NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, YO SOLO ME DIVIERTO REDACTANDO ESTAS HISTORIAS.

¡Al fin! ¡Ya puedo poner Complete a esta historia! Tenía pensado subir este capítulo después, en unos días más, pero luego me dije "¡Ya para qué! ¡Termínala de una buena vez!" y Aquí está.

Muchas gracias a:

NisseBlack, Mitzii, Daniela, VvalexX, .123 y R+R4 ever.

Por todos su comentarios e incondicional apoyo al seguir esta historia.


Epílogo.

Aang estaba sentado, meditado. Aunque su cuerpo reposaba tranquilamente en la posición del loto bajo la frescura de un árbol, en el jardín del Palacio Real en Ba Sing Se, su mente viajaba hacia el cosmos.

El cosmos se convirtió en una sala llena de neblina en el preciso instante en que Aang quiso contactarse con el Mundo de los Espíritus. Frente a él, apareció una silueta de un hombre sentado que mientras más se le acercaba más forma adquiría. Finalmente, se apreció la inconfundible postura del Monje Gyatso, sentado frente a él.

-Me alegro mucho de verte ya bien y sano, Aang—le dijo.

Aang le sonrió a su mentor, antes de hablar.

-Mis amigos me han dicho todas las travesías que pasaron para restaurar el equilibrio, y también la forma en la que los ayudaste. Quería agradecerte, no es la primera vez que me salvas en los peores apuros.

-No fue nada, Aang. Bien sabes tú que siempre podrás contar conmigo. La muerte no es más que un puente más largo que sin embargo no nos mantiene tan distantes, a menos que no quieras cruzarlo por miedos.

-No tengo miedo ya, Gyatso. La vida, la muerte, el tiempo, todo es una ilusión.

-¿Qué es lo único real, entonces, Aang?

-El amor.

Y la certeza con la que Aang pronunció esa respuesta provocó una enorme sonrisa de orgullo por parte del monje.

-Me alegra que hayas conseguido ese estado de paz interna, mi joven pupilo.

-Gracias.

-Estoy muy orgulloso de ti, Aang. Has conseguido ser mucho más de lo que nunca imaginé que serías.

-Todo debería agradecértelo, Gyatso. Tu apoyo fue lo que me impulsó en un principio.

-Sin embargo, no puedes quitarle crédito a tus amigos. Ellos te ayudaron en el resto del camino, aquél en el que no pude acompañarte.

-Si… y me siento ligeramente culpable.

-¿Culpable de qué, Aang?

-Ellos tuvieron que arriesgarse bastante para poder devolver el equilibrio al mundo. A veces me molesta eso.

-Fue decisión de ellos, Aang.

-Lo sé. Pero no deja de molestarme.

-Su sacrificio solo demuestra el afecto que te tienen. Siempre has sido de esos jóvenes que detestan que los demás se apuren de ellos. Eres independiente, Aang. Algo muy normal en los Maestros Aire.

-Supongo—contestó él—Gracias, Gyatso. Por todo.

-¡Ah, una cosa más, Aang! Los espíritus han decidido que tus amigos, por su valor, merecen un obsequio.

-¿Ah si? ¿Cuál?

-Esto.

Gyatso extendió sus manos y en ellas aparecieron cuatro collares cuyo dije era un círculo perfecto, cada uno con una letra diferente grabada (K, Z, S, T)

-Dáselos.

Toda la neblina del lugar rodearon a Gyatso, llevándoselo de vuelta al mundo de los espíritus, y la mente de Aang retrocedió de su meditación, encontrando su cuerpo y fusionándose.

Aang sintió entonces el césped sobre el que estaba sentado y los rayos del sol tocando su cuerpo. Abrió los ojos y vio el extenso jardín de Ba Sing Se, y los cuatro collares en sus manos.

Tras restaurar el equilibrio del mundo, siguió una persecución menor para atrapar a Azula. Esta vez, sin juicio previo, Aang le quitó sus poderes y Zuko la mandó encerrar en la prisión más segura de todo el mundo: la del Polo Norte, donde jamás podría escapar.

Luego de ello, hicieron un pequeño viaje por el mundo para asegurarse de que todo estuviera en orden, y así estaba. Hacia apenas dos días se instalaron en el palacio de Ba Sing Se, de donde partirían de vuelta a la Nación de Fuego en unos días más.

Aang, con los collares en mano, se paró y entró al Palacio. No tardó en encontrar a sus amigos, todos sentados en el comedor y charlando.

-¡Aang! ¿Porqué no vienes a conversar con nosotros?—preguntó Sokka.

-Si, pero primero debo darles esto.

Dijo, dándoles a cada uno su collar con la letra inicial de su nombre. Miraron extrañados la peculiar belleza de esos sencillos dijes cuya elegancia los hacia resplandecer más de lo común.

-¿Qué es esto?

-Se los manda Gyatso. Es en señal de agradecimiento por salvar al mundo.

-¡Wow!—exclamó Toph—Si me van a dar este tipo de cosas salvaría al mundo más seguido.

-¿Y qué hacen o qué?—inquirió Zuko.

-Estos collares albergan en su interior mucha energía espiritual. Les ayudará para comunicarse con el Mundo de los Espíritus y acrecentará la fuerza de su espíritu.

-Muy bien.

Todos se pusieron los collares, que emitieron un brillo celestino por unos segundos antes de aplacarse.

-Esto es extraño…

-Supongo. Espero les gusten.

-Mucho—agregó Katara, mirando su collar y luego a Aang. Un tímido sonrojo se extendió por su rostro al recordar la pregunta que el Avatar le hizo ayer, ante la cual, tras su respuesta, la hacia llevar un anillo en su dedo… la promesa que se realizaría en unos meses y que culminaría con un beso.


Es más paja que nada este epílogo, pero me parece que cierra bien la historia. Tengo en mente una historia nueva que bien podría adaptarla como secuela de este fic, pero aún no estoy segura si la hago secuela de este fic o de otro. Me ayudaría bastante saber s ustedes quieren una segunda parte.

Sin más, espero que les haya gustado leer esta historia y disfrutaran tanto como yo al escribirla.

Chao!