DISCLAIMER: LOS PERSONAJES SON PRODUCTO DE UN SUEÑO BASTANTE PRODUCTIVO DE STEPHENIE MEYER Y QUE TODAS AGRADECEMOS. LA HISTORIA Y EL MUNDO ALTERNATIVO EN EL QUE LOS PUSE FUE SIMPLEMENTE UN EXCESO DE TIEMPO LIBRE E IMAGINACIÓN Y CREATIVIDAD MAL ENFOCADA.

Hola! ya aquí les traigo el último outtake, algo muchisimo más corto a lo que las tenía acostumbradas, pero me he divertido haciendolo. Supose que mi santa madre iba a ser recordada incontables veces si dejaba la historia en el outtake 3 como tenía pensado xD; así que bueno, aquí les doy otra vista en la vida de los Masen.

Agradezco mucho su apoyo, sus comentarios y alertas en esta historia, el recibimiento que obtuve fue impresionate, lo agradezco de corazón. Tengo en cuenta los reviews que me han hecho llegar con las cosas que desean ver de esta historia y no las puse, por el momento no creo hacer nada más con el fic, pero uno nunca sabe, así que no prometo ni descarto la idea. Por el momento el proyecto está terminado.

Espero regresar pronto con otra historia multichapter, me llevará algo de tiempo dado que no pienso postearla hasta que esté terminada, pero si en el proceso se me mete la idea de un One shot, pues por aquí lo tendrán en cuanto lo desarrolle. Son libres de ponerme en sus alertas si desean ver mis nuevas ocurrencias.

De nuevo, muchisimas gracias y espero que disfruten de este vistazo del futuro no muy lejano xD.


OUTTAKE 4.

EPOV.

Estacioné el Volvo en la entrada de nuestra casa a las nueve de la mañana aproximadamente. Lo que era rara vez en mí, ayer había trabajado turno nocturno y estaba por demás cansado, pero no por eso menos entusiasmado por el día de hoy. De hecho estaba agradecido por haber podido salir un poco antes, quería estar más tiempo con mi familia y ayudarlos a preparar todo.

Hoy era el tercer aniversario de mi monstruito más pequeño.

Sonreí ante la felicidad que ese hecho me trajo. Tomé mi maletín, mi bata y las bolsas de hielo que mi Bella me pidió por teléfono en la mañana que comprara en el trayecto para acá y bajé del coche. Como pude me las arreglé para abrir la puerta, la casa parecía estar en total silencio y no me pareció buena idea tocar el timbre y despertar a los niños si es que seguían en la cama.

Dejé las cosas del trabajo en el vestíbulo, busqué con la mirada a algún bultito en la sala o la pieza de estar (donde mi esposa se las ingenió para meter mi piano) pero no había nadie. Caminé hacia la cocina para guardar el hielo y evitar que se descongelara y ahí fue donde me encontré a mis dos enanos junto a un pastel de betún blanco, bastante concentrados en lo que sea que estuvieran haciendo en la isla de granito que estaba en el centro del cuarto. Ni siquiera notaron mi presencia cuando abrí la puerta del congelador y guardaba las cosas por más que arrugaba las bolsas de plástico que traía para hacer ruido.

"¿Qué hacen?" – tuve hablar para que me prestaran atención, los dos saltaron un poco al escuchar mi voz pero rápido me sonrieron.

Mis enanitos eran todo menos eso, Matt tenía once años y había dado un estirón increíble, ya era de la misma estatura que Alice, lo cual alimentaba las bromas de todos hacia mi cuñada. Mi pequeño niñito estaba a un año de terminar con la escuela elemental y pronto dejaría de ser considerado como un niño y empezar la difícil etapa de la pubertad. Mi hermosa Lizzy acababa de cumplir nueve años y aunque seguía disfrutando de la inocencia de ser niña ya se podían notar pequeñas acciones de la señorita en la se iba a convertir, le gustaba arreglar su cabello de diferentes formas y ponerse prendedores con brillitos y era adicta al ChapStick de fresa. Eso sí, su Hippo seguía a su lado al pie del cañón, el peluche tenía más lavadas y remiendos que el traje del chavo del ocho y hasta carecía de un ojo, pero era la adoración de mi niña. Y debo decir que aunque me daba alegría verlos crecer era también difícil asimilar la idea de ya no volver a ver a mis enanitos de siempre.

"Papi! No te oí llegar" – dijo Liz con esa sonrisa tan linda que tenía. Mi corazón se escapaba un latido cada que mi pequeña me llamaba papi, supongo que no importa lo mucho que crezcan, algunas cosas nunca cambian.

"Estamos decorando el pastel de Nate" – fue Matt quien respondió mi pregunta, en su rostro podía ver la diversión. – "ven a verlo!"

Me acerqué a ellos para ver su trabajo y no hice más que reír, el pastel era rectangular y estaba cubierto de betún blanco pero lo estaban decorando con pasta de azúcar en la parte de arriba de colores amarillo, azul y negro para formar los minions que salen en mi villano favorito, la película favorita de Nathan. En el lado derecho habían hecho un minion grande sosteniendo a otro miniatura en su mano y estaban trabajando en otros dos que tenían moldeándolos en la barra para recrear la escena de ellos cuando intentaban clavar un clavo y un minion termina pegándole al otro en la cabeza con el mazo.

