redoble de tambores...

Aquí está el final! el último capítulo! T_T

Espero que os gusteee~

18.-

A la mañana siguiente, Harry despertó con un dolor de cabeza horrible. Los párpados le pesaban y no quería abrir los ojos y acabar de desvelarse. Estuvo dando vueltas en la cama durante no supo cuanto tiempo, vagos recuerdos de la noche anterior apareciendo frente a él y haciendo que debatiera los pros y los contras de levantarse y enfrentarse a sus amigos y esconderse bajo las sábanas por el resto de días que quedaban de su estancia. Pero la vejiga le iba a estallar, necesitaba una aspirina para el dolor de cabeza y algo de comida, así que decidió hacer acopio de todo su coraje y salir de la habitación para dar la cara. Nada de aquello resultó ser necesario, no había nadie más que él en el piso. Al llegar a la cocina, aun con el cuerpo entumecido y la conexión entre neuronas lenta, abrió la nevera, sacó la jarra de agua y tan solo una vez hubo vertido un poco de agua en un vaso, tragado la aspirina y vuelto a cerrar la nevera con la jarra dentro, se dio cuenta de que en la inmensidad blanca de la puerta del electrodoméstico había algo extraño; una nota de Hermione: Hemos ido a dar una vuelta. Duerme y descansa, te llamaremos a la hora de comer. H&R. PD: Hablaré con Ron.

Harry suspiró, los acontecimientos de la noche pasada finalmente demandando su atención. Apoyó la cabeza en la nevera, notando el ligero frío que ésta desprendía y respirando hondo. Sus amigos lo sabían. Que estaba con Draco. Con Malfoy. Con el arrogante niño pijo que les había hecho la vida imposible durante cinco años hasta que él también se había visto empujado a una vida que no entendía… y ahora nadie entendía nada tampoco ¿Ellos dos? Era increíble se mirara por donde se mirara. Harry cogió una manzana y se dirigió al comedor, se dejó caer en el sofá y dio un mordisco a la fruta.

Como mínimo Hermione parecía estar haciendo el esfuerzo de aceptarlo y tratar de entenderlo. Solo esperaba que Ron acabara por hacer lo mismo. Comprendía que le resultara difícil, pero antes de perder por completo su amistad Harry se conformaba con que su amigo se decidiera por ignorar la situación.

Acabó la manzana y fue a la cocina a tirar los restos. Fue al levantarse cuando vio dos montoncitos de fotografías en la mesa y recordó como la noche anterior, tras recogerlo todo y sin ganas de dormir o tan siquiera tumbarse en la cama, había rescatado las fotografías de Draco del fondo del cajón y se había dedicado a observarlas y recordar cada una de las situaciones en las que habían sido hechas. Cuando el sueño se había apoderado de él, debía de haberlas dejado tiradas por la mesa sin pensar que sus amigos podían verlas al levantarse. Y las habían visto, de eso estaba seguro. Podía imaginar a Ron ahogar un grito ante aquel collage surrealista y Hermione frunciendo el ceño, curiosidad morbosa pudiendo más que el deseo de preservar la intimidad de su amigo y cayendo finalmente en la tentación de observar cada una de las imágenes. ¿Qué conclusiones habían sacado de ellas? Harry veía un par de jóvenes pasándolo bien, sonriendo a la cámara y al otro. ¿Conseguiría eso demostrar que Harry no se encontraba bajo el influjo de ninguna maldición o poción? ¿Ayudaría a sus amigos ver que Harry era feliz?

Harry recordó el mail que le había enviado a Draco y fue a la habitación a coger el portátil y comprobar si el chico le había contestado ya. Así era. Algo nervioso por lo que pudiera encontrarse, Harry empezó a leer:

Buenas noches, Harry.

Como bien decías, el tiempo aquí en Londres es un absoluto desastre. Hace frío y cuando no diluvia sopla un viento helado y fuerte que no invita para nada a salir a la calle. Debo admitir que me ha costado ir a trabajar estos últimos días, aunque quizá no es tanto culpa del tiempo como los recuerdos de París... Me alegro que al menos tú sí lo estés pasando bien, y que se te haya pegado algo de mis magníficas dotes de guía turístico para que puedas entretener a Weasley y saciar el ansia de conocimiento sin fin de Granger. También me alegro que le gustara el libro.

