Capítulo VII _ Cenizas

En la ciudad de Atenas las noticias parecen salidas de un macabro lienzo de Hernando de la Cruz. O un paseo por las catacumbas con aroma a muerte. Para donde mirase los conflictos saltaban. Marchas multitudinarias de sindicatos armados. Barricadas levantadas por los agricultores, ferrys inmovilizados en los puertos, pensionistas en las calles: las protestas han regresado a Grecia en lo que muchos creen que pueda ser el inicio del invierno más turbulento de un país azotado por la crisis.
―"Esto es la guerra", advierte Dimitris Vergos, que cultiva maíz, en la ciudad de Naoussa, al norte de Grecia. "Si ellos [los políticos] siguen presionándonos hasta el límite, si quieren seguir despojándonos de nuestra humanidad, iremos a Atenas y los quemaremos a todos".

"Hallamos 26 cuerpos, algunos de ellos estaban abrazados entre sí": la tragedia humana que dejan los feroces incendios forestales en Grecia

¿Cuál es el origen de la crisis de Grecia? Esa es una pregunta en torno a la que algunos analistas retroceden dos siglos para responderla, alegando que el país en aquella época empezó a pedir dinero prestado hasta el extremo de no poder devolver.

Otra explicación apunta a los magnates desaparecidos Escorpión y Sagitario. Después de cumplirse un mes del trágico incendio hoy estamos nuevamente de luto en la segunda década del siglo XXI. Posiblemente por haber ocultado sus desastrosos índices financieros a los organismos supervisores europeos.

―Milo, ven ayudame con los platos. Aioria trataba de sacar de su aturdimiento a Milo, haciéndolo participar de la preparación de la cena, volteó un momento para ir sirviendo la comida cuando escuchó la vajilla romperse ―¡Milo! ―Escorpión sostenía uno de los platos en su mano derecha. La sostenía con tal fuerza, que la loza había estallado entre sus manos hundiéndose en su palma.

―Agradezco que me dejes quedar en tu casa, Milo. Pero... deja ya de asustarme. Lloraba el menor, limpiandole los pedazos de la palma, ahora esparcidos en pequeños cristales dañinos. El minino no tenía mucha idea de como es que las cosas llegaron a un apocalipsis griego. Solo recordaba el inmenso dolor, haber perdido a sus padres y amigos.

Sin embargo, para Escorpión que sabía de primera mano toda la verdad de la gran tragedia la realidad, se le escapaba hoy de las manos. El día de la tragedia... aún no asumía el tremendo impacto causado por sus planes mal llevados. Hasta que lo llamaron de la bolsa de valores. Pues no sabían que hacer con las ordenes que dejó impuestas el menor Escorpión.

Milo había corrido a ayudar a su familia no lo dejaron ingresar el enorme incendio abarco cuatro cuadras en la periferia de la ciudad, por dos dias consecutivos se quemaron hasta reducirse a cenizas. No encontrando, ni huesos, en los escombros calcinados. Todo parecía un mal sueño, no podía ser cierto, era todo irreal. Más el vuelco que dio su corazón al ver que Aioros era rescatado completamente inconsciente. Era como si Sagitario estaría al lado suyo reclamándole por acción. "Sálvalos" escucho.

Cuando reaccionó... corrió a la bolsa de valores para detener las ventas. Era ya demasiado tarde, el pánico había sido tal que... lo que restaba de sus acciones, no valían ni el papel donde estaban escritos. Milo se culpaba de todo. Era cierto que muchas vidas se perdieron en el incendio, pero ese fue un accidente natural. Sin embargo, la catástrofe que había creado el hijo menor de los Escorpión, esta hundiendo consigo a diez millones de personas. Personas que nada tenían que ver con sus problemas. "¿Qué hiciste Milo?" ¿para que existes? Si toda tu vida te prepararon para velar por el bien de tus negocios. "Cuidar de los negocios asegura que las personas se beneficien", "descuidarlos te volvería un genocida, aún peor que Neron" retumbaban las palabras de sus padres en el antaño.

―Explicales Milo, diles que nuestros padres no tienen culpa de la crisis económica.―escuchaba de Aioría quien sonaba cada vez más distante ―Ellos estuvieron encerrados en lo alto de la suite principal. Si las empresas quebraron fue porque nadie las supervisó luego del accidente ¿verdad Milo?

