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PROLOGO

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—Soy un maldito pervertido.

La imagen que mostraba el espejo era la de un hombre acalorado y jadeante que acababa de tener un sueño erótico con una adolescente. Me moje el rostro varias veces para tratar de disipar los residuos del orgasmo que había tenido tras soñar con la hija de una de las amigas de mi madre.

¡Por Dios, era preciosa!

Aunque eso lo pensaba ahora, mis anteriores recuerdos de ella se limitaban a chácharas interminables con sus muñecas y trajes de baños con estampados de My Little Pony. En esa época yo ya había descubierto el sexo, me había emborrachado un par de veces y había fumado mi primer porro. Esta demás decir que no le prestaba ni la más mínima atención a Sakura Haruno.

— ¡Mierda! —con solo acordarme de ella volvía a estar duro.

Mi tormento comenzó la mañana misma en la que regrese a la ciudad, había estudiado lejos de casa, en la misma universidad en la que habían asistido mi padre y hermano. Ahora era el momento de incorporarme a la empresa familiar y tomar mi rol en el área en que me había especializado. Era un diseñador industrial con una maestría y muy buenas referencias.

Llegue justamente cuando mi madre estaba desayunando, mi padre se había ido temprano a trabajar puesto que tenía una reunión a primera hora, aun así mi madre se disponía a tomar sus alimentos con todo aquel protocolo que le encantaba, así que tras saludar tome mi lugar en la mesa y espere a que todo estuviera servido para comenzar a comer.

—Espera —me había detenido—, estamos esperando a alguien.

Fruncí el ceño y fue hasta ese momento que me di cuenta que había otro puesto en la mesa.

— ¿Itachi está en casa?

Por supuesto mi hermano no vivía con mis padres, pero era común que los visitara.

—No. Sakura, si —el nombre me había sonado de algo pero no lograba asociarlo con un rostro—. La hija de Mebuki —me explico al observar mi rostro.

—Sí, la recuerdo — ¡FALSO! — ¿Qué hace aquí?

Mi madre frunció el ceño. —Las cosas entre Mebuki y Kizashi no están bien y no quieren que Sakura esté en medio de todo eso. Lleva una par de días aquí.

Asentí dandole a entender que la había escuchado.

Pasados unos minuros comencé a tamborilear los dedos sobre la mesa, estaba hambriento.

—Está tardando ¿Cierto? —comente tratando de no sonar fastidiado.

Mi madre desestimo mi comentario con un gesto de su hombro, luego su celular comenzó a sonar y como era mi padre atendió. De haber sido otra persona hubiera esperado hasta terminado el desayuno.

—Iré a buscarla —dije sin darle tiempo a que respondiera y no sin antes robarme una manzana del frutero.

Subí las escaleras, y me dirigí a una de las tres habitaciones de invitados que había en casa. En la primera y la segunda no hubo suerte y como se dice la tercera es la vencida porque tras tocar la puerta una suave voz me respondió que podía entrar.

Después de eso todo se fue a la mierda…