ESTA HISTORIA PERTENECE A DYRTSSA Y LOS PERSONAJES SON DE STEPHENIE MEYER

Chicas, quiero agradecer enormemente, el que sigan leyendo el fic de DT. Gracias por sus RW. Y por el tiempo dedicado en cada uno de ellos. GRACIAS XDDDD.

ALICE POV

Al llegar a casa enseguida ubiqué a Bella en su cuarto apenas entré corrió a mis brazos. No puedo negar que me sentí bien. El saber que aunque estuviera tan enojada conmigo en estos momentos recurría a mi, no obstante también me dolía su sufrimiento.

-¿Qué paso? – alcancé a decir cuando por fin me soltó.

-Escuché decir a Carlise que enviaría a Edward a la cárcel…

-¿Qué? – le interrumpí asombrada. Pero ella continúo como si no me hubiera escuchado.

-Así que entré a la biblioteca y les conté todo…

-¿Pero que es todo?

-Que yo estaba enamorada de Edward – dijo después de un silencio que me pareció eterno – Y que…. Entre nosotros habían pasado ciertas cosas – su rostro se coloreó de la vergüenza que sentía.

Sentí que esta era mi oportunidad para saber todo aquello que nunca me había dicho.

-Entiendo que te sientas mal Bella, me imagino que no fue fácil decirles todo aquello

-No, para nada Alice, me sentí morir de vergüenza. Fue una de las cosas más difíciles que me he tenido que hacer.

-Bella – sabía que iba a presionarla pero sentía que no había mejor momento que este. – Yo solo sé que amabas aquel hombre, pero desconozco todo lo demás, nunca me lo habías contado y ahora sé el por qué pero… ¿Me lo podrías decir?

Me miró sin saber qué hacer y después de volvió con dureza en su rostro.

-¿Para qué? ¿Para que salgas corriendo a contárselo a Edward?

Sus palabras fueron una bofetada para mi alma y no pude articular palabras.

-Lo siento Bella…

-¿Por qué lo hiciste Alice? – se volvió - ¿Por qué me traicionaste? Yo confiaba en ti. Tú dijiste que confiara en ti, que nunca me fallarías.

Cielos, me sentía de atar. Ella tenía razón, la había defraudado en todos los aspectos y lo peor era que iba a seguir haciéndolo. Bajé la cabeza ante este hecho

-Sé que no sabías que había sido Edward pero sabías perfectamente lo que sucedía entre nosotros. Aun así ¿Cómo le constaste que estuve embarazada?

-Yo no le dije que estabas embarazada – me defendí pero me miró incrédula

-Vamos Alice! Eso dijo Carlise.

-Pero no fui yo. Fue el hermano de Tanya.

-¿Quién? ¿Cómo así? – preguntó confusa

-Pues al parecer Edward se encontró con él en una cafetería y este le habló acerca de tu embarazado. - Me miró con suspicacia

-Y siendo así ¿Entonces qué vienes tú a todo esto?

-Pues es que…- dudé si decirle que lo había visto en su habitación pero ya estaba decidida a hablar con la verdad, aunque tampoco era tan boba ¿no?

-Lo encontré ese mismo día en tu habitación – su rostro se contrajo - Y le pregunté qué estaba haciendo y me dijo que necesitaba encontrar a Austin …

-¿Por qué?

-Porque suponía que el bebé era de él – rodó sus ojos y bufó – Y quería encontrarlo para darle una paliza

-¿Qué? – sus bellos ojos se agrandaron como hacía rato no lo veía hacer.

-Es que Edward estaba creído que Austin te había abandonado estando embarazada y quería ….

-Edward es un imbécil – me respondió y quedé sorprendida ante su reacción – Es un estúpido. ¿Qué, dejando su culpa en otros? Ja! Típico de él.

-Él estaba más que creído que el niño era de Austin – dije en su defensa y mi voz sonó muy vehemente ganándome una inquisitiva mirada por su parte.

-¿Así? ¿Entonces quieres decirme si esa era su convincente opinión entonces cómo es que al final terminó concluyendo que era…? – no continúo pude notar como su rostro se comprimía por algo que no alcancé a discernir.

Pero peor aún, ahora me ponía en un buen revuelco pues había llegado la hora de decirle que por lo menos esa si fue culpa mía

-Eso sí lo hice yo – confesé en un susurro ahogado

No vi la expresión de su rostro pero tampoco escuché que dijera nada durante segundos que me parecieron eternos.

-¿Cómo? – fue todo lo que dijo

-Es que… él estaba muy atormentado, furioso con Austin por pensar que te había dejado a la burla de Forks y quería…

-Alice! Eso no me interesa. Además es la mayor desvergüenza por su parte – gritó - ¿Furioso; por qué fuera burlada públicamente? ¿Sabes cuántas burlas tuve que soportar de él? ¿Cuántas humillaciones? Ah Por Dios! A otro perro con ese hueso - gruñó con fiereza – Además sólo te pedí saber por qué le dijiste lo de mi bebé.

Su reacción me asustó, por la violencia teñida en su voz, una que hacía años no sentía, lo cual me hizo entender el gran resentimiento que sentía por Edward, dándome con ello a entender que aquello que nos proponíamos Emmet y yo no sería una empresa fácil teniendo en cuenta la actitud derrotista de Edward y la actitud desdeñosa de Bella. Pero aun así… tenía que intentarlo.

-Pues si no te digo como fueron las cosas, pues no me entenderás – le dije en busca de excusarme, lo que al parecer logré pues no protestó mas – Su actitud no me parecía normal teniendo en cuenta las cosas que creía saber yo – hice énfasis en aquellas palabras y vi el efecto deseado en el rostro de mi prima – y fue entonces ahí que empecé a unir cabos…

-¿Cabos?

-Si. Cabos. Tu actitud, tu renuencia a decirnos quien era el padre del niño, aquella vez en la que en sueños casi pronuncias su nombre, la llamada que me hizo Edward para saber cómo estabas…

-¡Espera! – me calló sin entender por qué - ¿Llamada de Edward? - preguntó con la sorpresa pintada en todo su hermoso rostro y palabras.

Me di cuenta que estaba hablando sin meditar en las palabras y por ello solté todo pero también vislumbré con ello una posibilidad que no había pensado hasta ese momento.

