Disclamer: Los personajes de Naruto no me pertenecen le pertenecen ha Masashi Kishimoto yo solo los uso sin fines de lucro y solo para que pasen un agradable rato y salgan de la monotonia de sus vidas.

El trama del ficc no me pertenece repito NO ME PERTENECE le pertenece ha ArcadiaCullen quien muy amablemente me permito la adaptacion de su ficc.

N/A: Hola esta es una historia que tengo parada desde hace mucho y la verdad me dolio mucho cuando Arcadia-Chan elimino su cuenta junto con sus fics yo tengo su permiso de publicarla al fandom de Naruto pero como paso con Pacto de Amigos y Esta vez si tratare de continuarla yo la lei completa y recuerdo bastante algunas cosas tratare de hacerlo lo mejor posible pero obviamente no quedara como el de la autora original tambien devo decirles que si llegara el momento o circustancia en que Arcadia me dijera que la elimine lo hare bueno me retiro adios.


2- ¡Te odio!(Editado).

-Buen día alumnos. Tomen sus posiciones- ordenó una mujer delgada, grácil, demasiado volátil.

¿Cuáles posiciones?

Observé como todas las niñas se ubicaban en una línea recta y se quitaban sus abrigos. Las imité y cuando volteé para colgar mi prenda tuve una visión espantosa. ¡Compartíamos la clase con hombres! Y con un grupo de personas que tocaban el piano, la batería y el bajo. Entre ellos, sentado sobre un taburete de escasa altura, entre aburrido y extrañado, se encontraba Sasuke Uchiha. Supuse que era parte de la estructura musical de la clase.

Hoy será el funeral de tu vida social Sakura.

-Mi nombre es Candice Forge, seré su instructora de baile sincronizado. Como sabrán este curso se dicta de forma no obligatoria para aquellos que no sepan mucho al respecto o que deseen perfeccionarse. Comenzaremos con una coreografía sencilla. ¿Señorita Uchiha podría pasar al frente? Usted dará la clase hoy, no es nada difícil. Enséñeles la rutina que le anuncié ayer. Toquen una melodía para precalentamiento y luego, podrán retirarse a menos de que quieran observar la clase- comentó la instructora dirigiéndose al grupo musical.

Por favor, váyanse.

Hinata se dirigió al frente y comenzó a mostrarnos, lentamente, pasos insólitos. Aún con mi mejor esfuerzo a cuestas lo único que conseguí fue no producir un efecto dominó de caídas.

Allí comenzó mi pesadilla, y logró ser más terrible de lo que imaginé. Para cuando la clase hubo concluido me dolían las piernas, los brazos y sólo era capaz de realizar un 1% de la composición. Para mi mayor desgracia el ególatra, hermano de mis compañeras de cuarto, se quedó a observar la clase fijando sus ojos sobre mi y mi desesperada expresión. Lo ví sonreír en múltiples ocasiones y juré que me las pagaría muy caro. Nunca había detestado tanto a una persona ¡y en tan poco tiempo!

-Es imposible que alguien sea así de malo bailando, sencillamente asombroso-argumentó Hinata acercándose a mí al finalizar la clase, bromeando.

-Eso es quedarse corto- objetó el idiota de su hermano.

Lo miré tan despectivamente como pude e ignoré su comentario olímpicamente, mientras observaba como se retiraba del aula con aire divertido.

-¡Gracias a los santos que has terminado siendo mi compañera de habitación!- exclamó Hinata, mientras se nos unía Ino.

-Eres tan mala en esto, disculpa la sinceridad. Necesitarás 8 o 9 horas diarias de práctica para conseguir la calificación mínima a fin de semestre- vaticinó Ino, asustándome.

-Practicarás con nosotras durante las horas libres. Te recomiendo que te ocupes de tu voz y de tu instrumento durante las noches. No creo que puedas dedicarles mucho tiempo. ¡Tienes tanto en lo que trabajar! Deberás resignar horas de sueño pero verás que pronto podrás seguirnos el ritmo- susurró Hinata en tono de consuelo.

-¿Porqué no nos permiten desayunar antes de estas clases?, ¿Es que quieren que nos desmayemos?-pregunte absorta, no pudiendo pensar mucho en su propuesta o en su exigencia, por decirlo correctamente.

-Sakura, fueron solo cuarenta minutos. Nadie se muere por eso. Te aseguro que si hubieras desayunado, te hubieses arrepentido muy pronto- seguramente se refería a que con tanto movimiento estaría vomitando en… diez segundos. Aún cuando yo no había tenido tanto movimiento.

Desayune entrehora una pequeña manzana. Demasiado pequeña.

Si me sigo alimentando así no sobreviviré, ¡Qué gran noticia!, moriré muy pronto de inanición…Oh sí, ahora me estas escuchando pensé frenéticamente observando el techo.

Cualquier que me viera en esos momentos pensaría que habría perdido la razón.

Luego me dirigí a mis siguientes clases, danza de Gran Bretaña (clase teórica, sí que me gusto), TAP (lo odie) y como si mi día no hubiera sido tan malo como para arrancarme las uñas por puro gusto, llegó mi más temida clase: Acrobacias I.

De más está decir que el sólo hecho de tratar de saltar un pequeño caballete me fue imposible. Terminé por alterar tanto a la pequeña Hinata que no me quedó mas opción que aceptar sus clases particulares, previendo los inconvenientes mentales que podría causarle.

Finalmente, las 6 horas de tortura acabaron. Eran las 13hs y sólo quería dormir, además no me había quitado este estúpido disfraz en todo el maldito día.

