Capítulo I - Osadía

"World Economic" la revista de negocios internacionales más prestigiosa de Grecia y una de las más importantes en el mundo, alberga altos intelectuales en el ramo de negocios y finanzas. Como es el caso de Camus Aquarius el cual a través de noticias, entrevistas y reportajes, informa de los principales actores del mundo empresarial, negocios y actualidad.

A dos meses de la publicación N°150, en la oficina principal de la prestigiosa revista una conversación inusual se llevaba a cabo entre jefe y cronista.

―No... director Radamanthis, de viaje con el asesor de negocios no voy. Encargue el artículo a otro―. Se escuchó firme la voz mezclada con un dejo francés.

―Reflexiona tu respuesta Camus... Es un buen reportaje el que te ofrezco―. Respondió también con la mirada firme el director Radamathys Wyvern. Una lucha de voluntades iniciaba y bien sabía el superior de la revista que el francés era terco y de una voluntad inquebrantable, como dueño de una belleza inalcanzable. Sutil y fuerte al mismo tiempo. ―Entiende, muchos suplicarían por tener la oportunidad que hoy te ofrezco.

―No lo quiero. Gracias―. Fue la escueta respuesta, al igual que la mirada fría que desprendía el francés. Así se construía una barricada entre ambas voluntades. Radamanthys de Wyvern debía conseguir su objetivo de la mejor manera y en el mejor de los términos, así que...

―¿No quieres hacer carrera? Es una magnífica ocasión para lucirte, si descubres lo que necesito obtendrás tu propia columna. ―Intentó tentarlo, sabía que para este periodista, el escalar en aquella revista internacional de negocios era uno de sus más anhelados sueños. Vio entonces sembrarse la duda en el menor, una pequeña chispa de esperanza iluminaba su plan.

―Me gustaría saber de quien ha sido esta brillante idea. ―respondió Camus Aquarius casi oliendo el reto.

―En realidad, ha sido mía. Tengo un amigo que dirige una empresa corredora de bolsa "Import-Export", y me he puesto de acuerdo con él. ―Destellaron los ojos del director. Era como el mismísimo diablo, igual de astuto, no por nada ocupaba el puesto más alto de la revista. ―Un cronista, o sea tú, viajará por algún tiempo junto con uno de sus asesores estrella por todo el mundo. ―Una sonrisa se dibujó en el rostro del rubio y continúo ―Se trata de compartir las experiencias, las aventuras, las alegrías y los dolores de estos viajeros perennes. Es sensacional. A nuestros lectores les gustará mucho. ―Camus se cruzó de brazos y escuchó cada palabra del director, se dio cuenta de inmediato de que si Radamanthys intentaba desplegar sobre él su poder de convencimiento, era mejor dejarlo por la buena. Además de eso, las posibilidades de escalar en alto luego de un pequeño sacrificio podrían ser altamente ventajosas ―Si el reportaje es bueno como espero, tendrás un aumento y un puesto fijo en nuestras publicaciones; no esta mal ¿no?. Tu propia columna.

Minutos después, en la oficina de Camus...

―¿Qué quería de tí el director?

―No me hables Mu. ―Tomó asiento vencido― me ha tomado por un novato no cabe duda. ― el francés acomodó algunos papeles y suspirando largo miró fijamente a su amigo quien sintió el rechazo gélido ante la escueta respuesta. ―Esta bien, escucha con atención.

Dos horas después...

―Te das cuenta: Primero, tendré que viajar durante no sé cuanto tiempo en uno de esos aviones privados. Segundo, supongo que me enviarán algún estirado petulante asesor de bolsa. Tercero, pasaré escuchando de él solo números y puras mentiras para robar a la gente. Por si fuera poco, después debo narrar sus experiencias intentando dar vida a la escala de números y variables que ellos deducen. ― Echó un vistazo a la pantalla del ordenador, tecleó por unos segundos para luego culminar ―prefiero viajar con un monje de clausura... de esos que hicieron voto de silencio eterno. ―Culminó fastidiado.

―Es una idea interesante. ―Mu el Tibetano, dio ánimo a su colega. ―Podría resultar. De verdad, parece apuntar a un buen artículo. ― Camus se sorprendió un poco. Al parecer Mu estaba viendo esta delegación como si fuese algo espectacular.