-Pues si. Edward me llamó desde Londres para saber cómo estabas después de la muerte de tu abuelo y su insistencia al querer saberlo me llamó la atención en ese momento y no le di importancia pero no fue así cuando lo encontré en tu cuarto. – sonreí para mis adentros pensando en el siguiente paso a dar.

-Bah! Quizás pensaba que como niña quejona le había contado a mis padres su cobardía y estaría monitoreando mis acciones y como nunca ha tenido los pantalones suficientes para enfrentar las cosas por eso te llamó para saberlo. – bramó con rabia otra vez

Demonios Bella! Si que hacías las cosas difíciles, rodé mis ojos y no sé si ella lo notó. Pero tenía toda la razón de pensar en ello. ¿Ahora cómo carriso podría encaminar la conversación para lo que yo quería en verdad?

-Puede que si…pero es si hubieras notado su preocupación Bella, esta era…

-Era lógica, siempre ha sido un maldito egoísta que no le gusta arriesgar su estúpido pellejo_Piel_ y ¿Sabes? No me interesa saber mas nada de él. – aseguró renuente a seguir escuchando mis palabras o por lo menos las que ella no quería.

-¿Y entonces? Sigo sin entender el por qué supo que era suyo.

-Pues.. – dije con un suspiro de resignación. Pero momentánea pues no daría mi brazo a torcer. Pensé decidida – Al unir todo me di cuenta que había sido él quien te había hecho daño y en un arranque de rabia le dije que no era Austin sino él el padre de aquel pequeño.

-¿Y qué? ¿Te lo creyó como si nada? Ja!

-Si. Porque le dije que nunca habías estado con Austin

-¿Qué? ¿Pero estás loca?

-Cogí rabia Bella! Además no estaba mintiendo y no entendía porque su fervor de involucrarte con Austin – dije "inocentemente" para recalcarle en mis palabras que esa era su culpa – Y eso me enfureció aun mas y le tiré en la cara que no era así que la única culpa era de él, porque era un maldito que te había mancillado aquella noche, le dije que lo odiaba y muchas cosas mas.

-Ahora entiendo porque no te preocupaste por su ausencia. Ja! Mínimo salió huyendo como el cobarde que es.

¡Si! Perfecto! Mi oportunidad…Ni buscada por mi, reí para mis adentros

-A decir verdad quien le dijo que se fuera fui yo –hablé acentuando mi rostro de congoja, aunque esta no era totalmente falsa, pues todavía sentía en mi rebullir mucho remordimientos de lo que había hecho. – Él quería buscarte… - Pude escuchar un gemido de sorpresa lo cual me hizo sonreír pero no pararía de hablar ahora y darle oportunidad a que me interrumpiera.

-Él quería pedirte perdón, por lo que había hecho…estaba muy mal Bella – le miré intensamente para tratar de ver más allá de su fachada pero desgraciadamente no percibí nada más que lo que me estaba ofreciendo. Un dejo de decepción me ovilló pero no por ello la derrota.

-Y buscaba por todos los medios pedirte perdón. - concluí

-Pero no le veo tanta devoción para hacerlo, ya que a unas palabras tuyas enseguida desistió de ello ¿No? – resopló con hastió - ¡Gran arrepentimiento! - recalcó con gran sarcasmo.

En ese momento quise en verdad ahorcar a Bella, no me lo estaba haciendo nada fácil, no sé por qué, pero en un momento pude entender a Edward en los anécdotas que me había contado al decirme que se había encontrado con una Bella terca, dura y casi imposible de adivinar qué pasaba por su cabeza. Pobre! Lo compadecí en ese momento pues yo estaba pasando por lo mismo y tenía unas ganas de bajarle los pantalones y darle una paliza a Bella que le dejara el trasero inservible por varios días. Pero busqué tranquilizarme y lancé inconscientemente un suspiro exasperado.

-Bella, tu no entiendes el por qué lo hizo…

-No Alice, quien no entiende eres tú. Comprendo que ahora después de asimilar mejor las cosas sopeses el amor que le tienes a tu primo con lo que ha sucedido y no lo juzgo, lo quieres mucho pero eso para mi no es relevante. – quise rebatir pero se acercó cambiando de actitud.

– No quiero perder a mi mejor amiga. - y con ello me desarmó, debo aceptar con vergüenza. En aquel momento sentí primar mi relación con ella que la de esos dos testarudos primos míos – Así que mejor evitemos hablar de él. No quiero en verdad tener su nombre en mis labios una vez más. No más Alice. Sabes todo lo que he sufrido y no quiero seguir mas en esas. ¡Por favor!.

Aquella suplica me dejó muda y también entendí que era mejor hasta aquí, por ahora. Esperaría una mejor oportunidad. Así que agradeciendo en el alma su perdón, pues así lo sentía, me abracé a ella con todo el cariño que había en mi corazón. Cariño y esperanza de poder solucionar algo entre aquellas dos personas que quería en demasía.

EMMET POV

Los días transcurrían sin mas, todo era igual, la actitud de Edward, la de la Bella y la de mis tíos que al hablar con Alice supe la intensión de mi tío y su retractación después. Decidí salir del cuarto de hotel por un momento, me sentía ahogado, deprimido y totalmente desesperado.

Creía que al salir a carretera abierta mis pensamientos se irían con el aire, con la fuerte brisa que revoleteaba en mi rostro, pero aun así la fuerte tensión de mi familia era constante en mi mente, recordé como nos gustaba a mi primo y a mi correr a grandes velocidades, sentirnos intoxicados por el viento que se colaba entre nuestros poros, nos sentíamos grandes, invencibles, llenos de vida. Aquel último pensamiento me hizo retornar una vez mas a tan odiosa situación, nuevamente comencé a pensar cuál sería la solución, qué podría hacer para que Edward cambiara de actitud, para que Bella y mis tíos lo perdonaran.

Tan sumido andaba que apenas podía oler y ver lo que ocurría al frente mío o mejor dicho en el copete del jeep.

-¡Demonios! – exclamé entre calmado y horrorizado. El blanco humo me dejaba ciego y hacia arder mis ojos. Claro a buena hora tenía que molestar. A pagué de inmediato el auto y con mi cara llena de fastidio esperé a que se enfriara para poder abrir el capot y ver qué carriso le ocurría ahora, sólo esperaba que no hubiese estado tanto en las nubes, no percibiendo a tiempo y se hubiera quemado el motor.