Caminaba sobre el ala este del Colegio, dirigiéndome a mi cuarto, atravesando el sector de masculino, cuando ví a Itachi a mitad del pasillo tocando un teclado imaginario, enseñándole a Naruto la forma correcta de interpretar un La sostenido menor.

-Hola chicos, ¿Cómo están? ¿Ustedes no tienen clases con nosotras?- pregunté mientras me detenía a saludarlos, notando que no los había visto demasiado durante la mañana.

-No, nosotros elegimos educación musical, estamos en el tercer semestre al igual que Sasuke- exclamó Itachi con tono juguetón. Supuse que sería su tono habitual- De todos modos no estamos aquí exactamente por clases, ninguno de nosotros necesita preparación extra. Sólo concurrimos a consultas, para evacuar ciertas dudas o ayudamos a los ingresantes-explicó, utilizando su tono más profesional. Aunque claro que se vio completamente opacado en cuanto guiñó el ojo y me golpeó suavemente el antebrazo.

-Ya que estamos en el tema de ayuda, oí que eres toda una gacela bailando ¿Verdad, Haruno?- bromeó Naruto, quién me había agradado hasta que aquellas palabras abandonaron su boca.

Cómo no imaginarme que les iría con el chisme a sus amigos. Al Colegio entero si pudiese.

En ese mismísimo instante el sujeto engreído de mis pensamientos se materializó frente a mi, con su… sonrisa de suficiencia.

-¡Aquí tenemos a la mejor bailarina en persona!- exclamó jocosamente Sa… el susodicho con aires de popularidad- Al menos esas mallas te quedan muy bien- susurró cerca de mi oído.

Estás jugando con fuego Uchiha, jugando con fuego.

-Considerando que no me has visto sin ellas…- devolví en voz baja, mirándolo de forma tan asesina que me dolieron los ojos. Me volteé y caminé hacia la 188 riendo por lo bajo. Saludé a los chicos con la mano e ignoré completamente al tipo ese.

Y el marcador va:

Sakura-1

Idiota -0

Cerré la puerta de la alcoba compartida sin prestar demasiada atención, alegrándome de estar-finalmente- en territorio aliado. Lo cual duró hasta que dos pares de ojos, muy bonitos por cierto, quitaron cualquier esperanza que pudiera albergar en mi ser.

-¿No estarán pensando que después de hoy me pondrán a practicar piruetas todo el resto del día verdad?- indagué con temor vaticinando un futuro muy poco prometedor. La respuesta era- tan afirmativa como pudiera serlo- brillaba en aquellas orbes.

-En diez minutos en el aula 4 del primer piso, mi hermano se ha ofrecido a prestarnos sus servicios con la parte musical. Practicarás hasta que sepas la rutina y no me importa pasar la noche en vela- informó la pelinegra, tomándose muy enserio el rollo de "Proyecto Sakura Haruno"

-De ninguna manera necesitaremos a tu hermano, lleva un radio o mi móvil. Tengo canciones muy apropiadas para practicar esa estúpida coreografía, no necesito sus servicios- prácticamente, escupí las palabras. Una cosa era que se empeñaran en gastarme los pies y otra, muy diferente, era que tuviera como audiencia a Don Quisquilloso.

-Pues vendrá de todos modos. Necesitas familiarizarte con el ritmo- esa palabra me disgustaba tanto como el muchacho Uchiha. Tomé mis pertenencias nuevamente y me dirigí al dichoso salón número 4.

Genial, estupendo, increíble, maravilloso…pensé sarcásticamente.

Entré para reparar inmediatamente en Sasuke quién permanecía sentado sobre un taburete en posición frontal al piano. Al menos alguien podría divertirse.

-Me debes una cantidad incalculable de dinero por tenerme aquí viendo este espectáculo Ino- comentó de mala gana el sujetito ese, poniendo una expresión que claramente se traducía en: tengo cosas mejores que hacer, como mirarme al espejo.

Luego de 5 exhaustivas horas conseguí aprender todos los movimientos y una hora más tarde había logrado ordenarlos correctamente. Me caí una innumerable cantidad de veces pero podría haber sido peor. Estaba comenzando a pensar que no era tan mala en esto, sólo me faltaba practica y… equilibrio.

En gran parte creo que todo se debió a mi infinito deseo por terminar rápidamente y así poder librarme, de una vez por todas, de esa mirada azabache que me seguía en cualquier dirección. Lo más gracioso de la situación era que el idiota se mostraba sumamente caballero con cualquier mujer, excepto conmigo. Debía inspirarle algún odio sobrenatural. Y verdaderamente, si yo fuera él y me estuviera viendo a mi misma bailar, también me odiaría.

Dos semanas, tres noches en vela y 120 horas de baile me habían servido para mejorar increíblemente, no era un progreso mágico eso podría constatarse con las ampollas en mis pies y en mis manos y con los hematomas que bordaban mis piernas.

De más estaba decir que el tal Uchiha se la pasaba de lo lindo, burlándose de mis tontas caídas y de mis expresiones aterradas cada vez que veía un caballete o algo que anunciara una muerte segura.

Nuestra relación empeoraba con el paso del tiempo.

Sólo nos dirigíamos la palabra para enviarnos indirectas o hacernos quedar en ridículo.

No supe cuando, pero este juego me empezó a gustar… me agradaba sentir esa corriente continua que vibraba entre nosotros, de atracción-repulsión, como si fuéramos dos polos opuestos que aún así encontraban una forma exquisita de imantarse.

