La travesía del viajero del alba no había llegado a su fin. Los intrépidos marineros guiados por su rey Caspian y acompañados por sus majestades Edmund y Lucy habían llegado hasta la guarida del ser que guardaba la última espada, y habían unido todas las espadas sobre la mesa de Aslan; pero al contrario de lo que pensaban; la niebla verde, es decir, el ser que había hecho que todo lo negativo y todo lo anhelado se mostrara ante ellos, no había sido derrotado.

En el momento en que todas las espadas habían sido unidas, y el rayo de luz habían inundado el cielo, la serpiente marina había sido abatida, y se había sumergido en el fondo de las profundidades, mientras el barco zarpaba camino a la isla de Aslan, pero antes de llegar allí, mientras Lucy y Ramand, la pequeña niña que les había acompañado en la búsqueda de su madre, descansaban en su camarote, esa verdosa niebla volvió a aparecer y antes de que la joven reina pudiera hacer siquiera un movimiento defensivo, la niebla tomó forma humana y arrancó de un solo movimiento el corazón de Raman, mientras ella solo alcanzaba a gritar.

En cubierta, Caspian lo oyó y se dirigió raudo escaleras abajo seguido por Edmund. Cuando entraron en la habitación Ramand estaba tumbada en la cama, respirando con normalidad; pero una salpicadura de sangre a su lado, evidenciaba que algo había pasado. Los dos jóvenes oyeron ruidos contra la popa del barco y se asomaron por la ventana; miraron hacia la mar y la misma sirena que tantas veces había saludado a Lucy en la travesía les señalaba hacia el horizonte, donde la niebla verde se deshacía en la profundidad. Lucy flotaba en el agua junto a la sirena, ya que al intentar seguir al ser había caído al agua.

El barco llegó hasta la isla de Aslan, y allí desembarcaron a la pequeña, dejándola sobre la arena.

"El ser se ha llevado su corazón, quiere un corazón de una hija de Eva para poder volver a encarnarse en humano".

"¿Vivirá?" Preguntó Caspian.

"Sí, siempre que recuperéis su corazón a tiempo. El cuerpo no puede estar separado del alma (del corazón) por un tiempo indeterminado".

"¿Qué hemos de hacer para recuperarlo?". Cuestionó al momento Lucy.

"Debeis viajar allí donde se encuentra el ser, y recuperar el corazón de Ramand, además de encarnar al ser y traerlo aquí".

"Es decir ¿que tenemos que hacer que el ser se haga humano?".

"No, no humano, basta con que tenga forma corpórea".

"Bien, y ¿cómo sabremos llegar a donde se encuentra el ser?". Preguntó Edmund.

"Os daré una excelente guía para ello". Aslan rugió y el agua que estaba alrededor de la isla se alzó ante ellos, formando una figura femenina. El agua dio paso a piel y de pronto, ante ellos, tuvieron a una joven de talle alto y ojos violetas, como el fondo del mar. Su pelo ondeaba y era de un ligero tinte verdoso como las algas. Dio un par de pasos hacia los monarcar y de pronto cayeron en la cuenta de que se trataba de la misma sirena que había les había prestado ayuda en otras ocasiones.

"¡Galea!" dijo Lucy, acercándose hacia la joven y estrechándola entre sus brazos. La joven reina y el rey Caspian ya habían gozado de la compañía de la sirena, y ambos mostraron su alegría al reencontrarla. Edmund en cambio era la primera vez que la veía, y sin embargo, no podía apartar los ojos de la joven.

Minutos después, dejando en la isla de Aslan a Ramand para que estuviera segura, el viajero del alba volvía a partir con una nueva tripulante en su lista y con una nueva misión a cumplir.