Ninguno de los personajes de Southern Vampire Mysteries o de True Blood me pertenecen. Son propiedad de Charlaine Harris y de Alan Ball.

Bueno, espero que disfrutéis este capítulo que tantos días os ha tocado esperar. Ha sido todo un placer y quebradero de cabeza escribir esta historia, sobre todo la parte final. Y en verdad estoy muy contenta con el resultado.

Lo que más me gusta es que la escribí para disfrutarla yo, que soy la primera que la ha disfrutado... pero al final he conseguido que la disfrutarais otros.

Con este capítulo, ponemos punto y final a este relato que llevo escribiendo más de un año.

Un saludo a todos, y muchas gracias.

Me senté y esperé. Pero Eric no apareció. Llegó Pam, muy nerviosa, preguntándome qué había pasado. Como no pude explicarme, dio una patada al suelo y se largó gritando que tenía que salvar el pellejo de su creador antes de que lo mandara todo a la mierda.

Eric llegó dos horas después, faltaba menos de una hora para que amaneciera, abrió la puerta y me señaló con un dedo.

-¡No te muevas de aquí!-rugió. Y volvió a cerrar la puerta con tanta fuerza que hizo temblar la habitación. Mi bebé se removió en la tripa y yo me la acaricié, intentando calmarlo.

Me senté en la cama, colocándome la decena de cojines que la adornaban para estar lo más cómoda posible.

-Chist, chist…

Mira, cariño, mira hacia allí

La noche ha caído, hay que dormir.

Ya duerme el sol y sonríe la luna,

Momento de camas, camitas y cunas.

Tras los muros los lobos aúllan

Al otro lado los búhos ululan

Óyeme cantar, cierra tus ojos ya,

Duerme tranquilo, mi amor,

Desde el Asgard te cuida y te mira el dios Thor.

-¿Dónde has aprendido esa canción?-preguntó Eric, desde la puerta, en voz muy baja. Su silueta recortada contra la luz amarilla del pasillo-¿Cuándo has aprendido esa canción?-parpadeé y me incorporé un poco. El bebé dio una patada. Eric me preguntaba en nórdico antiguo.

-Me la enseñó Audr-le contesté en el mismo idioma. Mi voz recuperada. Vi como Eric se tambaleaba hacia atrás, sosteniéndose a duras penas contra la pared-¡Eric!-me levanté corriendo y acudí a su lado. Le sostuve por el brazo-¿Estás bien?-Me miró, sorprendido.

-Es imposible-dijo-No puede ser… déjame, deja…-dijo, y apartándome las manos se zafó de mí y se marchó, dando traspiés, por el pasillo. Se me inundaron los ojos de lágrimas por su rechazo.

Durante buena parte de la mañana siguiente no supe qué hacer. Resolví que no podía irme sin más. Debía intentar hablar con Eric antes de coger las maletas y volver a casa de mi abuela.

Decidí finalmente salir a pasear por los extensos jardines, deslcaza, para notar el fresco de la hierba entre los dedos. Me eché al sol un rato, metí los pies hinchados en el agua fresca de la fuente y comí un sándwich y una ensalada bajo un árbol gigantesco.

Estuve a punto de quedarme dormida, pero no quería quemarme del sol, así que resolví subir a echarme una siesta. La casa estaba llena de humanos y cambiantes que hacían la guardia durante el día, mientras los vapiros dormían. Noté que la vigilancia era más severa que cuando no había en la ciudad centenares de vampiros importantes y venidos de allende mares.

Abrí la puerta de mi dormitorio, y fui a correr las cortinas para echar una cabeza. Me llegó un extraño olor a quemado. Arrugué la nariz y me giré para ver qué enchufe se estaba quemando cuando le vi. Eric estaba sentado en el sillón de al lado de mi tocador, a plena luz del día. Los rayos del sol, que caía en el horizonte, no llegaban a tocarle directamente pero su solo resplandor conseguía quemarle la piel.