En cuanto a lo nuestro… Me gustaría saber que estoy a salvo de la ira de tus amigos o al menos que, llegado el momento, me avisaras para que pudiera dejar en orden mis asuntos para con mi madre y el Ministerio, pero la verdad es que no puedo obligarte a que lo mantengas en secreto si no quieres ¿cierto? Además, yo también se lo he contado a Mary. No por propia voluntad, por supuesto, simplemente la chica es muy testaruda y no paró de preguntar qué tal había ido por París, la ciudad del amor y todas estas tonterías, así que al final tuve que decirle que sí, finalmente estábamos juntos. Por supuesto me obligó a invitarla a cenar y a que se lo contara todo (cosa que no hice, no se lo conté todo). No veas lo contenta que se puso, y no te extrañe que te envíe un mail pidiendo fotografías. Aunque te diga que son para mi, no se las envíes.

Y puesto que el Ministerio lo sabe, ¿no es mejor empezar a contarlo nosotros mismos a aquellos que nos importan? No puedo creer que esté diciendo esto tras haber pasado tan solo tres días contigo, pero quizá empezar a preparar un plan de actuación no sería mala idea. Sobre todo teniendo en cuenta que acabará saliendo en el Profeta tarde o temprano y es mejor que no nos coja por sorpresa. Así si quiero venir a visitarte algún fin de semana quizá todo el papeleo sea más fácil y la prensa no nos atacará como los animales carroñeros que son…

Pero yo también me estoy yendo por las ramas, es tarde y estoy muy cansado, no sé muy bien lo que estoy diciendo.

Espero que todo vaya bien y que te diviertas con tus amigos.

Draco.

Harry parpadeó un par de veces frente a la pantalla del portátil, absorbiendo todo lo que acababa de leer. Draco le echaba de menos, no le importaba quien lo supiera, quería ir a visitarle… De repente se levantó y se dirigió hacia la habitación, donde su teléfono móvil reposaba en la mesilla de noche. Necesitaba hablar con él, contarle lo que había sucedido con Ron y Hermione, sus miedos y sus dudas, necesitaba oírle decir que todo iría bien. Pero Draco podía estar trabajando y no quería molestarle, si es que llevaba el teléfono encima, y tampoco quería preocuparle. Hermione había dicho que llamaría a la hora de comer, quizá sería mejor esperar hasta entonces y dependiendo de cómo fuera el encuentro ya decidiría si llamaba a Draco o trataba de aparecerse en su casa para salvarle del ataque de sus compañeros.

Dejando el móvil sobre la mesa, Harry decidió que lo mejor era contestar el mail. Algo corto y vago con la promesa de más información al acabar el día. Justo cuando envió el mensaje, el móvil empezó a sonar. Por un disparatado momento Harry pensó que se trataba de Draco, pero era Hermione. Respiró hondo y contestó.

-¿Si? —dijo con una voz más grave de la que esperaba. Tosió y tragó saliva con fuerza.

-Harry… —era Hermione— ¿Te he despertado?

-No, no te preocupes.

-Bien, era solo para decirte si… querías venir a comer con nosotros. Hemos encontrado una pequeña pizzería aquí cerca del paseo y habíamos pensado ir allí, así no tienes que cocinar ni nada —se la oía nerviosa, y Harry tardó unos segundos en responder.

-¿Seguro que quieres que venga?

-¡Claro que si! Harry, hemos venido a pasar unos días juntos, y eso es lo que vamos a hacer —dijo con tono autoritario— Además, he estado hablando con Ron… Y aunque ninguno de los dos acaba de entenderlo, sí creemos que debemos apoyarte y estar contigo para lo que necesites, y sobre todo que nos lo acabes de explicar bien ¿de acuerdo? Queremos oír tu visión de las cosas, este es un paso importante para ti así que…

-Está bien, Hermione. Me alegra oír eso —y era cierto. De repente Harry se sentía mucho más ligero, respiraba con mayor facilidad.

