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Don´t stop believing, Hummel

-Disculpa,- dijo Kurt mientras llamaba por la espalda a uno de los chicos que bajaban apresurados la escalera de caracol de la academia Dalton- ¿puedo hacerte una pregunta? Soy nuevo aquí.

El chico Dalton lo miró de arriba hacia abajo, le sonrió amablemente y luego, ofreciéndole la mano dijo:

-Soy Blaine

-Kurt-se presentó el otro mientras sonreía.

De pronto el soprano de New Directions no supo que decir. Su anfitrión le parecía verdaderamente apuesto. Con su cabello bien peinado, sus bellos ojos oscuros y sus pobladas cejas. No había muchacho que le pudiese parecer más guapo que aquel, incluso le pareció injusto que solamente estuviese ahí para espiar a sus próximos contrincantes en la seccionales del concurso de coro.

-Así que,-dijo Kurt retomando su conversación- ¿Podrías decirme que sucede exactamente?

-¡The Warblers!-contestó Blaine un tanto emocionado, como sí le pareciese increíble que el "chico nuevo" no supiera de qué se trataba- De vez en hacen una presentación ante el resto de los alumnos, para olvidarse un poco del estrés escolar.

Los estudiantes de Dalton seguían bajando por las escaleras de caracol para salir por una gran puerta en el fondo del vestíbulo. Kurt volvió a echar una mirada a su interlocutor. El saco azul del uniforme y los kakis ajustados le sentaba muy bien. El chico, de uno o dos años mayor que él, le parecía que, para estar en preparatoria, era especialmente maduro. Le agradaba.

-Espera, ¿Entonces el club Glee es como genial aquí?

-The Warblers son como estrellas de rock- contestó Blaine.

Kurt se extrañó. En su escuela preparatoria, McKinley High, no había nadie más rechazado que los integrantes del club Glee. Le gustaba aquella escuela. Todos parecían tan amables y además el club Glee parecía tener la atención que verdaderamente merecía.

-Ven, -dijo Blaine rompiendo el silencio y tomando la mano de Kurt- conozco un atajo.

Pronto Kurt Hummel se sorprendió a sí mismo corriendo por los lujosos pasillos de la academia Dalton. Un extraño y agradable cosquilleó se extendía desde el hombro hasta su mano derecha que Blaine sostenía firme pero delicadamente. Sonrió para sí. Le gustaba aquel lugar y le gustaba aquel chico.

Kurt y Blaine llegaron a una gran puerta de dos alas. El mayor de los dos chicos empujo firmemente y la puerta se abrió para que Kurt pudiera pasar.

-Bienvenido-dijo Blaine invitando a su nuevo amigo a que entrara.

Dentro una gran multitud aguardaba. Algunos de los presentes eran estudiantes de Dalton que no conocía, sin embargo también diviso caras familiares. Pudo ver entre la multitud a su rival Rachel Berry, a Noah Puckerman, a su mejor amiga Mercedes, su padre, a su madrastra Carole y su hermanastro Finn, al resto del club Glee e incluso a algunas de las Cheerios y su entrenadora Sue Sylvester. Todos ellos sonreían de una forma canina y despreciable y en su mano sostenían un vaso de granizado.

-Sí,-dijo una voz grave y burlona desde el fondo- bienvenida mariquita.

Dave Karofsky se abría paso entre la gente hacia donde él estaba. Contoneaba su brutal cuerpo de toro y, al igual que el resto de los presentes llevaba en alto su vaso de granizado.

Kurt, asustado, dio un paso hacia atrás buscando la protección fuera de la habitación.

-Coraje- dijo Blaine a Kurt sosteniéndolo por la espalda en señal de apoyo. El chico sonreía amablemente y aunque su mirada serena y madura pudo haber demostrado confianza en otro momento, Kurt no quería más que salir de ahí y llorar.

La risa maliciosa de Karofsky resonó en la habitación y Kurt volvió su cara para enfrentar el repentino golpe de decenas de aquellas heladas bebidas contra todo su cuerpo. No había peor humillación que aquello, lo tenía claro.

