Capítulo III

Mientras Zelda permanecía furiosa en su habitación sin poder salir de ahí, afuera el rey Gustav ponía en jaque los deseos de su hija.

– Buenas tardes honorable rey – Irrumpió Ganandorf en la corte del rey escoltado por Nabooru que lucía muy sumisa. Gustav lo miro algo sorprendido. Sabía que el antiguo rey de Gerudo no era ningún quinceañero, pero esto definitivamente no se lo esperaba. Era un completo anciano. De hecho se veía más viejo y acabado que el mismo rey de Hyrule. Gustav se pregunto si a la edad del rey Ganandorf podría ser el esposo perfecto para la perfecta de su hija. – La reina Kimoro me dijo que quería que tomara la mano de su hija en matrimonio ¿comprende lo que eso significa?, los beneficios de esta unión las podremos disfrutar por generaciones ¿no piensa lo mismo?... – Gustav ya no se veía tan feliz por todo esto. Lo último que quería era que su hija enviudara, mas a su corta edad. Estar sola sin duda la amargaría – Pues le digo. Yo acepto encantado. La princesa Nabooru me ha hablado muchas veces de la princesa Zelda, de cómo es hermosa, caritativa y buena amiga. Esas son virtudes de una digna mujer –

-Pues vera… yo creo que…- El rey trataba de buscar alguna palabra que le ayudara a hacer cambiar de opinión al rey Gerudo. Definitivamente el era muy viejo al lado de su pequeña. Más que su marido parecía ser su abuelo

- Rey Gustav. Estoy consciente que en la antigüedad nuestros pueblos fueron enemigos, pero ahora es el momento de limar las asperezas del pasado ¿no cree?, ya no más sufrimiento ni humillación, además creo que es la manera más sana de curar las heridas hechas por mi antepasado Ganon –

- Antiguo rey Ganandorf… - Gustav lucía todavía más preocupado. Decir "antiguo" sin duda haría ver más vieja a su pequeña Zelda

- También se por Nabooru que la princesa Zelda no se quiere casar…-

- Lo mismo le iba a decir yo – le interrumpió apresuradamente Gustav. Eso sin duda era exactamente lo que quería decir para que el rey desistiera del compromiso – ella no se quiere casar. Usted no sabe lo que ella le hizo al pobre príncipe Kafei de Termina – dijo con una cara que expresaba tanta repulsión como la de Kafei aquel día.

- Si lo sé. Nabooru me lo mencionó ¿no le parece divertido? – Gustav quedo extrañado. Lo último que él pensó es que el antiguo rey Ganandorf se refiriera a aquel acontecimiento como "divertido". ¿Qué más podía hacer ahora? Se había dado su palabra a la reina Kimoro antes de conocer oficialmente al rey Ganandorf. Retractarse sin duda que sería muy malo para sus relaciones exteriores y más con las Gerudo

- Como le dije. Estoy consciente que su hija no se quiere casar, así que creo que sería correcto que ella se casara por las leyes de Gerudo –

- ¿Leyes de Gerudo? – el rey se veía curioso. Nunca había escuchado hablar sobre ellas

- Creo que son lo más convenientes para forzar un matrimonio – Eso era lo que el rey Gustav quería, casar a cualquier precio a su pequeña hija. No quería que ella conociera la desventura de vivir sola en el poder. Quizás esto no era tan malo después de todo. Solo tenía que procurar que el antiguo rey viviera lo suficiente para hacer feliz a su hija y cuando al fin el rey muriera la podría volver a casar con cualquier hombre bajo las leyes de gerudo. A Zelda se le podrían aplicar las leyes de gerudo por ser la viuda del rey Ganandorf. Podía casar a Zelda hasta con un sapo si se proponía, claro está. No haría tal cosa.