―Solo faltabas tu… ¿Acaso no te parece raro? ― Dijo esto mirando de reojo a su colega, luego apenas una imperceptible sonrisa estiró los labios del francés. Su amigo era inocente en todo sentido. Camus sabía muy bien que si este era un artículo tan importante, no tenían porque enviarlo a él. Habían trabajadores mucho más antiguos y con mayor experiencia en el caso, como Mu de Aries. Radamanthys estaba hilando fino con este artículo y el cebo era Aquarius de eso no tenia duda, pero ¿qué sería lo que Wyvern quería encontrar?.

―Ya quisiera yo viajar por semanas en primera clase y llegar a los mejores hoteles sin necesidad de reservar.― el tibetano reorganizaba algunos archivos ―Me hacen falta vacaciones. Y tu Camus te quejas por tener una distracción tras otra.

―Lo dices porque siempre escribes detrás del escritorio.―tomo un gotero de lagrimas artificiales y continuo mientras humectaba sus blanquecinos ―Si fueras a los lugares y con las personas que me envían, sabrías que el mundo esta perdido. Los que llevan las decisiones mundiales. Los perfectos y más grandes inversores todos hasta el momento están desquiciados.

Mu entendía a la perfección a su amigo o al menos eso creía. Y sabía que para alguien solitario como Camus, acostumbrado a no demostrar abiertamente sus emociones, este reportaje era algo aterrador. Si bien podía conversar abiertamente con dos o tres personas, era porque cada una de ellas tuvo que pasar por mucho para ganar su confianza, aún así, esta confianza no era completa y guardaba para sí cualquier emoción que no concierna a su profesión. Puede que algunos viajes conociendo a gente agradable y no los temibles multimillonarios que solo querían ir de casería tras el pelirrojo le ayudarían con su problema. De todos modos Camus era una máquina de trabajo y entendía muy bien del mundo de los negocios, no estorbaría y aprendería un poco, por donde lo viera habían ventajas para el francés.

Un hombre alto de facciones esculpidas al puro estilo griego. Con hermosa quijada y mirada firme hizo su entrada observando a los amigos que trabajaban juntos. Su nombre, Saga de Géminis, era el segundo al mando en la Revista; aunque su verdadero don era tan amplio, no solo trabajaba para "World Economic" sino que muchas otras prestigiosas revistas y periódicos a nivel mundial buscaban su aporte. Una estrella internacional de las finanzas empresariales.

―¡Ah.. mis guapísimos amigos! Apuesto que el jefe esta de mal humor.― el castaño tibetano se levantó de un saltó al escuchar la voz. Y saludó con un movimiento de mano.

―Como siempre.― respondió Camus sin siquiera levantar la mirada del ordenador.

Saga se dirigió a Mu con una fascinante sonrisa y continúo:

―¿Permites que te robe a tu amigo? ―dijo coqueto.

― Sí, ... creo que no hay problema. ―Contempló Mu a Camus.

Cuando en el fondo existía un pequeño problema. El ariano gustaba de Saga, pero al ser amigo de Camus, no podía siquiera permitirse ser fiel a sus sentimientos ya que el mayor mostraba una fascinación especial por el francés.

Saga tomó entonces una de las manos de Camus quien la quitó en seguida para seguir tecleando el ordenador portátil, entonces el griego la tomo nuevamente y tiró de ella, haciendo que dejara por completo su trabajo. Camus se dejó llevar, como no era una persona impulsiva, solo siguió los pasos del mayor, sabía a que iba todo ese asunto de conversar a solas.

―Te noto acobardado. Acaso puedo ayudarte. ―dijo esto Géminis deteniéndose en el pasillo tomando de los hombros al francés. Camus posó la mirada fija y fría ante Saga respondiendo.

―Ojalá...Pero temo que nada podrías hacer. ―Profundizo aún más su mirada en el mayor.

Saga siempre fue muy comprensivo cuando se trataba del pelirrojo, escuchaba pacientemente sus quejas y a Camus no le molestaba mucho el descargar su pesadez ante el griego, a veces sabía aconsejarlo.