En eso, un hermoso descapotable rojo se hizo a mi lado, lo vi de reojo acercarse y cuando alcé mi vista me quedé completamente sin habla. Era la mujer mas bella que alguna vez mis ojos hubieran vislumbrado. Su cabello relucía como rayos de sol bajo la calurosa tarde, su piel se apreciaba tersa y delicada como el pétalo de una rosa, y sus labios eran llenos y tan provocativos como ninguna otra. Esa mujer era una tentación andante, un hermoso ángel caído, y lo mejor, era caído a mis pies.

Tan acostumbrado a hacer gala de mis encantos, en esta ocasión me quedé frito, sin mover un ápice de mi cuerpo, sólo me limitaba a mirarla como un completo idiota y que imagen le estaría ofreciendo, el de un atontado sin cerebro. Bueno aunque eso casi siempre me lo decían jajajaja! Pero es que no podía hacer mas; esta hermosa joven me tenía embelesado, maravillado, idiotizado.

-Hola ¿Te puedo ayudar? – preguntó con tan melodiosa voz y yo ahí… en mi estado catatónico, no dije nada, sólo seguía observando a esta Venus de la tierra.

Ella sonrió quedamente mostrando unos pequeños hoyuelos en su hermoso rostro.

-¿Te puedo ayudar? – preguntó otra vez haciendo una pequeña inclinación de su cabeza, con lo cual su hermosa cabellera cayó lentamente hacia el lado derecho de su rostro.

Yo lo único que pude hacer fue asentir como idiota, si, un completo idiota.

-Al parecer ya se enfrió lo suficiente – dijo mientras salía del auto, mirando hacia el capote del jeep. Ahora si quedé mas que embrutecido, traía puesto un delicado vestido de algodón en delicadas tiras, de suave tono caramelo, el llegaba a un poco mas allá de sus medios muslos, unas botas de caña o cuello alta(o) marrón oscuro haciendo que el color de su piel destacara aun mas. Sus piernas parecían interminables, sedosas y tan exquisitas como su propia dueña.

Se puso a escasos centímetros de mi.

-¿Vas abrirlo? – preguntó otra vez mirando el capote. Sólo asentí y como el mas lento y retardado del mundo abrí el capo sin dejar de mirarla, buscando que me quemara o me hiriera, pero en el estado de zombie que me encontraba dudo mucho que me hubiera percatado de nada, spolo de aquella hermosa visión que se apoderaba de mi visión y se calcaba en mi memoria.

La veía sonreír quedamente, mientras le imitaba. Me di cuenta que procuraba no toparse con mi mirada, pero no por ello no se me pasaba por alto su cadenciosa manera de coquetearme. Porque lo hacía ¿no? Esperaba que si y ante este pensamiento suspiré.

-No te preocupes, no es tan malo, sólo que no hay agua en el sistema de refrigeración y el fusible del electroventilador se murió… - señaló con su mirada puesta en el daño – Bueno si es malo jajaja – subió su mirada hacia mi rostro y su risa llenó mis odios como la más melodiosa sinfonía.

-¿Hola? ¿Escuchaste algo de lo que dije? – ensanchó mas su sonrisa como sabiendo muy bien la respuesta.

-Ehh… aaahhh… Perdón ¿Qué dijiste? – pregunté con mi mayor cara de tonto

-Si .- volvió a reír. Como me fascinaba su sonrisa– Te dije que el electroventilador se quemó

-¿Qué? ¡Oh demonios! – expresé al comprender ahora si, sus palabras. – Tendré que llamar a la grúa – indiqué haciendo un imperceptible mohín.

-Si quieres te remolco – sugirió la hermosa rubia.

-No, no te preocupes - No muy bien había terminado de hablar cuando me di un tremendo zape mental. ¿Es qué era más idiota de lo pensado o qué?

-Hey ¿Por qué te pegas? – quiso saber divertida.

No pues, ahora si que había perdido la escaza materia gris que Dios me había regalado. No había sido un zape mental, sino mas bien físico y sobre semejante diosa. Si que era un completo desastre. Pensé con tristeza.

-Emmm .. no nada, es sólo que…- un quejido de frustración salió de mis labios.

-En serio, para mi no hay ningún inconveniente. Vives en la ciudad ¿No?

-Si – respondí haciendo que mi cabeza asintiera también.

-Listo yo también; así que puedo llevarte a tu casa o a tu taller de confianza. – sonrió inclinado levemente otra vez su cabeza, haciendo que sus delicados cabellos cubrieran nuevamente parte de su rostro, ese solo gesto me volvía loco. Y si no estaba equivocado y lo dudaba, ella lo sabía muy bien y lo mejor era que le gustaba y eso se dejaba ver muy en claro en su picara e inocente sonrisa y mirada. Que combinación tal sublime y letal.

Si bien había actuado como un tonto, no lo era tanto, así que no iba a declinar otra vez aquella maravillosa oferta.

Al aceptar, me preguntó por el garfio de enganche para enlazar los vehículos, con tal naturalidad y pericia poco vista en una mujer y dejándome mas embobado lo tomó y aseguró nuestros carros. Enseguida nos pusimos en marcha, le indiqué a donde iríamos, aunque a decir verdad, el destino no me importaba mucho siempre y cuando fuera con esta bella mujer.

Tan idiotizado estaba mirándola y escuchándola hablar que casi a mitad de camino me percate de algo.

-¡Oye! – dije asombrado – ¿Tu descapotable está remolcando mi jeep?

Su respuesta fue solo una sonora carcajada.

-Lo que pasa es que le hice algunas modificaciones al motor – aclaró con una dulce y picara sonrisa, alzando meramente sus hombros.

Me quedé analizando su respuesta y en ese momento me percaté que fue ella quien me había dado el diagnostico del daño.

-¿Sabes mucho de mecánica?

-Si. ¿Y tú? – preguntó mirándome

-Si claro, pero al parecer tu sabes mucho mas que yo.

-Por cierto mi nombre es Rosalie –

-¡Oh cielos! Tanto hablar y ni siquiera te pregunté cómo te llamabas

-No hay problema, eso quiere decir que nuestra conversación te tuvo tan entretenido que no necesitabas saber mas – volvió a sonreír con su ya conocido para mi, dulce y manera de coquetear.

-Mas que entretenido – fue toda mi respuesta, aunque mi mensaje corporal decía mucho mas pero mucho mas que mis palabras.

