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CAPITULO 3

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—Regreso enseguida. —me retire el preservativo y camine hacía el baño para deshacerme de el.

Mientras me lavaba las manos escuche un pequeño jadeo, lo que me hizo sospechar que ya había visto la mancha de sangre en las sabanas.

Tome una toalla y la humedecí.

—Lo siento. —murmuro cuando regrese a la habitación.

—Es normal.

—Lavaré las sabanas.

Negué con la cabeza. —No es necesario.

Debí sonar un poco molesto porque la expresión en su rostro cambio totalmente.

— ¿Hice algo mal? —su pregunta me sorprendió, luego me di cuenta de que había sido un poco brusco con ella al no ser plenamente capaz de asimilar la situación.

Se levantó de la cama cubriéndose con la sabana, comenzó a recoger su ropa pero le sostuve la muñeca para detenerla.

—No hiciste nada mal, realmente lo he disfrutado…mucho.

La lleve nuevamente hacía la cama y la hice recostarse, volví a colocarme entre sus piernas pero esta vez para limpiarla con la toalla que tenía en las manos.

—Esto es vergonzoso. —dijo cubriéndose el rostro con ambas manos.

—No lo es, simplemente estoy cuidando de ti.

Sonrió. — ¿Siempre es así de increíble?

—Si es conmigo, sí.

No sé qué me llevo a decir eso, pero no me arrepiento.

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—Ahora estas de muy buen humor, quien te entiende. —replico Itachi mientras encestaba una bola de papel en el bote de basura.

—Cállate.

Entorno los ojos. — ¿Estas practicando zoofilia?

Esta vez le lance un pisa papeles.

—Deja de joder. —gruñí.

—Eres mi hermano menor, fastidiarte la vida es mi trabajo. —se burló.

No estaría riendo si no hubiese esquivado el pisa papel.

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Desde esa noche Sakura y yo no habíamos vuelto a hablar. Sus vacaciones terminaron y debía estudiar para sus exámenes mientras tanto yo tenía mucho trabajo entre mis manos, eso hasta que me llamo un día a la hora del almuerzo.

—Ven a verme esta noche. —dijo tras que respondí.

Sonreí divertido. —Y con que pretexto te visitaría.

—Mis padres saldrán a cenar esta noche.

—Que te hace pensar que solo llamaras y yo correré a verte. —medio jugué, medio lo pregunte en serio. Había que haber un límite entre ella y yo.

No vacilo. —Porque te gusto y tú a mi así que podríamos conocernos mejor.

La parte de conocernos mejor me hizo erizar los bellos de la nuca, pero la parte de gustar era totalmente cierta. Deseaba hundirme nuevamente entre sus piernas.

—De acuerdo. —respondí.

Fui a su casa y aunque nuestro encuentro fue apresurado por el temor de ser descubiertos no fue menos satisfactorio.

Estaba disfrutando como nunca así que así que decidí no ir contra la corriente y continuar con esta especie de relación que teníamos a ver hasta dónde nos llevaba.

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Dos meses después seguíamos follando como locos, no había superficie sobre mi departamento que no hayamos utilizado. Sakura estaba más desenvuelta, más cómoda con su cuerpo y más deseosa del mío. Había aprendido a lamerme como una paleta y ella había disfrutado de mi lengua en los lugares menos insospechados.

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Nuestra relación continúo por más tiempo aun, pero para entonces ya no era solo sexo, se había formado entre nosotros una buena amistad, era mi confidente, aunque no podía hablarle sobre otras chicas porque se ponía celosa, aun cuando ella continuaba con su novio.

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El día de San Valentin ella me cito en un hotel y fue grato encontrarla desnuda, tendida en la cama con la habitación llena de espejos donde se reflejaba desde los cuatro puntos cardinales y más.

—Feliz día del amor y la amistad. —sonrió.

Me deshice del saco, casi arranque la corbata de mi cuello y me acomode sobre ella. Bastaron pocos segundos para que me desnudara y comenzara a saborearla.

