Comienza con la escena perdida de Prufrock (después del capítulo 4). Lo sé, soy una tardona de mierda, excu… digo, explicaciones al final y un montón de cosas más. Quiéranme :D


Capítulo 13

Frenesí del otoño


La gente hacía bulla con las risas, las conversaciones y las cucharillas largas que se usaban para comer postre. El Slausen's era muy popular y no hacía falta pensarlo mucho para saber el motivo. El helado era algo así como la octava maravilla del mundo y era tan barato y fácil de conseguir que aún en invierno la gente entraba a pasar un buen rato y a no pensar en nada. Lo último que se le ocurría hacer en la heladería sería ponerse a leer, pero ahí estaba, leyendo. Y no, no leía cualquier cosa. Leía poesía y dejaba que el helado de durazno que había pedido se derritiera con lentitud.

Faltaba media hora para que Helga llegara y no quería estar poco preparado. Se sentía un poco idiota, releyendo un poema que nunca había entendido y luchando con la necesidad que tenía de dejarlo a un lado. La razón, nuevamente, era Helga. No sabía por qué, pero no quería que pensara que era un completo negado en una actividad que parecía que ella dominaba con tanta facilidad. Además, por los subrayados que había visto ese primer día en la librería, adivinaba que era su poema favorito.

A medida que avanzaba el tiempo, la curiosidad crecía y la ansiedad no le dejaba leer con la tranquilidad que le hubiese resultado muy beneficiosa. Ese poema era algo más que una metáfora difícil, ese poema era un secreto que Helga parecía enseñar a grandes voces. Cuál sería el secreto y por qué de pronto Helga resultaba tan fascinante, se lo seguía preguntando y más a menudo.

La media hora se terminó y el poema no terminaba de comenzar cuando la rubia más malhumorada que conocía se abrió paso entre la gente y se sentó en frente sin mucha ceremonia.

—Hey Arnold. —Saludó con una ceja alzada—. He llegado a tiempo, ¿no?

—Sí, las cuatro. Como prometiste. —Contestó apurado—. ¿No has traído tu poemario?

—¿Para qué? —Se encogió de hombros—. Tú tienes el tuyo y es el único que necesitamos.

La miró ligeramente decepcionado.

—Pensé que me ibas a enseñar a leer.

—Lo haré. —Sonrió sarcástica—. Como si eso se pudiera enseñar. ¿Por qué estás tan antipático?

—Porque esperaba leer tus apuntes. —Respondió con honestidad—. Pensé que me los ibas a enseñar.

—Primero muerta. —Sentenció—. Mira, Arnoldo, mis apuntes no son manuales. Son cosas que se me ocurren cuando leo y que son bastante personales. Si no te las enseño es porque no se me da la gana y porque no son necesarios, ¿satisfecho?

—No. Pero no puedo rebatir tu lógica, ¿comenzamos?

Helga le lanzó una mirada incierta, dura, pero incierta. Le quitó el libro que tenía al lado y cuando el mesero los interrumpió pidió una gran copa de helado de chocolate con frutas.

—Lo pagarás tú. —Le advirtió, divertida.

—Seguro. —Respondió de mal humor.

Se rió en una carcajada seca y abrió el libro. Dio un largo suspiro antes de continuar y finalmente comenzó a leer. El cambio en la voz lo agarró por sorpresa. Helga ya no era cruel, ni irónica y la burla había desaparecido como si nunca hubiese estado en primer lugar. Su voz era ronca y la articulación muy clara, temblaba al terminar las palabras y todo parecía llenarse de melancolía cuando sus ojos se paseaban por el papel. Vamos, tú y yo, repitió con énfasis y lo miró con emoción que sólo pudo identificar como tristeza. Algo se movió en su cuerpo, el rostro se le puso caliente y las palabras hacían eco en su cabeza.