"Muy creativo" – comenté mientras examinaba las letras, también en pasta de azúcar, que formaban el 'Feliz cumpleaños Nate' que estaban en una charola, listas para ponerlas en el pastel. – "les está quedando increíble. Nate se volverá loco cuando lo vea. Es bueno saber que si su mamá o yo perdemos nuestros trabajos ustedes pueden dedicarse a esto y mantenernos." – bromeé y mis dos hijos empezaron a reír divertidos pero podía ver el orgullo en sus ojos cuando escucharon mi halago.

"Dónde está su mamá, a todo esto?" – pregunté con las cejas fruncidas, era raro no escucharla, mi mujer se caracterizaba por hacer ruido por donde pasaba, ya sea por sus risas o por lo que tiraba cuando trastabillaba con sus propios pies.

"Arriba." – dijo Liz simplemente pero mordiéndose el labio para evitar reírse.

"Con Nate." – terminó Matt y negó con la cabeza antes de seguir moldeando su pasta.

Asentí y sin distraerlos de nuevo, volví mis pasos hacia el pasillo para dirigirme a la parte de arriba de la casa. No iba ni a la mitad de las escaleras cuando escuché los gritos desesperados de mi Bells.

Suspiré. Esto era de todos los días.

Porque, muy a diferencia de la personalidad tranquila de mi esposa y mía, nuestro pequeño monstruo nos salió completamente lo contrario. Era un pingo por ponerlo ligero, fue una bendición para la familia desde que nos enterábamos que lo estábamos esperando pero la verdad es que estos tres años han sido todo un desafío, ya que este niño nació con la batería recargada y el espíritu travieso en su máxima expresión.

"Nathan ven acá!" – gritó Bells casi como si tuviera los dientes apretados para evitar gruñir.

"No soy Nathan, soy el monsto! Grrrr!" – la vocecita de Nate replicó.

"Qué monstruo ni que nada, ven acá, déjame vestirte, te estás volviendo a ensuciar!" – mi pobre esposa cada vez se escuchaba más al borde de la impaciencia.

"Aarrrrggh!" – fue la réplica del monstruito.

Llegué al cuarto de Nate y me quedé en el marco de la puerta, paralizado de cuerpo y mente, sin poder encontrar palabras a la escena que se estaba llevando a cabo en la habitación. Mi hijo estaba recibiéndome con su trasero al descubierto y volando. Estaba agachado en el piso completamente desnudo y mojado, apoyado en sus brazos y rodillas, las piernas ligeramente levantadas, lo que hacía la vista de su trasero más evidente y su tronco estaba echado hacia abajo, sus brazos doblados y su cabeza ladeada para poder ver por debajo de la cama.

"Nate, por favor! Ya no tenemos tiempo" – Bella dijo desde el otro lado de la cama, donde también estaba agachada para poder ver a nuestro hijo pero con una mano apoyándose en la cama y tomando en su puño el cobertor de Nathan.

"Sí tenemos mami!"

"No, mi amor, tus abuelitos, tíos y primas van a venir a verte. Necesitas ponerte ropa o quieres que te vean desnudo?" – trató de razonar.

"Sí! Los monstos no usamos ropaaa! Arrrrgh!"

"Dios dame paciencia! Nate por…" – la voz casi quebrada de mi mujer fue mi señal para salir de mi estado de shock y ponerme en acción. Fue obvio el momento en el que Bella pudo ver mis zapatos avanzar hacia el cuarto, ya que se calló abruptamente y levantó su cabeza con rapidez para verme, me sonrió con cansancio, su cabello era un hermoso desastre, casi rivalizaba el mío. Le sonreí e indiqué con mi dedo que guardara silencio mientras avanzaba sigilosamente hasta donde estaba mi hijo, quien pasaba completamente por inadvertida mi presencia.

"Ja! Te tengo!" – grité victorioso en cuanto cargué a mi pequeño remolino por la cintura y lo atraje hacia mí – "con que eres un monstruo hoy, eh?" – le dije juguetón mientras Nathan se removía y reía fuertemente.

"Sí, Papii! Soy el monstro más malo del mundo!" – chilló entre jadeos

"Qué mala suerte, porque hoy era la fiesta de cumpleaños de Nathan y no del monstruo… así que los regalos que lleguen a esta casa hoy vamos a tener que devolverlos, no lo crees, amor?" – volteé a ver a Bella quien seguía acuclillada en el piso junto a la cama, viéndose exhausta pero observándonos con ojos divertidos.

"Mmmhmm, sí, sí lo creo, cielo. No se puede hacer una fiesta para Nathan si él no está." – dijo antes de pararse y caminar hacia nosotros.

"Yo soy Nathan!" – gritó nuestro hijo, demasiado fuerte como para provocar un ligero zumbido en mis oídos.

