Los personajes no me pertenecen le pertenecen ha masashi kishimoto esta historia le pertenece ha ArcadiaCullen quien muy amablemente me permitió la adptacion de este grandioso ficc

Los comienzos serán siempre inevitables

1-Viaje a New York (Editado).

Decididamente no me gustaba en absoluto viajar en clase turista. Ocupaba el asiento medio, en el sector central, entre dos personas. Dos personas que nunca viajarían en un avión juntas, de no ser por mí.

-Mamá me aplastas, ¡por amor de Dios!-dije exasperada, mirando a Sayumi con expresión asesina.

-Sakura, ¿tendremos que soportar tus berrinches todo el viaje?- preguntó Jiraya cansinamente.

Soy una adolescente desprovista de protección, aventada sin previo aviso a un mundo cruel, un reinado de progenitores dementes. E inconscientes, debería agregar.

-Déjala Jiraya, juró no dirigirnos la palabra hasta que tenga, al menos 50 años, ¿Recuerdas?-rememoró mi madre con aire divertido.

¿Ellos, de hecho, se burlan de mi desgracia? Sencillamente increíble.

-Esa clase de cosas las ha recibido genéticamente de ti, las contestaciones absurdas quiero decir - acotó el masculino en voz baja, mirando con ojos reprobatorios a Sayumi.

-Jiraya, todas sus malas actitudes son igualitas a las que tú tenías cuando estábamos casados, así que no me salgas con esto ahora. Y luego de vivir en forks 2 años contigo no sé que esperas, no puedes culparme- le respondió mi madre impulsivamente.

He aquí el motivo de su separación. No pueden estar en la misma habitación, o medio de transporte en este caso, sin acabar discutiendo por incoherencias.

Allí va, algo que nunca reconoceré: debo admitir que extraño forks. Mi aburrido, verde, solitario, místico y poco poblado Forks. Un sitio que ahora mismo evoca sueños de paz eterna.

Había vivido allí con Jiraya, mi padre, durante los últimos 2 años. Sayumi y Sora, su nuevo marido, viajaban continuamente, dejándome sola. Luego de pensarlo detenidamente llegaron a la alarmante conclusión de que la pequeña e indefensa Sakura Haruno necesitaba habitar nuevas tierras, respirar aire diferente.

¡Y de eso sí que había en mi pueblo natal!... aire, aire sumamente helado.

Luego de un tiempo- de enfados, berrinches y psicología barata- logré acostumbré a ese extraño lugar. Quizás mis mejores amigos, Samantha, Angel y Daniel, ayudaron bastante. Justo cuando estaba comenzando a detestar menos aquél lugar apartado del mundo y de la mismísima especie humana, me dieron la horrible, espantosa, desgraciada, desesperante noticia de que me mudaría nuevamente.

Sola, sí sola.

Hasta allí todo marchaba bien, por supuesto. ¿Qué más podía pedir que vivir sola y tener mis propios tiempos, sin controles excesivos, miraditas extrañas, toques de queda y rollos paternales de tipo similar?

Y luego… todo sucedió. No quería recordarlo, pero ¿Desde cuando le importaba, a mi cerebro, sobre opiniones personales? De modo que aún sin desearlo rememoré el suceso del último mes, la "gran noticia", como le llamaba Sayumi.

¡Y un cuerno con la gran noticia!

Recuerdo perfectamente estar conduciendo sobre la desolada carretera de Forks, dentro de mi cálido monovolumen. Recuerdo llegar a casa luego de pasar la tarde con Samantha y Angel, cocinando un gran pastel para Daniel, que cumpliría los 18 años de edad, antes que yo. Recuerdo ver, con cierta incertidumbre, el coche patrulla de mi padre estacionado en el ingreso lateral de la casa y un auto, que no reconocí, aparcado en dirección contraria a éste último. Tomé las llaves de mi bolso dispuesta a abrir la puerta pero no fue necesario. Mi madre, sí, mi mismísima madre salió a recibirme y a besarme excesivamente las mejillas.

-¡Dos meses sin verte hijita, te he extrañado tanto pequeña!- sonrió maternalmente – Luces un poco paliducha ¿Te alimentas bien? ¿Te has desmayado o algo así? ¿Estas ingiriendo vitaminas? ¿Desayunaste esta mañana?

-Mamá, dame tiempo de respirar ¿Okey?- dije acaloradamente ingresando a la sala. Allí ví a papá beber una cerveza con lentitud y saludarme con una pequeña sonrisa.

-¿Qué es todo esto mamá?, ¿Qué haces tu en Forks?-dije quitándome el abrigo y la bufanda para abrazar, finalmente, a nuestra visitante.