-¡Eric!-grité. Corrí las cortinas, una por una, corriendo y busqué la llave para bajar las persianas de seguridad que estaban instaladas en todo el complejo. Me pareció que tardaban una eternidad en bajarse. Cuando lo hicieron, reinó la oscuridad. Corrí hacia mi cama y encendí mi lamparita de mesa, y luego el resto de luces-Eric, cariño…-le acaricié las rodillas, sin saber si tocarle el rostro, que tenía lleno de ampollas-¿Qué pasa? ¿Qué haces despierto? ¿Por qué no te…?

-Lo recuerdo todo, Sookie.

-¿Qué es todo?

-Todo, todo… yo…-cerró los ojos y pareció que se mareaba.

-Está bien. Está bien… Primero… ven, ven a la cama, tienes que comer algo y luego dormir, es de día, Eric. Tienes que dormir… te has quemado todo, oh, cariño.

-Estoy bien-dijo mientras se apoyaba en mí para ir hasta nuestra cama-No, no quiero.

-Sí, sí quieres, bebe-le ofrecí mi muñeca.

-No. No necesito sangre, necesito…

-¿Qué? ¿Qué necesitas?-por fin enfocó. Me miró y me sostuvo la cara con ambas manos en mis mejillas.

-Al final te he encontrado-sonrió-Lo recuerdo todo. Me acuerdo como si hubiese ocurrido ayer… recuerdo la primera vez que te vi al bajar del barco… recuerdo… recuerdo… Me servías la comida siempre fría. Ahora lo entiendo-lanzó una carcajada y yo le sonreí, muy preocupada. Parecía que se hubiese vuelto loco. Empezaron a brotarme lágrimas de los ojos. Eric las besó despacio, como si le costase mucho moverse.

-Estás malherido-lloré.

-Estaba muerto por el día y entonces lo recordé todo y me desperté.

-¿Y caminaste por la casa bajo el sol? ¡Oh, Eric! Podrías haber muerto del todo. Por favor, bebe algo de sangre…

-Está bien, está bien. Pero tú no, estás embarazada.

-Te traeré a alguien-le dije.

-No, no…-pero le ignoré y salí a buscar a algún colmillero de los que estaban en nómina. Le llevé a un muchacho joven y robusto, de la edad de Jason. Parecía encantado. Ni siquiera aparté la vista mientras Eric bebía. Me senté junto a él, que se recostó y le acaricié la frente, apartándole mechones de pelo-Tenemos que hablar, hay mucho que decir, tengo que…

-Chist… esta noche, dentro de unas horas. Ahora duerme, recupérate.

-No te vayas.

-No iré a ningún sitio-le aseguré. Me eché junto a él e imaginé que su cuerpo desprendía calor, me imaginé que era mi vikingo otra vez. Me desperté cuando abrieron la puerta de golpe.

-¡Está aquí!-Pam sonó aliviada mientras yo me levantaba-¿Aún no ha despertado?

-Ha estado de excursión diurna-le dije. Me levanté y abrí las ventanas para que entrara el aire fresco de la noche.

-Ya hablas.

-Sí. Pam, por favor, déjanos solos. Ha sido un día… importante para los dos.

-Pero… ¿está bien? Me han dicho que se alimentó en pleno día, que estaba…

-Ahora ya está bien, estaba…

-Déjanos solos, Pam-dijo Eric, incorporándose.

-Sí, déjanos solos, joven vampiresa-Niall hizo acto de presencia, pasando por una de las ventanas que acababa de abrir.

-Vete, Pamela-la instó Eric. Sus ojos fijos en Niall. Corrí hacia él e intenté ayudarle a levantarse… pero Eric era viejo, y era fuerte, y unas pocas horas de sueño y algo de sangre fresca le habían devuelto la plenitud de sus facultades. Nos quedamos solos los tres: Niall, Eric y yo. Mi vikingo me parapetó detrás de él, aunque sabía que mi abuelo no quería hacerme nada-¿Qué haces aquí?-le escupió Eric.

-Querías verme-me dijo a mí-¿No es cierto?-preguntó, como si aquello respondiera a la pregunta implícita que le estaba haciendo Eric.