- Solo Falta fijar la fecha ¿No cree? – Nabooru resoplo resignada mientras al antiguo rey Ganandorf se le iluminaba la cara

- Por supuesto… creo que por el bien de ambos debemos celebrarla lo antes posible ¿Qué le parece? –

- ¡Estupendo! Si gusta podemos hacerla mañana mismo jajajajajaja – El rey Gustav se veía tan feliz. Aquel sentimiento que albergaba su corazón solamente era comparable cuando vio nacer a su pequeña Zeldita

-Uno, dos… ¡Tres! – Zelda corría sosteniendo con fuerza una de las patas de la mesita de su habitación y la golpeaba contra la puerta de su habitación

- Por favor princesa – decía Ametaru mientras veía caer a la princesa al suelo. Ella estaba roja, acalorada y con evidentes signos de no haber dormido toda la noche - Se va a hacer daño –

- ¡Calla! Romper la puerta es el trabajo más fácil. Difícil fue sacar la pata de la meza –

- Princesa… esto no es un ariete. Deténgase puede tener un accidente –

- No me voy a rendir. Mi padre no me va a dejar encerrada aquí ¿Qué cree que soy?... no me va a ganar, no, no, ¡No lo hará! – Ametaru se veía algo asustado. Zelda estaba totalmente desquiciada. Definitivamente la falta de sueño había hecho estragos en la princesa. Su cordura y su buen juicio habían desaparecido por completo – Uno, dos… ¡Tres! – Zelda volvió a correr, pero volvió a ocurrir lo mismo que las anteriores veces que lo había intentado, pero como una de sus virtudes era la perseverancia (en ese momento no se le podía considerar una virtud, mas bien, un defecto)

- ¿Princesa? – Era Nabooru que abrió la puerta. Se veía algo confundida por la imagen de Zelda en el suelo, acalorada y una pata de meza en su mano – Levántate – le dijo extendiendo su mano – No es bueno andar rompiendo puertas por ahí. Es peligroso, además ¿Qué te hizo la puerta? Ella no tiene la culpa –

- Muero…, pero de risa - dijo muy malhumorada. La verdad es que no estaba con ganas de escuchar las ironías de su amiga

- Pues… yo quería decirte algo importante – Nabooru se veía muy incómoda – Quería que supieras…. que hubiera deseado que las cosas no llegaran a este punto… te aseguro que nuestra amistad no tiene nada que ver con este… es solo que estoy obligada por ser quien soy. Quiero que eso te quede claro ¿Está bien? – Zelda no entendió muy bien de que iba todo eso. Nabooru hizo una reverencia y desapareció

- ¿Qué fue eso? No entendí palabra ¿Y tú? – le pregunto Zelda a Ametaru. Este solo asintió con aire triste. Sin duda el ya estaba enterado de todo. Un golpeteo los izo volver a la realidad

- ¿Princesa Zelda? – Una voz femenina les llamo de la puerta -¿podemos entrar? – Zelda no alcanzó a responder cuando varias gerudo aparecieron delante de ella vestidas con sus trajes ancestrales de color blanco. Zelda se veía tan emocionada. En su vida había visto tantas gerudos juntas. Hermanas feministas igual que ella. Se sentía como si estuviera en un sueño.

- Su majestad. Se por la princesa Nabooru su gran aprecio por nuestra cultura y forma de vida. El rey Gustav desea que le mostremos esto. Espero que usted esté interesada…–

- ¡Si! – Zelda estaba al borde de las lágrimas. Hablar con gerudos, vestir su ropa, compartir sus ideas sobre el feminismo. Sin duda solo pasaría en el mejor de sus sueños

- Por favor. Traigan la tarima – dijo la gerudo mientras al menos 7 mujeres entraban con baúles y con una tarima con ruedas que no dejo de sorprende a la princesa – Párese sobre ella Zelda se poso sobre una diminuta tarima donde cabían perfectamente sus pies. Le vamos a mostrar el vestido de ceremonias ¿le parece? Espero que sea de su agrado… sin duda se usa solamente una vez en la vida – dijo la gerudo sin poder ocultar su emoción. Desvistieron a Zelda que quedo en enaguas finas y delgadas.