Y así pasaban los días…

Por las noches practicaba con la guitarra y en algunas ocasiones, hasta cantaba. Comencé a pensar que esto de pertenecer al Colegio de mis peores pesadillas no podría ser tan malo, si duraba sólo seis meses. Después podría continuar con cultura musical y dejar de lado esa cadena de movimientos desquiciados.

La semana anterior me había decidido a atender el teléfono a la llamada número dieciocho de mi madre. No la había perdonado pero al menos no tenía tantos deseos de dejar de ser su hija. También telefoneé a papá y le comenté algunas cosas. Supuse que ya que esto no tenía vuelta atrás y yo no era tan terrible después de todo, debería tomarme las cosas menos a pecho y disfrutar un poco más.

Todas mis ideas se desvanecieron, sin embargo, cuando una tarde hallé, en una de mis maletas sin desempacar, muchísimos conjuntos de baile y nuevos atuendos que jamás existieron en mi guardarropa. Sayumi debía haber estado planeado esto durante meses, de otro modo no comprendía de donde había sacado el dinero suficiente para tales gastos.

Dejaría el berrinche para más tarde, tenía cosas peores que enfrentar. La profesora Forge nos había convocado al aula 4 para comunicarnos un "anuncio especial" que me inspiraba cierto temor.

-Hinata, ¿me prestas tu top rojo?-dije distraídamente subiéndome por las piernas calzas azules y poniéndome cuidadosamente las zapatillas de baile. Todavía no me gustaba andar medio-desnuda pero más me valía acostumbrarme.

-Si, está sobre esa silla- respondió la aludida, señalando el asiento que estaba junto a su escritorio. Ella y Ino ya estaban cambiadas y listas para salir. Tan perfectas como siempre.

-Te ves muy bonita Sakura, has mejorado muchísimo- proclamó Ino, cuál madre orgullosa.

Decidí dejarme el cabello rizado y suelto y solo colocarme un lazo alrededor de la frente a modo de bincha, porque de cualquier modo no tendríamos ninguna clase.

Llegamos 5 minutos antes de la hora acordada y ya había bastante gente esperando por el aclamado "anuncio". Nos sentamos junto a Naruto e Itachi. Éramos un grupo unido y para mi sorpresa, los sentía casi como mis amigos aún sin conocerlos demasiado. Se nos unieron dos masculinos más, Sora y Kiba que solían jugar al fútbol con los chicos durante sus ratos libres. Justo cuando éramos suficientes llegó el hombre portador de la mirada azabache y sentó a mi lado.

Bien, te espera una escenita Sakura, prepárate.

-¿Quién diría que podrías llegar hasta aquí sin haberte quebrado las piernas, verdad?- cuestionó a modo de saludo. Cerré los puños, dibujando mi más despreocupada expresión indiferente- Debo reconocer que mis hermanas hacen un buen trabajo contigo, no estas tan mal como al principio. Lamento eso sabes, me encantaba reírme- continuó exhalando su calido aliento sobre mi oreja, motivo por el cual cerré los ojos suavemente para disfrutar del calor que había impreso en mi piel.

¡Sakua!, ¿Qué haces?, no pierdas esta batalla. INDIFERENCIA Haruno Indeferencia.

-Gracias- devolví con una débil sonrisa, atontada.

Sakura-1

Idiota -1

Esto no va a quedar así.

-Tú no tocas tan mal el piano después de todo-recordé, continuando el jueguito hasta que oí la voz de la instructora.

-Bueno queridos, esto será un rápido anuncio. Dentro de 14 días comenzará el semestre propiamente dicho y quienes tomaron este curso deberán demostrarle a los ingresantes lo que han aprendido. Esta semana iniciarán las clases de música bajo la disposición del profesor Wekiff quién ha propuesto que a cada uno de ustedes se les entregue, a la brevedad, una nota donde figura su compañero de dúo y el tutor correspondiente. Formarán grupos de a dos con la persona que les sea indicada y elegirán interpretar alguna danza, música o pequeña obra teatral para presentar a fines de julio- informó la instructora en cuestión.

No podía salir de mi espanto, eso sí era demasiado.

Todavía no entres en pánico, lo peor que puede sucederte es que tengas que soportar a la la muchacha engreída, Ume, de la clase de danzas contemporáneas.

La profesora comenzó a llamar por lista, a todas las niñas. Noté que los grupos no eran sólo de mujeres o sólo de hombres, había tantos grupos mixtos como de un único sexo. Hinata e Itachi formaban uno, mientras Celenne, una niña callada muy hábil con su cuerpo, compartía protagonismo con Ino.

-Haruno, Sakura Haruno- pronunció lentamente la señorita Forge, logrando que me dirigiera hacia ella para tomar el pequeño papel entre mis manos. Regresé al lugar y lo abrí.

Palidecí dos o tres tonos, lo que al tratarse de mi debía ser casi un blanco glaciar.

-Por tu expresión parece que no va a ser nada bueno ¿Con quien te ha tocado Haruno?- susurro Sa…el idiota a mi lado. Esa voz angelical casi me atrapa.

-No me digas Haruno por todos los santos, ¿es que nunca entenderás?- refunfuñé frustrada, si a alguien quería ignorar justo ahora, sería a él.

-Bueno Sakura, ¿Con quién te ha tocado?- indagó soplando las palabras, riendo seductoramente.

-Con… tigo- balbuceé sin inmutarme observando detenidamente una baldosa excepcionalmente interesante.

-! ¿Qué? ¡- exclamó Sasuke en un tono tan alto que la que concurrencia entera nos miró instantáneamente- ¡Ya me escuchará el profesor Wekiff!, ¡No puede hacerme esto!- concluyó mientras se dirigía hacia el exterior de forma acalorada.