Me acompañó al taller y seguimos hablando toda la tarde, me sentía extasiado en su compañía, no solo era su belleza física, era su manera de hablar, su inteligencia, su porte, su hermosa sonrisa, aquellos enloquecedores hoyuelos, en fin todo, absolutamente todo me tenia cautivado de Rosalie.

Todavía conservaba aquella sonrisa de idiota que adornaba mi rostro y la imagen de Rosalie en mi mente, al atravesar la puerta del cuarto del hostal en donde me estaba quedando con Edward. No podía creer que el solo recuerdo de su voz me hiciera sentir en las nubes, elevado a tal grado que mi entendimiento era incapaz de concebir. Rosalie…. Su solo nombre era néctar para mis pensamientos, su sonrisa era el catalizador de la mía propia…

-¿Y ahora tú qué? - Cielos, aquella voz pastosa y amargada me sacó de mi ensoñación tan rápido que me sentí caer en un precipicio. Ahí estaba yo, en una tarde, buscando salir de esta situación, de la cual había exitosamente escapado en compañía de Rose, pero eso no era eterno. Mi realidad era esta, era la de la historia de Edward y Bella. Un pensamiento egoísta me hizo reprochar el por qué está era mi "realidad"; si no eran mis asuntos, por qué hacer mi cuerpo y mente someter a tanta tortura. Mas al alzar mi mirada y ver su rostro, la respuesta llegó a mi. Porque él era mi familia, pero sobre todo porque lo quería y el dolor dibujado en su rostro y mirada, era mi martirio propio.

-¿Qué paso? - Volvió a preguntar de nuevo y en ese instante me di cuenta que no le había respondido. Pero tampoco podría. No en estos momentos.

-He ido a ver una película, una comedia, sabes que me gustan. Y estuvo muy buena y estaba recordando apartes de la peli. – Vi claramente que no me creyó. Pero tampoco siguió cuestionándome. Me imagino que tenía tantas cosas en su cabeza que no quería tener otra más y menos si eran mías. Quizás un pensamiento egoísta por su parte, pero más que entendible también.

Decidí darme un baño y poder pensar relajadamente en la rubia que era dueña y señora de mis pensamientos.

-El carro se me dañó en el camino, pero nada de preocuparse- le comuniqué mientras me dirigía al baño. No hubo respuesta de su parte, lo cual me enojó un poco. Quería mucho a mi primo, pero la verdad me estaba sacando de quicio su comportamiento y yo no era un dechado de paciencia.

Al salir de la ducha, lo encontré canaleando sin ver nada en concreto, como lo hacía últimamente. Iba secándome el cabello con una toalla. Desnudo de la cintura para arriba. Hacía calor y la tensión del cuarto no ayudaba mucho a relajar el ambiente.

-¿Qué vamos hacer? –solté sin más, sin mirarlo siquiera.

-¿Hacer de qué? – dejó de ver la TV y me miró

-Pues de esto Edward. No quieres hacer nada por Isabella, no quieres hacer nada por ti, no quieres hacer nada por nada. – tiré la toalla en la cama y me senté en ella mirándole a los ojos – No podemos quedarnos toda la vida aquí, en estas cuatro paredes - señalé con mis brazos la habitación – Algo tenemos qué hacer con nuestras vidas.

-Yo no tengo vida. ¿No recuerdas? – acentuó de manera burlesca y satírica.

-Pues si tú no tienes vida, primito. Yo si - me puse en pie rápidamente. Abrí el closet y me vestí una camisa polo negra. – Te quiero Ed y lo sabes, pero esto ya me tiene cansado.

Me giré y vi como su rostro cambio a rabia y su boca se abría para rezongar, pero no lo dejé.

-Si, sé que es tu vida, sé que te sientes miserable, sin ganas de vivir y todo lo que tú quieras. Pero eso no borra la verdad de todo esto, y es que eres un cobarde Edward. Siempre lo has sido. – Alcé la voz, no sé qué me pasaba, pero sentí una fuerte necesidad de soltar todo aquello que me había callado durante tanto tiempo o que lo había dicho de manera sutil, pero no esta vez.

-Primero al no aceptar que amabas a Bella, después cuando lo aceptaste, el no asimilar tus errores y poner la cara como un hombre y cuando por fin después de malditos casi tres años decides venir, cuando pensé que ya habías cambiado de opinión, me doy cuenta que eres más cobarde de lo que creía. Claro que toda esta maldita situación es una locura, es más que comprensible. Y te entiendo hermano. Pero ya no más. ¡Perfecto! si crees que las cosas con Bella son cosa perdida. Bueno ya no sigas en esto, vámonos o vete no sé qué carajo piensas hacer, pero no esto. No el dejarte morir.

-Es eso lo que quiero Emmet! ¿No lo puedes entender?– me gritó.

-Pues entonces hazlo solo Edward. Porque yo ya me cansé. Me harté de seguir tu comportamiento destructivo. No voy a seguir mas con esto.!Me largo!

-Nadie te está deteniendo Emmet y no me interesa nada…NADAAA!

De verdad que parecía un loco demente, me daba miedo verlo así, pero ya no podía, en verdad sentía que ya no podía con todo esto. Esta situación me estaba consumiendo. Pero una vez más, esa sensación, ese remordimiento, de que si al no estar con él y dejarlo solo hiciera algo loco, atentara contra su vida, que a estas alturas me preguntaba el por qué no lo había hecho ya.

-Me iré por unos días.

-No que te ibas definitivamente, que estas harto – me desafió de manera burlona con sus palabras.

-Si, pero no soy un cobarde como tu Edward y aparte de todo te quiero, eres mi primo, mi amigo, mi hermano. Pero necesito recargar mis energías, porque tú me las estas acabando segundo a segundo, hermano. Enserio.

Y sin mirar atrás salí de ahí. De esa habitación que me asfixiaba. Necesitaba aire, necesitaba vida, necesitaba…. Cielos, necesitaba volver a verla, a su lado me sentía vivo. Era estúpido, era lo más alocado que había sentido en mi vida, pero…. Al escuchar su sonrisa, al verme en el azul de su mirada, sentía que respiraba aire puro otra vez.

Llevé mi mano a la parte de atrás del jean. Y saqué el pequeño papel color violeta que Rosalie arrancó de un block de notas, en donde me anotó su celular. ¿Debía llamarla? O era muy pronto y la asustaría si lo hiciera. La ansiedad de oír su voz y el nerviosismo de atreverme me tenía paralizado.