-Pues vengo a traer noticias, Sora no ha podido venir pero le hubiera encantado. Esta practicando sin cesar para la nueva temporada-dijo sentándose junto a Jiraya. Sora era jugador en las líneas menores de béisbol, no era lo que uno podría describir como "bueno" pero tampoco era exactamente malo.

¿Se ha sentado junto a Jiraya?... ¡Esto no puede ser bueno!

-Pues y ¿Qué noticias traes Sa…madre?- siempre que mi anatonía alcanzaba su límite nervioso la llamaba Sayumi en lugar de mamá. Y realmente estaba alterada.

-Te lo contaré luego de que Jiraya, tú y yo hayamos cenado en un bonito lugar que he visto a unos kilómetros de aquí. ¿Qué te parece?- pregunto mamá. Pues me pareciera o no, así lo haría así que simplemente asentí vaticinando algo muy, muy malo.

Subí a mi habitación, tomé un vestido negro y tacones a juego, sin detenerme a observar el producto final, resignándome al hecho de ser una mujer por naturaleza, y si de algo era consiente era que contra la naturaleza no se debía luchar.

Nunca había sido de las beldades que perdían la vida arreglándose cada vez que debían concurrir a algún sitio. De hecho, hubiera ido con lo que traía puesto, si no hubiera tenido manchas de chocolate y harina por todas partes y si supiera que Sayumi no me torturaría con sus miradas reprobatorias.

Le sumé un gran abrigo a mi atuendo. El invierno en Forks era casi igual que meterse en la nevera por 30 minutos, todos los días.

Escuché a Jiraya tocar bocina y bajé velozmente para encontrarme con mis padres en el coche patrulla. El viaje no fue tan terrible, simplemente escuché la incesante voz de mi madre contar miles de historias en un tiempo muy corto. Papá pareció desconectar su cerebro luego de los primeros 30 segundos. Así era él, jamás prestaba atención a nada y luego, nunca comprendí cómo, terminaba sabiendo cosas que nadie sabía.

La cena fue tranquila también, le conté a Sayumi sobre mis mejores amigos y sobre mi graduación. Ésta había sido celebrada 15 días atrás, en el pequeño salón de fiestas del Instituto de Forks. Ella no había podido acudir, debido a problemas en la salud de Sora. Tampoco era gran cosa, las fiestas no eran lo mío.

Regresé a la realidad una hora después, cuando el coche del jefe Haruno finalmente se detuvo sobre la resbaladiza acera, para observar la gracia implícita en los movimientos de la mujer, quién abandonaba el asiento del co-piloto con elegancia innata.

Yo nunca sería tan ágil como ella, no podía siquiera caminar sin tropezarme con algo y si no lo había, pues… lo inventaba y terminaba de bruces en el piso. Aún así mi madre había insistido en enviarme a practicar danzas clásicas y canto cuando era pequeña. Y lo hizo hasta que fui lo suficientemente mayor como para mandar todo al diablo.

Entré a casa y puse a descongelar mi cuerpo frente al calentador de la sala. Mamá y papá se sentaron en un sillón frente a mí, depositando posteriormente tres tazas de café sobre la pequeña mesa ratona.

Dios me salve y me guarde de lo que está por venir. Gran show ¿Ah?

-Bueno Saku, te daré una noticia magnífica- Sayumi comenzó a dar respingos en su lugar con emoción contenida. Esto no puede ser bueno- Tu padre ha sido transferido a Little Silver, un pueblo que está a dos horas de aquí.

No pienses, no pienses, no pienses.

-El caso es que allí tendré que vivir en una especie de residencia para policías. Todo es parte de una especialización que debo hacer. Es como un curso de investigación criminal. Dura dos años y esta dividido en cuatro semestres. Es necesario que lo haga mientras quiera seguir ejerciendo mi profesión, tú sabes que amo ser policía- completó el aludido con expresión cdudosa –el caso es que vivirás sola durante ese tiempo- concluyó.

Está confirmado. Estoy alucinando.

-¿Q-Qué quieres decir con que viviré sola?- pregunté siguiendo el movimiento deliberado de la llama azulada que bailaba a escasos centímetros de distancia, perdiéndome el hilo de la historia.

-Pues así es Sakura, no puedes venir conmigo y Sora porque sabes que viajamos constantemente, esa no es vida para una adolescente. Tampoco puedes vivir en una residencia policial con tu padre. Así que hemos decidido que deberías concurrir a una universidad como pupila. Conseguirás residencia en el campus y vendrás a vernos al finalizar cada semestre- anunció Sayumi con entusiasmo.

Nada mal ¿Ah?, de hecho mi próximo destino era la universidad de todos modos.