-¿Entonces nos vemos?

-Claro, dame media hora para que me duche y me vista y allí estaré.

-Es la pizzería de enfrente de la fuente, junto a la heladería.

-De acuerdo, ahora nos vemos.

-Hasta ahora.

Harry colgó y dejó caer el móvil sobre el sofá. No parecía que Hermione hubiera acabado de entender que aquello no era simplemente una fase, pero si aquello era lo único malo que iba a pensar sobre su relación con Draco, era más que bienvenido.


Llegó a la pizzería nervioso y con el corazón latiéndole con fuerza. Mientras había estado en casa todo había ido bien; se había duchado y vestido con calma, incluso con ánimos, repasando en su mente todo lo que podía decirles a sus amigos y cómo hacerlo para que aceptaran su relación con Draco. Pero una vez en la calle, solo frente al mundo, su coraje había ido deshinchándose poco a poco y el miedo y la ansiedad se habían apoderado de su cuerpo y su mente. Lo poco que había conseguido domar su cabello lo había estropeado al pasarse las manos repetidas veces por él, sentía que sus sobacos estaban sudados y temía que debajo de la fina chaqueta su camisa estuviera manchada con dos grandes círculos oscuros.

Ron y Hermione le esperaban junto a la heladería, sentados en un banco y hablando animadamente sobre algo que Harry no podía oír aun. Justo cuando iba a saludarles, brazo a medio alzar, Ron levantó la mirada y le vio. Harry sintió que se le paralizaba el cuerpo y bajó el brazo, el animado saludo que tenía preparado congelándose también tras sus labios.

-Harry, hola —dijo finalmente Ron, provocando que Hermione también alzara la cabeza y viera a Harry.

-¡Harry! —la chica se levantó y se acercó a él.

-Hola… chicos —fue lo único que pudo decir. Sus ojos saltaban de Ron a Hermione, uno mirándole con curiosidad y confusión y la otra con alegría que parecía forzada.

-¿Vamos a comer? —interrumpió Hermione cogiéndole del brazo y guiándole hacia la pizzería.

Harry asintió, dirigiendo finalmente su mirada al frente, y Ron les siguió.

La comida transcurrió con relativa normalidad. Pidieron una ensalada, un plato de pasta y una pizza, de los que fueron comiendo mientras hablaban de cualquier cosa menos lo que les había llevado a ese lugar. Bajo la imagen de amigos animados y tranquilos que proyectaban, pero, se podía distinguir la sutil tensión de la incomodidad y de las ansias de comentar lo que realmente les importaba, pero nadie quería ser el primero en romper aquella burbuja que les rodeaba. Harry incluso pensó que era mejor, que nadie dijera nada e hicieran como si todo aquel asunto no hubiera sucedido, que volvieran a Londres y una vez en la distancia ya lo hablarían si era necesario. Pero una vez la camarera hubo despejado la mesa de todos los platos y hubo servido los cafés, Hermione respiró hondo y Harry supo que finalmente había llegado el momento. Para su sorpresa y, aparentemente para la de Hermione, fue Ron quien habló.

-Harry, quiero que sepas, una vez más, que no me importa que…te gusten los hombres —dijo en un susurro mirando a un lado y hacia otro— pero que sea Malfoy… Es, como poco, extraño. No puedes negarlo.

-No lo hago.

-Sé que dijiste que… estabas bien con él y que te gustaba estar con él. Y Merlín sabe que no puedo entenderlo, pero… supongo que si es verdad no puedo hacer nada ¿no? Todos sabemos lo cabezota que eres… —Hermione lanzó una mirada enfadada a Ron pero Harry sonrió y asintió— Pero, yo solo digo, y quiero que quede claro, que no creo que pueda verle como algo más que el prepotente niño pijo que siempre creyó estar por encima de mi. Puedo tratar de aceptar que creas que te hará feliz —ante aquello Harry suspiró y sintió como el estómago se le desplomaba a los pies. Ron aun se negaba a creer que Draco pudiera hacerle feliz… Al fin y al cabo, no se puede tener todo, se dijo— Pero no me pidas que sea amigo suyo, por favor. Soy amigo tuyo, y te quiero pero no…

-No, claro que no… —aceptó Harry con un susurro conforme.