¿Soy, realmente, tan detestable? ¿Tan detestable como para huir cual conejo en tiempo de caza?

-¿Qué le sucede a mi hermano?- preguntó Ino intrigada.

-Ha salido pitando como psicópata porque le he dicho que nos han ordenado hacer una presentación juntos- apunté todavía sorprendida por la inmadura actitud del muchacho Uchiha.

-Déjalo, siempre actúa de esa manera. Es tan machista- expuso Ino mientras me incorporaba para retirarme.

-Si nos les importa me iré a dar un baño y a cambiar. ¿Podemos salir esta noche?-pregunté de forma dudosa. Sólo quería divertirme y olvidar el infierno que estaba viviendo.

¡Todavía no puedes llorar Sakura Haruno, por más enojada que estés!

-¡Claro que si!, ¿Podré hacer magia contigo?-preguntó Hinata en un autentico ataque de entusiasmo.

-Por supuesto saltarina. Nos vemos luego, en la habitación- me encaminé hacia la alcoba, sintiendo la humedad de mis ojos crecer. No iba a llorar por Sasuke Grosero Uchiha aunque me quemara de enojo o aunque siempre llorara cuando me enfadaba.

¡Estúpida costumbre!

Sakura-1

Idiota-2

¿Ha ganado un punto por hacerte llorar?...por amor de lo que es santo Sakura.

Caminé con rumbo fijo, secando cada lágrima que amenazara con brotar.

¿No ibas a llorar ah?, pues te fue bastante fácil hacerlo.

-Estúpida conciencia- murmuré en voz muy baja cuando estaba a unos 50 metros de la puerta 188. Tenía la mochila y algunos libros de teoría, sobre danza británica, apoyados vertiginosamente sobre la extensión de los brazos. Había llevado algunas cosas aun sabiendo que no tendríamos ninguna clase, solo por si acaso, no deseaba ganarme algún que otro enemigo, con los que había logrado reunir en los últimos días me era más que suficiente para una vida entera.

Caminé con la vista baja esquivando cualquier mirada inoportuna hasta que colisioné con algo y mis pertenencias quedaron reducidas a un pequeño caos. Chocar dos veces en menos de un mismo con la misma cosa, era algo que realmente sólo podía sucederle a alguien como yo.

-¡Fíjate por donde vas!- exclamé recogiéndolas e incorporándome nuevamente, para reencontrarme con esos malditos ojos.

-Lo siento, eres tan distraída que podrías terminar llegando a las escaleras y te caerías rodando- habló Sasuke observando mis ojos cuidadosamente. Ignoré sus comentarios y quité el seguro de mi habitación. En el momento exacto en que iba a ingresar me tomó del brazo y me giro, quedando así enfrentados. Sentí cosquillas en los brazos y debilidad en las piernas.

-Quiero hablar contigo Haruno, ¿Qué le sucedió a tus ojos?- nada que te incumba.

-No me sucedió nada, he leído toda la noche y se me han irritado- expliqué cansinamente exhalando las palabras suavemente y tratando, en vano, de cerrar la puerta en las narices del muy engreído.

-Por Dios Haruno, ¿Acaso perezco idiota?- preguntó retóricamente el masculino, mostrandose evidentemente ofendido.

Claro que no. Idiota te queda chico.

-Ummm…déjame pensarlo- distraje, simulando pensar para estamparle la lámina de madera en cuanto bajara la guardia, lo que sucedió a continuación.

Sakura-2

Idiota-2

Aunque, ¿lamentaría quebrarle esa bonita nariz que tiene no?...

¿Eh?, y ¿desde cuando te parece bonita?

Me dirigí directamente al baño, abrí la ducha y acallé, tanto las voces de mi cabeza como las aporreadas que estaba recibiendo la puerta de la alcoba, que nada había tenido que ver en el "malentendido". Parecía que el sujeto no se rendiría fácilmente. Yo tampoco. Esta sería una batalla a muerte.

Cuando sentí que el cuerpo relajado, disfruté la ultima gota de agua cálida rodando sobre la piel y me cambié con un cómodo equipo de deportes para practicar tontamente algunos pasos de baile.

Me dí por vencida después de doblarme el tobillo dos veces y comencé a tocar la guitarra tratando de hallar el acorde perfecto para mi canción- nuestra canción, en realidad-. No haría la presentación con Uchiha ni aunque me expulsaran. Cantaría sola, lo cual ya era suficientemente negativo, sin embargo la presencia de Uchiha en un dúo, que además implicara mi persona, establecería una nueva definición para la palabra terrible.

¡Y vaya definición!

Dos o tres horas después, ingresaron Hinata e Ino riendo felizmente y me observaron detenidamente.

-Te has saltado el refrigerio Sakura, vas a desaparecer- comentó Hinata disfrazando su expuesto entusiasmo por una pequeña cuota de preocupación.

-¡Tenemos buenas noticas! Ya que esta noche saldremos nos pareció buena idea invitar a los chicos. ¡Haremos un cita triple!, yo iré con Itachi, Hinata con Naruto y tu con, ummm…pues será una sorpresa. ¿Qué te parece?- miré a Ino mientras pronunciaba esas terribles palabras.

Cita y sorpresa, ¡Mis peores enemigas! Y la única manera, al parecer, de divertirme por aquí.