"Pensé que eras el monstruo" – le dijo Bella mientras apoyaba su cabeza en mi hombro.

"No mami, soy Nate." – dijo con convicción. Bella y yo reímos.

"De acuerdo, entonces… feliz cumpleaños, Nate" – le dije antes de besar su cabecita, él me sonrió con esa sonrisa toda tierna que quien no lo conociera hacía que los engañara por la apariencia tan inocente y tranquila que proyectaba. – "ahora, el cumpleañero debe estar vestido propiamente, sino va a espantar a sus invitados y no queremos eso, verdad?" – Nate negó fuertemente con la cabeza. – "Anda, vamos a vestir tus vergüenzas."

"Gracias, me alegro que estés en casa" – susurró mi esposa antes de pararse de puntitas y darme un rápido beso de bienvenida. Caminé hacia el cambiador que habíamos comprado cuando Nate era un bebé y aún manteníamos en el cuarto, encontré la ropa que Bella estaba intentando ponerle antes de que llegara y empecé a cubrir a mi hijo. – "Debes estar agotado." – comentó Bells que ahora estaba recostada en la cama viéndonos perezosamente.

"No más que tú, cielo. Tuve una noche tranquila." – le aseguré.

"Hmm…" – musitó y me sonrió levemente – "pero queríamos hijos."

Solté una carcajada ante su comentario, mientras alzaba los bracitos de Nathan para ponerle su playerita polo de color azul.

"Te arrepientes, mi amor?" – dije en tono juguetón. Ella bufó.

"Ni un gramo." – dijo con seguridad.

Sonreí al mismo tiempo que le ponía su pantaloncito de mezclilla a Nate. Era cierto, el niño nos mantenía ocupado las 24 horas y no podíamos dejarlo solo por mucho tiempo antes de que su mentecita conjugara otra fechoría. No es que fuera hiperactivo sino más bien tenía una mente creativa y pronta para la travesura. Pero era nuestra razón de vivir, al igual que Matt y Lizzy.

Me quedé viendo a mi hijo mientras jugaba con un tubo de toallitas húmedas y esperaba a que terminara de vestirlo. Era un angelito, su cabello se paraba en todas direcciones, lo cual no era de extrañarse considerando los genes que mi familia posee, pero eran del color de Bella, un castaño chocolatoso que a los rayos de luz se podían ver destellos rojos. Su piel era blanca como la de nosotros y tersa, sus ojos eran verdes olivo, como una mezcla de los dos colores de sus padres, tanto su nariz como sus labios guardaban más parecido a Bella pero su barbilla y mentón eran rasgos míos. Todo él era una mezcla de lo mejor de los dos y para mis ojos era el niño perfecto. Imposible no amarlo.

Terminé de atar su pequeños tenis y lo cargué, sin siquiera molestarme en hacer algo por su pelo. El cabello Masen tiene mente y personalidad propia, imposible domarlo.

"A qué horas viene la familia?" – le pregunté a Bella, ella se paró de la cama y empezó a acomodar lo que estaba mal puesto y recoger la toallitas que, no me había fijado, Nathan había tirado.

"Alrededor me medio día." – tomó la toalla de baño que había utilizado para intentar secar al pequeño rebelde y la pasó por su hombro. Eran notables sus ojeras y cansancio, le sonreí amorosamente, era un hecho que cada que hacía un turno nocturno en el hospital no era el único que pasaba la noche en vela.

"¿Cuántas horas dormiste?" – le pregunté con tono serio. Ella se encogió de hombros.

"La cama se sentía muy vacía." – respondió toda linda, moviendo sus pestañas inocentemente. Dios! Como amaba a esta mujer.

Caminé hacia a ella, ignorando los esfuerzos de Nate por bajar de mis brazos y tomé a mi esposa de la mano para pasar su brazo por mi cintura y después rodeé su torso para atraerla a mí.

"Yo también te extrañé, mi amor." – besé su cabeza y aproveché para inhalar el aroma de su shampoo. Por un momento mi mente imaginó estar en la cama acurrucado con ella mientras dormíamos pacíficamente, pero el constante movimiento de mi monstruo tocotín me recordó que eso no podía pasar hasta que el día acabara. Suspiré y alejé mi cara de la esencia que me encantaba. – "¿Falta mucho por hacer?"

"No. Tengo todo listo, sólo faltan pequeños detalles como acomodar la mesa y eso, también encender la parrilla y asar las hamburguesas y hot dogs pero Emmett me dijo que esa parte le tocaba a él."

"Más vale tener el extinguidor a la mano." – bromeé ganándome la risa de mi esposa y de Nate, aunque dudo que este último haya comprendido porque se reía. Pero a final de cuentas, los niños nunca necesitan una razón para sonreír.

Bella se separado de mí, no sin antes de darme un fuerte abrazo y un beso en mi barbilla y extendió los brazos hacia nuestro hijo.