-En conclusión, te he inscripto en el Colegio de Danzas, Música y Teatro de Nueva York- determinó mi madre en un suspiro melodramático a causa de alguna intensa emoción.

Agradecí el preciso instante en que mis neuronas dejaron de funcionar, llevándome a un letargo involuntario. No era capaz de comprender, sólo sabía que había oido mal, tenía que haber un error. Debía haber un error.

-¿Q-Que?- pregunté abatiendo mis pensamientos.

-Comienzas en una semana, así que deberías preparar tu equipaje cuanto antes- informó mi madre un poco confundida, demandándome tales acciones.

-¿Es broma, verdad?- sonreí incrédulamente – ¡Que gracioso!, ¡Me han atrapado!, ¡He caído!- exclamé hundiéndome en un nervioso ataque de risa.

-No es chiste Sakura- corrigió Jiraya preocupándose por mi estado mental, observándome detenidamente. El terror, el inevitable terror, acechó mis sentidos sin compasión alguna. Casi podía oír la intensa sinapsis que se sucedía en mi cabeza, que se negaba a procesar la información recibida.

-Pues más les vale que sea chiste, porque si no desde este momento hasta que tenga 70 años, les dejaré de hablar y procuraré no volver a mirarlos por el resto de mi vida. Nunca, jamás, en toda mi vida, nunca, ¡nunca! concurriré a un colegio de baile. Tengo dos pies izquierdos y tanta coordinación como un elefante, y si vamos al canto…en la ducha no esta tan mal, pero jamás pasará de allí- dije desvariando- Es que ustedes… ¿Es que están locos, verdad? Prometo mandarte correos 7 veces por día mamá y llegar antes de las 10 p.m. todos los días papá, pero díganme que es mentira- supliqué desesperadamente al borde del colapso- Se los suplico- susurré sabiéndome vencida.

Abrí los ojos nuevamente espantando esos tontos recuerdos.

Y después de todo, el chiste no era ningún chiste. Heme aquí viajando hacia Nueva York para hospedarme en el endiablado Colegio. Bonito show daré cuando me desmaye al ver un par de zapatillas de baile.

-Bueno, al menos cantas bien Sakura, hasta tocas la guitarra. ¿Eso tiene que servir de algo verdad?

-Pues sí, servirá para que conozcas a alguien que toque mejor que tú y, ¡adiós atributos! No trates de convencerte pequeña ilusa, será tu peor pesadilla.

¿Quién le había mandado, al tonto director Bomssy, pasarme directamente a los cursos avanzados en el Instituto y lograr que me graduara un año antes de lo normal?

Pues nadie, y si eso no hubiera sucedido ahora estarías placidamente recostada en tu cama en Forks, viviendo sola o en casa de Samantha. Tu mayor sueño hecho realidad.

Me obligué a dormir, porque de otro modo no soportaría la disimulada discusión que mantenían mis padres, tratando de pasar desapercibidos. Desperté cuando Sayumi, porque no pensaba volver a llamarla mamá, me anunció que habíamos llegado al aeropuerto.

-Vamos Sakura, desciende. No puedes quedarte varada en el asiento. ¿Tendré que arrastrarte hasta el campus?-preguntó resignada.

-No, sólo llévame devuelta a Forks- planteé violentamente, incorporándome, bajando rápidamente para no tener que cruzarme a mis padres en la escalera. Tomé las maletas de la cinta que las transportaba y esperé un taxi, sumida en resignación.

No pronuncié una sola palabra en todo el viaje, los ignoré olímpicamente.

¡Oh!, maldito taxi, maldito tránsito, maldita ciudad ¿Por qué tiene que haber tantos autos y tanta gente en este lugar?

No pienso bajarme, tendrán que sacarme con una grúa de aquí. Si, sí. Que se atrevan a hacerlo.

-Sakura, no seas ridícula. El señor conductor no tiene culpa en que tú veas como una desgracia el hecho de haber obtenido una beca completa en semejante institución.

¿Beca? ¡Beca! ¿Y cuando, exactamente, la había solicitado?

Me bajé del coche impulsada por toneladas de enfado, no sin antes dar de lleno con las maletas esparcidas sobre la lustrosa acera.

-Veamos madre, ¿Dime cuando, exactamente, solicité una beca para un colegio donde te hacen dar saltos al aire y vivir en constante riesgo de muerte?... eso si dejas de la lado mis pobre cuerdas vocales, claro- dije dramatizando al máximo. Estaba jugando el mismo juego que ella.

-Sayumi tu dijiste que ella estaría de acuerdo, que quizás sería difícil pero que se entusiasmaría. ¿Le mentiste? ¿Esa es tu manera de que "se entusiasme"?-preguntó mi padre. Ni él sabía lo que me esperaba en ese sitio de tortura.