-Detesto las citas y las sorpresas, pero dado que mi estadía en este lugar ha sido muy poco satisfactoria, aceptaré. No seré tu conejillo de indias Hinata, los planes han cambiado, olvídate de los atuendos descabellados- acepté, dejando mi guitarra sobre la cama, observando la triste expresión de la pequeña saltarina. Alzó sus ojos, siendo ahora grandes y brillosos, para reparar en mí cual cachorro desahuciado-¡Vamos Hinata!, líbrame de eso por esta noche- exclamé, esperanzada. Hizo caso omiso de mis palabras y mantuvo su expresión.

-¡De acuerdo!, de acuerdo, lo haré si dejas de mirarme así. Das pena- cedí, finalmente.

-Estupendo, te divertirás. Hemos invitado a un amigo de Itachi y Naruto, lo conoces. Pero preferimos no decirte quién es - agregó Ino con tono exorbitante de felicidad.

-¿No me veo bastante grandecita como para buscar una cita por mi cuenta?- pregunté contrariada viendo como Hinata lanzaba miles de prendas al aire en busca de aquella que representaría una tortura de nocturna personalizada.

-Sí, pero te diré que no eres muy buena en eso. Al único chico que te he visto mirar es a mi hermano, y lo haces con tanto odio que ni cuenta- bromeó Hinata bajo una gran montaña de prendas, algunas de las cuáles deberían estar prohibidas constitucionalmente.

-Yo… no lo odio- aclaré.

Sólo desearía para él una muerte rápida e indolora. Eso no es odio, en absoluto.

A las 22.00hs estuvimos las tres cambiadas, peinadas y maquilladas para, mínimo, un desfile de modas de alta costura. Hinata me había obligado, literalmente, a lucir un vestido color cereza sin tirantes, ajustado al cuerpo. Para coronar la ridiculez, me había calzado un par de stilletos chatos charolados color rojo y un pequeño bolso oro.

-Esto es definitivamente demasiado- apunté, tratando de quitarme los zapatos.

-Si te los quitas te ignoraré hasta la muerte, de hecho si retocas tu atuendo no te ayudaré con ninguna clase más- amenazó Hinata fingiendo enojo. Observé suplicante a Ino.

-No cuentes conmigo Haruno, sigo las órdenes de la capitana- exclamó haciendo una especie de saludo militar en dirección a la pelinegra. Tuve que dejar el enojo de lado y reírme con ellas hasta que me dolieron las costillas.

Media hora más tarde llegamos a un pub cercano al campus. Se veía realmente bien, amueblado con sillones en forma de L y mesas de roble labradas. La barra lucía ornamentos lumínicos de colores, los tragos que expendían resultaban exóticos y la música… bueno no apestaba del todo. Estaba abarrotado de gente, universitarios en su mayoría

A la distancia pude distinguir al fortachón, Itachi, sacudiendo su mano derecha en dirección a nosotras. Ino lo vio instantáneamente, Hinata y yo seguimos sus pasos.

-¡Ey!, ¡blondie!-saludó Itachi con tono juguetón plantándole, a la platina, un beso en la mejilla que la dejó un tanto confundida. Naruto le indicó a Hinata que se sentara a su lado, de modo que por fin pude reparar enterarme en Sora, o debería decir, mi cita. No estaba nada mal, aún cuando representaba el estereotipo de hombre que solía detestar. Ojos azules, cabello platino, parlanchín, engreído más allá de la justa medida. Tan típico.

Todo sea por recobrar algo de tu felicidad extraviada, Sakura.

-¿Así que tu eres la cita misteriosa, Sora?- bromeé, buscando la mejor sonrisa de mi colección.

-Es un pequeño chiste que quise que las chicas te hicieran. Parece que te gusta eso- aventuró, dándose aires de importancia. Itachi, Ino, Hinata y Naruto no tardaron más de 10 segundos en decidirse por ir a bailar.

-¿Bailas?-preguntó el masculino.

-No mucho-dije mirando la barra distraídamente, para fijar la vista en el sujeto de mis pesadillas. Sí, Sasuke Uchiha estaba allí sujetando un vaso color amarillo, observándome de una forma muy descarada, hasta para él –Claro que si- me corregí.

El porqué esencial de estar bailando con aquél hombre para demostrarle a otro lo bien que me lo pasaba, era sencillamente un misterio, quizás después de todo, si me agradaran.

Me incorporé y seguí a Sora al centro de la pista. Sorprendentemente no era tan difícil seguirle el ritmo a las canciones. La gente a mi alrededor hacía, absolutamente, cualquier cosa menos bailar. Movían sus cuerpos ridículamente, riendo sometidos al efecto etílico.

Hinata e Ino se veían radiantes, danzando, coqueteando cuál diosas, siendo el centro de atención del concurrido lugar. Decidí perderme en las notas musicales y divertirme de una forma impensada. Cabe aclarar que un triple shot de vodka ayudó en gran escala.

Sora resultó ser un chico sumamente entretenido cuando se trataba de salidas alocadas, simplemente bailaba tontamente limitándose a contactos superficiales, y los contactos superficiales eran los más apropiados en ciertas ocasiones. Cada vez que sacudía la cabeza y observaba en cualquier dirección, hallaba aquellas orbes azabaches, extraviadas, acechándome. Justo cuando pensé que me desmayaría de la risa (consecuencia del alcohol), ví al portador de la mencionada maravilla, acercarse a Sora para decirle algo al oído.

-Oye, ¿pero es sumamente necesario?- le preguntó él, al tiempo en que fingía estar bebiendo mi cuarto vaso de la velada.

-Si, así me han dicho- respondió Sasuke, encogiéndose de hombros.

Noté como el rubio me alejaba del bullicio, sujetándome del brazo, sin ser exactamente consiente de ellos, casi como si mi cuerpo conservara sólo un diez por ciento de su auto-control habitual.

