Ninguno de los personajes de Southern Vampire Mysteries o de True Blood me pertenecen. Son propiedad de Charlaine Harris y de Alan Ball.

-Oh, Eric-me choqué con él cuando salía de casa.

-¿Vas a algún lado, amante?

-Te iba a llamar.

-¿Ibas a dejarme plantado, Sookie?-Le sonreí y sacudí la cabeza afirmativamente-¿Y ese ramo de flores? ¿Acaso tienes una cita con algún otro hombre al que le lleves flores?

-Qué tonto-me levanté sobre las puntas de los pies y alcancé a besarle en la barbilla-Tara ha dado a luz esta tarde. Iba a ir a verla a ella y a los gemelos al hospital. No voy a tardar mucho (estará cansada), puedes esperarme en casa.

-Te acompañaré.

-No es necesario, Eric-no le veía en una habitación de hospital en el ala de maternidad rodeado de osos azules, conejitos rosas y globos de colores, niños llorando por doquier, padres eufóricos y parturientas doloridas.

-Cuando era humano vi muchos partos, de animales y mujeres, no creo que hayan cambiado tanto en 1000 años.

En el hospital preguntamos por la habitación de Tara y me enfadé un poco cuando nos escoltaron hasta allí, todo el rato sin perder a Eric de vista como si pensaran que en cualquier momento se abalanzaría sobre los pequeños para robárselos a sus madres. A Eric pareció darle igual y complació a un par de madres atemorizadas sacando sus colmillos de forma amenazante. Tara fingió alegrarse de mi visita, y no porque le molestara que Eric viniese conmigo, sino porque había ingresado a las dos de la madrugada y los gemelos no habían querido salir hasta las dos de la tarde. 12 horas de parto. Me contó que estaba agotada pero feliz y a JB también le vi loco de contento (Creo que Eric y él han desarrollado una antipatía mutua prácticamente al instante de conocerse)

Los dos bebés se parecían mucho a JB, eran extremadamente guapos, aunque al menos Jack (el nombre que habían decidido ponerle al niño) mantenía unos ojos abiertos y despiertos que le conferían un aspecto vivo del que carecía su padre, porque JB tenía muchas virtudes, pero la inteligencia no era una de ellas. No esperé a que Tara o él me dieran permiso para sacar a la niña de su cuna una vez se despertó y cogerla en brazos. Me reí viendo a JB haciendo malabares para poder sostener a su hijo recién nacido. Es increíble comprobar que a pesar de sus manazas y grandes brazos la mayoría de los hombres no se las apaña para coger a un simple crío. Me deshice por dentro cuando la pequeña en mis brazos empezó a hacer pucheros y a emitir sonidos parecidos a los de un gatito. Le acaricié la piel suave de las mejillas con la nariz y la arrullé un ratito poniendo una voz chillona y absurdamente infantil mientras soltaba tonterías sin sentido. Eric permanecía allí de pie, tranquilo, impasible, esperándome.

El pequeño Jack empezó a retorcerse y a lloriquear incómodo en los brazos de su padre. Observé que Eric extendía los brazos y con un movimiento fácil, sencillo y lento acomodaba al niño boca abajo sobre una de sus manos.

-Vaya, nunca pensé que un vampiro…-comenzó a decir JB.

-Tuve hijos cuando era humano-se defendió Eric-Les gusta estar boca abajo. Tiene el cuello fuerte-sostuvo Eric cuando el pequeño hizo fuerza para levantar su cabeza y mirar alrededor.

Tara y JB sonrieron, pero yo sentí que el frío me invadía las entrañas y las venas como si mi sangre se hubiera congelado en aquel mismo instante. No era la primera vez que pensaba en mi situación con Eric, sabía perfectamente que el hecho de estar con un vampiro significaba no tener una vida normal, y sabía que ser novia de Eric implicaba que no podría quedarme embarazada ni de él, ni de otro… ni muy probablemente, conociendo la opinión que tenía Eric sobre algunos de los métodos de la medicina moderna, por medio de inseminación artificial.