—Follame. —gimió mientras se retorcía bajo mi cuerpo.

Llevaba un buen rato provocándola con solo la punta de mi polla rozando su clítoris.

—Yo estoy disfrutándolo así. —jugué.

Sakura se mordió el labio con fuerza. —Necesito correrme.

—Que egoísta eres.

—Sasuke…—gimoteo.

La penetre, pero apenas fue un poco.

—No juegues así.

Me enterré en ella de una sola y fuerte embestida.

Su espalda se arqueo mientras sus paredes aprisionaban mi polla.

—Voy a correrme. —grito antes de clavar sus dientes en mi bícep. Dolió pero al mismo tiempo fue muy placentero.

Sobre mis rodillas y apoyando mi peso con ambas manos no podía tocarla y lo deseaba con desesperación. Lloriqueo cuando me salí de ella pero enseguida comprendió lo que quería así que se acomodó de rodillas, como estaba yo, aunque con su espalda pegada a mi pecho y me ayudo a penetrarla mientras yo estrujaba sus suaves pechos.

Levantamos la vista y ambos vimos nuestro reflejo en el espejo.

Fue alucinante, hubo una conexión inigualable entre nosotros esa noche que continuo por mucho meses más.

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Como era natural, al terminar el instituto e ir a la universidad, Sakura comenzó a frecuentar otra gente, nuevos amigos, no tuvo problemas en conseguir otro novio, si siendo adolescente era apetecible, ahora ya siendo mujer era muy deseable. Sus formas se habían desarrollado más, pero no era demasiado exuberante.

Yo de manera similar me involucre más en la empresa y seguí con mi vida.

A veces nos encontrábamos, salíamos, otras veces teníamos relaciones, como para recordar buenos momento, me llamaba cuando se peleaba o terminaba con algún novio, y claro yo la consolaba con mucho… placer.

Comencé a salir con una chica, Hinata, me gustaba estar con ella, al parecer creo y debo admitir que me enamore de ella, decidí casarme y le propuse matrimonio.

Le envié una invitación a Sakura, me llamo, y contrario a lo que imagine, me felicito... yo todavía pensaba que era la muchachita que se había encaprichado conmigo, que iba a ser un berrinche al enterarse, aunque ciertamente su voz no era del todo feliz, pero se alegraba por mí.

Ella ya tenía veintiún años.

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No hable con Sakura sino hasta un par de días antes de mi boda cuando se apareció en mi apartamento con una mirada triste.

—Hola, que sorpresa. —dije al verla. Le preste especial interés en la gabardina que llevaba puesta.

Ella se encogió de hombros.

—Pasa. —le dije. Afortunadamente Hinata no estaba en la ciudad—. Dame eso para colgarlo por ahí.

Sonrió un poco sonrojada. Muy lentamente comenzó a desabotonarse la prenda hasta quedar totalmente desnuda delante de mí.

—He escuchado que no tendrás despedida de soltero.

La desee enseguida, pero pensé en Hinata y esto era algo que no se merecía.

—Sakura, estoy a punto de casarme.

Se acercó y me beso aunque no le devolví el beso.

—Déjame tenerte una última vez.

Era una locura pero no era fácil resistirse a ella, teníamos mucha historia juntos y aunque Hinata se convertiría en mi esposa, Sakura tenía una parte de mi corazón,

Me acomode pensando en que Hinata nunca se enteraría.

La mire como si la estuviera viendo por primera vez, estaba preciosa, con los tacones que llevaba puestos casi alcanzaba mi estatura…era simplemente perfecta.

Se puso de cuclillas frente a mí.

—No lo hagas —sabiendo que se preparaba para hacerme una mamada—, si esta es la última vez que estemos juntos, hagámoslo bien.

No quería que esto solo fuera sexual, deseaba conservar un recuerdo más tierno de nuestra última noche. Sakura lo entendió muy bien porque sus besos fueron más tiernos que nunca.