– A medida que lo ponga le explicaremos todo lo que significa- las gerudo el pusieron una especie de red de oro alrededor de la cintura que tenía una forma cónica como si se tratara de una falda – Esto representa lo que la mujer protege. Su virginidad. Solamente será entregada al hombre que ama y cual ella desea. Por eso es de color dorado. Porque para la mujer no hay nada más importante que su femineidad que debe ser protegida a cualquier precio – Zelda se sentía extasiada. No podía creer que hasta la ropa tenía un significado tan superior para las gerudo. Le pusieron 3 de estas redes cónicas cada una más corta que la anterior. Zelda se sentía incomoda. Aquel armatoste era muy pesado y apenas se podía mover. Luego le pusieron una falda blanca muy gruesa y larga que cubría la red dorada. Con lo que le quedaba de vestido lo juntaron todo y lo amarraron con cintas de color blanco en una enorme adorno que asemejaba a la flor blanca "diente de león" Zelda quedo maravillada con la experticia de las gerudos, luego le pusieron una especie de pollera de cuello bote muy ajustada con mangas largas de color blanco que empezaron a ajustar a la cintura con unas delgadas cintas de rojas – Las cintas rojas representan el valor de nuestra sangre gerudo que debe ser mostrada al mundo. Es un gran honor princesa, así que no se avergüence –

-Claro que no. Yo jamás me avergonzaría de algo como esto – La gerudo asintió

- No sabe cómo me alegra escuchar esto. Hoy en día muy pocas mujeres gustan de estos ritos tan antiguos… los encuentran retrogradas – Cuando habían cubierto totalmente su cintura amarraron sus manos con las mismas y sobre ellas le hicieron una norme flor roja. Zelda seguía maravillada por eso. La flor parecía reposar con suavidad entre sus manos. Era perfecto. Sublime. Por último cubrieron su cabello con un velo blanco que era afirmado por una tiara con una enorme gema roja – La tiara es para que no se mueva el velo y la gema es representativa de las gerudo. Hermoso ¿no cree? Zelda asintió

- Como me gustaría que aquí en Hyrule hubieran ritos de este tipo – Para ese momento Zelda ya no se podía mover. Deseaba sentarse, pero no podía a causa del incomoda falda ni tampoco caminar por el rosetón en sus pies, pero todo lo valía por ver aquel vestido y vivir tan de cerca la cultura de las gerudo.

- Ahora viene lo más importante – Dijo la gerudo sin ocultar su emoción. Le mostro a Zelda un cofre de madera aromática que contenía la mitad de una especie de mascara de color dorado. Donde aparecía dibujada una sonrisa perfecta – Esta mascara la ocupan las novias ¿No le parece hermosa? –

- ¿Novia? – esa palabra le puso los de punta. Todo que tuviera por consecuencia "Matrimonio" (o como ella misma decía "Matrisidio") le asustaba

- heee Si… lindo – trato de no sonar tan falsa. Definitivamente no quería herir a las gerudos que tan cortésmente le había permitido vestir aquel traje.

- Póngaselo – Zelda sintió como un escalofrío recorría su cuerpo – Vamos ¿Tanto miedo tiene? Recuerde. Usted es una princesa. Puede tener miedo, pero jamás demostrarlo – Zelda asintió. Claro. Ella no podía darse el lujo de aparentar miedo. Solo asintió para que le pusieran la máscara, ya que por estar amarrada y tener esa flor de cintas en sus manos le era imposible hacerlo. La máscara se ajustaba con cintas de color blanco que la gerudo amarro con fuerza para que no se moviera. Zelda se percato de que no podía hablar con esa mascara. Era como si el sonido se ahogara en el metal, así que solamente se escuchaba un - mmmm…mmmm – (Traducción: sáquenmela… sáquenmela)

NA: Me tome la libertad de explicar cada "m" que aparece en el texto a continuación, de lo contrario no se va a entender con claridad el drama de nuestra querida princesa. Espero que les agrade

- Esto significa que cada palabra que diga la mujer vale oro. Cosa que en esta ciudad no se valora, pero sin duda princesa es la novia más hermosa que he visto en mi vida. Las jóvenes gerudo no visten tan bien el vestido de bodas. Estoy segura que usted hará muy feliz al antiguo rey Ganandorf -

- ¡¿mmmmmmmmmmmm? ¡Mmmmm! – (¿vestido de bodas?, ¡nooooooo!) – Zelda comenzó a llorar. No podía creer que esto le estuviera pasando a ella y más de la forma en la cual fue engañada. Esto sin duda había sido planeado premeditadamente y tenía todas las señas de que este plan era obra de su padre, pero aun así no la lograría casar con nadie, aunque en ese momento se veía algo imposible. Ahora todo parecía tener sentido. La orden "amo", la extraña actitud de Nabooru, su padre, Impar y Ametaru. Esto sin duda era una confabulación en su contra, pero ahora no le iba a preocupar eso. Tenía que hacer algo para salir de esta situación airosa, o en parte.