-Buf, eso ha sido difícil. Lo siento, es que… —Ron se encogió de hombros y negó con la cabeza— Cualquiera diría que después de derrotar a Voldemort nuestras vidas serían normales y aburridas, pero parece que no va a ser posible.

-Entonces yo ya no sería Harry Potter ¿cierto? —dijo Harry son una sonrisa triste.

-Cierto. Por mi parte, Harry —dijo Hermione entonces— quiero que sepas que te apoyo, y que acepto la relación, pero… dile a Draco —y ante el uso del nombre propio de Malfoy por parte de su novia Ron le dirigió una mirada escandalizada— que como te haga daño la bofetada de tercero va a quedarse corta con lo que le voy a hacer.

-Claro, por supuesto —contestó el chico atragantándose sin saber si reír o salir corriendo a avisar a Draco. Hermione enfadada daba mucho miedo.

-Entonces, brindemos por nuestras vidas, que jamás serán víctimas del aburrimiento —propuso Hermione alzando su copa.

Los dos chicos se miraron, sonrisas tímidas en los labios y cogieron ellos también sus copas para brindar.

Tras la comida, fueron a caminar por la playa, observando los tenderetes de bisutería y complementos que decoraban el paseo. Cuando llegaron a las rocas que marcaban el fin de la playa dieron media vuelta y emprendieron el camino de vuelta al piso. Hablaban poco, tranquilos y pensativos, y Harry no sabía si reír o ponerse a gritar cada vez que Ron veía a algún hombre o chico corriendo sin camiseta, o sudado encima de una bici; era en cómico en realidad como entrecerraba los ojos, les observaba por un momento y entonces dirigía su mirada hacia Harry, que hacía como que no se daba cuenta. Harry esperaba que, fuera lo que fuera lo que pasaba por la pelirroja cabeza de su amigo, no fuera la imagen de él y esos extraños teniendo sexo. Y mucho menos que les comparara con Draco. Se habían cruzado con un par de tíos buenos, no había duda, pero ninguno podría compararse jamás con Draco, seguro.

Cuando finalmente llegaron a casa, agotados y con los ánimos repuestos. Hermione decidió que tenían que ir de fiesta a algún bar o discoteca para celebrar la última noche. Ron, sorprendentemente, estuvo de acuerdo y Harry no pudo más que asentir y bajar al restaurante chino de la esquina a por la cena. Mientras le esperaban, Ron y Hermione aprovecharon para ducharse y una vez llegó Harry con la comida cambiaron los papeles, los chicos prepararon la mesa y Harry se fue al baño. Una vez estuvo todo preparado y todos duchados se sentaron frente a la mesa llena de pequeños contenedores de plástico repletos de comida. Mientras Harry separaba los palillos de madera y comprobaba que realmente no faltara nada en la mesa, se dio cuenta de que el montoncito de fotos que había estado encima de la mesa durante todo el día y parte de la noche anterior había sido apartado y colocado en la estantería de enfrente. Por un momento no supo qué hacer, pero estaba más que claro que sus amigos ya las habían visto, así que tratando de aparentar completa normalidad, empezó a comer con ganas.

Hermione les habló de su trabajo en el Ministerio, donde estaba haciendo prácticas, y como esperaba que acabado el verano la contratasen y pudiera empezar con sus planes de rebelión. O así es como lo calificó Ron. Él aun dudaba entre continuar con George en la tienda de bromas o empezar con los cursillos de preparación para ser Auror. Tanto Harry como Hermione le animaron a probarlo, siempre lo habían hecho y se lo dejaron bien claro, tenía lo que hacía falta y ellos siempre le apoyarían.