-Sakura debo irme cuanto antes, lamento dejarte sola. Me he divertido como nunca- y tras besarme la mejilla velozmente, desapareció.

OK, no es que Sora me gustara ni nada pero ahora me había plantado en medio del pub sin dar ninguna explicación.

¡Hombres!

Volví a la mesa, observando el panorama, para sonreir al ver cómo Ino y Hinata se desenvolvían ocupando protagonismo escénico.

No ha estado tan mal, podría haber sido peor. Al menos te has divertido, hasta que tu cita decidió huir despavorida.

-¿Es que todos los hombres generan tendencias psicópatas cuando están cerca de mí?

Estaba tan pérdida en tales pensamientos que sólo cuando oí su voz noté que estaba sentado en posición frontal a mí, mirándome con aire divertido.

-Debo admitir que para ser tú, no estas nada mal con ese atuendo- admitió Sasuke tratando de logra que mi voluntad flaqueara.

-¿Qué le sucedió a Sora?-pregunté ignorando su comentario despectivo.

-Cosas de hombres.

¿No tienes nada mejor que eso?

-Esperaba una mejor respuesta, viniendo de ti- acoté bebiendo los restos del trago. Sólo eso me ayudaría a no abofetearlo.

-Bueno si debo ser sincero creo que estaba aburriéndose y cuando me acerqué a hacerle una pregunta sobre las clases de música, fingió que tenía que irse- murmuró sonriendo.

Pero si hasta baile con él, todos los hombres son iguales. No sé que más podría esperar, hice mi mejor esfuerzo y lo único que se le ocurre es fugarse en medio de la noche.

¡Verás la que te espera mañana Sora!

-Parece que los hombres se acobardan fácilmente ¿Verdad? Todos terminan huyendo sin dar explicaciones- recordé, evocando la huía de Uchiha, luego de la distribución de equipos.

-Pues sí te refieres a lo que creo, discúlpame, pero no eres ninguna maravilla por aquí y no quiero que mi presentación se vea opacada por tus incapacidades. Hablé con el profesor y no me permitió cambiar de compañero, así que después de todo seremos tú y yo- aclaró, observándome de forma perturbadora. Otra vez esas cosquillas y la debilidad en las piernas.

-Gracias por tu agradable compañía Uchiha, ahora si no te importante debo regresar al campus, a dormir- me incorporé difícilmente, tomé el pequeño bolso y me retiré, haciendo que se tragara el resto de sus palabras. Me despedí de Hinata e Ino con la excusa de un intenso dolor de cabeza para dirigirme finalmente a la 188.

Cuando había conseguido detener el temblor de mis manos (ataque de ira) e insertar la llave en el orificio correcto de la puerta escuché un leve carraspeo detrás de mí.

-¿Ahora te dedicas a acosar fracasadas?-pregunté irónicamente sin voltearme sabiendo quién era la desagradable persona.

-No puedes irte así y esperar que no me preocupe. ¿No te has enojado, verdad?-corroboró Sasuke sonriendo levemente. Abrí la puerta, me giré y lo observé a los ojos.

-¿Y porqué habría de enfadarme? Sólo me enfado con la gente que me importa- devolví con una sonrisa radiante en pegada a los labios.

Pensé que no diría nada ya que tenía una expresión que gritaba: ¡jamás me hubiera esperado esa respuesta!

-Pues…-dijo arrinconándome sobre el lateral de la puerta abierta, apoyando sus manos a ambos lados de mi cabeza –Que duermas bien, entonces- susurró lo más cerca que pudo de mi oído, rozando sus labios sobre el lóbulo lentamente. Sin más, me dio la espalda y en menos de un minuto ingresó a su habitación, en el sector opuesto del pasillo.

¿Donde estaba la guardia nocturna que vigilaba que los masculinos no visitaran las habitaciones de las chicas, cuando era necesaria? Rodé los ojos.

Entre, cerré con llave y me senté en la cama en un estado bastante deplorable.

-¿Qué acaba de pasar Sakura?, ¡porqué no lo golpeaste!, es un pervertido y cree que te conquistará con sus estúpidos jueguitos. ¡Tonta, tonta, tonta!

-¡¿Como se atreve a tocarte?

-No enloquezcas. No te ha tocado, sólo fue un roce accidental…y eres tan tonta que casi te caes de la impresión.

Decidí quedarme dormida cuanto antes posible, para no tener que darle explicaciones a Hinata y a Ino. A demás, considerando que todavía no podía mover las piernas sin temblar lo mejor sería permanecer en alguna posición cómoda donde no tuviera que usarlas.

Desperté tarde en la mañana del sábado. No sabía a que hora me había dormido y tampoco tenía clases. La noche fue bastante preocupante, soñé constantemente con Uchiha, cada vez estaba más cerca de mí. Mi imagen onírica de él continuaba susurrándome las mismas palabras al oído, haciendo a mi cuerpo temblar como si fuese real.

Estaba segura que reaccionaba de esa manera ante el odio que el sujeto despertaba en cada partícula de mi no podía detenerme a analizar eso, ahora tenía otros asuntos que tratar.

Me incorporé y noté que mis compañeras de habitación habían desaparecido.

Seguramente estarán de compras, esta es una gran ciudad. Debes ser la única persona en el mundo que viene a un lugar así con tan pocas ganas de inspeccionarlo.