- Bien. Llévense a la princesa. El rey Ganandorf espera a su futura esposa –

- ¿¡mmm! – (Que!)

- Amacuoru. Amoncuoru. Movili – dijo la gerudo moviendo sus manos serpenteantes y la tarima en la cual estaba parada Zelda se movió gracias a las ruedas. Zelda trataba de saltar para salir de ahí, pero no podía – Sostengan a la princesa. No queremos que llegue rodando al salón de la ceremonia o herida en el peor de los casos – Zelda soltaba lágrimas de impotencia. ¿Cómo fue capaz su padre de urdir un plan tan malvado? Esto no hacía otra cosa que afirmar sus sospechas. Su padre lo único que quería era deshacerse de ella. Parecía que vivir por estos 17 años con ella había sido suficiente y no quería pasar ni un solo día más con ella.

Gracias a los poderes de las gerudos con su magia podían bajar sin problemas a la princesa Zelda que permanecía erguida en contra de su voluntad. Todos aquellos que le veían se quedaban sorprendidos y hacían una reverencia, pero a ninguno de ellos parecía importar mucho que la princesa estuviera ene sus condiciones. Sin duda su padre también había advertido a los invitados para que no hicieran nada para salvarle en el caso que lo pidiera. Todo eso no hacía otra cosa más que ponerla triste. Cuando al fin llegaron a la sala de la corte del rey Zelda solo bajo la cabeza. Al fin y al cabo no había podido hacer algo al respecto. La corte estaba vacía. Todavía los invitados llegaban. Zelda pasó a la habitación que se ocultaba tras la silla del trono. Ahí la dejaron sola las gerudo, que confiadas en que no podría escapar de ninguna manera. Zelda se lamento todavía más por su suerte, pero en ese momento paraesio Ametaru en la habitación

-¡mmmm! – (Ametaru!)

- Princesa. Sin duda yo no puedo hacer nada porque aun estoy bajo la orden de "amo", pero estoy segura que ella puede hacer algo al respecto – Nabooru apareció delante de ellos

- ¿mmmm? – (Nabooru)

- Mis disculpas Zelda, pero… debes comprender mi situación, pero aun así… aun así. Te voy a ayudar – Nabooru se aproximo a ella y le soltó la máscara. No podía quitarla por completo. Había sobre ella un hechizo – Es lo mejor que puedo hacer por ti ¿puedes hablar? –

- Si… gracias – Zelda estaba todavía triste. Aun le dolía la traición de Nabooru, pero ahora no se podía molestar. Ya habría tiempo para eso

- Te voy a desatar los pies. Lo demás lo tienes que hacer sola. Si se enteran de lo que hice me van a matar –

- ¿Matar? –

- Si… esto es traición. Estoy negándome a los deseos de la reina y del antiguo rey que es mi abuelo – Zelda supo entonces que su amiga se arriesgaba más de lo que ella imaginaba. Sintió vergüenza por lo que había dicho antes. Sin duda Nabooru era una amiga leal. Nabooru desataba lo más rápido posible el rosetón de sus pies cuando lo hubo hecho se tuvo que marchar – Ametaru. Lleva a la princesa a un lugar seguro. Es la única forma de que se zafe de este compromiso – Nabooru salió por la entrada principal. Ametaru a su vez llevo a la princesa por la entrada secreta, pero debido al aparatoso traje caminaba lentamente. Caminaban mirando en cada esquina en la cual se detenían. De pronto Ametaru se detuvo. Se escuchaban las voces de alguien que se aproximaba, al igual que de su retaguardia. Los iban a descubrir. Él solo resoplo y abrió la puerta que se encontraba y dijo – No sabe como lo siento –

- ¿Qué quieres decir coooooooooooooo….? – Ametaru tiro a Zelda por la puerta con mucha rapidez y fuerza, pero al menos ella no estaría en un lugar tan expuesto. Solo esperaba que no hubiera nadie en esa habitación y que la princesa se encontrara sana y salva. Ametaru salto al techo y se quedo ahí un buen rato para cerciorarse que nadie viniera.