Lo había perdido todo. Por su ignorancia su hermana estaba muerta junto con Kanon y su bebé. De sus padres no encontraron ni siquiera sus cadáveres y la misma suerte corrieron los señores Sagitario. El haber estado en lo más alto hizo que el humo ardiente los calcinace de inmediato. ¿Sería un consuelo, pensar que murieron axficciandose antes de arder sin clemencia?

Todo lo que le rodeaba había sido reducido a escombros. ¿Las flores caían por el cielo ateniense? No. No eran pétalos. Eran cenizas que se distribuían y bailaban en el aire. Alguna de ella debió pertenecer a sus padres, su hermana o su Kanon. Se habían ido juntos de este mundo dejándolo atrás.

―Milo, debes hacer algo. Quieren embargar esta casa también.― Sacudía Aioria a Escorpión ¡Milo!

Logró escuchar aún más distante al Sagitario menor. Últimamente ya casi no le entendía, el mundo se tornó borroso. Creyó haber escuchado "embargo" y "casa" nombrados juntos. Milo no vivía en una casa, era un palacete. Ya entendía. El mundo seguía girando y era evidente que el palacete de su hermana sería embargado. Volvió en sí... casi aferrándose a sus recuerdos de antes para ordenar.

―Saca el dinero que esta detrás del lienzo grande de mi alcoba. Contrata a un abogado y dile que esta casa le pertenece a mi difunta hermana. No tengo idea de lo que dice en su testamento, pero respetaremos su ultima voluntad. Se escucharon los pasos ágiles de Aioria ir y venir.

―¿Estas de broma…? Con esto tambien podemos reflotar el hotel que quedó a medio construir. Podríamos tener un ingreso fijo. ¿Me escuchas Milo?… ¿Milo?… ¡Milo!

El corazón de Milo latía impulsado por la distracción, pensando en sus errores se encogía y desaparecía llorando amargamente, incapaz de hablar ni ver con claridad. El entender que por su dedicación ambos imperios Sagitario y Escorpión habían caído y con ellos habían arrastrado al país en una crisis que jamás había sido vista. Ni los entendidos del tema supieron en verdad qué sucedió. Pensaron que ambos cabezas de imperios se habían dado cuenta muy tarde de la crisis que hoy los alcanzaba y hundía en conjunto a Grecia, Tal vez fueron las grandes deudas que el país asumía descaradamente lo que hizo temblar la moneda internacional. Pero algo asustó a Kardia Escorpión y la familia Sagitario al punto de coincidir ambas y vender todas sus acciones en uno de los días fatídicos. Los buenos tiempos se consumieron con las dos grandes cabezas de familia, siendo sus cachorros indefensos a todo. Uno en coma y el otro con un severo trastorno de estrés post traumático.

El dolor de la despedida, como una flecha gélida ingresaba a su pecho cada día desde que abría hasta que cerraba los ojos, abatido por el cansancio. ¿Cómo es que no había muerto ya? Por qué motivo seguía viviendo si lo último que quería era despertar. Lo único a lo que se había dedicado desde que encontró el hotel SAGITA echo cenizas era ver las noticias por televisión. Pero esa mañana una noticia lo mantuvo con los pies en la tierra. Se anunciaba que: Saga, el ahora único heredero del antiguo gran Géminis. Regresaba a Grecia hoy al medio día, luego de un largo tiempo retirado de los análisis económicos.

―Es... Kanon― se dijo al observar la pantalla con edición matutina. ―Kanon.

Se cambio con lo que primero encontró y salio con dirección al aeropuerto. No le importó si esperaba horas debía hablar con Kanon.

El viento paró, la niebla se disipó en las memorias de Milo. Lo vio ingresar a la recepción del aeropuerto. Era Kanon, sin embargo el ambiente en cuanto se acercaba al bajar las escaleras eléctricas que lo guiaban directo a Milo se volvía frio. Cada vez más frio.

Milo miraba desde lejos agotado por el crepúsculo de su vida. Sin considerar el olvidar para seguir adelante.

Saga sin embargo, al verlo sintió su corazón temblar hundiéndose en el basto océano. Fingiendo que no duele, que no lo anhela, ni que se acerca demasiado como para correr y abrazar al Escorpión. Milo era una ilusión, la muerte de su hermano era real.

El día para Milo inició al teñirse de color nuevamente. Y un rio de emociones fluía al tener esperanzas "sobrevivieron"

A los ojos de Saga lo que quedaba de su menor amante era lastimero. Ese muchacho que iluminaba cualquier espacio que habitaba, se había apagado.