Kurt Hummel despertó asustado en su dormitorio de la academia Dalton para hombres. El sol aún no se asomaba por la ventana y, sin embargo, sabía que no podría volverse a dormir. Frente a él, colgado del gancho en la puerta de su armario, permanecía su uniforme impecablemente planchado y en la cama contigua a su izquierda seguía dormido su compañero de cuarto, Matt Brown.

El chico dejó escapar un suspiro de alivio. Había sido otro sueño después de todo. Casi podía sentir como el frío de los granizados quemaba su cara sin imperfecciones.

Kurt se levantó de su cama, se colocó las sandalias para dormir y, sin prender la luz de su recamara para no despertar a Matt, caminó arrastrando los pies hasta su cómoda. La habitación en la academia Dalton era mucho más pequeña comparada con su sótano en casa y le faltaba un poco de estilo Hummel pero se sentía a gusto. Disfrutaba vivir ahí aunque definitivamente extrañaba a sus amigos de McKinley, especialmente a Mercedes y Finn. Hacia tanto tiempo que no hablaba con ellos que esperaba que ellos también lo recordaran.

Tomó su iPod que descansaba sobre la cómoda, se puso lo auriculares y comenzó a escuchar música aleatoriamente. La voz de Madonna llenó sus oídos. It won't be easy, you'll think it strange, when I try to explain how I feel, that I still need your love after all that I've done. Apenas unas semanas atrás había cantado esas mismas palabras frente a The Warblers y, a pesar de su esfuerzo ese había sido el único solo que había conseguido cantar después de haber dejado New Directions.

A veces se sentía un poco mal por eso. Quizás la causa de sus malos sueños era esa. ¿Lo verían sus compañeros del club Glee como un traidor? Seguramente no, ellos comprendían que hubiese salido de McKinley, después de todo la culpa no era suya sino del gay de armario de Karofsky.

Kurt se miró en el espejo, Tenía el cabello enmarañado debido a que acababa de despertar, su piel era tan blanca como la porcelana y tenía el mismo par de esmeraldas por ojos que había tenido su madre un día. Abrió el cajón de su cómoda y extrajo de él una pequeña libreta negra. Hasta atrás, en la última página estaba escrita la palabra "coraje" con recortes de revistas de diferentes letras. Junto al letrero permanecía la foto de un chico de pelo oscuro y aspecto maduro.

Kurt dejo su libreta sobre su tocador y siguió buscando en la gaveta. Desde el fondo, sacó una carpeta un poco arrugada y llena de hojas de diferentes colores. En la portada tenía escrito con una tipografía impecable "New Directions" y estaba decorada con algunos listones y lentejuelas de colores. La abrió y comenzó a leer los títulos en todas las hojas que el señor Schue les había dado.

Las letras de Somebody to love, Bad Romance, Hair/Crazy in Love, Singing in the rain/Umbrella y Defying gravity aparecieron frente a sus ojos.

De pronto el teléfono celular que descansaba sobre el mueble comenzó a vibrar. Rápidamente Kurt lo tomó y observó la pantalla: Nuevo mensaje de Blaine. Siempre estaba ahí, en los momentos menos esperados. Escogió la opción leer en la pantalla del celular y, ante él, apareció el mensaje de su amigo:

"Buenos días sunshine. ¿Puedes venir al salón de música después del almuerzo? Tengo algo que mostrarte. Hasta entonces, Blaine :)"

Sonrió y luego escribió una respuesta a su remitente para confirmar que, con mucho gusto, allí estaría. Le alegraba recibir mensajes de él. Solo unas palabras escritas por Blaine le hacían sentir seguro.

Dejo su celular sobre la cómoda y siguió observando hasta llegar a la última hoja en la carpeta: Don´t stop believing. Cantó en silencio las primeras palabras de la canción Just a small town girl, living in a lonely world… Sentía como sí aquella canción estuviese escrita para él. Tenía miedo de olvidar todo lo que había vivido en New Directions, era cierto, pero debía seguir adelante. No debía olvidar sus anhelos, su vida. Kurt sabía que debía continuar creyendo. Creer en todo. En la vida, en su padre, en sus amigos, en la música, en el amor. Porque todo eso era él, y si había algo en que creer, era en él mismo.