Zelda cayó al suelo, pero gracias a ese horripilante traje de novia no alcanzó a hacerse daño, pero estuvo a solo centímetros de azotara su hermoso rostro con las baldosas azules del piso. Dio gracias a la divina trifuerza de que nadie la había visto, pero se había equivocado. Una risa burlesca, molesta, estridente e inapropiada lleno la habitación. Zelda levantó la vista y se puso roja hasta las orejas. Era un joven de algunos 20 años. Rubio, orejas puntiagudas y vestido con el traje típico de las provincias del sur de hyrule (NA: ya todos saben quienes no? xD)

- Que….jajajaja ridículo jajajaja- dijo apretándose el estomago

- ¿Cómo te atreves? ¿Y te haces llamar un caballero? – Zelda trataba de ponerse de pie, pero solamente lograba saltar como pez fuera del agua. Cosa que no hizo más que aumentar la risa del joven - ¡Para de reírte!, ¡Eres un animal! – Esas palabras le quitaron de inmediato la sonrisa al joven, el cual la miro con sus penetrantes ojos azules

- Perdóname, pero no es mi culpa. Es tuya. Pareces piñata de carnaval. Si quieres ganarte el respeto de alguien vístete de forma decente... - ¿Cómo se atrevía a decir algo como eso? ¿Acaso creía que ella se vestía de esa forma por gusto? Pensó la princesa - Si vas así por la calle el único respeto que te ganaras será de un bufón, aunque con tu traje podrías ser la reina de ellos – El joven le ofreció la mano para ayudar a levantar a la princesa. Ella en otras circunstancias no la habría aceptado, pero definitivamente su orgullo podía ser herido si con eso lograba escapar. Él la levantó algo sorprendido. Definitivamente era más pesada de lo que el imaginaba -¿de verdad eres mujer? –

- ¿De qué estás hablando? –

- Si. Es que pesas demasiado para ser una mujer. Deberías ponerte a dieta ¿no crees? –

- ¡Eres un maldito! – Zelda trato de asentarle un golpe, pero sus manas estaban todavía atadas y no las podía mover libremente – Link trataba de desatarla, pero los movimientos de Zelda se lo impedían. Ella tan solo quería quedar libre para darle una paliza. Definitivamente ese idiota le había hecho salir de sus casillas.

- Quédate quieta. ¿Quieres que te suelte? – ella no se quedaba quieta y al final. Como era de esperarse. Se cayó una vez más, pero esta vez fue todavía más patética. Gracias a la forma de su vestido cónico solio rodando, a lo cual Link no pudo evitar partirse de la risa

- Eres un mal nacido, rata campesina… – Link se molesto con su comentario

- Esta bien niña piñata. Tú verás cómo te las arreglas para salir de aquí – Link la dejo sola y Zelda no le iba a pedir disculpas o detener para que le ayudara. Sin duda su orgullo estaba muy herido y ardía de furia a medida que él se aproximaba a la puerta. Ella era la princesa de Hyrule. No se humillaría de esta forma. Link salió mientras Zelda continuaba tratando de levantarse, pero no hacía otra cosa que dar saltos como pez fuera del agua. Sin duda esto era muy patético. Zelda comenzó a llorar amargamente, pero no por tristeza, sino de ira. En su vida había sido humillada de esta forma ¿Cómo se atrevió a hacerle esto ese maldito pueblerino?, ¿acaso no le habían enseñado nada? Esto no hacía otra cosa que corroborar sus tesis de que los hombres no eran más que unas bestias sin modales y con cero tacto, pero algún día se vengaría de ese campesino sin educación. Le haría la vida miserable y desdichada.