Milo... pensó que en realidad habían obtenido el favor de los dioses. El haber sobrevivido a semejante tragedia. Ya estaban a tres pasos el uno del otro. El joven reaccionó tomándolo de la mano.

―Kanon. Me alegro mucho. ―Culminó para abrazarlo y llorar pidiendo perdón. Sintió las caricias del mayor y levantó la mirada para leerle los ojos y esperar por su respuesta. El mayor lo miraba también. Un estremecimiento recorrió la espalda del Escorpión al darse cuenta que esos ojos, aunque parecían ser los de Kanon, estaban teñidos en su interior por lágrimas de sangre. Detalles que solo podía ser visto por alguien que hubiese compartido la misma tragedia. Este hombre, aunque familiar, no era kanon.

―La calamidad, las dificultades, el trágico romance de su familia y el haber despreciado el corazón de mi hermano. Lo tienen muy confundido muchacho. Mi nombre es Saga de la familia Géminis y he retornado a Grecia para investigar la muerte de mi hermano. ―Saga hoy guardaba un odio indiscutible contra Escorpión, por haberse enterado de como fue que Kanon murió entre las llamas de una tragedia que no se merecía. El solo se había enamorado. Kanon actuó por amor y tuvo que esconderse, por jugar el maldito juego de la familia incestuosa de los Escorpión. Lo habían involucrado y si tuviese a Arihagne en frente... Sería el mismo Saga quien finalizaría su ex-frágil vida, si pudiera eso evitar el trágico desenlace.

Vio entonces como Milo de a pocos se soltó de su agarre. Se dejó caer hasta quedar ido de la realidad, como un pétalo de flor arrojado al viento. La crueldad del fluir de la vida no dejó una pizca de bondad para con Milo. El odio ateniense se hacia sentir en lo profundo de su conciencia ya que fueron muchos los que perdieron: no solo familiares, amigos, empleos, salud… Todas las desgracias las asumiría el ahora único cabeza de familia Escorpión. Haciendo que el menor quisiera convertirse en cenizas como su familia entera.

Así se sumaron varios meses .

Aioría de algún modo supo dividirse para atender tanto a Aioros en el hospital, como a Milo en su casa. Había terminado de construir uno de los hoteles que no fue vendido para pagar la deuda pública.

―Milo pequeño solcito. Despierta… ―lo vistió ―¿Cómo te rendiste en la vida?― le preguntó levantando la cabeza de Escorpión guiándolo para que lo mirase. ―Vamos a convertir el lodo de nuestras primaveras. Olvida Milo..., olvidalo todo…,― lo acarició de los cabellos ―Cuidame a mi. Yo te amo, lo sabes. Hoy nos vamos de esta casa. Deja aquí todos esos malos recuerdos. A partir de ahora somos los dos y Aioros. Esperaremos juntos a que despierte.

Tomó al rubio de cabellos largos, lo peinó en una cola alta. Lo vistió y fue cerrando todas las ventanas, puertas y cúpulas abiertas del palacete. Cubrió los muebles de uno en uno y cada que lo hacia repetía "olvidarás", "anhelarás la luz", " volverás a brillar… Milo", "volverás a enamorarte", "volverás a nosotros Milo"

Bajó todas las palancas de electricidad, agua y gas. Para echar llave y alejar con paso firme a Milo de ese hermoso palacete. Cerró con eso el pasado de ambos. Lo subió a su auto y condujo como quien huye de un aterrador monstruo.

Condujo con la mudez de su acompañante. No importaba. Escorpión era el único que podía hacerle compañía en la vida. Era aún más desafortunado que el mismo, puesto que había perdido todo lo importante para continuar viviendo. Pensó.

Para Aioría las cosas eran un poco distintas. El debía luchar y seguir adelante, aún un rayito de esperanza iluminaba su existencia. Siendo el coma de su hermano un verdadero milagro. Estacionó el auto en un hotel, no tan suntuoso como los hoteles SAGITA. Este hotel tenia tres enormes letras inscritas en lo alto "LEO" la estructura no era victoriana ni amueblada a lo Luis XIV, sino, sofisticada, minimalista y contemporánea.

Este piso entero es para nosotros. Mañana traeremos a Aioros comentó mientras depositaba a Milo en un enorme sofá de estilo americano. ―Me ayudarás a traerlo ¿verdad?Llevaba la conversación como lo hacía ya desde algunos meses. Voy a preparar la comida, ya verás que ahora puedo cocinar con más ganas.