-Hola – hablé con voz nerviosa, y no entendía por qué.

-Hola - me respondió algo sorprendida - ¿Paso algo?

-Con Edward todo – le dije a mi hermana - Pero ahora te llamo por mi.

-¿Qué te paso?

-Conocí a alguien.

-¡¿Qué? Con toda esta locura. Y eso, ¡Cuéntamelo todo!. – Jajaja Ya la voz de mi hermanita había cambiado, volvía a ser la misma.

Le conté a mi hermana respecto a Rose, pero sobre todo le pedí su consejo. Pero no sólo recibí eso, mi hermana me confesó que también había conocido a alguien que la tenía en las nubes a pesar de toda esta paranoia y que el pensar en ese chico la hacía poner los pies en un arcoíris de emociones y sentimientos; y escapar de toda la tragedia ED&BE. Que no es que fuera egoísta como al comienzo creía y como en esos momentos yo me sentía, sino que era su forma de escape, la manera de recargar energías y volver en una pieza a nuestra "realidad".

El hablar con Alice, me hizo sentir muy bien. Después de colgar, a pesar de que moría por hablarle, no lo hice, caminé con la noche cayendo a mis espaldas, hacía calor, pero una suave brisa deambulaba acompañando mis pasos. Respiraba profundo, necesitaba cada calada de aire que llegaba a mis pulmones. Un escozor llenó mis ojos, la sensación de dolor se escurría en mi corazón. No estaba bien. No estaba nada bien. Necesitaba primero encontrar mi paz, antes de ver a Rosalie, si bien al estar a su lado, me hacía sentir mejor. No podía darle esta responsabilidad a ella, y menos sin que lo supiera, y ni aun así. Primero buscaría mi paz, mi serenidad y luego mi regocijo al lado de Rose.

CARLISE POV

¿Las cosas podrían empeorar más? Lo dudaba, Después de la confesión de Bella, sobre lo que sucedía con nuestros hijos, nos había dejado a mi esposa y a mi en total desconcierto, preguntándonos qué clase de padres éramos, inclusive ni eso, qué personas éramos siquiera para estar tan ciegos y no ver lo que sucedía en nuestra casa, bajo nuestras propias narices. Me sentía completamente desolado, deseaba apoyarme en Esme, pero si bien mi esposa era fuerte, aunque proyectará lo contrario. También estaba devastada y no podía con todo, su dolor y el mío, y el de nuestros hijos. Tanto ella como yo nos mostrábamos fuertes, pero sabíamos muy bien que sólo era fachada, que por dentro estábamos derrotados, totalmente derrumbados y sobre todo, sin saber qué hacer.

-Edward te necesita – no sé qué me sorprendió mas, el verme interrumpido en mis pensamientos, la manera en que entró Alice o sus palabras. No pude moverme de mi asiento, sólo mirarla con la sorpresa que en ese momento se apoderó de mi cuerpo.

-Si. Sólo tú puedes ayudar a salir a tu hijo del atolladero en que se encuentra.

-Está en él porque así lo quiso. – mi respuesta fue tajante mientras por fin mis piernas respondieron poniéndose de pie.

-No del todo – respondió con sus brazos en jarra.

-¿Qué dices?. Tu mejor que nadie sabes todo lo que ha pasado – recalqué las palabras dándole a entender en el engaño en que estábamos Esme y yo. El efecto de mis palabras hizo mella en la pequeña Alice, pero no por mucho, pues se arraigó mas en su pose, caminando hacia mi, sentándose en una de las butacas con firme decisión de no irse de mi despacho y lo peor el de seguir con su conversación.

-Exacto. Tus palabras no pueden mejor describir la verdad y esa misma es la que te diré ahora mismo. Pero lo que mas deseo tío es que te des cuenta que Edward te necesita.

-Mira Alice, no te entiendo. Eres "supuestamente" – acompañé la palabra encerrándola entre comillas con mis manos – La mejor amiga de Bella ¿Qué haces en el "equipo", si se puede decir así, de tu primo, después de lo que hizo.

Mis palabras fueron como una bofetada para mi sobrina, lo pude ver claramente en su rostro. Pero necesitaba saber qué motivaba tan vehemente actuación.

-Amo a Bella, es mi mejor amiga, mi hermana y eso lo sabe todo el mundo; hasta el mismo Edward, quien es mi primo y a quien igualmente adoro. Los dos han sufrido mucho, más de lo que mi mente puede asimilar. Pero también sé que todo es por culpa de ellos mismos. Bella está pagando las consecuencias de sus actos, de no amarse, de no valorarse ante Edward y también está pagando las consecuencias de las estupideces y sobre todo de la cobardía de tu hijo. Y Edward…ja! Bueno, él está en estos momentos en el infierno mas grande, cavado eso si, por él mismo, y esa también son las consecuencias de sus acciones y el poco cerebro que tiene.

Dijo rodando los ojos con esa típica gracia que era tan propia de ella. Yo sólo podía escucharla sin decir palabra. No tanto porque no tuviera que decir, sino porque debía aprender a escuchar, no sólo mis pensamientos sino lo de los demás, y Alice era todo un engranaje en esta tubería de enredos.

Me senté dándole a entender que prosiguiera, lo cual hizo sin mayor insistencia de mi parte.

-Edward está actuando de la misma manera en que Bella lo estaba haciendo hace muchos años. Y si! Sé que a diferencia de mi prima, él lo tiene más que merecido, pero si no hacemos algo, perderemos a Ed, ¡Perderás a tu hijo! Y si no te importa a ti, si a Esme, y sabes que se sentirá aun más terrible de como está si algo malo le llegara a pasar.

-¿Crees qué no me importa lo que sucede con mi hijo? Alice, te estás atreviendo a mucho – hablé quedo pero con notable cólera.

-Sé que lo amas, pero estás tan metido en tus sentimientos tío que no quieres ver más allá. Bella tuvo mi ayuda, tuvo mi apoyo…Pero Edward, él no tiene nada.

-Te tiene a ti y a Emmet ¿No?. Ustedes son los alcahuetes de mi hijo. ¿Qué mas querría?