Cuando Link salió volvió a reírse sin tapujos llamando la atención de los que le veían. Tanto así que creyeron que estaba enfermo, porque apenas si podía respirar a causa de su risa. El consejero real apareció por el pasillo y se veía muy abrumado. Link al verle se puso muy serio he izo una reverencia ante el.

-Buenos días mi señor Robert – Link parecía muy educado

- Link… valla. Hoy no es el día para ver al rey – le dijo el consejero con un tono algo ofuscado

- Lo sé. He venido por el asunto de la celebración – Robert arqueo una ceja incrédulo

- Usted sabe que todos los preparativos de esta boda ha sido algo apresurada, así que pido que disculpe mis atavíos –

- Estoy consciente de eso. Solo tenias que venir con los trajes típicos, así que no te acomplejes Link – el consejero y Link comenzaron a caminar juntos a la corte mientras Link veía como Robert se veía que pensaba en mil cosas al mismo tiempo, asi que pensó que hablarle sobre el encuentro con la niña piñata seria un hecho digno de ser narrado y quizás así quitaba esa cara de pocos amigos que tenia.

- Me he divertido mucho con la sorpresa… la niña vestida de piñata – Robert se quedo algo sorprendido – Si se veía muy ridícula. No se podía ni mover. De hecho se cayó y era incapaz de ponerse de pie y lo único que hacía era gritar como una niña. Considero que es gracioso, pero se les paso un poco. Pobre chica. Se veía muy humillada, como si eso realmente fuera algo muy vergonzoso –

- Te equivocas Link. No hemos hecho ningún tipo de preparativo como eso, al contrario. La princesa nos mataría si hiciéramos tal cosa con una chica. Defiende mucho a los principios de una mujer, al igual que sus derechos… llega a ser una extremista cuando se trata de eso –

- Si… ya lo había escuchado… fue la comidilla de la corte. Pobre príncipe Kafei –

- No menciones tal cosa Link. Si el rey te oye ya sabes lo que ocurrirá –

- Mis disculpas consejero…. – Link se detuvo a pensar un momento en la chica que había visto antes y quedo paralizado - Pero…si lo que usted dice es verdad… quiere decir… que la niña necesitaba ayuda… he sido un estúpido – Link se dio media vuelta y volvió a la habitación, pero era seguido por Robert y con muy poca delicadeza abrió la puerta donde estaba la princesa Zelda. Ella estaba mordiendo listones en sus manos. La verdad estaba muy desesperada. Al verlo la princesa se puso a la defensiva

- Señorita – Link se acerco a ella y sacando su cuchillo para cortar sus listones cuando le vio Robert

- ¡Princesa Zelda! – dijo con gran estupor Robert. Link no comprendía muy bien – princesa Zelda usted debe estar en la cámara tras el trono –

- ¿Princesa? –

- Es una orden. Sáquenme de aquí – le grito Zelda

- Lo siento. Aun esta rigiéndose por la ley "amo". No seguimos ordenes suyas de ningún tipo. Mis disculpas. Link. Toma a la princesa por favor –

- Link le tendió la mano y la levantó sin decir ningún comentario sobre el peso o algo por el estilo. Estaba demasiado preocupado por su suerte. Se había burlado de la princesa Zelda en su cara –

- ¡Maldita rata! – le grito Zelda con todas sus fuerzas tratando de zafarse de los brazos de Link que la tomaban con fuerza

- No permitas que se valla. Ella debe cumplir la promesa de su padre. Se le ha dado la mano de la princesa al antiguo rey de Gerudo –

- ¿El antiguo rey de gerudo?, ¿ese vejestorio? – Link no ocultaba para nada su sorpresa y su desagrado. Como si eso fuera algo terrible, pero aquella impresión desapareció rápidamente

- Lo siento princesa Zelda. Esto no tiene nada que ver conmigo o con usted, pero como el consejero dijo. Usted está bajo la ley "amo". No la voy a soltar a menos que el rey. Nuestro "amo" nos lo ordene –

- ¿Eres un cortesano? – dijo sin ocultar su sorpresa. Link solo le miro sonrientemente

- Link te la dejo a tu cuidado. No permitas que ella se escape ¿está bien? – Link asintió mientras el consejero