―Acompáñame debo encontrarme con un partner de negocios. Si vamos juntos podremos conversar un poco, luego del trabajo.

―Pero, Radamanthys… ―No sabía porque preguntaba si era Saga quien lo invitaba. Para que negarse había sido igual por cuatro años.
―Déjalo, ya me encargué del asunto.

Saga era el único ser humano quien podría convencer a Radamathys de cualquier asunto, sea el que fuese. No necesitó de mucho para sacar a Camus del trabajo.

Poco después en un restaurante de negocios.

―En suma, no quieres absolutamente realizar ese reportaje. Pero podría ser interesante... ¿no?... Una novedad. ― Fue lo que terminó diciendo el mayor al entender el problema.

―¡Que vá!. ― Camus tomó un sorbo de su bebida y continúo ―Tu sabes lo que valgo. Sabes que me gusta el trabajo. Pero este asunto... es algo que no pensé realizar. ―bebió otro sorbo ―¿Por qué no tengo más éxito? ¿por qué no soy capaz de hacer lo que quiero? ¿por qué...?― Estas palabras emocionaban a Saga. Cada pregunta que el francés se hacia estaba prendida de aquel dejo que a Géminis le excitaba tanto. Aún así tuvo que contener sus emociones y cortar las palabras que eran en realidad difíciles de arrancar al pelirrojo.

―Acaso por demasiada prisa―. Al escuchar las palabras de Saga Camus quedó en silencio por unos instantes. Por primera vez en la tarde tomo un poco de interés en los consejos de su amigo, dejó de tocar el vaso que llevaba en manos y pidió a Saga con la mirada que continuara. ―También yo, para llegar al punto en que me encuentro, he tenido que luchar y esperar... Tu vales. ―Susurró casi ronroneando Géminis. Tomó entonces las manos frías del francés. ―Llegaste Camus. ―se acercó a unos milímetros del pelirrojo, tomó su rostro con una mano y dulcemente continúo. ―Quizás con mi ayuda... Sabes lo que siento por tí...

¿Cómo no saberlo? eran cuatro años los que llevaba tratando de adueñarse del corazón del francés. Camus era un misterio completo, frió y hermoso, completamente indescifrable en lo que a emociones respecta. Su serenidad dominaba cualquier ambiente en el que se encontrara. Su certeza hacía de Camus el periodista perfecto. Siempre debía tener la ultima palabra,y para Saga esa no era una manía, sino una virtud.

―Por favor... Saga. ―Camus por reflejo detuvo el avance del griego. ―Ahora no. ―Fue entonces cuando Aquarius muy serio respondió. ―Tengo que conseguirlo con mis propias fuerzas y puede que tengas razón este reportaje podría ser la oportunidad que necesito. Habrá tiempo después para nosotros. Supongo que ahora no. ―Saga regresó tras sus movimientos, sonrió apenas y dejó de insistir. Pues vaya que había logrado mucho. De los labios del francés había salido la palabra "nosotros" y eso era más de lo que esperaba.

Es un día radiante en Grecia, el sol calienta la ciudad haciendo brillar el mar a lo lejos. Los turistas desplegados por todos lados, uno de ellos muy suelto de equipaje bajaba de un taxi ingresando a un Hotel majestuoso. Apenas pisó la entrada y escuchó detrás suyo.

―Hola Milo. Esta vez hemos llegado al mismo tiempo.― Un caballero castaño con cara de ángel hacia su aparición en el hall del hotel.

―Hola... Aioros ¿eras tú quien mandaba mensajes al celular con número privado? ― respondió Milo Escorpión, un jovial y risueño rubio de cabellos largos y ondulados.

Ambos se dirigiron hacia un ascensor panorámico de cristal.

― Sí, dentro de una semana es el cumpleaños de Aioria. Hay que hacer las cosas en grande. ―Estando cerca Aioros extendió la mano para ajustar y saludar a Milo, pero este lo abrazó directamente tomándolo por el cuello, luego continúo:

― ¡Me asustas!. La última vez que quisiste hacer las cosas "en grande" casi se incendió el club. ―La sonrisa del rubio era impecable, prácticamente iluminaba todo el hall. Haciendo que todos los que los conocían saludaran. Ambos subieron por el ascensor panorámico.