Sí, así se llamará desde hoy en adelante. Mi sitio de tortura personal.

-¡Oh!, no es para montar tanto escándalo. Mi amiga Hikari Inoue vive y trabaja aquí y ha conseguido una beca para Sakura. No tiene nada de malo y si no le gusta el primer semestre puede abandonar todo y convertirse en una adolescente frustrada-aventó mi madre utilizando su tono de enfado supremo.

¿Adolescente frustrada?, por amor de Dios madre, te has pasado.

-Entonces soy tu nuevo experimento ¿Verdad?- esas eran las desventajas de tener una madre que siempre quiso ser bailarina pero nunca lo logró- ¡Dime que no me inscribiste en ese maldito lugar sólo porque no debes pagar una cuota universitaria!- grité a pleno pulmón aún parada sobre la vereda de una gran avenida.

Podía distinguir un espacio verde, cubierto de árboles, a pocos metros de donde estábamos. Se divisaba un gran edificio, antiguo y gastado, pero increíblemente bonito…al menos con el toque mágico de la noche. Sobre la inmensa entrada principal, un letrero rezaba "Colegio de Danzas, Música y Teatro de Nueva York". Creó que aluciné cuando esa hermosa construcción se me antojo bastante similar a una prisión. Hasta pude detectar barrotes.

-Pues sí, ya que no podemos pagarte una carrera universitaria por completo, y una de mis amigas se ha ofrecido a darte una oportunidad si te esfuerzas lo suficiente…he optado por ir contra tu voluntad y lograr que consigas algún modo de trabajar dignamente durante el resto de tu vida- murmuró mi madre haciendo caso omiso a mis gritos, evitando escándalos públicos.

-Por Dios Sakura, no es que te estemos obligando a caminar hacia la horca o algo por el estilo- comentó mi padre con preocupación impregnada en su voz.

Sí, es eso lo que hacen. Exactamente eso. ¿Bailar, cantar y participar en obras teatrales? Estaré muerta en cuanto pueda.

-Pues bien, feliz o infeliz, pon tu trasero en movimiento pequeña ingrata. Debíamos llegar avanzada la tarde y ya está entrando la noche- tomó algunas maletas y mi padre las restantes. No pensaba ayudarlos a equipar la celda, deberían cargarlas ellos solitos.

Tampoco exageres, ¡no es una celda!, estoy segura que imaginé los barrotes…casi segura.

Llegamos a ese horrible lugar, me paré sobre el umbral e hice lo posible por seguir considerándolo horrible. Era bastante difícil, resplandecía a la luz nocturna, era amplio, níveo y calido…sí, calido.

-Aquí nos despedimos hija, debes ir al recibidor. Allí están distribuyendo las habitaciones. Tu padre y yo hemos pagado el semestre de renta por adelantado, así que no deberás preocuparte. Compartirás la habitación, no es tan aterrador. Podrás hacer nuevos amigos y vendremos a verte en cuanto tengas tiempo libre- lanzó mi madre.

¿Han pagado por adelantado?, genial, estupendo, maravilloso, increíble… ¡Por adelantado!, ¡Mira que pagar por adelantado para que no pueda huir de este…sitio!

-Pues bien, déjenme prisionera aquí por toda la eternidad- dramaticé imitando a Sayumi, quizás no se me diera tan mal eso de la actuación- Supongo… Adiós- murmuré nivelando las ráfagas de furia que me embargaban.

Abracé a papá, después de todo, él tampoco comprendía el curso de las cosas y hacía lo mejor que podía. Me limite a besar la mejilla de Sayumi y a escapar de sus brazos ante la amenaza de un posible abrazo.

¿Realmente cree que la abrazaré, después de todo? Se supera a sí misma.

Ví venir su ataque dramático.

-¡Oh!, estas creciendo pequeña. Nunca pensé que llegaría tan pronto el día en que debiera dejarte partir camino a la universidad- dijo en un momento de inspiración.

-Y yo nunca pensé en que llegaría el día en que me obligarasa partir camino a la universidad- tomé las maletas con torpeza y traté de acarrearlas todas con mis pequeños brazos. Me volteé y los saludé una última vez.

Mamá tenía una sonrisa imborrable en su dulce rostro, había conseguido su cometido. Papá llevaba puesta su típica expresión sumisa, la que adoptaba en presencia de Sayumi.

¡Ponte los pantalones hombre!, líbrame de esta.

Luego de unos segundos supe que ya no había vuelta atrás. Indignada, molesta, cansada y resentida caminé con dificultad hacia, lo que creí que era, la recepción. Conté, al menos, 80 personas. La escena pisoteaba mis escasas esperanzas.