-Fuiste tú. Tú me borraste la memoria…

-No-susurré-¿Es eso cierto?-pregunté. Niall suspiró, mirándonos a ambos, y se dirigió al sillón en el que había encontrado a Eric en pleno día. Se repantingó en él y acarició los enormes brazos de la pieza-¿Por qué lo hiciste?-le pregunté.

-Él no debía recordar.

-No. ¿Por qué me enviaste allí?

-Porque tú lo quisiste.

-¿Yo?

-Escúchame, pequeña. Tranquilizaos los dos. Puedes quitarte de en medio, Northman, para que pueda verle los ojos a mi bisnieta-Eric cedió un poco cuando le tiré de la manga-Es difícil para mí explicártelo a ti… ¡Vampiro!-inició-Sabes lo que pasa cuando tu creador te manda hacer algo. Entre un vampiro y la criatura que crea existe una magia poderosísima, esta magia actúa de muchas maneras, y una de esas maneras hace que a la criatura, la progenie de ese vampiro, le deba una lealtad y una obediencia ciega. Un vampiro al que su creador le da una orden no puede dejar de acatarla, sencillamente, le es imposible sublevarse. ¿No es cierto?

-¿A qué viene eso?-preguntó Eric con los brazos cruzados sobre el pecho.

-Lo sé muy bien.

-No, no lo sabes. Pero tu vampiro lo entiende. Esa fuerza mágica que te obliga a ti es la misma fuerza mágica que fluye y orienta la vida de todas las criaturas sobrenaturales. Las hadas, como los vampiros, tenemos cierto control mágico, pero en realidad es Ella la que nos controla y dirige a nosotros.

-¿Qué tiene eso que ver con nosotros?-pregunté.

-Hace aproximadamente un año sentí la misma sensación que un vampiro tendría de recibir una orden de su creador. Palabras y frases fluyeron a través de mis oídos como una voz que se repite en un eco a través de las montañas. La magia entró por mis pies, recorriéndome el cuerpo hasta volverse electricidad en las yemas de mis dedos y en ese momento no tuve más remedio que cumplir con aquello que el eco me pedía-explicó. De repente se puso en pie y se acercó a mí-Los cuentos a veces dicen muchas verdades. Las hadas podemos convertirnos en hadas madrinas, como las de los cuentos, y cumplir los deseos de todo tipo de criaturas: Puede ponerte a dormir cien años hasta que nazca el amor de tu vida, o puede convertir en princesa a una simple criada. Por supuesto no todos los deseos que entonan los humanos nos obligan a cumplirlos… solo unos pocos, quizás uno o dos cada siglo. En mi larga existencia nunca había cumplido el deseo de ningún humano. Aunque tú no eres exactamente humana…

-¿Eres mi hada madrina?-le pregunté.

-Algo así. Pudo haber sido cualquiera. Pero el caso es que fui yo.

-Pero yo no deseé que me llevaras al pasado.

-Sí lo hiciste. Puede que no lo dijeras en voz alta, puede incluso que ni siquiera lo pensaras conscientemente… pero en algún momento hace un año deseaste ser la madre de los hijos de Eric.

-Yo…

-Lo deseaste-sentenció-Tu voz llegó tan clara a mis oídos como lo hace ahora. Y a ti tuve que hechizarte también… por la misma razón, una fuerza mayor me hizo viajar en el tiempo y borrar tus recuerdos sobre ella. Y tendrás que aceptar que fue mejor así… habría sido perjudicial para ambos que la recordaras como tal-Eric gruñó, pero yo estaba llorando-¿Por qué lloras?

-Fue culpa mía-admití.

-¿El qué?

-Eric no sería un vampiro si yo no hubiese ido al pasado-miré a mi marido y me sorbí los mocos. Eric hizo un gesto de no entender nada-Tú querías ir a Puerto Ballena y yo te obligué a ir a Tabernas. Ocella no te habría visto, no te habría echado el ojo si hubieras ido a Puerto Ballena… que es lo que habrías hecho si yo no hubiese estado allí-me puse a llorar-Es culpa mía.