-Bueno, quizá sí me decida. En setiembre lo miraré…—dijo finalmente tras tragar un trozo de pollo con almendras. Tenía las mejillas rojas pero sus ojos denotaban convicción.

-¿Y tú Harry? ¿Buscarás algo por aquí? Supongo que el Ministerio podría proporcionarte un currículum escolar muggle para que fueras a la universidad, o para que pudieras cursar un ciclo formativo… O simplemente para poner algo en el currículum si solo quieres trabajar —acabó diciendo.

-¡Hermione! A Harry no le hace falta buscar trabajo, tiene dinero de sobras…

-No lo tiene, ¿cuánto crees que le durará si no hace más que gastar y gastar? Tiene dieciocho años, ¿qué hará cuando llegue a los treinta y no tenga ni un Galeón? —la chica había dicho todo aquello mirando a su novio, pero entonces dirigió su mirada a Harry y éste tuvo que tragar con fuerza. Hermione hablaba en serio, como siempre que sus futuros salían a conversación, y querría una respuesta seria. A poder ser de su gusto.

-La verdad es que… Hermione, Ron… Cuando caduque el contrato del piso en agosto volveré a Londres —dijo sin poder mirarles a los ojos.

-¿De verdad?

-¡Eso es genial tío!

-Sí, de verdad. Supongo que es lo lógico ¿no? No puedo estar siempre huyendo —a lo que Hermione negó casi imperceptiblemente con la cabeza, dándole la razón— y además, ahora que estoy con Draco…

La alegría de la noticia pareció desaparecer del ambiente en un milisegundo.

-Claro, es normal que quieras estar cerca de… de él —acabó comentando Hermione.

-A vosotros también os echo de menos eh. Y a Luna, Neville, Ginny… Estará bien volver a casa —dio un sorbo a su cerveza y el silencio que empezó a caer sobre ellos fue haciéndose incómodo segundo a segundo.

-Será mejor que busques piso pronto entonces, por qué dudo que quieras vivir con Luna ahora que su novio pasa allí la mayoría de noches… —dijo Ron.

-Bueno, siempre puedes ir con Andrómeda ¿no?

-No, yo… —Harry iba a decir que después de vivir todo aquel tiempo solo no se veía viviendo con un adulto que le fuera mandando, aunque fuera un adulto tan simpático y comprensivo como Andrómeda, que él lo que quería era un piso bonito y espacioso al que Draco pudiera trasladarse cuando estuviera preparado. Pero seguramente eso no era lo apropiado si quería que la noche acabara bien— No lo sé aun. Lo pensaré.

-Bueno, pues yo me voy a arreglar y nos vamos ¿vale? —dijo Hermione levantándose. Llevó un par de platos a la cocina y después se dirigió a su habitación.

-¿recogemos?


Tras quitar la mesa y guardar las sobras en la nevera, Ron se puso a jugar a la Play que Harry había comprado dos días después de llegar a Menorca. Tras años y años de ver a Dudley jugar a videojuegos mientras él no podía ni mirar —su primo decía que le molestaba y le hacía perder— había sentido casi una necesidad vital de tener una. No había jugado demasiado, era cierto, pero igualmente le gustaba tenerla. Y a Ron parecía entusiasmarle.

Harry decidió coger el portátil para esperar él también a que Hermione se cambiara, pintara y peinara, o lo que fuera que estuviera haciendo antes de salir. Lo primero que hizo fue comprobar el correo. Draco no había contestado. Sintió como el estómago se le hundía y como su cuerpo clamaba por hablar con él, así que tras echar un vistazo a Ron y al reloj del DVD se levantó, sacó el móvil del bolsillo y se dirigió al balcón.

Comunicaban, y los pitidos reverberaban en su cabeza repitiéndole que Draco no iba a coger el teléfono y que no podría hablar con él y que estaba haciendo el imbécil porqué a Malfoy no le importaría que sus amigos —más o menos— aceptaran su relación. Cuando iba a colgar, por fin, sintió la voz del chico al otro lado.

-Ei

-Hola —dijo Harry sin saber muy bien qué decir ahora que realmente tenía a Draco al otro lado de la línea telefónica.