"Vamos cumpleañero, necesito tus pulmones para inflar globos." – en cuanto la mano de mi Bells estuvo cerca, Nate soltó un gruñidito graciosos y, juguetonamente, quiso morder los dedos de su mamá. Al parecer la etapa de monstruo no se había acabado. Ayer era un león y hace dos días topo yiyo. A veces me preguntaba si su imaginación tan desarrollada era nuestra culpa o más bien gracia divina. Me gustaba pensar lo segundo. – "Oye! No te comas mis dedos que los necesito para esto." – dijo Bella antes de empezar a hacerle cosquillas, el enanito se revolvió entre los brazos de mi esposa y chillaba para que parara.

Tal vez sí teníamos algo de responsabilidad después de todo.

Bella bajó con Nate a terminar de preparar todo antes de que empezaran a llegar nuestra familia en lo que yo me fui a nuestro cuarto a darme una necesitada ducha y cambiarme de ropa. Para cuando bajé, la casa ya estaba vestida de fiesta infantil. Nada ostentoso ni extravagante, pero lo suficiente para darse cuenta que un niño estaba festejando su cumpleaños.

El recibidor tenía unos globos azules, amarillos y negros inflados con helio, colgando en ramilletes de tres, el pasillo también estaba decorado de la misma manera hasta llegar a la puerta del patio trasero, donde íbamos a hacer todo el relajo.

Afuera estaba toda mi familia, acomodando la mesa, colgando globos y el letrero de feliz cumpleaños. Lizzy estaba con Nate en la mesa de jardín. Mi niñito le prestaba una atención absoluta a mi princesa que le estaba enseñando la forma en la que iban a acomodar las servilletas y el orden de cada cosa.

Me apoyé en la puerta cuando a mi mente me llegó la imagen de mi Bella, años atrás, la primera noche que la conocimos cuando fuimos a cenar a su departamento y ella estaba haciendo exactamente lo mismo que Liz hacía con Nathan. En ese entonces mi enanita tenía cuatro años, y recuerdo cómo veía a Bella, guardando cada palabra que decía casi con adoración. Ella y Nate tenían algo en común y eso era lo ocurrentes que salieron. Recuerdo la vez cuando llegué del trabajo una tarde, la casa parecía vacía hasta que descubrí la cabecita de mi niña asomándose por el sillón. Cuando me acerqué a ella recuerdo que hasta lágrimas salieron de mis ojos de lo fuerte que me reí al verla acostada, con Hippo metido entre su blusita, quedando tan apretado que se marcaba perfectamente bien la cabeza del peluche saltando de su estómago; y sólo porque a la niña se la había ocurrido jugar a la embarazada como mami.

Reí quedamente y me giré hacia donde Matt y Bella estaban arreglando el letrero para que quedara alineado. Desde el inicio mi enano siempre tuvo una conexión especial con mi esposa y esa sólo se ha ido fortaleciendo con el paso de los años, no sólo se apoyaba en ella en sus necesidades sino que también era su cómplice en sus múltiples ideas locas. Como la vez en la que los vine a encontrar en este mismo patio, todos apestosos a humo y llenos de ceniza y con un tapete carbonizado, y todo porque Matt había tenido ese día una lección sobre los medios de comunicación de la antigüedad y le pareció buena idea recrear el método de mensajes de humo en el patio trasero de nuestra casa. Lo peor es que ni siquiera me pude enojar con ellos por arruinar el césped del jardín ya que la diversión por verlos todos chamuscados opacó cualquier sentimiento de ira.

Eran momentos como estos, en los que me ponía a pensar en lo vivido, que descubría que mi familia estaba loca y de repente la personalidad de mi hijo más pequeño no me parecía tan diferente a la de las nuestras.

Cooper o Droopy, uno de esos dos que aún no podía distinguir, me empezó a ladrar haciendo que cambiara mi vista hacia abajo. Comenzó a mover la cola y yo le fruncí el ceño. Había tratado de aceptar a esos animales, y ya lo estaba logrando, pero todo avance se fue a la borda en cuanto Nathan nació. Los malditos perros fueron los que sufrieron el ataque de celos. No mis enanitos, los perros! lo único que me faltaba. Ridículo. Los primeros meses de vida de mi hombrecito fueron estresantes para mí gracias a esas dos bolas de pelo. A punto estuve de regalarlos si no hubiera sido por las suplicas de Bella y mis enanos.

Lo ignoré y me moví de su camino. Decidí ponerme a preparar la parrilla con todo lo necesario, lista para cuando llegara Emmett a quemar nuestra comida y les ayudé a terminar con los últimos detalles de la decoración y los alimentos. Estaba agregándole algo de dulce al agua de fresa con naranja cuando el timbre sonó. Los niños estaban en el jardín, entreteniendo al festejado al mismo tiempo que prevenían que se ensuciara más de lo debido antes de tiempo y Bella estaba en arriba, cambiándose de ropa y tratando de hacer algo para ocultar sus ojeras. Por lo que no quedo de otra, más que ir yo a abrir la puerta.

