Disclaimer: Lenore (tanto poema como la serie) pertenecen a Edgar Allan Poe y a Roman Dirge (respectivamente). Soul Eater es de Atsushi Okubo. Lo único mío es este intento fallido de trama(?).

Hacía mucho que no continuaba este fic, y por un momento pensé en dejarlo en Hiatus. Como algunos ya sabrán, no me he sentido del todo bien para escribir, e incluso perdí el documento de este fic. But volví a encariñarme con él tras releerlo, aunque no sé si les gustará este nuevo capítulo. Lo sentí algo flojo, perdón.

¡Muchas gracias por sus reviews y su apoyo! Estaré algo ocupada por la Universidad en estos días, pero trataré de no atrasarme más con las continuaciones de mis fics. Son unos lectores increíbles, ¡los amodorro!


We should be Dead!

"If you love someone, set them free.

If they return to you, put several 8 inch blades into their head.

If they return again, then run…

JUST RUN."

6: The return of the Stalker

&.

La lluvia azotaba con fuerza sobre la casa, golpeando el cristal de los vidrios con sus pequeñas y diminutas gotas de agua. Yo, por mi parte, disfrutaba bastante de ese clima; era perfecto para poder darse largas duchas de agua caliente y jugar con mi patito de goma.

Sin embargo aquello no es eterno, por lo que tarde o temprano tuve que salir antes de que el agua se congelara. Una vez vestida, pasé a secar mi cabello con mi fiel secadora, un extraño aparato que solía asustar al señor Gato n.20 y a Soul.

— ¿Hmm? — enarqué una ceja cuando un extraño ruido resonó desde la distancia, pero le presté poca importancia. Seguramente habría sido un animal agonizante, o algo similar.

Aunque bueno, no tuvo que pasar mucho para que descubriera lo que había generado ese horrible sonido, porque al ver mi reflejo en el espejo del baño pude ver una figura que me miraba fijamente desde la ventana del pasillo. Suspiré, hastiada, antes de apagar la secadora y girarme para ver a esa persona indeseable.

— Ya te vi — le advertí, seria.

— … No, no lo hiciste — aseguró él, antes de desaparecer.

Negué con la cabeza, antes de sobarme el puente de la nariz. Con cierto cansancio me dirigí hacia la puerta principal, sabiendo que él muy posiblemente entraría por allí de forma dramática y "masculina".

No me equivoqué.

— ¡MAKA! ¡He vuelto! — canturreó Ox Ford tras alargar innecesariamente la última letra de mi nombre.

Lo miré como quien mira algo desagradable, sin saber qué demonios hacer ahora.

— Espera, espera. ¿No te había prendido fuego y enterrado en el patio trasero? — pregunté, señalando con el pulgar hacia una de las ventanas del vestíbulo, la cual dejaba ver mi patio lleno de tumbas.

— Bueno, sí. Pero seguramente fue un accidente, pillina~ — comentó él, de lo más tranquilo con el tema —, ¡por eso decidí regresar y llenarte con mi amor masculino~!

— ¿Pero antes de eso no te había atropellado cientos de veces con la podadora, e igualmente te había enterrado? — enarqué una ceja.

— Eh… sí, creo que sí. Seguro fueron otros accidentes, ¡está bien! — aseguró, antes de hacer un ademán de querer acercarse a mí.

Pegué un chillido, desesperada. ¡¿Cómo era posible que no captara las indirectas bastante directas?! ¡No lo soportaba, y aun así seguía viniendo detrás de mí una y otra vez! Con un tic en el ojo levanté las manos, tratando de frenarlo.

— E-espera, espera. Tengo una sorpresa para ti, así que quédate aquí — pedí.

Ox sonrió ampliamente ante la palabra "sorpresa", y sin más fue a sentarse a uno de los sofás que tenía por allí.

— ¡Claro que sí, amor mío! Te estaré esperando aquí~.

— Bi-bien, sólo déjame ir a la cocina por… tu sorpresa — murmuré, con una sonrisa forzada, antes de prácticamente huir de allí para llegar rápido a la cocina.

Soul estaba allí, comiendo uno de sus pudines sobre su sillita para niños. Enarcó una ceja al verme llegar como estampida y agarrar todos los cuchillos que tenía allí.

— ¿Y ahora qué te sucede? — preguntó, confundido.

— Oh, nada. Es sólo que él regresó — suspiré, y sin más regresé hasta donde se encontraba Ox.

No le di siquiera tiempo de reaccionar. Comencé a arrojarle cuchillo tras cuchillo, los cuales se clavaban profundamente en su cabeza, brazos y pecho. Él soltó un agudo grito de dolor a medida que le lanzaba más cuchillos, y finalmente cayó torpemente sobre el suelo, dejando una gran mancha de sangre sobre el suelo de madera.

Suspiré con cierto alivio.

— Creo que comienzo a sentir algo de desamor aquí.

Pegué un chillido al verlo levantar su cabeza. Sonreía hacia mí, sin importarle los chorros de sangre que escurrían por sus heridas.

— ¡¿Cómo diablos sigues con vida?! — grité, desesperada.

— Eso no es importante, mi vida. Sé que no querías hacer eso, ¡así que te perdono! — extendió una mano hacia mí, tratando de alcanzarme —. ¡CÁSATE CONMIGO!

— ¡ARGH! ¡SOUL! — lo llamé, antes de correr hacia la cocina.

— Oh, el amor duele~ — alcancé a escuchar a Ox, quien pronto cayó muerto sobre el piso.

Esa misma noche lo volví a enterrar en el jardín trasero de mi casa, sólo que esta vez me aseguré de meterlo en un ataúd reforzado con cadenas y ladrillos. Aquello me funcionó muy bien durante un par de semanas… hasta que Ox Ford volvió a tocar la puerta de mi casa, llamándome a gritos.

Creo que esta vez tendré que meterlo a una tina llena de ácido.