-Hola, Potter.

-¿Qué tal?

-Bien, cansado pero bien… acabando de arreglar el piso antes de ir a dormir —Harry imaginó a Draco planchando, limpiando el polvo con un plumero de esos y fregando los platos, tuvo que contener la risa y con ello todo su cuerpo pareció relajarse.

-No te canses mucho. Oye, solo quería decirte que… Bueno, esta mañana te he enviado un mail, aunque quería llamarte en realidad, y como he visto que no lo habías contestado quizá aun no lo has leído, no te culpo, pues te llamo ahora… —de acuerdo, quizá no estaba demasiado relajado aun.

-Eh… no, no he podido abrir el ordenador en todo el día. ¿Ocurre algo? —Harry pudo escuchar el tono de preocupación a través del móvil y sonrió.

-No, todo va bien… Bastante bien al menos. Mucho mejor de lo que podría haber ido, quizá.

-Entonces… ¿No tengo que preocuparme de que Weasley y Granger vengan a atacarme en mi propia casa?

-Atacarte, no. Venir a hacerte una visita para estar seguros de que no me has hechizado ni maldecido y de que realmente me quieres bien, puede…

Harry oyó a Draco reír y su propia sonrisa se mantuvo en sus labios. Se apoyó en la barandilla del balcón y suspiró.

-También les he dicho que volvería a Londres…

-Eso seguro que se lo han tomado mejor.

-Sí, supongo que sí. La verdad es que me siento algo culpable. Haberme ido así sin más…

-Harry, si no quieres volver no tienes que volver.

-¡Claro que sí! No es solo por ellos, ya lo sabes… —dijo en un susurro, serio ahora y mirando la luna brillante que asomaba tras un edificio.

-Creí que dijiste que podía ir a visitarte cuando quisiera.

-Eh… y puedes, claro que puedes —dijo Harry corriendo, el corazón latiéndole velozmente por miedo a que Draco hubiera malentendido la situación y por la emoción de que el chico realmente quisiera venir a verle, y pudieran ir a la playa y…— pero, también quiero volver a Londres… Y entonces podríamos vernos cada día que queramos ¿no?

-Sí… sí.

-¿Ocurre algo? —preguntó ahora Harry ante la escueta respuesta de Draco.

-No, es solo que… todo esto es tan extraño. No sé muy bien qué estoy haciendo. Y sé que no es así, pero no quiero que vuelvas por mi, solo por mi, y entonces te veas otra vez envuelto en toda la mierda del Ministerio que no te gusta y que… cuando te des cuenta me culpes por ello —Harry parpadeó un par de veces en silencio, sus ojos aun clavados en la luna.

-¡No digas tonterías! Sabes perfectamente que dije que hablaría con Kingsley y que aceptaría lo que me propusiera, pero siempre dentro de unos límites. No voy a ser la marioneta de nadie, nunca más —de nuevo, Harry oyó la suave risa de Draco al otro lado del teléfono, esta vez frunció el ceño y preguntó— ¿de qué te ríes?

-De cómo siempre llamas a Shacklebot por su nombre propio. Eso es una falta de respeto Potter, sabía que no tenías remedio.

Harry fue a contestar algo pero no lo hizo, rió por debajo de la nariz y negó con la cabeza, pasándose la mano libre por el cabello y girándose, quedando apoyado en la barandilla del balcón.

-Entonces… ¿El Ministerio no te ha dicho nada no? A mi no me ha llegado ninguna lechuza pero como el caso de París era por ti…

-No, no me han dicho nada. Supongo que, o aun no ha llegado a los mandamases o quizá tienen cosas más importantes que hacer y, lo siento Potter, no les importas tanto como creías y les da igual que un malvado mago oscuro te haya corrompido…

-Oh claro… tu no tienes nada de oscuro Malfoy, eres como una pequeña ninfa de las nieves, todo pálido y estilizado… —Harry calló de repente al darse cuenta de lo que estaba diciendo. Se aclaró la garganta y trató de arreglar la situación— digo, que…

-No lo intentes arreglar, Harry… aprecio el piropo que encerraba la comparación —Aunque Harry no pudiera verle, sabía que Draco estaba sonriendo socarronamente en su piso, divertido al estar haciéndole pasar un mal rato.