-No es culpa tuya-me dijo Eric, tomándome por los codos con delicadeza y buscándome la mirada.

-Sí lo es-ayudó Niall. Eric lo fulminó con la mirada-Sookie, hija, lo que fue fue porque tenía que ser así. Estoy seguro de ello. Tú debías viajar al pasado para que él pudiese convertirse en inmortal y de esa manera pudiera conocerte. Es una rueda, un ciclo… yo solo fui un instrumento para completarlo. Supongo que La Magia quería que fuese así.

-¡Que le den por culo a tu magia!-le grité-¡Mis hijos están allí!-Eric me sostuvo contra él y me dejó llorar contra su pecho-Si me hubiese dado más tiempo… te habría salvado-le dije.

-Chist, chist, calla ya.

-Es que…

-Chist.

-Tenía que ser así-insistió Niall-Supongo que sucedió por la carga mágica que poseeis los dos. Tú tienes sangre de hada y tú… en fin, parecías un humano normal y corriente pero no debías serlo cuando Ocella consiguió convertirte. Fuiste el único con el que lo consiguió en mil años y él hizo lo mismo de siempre. Eras tú. Tú eras especial. Quizás sea tu talento para cumplir todas las promesas que haces.

-¿Qué pasa?-pregunté cuando vi la mirada que Eric le dirigía a Niall.

-Nada.

-No, ¿qué pasa?

-Se lo prometí a Leif. Le juré que te encontraría, aunque tardase mil años.

-Ya ves, es lo que yo decía.

-Eric-dije tragando saliva-Si mi abuelo me envió una vez al pasado tiene que haber otra forma de volver-Niall negó con la cabeza-Eric, mírame… nuestro hijo debe crecer junto a sus hermanos, tenemos que volver.

-Eso es imposible. Ya te lo he dicho, su destino era convertirse en vampiro, no puedes viajar al pasado y tratar de cambiarlo.

-En eso tiene razón-me dijo Eric-No volveré a ser humano, Sookie. No hay manera mágica o sobrenatural que me devuelva la vida. El hombre que amaste…

-Sigue aquí. Eres tú. Solo te hacía falta recordar. Es verdad… como hombre te amo con locura, eras lo que yo siempre había soñado tener; pero ahora me da igual, ahora solo me preocupan los niños. Y podríamos intentarlo, volver y evitar que…

-Chist, calla otra vez.

-No podemos dejarlos allí solo. Tenemos que estar todos juntos… Audr está sola, le dan miedo los monstruos, y Erik se mete en demasiados líos, hay que vigilarlo… y Leif aún tiene que crecer y aprender muchas cosas.

-Llevan muertos mil años-intervino Niall. Eric lo miró con severidad, caviló unos segundos y luego me sostuvo por los codos y me apartó de él, clavándome la mirada.

-No volveré a ser un hombre. No puedes cambiar lo que Ocella me hizo. Pero tienes razón… los niños deben estar juntos… nostros tenemos que… Escúchame, escúchame tú también-le dijo a Niall-Te juro, te juro, Sookie… que encontraré la manera de que volvamos a estar todos juntos, te lo juro, amante.

-No puedes hacer eso-dijo Niall, los ojos como platos.

-Acaba de hacerlo-le dije sin mirarlo, porque tenía los ojos clavados en el rostro de Eric. Su mirada seria, sus labios entreabiertos… ¡hasta sus mejillas parecían arreboladas!

-Te lo juro, amor mío.

Asentí y mientras mi bisabuelo desaparecía de la habitación, me abracé a él.

Todo se arreglaría.

-Te lo juro, encontraré la manera.

Estaríamos juntos de nuevo.

-Que no te lleve tanto tiempo como encontrarme-le dije con la voz apagada contra su pecho. Eric rió, su pecho temblando por la risa.

-No lo hará-me estrechó contra él-Volverá a ser… más o menos como antes.

-Sí-suspiré-Es todo lo que quiero. Todo lo que deseo.

FIN.