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A la hora en que la tarde se extiende sobre el cielo

cual un paciente adormecido sobre la mesa por el éter:

vamos a través de ciertas calles semisolitarias,

refugios bulliciosos

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Cuando Helga hablaba, el poema comenzaba a adquirir sentido. No se le abría un mundo de conocimiento, pero la voz que elaboraba las palabras con tonos más fuertes o más bajos, parecían redondear la sensación. Caía la soledad como una sombra, insistente y poderosa, mientras las palabras se hacían más claras. Vamos, tú y yo, se recordaba constantemente mientras el poema seguía describiendo la ciudad. Parecía una confesión desgarrada, como cuando los cantantes de jazz hablaban del amor no concretado. Percibió, por primera vez, la diferencia entre leer y recitar. Helga no era el sujeto, no había sujetos, ella cantaba el poema y desaparecía en los estribillos. ¡Una canción!, claro, el poema era una canción. Rítmica, suave, casi podía sentir la música.

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La neblina amarilla que se rasca la espalda sobre las ventanas,
el humo amarillo que frota el hocico sobre las ventanas,
lamió con su lengua las esquinas del ocaso,
se deslizó por la terraza, pegó un salto repentino,
y viendo que era una tarde lánguida de octubre,
dio una vuelta a la casa y se acostó a dormir.

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Y claro, la neblina no era malvada. La neblina paseaba con el poema, hacía contraste entre el amor y la realidad. La neblina era frágil y desaparecía, se chocaba en los muros y dormía con la ciudad. Helga hablaba rápido y su tono se volvió desesperado en la última línea. Era amor, finalmente. Arnold lo entendió de a pocos. Era el amor y claro que Helga estaba asustada. Se asustaba por lo que no podía controlar y una confesión parecía un acto tan noble, tan contradictorio a su cinismo. El poema era una confesión de amor. Y no, no entendía por qué tenía que ser todo tan triste.

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Ya habrá tiempo. Ya lo habrá.
Para el humo amarillo que se arrastra por las calles
rascándose sobre las ventanas.
Ya habrá tiempo. Ya lo habrá.

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Helga se calló, de pronto.

—Hasta aquí. Es un poema muy largo, no creo que lo terminemos hoy. —Explicó sin mirarlo a los ojos.

—Es una confesión. —Dijo sin pensar y vio como Helga se tensaba—. Sé que es una canción porque se repite, como un coro y la has leído muy bien. Pero, ¿por qué está triste?

—Dijiste que no la entendías. —Susurró de mal humor—. Es triste porque te lo está mostrando, te está mostrando que las fantasías se chochan en la realidad. Y cuando eso pasa, Arnold, entonces el amor es cruel.

—¿Qué quieres decir?

—Es un amor no correspondido.


(Al actual estado de las cosas)

—¿Qué? —Dijo estupefacta—. ¿Cómo que no irás?

—No he sido invitado. —Se encogió de hombros.

—Te estoy invitando yo, idiota. —Apretó los puños—. ¿Qué te ha dicho Rhonda?

—Que no quiere que vaya, obviamente. —Curly rodó los ojos—. No te angusties, Helga. Ya sabes que no deseo ir a la fiesta. Yo sólo quiero ver a Rhonda.

—Hay una gran contradicción en tu lógica.

—No me importa, —tosió—, Rhonda tendrá que entenderlo por las malas.

—¿Perdón?

—Nada, —dijo moviendo la mano—, ¿y por qué quieres ir conmigo?, Phoebe dijo que tú y Arnold estaban saliendo.

—Sí. —Dijo renuente—. Pero es raro.

—¿Raro?

—Arnold dijo que creía que yo le gustaba. —Rodó los ojos—. Y sí, soy lo suficientemente patética para aceptarlo. Es raro porque… bueno, ya sabes. —Hizo un gesto vago con las manos—. La verdad es que todavía no me lo creo.

—¿No te crees qué? —Sonrió malicioso.

—Te estás burlando de mí, pequeño fenómeno, ¿quieres morir?

—No, pero no estás siendo clara y, perdona Helga, estás complicándote con tonterías.

—¿Por qué?