Estábamos allí de visita, y a nosotros nunca vendrían a visitarnos al hospital por esta feliz razón. Yo nunca sería Tara y él nunca sería JB. Él ya tuvo sus hijos y no los tuvo conmigo.

Eric me miró y le pasó de nuevo el bebé a su padre, éste abrió los ojos y se espabiló mientras JB intentaba en vano, ponerlo boca abajo con la misma gracia que había tenido Eric.

-Deberíamos irnos ya-comentó mi vampiro-Las mujeres deben descansar.

Asentí, le pasé la niña a Tara, les di un beso a ambas y les felicité por última vez. Salí por la puerta de la habitación con Eric detrás de mí, su mano en mi espalda, empujándome a abandonar aquel lugar.

Traté de mostrarme alegre con Eric durante el trayecto de vuelta a casa, aunque en las veces que me miró de reojo supe que él sabía que mi estado de ánimo estaba un poco triste en ese momento.

Quizás por la influencia de su sangre o quizás porque sabía lo que me esperaba llegué a casa un poco más animada. Eric y yo nos duchamos juntos y después cenamos en mi cocina (o yo cené y él me miró) Le conté que llevaba cuatro días trabajando en el bar con el turno de mañana y que, como no me lo cambiaran pronto, pronto tendría que cursar la asignatura de indigente. Eric intentó sacar el tema del hospital varias veces, pero después de mis quiebros lo dejó estar y me contó que Pam y él habían hablado con el abogado para abrir un club de striptease en Shreverport (Eric se ha reído de mí y ha dicho que cuando me lo ha contado he puesto la misma cara que habría puesto un hada tras darle un bocado a un limón amargo. Discúlpeme señor vikingo que no me guste que mi novio vaya a abrir un local donde estará rodeado de mujeres preciosas desnudas que estarán más que contentas de hacerle un baile privado)

Aunque me dormí exhausta, habría preferido que Eric se quedara a pasar la noche, sin embargo, no debía de ser ni la una cuando se acercó a mí para besarme y despedirse. Le eché los brazos al cuello y me puse remolona (no es que tenga fuerza suficiente como para tumbar a Eric sin que él lo desee)

-Quédate, quédate, quédate…

-Tengo trabajo en el bar, pequeña.

-¿Y si me pasa algo mientras no estás?-golpe bajo. Él se rió.

-Vendré volando en cuanto note algo raro. Además Bill está a un minuto de aquí y estoy seguro de que estará encantado de hacerse el héroe contigo.

-¿Y si me pongo cachonda de madrugada, llamo a Bill?-Eric rugió, hundió la cara en mi cuello y me hizo cosquillas mientras yo daba patadas a la cama riéndome. Levantó la cara y me dio un beso fuerte.

-Mañana me quedaré toda la noche-chasqueé la lengua decepcionada-Siento que te hayas puesto triste en el hospital. Sé que quieres ser madre-me mordí el labio y no dije nada-Siento no poder darte eso-negué con la cabeza y me encogí de hombros. No se puede querer una vida normal, una familia normal, un primer amor normal, un trabajo normal, hijos y además querer tener un amor imperecedero. A algo hay que renunciar, y ahora mismo no quería renunciar a Eric. Creo que no querré renunciar a él jamás.

Me levanté de la cama porque nuestras actividades me habían dado sed. Me restregué los ojos y di la luz del pasillo. Sentí una presencia a mi espalda en cuanto puse el pie en el escalón. Se me helaron las entrañas cuando me di cuenta de que era un hada, un hada que no era ni Dermot ni mi primo Claude. Perdí el equilibrio al notar su mano en mi espalda y caí por la escalera. Antes de golpearme la cabeza, me pareció ver a mi bisabuelo Niall sonriéndome.