-A ti. – aseveró seriamente y con la humedad amenazando sus ojos. No pude evitar removerme en mi silla ante lo que dijo. –Si. Edward sabe que le amamos pero no es suficiente. Él no sólo está así por lo que paso con Bella, aunque es lo que más lo afecta. Esta así por todo, por ti, por mi tía. Él no tiene cara…

-¡No debe ni tenerla! – hablé airadamente mientras me levantaba con fuerza de la silla – Después de lo que le hizo a esa niña. Por Dios Alice – me acerqué mas a ella - Bella tenía 15 años. ¿Tienes idea de lo qué sufrió?

-Quién crees qué estuvo ahí noche y día - me recordó - Fui Yo. Dime qué hubiera pasado si no hubiera estado con ella, si Bella no hubiera recargado parte de su dolor en mi. Yo creo lo peor. No estoy segura. Pero quién sabe. Sabes qué pasará con TU hijo, si no haya ese mismo apoyo. ¿Estás preparado para tener en tu conciencia lo qué pueda sucederle?

-Tanto como él lo está con el destino que sufrió su hijo – dije mordazmente

-Él no tuvo nada que ver con la muerte del hijo de Bella. Si bien, quedo embarazada después de la violación, no fue él quien orquestó la situación que hizo que muriera tanto su hijo como el abuelo de Bella. Pero aquí tío, es muy diferente. No te estoy pidiendo que perdones de una a Edward. Ni yo lo puedo hacer, aunque parezca lo contrario. Pero lo he visto. He visto el estado en el que está. He visto como Emmet está desesperado, no aguanta más. Sé la versión de las dos partes. Cosa que tu desconoces y sobre todo sé que podemos hacer algo. Si no bien para recuperar por completo sus vidas, por lo menos el saber que no se destruyeron de manera irremediable.

-Alice…- mi voz sonó en susurro.

-Estas tan mal, tan mal tío que no quieres ver el dolor de Edward, el de Esme, el de tus sobrinos e inclusive el de la misma Bella.

-Eso es injusto Alice. Mi esposa, Bella y Edward me tienen la cabeza destrozada, no sé qué decisión tomar, qué hacer para reparar todo este daño hecho por él.

-Aaaahhhh -un fuerte suspiro salió de la garganta de tan menudo cuerpecito, como si estuviera a punto de resquebrajarse de exasperación. - Será que si te digo todo, entenderás que no todo es culpa de tu hijo.

Mi boca se abrió en señal sorpresa y hasta repudio a sus palabras.

-No me mires así tío. No digo que mi primo sea inocente, pero tampoco que Bella lo sea. Si bien ella no provocó la violación. También es cierto que provocó muchas otras cosas más. De manera inconsciente, pero aja. Digamos que Bella tiene un 30% de culpa en todo este disparate.

Ahí estaba ese pequeño duende, dándome quizás la respuesta a mis plegarias. Lo que necesitaba para tomar la mejor decisión para salvar a mi familia. Algo que no podía comprender porque lo que estaba diciendo contradecía todo lo que había ocurrido en mi casa en las últimas semanas.

-¿Todo lo qué has dicho es cierto? – una sorprendida Esme, debo decir que al igual que yo, entró a la habitación. Su respiración se notaba algo alterada. Me levanté de improvisto.

-Esme…- le llamé mirando a Alice y después a mi esposa.

-Alice. Cómo sabes lo que acabas de decir. Cómo puedes hablar de lo qué paso con Edward y Bella, con tanta seguridad.

Alice me imitó levantándose.

-Porque hablé con Edward y con Bella, pero mas con él.

-¿Cómo está mi hijo? - la angustia teñía sus palabras.

-Él está muy mal, como en un tiempo estaba Bella.

-Te recuerdo que Bella sigue muy mal – les recordé a los presentes.

-Sip. Tanto como lo está Edward tío. – respondió imitando mi entonación.

-¿Cuándo hablaste con Edward?

Continuó preguntando Esme ignorando por completo mi intromisión.

-Hace días. Como me imagino que sabes tía. Que por cierto no es bueno escuchar detrás de las puertas – acusó entrecerrando sus ojos como candado.

-En estos momentos, lo que está bien o mal para saber lo qué pasa con mis hijos es lo que menos analizo Alice. – Si hubiera sido otra la situación me hubiera reído de la respuesta que le dio mi esposa a la pequeña duende. Pero este no era el momento así que sólo resoplé quedamente.

-Yo estaba igual que ustedes. – se sentó una vez mas- Además recuerden que fui yo quien ató cabos y me di cuenta lo que había pasado. Para mi también ha sido muy difícil. Pero creo que a diferencia de ustedes. Emmet y yo decidimos mirar las dos caras de la moneda.

-Alice. Puedo entender el juego tan estúpido que estaban tejiendo Edward y Bella, pero eso no justifica lo que él hizo. El violarla. – ataqué otra vez al punto de toda esta situación. – Si bien y tan malsanamente, esos dos se sentían atraídos y cometieron muchos errores, nada justifica una violación y menos cuando Bella dijo que ella estaba dispuesta a….- me era difícil terminar y agradecí al cielo cuando Alice lo hizo.

-Entregarse a él. Pero por favor, no tomen a mal lo siguiente que le voy a decir, tampoco quiero que piensen en que Bella no me importa y ahora estoy con Edward. Es sólo que estoy muy preocupada por Ed. Y no quiero llevar en mi conciencia que no hice nada por mi primo. – dio un fuerte suspiro y continuó – Tu más que nadie - me miró - Sabes cómo es Edward, lo temperamental, orgulloso, testarudo y hasta estúpidamente idiota. Y toda esa combinación salió a flote en el momento en que esa noche, no sé por qué motivo paso, no me pregunten por qué no lo sé - advirtió antes de continuar - Bella, en el momento en que Edward estaba con ella, bueno…Bella…bueno mejor lo digo como él me lo dijo. Él le estaba diciendo que le haría el amor y sólo su nombre estaría en ella para siempre y entonces ahí…. Bella, lo llamó Austin.

Un sordo silencio inundó la biblioteca. No podíamos dar crédito a lo que Alice nos estaba diciendo. Esto era ilógico, cómo era posible eso si…

- ¡¿Qué? Pero si Bella nos dijo que no sentía nada por Austin – afirmó Esme. - Cómo pudo haber dicho su nombre.

-Porque estas tan segura de qué Edward no está mintiendo - pregunté tranquilamente. Y dos miradas se posaron en mi. Una con gran interrogativa y la otra con mucho coraje y frustración.