—¿Y tú crees que a ti te gusta Arnold?

—Sí. —Contestó sin vacilar y a pesar de sí misma.

—Ahí lo tienes, ¿qué te importa lo demás? —Suspiró—. Deja de ser tan masoquista y aprovecha la oportunidad. Carpe diem, Helga, Carpe diem.

—Vendrás conmigo al cumpleaños de Patty.

—Seguro, pero no cómo tú lo estás planeando.

—¿Qué quieres decir?

—Eso, Helga, es la primera pregunta interesante que me has hecho. —Curly le lanzó una sonrisa torcida y el brillo del sol en las gafas se comió toda la expresión. Helga no sabía qué pensar, pero un sentimiento de pura anticipación se le instaló en la sangre.


Era una locura.

Una ridiculez.

Una de las tonterías más grandes de la temporada.

La fiesta de Rhonda era todo lo que los estudiantes habían estado comentando desde que se supo que las invitaciones habían sido repartidas. Decía que era por el cumpleaños de Patty, pero Patty no tenía tantos amigos. Ahí lo interesante era disfrutar de una noche llena de toda la diversión que la reputación Wellington Lloyd prometía. Los que habían sido invitados no dudaban en comentarlo en voz alta y con intención, mientras que los demás asumían su suerte y envidiaban en silencio.

Así que estaban los invitados y los rechazados como siempre había sido.

Excepto que esa mañana, esa mañana horrible e imposible, los grupos dejaron de ser tan blanco y negro y dieron paso a un fenómeno gris. Un fenómeno en todo el grandioso y singular sentido de la palabra.

Un fenómeno Curly.

—Rhonda, ¿es cierto lo que dicen? —Preguntó Sasha completamente indignado. Apenas acababa de llegar y el líder del equipo de baloncesto se había acercado como una furia. Todos sabían que a Sasha le gustaba Rhonda—. ¿Cómo has podido?

—¿Cómo he podido, qué? —Arqueó una ceja y cerró su casillero con cuidado. Todavía le dolía el pie y no tenía muchas ganas de discutir tan temprano—. Explícate, Jones.

—Todo el mundo está diciendo que has invitado a Curly a la fiesta del sábado.

—¿Qué? —Arrugó el ceño, enojada—. ¡Por supuesto que no!, ¿quién lo ha estado diciendo?

—¿Estás segura? —Le lanzó una mirada incierta, seguía enojado—. Rhonda, no tienes que mentir. Ya sé que te dio pena, pero no era necesario invitarlo.

—¡No estoy mintiendo, idiota! —Exclamó—. ¿Por qué lo invitaría? He invitado a Helga.

—¿Pataki? —Alzó las cejas—. ¿Has invitado a Pataki?, ¡mierda, Rhonda!, ¡estás invitando a un montón de fenómenos a la fiesta!

Rhonda cerró los ojos, le había comenzado un dolor de cabeza insoportable.

—Piérdete, Sasha. Después hablamos… y deja de estar escuchando rumores idiotas. —Dijo por fin y se marchó sin prestarle más atención. Sacó su celular y marcó inmediatamente el número de Nadine. Lamentablemente, nadie contestó. Andar por el pasillo tampoco la estaba ayudando, los cuchicheos y las miraditas mal disimuladas le estaban crispando los nervios y se moría por ponerle las manos encima al culpable de todo el asunto.

Iba tan furiosa que se chocó con alguien antes de que pudiese evitarlo. Adolorida, parpadeó con rapidez y se encontró con una Helga Pataki igual de irritada que ella.

—Demonios, princesita, fíjate por dónde vas. —Se levantó despacio.

—¡Helga! —Exclamó llena de rabia irracional—. Tú fíjate por dónde vas y ya que estás en eso, fíjate en lo que dices.

Helga alzó una ceja y su expresión se volvió dura.

—¿Qué demonios te pasa? —Se adelantó un paso—. No quieres meterte conmigo.

—No me metería contigo si tú no estuvieras soltando estupideces por ahí.

