificio.

-Nos vemos luego.

Me separé de ella y, gracias a un plano del Shibusen que me había proporcionado Spirit (que por primera vez hizo algo útil), conseguí llegar al despacho de Shinigami.

Llamé a la puerta.

-Adelante-se oyó tras la puerta.

Entré y cerré la puerta, y, de cerca, Shinigami imponía más, a pesar del aspecto cómico que le daba su máscara. Me pregunto por qué oculta su rostro.

-Oh, tú eres Maka-chan, ¿verdad? La hija de Spirit-kun, ¿no?

-Así es.

-Oh, qué alegría poder tenerte en Shibusen. Tu madre fue una gran alumna…-"Ya empezamos"-Y tu padre también, ya que llegó a convertirse en Death Scythe, aunque claro, gracias a tu madre…

No me hacía falta para nada una charla sobre mis padres.

-Me alegro de conocerle, Shinigami-sama.

-Oh, sí, claro, es un placer conocerte, Maka-chan.

Parecía querer decirme algo, sin embargo no lo hizo.

-Si no quiere nada más, ¿puedo ir a clase?

-Oh, claro, por supuesto-me dirigí a la puerta-Espero que te guste Shibusen, Maka-chan.

-Sí, yo también.

Cerré la puerta con un sonido sordo.

Shibusen no me gustaría, nunca.

*.*.*

Busqué mi nombre en la lista de uno de los tablones para saber mi clase. Una vez sabido eso, me dirigí a mi clase, que por supuesto, la puerta estaba cerrada porque la clase había empezado ya hace rato.

Había alguien al lado de la puerta, con la espalda apoyada en la pared y con las manos en los bolsillos, y parecía estar en las nubes, porque no reparó cuando llegué a su lado.

Seguramente había llegado tarde.

No dije nada y me limité a observarle por un momento. Era un chico que era de mi edad, si iba a mi misma clase, creo yo, y tenía el pelo blanco, lo que me resultó extraño, la verdad, pero, tenía unos profundos ojos rojos que en vez de infundirme miedo se me antojaron extraños. Me pregunto el por qué no hace por entrar a clase, aún si ha llegado tarde, o tal vez le habían echado, aunque fuera el primer día.

-¿Por qué en vez de estar mirándome tanto no entras en clase?-me sorprendió cuando habló. Tenía una voz de lo más atrayente. Me pregunto por qué será…

-¿Has llegado tarde?-me atreví a preguntar, aunque tal vez sonaba algo maleducado, pero él tampoco había sido muy educado al hablarme, que digamos.

-¿Y a ti qué te importa?

-Nada, supongo.

Nos quedamos un momento en silencio, y estuve por intentar entrar en clase cuando volvió a hablarme.

-¿Y tú por qué has llegado tarde?-no tenía por qué responderle cuando él no lo había hecho, pero, bueno, no es como si mi excusa fuera mala.

-He estado hablando con Shinigami-sama.

-Yo me he dormido.

Ah, así que era por eso. Me resultó extraña la naturalidad con que lo dijo, dado que, si fuera yo, me reprocharía mentalmente una y otra vez al no tener asistencia perfecta.

-¿No vas a entrar a clase?-le pregunté.

-¿Lo vas a hacer tú?

-Claro-¿acaso lo dudaba? Era el primer día de clases.

Dejó de apoyarse en la pared y, con las manos aún en sus bolsillos, se encogió de hombros.

-Supongo que tendré que entrar-¿Por qué hablaba como si todo no le importara lo más mínimo? Que chico tan extraño.

Llamé a la puerta y la abrí, y noté decenas de miradas sobre mí. El albino y yo entramos y este cerró la puerta.

-Vaya, vaya, con que llegando tarde el primer día de clases, ¿eh? Mal empezamos, señoritos.

¿El profesor siempre tenía esa cara de loco? ¿Y eso que tenía en la cabeza era una especie de tornillo gigante? Da muy mal rollo…

-H-he estado hablando con Shinigami-sama-me apresuré a decir antes de que me echara la bronca por llegar tarde.

-Ah, tú debes de ser Maka Albarn-me conocía. ¿Se debía a mi apellido?

Asentí con la cabeza. Se me quedó mirando de una manera, según yo, extraña.

El profesor dirigió esta vez la mirada al chico que estaba a mi lado.

-¿Y tú eres…?

-Soul Evans.

-Evans…-pareció sonreír de manera extraña-Bien, por ser el primer día no diré nada, pero, que no se vuelva a repetir-no sé si lo decía por Soul o por mí o por los dos.