Pasó la noche dormido al lado de Milo. Calentando su corazón herido. Aioría consideraba que verdaderamente era difícil sanar un corazón herido. Pero... el corazón de Milo no estaba herido, había sido destrozado, por todos los espacios de su existencia. Sabía bien que el Escorpión acumulaba odio hacia si mismo. Pero no entendía del todo por qué.

Para Milo quien observaba la vida pasar como si fuese una película frente a el, las decisiones que había tomado Aioría eran como los primeros rayos de luz abriendo a un nuevo día. Su corazón helado empezó a sentir tibieza y correspondió el abrazo del felino quien cual si fuese un gatito se envolvía y acomodaba pidiendo más protección.
―¿Juegas a ser mi mascota?― Escuchó Aioría esa mañana. ¡Milo había hablado!, tras nueve largos meses de enmudecer.
―¿Cuidarías de un gatito desamparado?― respondió sorprendido, pero alegre, el Sagitario menor.

―Por supuesto, Gatito alimentate bien. ―Se estiró bostezando ― Dijiste que hoy traemos de regreso a Aioros. Al tío le basta con engullir una buena comida para despertar de ese coma.
―Tú lo has dicho Milo―. Corrió a la cocina el hermano menor para ocultar las lágrimas que brotaban de alegría, al saber que por fin su amor platónico estaba consciente en este mundo. Había escuchado cada una de las conversaciones que tuvo cuando creyó que hablaría solo por lo que le quede de vida, que era mucha.

En tanto Milo en su interior prometía a Aioros, se haría cargo de Aioría y no dejaría que nada malo le suceda en ausencia de su hermano.

Aioros regresó ese día al hotel con Milo y Aioría acompañado de un par de docores internos. No fue hasta dentro de dos años que pudo despertar de aquel largo sueño.

Para cuando el mayor de los Sagitario despertó, había perdido gran parte de su memoria. Y fue así que los nombres Arihagne y Kanon desaparecieron de los recuerdos de los tres involucrados. Simplemente, nunca existieron.

―Vamos, Aioros. De algo tienes que vivir. ―Lo tomó de los hombros ―Ven conmigo y hazme fuerte. Si me apoyas seremos invencibles. ―lo miró fijamente Escorpión―El chino me ha pedido más de una vez que entrene nuevos para "Inport-export" .

Al Sagitario mayor no le entusiasmaba mucho tener que separarse de su hermanito.
―Ayudaré en el hotel a Aioría ―Respondió aferrándose al minino.
―Oh… ni lo pienses hermanito. ―Lo agarro del lomito y colocó al mayor frente a Milo. ―Yo tengo todo bajo control. Milo encargate del glotón. ―Se limpio las manos el felino.

Aioros echó la cabeza atrás. Vencido por la mayoría de votos aceptó ayudar a Milo. Después de todo la vida se había encargado de unirlos antes y después de las tragedias. ¿Qué sería de su amigo sin su ángel protector Sagitario? Se dijo.

En el presente, para ser precisos el departamento de Escorpión, retomamos la historia

―Eres imposible. Puedes contarme lo de los padres de Aioria y los tuyos, si lo deseas. Pero no se te ocurra echarme por la borda, cuando esto vuelva a ocurrirte. De lo contrario…

― ¡¿Qué?!

―Nada...―respondió seco. Terminando esto, tomó asiento y apuntó algunos detalles en su libreta.

En tanto Milo no sabía como responder a eso ¿cómo diablos se enteró? ¿acaso Camus lo había investigado? ¿ A qué jugaba el francés?. Antes nadie lo había enfrentado de esa manera, hasta su propio esposo había salido huyendo luego de pasar por dos o tres de sus crisis. En cambio Camus se quedaba y se atrevió a investigarlo ¿qué tanto de la verdad tendría el francés en sus manos? No esperaría por su confianza. Era demasiado doloroso y destructivo. Lo que se jugaba no solo le concernía a el, sino tambien, a los únicos tesoros que le quedaban con vida: Aioros y Aioría.

― ¿Cómo sabes lo de mis padres? ¿Cómo te atreves a mancillar sus memorias?―ajusto aún más su agarre en la solapera de Camus.

―¿Estas dispuesto a contarme? ―la actitud de Camus no solo era desafiante sino errada. Mal momento para obtener la última palabra.