Carlisle y Esme estaban parados portando unas sonrisas enormes en sus caras y cargando cada quien dos regalos. Al menos mis hijos no se podían quejar de no tener unos abuelos consentidores. Ellos vivían esperando cualquier oportunidad para regalarles a sus nietos cualquier cosa. Los saludé con un abrazo, y un beso en la mejilla en el caso de Esme, e invité a pasar, Bella iba bajando las escaleras y caminó derechito hacia los brazos de sus padres.

"Qué bueno que ya llegaron, no sé cuánto tiempo más íbamos a poder entretener a Nate. Está ansioso por verlos a todos y empezar su fiesta."

Ellos dos se empezaron a reír, pero no sabían lo ciertas que eran las palabras de mi mujer, mi tocotín parecía una fiera hambrienta y enjaulada, contando los minutos para que su fiesta iniciara.

"Siquiera al hijo le gusta celebrar su cumpleaños, no como a la madre." – comentó Carlisle en tono burlón mientras depositaba un beso en la cabeza de Bella, quien hizo un mohín encantador.

Mi hijo casi de desbarata en cuanto vio a sus abuelitos en la puerta del jardín, corrió hacia a ellos y al más puro estilo del futbol americano, los tacleó debido a la velocidad que llevaba. Por suerte, toda la familia ya estaba acostumbrada a los desplantes de afecto de mi enano por lo que sólo se rieron y lo abrazaron con la misma fuerza.

No pasaron ni diez minutos cuando la puerta volvió a sonar, Bella fue a abrir en lo que Carlisle y yo nos ocupábamos de la parrilla. Lo primero que escuché fueron los grititos de Ibi seguidos por la bulla que todos mis cuñados estaban haciendo al caminar. Ibi salió corriendo con sus bracitos extendidos hacia donde estaban mis hijos acaparando la atención de Esme. Si nosotros teníamos las manos llenas con Nathan, Emmett y Rosalie las tenían con esa pirinola, tenía cinco años y la niña era un completo torbellino.

De la puerta apareció Emmett con esa sonrisa de niño que aún con el paso de los años nunca se perdía y detrás de él, su esposa, cargando al más pequeño miembro de la familia, Danielle, una bebita de apenas año y medio. Recuerdo como Em estaba todo emocionado cuando se enteró que iba a ser papá por segunda vez porque él creía que iba a tener un varoncito, había gastado en juguetes para niño y ya estaba haciendo sus planes para hacerlo un jugador profesional de beisbol. Sorpresa se llevó cuando nació Danielle y aunque la ama con locura, ya ha anunciado que no importa que le lleve tener veinte hijos más, el va a conseguir su niño. Ahora todo está en que Rose lo deje y creo que todos sabemos la respuesta de eso.

"A un lado que el rey del asador ha llegado." – fue su saludo en cuanto llegó con Carlisle y conmigo a la parrilla.

"Queremos comer algo hoy, hijo, así que trata de no quemar mucha carne." – dijo Carlisle y después le palmeó la espalda y luchó por mantener su rostro inexpresivo ante la cara de completa indignación que hizo su hijo mayor.

"Puf! Yo soy la versión masculina de Martha Stewart. Al final del día no sólo te vas a comer la mejor carne de tu vida sino también tus palabras, padre."

"Por qué tan dramático, Em, ¿qué te hizo Rose que te puso tan sensible?" – pregunté entretenido.

Mi cuñado me mando una mirada enfurecida antes de suspirar y bajar sus hombros.

"Tengo veto por tiempo indefinido por haberle dado refresco con cafeína a Dany y por jugar frisbee con Ibi dentro de la casa y romper su cuadro favorito."

"¿Veto de qué?" – seguí preguntando, demasiado divertido como para sentir simpatía por él.

"Hombre, no quieres saber, créemelo" – suspiró todo derrotado antes de ponerse a atizar las pequeñas llamas que apenas se habían formado.

Carlisle y yo cruzamos una mirada de diversión pero también de curiosidad. La verdad es que sí quería saber, pero Em parecía demasiado afectado como para presionarlo. Además podía darme una buena idea de lo que era, había muy pocas cosas que a Emmett lo ponían de ese humor, y todas ellas eran igual de bizarras.

Puse mi mano en su hombro, como señal de apoyo.

"Te traeré una cerveza." – Emmett asintió solemnemente, aprobando mi método de confortación.

Entré a la casa y me dirigí a la cocina, ahí me encontré a mi esposa platicando animadamente con Jasper y Alice mientras terminaban de acomodar los platones de ensalada y los condimentos para las hamburguesas y los hot dogs. Besé a Alice en la mejilla y le di una palmada en la espalda a Jazz como señal de bienvenida y me dirigí al refrigerador.

"Pensé que era una fiesta infantil" – comentó Jazz señalando la botella de cerveza que estaba en mi mano. – "o es que ya estoy tan desconectado del mundo que nunca me enteré que en lugar de malteadas los niños prefieren bebidas fermentadas."

"Pues no sé si las prefieran o no, pero ayuda a tranquilizarlos." – respondí, siguiendo la broma.

Todos comenzaron a reírse y mi Bella me golpeó el estómago juguetonamente.

"Calla, Edward, ese era nuestro secreto."