La lleve a mi habitación y la atrape entre la cama y mi cuerpo, no pude dejar de recordar que hace apenas unos días Hinata y yo habíamos follado hasta quedar exhaustos aquí mismo.

Contemple a Sakura y me llene y ternura y más.

Estaba preciosa, desnuda, sin maquillaje, con los ojos brillándole a, tenía que confesar que no quería dejarla ir, pero era necesario, ella era joven, tenía y debía tener amigos de su edad, conmigo eso sería difícil, le llevaba nueve años, tenía que divertirse.

Tenía que vivir…

—Que bien se siente. —gimió mientras la penetraba.

Sus pechos siguieron el ritmo de mis frenéticas embestidas.

—Sakura…—jadee ronco por la excitación—, me encanta estar contigo.

Estaba más excitado que nunca, quería hundirme en ella y no salir nunca, la levante de la cama y la embestí en el aire solo sostenida de mi cuerpo y yo con mis pies bien anclados en el suelo, Sakura subía y bajaba frenéticamente su cabello suelto se elevaba con el movimiento y por un momento pensé que sus ojos eran negros en vez de las preciosas gemas verdes que eran.

Sus labios buscaban los míos y cuando los encontraba se podría decir que salían chispas de ellos. Acomode mis manos debajo de sus nalgas para que la penetración fuera más profunda.

Era increíble que ninguno de los dos estuviera cansado, pero cuando por fin nos corrimos al mismo tiempo ambos nos servimos de ancla para no caer al suelo.

Nos dejamos caer en la cama abrazados, no queríamos separarnos pero nuestro sudor estaba humedeciendo las sabanas.

—Necesitamos una ducha. —dijo con una pequeña sonrisa.

Me levante y le tendí la mano para que fuésemos juntos.

—Ve tú, déjame recuperarme un segundo.

Le di la espalda y comencé a caminar hacía el baño pero su vos me detuvo.

— ¿No vas a extrañar esto? —murmuro con tristeza.

—Por supuesto que si. —respondí con sinceridad.

—Entonces por qué…

Negué con la cabeza. —Ha llegado el momento.

Sus labios comenzaron a temblar y yo me vi regresando a la cama y acomodándola sobre mi pecho mientras acariciaba su pelo. Sentí húmedo mi pecho y supe con seguridad que no era sudor.

Sakura estaba llorando mientras mi mente se llenaba de dudas, ¿Qué tal si no me casaba?

No, no podía hacerlo, ya tenía treinta años y la vida de soltero no era eterna, era hora de formar una familia.

Me quede dormido y cuando desperté Sakura ya no estaba, en su lugar había una nota.

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"No sé si pueda ir a tu boda, espero me comprendas, deseo de todo corazón que seas feliz en tu nueva vida"

Con amor, Sakura.

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—Supongo que debo felicitarte. —dijo Itachi sentándose en mi mesa.

Acababa de casarme.

—Supongo que debo decir gracias. —respondí con desanimo.

Itachi le dio un sorbo a su copa. —Crees que has hecho lo correcto.

Me encogí de hombros.

— ¿Cómo lo está llevando Sakura? —me pregunto.

Lo mire estupefacto. —Cómo es que tú…

—Lo supe desde siempre, solo fingí ignorancia.

Baje la mirada avergonzado.

—Eres consciente del riesgo que corriste involucrándote con ella aun cuando no tenía la mayoría de edad. Todo lo que pudo haber salido mal.

Asentí cabizbajo.

—Esa chica te importa tanto que aun no comprendo porque te casaste con Hinata.

Lo mire a los ojos. —De que hablas…

—Si fuiste capaz de jugarte tanto por ella es que no solo fue un capricho.

Observe a Hinata conversar sonrientemente con los invitados, estaba radiante.

—Es muy tarde. —murmure casi solo para mí mismo.

Nos quedamos en silencio un buen rato mientras que a nuestro alrededor la algarabilla se intensificaba.

Espabile cuando sentí su hombro a modo de apoyo.

—Levántate, la vida sigue.