¿Cómo pueden tener esas expresiones felices cuando serán ridiculizados frente al resto del mundo y se quebraran partes vitales del cuerpo?

Un sonido molesto me sacó de mis pensamientos de una manera brusca, maleducada.

-Alumnos, por favor silencio- casi imploró una voz profundamente masculina. Miré en la su dirección. Era un hombre bien formado, musculoso, de piel blanca y ojos azules. No podía tener más de 28 o 29 años. Llevaba calzas de baile y una franela holgada- Alumnos no pediré silencio una vez más- advirtió el masculino en cuestión, acallando el bullicio que reinaba en el ambiente.

Parecía que la niña que estaba a mi lado, aún haciendo su mayor esfuerzo, no podía dejar de brincar nerviosamente en su sitio.

-Hinata, me alteras los nervios. ¡Detente!- chilló la rubia voluptuosa que se encontraba al lado de la pequeña saltarina. Debía admitir, a mi también me alteraba los nervios, y bastante.

-Bueno, ahora que han conseguido comportarse como adultos les entregaré la llave de sus habitaciones, mi nombre es Kisuke Okisiga y seré el director de la institución hasta fin de mes, cuando me sublevará en el cargo la señorita Hikari Inoue- dijo aparentemente aburrido -Si no han sido correctamente informados escuchen lo que diré a continuación- agregó.

Pues algo era seguro, yo no estaba bieninformada.

-Compartirán sus habitaciones, serán distribuidos de a tres, a excepción de aquellos que hayan solicitado cuartos individuales con la debida anticipación. Como sabrán, si han leído sus cartas de admisión, este primer mes de prácticas no es obligatorio. Sólo deben concurrir aquellos que deseen practicar, si no tienen ninguna instrucción previa en canto, danza, o artes teatrales o quiénes hayan sido admitidos como ayudantes junior del profesor Strimers, durante la audiencia llevada a cabo el junio pasado- otra cosa de la que estaba segura es de no haber recibido carta de admisión. Seguramente Sayumi se las había arreglado para evitar que me llegara a Forks y fuera votada, inmediatamente, a la basura.

-Realmente, venir aquí sin experiencia previa en alguna de esas disciplinas sería un suicidio social ¿A que sí?-susurró la rubia despampanante en el oído de la pequeña figura de su amiga.

-No hay que ser tan mala Ino, para eso están estos cursos. Aquí se viene a aprender, no lo olvides- devolvió la morenita con determinación.

Bueno, debo admitir que a pesar de alterarme los nervios, la pequeña comienza a caerme bastante bien. Nadie pensaría que un cuerpo tan diminuto fuera capaz de albergar semejante carácter.

El instructor comenzó a distribuir las habitaciones, traté de distinguir mi nombre en cada uno de aquellos a quienes llamaba, pero no lo lograba. Lo único que me faltaba era que los pagos de la renta de Sayumi y Jiraya no hubiesen ingresado y tuviera que dormir en la calle. Eso sí que levantaría mi ánimo.

-Antes de continuar recuerden que las habitaciones se encuentran en el ala este del edificio, junto con la respectiva llave les entregaré un pequeño plano para que puedan encontrar sus aposentos, recuerden que los muchachos y las muchachas se acomodarán en direcciones opuestas en el sector de habitaciones. Las visitas de muchachos a los cuartos de muchachas y viceversa, sólo estarán permitidas desde las 8hs. hasta las 20hs. Y para quiénes duden sobre el control, debo advertirles que nuestro celador, el señor Porter, tiene muy buen ojo y no olvida fácilmente- adicionó en tono amenazante.

Me reí para mis adentros, dado que el hombre no lucía realmente atemorizante, hasta que fui consiente que un grupo de masculinos me observaba disimuladamente. Sólo quedaban varones, de modo que ya había llamado a todas las chicas.

¡Oh!,¡ Yo soy una chica!, ¡Maldita sea!

-Pues usted debe ser Sakura Haruno ¿Tendría deseos de tomar su llave y volver a la tierra?-la pequeña saltarina y la rubia, Ino, me miraron de forma apremiante mientras me acercaba al profesor. Tomé la llave, el plano y pronuncié un débil "gracias".

-Tendrá la habitación número 188, la compartirá con las señoritas Hinata e Ino Uchiha. Sus clases comienzan mañana a las 6hs, aquí esta su programa. Espero que ponga más atención en él de la que, evidentemente, ha puesto en mí.

Gran comienzo Sakura, te has ganado el cariño del director en tu primer día. Nótese el sarcasmo.

Caminé detrás de Hinata e Ino sin hablar, casi sin respirar. Debía aprenderme sus nombres si conviviría con ellas por el próximo semestre, en la misma habitación. ¡Qué magnifico que me hubiera tocado con quién que me consideraba un suicidio social y su hiperexcitada hermana!