Me recargué en la isla junto a ella y puse la botella en la barra para poder abrazarla con más libertad.

"Es familia, amor, va contra las leyes naturales que nos demanden. Además nos aman."

"Ja! Sigue soñando, Edward" – contestó Alice con voz entretenida.

"No, ya. Es para Emmett, anda desanimado, Rose otra vez le veto algo." – les conté.

"Ese Em debería estar agradecido que es lo único que recibe, si yo fuera Rose ya lo hubiera dejado" – comentó la enana como si fuera la subestimación del año. Los tres nos reímos por su comentario.

"Y a ti, cómo te va Ally?" – le pregunté a mi cuñada – "te sientes bien?"

"mmhmm… ya crecí dos centímetros más" – dijo orgullosa mientras se tallaba su apenas visible panza de embarazada de cuatro meses.

Le sonreí. Jazz y Alice habían avanzado bastante en su relación, el primer gran paso fue cuando mi cuñada expresó sus deseos de casarse porque al parecer no quería ser la única de la familia viviendo en pecado. Ya tenían dos años de casados y ahora estaban esperando a su primer hijo, y para ser sinceros Alice se veía igual de adorable que graciosa estando embarazada.

"¿Cuántos fueron hoy?" – preguntó mi Bells conteniendo su diversión. No tuvo que especificar nada más para que todos supiéramos de lo que hablaba.

Alice frunció la nariz e hizo un gesto de desagrado, Jasper le sonrió con ternura y besó su cabeza antes de que su esposa contestara.

"Tres" – murmuró enfurruñada – "desgraciados."

No pude reprimir mi risa. Era común que la gente la confundiera con una niña por su estatura y complexión diminuta y desde que su embarazo era notable, nunca faltaba quien empezara a sacar sus comentarios reprobatorios sobre los embarazos a temprana edad y algunos otros hasta se atrevían a acercarse a ella para ofrecerle ayuda y orientación. Y la pobre de Alice siempre terminaba con los nervios alterados. No que le importara que la confundieran con una jovencita.

"Un día de estos se me va a acabar la paciencia y entonces le voy a arrancar las en…"

El plan vengativo de Alice quedó incompleto ya que fue interrumpida por Ibi que apareció corriendo en la cocina y se siguió derecho hasta chocar de frente con mi pierna. Me sonrió inocentemente mientras se sobaba su ya menciona frente con su manita.

"Tío Eddie. Que dice mi papi que ya se deshidrato gracias a ti" – inhaló una bocanada de aire para controlar su agitada respiración y continuó – "y que esta fiesta sin comida es una basura y me dijo que preguntara que a ¿qué horas comen en esta casa?"

Me reí, sonaba igualita que su padre. La cargué en uno de mis brazos y tomé el elixir de Emmett con mi mano libre y volví al patio. Los demás pisándome los talones, cargando toda la comida.

"Papi! Mi fiesta ya! Por favor! Yaaa!" – se quejó Nate en cuanto puse en pie en el porche trasero.

"Ya, enano"

"Pus oraleee!" – me urgió provocando la risa de todos.

Como siempre pasaba en nuestras reuniones familiares, las comidas eran todo un suceso. El tiempo pasa volando cuando se involucran las bromas de Alice o Emmett, los comentarios graciosos y ocurrencias de los niños, los gritos de Rose, los accidentes de mi Bella, Jasper y Em peleándose por la última hamburguesa, Carlisle filmando todos los acontecimientos y Esme casi con una bolsa de plástico para poder regular su respiración a causa de la risa tan fuerte que tenía.

"Haber, haber. Ustedes saben cuál es el colmó de un enano?" – preguntó Matt apenas controlando la risa. Todos negamos con la cabeza – "que lo pare la policía y le diga, ALTO!"

Las carcajadas no se hicieron esperar y estallaron en cuanto Matt terminó su chiste.

"Y cuál es el colmo de un constructor?" – ahora fue Lizzy la que nos preguntó. De nuevo todos negamos con la cabeza. – "Llamarse Armando Esteban Quito!"

Mi Bella se apoyó en mí para evitar caerse mientras sostenía su estómago, reía y jadeaba al mismo tiempo.

"Y cuál es el colmo de… de mi papi?" – dijo Ibi, inventándose el chiste en ese momento para no quedarse atrás con su primos. La niña estaba saltando en su asiento y soltando risitas. Todos volteamos a ver a Em quien tenía una sonrisa pícara, antes de decir que no sabíamos. – "que es muy grande porque está lleno de c…"

"Ibi Mabel Cullen! Si terminas esa frase que Dios te ayude." – gritó Rose antes de que la niña pudiera terminar su chiste, después de volteó a su marido y lo fulminó con la mirada. – "te dije que dejaras de enseñarle palabrotas, tú Neardental!"

Todos estábamos tirados de la risa, Carlisle tuvo que dejar la cámara en la mesa porque su mano temblaba demasiado para seguir sosteniéndola. Pronto la comida quedó olvidada y todos estábamos jadeando y limpiándonos las lágrimas que el esfuerzo de tantas carcajadas nos habían provocado.