—¿Perdón? —Tenía los puños apretados.

—¿Por qué has dicho que he invitado a Curly a la fiesta del sábado?

Helga le lanzó una mirada de confusión antes de que la epifanía le llenara el rostro de arrogancia. Sonrió en una mueca y se cruzó de brazos, parecía más relajada y su voz sonó burlona cuando habló por fin.

—Querida Lloyd, —dijo sarcástica—, despide a tu detective porque está haciendo un trabajo del asco. Lo que he dicho es que yo, como sí estoy invitada, voy a ir con él.

—Pues en algún momento has debido decir otra cosa. Te invité porque Patty insistió y si quieres causar problemas, no me importará impedirte la entrada.

—Hazlo. —Soltó lacónica—. ¿Tú crees que me importa? Mira Rhonda, te haré un favor. La gente no está hablando de la invitación de Curly a la fiesta.

—¿Qué quieres decir?

—De lo que todo el mundo está hablando… porque no tienen nada qué hacer, al parecer. —Helga rodó los ojos—. Bueno, prepárate para sorprenderte, Curly se ha negado a ir.

—¿Qué?

—Lo invité y ha dicho que no irá. —Soltó una risita—. Haría lo mismo, pero Patty ha insistido, ¿no? Bueno, nadie sabe por qué ha dicho que no quiere ir, pero todos sospechan que es por ti.

—¿Por mí? —Rhonda se impacientó—. ¿De qué rayos estás hablando? Ese insecto idolatra la tierra que piso.

—Cierto. —Asintió—. Y, sin embargo, ha dicho que no irá a tu fiesta. Tiene planes para ese día.

—No es cierto.

—Lo es. —Alzó una ceja—. Me pregunto qué habrás hecho para que el fenómeno de la escuela te haya rechazado públicamente. Ah, y esta vez no es como en cuarto grado. Esta vez, todos parecen estar de su lado. Quizá porque no has invitado a la mayoría. ¿Qué se siente Rhonda, ser marginada por el rey de los marginados?

Rhonda sintió que el dolor de cabeza se volvía insoportable.


Arnold estaba sentado en una de las bancas verdes del parque. Helga estaba a su lado y le sonreía culpable mientras intentaba explicarle algo que no acababa de entender.

—Sí… verás, no puedo.

—Aparentemente, lo que quiero saber es por qué. —Le lanzó una mirada recelosa—. Estás muy rara desde que lo mencioné.

—Es que lo mencionaste cuando yo ya había hecho planes. —Dijo moviendo las manos—. Yo ya tenía pareja.

—Me imagino. —Dijo sarcástico—. No mientas, Helga. Rhonda te acaba de invitar y lo sé porque lo vi. Además, esto no tiene ningún sentido, ¿por qué tendrías que ir con alguien más cuando se supone que estás conmigo?

—¿Por qué? —Repitió, débil—. Bueno, es que, no puedo decírtelo.

—Me doy cuenta. —Dijo irritado—. Pero igual me gustaría que lo intentaras.

—Te pondrás todo moral y dirás que es una mala idea y… es complicado. Es un plan malévolo, Arnoldo.

—Lo sé, todos tus planes son malévolos. Explícame y mientras no sea nada peligroso prometo no decir nada.

—¿Y dejarás el tema del baile en paz?

—No. —Respondió categórico—. Yo todavía quiero ir contigo.

Helga se sonrojó.

—No sé si me gusta este aspecto tan abierto… en fin. Olvídalo. —Suspiró—. Mira, supongo que para ti será un gran descubrimiento, pero a Curly le gusta Rhonda.

—Muy graciosa. —Comentó sarcástico.

—Lo sé, ¿verdad? —Se burló—. El caso es que, aunque no lo creas, sospechamos… Curly y yo, que a Rhonda también le gusta Curly.

Arnold parpadeó confundido.

—Jamás. —Tosió—. ¿No los has visto juntos, Helga? Es imposible.