-Hm… pues eso. Mucho mejor si no les interesa mi vida —alzó la vista del par de cactus que tenía en el balcón y vio a Ron y a Hermione observándole con cara de circunstancias. De repente se sintió morir, deseando que el suelo se abriera y se lo tragara— Esto… tengo que irme. Me alegro de haber hablado contigo.

-Claro, huye como el valiente Gryffindor que eres…

-Ron y Hermione me están esperando para salir —dijo simplemente.

-Claro, claro… el trío de oro no puede separarse.

-Draco, sabes perfectamente que si puede. Hablamos otro día ¿de acuerdo? —Harry quería seguir hablando ahora, pero la vergüenza de tener a Ron y a Hermione observándole hacía que no pudiera articular la mayoría de frases que quería.

-De acuerdo… Que vaya bien. Y limpia a fondo el piso para cuando venga, no quiero gérmenes de Weasley y Granger.

-Ah… claro, pero deja de decir esas cosas quieres —le amonestó en un susurro enfadado— Que vaya bien.

-Igualmente, Harry. Dales recuerdos a esos dos.

-Claro… Adiós.

Harry colgó y miró a sus amigos durante un par de largos segundos.

-Era… Draco.

-Lo imaginamos —dijo Hermione con una sonrisa que Harry supuso pretendía ser alentadora.

-¿No vamos? —intervino Ron con tono implorante. Harry asintió y salió del balcón.

-Cinco minutos que me cambio…

Dejó a sus amigos en el comedor, supuso que comentando lo que habían escuchado y la reacción de Harry, seguramente hasta su lenguaje corporal y qué decía todo aquello de la surrealista relación que tenía con Draco. Se puso la ropa que había dejado sobre la cama después de la ducha y fue al baño a lavarse los dientes y comprobar que su cabello no estaba demasiado despeinado. Todo correcto. En el recibidor se encontró con Hermione y Ron, los dos también perfectamente arreglados y guapísimos.

-¿Listos? —dijo mientras se aseguraba de que llevaba la cartera y el móvil en los bolsillos. Los chicos asintieron y abrieron la puerta del piso.

Harry les vio salir y empezar a bajar las escaleras. Entonces, de repente, en un pasillo a medio iluminar, con el eco de las pisadas de sus amigos y el pomo de la puerta frío entre sus dedos, se sintió completamente relajado y feliz. Sonrió y cerró la puerta. Todo iba bien, parecía que por fin había encontrado su camino en la vida, uno que de verdad había escogido él. Y eso le hacía feliz.

Se guardó las llaves en el bolsillo, sonriendo, y siguió a sus amigos escaleras abajo.

FIN


para quien preguntó, el TBC quiere decir To Be Continued... ^^

No puedo creer que haya llegado el final T_T en serio, nunca me cansaré de repetirlo, MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS Y TODAS! sin vosotros esta historia no hubiera alcanzado las 125 páginas que tiene el archivo de word. lo habéis leid obien, 125 páginas. Nunca creí que llegaría a escribir nada parecido... casi 55.000 palabras! es justo lo que se considera novela, no? pues eso, muchísimas gracias!

Empecé a escribir el primer capi en clase, en honor a Harry Potter 7.1 y ahora la 7.2 ya ha sido estrenada, y lo que no sabía muy bien como acabaría ni hacia donde se dirigiría se ha convertido en este fic de 18 capítulos que ha sido contruido gracias a vuestros ánimos y comentarios! Me da pena acabar la historia, pero a la vez me hace feliz, pk tras muchos años he escrito un nuevo fanfic del fandom y la pareja que me introdujeron en el mundillo, y no sé si os alegrará saberlo o no, pero tengo un par más de cosillas más preparadas... xD

Así que nada, ha sido todo un honor! Hasta la próxima!

Niea.