Después de un rato, le ayudé a Bella a limpiar la mesa para poder llevar el pastel y el flan napolitano que mi esposa había hecho, ya que era el postre favorito de Nate. Mi hombrecito se puso a gritar de felicidad en cuanto vio la decoración de su pastel, haciendo que mis otros dos enanitos sonrieran con satisfacción y orgullo. Cuando partió el pastel y Bella lo ayudó a repartirlo, él empezó a decir una y otra vez la frase 'ten, para tú' de la película, cada que le daba una rebanada a alguien.

Cuando llegamos a la parte de los regalos, nos tuvimos que meter a la casa. Estábamos en noviembre, y aunque durante el día se sentía un calor agradable en cuando empezaba a atardecer el viento era helado. Habíamos acomodado los regalos en la mesa de centro de la sala y Esme nos pidió que posáramos los cinco alrededor de los obsequios para agregar el momento en sus álbumes de fotos.

Abracé a mi mujer por la cintura y mi brazo izquierdo lo pasé por los hombros de mi niñita, Bella acomodó su cabeza ligeramente en mi hombro y abrazó a Matt con su brazo libre. Nuestro Nate estaba al frente de nosotros, subido en la mesa y echando su peso para atrás para apoyarse en mi pecho. No necesitaba ver la foto para decir que había quedado perfecta.

"Aw! Se ven tan tiernos." – dijo Alice con lágrimas en los ojos. Las hormonas ya estaban haciendo de las suyas. Jasper empezó a tallarle el brazo para reconfortarla.

"Dentro de poco, tú también podrás hacer lo mismo, enana, con tu hijo." – le dijo Bella con voz dulce mientras se apretaba más a mí y besaba la cabecita de Nate.

"Ya te dije que será niña." – respondió Alice, sonriéndole a su hermana con cariño.

Bella rodó los ojos.

Nos sentamos todos mientras Nathan se volvía loco desenvolviendo sus regalos. Ropa, libros y juguetes salían de todas las cajas y bolsas y todos eran recibidos con el mismo entusiasmo y alegría. Pero cuando abrió el regalo de Bella y mío sus ojitos casi salieron volando. Con manos temblorosas desgarró el papel de la envoltura y terminó de sacar el pequeño teclado que le compramos.

Muchas cosas habíamos descubierto que le gustaban a nuestro hijo, pero una de las que más disfrutaba era cuando estaba conmigo en el piano. Apenas me escuchaba en él y corría hacia a mí y se sentaba en el banquillo, todo calladito y tranquilo, viendo con asombro como tocaba el piano. Para él era algo impresionante ver como con sólo tocar una simple tecla, sonido podía salir de ella. Viendo su interés por el instrumento, le había enseñado a tocar dos canciones, y aunque podía hacerlo, le costaba trabajo tocarlas porque sus manos aún eran muy chiquitas para las teclas. Con su nuevo teclado para niños eso ya no iba a ser problema. Y tal vez, dentro de unos años, si seguía teniendo la inquietud de aprender, podría enseñarle lo que mi madre me enseñó hace tiempo.

"Papii! Como el tuyo!" – dijo emocionado y corrió hacia mí para enseñarme su nuevo juguete.

"Si, enano, como el mío."

"Podemos tocar juntos!" – sus ojitos me vieron esperanzados. Lo acerqué más a mí y besé su frente.

"Por supuesto, Nate. Te voy a enseñar a tocar tus canciones favoritas."

"Bob esponja?" – escuché las risas de todos ante la petición de mi hijo.

"Si es necesario." – dije entre dientes. Bella besó mi hombro.

Nathan me sonrió de oreja a oreja y volvió su atención a los demás regalos que tenía sin abrir.

"Lamento decirte esto, Eddie" – dijo Emmett en tono serio – "pero eres un buen padre."

Solté unas risitas y negué con la cabeza.

"Gracias, supongo."

"En serio, hombre. Bob esponja? Hasta yo tengo mis límites"

"A eso se le llama amor paternal, Emmett" – comentó Esme, sonriéndole a su hijo con dulzura. – "Edward siempre se ha sido así con sus hijos… si llegan más niños a esta familia, van a ser bendecidos."

Le sonreí con agradecimiento y sentí a Bella removerse en su lugar y abrazarme más fuerte, mientras sus ojos me veían ilusionada. Recargué mi frente en la de ella y suspiré. Mi Bells había tenido un embarazo, no complicado, pero sí incómodo, estudios revelaron que su matriz era de paredes más delgadas que las normales. Era algo genético y Renée murió cuando Bella era muy chica y nunca tuvo la oportunidad de platicar con ella al respecto y nosotros no teníamos manera de saberlo. Nate fue cesárea y la recuperación fue lenta y dolorosa para ella. Aún así Bella quería embarazarse al año que nació Nathan pero yo me vi reacio a la idea, lo cual jugó a nuestro favor ya que nadie sabía lo que nos esperaba con nuestro hijo. Ahora, ya llevábamos un año intentado embarazarnos, seguíamos sin tener éxito pero no teníamos prisa ni nos estresábamos por eso. Sabíamos que si era nuestro destino tener otro hijo, llegaría cuando así estuviera dispuesto. Justo como pasó con el monstruito.