El aspecto sobrio del lugar se tornaba en uno cálido y alegre, era evidente que los dioses favorecían a Escorpión.

―Aioria merece lo mejor. Y tu tienes que acompañarnos... Sin ti, es mejor no hacer fiesta Milo. ―esta vez fue Aioros quien estiró la otra mano completando el abrazo el ascensor inició el recorrido por el hotel de su amigo.

―No te preocupes guardaré un tiempo para ese día. ― la puerta del ascensor se abrio ―Entremos a tu piso que tengo hambre.

Aioros y Aioria eran hermanos. Aioria manejaba el hotel y Aioros se dedicaba a lo mismo que Milo. Por lo tanto trataban de coincidir cada que podían, sacando un espacio entre sus viajes.

― ¡Milo! ¿No ibas a Frankfurt hoy? ― Se escuchó a unos pasos.

Aioria no los esperaba y fue una agradable sorpresa encontrarse con Milo en su hotel.

― El jefe me ha llamado no sé para que encargo. ― Respondió Milo sin tomar importancia a sus palabras. Solo observaba como Aioria lleno de alegría no pudo con sus impulsos y lo abrazó sin más.

―Me alegro ... entonces mando a preparar tu plato preferido.

―Si gatito. ―Milo tomó asiento junto con Aioros, mientras Aioria se retiró por un momento. Ya solos, Aioros contempló la sonrisa de Milo, entendía los sentimientos de su hermano y le agradaba que entre los tres se llevaran tan bien.

― Como verás Aioria es fantástico. El solo dirige este lugar y luce siempre lozano y sonriente con todos. Yo en cambio soy la sombra ―inició la conversación el castaño, recordando un duro pasado.

―Es un don natural. Hay personas que despiden alegría porque... son la alegría. ―Tu hermano es como el sol Aioros. No me canso de observarlo cada que lo tengo frente a mi.

―Y tu eres una de ellas ¿verdad?

―¿Una qué?...

― Alegría. También por ese motivo te admiran todos los colegas en los negocios. Si no fuera por Milo Escorpión la lista de suicidios por mala inversión hoy sería el triple. Sabes impregnar entusiasmo en tus clientes.

― No exageres Aioros. Me limito a cumplir mi trabajo. ― Milo sabía que Aioros siempre estaría agradecido y eso le incomodaba haciendo que su corazón se retorciera de dolor.

Milo fue quien ayudó a Aioria a conservar un modesto hotel en Grecia, luego de la trágica desaparición de los señores Sagitario. Aioros estuvo en coma por un largo tiempo y fue Aioria, el hermano menor, quien tuvo que enfrentar todo solo. De no ser por Milo en estos momentos no tendrían absolutamente nada. Y al contrario de todo pronóstico, hoy lo tenían "casi" absolutamente todo. "Casi" porque ambos hermanos esperaban que en cualquier momento Milo se uniese a la familia.

― Nada de exageraciones, tu has sido siempre para mi como un hermano más. Sin tu ayuda, no habría conseguido nada en esta vida. Eres el mejor asesor de negocios que existe y otros pueden corroborar lo que digo. Eres el mejor... Escorpión.

― ¿te callas?.. o ya te empiezo a gustar... Soy sencillamente un asesor que ama su trabajo. ―Esto arrancó una carcajada limpia de Aioros, la sencillez de Milo era una de sus mejores virtudes.

―No te preocupes Milo,― se escuchó de Aioria, quien había retornado y cargaba una vianda entre manos ―Aioros pronto estará tan ocupado con su plato y ni siquiera lo oirás respirar. ―Aioros miró a su hermano un poco sorprendido, seguramente se había esmerado preparando todo, hasta un delantal llevaba puesto.

― ¡Qué servicio!― dijo Escorpión mirando de pies a cabeza a Aioria, de pronto, no podía apartar la mirada del menor.
―¿Están de vacaciones las camareras? ―Remató Aioros, arrancando una risa del hermano menor.