—Tan imposible como que tú y yo estemos juntos. —Dijo con sequedad y Arnold dio un respingo porque era la primera vez que Helga lo reconocía en voz alta—. Te invito a pensar sobre la ironía de nuestra situación. En fin, eso no era de lo que quería hablar. Es una sospecha, ¿está bien?, sólo queremos confirmarla.

—¿Cómo? —Preguntó desconfiado y dejando que la idea de Rhonda y Curly se hiciese plausible. Helga tenía un punto, después de todo.

—Pues, fingiendo que estamos juntos.

Hubo un breve e incómodo momento de silencio en el que Arnold arrugó el ceño y Helga apretó los labios con fuerza.

—¿Qué?

Helga se echó a reír.

—¡Es una broma, Arnoldo! —Exclamó divertida—. Soy un genio malvado, mis planes no son tan aburridos. Ni siquiera los de Curly. Simplemente vamos a ir a la fiesta como amigos y no puedo ir contigo porque ya dije que iré con Curly y no queremos que el chisme se venga abajo.

—¿Cuál chisme?

—¿No has escuchado? —Preguntó extrañada—. El caso es que Curly quiere que Rhonda lo invite expresamente y la única manera de lograrlo es rechazándola. Si voy a la fiesta sin Curly todos creerán que el rumor era una mentira y Rhonda no tendrá que hacer nada. Si ni Curly ni yo vamos, Rhonda caerá bajo el peso de los rumores y tendrá que invitarlo.

—Helga, ¿se supone que todo esto tiene sentido?

—Hey, —se defendió—, yo no hago las reglas. Rhonda las hizo, ahora que se aguante. Además, si no quiere tomarse la molestia, sólo tiene que vivir sin importarle lo que los demás digan.

—Seguro. —Ironizó.

—Mi punto, exactamente. Arnoldo, en serio, Curly es algo así como mi amigo. Es raro y tiene esta riza que te pone los pelos de punta, pero si puede ser feliz al mismo tiempo que Rhonda sufre… lo apoyaré.

—Sí, seguro. No comprendo tu lógica, Pataki.

—Es porque eres muy bueno.

—Creo que es porque tu línea entre el bien y el mal es difusa. —Comentó resignado—. No digas que no te lo advertí, Helga, pero este plan saldrá muy mal.

—Si sale mal, —dijo de mal humor—, siempre podrás echármelo en cara luego. Saldrá bien, cabeza de balón. Sólo no digas nada, ¿está bien?

—Forzar los sentimientos de Rhonda, si los tuviera, es la peor manera de abordar esto. Curly debería saberlo. —Replicó muy serio—. Especialmente si saben que habrá mucha gente. La humillación pública no es muy romántica, me parece. Y debo advertirte que no será sólo Rhonda la que salga perjudicada.

—Tomaremos el riesgo. —Rodó los ojos.

—Preferiría que no lo hicieran.

—Vamos Arnold, no seas aburrido, imagina que todo sale bien y la próxima semana se pone de moda salir con un fenómeno. —Le sonrió.

—Sí, claro. —Respondió sarcástico, pero no pudo evitar sonreír él también.

—En serio, todos dirán que la primera fue Rhonda, pero ambos sabremos la verdad. —Dijo con intención, juguetona.

—Cállate, Helga.

—Qué pesado.

Helga siguió mirándolo y finalmente Arnold tuvo que ceder. Prometió no decir nada mientras nadie le preguntara e insistió en que hablara con Curly sobre el tema. Helga mintió y dijo que lo haría y Arnold se contentó con esperar que dijera la verdad. Igual seguía fastidiado por el tema y Helga parecía muy poco animada a retomarlo. No le gustaba todo el aire de formalidad del asunto y la soltura con la que se suponía que estaban 'saliendo'. Ella, igual, no podía dejar de recordarse que Arnold todavía no le había dicho si estaba seguro o no y el tema de la incertidumbre siempre le había tocado muy de cerca. Ligeramente incómoda, una vez que el silencio se hubo instalado, decidió cambiar el tema por alguno más agradable y menos espinoso.