-Porque eso fue lo que le contó TU hijo a Emmet en Londres. Edward no sabía nada de lo qué había pasado en Forks, con Bella y el bebé.

-Quizás lo dijo para justificarse ante Emmet.

-No lo creo – respondieron las dos al unisonó.

-Emmet me contó de primera mano, lo mal que estaba Edward. Y yo lo puedo ver ahora.

-Alice, está muy mal.

-Sip. Tía. Inclusive, el motivo por el cual ninguno de los chicos quería que fueras a verlos a Londres, que ninguno fuéramos.- recalcó - Era precisamente el estado tan deplorable en que él estaba. Si no me crees velo tu mismo – me retó Alice mientras me miraba fieramente.

-¿Por qué Bella lo nombró? – preguntó Esme mas para si, que para nosotros.

-No lo sé tía. Y no he querido preguntarle, pues se enteraría que he estado hablando con Edward y eso la alejaría mas de mi. Y quiero saber la verdad. Y esa es la parte que me falta.

-Eso no cambia nada Alice. – dije muy serio, desconcertado, con muchas cosas en la cabeza y en mi corazón, pero no lo demostraría en ese momento. – Lo que nos has contado no cambia el hecho de que mi hijo violó a Bella y en nuestra casa. Que después huyo cobardemente. No crea él… – me giré hacia ellas – que por ser ignorante de todo, que por darse cuenta del amor que siente por Bella y porque ahora este sufriendo como dices que lo está. No crea él que por eso, lo que paso pierde relevancia. Pierde el significado de agravio y dolor para todos nosotros. Pero sobre todo para quien dices es tu mejor amiga. Y con vuestro permiso…pero lo mejor será retirarme.

Sabía que Esme me estaba taladrando la espalda con su mirada, mas no me atreví a verle. Además podía sentir el fuego de la ira de Alice, quemando mi cuerpo. Pero necesitaba salir de ahí. Mi cabeza era un río embravecido de pensamientos, mi corazón un remolino de sentimientos y no podía dejar que ellas vieran como me sentía derrumbar por dentro, como estaba hecho un mar de desilusiones, de preguntas, de reproches. Necesitaba serenarme, pensar con cabeza fría y hasta con el corazón. Más no delante de ellas. Así que prácticamente huí de aquel lugar.

Había llegado temprano de la universidad. Había dejado un trabajo que urgía entregar a últimas horas del día, por eso mismo, y al ver que Alice no contestaba su celular, falté a dos materias para buscarle en la casa. Iba bajando de mi habitación cuando vi pasar muy rápidamente a Carlise, venía de la biblioteca, se le veía lago contrariado, aunque la verdad esa palabra no definía completamente su semblante. Me dieron ganas de llamarle y preguntarle qué le pasaba, pero últimamente ya no me sentía con tanta confianza para hacer muchas cosas que digamos. Además necesitaba de manera urgente ese trabajo. Y no lo había dejado en mi cuarto, así que me dirigí a la biblioteca con la esperanza de encontrarlo ahí, ya que cómo tenía mi cabeza en esas últimas semanas, esa carpeta podría estar en cualquier parte. Pensé con tristeza y frustración.

La puerta estaba cerrada, y al momento de acercarme escuché la voz de Esme. ¿Quizás había estado discutiendo con mi madre y por eso Carlise había salido de tan mal humor de la biblioteca? Pero no pensé nada mas cuando me di cuenta que del otro lado, también estaba Alice. Pequeña duende; y yo necesitándola tanto. Rodé mis ojos con fingida rabia, haciendo un mohín con mis labios.

No muy bien abrí la puerta cuando una clara pregunta salió de los labios de mi madre.

-¿Qué tan mal está Edward? – Su voz sonaba muy triste, lo cual había sido la constante en estas semanas.

-Muy mal. Hace días que no lo veo, pero Emmet, me habló y me dijo que estaba desesperado, que Edward le estaba acabando las pocas energías que tenía.

No supe cómo sentirme. "Hace días que no lo veo" había dicho Alice. Esas palabras rompieron mi corazón. Si que era una tonta, al creer que ella me apoyaría. Claro, lo hizo hasta que se enteró que Edward era el maldito desgraciado protagonista de ésta pesadilla. Por qué fui tan ilusa al creer lo contrario. ¡Por Dios! Eran familia... Familia que yo no tenía. Familia que dejé de tener el día que mi abuelo murió. Porque aunque Carlise, Esme y Alice dijeran profesar amor por mi. Yo no era su sangre y la sangre siempre tiraba mas ¿No?. Una silenciosa lágrima recorrió mi rostro, pero ni me molesté en interrumpir su camino y la sentí en mis labios. Salada y agria como mi propia vida.

-Tía. Hay tantas que desconocen los dos. Y yo no sé cómo hacer para que vean la verdad.

-¿Pero qué verdad Alice?

Alice sonrió con frustración

-Bueno, mejor debo decir para qué veamos la verdad, todos. Porque en muchas ocasiones yo tampoco la sé.

-Quiero verlo. Necesito verlo. Es mi hijo Alice y así Carlise…

-Mi tío está ciego, no quiere ver más allá de sus propias narices.

Esme miró a Alice con reproche por sus palabras, pero a pesar que en un pasado ella se hubiera retraído, esta vez no lo hizo y se afianzó mas en su silla y en lo que había dicho.

-Si. Lo es. Y no me mires así.

-Alice. No creo que conozcas a Carlise como lo hago yo. Él se fue de esta habitación porque su cabeza esta embrollada. Porque con lo que le dijiste, abriste una brecha en sus pensamientos. Por qué no sabe qué hacer, como todos nosotros. Siente la necesidad de mostrarse fuerte para mi. Pero lo conozco mejor, hasta que él mismo. Él adora a su hijo. Parece a veces un hombre severo, pero porque es demasiado recto y no entiende qué pudo haber pasado para que Edward, la luz de sus ojos y por quien ha dado tanto, no haya… - Un suspiro de dolor salió de su garganta – haya aprendido nada. Se siente tan devastado, tan decepcionado. Y no sólo con Edward. También con Bella.

Mi cuerpo reaccionó a sus palabras como si hubiera recibido un golpe físico. Claro que sabía que los había decepcionado pero escucharlo de esa manera, de los labios de Esme. Era mil veces peor que pensarlo.