Tendrás que mandarme algo bueno pronto, te lo advierto pensé mirando al techo del Colegio, enviando olas de disconformidad en todas las direcciones en las que me fue posible.

-No pareces muy feliz de estar aquí, soy Hinata Uchiha-acotó la morenita cuando lancé todas mis maletas sobre, la que decidí, sería mi cama. Escuche como Ino cerraba la puerta con cuidado. Ambas eran muy hermosas, exóticas y seguramente buenas en todas las clases que se impartían en este estúpido lugar.

-Pues me han obligado a ingresar aquí, lo digo muy literalmente. Díganme Sakura, por favor.

-Soy Ino, es un gusto que estés en nuestra habitación. Este es nuestro primer año en esta academia, pero hemos concurrido a un conservatorio de Anchorage, Alaska, durante seis años, Hinata es la más ágil de las dos ¡Ha logrado ingresar como junior de la instructora Forge y del instructor Strimers!-dijo la chica rubia. Era muyextrovertida.

Quizás eso era exactamente lo que la nueva Sakura Haruno necesitaba, una buena dosis de diversión en compañía, dejando atrás los años ermitaños, generando el caos suficiente que concluyera en un inevitable fin de su corta carrera en el mundo del espectáculo.

Si conseguía que me expulsaran, habría alcanzado mi más marcada aspiración.

-Pues felicitaciones, pero… ¿Qué significa eso de junior? ¿Debería saber quien es la tal Forge?- pregunté guardando ciertas cosas de mi guardarropas en un pequeño closet celeste que coronaba la pared frontal de la habitación.

-Pues, no se sí deberías. La señorita Forge es la mejor bailarina que tenemos aquí, muy conocida. Y bueno ser junior, es ser casi un ayudante de los profesores. De más esta decir que debes entrenar durante 10 o 12 horas diarias para conseguirlo- dijo una orgullosa Hinata – ¿Cuál es tu promedio de horas diarias? Es decir, referidas a las prácticas por supuesto-sonrió angelicalmente.

-Pues, no se si te resultará gracioso pero ni una sola vez he tratado de bailar. Me han enviado de pequeña a esas academias y todo, pero las piruetas, los saltos y la coordinación, definitivamente, no son lo mío- bromeé sentándome sobre el cobertor de la cama, observando la extraña expresión de ambas chicas.

-¿N-Nunca has bailado antes? ¿N-ni cantado? ¿Sabes tocar algún instrumento?-pregunto…Ino…sí Ino Creí que iba a desmayarse.

-Pues sé tocar la guitarra y he cantado en la ducha durante años, ¿Eso cuenta?- sonreí, era tan divertido verlas al borde del colapso.

-¡Oh!, estoy tan emocionada. Prometo hacer de ti una ágil bailarina y dulce cantante. ¡Que milagro que nos haya tocado en la misma habitación!- exclamó Hinata maravillada.

Okay, definitivamente no me espera esa reacción, aguardaba por- al menos- un desmayo, sólo uno. Supongo que la diversión me estaba negada.

-Pues, gracias. Me gustaría verte intentarlo. Tengo dos pies izquierdos y ni siquiera puedo coordinarlos y en lo que respecta a mi voz, jamás he cantado en publico así que no sabría que decir- dije incorporándome, buscando dinero en mi billetera. Ino todavía se encontraba estática, creí que mi "analfabetismo artístico" le provocaría un infarto.

-Bueno, te ayudaremos. No entres en pánico, este mes de preparación previa al comienzo del semestre te será muy útil. ¿Podríamos ir a cenar? Me comería una vaca luego de un viaje tan largo- comentó la hermosa rubia de forma graciosa. No pude evitar reírme, al menos tendría compañeras entusiastas.

-Pues sí, pero no podré salir con esta ropa. Y tú tampoco deberías Sakura, el viaje te ha sentado bastante mal. ¿Me dejas retocarte un poquitín?-susurró la pequeña, a modo de confesión, observándome reprobatoriamente.

Tu si que entras pronto en confianza ¿Verdad? ¡Qué más da!

¿Cuán traumático podría ser?

Cuando Hinata terminó conmigo llevaba puesto un ajustado vestido de color azul marino, unos zapatos planos a juego y un peinado que seguramente jamás me haría por mi cuenta. Nunca me ví como una chica bonita, pero había que reconocer que la morenita sabía lo que hacía. Al menos ahora no desentonaba tanto con ellas mismas.

Tomé el dinero, las llaves y el pequeño mapa. Me rezagué un tanto observando infantilmente el número pintado de dorado sobre la puerta de ingreso, 188.