—Cabeza de balón, —llamó sin malicia—, y… ¿es verdad que tienes Sketches of Spain?

Arnold sonrió.

—Por supuesto. ¿Por qué no lo tendría? —Respondió arrogante—. Soy un coleccionista.

—Soy un coleccionista. —Lo imitó Helga con retintín—. Ver para creer dijo un ciego y a mi seguramente me irá mejor que a él porque el oculista dijo que tengo mirada de halcón. A ver, Arnoldo, ¿cuándo me presentarás esa colección tuya tan impresionante?

—Ahora mismo, si quieres.

—¿La tienes aquí? —Helga cerró los ojos irritada—. Ignora mi pregunta estúpida.

—No puedo. —Sonrió divertido—. Pero vamos a la casa de huéspedes, tengo los discos en mi habitación.

Helga se tensó en su lugar.

—¿A tu casa?

—Sí.

—¿La casa en donde vives con tus abuelos y todas esa otra gente extraña?

—Sí… Helga. —Dijo confundido—. ¿Qué te pasa?

—No, nada. Ja. Vamos a tu casa… a tu habitación. —Helga se sonrojó y Arnold, sin saber por qué, también lo hizo—. Me parece que no.

—¿Por qué?

—No estoy lista. —Lo miró llena de incertidumbre—. Es un gran paso. No puedo ir a tu casa, Arnoldo.

—Nada de lo que estás diciendo tiene sentido. Conoces a todos las personas que viven ahí.

—Lo sé, por eso no quiero ir. Lo más probable es que me recuerden… —Susurró rápido.

—¿Qué?

—¡Nada! —Parecía muy nerviosa de pronto—. ¿De verdad tenemos que ir a tu casa?, ¿y si vamos a la tienda de discos a la que siempre voy con Alan?

—No. —Respondió Arnold de mal humor—. En la tienda de discos no están los vinilos que quiero que escuches.

—Lo sé, lo sé, pero tenía que intentarlo. —Se mordió el labio—. Nada tiene que salir mal, ¿verdad?

—¿Qué? —Arnold alzó una ceja—. Claro que no. Nada saldrá mal, ¿de qué estás hablando?

—¡Nada! No me hagas caso. —Forzó una sonrisa amable—. Vamos, entonces, a tu casa.

Se coloreaban de a pocos, desde la base de la copa hasta la última hoja de la rama, del color del otoño. Escala de amarillos y mostazas que dejaban que la naturaleza muriera elegante. Era una tarde de otoño, con el viento golpeando los árboles y Arnold y Helga, muy tensos los dos, caminando juntos y sin fijarse en un cambio muy importante. La incomodidad ya no nacía porque estaban juntos. La incomodidad, ahora, se creaba porque habían comenzado a conocerse.

Decían que el frenesí era una exaltación violenta. Violencia de espíritu y cambio de estación. El frenesí, sin embargo, estaba apenas comenzando.


Continuará...


I'm back :D *me pongo gafas negras y me las quito de nuevo porque es de noche*

Retoñitos de mi corazón, perdonen el retraso más largo del mundo. He estado en una crisis del asco, muriéndome por actualizar pero sin inspiración. Me quería matar, así que no me digan ustedes también que me quieren muerta. Mucho homicidio. De verdad que lamento mucho dejarlos colgados tanto tiempo. El capítulo lo acabo de terminar hace tres minutos y lo subo de una vez porque no quiero hacerlos esperar más.

Les explico, ya no quiero alargar más la trama de "Entre Luces", quiero darle nada más un buen final. Verán que en este capítulo se ha avanzado mucho y les digo desde ya que no tendrá más de cinco capítulos (seis si resulta que necesito explicar más). He abierto hace un tiempo un poll en el que me gustaría que todos los seguidores de la historia participen. La pregunta es sencilla: ¿Les gustaría más un final abierto o uno cerrado? De acuerdo a las votaciones, les pondré el correspondiente. El poll se quedará abierto hasta ocho horas pasadas desde la publicación del penúltimo capítulo. Así todos tendrán oportunidad de decidir aún si no les gusta dejar review. Me ayudaría mucho que fueran votando desde ahora, para ir armando los capítulos con más pistas, pero no se preocupen si quieren esperar hasta el penúltimo para saber lo que quieren.

