Disclaimer: Lenore (tanto poema como la serie) pertenecen a Edgar Allan Poe y a Roman Dirge (respectivamente). Soul Eater es de Atsushi Okubo. Lo único mío es este intento fallido de trama (?).

¡Nuevo fic! O bueno, en realidad será un mini-fic que albergará retorcidos, y hasta un tanto macabros, drabbles. Espero y el primero sea de su agrado, ¡va dedicado para ti, onee-san! ;D


We should be Dead!

"A dirge for the doubly dead in that she died so young"

1: The story about the little dead girl

&.

Decir que mi muerte fue dolorosa es estar mintiendo.

La verdad es que no recuerdo mucho de mi vida pasada. Lo único que sé es que mi nombre es Maka Albarn, que morí a los 16 años por culpa de la tuberculosis y que ahora me encuentro aquí, nuevamente entre los vivos. Sonaría loco, la verdad; pero así es, soy una no-muerta.

¡No, no! No me confundan con algún vampiro. Se podría decir que soy como un zombi o algo por el estilo. Fui embalsamada cuando morí, por lo tanto me he conservado muy bien (ok, sólo mi exterior, ya que en mi interior vive el señor Ratón).

Desde que salí de mi tumba, me la he pasado vagando en el mundo de los vivos año con año. Trato de adaptarme, pero la verdad es que es muy difícil. Aun recuerdo aquellos años donde casi no había tanta gente que te mirara raro… ¿en qué año nací? Humm, supongo que cerca de 1831. Después de todo, la fecha en mi lápida indicaba que había muerto el 30 de enero de 1847.

Ser zombi no es fácil. Aunque la gente no se dé cuenta de lo que eres, tienden a tomar tu forma de actuar de una manera no muy… buena.

Cómo aquel día en el que estaba sentada en el parque, mirando a la gente pasar. Un chico comenzó a jugar con un extraño juguete de plástico que al apachurrarse, hacia que sus ojos y orejas se salieran, para luego regresar a su forma original. Claro está, adoré aquel juguete y le pregunté al chico donde lo había comprado.

Después de que él me dijera, entré a la tienda y el encargado me dijo que podía escoger el que yo quisiera. La verdad es que no sé si él supo a que juguete me refería o no, ya que cuando agarré uno de esos que estaba en la caja noté que no estaba hecho de plástico. Tenía pelo, sentía su pulso y me recordaba a una de esas ratas parecidas al señor Ratón, sólo que más pequeño. Miré la caja de la que había sacado al juguete y vi que decía algo como… ham… humm… ¿hamster…? Sí, algo así.

En fin. Traté de probar si funcionaba o no aquel juguete, pero… lo único que hizo fue sacar los ojos y un extraño líquido rojo que me recordaba a la sangre. ¿Habrá sido que apreté con mucha fuerza? Probé con uno, y luego otro…

— Roto, roto, roto, roto, roto… roto, roto, ¡ROTO! — dije, frustrada. Me asomé a la caja, pero ya no había más de esos juguetes.

Salí de la tienda, no sin antes decirle al encargado que no servían los juguetes. Tan pronto puse un pie en la entrada, los gritos histéricos de él llenaron el lugar, y lo miré confundida. ¿Acaso se habría molestado porque rompí todos los juguetes…?

La verdad es que nunca lo supe, pero ni me importó. A fin de cuentas, fue más sencillo golpear al niño con una piedra en la cabeza para quitarle su muñeco… aunque ahora que lo pienso… no es tan divertido como lo aparentaba en un principio.

Creo que regresaré a esa tienda y buscaré uno nuevo.