―¡Responde maldito periodista! ―Milo no lo pensó dos veces y con una mano sostuvo ahora por el cuello al francés, quien lejos de atemorizarse trató de mantener la calma encolerizando más a Escorpión.

Milo había sostenido esta discusión con Camus, quien siendo bueno en su trabajo había traído consigo todo lo que Milo se esforzó por olvidar. Lo enfrentaba a una realidad que descansaba cubierta hace años bajo llave junto a los muebles que Aioría muy amablemente encerró con sus demonios dentro.

―¡Eres un idiota!. Existen veces en las que es mejor no meter tus narices de periodista, donde no te llaman.

― Ya veo. Y… seguir viviendo ante la mascará de la ¿incertidumbre...?. Mira quien es el idiota.― Milo lo dejo caer de su agarre.

Un cierto tipo de silencio se formó en ambos, pausó la conversación al creer haber escuchado una pequeña risa tras la puerta. Escuchando a continuación las vueltas del seguro siendo abiertos por la llave del departamento, dando paso a una esbelta y hermosa... mujer...u ¿hombre?, quien traía unas maletas consigo.

―¡Mi vida!... Estoy de regreso amor.―Con una sonrisa amplia, encaminó los pasos en dirección a Milo, quien lo observaba atónito.
―¿Afrodita? ―y no pudo pronunciar más, pues tenia la boca ocupada por el saludo ardiente del recién llegado.

Cuando Afrodita se dio cuenta de que a Milo le faltaba respirar se distanció y le susurró

― Si me miras muy cerca amor, podrías entender lo que mis ojos te dicen. Yo te sigo amando.

Se dio vuelta entonces el recién llegado y miró al único extraño en su casa.

―Y...¿ tu eres?
Camus no podía asimilar esto, estaba sucediendo muy a prisa. Así que fue Escorpión quien respondió por el.

―Camus. Te presento Afrodita de Piscis...
―Tu esposo… ―añadió el de ojos celestes. Sonreía dulce, Afrodita tenia cabellos rubios plata largos y ondulados como los que lució alguna vez la hermana menor de Milo
―¿El modelo internacional...sueco? ―Soltó Camus.

Esa respuesta hizo muy alegre a Piscis. Y puso aún más incomodo a Escorpión.

―Vaya vaya. Un admirador. ―Comentó el sueco ensortijando su dedo anular al tratar de acomodarse los cabellos.
―Afrodita. El es Camus Aquarius, uno de los cronistas principales de la firma World Economic.
―Oh!― hizo un gesto de sorpresa, algo actuado para el gusto de Camus―será un placer concederle una entrevista.

―Bueno. World Economic no es una revista de moda ni modelaje. Pero es interesante saber que
Milo esta casado con una mega estrella como lo es usted, Afrodita.
―Una mega estrella que maneja parte de las principales acciones del mundo del modelaje.― volvió a acotar el sueco, orgulloso.
― Déjate bromas. ―Milo volteó hacia Afrotita y le preguntó ―¿para qué has regresado? Volviste ... ¿por qué soy el hombro en el que pretendes llorar? ―Lo tomó por el rostro hermoso y sedoso, para continuar ―Deja de poner tu vida en manos de los demás.

―Cómo siempre haciendo de aguafiestas.
―En algo estamos de acuerdo. ― comentó Camus interviniendo entre la pareja sin perderse los detalles.

El Sueco, miró en silencio a Camus, para responder evitando la conversación.

―Estoy cansado... fue un viaje agotador el que acabo de terminar.― bostezó ―Si no les importa me instalo ahora y luego a descansar―. No esperó respuesta, ni permiso alguno. Tomó sus maletas y prosiguió directo al dormitorio.

Camus miró por reflejo a Milo. Quien aún enfadado no tuvo más opción que tomar su ordenador y salir en dirección del hotel. ¿Qué había sido eso? El silencio se apodero de la sala y el francés aún sin poder procesar lo ocurrido dio media vuelta en dirección a su departamento. Las cosas le parecían demasiado complicadas, especialmente para una persona que apenas y se arriesgaba a llevar una relación. Es que la vida no da clases para superar este tipo de enredos y ser parte de un triangulo amoroso. Si contábamos a Saga u Aioria ya tenia forma de pentágono aquello, no le parecía algo por lo que nadie tenga que sufrir. No lo aceptaría. Camus tenia su orgullo después de todo.

Continuará...