El chico, que se llamaba Soul, se encogió de hombros, pasando del tema. Parecía más dormido que despierto.

-Sentaos en algún sitio.

Dirigí la vista hacia donde estaban los demás alumnos, que nos miraban curiosos y con ganas de hablar. Con satisfacción, distinguí a Tsubaki en una de las filas de mesas, que me hacía gestos disimulados para que me sentara a su lado.

Sonreí y me dirigí hacia allí.

-Asusta, ¿verdad?-me susurró Tsubaki cuando me senté a su lado.

-Mucho.

-Bien, para los dos que acaban de llegar-volvió a hablar el rarito del tornillo-Soy Frank Stein, y desde hoy y para el resto del curso seré vuestro tutor.

Se le iluminaron los ojos de una manera muy, pero que muy extraña.

-Y como se porte alguno indebidamente en mis clases… ¡Permítanme que les diseccione!

"Genial", pensé con sarcasmo. No sé por qué me daba la sensación de que Shibusen me iba a gustar mucho menos si tenía a ese pirado como profesor. Solo espero no tener su bisturí cortando mi piel.

No me había dado cuenta de cuándo exactamente fue que Soul se había sentado a mi otro lado. Era tan sigiloso y silencioso. Se me antojaba de lo más extraño, sin duda, aunque tal vez no era para tanto. Pero, teniendo más sitios libres, ¿por qué se había sentado a mi lado precisamente?

Al ser el primer día de clases, no hicimos gran cosa, y la verdad es que lo agradecía, porque no estaba para pensar en nada en estos momentos.

Soul había abierto su libro y lo tenía colocado de pie en la mesa de manera que, con los brazos apoyados en la mesa y la cabeza apoyada en ellos, no se le veía el rostro desde el otro lado y podía echarse una cabezadita.

Solté una pequeña risita al ver que se había dormido tan profundamente como para que babeara un poco. Se veía mono, como un niño pequeño cuando duerme en su cuna.

Por fin sonó la tan anhelada campana que indicaba el final de las clases.

-Bien, finalicemos la clase por hoy-dijo Stein-Pero, recordad, si queréis seguir en Shibusen, más os vale no tardar en encontrar compañero. Sin más, hasta mañana-y abandonó el aula.

Todo el mundo empezó a recoger sus cosas e irse a casa.

Un compañero… Podía plantearme la idea de intentar que mi compañera fuera Tsubaki, aunque nunca antes la había manejado, ni a ella ni a ningún otra Arma.

Suspiré. Hoy no me apetecía pensar en ello, ya pensaré en ello mañana.

Al salir del Shibusen, el cielo estaba muy nublado.

-Seguramente llueva-comentó Tsubaki.

-Sí-coincidí.

El cielo estaba del mismo color que mi ánimo.

-Bueno-dije-Tengo que irme pronto a casa. Me toca hacer la cena.

-Ah, entonces, nos vemos mañana-sonrió dulcemente.

-Claro-la verdad es que me gustaría que no fuera así, y no lo decía por ella, claro está.

Me separé de ella y empecé a andar por las calles de Death City una vez más, sola. Cuando no estaba con Tsubaki o con alguien más, me sentía demasiado sola, y no hacían más que venirme a la cabeza cosas que preferiría no recordar. Y, ahora seguramente Spirit no parará de preguntarme que qué tal me ha ido, que si he visto a Shinigami-sama, que si no sé qué, que si no sé qué cuantos…

Iba tan metida en mis pensamientos que fui tan torpe como para tropezarme con una simple piedra, y habría caído de cara al suelo sin poder reaccionar de no ser porque alguien me agarró del brazo en el último momento.

-Ten más cuidado, ¿quieres?

Soul me miraba pero también parecía no hacerlo. Sus ojos eran inescrutables.

Me soltó suavemente.

-Si eres así de distraída puede que te pueda pasar algo peor.

-No soy tan distraída-me ofendí.

-Llevo todo el rato yendo detrás de ti y ni siquiera te has dado cuenta.

Se alejó de allí dejándome completamente confusa, y sin poder decirle nada al respecto.

¿Me había estado siguiendo? No, seguro que no, ¿verdad? Simplemente, tenía que andar por este camino para llegar a su casa.

Miré en dirección por donde se había ido, como si hubiera dejado una estela.

Tenía frío dado que empezaba a refrescar la tarde, pero, allí donde me había tocado Soul, permanecía caliente, mientras mi corazón bombeaba rítmicamente.

Por un momento, Soul había sustituido la soledad, mi soledad.

"Bienvenida a Shibusen, Maka"

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