Ahora les cuento que no ando tan mal como antes, así que estoy aprovechando para volver al vicio y estoy escribiendo mucho. Borrando, también. Subiré pronto el anexo de "El día en el que Arnold sorprendió a Helga" y el nuevo capítulo de "En la esquina veleidosa". He decidido que "Ocho días a la semana" tenga sólo cinco capítulos más y que "Rhonda y la pócima mágica" tenga más capítulos que "Cuando Helga G. Pataki perdió la paciencia". No sé cómo saldrá al final, pero la intensión es esa ;) Tengo 25 viñetas de "Con la frecuencia" que me faltan corregir pero que subiré pronto (si no de golpe, al menos una o dos cada día). "Cuando Carmen sale a bailar" está en proceso de corrección, así que no se preocupen los fans del universo, ya llega. Una vez que termine todo lo pendiente me daré un descanso de escribir en la sección, así que espero que no los tome por sorpresa. Igual me falta tanto que será posiblemente recién el próximo año ;)

SOBRE LOS REVIEWS,PERDONEN QUE NO LOS HAYA CONTESTADO. Los he leído todos y todos me han servido para continuar. De verdad que no le veía esperanzas a la actualización, pero el ánimo ha sido tan grande que me han llenado de entusiasmo. MUCHAS GRACIAS. Estoy muy ilusionada por publicar y la espera ha sido tan larga que he decidido subir el capítulo ahora. Pero no se apuren, contestaré los reviews apenas termine de publicar. Lo prometo. Los anónimos, eso sí, tendrán que esperar un poco más (modificaré agregando la respuesta este fin de semana), pero contestaré todo. GRACIAS DE NUEVO.

Recomendaciones.

Observador de Myriamj. JODER, si no lo han leído se están perdiendo de una de las cosas más bellas del universo. ES UNO DE LOS FANFICS MÁS GENIALES QUE HE LEÍDO EN LA SECCIÓN. Lo recomiendo de todo corazón y les pido, por favor, que no se corten a la hora de dejar reviews. Si quieren mantener activo a un autor, ¿qué mejor forma que haciéndoselo saber? (no es por nada, pero hace rato que hubiese abandonado todo si no fuera por sus comentarios). Sinceramente, creo que es uno de los fanfics que debería tener más de 300 reviews, porque así de genial es el manejo de personajes, la trama y la redacción. Me ha conmovido hasta el tuétano la idea principal: Atrapado en tu propio cuerpo.

Myriamj, si estás leyendo esto, ¿te casarías conmigo? :3

one-short MENSAJES de britney24. Bueno, el título sin duda estaría mejor si fuese simplemente 'Mensajes'. No sé si britney24 me lee (probablemente no), pero aclaro que es 'one-shot' y no 'one-short'. Bien, dejando el tema del título de lado, este fanfic es sin lugar a dudas uno de los que mejor escritos están. ME HE PARTIDO DE LA RISA LEYÉNDOLO. Joder, Arnold está un poco OoC, pero es casi nada y está TAN bien caracterizado que ya dudo de mis críticas. ME ENCANTÓ. Es sencillo, divertido y joder la ortografía es una de las mejores que he visto (mejor que la mía, eso). CHICAS Y CHICOS, no se olviden de dejar reviews, tienen que haber más historias como esta.

Y BUENO, :) me voy a contestar reviews y a terminar el anexo a ver si lo publico hoy.

¡ABRAZOS GIGANTES PARA TODOS! Que les llegue todo mi amor empalagoso, así no lo quieran :3

¿Clic al botoncito? :3