-Ella no confió en nosotros como para decirnos lo que estaba pasando. Entiendo que todo aquel sentimiento loco de adolescente, mal sano, - dijo severamente – Y que no logro entender todavía. Cómo se dio. Pero y después, por qué no dijo nada – su voz sonaba como claro reproche ante la situación. - ¿Por qué?

Miró a Alice como si ella pudiera darle la respuesta.

-Porque al decirle quien había sido su agresor, ustedes sufrirían y además también tendría que aceptar todo lo que había pasado con Edward como lo hizo hace días.

Mi madre bajó su cabeza. Para luego alzarla con determinación.

-Necesito ver a Edward - tomó la mano de Alice que reposaba en sus piernas.

-No creo que él quiera verte.

-Pero si tú misma le dijiste a Carlise que Edward lo necesitaba.- recalcó con sorpresa ante la negativa de Alice - Por qué no habría de necesitarme a mi también.

-Tía. Edward te ama y te necesita igualmente. Pero él sabe que tú lo amas a pesar de todo. Que tu amor es generoso y que siempre estarás a su lado. Pero con Carlise las cosas son diferentes. Tu misma lo dijiste, mi tío a veces puede ser muy severo. Y el que él vaya a verlo, aunque Ed no lo acepte, será como un respiro para todo lo que él está pasando y sufriendo.

Cielos hablaba de él como si fuera un santo, como si fuera la víctima de todo esto. Como…Como… No pude más. Sentía nauseas, sentía una fruía recorriendo mi cuerpo entero. ¡Rayos! Temblaba de pies a cabeza. Me alejé de ahí sin querer escuchar nada más. Además no lo necesitaba. Me sentía traicionada. Ella no era mi mejor amiga, ella no era mi apoyo. Alice no era nada. Sólo era la prima de Edward. Del hombre que más odiaba en mi vida. Necesitaba irme de esa casa. Yo…. Yo no podía seguir aquí. Esta no era mi familia. Esta no era mi casa. Estaba sola en el mundo y así debía empezar a asimilarlo. Edward era su familia. Su hijo, su primo. Yo… yo no era nada. Sólo una mera recogida que acogieron por lastima.

Lloraba con desconsuelo en mi corazón. Mi vida se desmoronada otra vez ante mis ojos. Antes había perdido mi esencia. Pero ahora. Ahora, había perdido a quienes creía que eran mi familia. ¿Pero a dónde me iría? No tenía dinero, ni trabajaba, ni nada. Cielos, era una niña de papi y mami. Pero sin tener "papi & mami" Que maldita ironía.

Cuando entré al cuarto empecé a meditar las cosas, era estúpido recoger mis cosas sin tener a dónde ir. Pero antes que terminara la semana, ya debía de tener eso solucionado. Lo único de lo que estaba segura, era que esta ya no era mi casa y este no era mi lugar.

EDWARD POV

Dos semanas habían transcurrido desde que Emmet salió por esa puerta decido a darse un respiro. Había venido dos o tres veces a ver cómo seguía, era mas bien su conciencia quien lo traía. Porque dudaba que era porque así lo quisiera. ¿Además quién en su sano juicio querría estar a mi lado? Si ni yo mismo soportaba mi respiración o existencia.

Había dejado de comer, el sólo pensar en alimentarme me daba nauseas. Mi ropa dejaba ver claro que las libras que había perdido. No tenía control sobre mi. Me sentía como un auto en cuesta abajo. Sabiendo que el inminente final estaba ante mis ojos. Y que el miedo y el deseo de llegar a él lo antes posible para no seguir en esa maldita situación eran dos sentimientos convirtiéndose en uno solo.

Mas de una vez traté de acabar con mi vida, pero mi madre y las palabras de Emmet e inclusive la misma Bella llegaban a mi mente. Sabía que era un desgraciado cobarde. Alguien que no merecía vivir. Pero al mismo tiempo, este era mi castigo. El desear morirme y no poder. El desear escapar de tanto dolor, de tanta mierda, de tanta putrefacción pero el estar ahí ese se había convertido en mi castigo. Y mi madre. Tampoco podía darle mas dolor del que ya le había causado. El vivir queriendo morir sería el escarnio de mis pecados.

El leve sonido del golpeteo sobre la puerta, me hizo salir renuentemente de mis cavilaciones. No podía ser Emmet. Él tenía llaves y el muy desgraciado entraba cuando le daba la gana, aunque en estas semanas. Era muy poco lo que había venido. Quizás fuera la duende. Alice… No entendía cómo podía venir a verme como lo hacía. Cómo soportaba mi presencia. Cómo podía dividirse para estar conmigo y con Bella. Bella…. Su solo nombre escocía mi dolor a carne viva. Me levanté, sin deseos de hacerlo. Pero por lo menos con el deseo de saber de ella. Pues Alice, aunque poco me dejaba saber cómo estaba. Y Hacía una semana que no venía a verme. Sólo me llamaba para saber si todavía seguía vivo. Una leve y sarcástica sonrisa se asomó en mis labios. Volvieron a tocar. Esta vez con mayor empeño. Esa maldita duende si jodía cuando así lo quería.

Vestía sólo unos jean deslavados, los cuales estaban bien sucios ya que tenía como una semana que no me los había cambiado. Desde la última visita de Alice, quien me obligó a bañarme y a cambiarme. Tenía el cabello largo y enmarañado. Mi aspecto físico dejaba ver bien claro mi estado emocional.

Mis pasos no se apresuraron. Siguieron en su torpe andar. Y aunque la distancia no era tanta, pues era sólo una habitación. Mis fuerzas eran mínimas y hasta el simple hecho de caminar era desgastante.

Lentamente, abrí la puerta. Dándome la vuelta, dejando la puerta abierta para que siguiera la duende.

Un silencio impropio de ella, llamó mi atención y mi mirada trató de enfocar la figura que se hallaba al marco de la entrada. Mis ojos se lastimaron ante la intensa luz del Sol, pues las cortinas no se corrían nunca en esa habitación, tiñéndola en una lúgubre oscuridad.

Al tratar de enfocar mi visita, di torpemente un paso atrás perdiendo el equilibrio. Cuando sentí unos fuertes brazos impidiendo mi caída. Un nudo en la garganta se cercenó en ella. Haciendo mi respiración mas pesada y agitada de lo normal.