Definitivamente el número de la desgracia.

Volteé lentamente observando el mapa en cuestión, tratando de localizar el corredor que habían tomado Hinata e Ino. Debían doblar a la derecha si buscaban el comedor, así que me dirigí en esa dirección con la mirada perdida.

Choqué contra una roca dura y mi trasero golpeó el piso.

¡Genial!, más trampas mortales. Levanté la mirada de forma cansina, me sorprendió lo que vi. La roca tenía ojos azabaches, cuerpo escultural, labios rojos y tendía una de sus manos hacía mi. La tomé desconcertada y me incorporé.

-L-Lo siento, estaba distraída- dije a modo de disculpa observando al muchacho-roca que se paraba frente a mi.

-Pues mira por donde caminas la próxima vez- bufó- Sasuke Uchiha- se presentó, dibujando una sonrisa obstinada.

-¿Uchiha?...Hinata e Ino Uchiha son mis compañeras de cuarto- dije quedamente observando sus hipnotizantes ojos.

-Son mis hermanas. Si buscas el comedor tienes que doblar a la derecha y caminar unos metros hasta alcanzar una puerta de roble-dijo observando despectivamente el plano que traía entre las manos, siguiendo el curso de mis dedos a través de él-No te choques con ella, hazme ese favor- dijo volteándose con aires de superioridad.

Debe estar en uno de sus días, sí señor. Volteé para observarlo alejarse e ingresar por la puerta número 224, a unos 100 metros de mi cuarto, ubicada sobre el pasillo opuesto. Y podría jurar que me observó de reojo soplando algo bastante parecido a una risa.

-¡Oh!, lo siento. Me he retrasado-dije sentándome con Hinata e Ino. Noté que no éramos solo tres en la mesa. Seguramente las chicas, con sus encantos, habían atraído a esos muchachos. Uno era delgado, musculoso y ciertamente misterioso, mientras el otro era gigante, fortachón, pero aún así tenía un rostro demasiado bonito.

-Saku, ellos son Naruto e Itachi- dijo una chispeante Ino observando con descarada emoción al súper musculoso.

-Cenarán con nosotros, los conocemos de algunas competencias artísticas a las que hemos concurrido y los hemos visto de pasada en casa, son amigos de nuestro hermano, pero nunca se habían quedado lo suficiente como para que charláramos o algo por el estilo. Siempre hay segundas oportunidades, parece- dijo Hinata sonriéndole al que creo que se llamaba Naruto.

-Soy Sakura, como habrán oído. Un gusto- sonreí tontamente, si que estaba actuando raro. Quizás no me viniera tan mal hacer un par de amigos por aquí.

-No te habíamos visto en el salón- dijo Naruto bebiendo su soda distraídamente.

-Y no se como ha pasado, sí que eres bonita- dijo el tal Itachi haciendo que Ino me observara de la misma forma en que me había visto luego de enterarse de la carencia de habilidades físicas que poseía.

-nunca había visto ese color de cabello-dijo itachi estrañado

-si lo se no es algo muy común qe digamos parece chicle no cree?

-jajaja no para nada-contesto naruto

-Es que he hecho una obra de arte con ella, esta irreconocible- casi gritó Hinata. Después de todo mientras no observara mi ropa muy detenidamente y evitara todos los espejos, podría sobrevivir con aquello.

-Tomaré algo para cenar del mostrador, enseguida vuelvo- me dirigí al sector de expendio. Ordené una porción de lasaña y una botella de jugo de naranja. Volteé distraídamente recordando que en cuanto pudiera debería llamar a Dani, Angel y a Samantha. Los extrañaba como nunca.

Seguí mi camino hacía la mesa y a pocos pasos me detuve en seco.

Estúpido pedante.

-Sakura, este es mi hermano Sasuke. Él cenara con nosotros, está dos semestres avanzado y se ha especializado en piano- informó Ino mientras procuraba sentarme y dejar de maldecir en mi cabeza.

-Si, nos hemos conocido. Me ha atropellado en el pasillo- respondió el sujeto. ¡Por Dios!, es que podía ser más… más chocante. Lo observé fingiendo indiferencia.

Incorrecto.

Sí que era guapo, tenía voz tranquila pero consternada, ojos azabaches, u torso musculoso, nariz perfecta y expresión sumamente cautivadora. Su cabello era bonito, algo despeinado.

D-i-o-s.

-Lo siento, es que iba muy distraída. Oye Ino, ¿Es posible sólo continuar con una especialidad dejando de lado el rollo del baile y la actuación, es decir…¿Me sería posible sólo tomar clases de música?- pregunté observando el gran salón donde me hallaba.