Me calcé jeans claros y una franela azul marino. El día estaba levemente cálido, sería una pequeña excepción de invierno. Decidí sumarle a mi atuendo unas zapatillas cómodas y un abrigo negro. Esta última prenda me la había obsequiado Hinata para darme, lo que ella llamaba, "una bienvenida apropiada" y para mi sorpresa, me encantaba. Se ajustada a mi cuerpo suavemente y me resultaba fácil moverme con ella.

Observé la hora (11.30hs) y me dirigí al salón de comidas a desayunar algo. No tenía demasiado apetito pero sentía que mi cuerpo reaccionaba de forma extraña a los efectos del alcohol que había ingerido la noche pasada.

El comedor estaba completamente desierto, a excepción de unas diez personas.

Tomé, del mostrador, una leche de soja saborizada y caminé hacía el exterior. Tenía idea de pasear por la edificación y por el campus. No me vendría mal una caminata y, de todos modos, debía encontrar a Sora.

Bordeé los pasillos y llegué a la puerta de salida. El exterior estaba ventoso, pero cálido, el sol era el más bonito que pude ver en años. Caminé sobre el césped de los alrededores apreciando las formas extrañas de los árboles y las actividades que realizaba la gente. Un grupo de personas jugaban al bolley ball, otras cantaban formando un círculo, algunos corrían, otros entrenaban al aire libre y otros jugaban al baloncesto, utilizando un aro colocado en la columna lateral del Colegio, la cual podía verse desde la ventana de lahabitación. Encontré a Sora en este último, también a Itachi, Naruto, Kiba, Sasuke y algunos muchachos, que no conocía más que de pasada.

Me acerqué allí tomando aire, buscando estar lo más calmada posible.

No me importaba que me hubieran dejado plantada en el medio de una cita, que solo había sido divertida con alcohol de por medio, si no que mi cita hubiera sido tan cobarde como para no darme motivos válidos. Lo que más me desesperaba eran las excusas ridículas, las huidas y ahora también… Sasuke Uchiha.

Llegué cerca del aro y esperé aque los jugadores tomaran un descanso.

-Buen día Naruto, Kiba, también para ti Itachi… ¿Podría robarles a Sora un momento?- pregunté, sonriendo y cerrando un poco los ojos por la luminosidad del día. Ignoré completamente a Sasuke que estaba parado muy cerca de los chicos. Sora se aproximó y me indicó que habláramos a unos 5 metros de allí.

-No te conozco demasiado Sora, pero la próxima vez que no quieras salir conmigo no es necesario que huyas. Simplemente limítate a decírmelo o a decírselo a mis amigas cuando te lo propongan. Yo tampoco sabía de la cita y sin embargo traté de disfrutar. No creo que haya sido tan terrible- lancé un poco molesta, esquivando la mirada negra que imantaba mis ojos desde lejos. Itachi lanzó un silbido de admiración o algo que pretendía significar que entre mi cita de anoche y yo había algo digno de burla.

¡Jaja!

-¿De qué hablas Sakura? Sasuke me dijo que el profesor Chase (artes dramáticas) me necesitaba para corregir un papeleo de los alumnos ingresantes. Yo soy su ayudante y debía ir aunque fuera de noche y tuviera cosas mucho mejores que hacer. De cualquier modo no estaba en su despacho cuando fui a buscarlo y cuando regresé al pub ya te habías marchado- informó con una expresión que denotaba autentica confusión.

-¿Con que esas tenemos verdad?, no solo odia tener que concurrir al mismo colegio que yo sino que también odia que me divierta. Nunca pensé que caería tan bajo pero este muchacho realmente me sorprende. ¿Arruinarme una cita no es mucho, hasta para Uchiha?

-Oh!, lo siento Sora. Sasuke me dijo que tú habías dicho que la estabas pasando mal y te aburrías de muerte. O quizás oí mal- hablé con la expresión de perrito mojado típica de Hinata y me aproximé hacia el sector donde los chicos esperaban por su jugador ausente. Cuando estuve cerca de ellos me acerqué a Sora y le besé la mejilla.

-¿Entonces salimos esta noche?, déjame elegir el lugar y sorprenderte ¿Qué te parece?- pregunté simulando interés.

Luego tendría que buscar, desesperadamente, un sitio donde ir que, a su vez, significara que mis únicas intenciones con él eran las que implicaba una amistad. Una película de suspenso sería perfecta.

-¡C-Claro Sakura!, te recojo a las 20.00hs por tu habitación. He oído de una comedia musical que están interpretando a unas cuadras de aquí, si te interesa la idea, claro- sugirió Sora dándose aires de hombres fatal, recuperándose del shock que le había causando mi propuesta.

-Lo consideraré. Mejor me apresuro porque tengo que sufrir 4 horas de intensa práctica con Hinata, si no, dejará de ser mi amiga- sonreí.

-Estas mejorando muchísimo Sakura, mis felicitaciones por ello. Dile a Hinata que pase por mi alcoba a la tarde. Quiero mostrarle unos pasos- pidió Naruto, sosteniendo un balón.

-¿Tu bailas?-pregunté algo divertida.

-Claro que si, todos los que estamos aquí lo hacemos. Hinata y yo queremos hacer una interpretación individual de alguna danza. Todavía no hemos decidido cuál-dijo restándole importancia.

-Bueno, adiós chicos. No te preocupes, le avisaré en cuanto pueda.

-¡Adiós bonita!- exclamó Itachi y me dirigió un silbido de admiración.

-¿Has invitado a Sora a salir sólo para molestar a Sasuke?, por Dios Haruno te superas a ti misma.

-¿Quieres decirme que le importa al chico Uchiha con quien salgas o dejes de salir?