―No Milo, ―sonrojándose un poco, Aioria sostuvo la mirada con la de Milo y continúo: ― A los "amigos" les sirvo yo. ―Un silencio se dejó escuchar entre los tres, así que el menor continúo. ― Y ustedes son mis mejores amigos.
―Yo soy tu hermano, cachorro… ―despeino Aioros al menor.

La mirada que Aioros dirigía a Aioria delataba las claras intenciones que había tenido el menor con aquel servicio. Milo sintió entonces la necesidad de salir corriendo, al parecer gustaba de Aioria y apenas se había dado cuenta. Los colores abarcaban toda su tez y Escorpión nunca dejaría que los sentimientos nublaran la amistad que habían sembrado.

― ¡Ah!.― Exclamó, tronando los dedos. ― Hoy es el día de los cumplidos. ― ¡Gracias a los dioses! Milo era hábil para salir invicto de cualquier situación incómoda. Todos rieron e iniciaron, disfrutando de la comida y su compañía.

Horas más tarde en las oficinas de la empresa transnacional "Import-Export"

―¿Estás bromeando Dohko? ―Apenas iniciaba el ocaso y ya las noticias hicieron hervir la sangre de Escorpión ―¿un periodista en mis negocios, conmigo?

―Si, contigo. Sino la idea no funciona.

El oriental Dohko de Libra era el dueño de aquella multinacional. Gracias a Milo había logrado hacerse de un mercado amplio y se daba aires de intervenir en todo tipo de empresas. La que fuese. Sus asesores siempre estaban a la altura de las circunstancias solucionando cualquier inconveniente, agrandando a paso firme su territorio.

―¡Claro que no funciona! Yo manejo mi trabajo no por diversión. ―Milo se estiró en su asiento y cruzó las piernas denotando determinación. ―No puedo llevar extraños conmigo. ―continúo. ―Mi cartera está llena de inversionistas de confianza. ―Y pensó que con eso todo estaba solucionado. No contaba con la testarudez del Chino.

―Si lo digo yo, debes cumplir. ―Contempló Dohko a su asesor con excepcional calma.

―Me puedo negar, no te atreverás a despedirme. Dohko, soy el mejor asesor que tienes.

―Pruebame Escorpión ― Continúo el oriental.

―La cartera es mía. Me llevó 6 años reunir lo que tengo. Yo la administro y me niego a correr riesgos innecesarios con ellos. No quiero estorbos. ―Dohko sabía el esfuerzo que Milo invirtió en su cartera de negocios, pero también sabía que era la mejor carta que tenía ante semejante oportunidad.

―Milo…, Milo, trabajas para mi compañía y las reglas las dicto yo. ― Se paró decidido tocando el hombro de Escorpión. ― Vamos. En el fondo ¿que te pido? Un par de semanas en compañía de un jovencito que se limitará a escribir en un cuaderno y que luego redactará un artículo... Hasta será divertido.

―No lo creo. ― Esas fueron las últimas palabras que Dohko quería escuchar.

―Basta... está decidido. Tengo que hacer un favor a un amigo, que por coincidencia dirige la mejor revista de negocios internacional. Y será una gran publicidad para la firma. Mañana mismo conocerás a ese periodista. ― Milo sintió como la piel se estremeció del puro susto, nunca antes había visto a Dohko en semejante actitud, puesto que nunca antes supo que el chino debía favores. Y menos a un completo desconocido. Parecía un favor muy serio, así que dejó de oponerse. Tomó también el hombro a su jefe para decirle.

―Usted es un viejo terco. Espero no se arrepienta de cumplir con este favor.

No por nada se llamaba Escorpión, como todo arácnido su sentido de cautela le sugería no correr riesgos innecesarios. Si fuera por él hubiese mandado a volar la revista entera. Tendría que ser cauteloso y no enseñar sus secretos en el ámbito de los negocios. Pero ¿cómo negarse a Dohko? Era el único quien puso desde un inicio su entera confianza en las descabelladas pero asombrosas ideas del arácnido. Hace seis años cuando nadie daría un centavo por aquel jovenzuelo, que con una novatada hundió por completo el negocio de su familia, arrastrando con ellos a los padres de Aioría y Aioros.

Continuará...