Era amplio, calido, hermoso y bullicioso. Había al menos 100 personas demasiado emocionadas para mi gusto. Unas mesas más adelante dos niñas esculturales practicaban una rutina de baile moviendo sus cuerpos de una forma que ni en mis peores pesadillas podría imaginar.

-No no, sólo cuando pasas en primer semestre puedes dedicarte a alguna disciplina en particular. Para acreditar tus primeros exámenes debes cursar todo- la platina se dirigió a mi con entusiasmo contenido. Sasuke me miró mientras comía una ración de ensalada.

No recuerdes su nombre Sakura, vamos prohíbetelo.

-¿Seguramente podrás bailar sin matar a nadie, en algún pasillo, verdad?- ridiculizó el sujeto.

-Pues no sé bailar, así que tú dedúcelo. ¿Tienes algún inconveniente de compresión?, te he pedido disculpas. No creo que sea para tanto- respondí indignada.

-¿Y que haces aquí si no sabes bailar?- preguntó un juguetón Itachi. Él sí me caía muy bien.

-Me han tendido una trampa. Mi madre me registró en este lugar y se dignó a comunicármelo hace tan solo una semana. Ni siquiera me ha entregado la carta de admisión- susurré molesta observando el cabello de Hinata e ignorando al chico sentado frente a mi.

-Todo un desafío- creí oírle decir a Sasuke.

Saku, su nombre. ¡Vamos!, ¡Siempre olvidas los nombres!

-Será mejor que vayamos a dormir, mañana tendremos clases muy temprano- anunció Ino bostezando. Nos despedimos de los muchachos con un simple adiós, nos retiramos del salón y, finalmente, nos tendimos, agotadas, en nuestras camas. Estas estaban ubicadas en paredes opuestas.

El cuarto era un lugar bonito, teníamos TV, radio, tres pequeños escritorios y un baño moderadamente aceptable. Nada del otro mundo. Llamaron mi atención unas hermosas cortinas aterciopeladas color azul oscuro, quedaban muy bien a pesar de ser de una calidad muy superior a la del resto de los muebles. Cumplían la función de cubrir un inmenso ventanal cuya vista era impecable. Se observaban sauces, pinos y pequeñas flores esmeralda que habían sobrevivido débilmente al invierno en el campus.

-Hemos traído esas cortinas de mi casa. Jamás las usamos allí. ¿Son bonitas, verdad?-preguntó Hinata siguiendo la dirección de mi mirada.

-Si, muy bonitas- dije quitándome el resto de la ropa, poniéndome el pijama. Las chicas me imitaron.

-¡Has visto a Itachi, no recordaba que fuera tan… tú sabes, sexy! Definitivamente, tengo mis ojos sobre él- murmuró Ino.

Y eso fue lo último que oí antes de despertarme sobresaltada por chillidos de emoción. Observé alrededor, eran las 05.45hs de la madrugada y Hinata estaba dando brincos por la habitación con un conjunto deportivo bastante sugerente, se la veía muy emocionada. Ino tarareaba bajito, se calzaba sus zapatillas de deporte. Ella llevaba la misma vestimenta.

-Buen día Saku, ¡pequeña dormilona!- dijo Hinata riendo.

¿Dormilona? Madre de Dios si a esta hora debería estar soñando.

Me incorporé y me quite el pijama quedando en ropa interior. De pronto una idea cruzó mi mente.

-¿Qué debo vestir?- pregunté con cierto temor. Esas ropas horribles no debían que ser una vestimenta normal.

¡Por favor!, ¡por favor!.

-Pues debes llevar una mallas y un top, si quieres puedes ponerte un abrigo pero entrarás en calor muy pronto. Nuestra primera clase es la de baile sincronizado. Nada difícil, hasta un niño de 1 año podría con eso- dijo Hinata.

Conclusión: ese sí es el atuendo que debo usar.

-No he traído esa clase de cosas- advertí pensando que la excusa serviría.

-Pues te regalo algunas mías, tengo cerca de 58 conjuntos de baile. Me obsesionan. Toma- dijo entregándome unas mallas negras con líneas doradas y un top muy ajustado, con el ombligo descubierto y un pequeño bordado dorado sobre el hombro derecho. Mi estómago era chato y delgado pero aún así me rehusaba a andar medio-desnuda por el corredor.

-Te lo agradezco, pero pensaba en usar algo menos…descubierto- dudé calzándome las mallas y unas zapatillas de baile que Sayumi, seguramente, había introducido furtivamente en mi equipaje.

-Es la vestimenta obligatoria, no tienes excusa. No podrás ingresar a la clase sin eso- dijo Ino mirándome con sorpresa. Sí que le sentaba bien esa ropa, al igual que a Hinata. Dos autenticas beldades.