Escribe.

Sabe que estuvo y que está de regreso a donde debe estar (sólo que ya no es así, sólo que ya no piensa mucho en eso), se sienta, y escribe. Ocurre ahora que el castigo reposa en los hombros de sus victimarios y no más sobre los suyos.

Edgar escribe.

La angustia que lo amarra aquí es otra, de otros causes, de raíces más antiguas, profundas.

(Se recuerda los ojos de color de la niña, la agotada sonrisa de la moza.

La sombra de la mujer, la humedad en su cercanía, los giros que dio su corazón—)

Edgar escribe.