Lo cierto era que la expresión que Sasuke me había dirigido cuando invité a salir a Sora había sido fría y confusa. No esperaba que alguien como yo tuviera esa clase de reacciones, y ciertamente no esperaba que alguien en sus cabales invitara al platino a salir, ignorándolo completamente a él en el intento.

Pues acostúmbrate a la indiferencia. Tú empezaste esto.

Cuando llegué a la habitación encontré a Ino y a Hinata revisando bolsas y bolsas de compras. Todas debían ser de las marcas más reconocidas. Temblé, literalmente, cuando ví mi cama cubierta de ellas.

-Oh Sakura, te hemos comprado algunos regalitos- anunció Hinata observando las bolsas sobre mi cama como si fueran solo una.

-Hinata, allí debe haber 150 prendas o algo así. Es una exageración y no puedo aceptarlo- negué como una niñita de 6 años.

-O lo aceptas o te buscas nuevas profesoras para tus momentos libres. Y queremos verte usándolas o nos las pagarás caro- amenazó Ino con una sonrisa picara en sus labios.

-Pues, gracias por darme tantas opciones chicas. Hinata, Naruto a dicho que te pases por su cuarto a la tarde porque quiere enseñarte unos pasos-advertí, un tanto irritada observando dos vestidos, siete jeans, nueve blusas y dos abrigos que conformaban el "pequeño" grupo de regalos.

-Oh, tendré que salir de compras otra vez. No quiero que Naruto me vea con las mismas prendas de deporte que uso siempre. Si fuera apenitas más guapo me desmayaría cada vez que me mira- alucinó la morena.

Dejé de lado sus comentarios, rodé los ojos y pasé las próximas horas tratando de aprender una pequeña parte de la nueva rutina. Cada vez eran más difíciles y cada vez resignaba más horas de sueño.

Además estaba presente el hecho de que todavía no sabía si el engreído aceptaría mi propuesta para nuestra interpretación conjunta y, a decir verdad, no me había molestado en preguntárselo ni una sola vez.

Terminé con las prácticas cuando casi se ponía el sol y antes de ir a prepararme para mí…cita, decidí tocar la puerta 224.

Sasuke abrió y me miró inquisitivamente. Parecía que lo había despertado de su siesta. Estaba despeinado, tenía las mejillas acaloradas y una expresión sumamente inocente. Su cuerpo era cosa de otro mundo, con las ropas que llevaba puestas se notaba cada músculo de su ser. En pocos segundos comencé a imaginar cosas que no debía. Sus labios abiertos en una expresión expectante, me hipnotizaron.

Sakura, vamos despierta. Enemigo a la vista.

-H-Hola, lamento arr-arruinar tu siesta o interrumpirte. No es que haya estado imaginándote durmiendo ni nada por el estilo. ¡No para nada!, que gracioso. El caso es que quería hacerte una propuesta- hablé con prisa.

¡Tonta!

-Parece que tu estado psicológico va en picada- notó, parándose de una manera que ayudaba mucho a dar rienda suelta a la imaginación.

¿Acaba de llamarme loca?

-El punto es que me gustaría que interpretásemos una canción para la exposición, no pretendas que yo elija el baile como algo factible. Tú tocas muy bien el piano y creo tener la melodía perfecta. ¿Qué dices?- retomé, ignorando sus comentarios y concentrando toda mi atención en un punto fijo.

-Estoy de acuerdo, ponerte a bailar conmigo sería como matar mi vida social y matarme yo mismo luego. Más aun si se te ocurre moverte como lo hacías en el pub con Sora- susurró de forma seductora burlándose de mí. Podía ser hermoso, perfecto y sujeto de una imaginación descontrolada pero sabía perfectamente como sacarme de las casillas.

-La canción es "Knocking on heaven's door". Podrías hacer un solo de piano al final. Aquí tengo los acordes y las posibilidades- dije sintiendo como se incrementaba mi nivel de enfado.

-Perfecta elección. ¿Tienes idea cuando podremos reunirnos a ensayar?- preguntó bostezando con descaro.

Acabas de colmarme la paciencia Uchiha, ¡muérete!

-Nunca- conluí, girando sobre los talones luego de darle unas hojas de acordes- Ensayaré sola y cuando tengas deseos de bajar los humos entonces vé y búscame- lo observé un segundo y le sonreí- Lamentablemente no tienes más opción que aceptarlo, ya que no puedes conseguir una compañera que satisfaga tus necesidades- me dirigí de regreso a la 188, no sin antes observar su expresión de desconcierto.

Me dejé caer sobre la cama y observé el reloj: 19.15hs.

¡Madre santa de Dios y todos los santos! Se me hace tarde.

Deseché el pensamiento y me duché velozmente. Justo hoy que la necesitaba, Hinata no estaba.

Tuve que escoger un vestido negro de satén, sumamente desagradable, que me pareció indicado para un funeral y por consiguiente para esta cita descabellada.

Tomé prestados unos zapatos bajos de Ino y me puse un abrigo color lavanda. Finalmente, al mirarme al espejo, descubrí que, tal como habían dicho mis amigas, todo me quedaba bien. Ahora debería volver a cambiarme y vestirme de una forma que gritara ¡no quiero ningún tipo de relación contigo!

Muy a mi pesar, justo en ese momento, tocaron la puerta.

-Hola Sora, ya estoy lista. Creo que la opción que me diste es muy fiable. Vayamos a ver esa obra-aventé de forma atropellada, sin esperar respuesta al tiempo en que sonreía y cerraba la puerta al salir.

Sin sentido alguno, podrán coexistir luego de haberse resistido lo suficiente

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