- Sin duda eres un malnacido… todo lo haces para quedar bien con el rey ¿no? ¿Sabes? Me están obligando a casarme –

- A mi no me importa eso. Es asunto de reyes. Yo tengo mis propios problemas como para hacer mío los tuyos -

- Te vas a arrepentir algún día. Voy a hacer tu vida miserable – Link soltó una risa irónica

- ¿De verdad crees eso? Yo lo dudo. No tendrás mucho tiempo luego de casarte con Ganandorf. Supongo que tendrás que darle la comida en la boca –

- ¡Eso jamás! –

- ¿De verdad?... pues creo que no pasara mucho tiempo antes de que eso pase – los guardias del castillo aparecieron y tomaron a la princesa Zelda. Ella se veía furiosa, pero su traslado no represento mucho trabajo gracias a las amarras con los lasos y a la poca movilidad que tenia, pero lo que no podían darle atajo era a la boca de la princesa Zelda, la cual no paraba de gritar

- ¡MALDITA RATA DE CAMPO. VOY A HACER TU VIDA MISERABLE. DESEARAS NO HABER NACIDO! – Link no se sintió para nada preocupado por la amenaza de la princesa. Estaba bajo la ley "amo", así que no importaba mucho lo ella dijera. El rey le iba a proteger de los arrebatos de su hija

Zelda se veía muy correctamente vestida. Al parecer las gerudos habían gastado mucho tiempo y energía para dejarla lista para la boda. En la corte del rey estaban los cortesanos de los distritos de hyrule, más los terratenientes más importantes de todo el reino. Zelda permanecía muy quieta justo frente al trono del rey y la reina de Hyrule. Ella no paraba de llorar de furia, pero no sabía a qué atenerse, pero parecía que estaba atrapada. Y tal como lo había dicho Link. Ganandorf era un vejestorio. Sin duda tendría que darle de comer y hasta quizás cambiarle pañales algún día, si es que ya los usaba. El caminaba con pasos fuertes y seguros hacia Zelda, la cual no quería ni mirar hacia atrás. Sin duda este era el fin de su movimiento "MD". Ganandorf se puso a su lado y tomo ambas manos de Zelda y la hizo caminar un paso para luego decir con fuerza

-Solicito la presencia del rey de Hyrule. Yo. Ganandorf el antiguo rey de Hyrule solicito pedir por favor que nos de la bendición. Su hija y yo ya hemos concertado nuestro vínculo. Solo falta su bendición – De las cortinas tras el trono apareció el rey Gustav vestido con sus mejores ropas. Ganandorf se arrodillo delante del rey – Con la mayor humildad pido por favor que me conceda el placer de hacer feliz a su hija por el resto de su vida. Denos su bendición – Gustav se aproximo a ambos y le quito la mano de Zelda a Ganandorf.

- Adoro a mi hija… no podría dejarla ir con alguien como usted… no sé si es de verdad alguien digno de ella – Zelda se emocionó hasta las lagrimas. Su padre había recapacitado. Ya no la obligaría a casarse con alguien como el antiguo rey de Hyrule. Zelda estaba tan feliz que se abalanzo a los brazos de su padre. Trataba de hablar para agradecerle que hubiera desistido de su estúpida idea, pero lo único que lograba salir eran "emes". Su padre la abrazo con fuerza y con lágrimas en sus ojos dijo.

- Veo… que mi hija le ama con todo su corazón – Zelda abrió los ojos de par en par. Claro que no le amaba. Era una locura ¿en qué cosa estaba pensado su padre? Esto tenía que ser una broma de muy mal gusto – Si mi adorada hija le ama y lo ha escogido como el hombre con el cual ha de pasar el resto de lo que le quede de vida…. Yo… no me puedo oponer – El rey Gustav comenzó a gimotear como un niño pequeño y dijo al fin - ¡Les doy mi bendición! – Zelda quedo paralizada. Ganandorf abrazó a su nuevo hijo y luego beso a Zelda que no lograba salir de su conmoción. Se escucharon unos vítores de alegría y se desato la fiesta. Zelda todavía seguía paralizada. Esto tenía que ser una pesadilla… pero el problema es que no podía despertar.