"Ojala lleguen otros dos… o tres." – comentó Bella.

Otra ronda de carcajadas sonaron en la habitación. Negué con la cabeza y la vi con la diversión reflejada en mi expresión.

"Pensé que nada de equipos deportivos."

Ella se encogió de hombros y se ruborizó.

"Es válido cambiar de opinión." – respondió simplemente y después me dio un tierno beso en los labios. – "tal vez uno de básquet, esos sólo son cinco."

"Mmmm…" – fue lo único que se me ocurrió decir. Mi esposa sabía perfectamente lo que hablar de hijos y del futuro con ella me provocaba. La imagen de mi Bella embarazada saltó a mi mente, toda hermosa y radiante, cargando el fruto de nuestro amor en su vientre. No sé de dónde sacaron las mujeres que los hombres no las encontramos atractivas durante el embarazo. Es un afrodisiaco increíble.

"OhOh! Niños y embarazadas presentes! Niños y embarazadas presentes!" – gritó Alice antes de que pudiera juntar mis labios con los de mi esposa.

No me quedó más que reír. Ya estaba acostumbrado a que me aguaran la fiesta.

Nuestra familia estuvo otro rato más, jugando con los niños y platicando antes de marcharse. Los enanos nos propusieron una noche de películas así como acostumbrábamos los sábados. Matt y yo nos dedicamos a mover los muebles necesarios en la sala para poder hacer una cama gigante que casi abarcaba todo el cuarto y llenamos el lugar de almohadas y cojines. Bella se había ido a preparar algo de botana y Liz se fue a alimentar a sus perros. Al poco rato, los cinco ya estábamos reunidos, con nuestras pijamas y explayados en nuestra cama improvisaba mientras los títulos introductorios de mi villano favorito aparecían en la pantalla.

Medio prestaba atención a la película ya que lo que más ganas tenía de hacer era ver a mi familia. Liz estaba a mi lado derecho abrazando a Hippo y moviendo sus ojos de acuerdo a las imágenes de la pantalla, con una sonrisa permanente en sus labios. Nate estaba sentadito en medio de Bella y yo, tratando de imitar el 'ruido irritante' de Agnes y recitando los diálogos al pie de la letra. No mentía cuando decía que era su película favorita.

Del otro lado de Bella, estaba Matt comiendo otra rebanada de pastel y casi sonriendo con los ojos. Él era mi mayor orgullo y la prueba más fehaciente que tenía que no importa las dificultades y las desventuras que van marcando nuestra vida, siempre podemos volver a ser felices y recuperar nuestra propia identidad. Nuestros padres eran recordados todos los días y él era el primero en pedir ir a verlos. Porque es bueno recordar de donde viniste, lo que tuviste que pasar, para llegar a lo que ahora eres. Y mi Matt seguía siendo el niño que mis padres educaron, incluso me atrevo a decir que más feliz.

Mi dulce y adorable Bella estaba recostada a mi lado, su mano acariciaba la espalda de Nate suavemente, su rostro reflejaba tranquilidad y alegría, sus labios estaban curvados ligeramente en esa sonrisa tan hermosa que tiene y sus ojos brillaban entre la tenue luz de la televisión mientras se enfocaban en los míos.

"No estás viendo la película." – me acusó entre susurros para no molestar a los niños.

"Tú tampoco" – me defendí.

"Porque tengo una vista mejor" – musitó quedamente.

"Yo también" – respondí en voz baja.

Mi mujer me sonrió y se acercó lo más que pudo a mí, sin aplastar a nuestro hijo de paso.

"Eres feliz?"

"Tú sabes que sí, mi amor" – le respondí – "No existe hombre más feliz en la faz de la tierra que yo. Tú eres feliz?"

"Como nunca pensé serlo." – contestó con sinceridad. – "Tenemos una hermosa familia, y te tengo a ti, el hombre que amo."

"Yo también te amo, Bella mía."

Acercamos nuestros rostros e inmediatamente nuestros labios se buscaron. No fue el beso más pasional ni el más duradero que hayamos compartido pero fue lleno de amor, de promesas, de esperanzas. Fue de Bella, y eso lo hacía alucinante.

Y así en la oscuridad de la noche, entre las risas de mis enanitos, abrazando al amor de mi existencia, podía decir que la vida no me podía bendecir más de lo que ya lo había hecho. Era un hombre afortunado y deseoso de disfrutar lo que tenía en mis manos.

Tal vez yo no sea dueño ni sabedor del mañana, no sabía si al siguiente día iba a reír de alegría o llorar de tristeza, pero tenía el presente. Y mi presente era perfecto.

Porque al final de cuentas, era todo lo que me importaba y era todo por lo que vivía.


MUCHAS GRACIAS! NOS VEMOS PRONTO SI LA VIDA ASÍ NOS LO PERMITE.

ANNIE. xxxx

UN REVIEW DE DESPEDIDA?