Escribir este fic ha sido un completo reto para mí xD

Llevo dos días en él y por fin lo he acabado.

Es mi primer Caspian/Lucy/Edmund y debo admitir que ha sido muy divertido escribirlo.

Espero que vosotros lo disfrutéis tanto como yo.

Saludos & Abrazos.


Baile

Los bailes de las celebraciones en el palacio de los Cuatro Reyes eran famosos por la elegancia que transmitían las parejas, el salón decorado hermosamente y un banquete exquisito complementaban los acontecimientos que normalmente era Susan quien organizaba para tener contacto con todos los reinos vecinos.

Susan registró el salón al que empezaban a llegar los invitados y encontró tanto a Edmund como a Peter en la entrada, saludando a los monarcas de los otros reinos. Sin embargo, no halló a Lucy. Suspiró resignada, seguramente aún se estaba peleando con su armario. Necesitaba avisarla de que debía bajar ya pero ella no podía ir, tenía que darles las indicaciones a los encargados de servir los alimentos.

- Edmund – llamó a su hermano menor y al hacerlo, los dos Reyes se viraron hacia ella.

- ¿Qué pasa, Su? – Preguntó El Justo arqueando una ceja.- ¿Estoy haciendo algo mal? – el tono de broma se adivinaba en sus labios.

-Muy gracioso, Ed, pero no te preocupes aparte de los últimos centauros que han entrado con cara de susto no ha habido ningún percance relacionado con tu recibimiento – le dio un leve golpe en el pecho y los tres rieron.- Te iba a pedir que fueras a buscar a Lucy.

- ¿A Lucy? ¿No debería estar ya por aquí? – preguntó Peter.

- Sí, pero esta mañana se cogió una rabieta veinteañera y se estaba peleando con su armario – soltó un suspiro, su hermana estaba en los días del mes y le habían venido muy malos esa vez.

- De acuerdo, voy a buscarla pero si muero en el intento mi fantasma te perseguirá toda la vida, Su – dijo divertido mientras se alejaba por el pasillo que llevaba hacia las habitaciones de los Cuatro Reyes.

- ¿Está Lu en esos días complicados, Susan? – preguntó Peter cuando Edmund se hubo alejado.

- Entre eso y el conflicto emocional que tiene dentro de ella la pobre es normal que haya explotado esta mañana – comentó, saludando a una pareja de castores que iban entrando.

- ¿Conflicto emocional? ¿Lucy está enamorada? – Los celos se avivaron en la voz del mayor de los Pevensie, que miró a Susan pidiendo una respuesta clara y concisa.- ¿O es que tiene a algún patán que no la merece detrás de ella acosándola? – mientras decía esto último, la mano del monarca se ciñó a la empuñadura de la espada de Aslan.

- Es posible que ambas cosas, aunque que yo sepa Ed no la está acosando… - se le escapó a la mayor de las Hijas de Eva que enseguida se tapó la boca ante su error.

Una sonrisa zorruna asomó en los labios de Peter que atrajo a su hermana por la cintura hasta pegarla a su cuerpo y, a escasos centímetros de su rostro, le dijo:

- Mi Reina, tú y yo tenemos que hablar seriamente.

Susan se estremeció.

Una vez que llegó a la puerta de la habitación de su hermana pequeña, Edmund dudó de si debía tocar o entrar directamente como solía hacer siempre, entonces por retar el mal genio de Lucy decidió no tocar e irrumpir en la intimidad de la Reina sin ningún tipo de remordimiento.

Ella se giró sobresaltada cuando la puerta se abrió.

- Ed… - la voz se ahogó en su garganta mientras se daba la vuelta y el vestido que llevaba susurraba con ella.

- Lu, Susan te está llamando – las palabras salieron de su garganta por obligación, pues la visión de la hermosa mujer de veinte años que tenía delante le había arrebatado la mente y el aire de los pulmones.

Parecía que las horas de pelea con el armario habían dado su fruto, Lucy vestía un hermoso vestido rojo de terciopelo brillante que se pegaba a todas sus curvas como una segunda piel, llevaba unas zapatillas planas del mismo color y material y su largo cabello se encontraba suelto y decorado con una lluvia de perlas.

- Oh, ¿tan tarde es? – volvió a echarse una última mirada en el espejo y cuando se viró se encontró con que su hermano se había pegado demasiado a ella, acorralándola contra la pared.- ¿Ed?

- Lucy, ¿puedo saber qué demonios pretendes al vestirte así? – la voz salió ronca de su garganta, en su interior bullía algo que hasta ahora no había salido a la luz con tanta fuerza, la posesión.

- Ehm… Esto… ¿Estar presentable para el acontecimiento de hoy? – aventuró con voz inocente, intimidada ante el fuego que podía leer sin mucho esfuerzo en los ojos oscuros de su hermano.

- Hoy lo voy a pasar mal – murmuró contra la piel del cuello de ella, apretando con fuerza los puños y hundiendo su cabeza entre el suave cabello.

- ¿Qué? ¿Es que no te gusta, Ed? – le preguntó entristecida, acariciando los rebeldes rizos negros de su cabellera.

Edmund se separó de ella y Lucy notó que sus labios estaban a escasos centímetros, aquellas prohibidas sensaciones volvieron a revolucionar su interior y La Valiente se obligó a pensar en otra cosa.

- Me gusta demasiado, Lucy, y eres bastante consciente de ello – la acusó, ella se encogió ligeramente de hombros con una sonrisa nerviosa.

Amaba retar a su hermano.

- No sé de qué me hablas, Ed – se escurrió de entre sus brazos y se acercó a la puerta.- Su y Pete nos esperan, de manera que será mejor no hacerlos esperar… ¿No crees? Pete tiene muy mal genio a veces.

- Ya, sobre todo si no estás dentro de su campo de visión al menos algunas horas al día – le dedicó una sonrisa burlona.- Te estará cuidando durante el baile no lo olvides – se colocó al lado de ella y cerró con cuidado la puerta del cuarto de la menor de los Pevensie.

- Y por lo que veo no será el único, ¿cierto?

- Hay que ver qué bien lo sabes – le cogió un mechón y se acercó al hermoso rostro.- Eres mía, Lucy, y lo sabes.

- Pero el resto de Narnia no – la sonrisa que Edmund vio en el rostro de su querida hermana pequeña parecía un reflejo de la de él segundos antes, como se notaba que después de todo tenían la misma sangre.- Vamos, Ed, querido hermano – lo dijo con tal sarcasmo que lo hizo reír.

Se quedó un poco atrás mientras ella caminaba, observando la espalda de aquella que antaño había sido la pequeña Lucy, la favorita de Aslan.

¿Quién le iba a decir que años más tarde estaría loco por ella, por su propia hermana? ¿Quién le iba a decir que no podría vivir sin verla todos los días, que necesitaba de su presencia, que le alegraba los días oscuros con tan solo una sonrisa, que revolucionaba su cabeza y su corazón al tocarle, que pasaría horas discutiendo con ella por no querer que fuera a la batalla, que después de las mismas su hermana sería quien le esperaba con el rostro empañado en lágrimas y los brazos abiertos? ¿Quién se lo iba a decir?

Comenzó a andar más deprisa hasta que la alcanzó y agarrándola de la muñeca la detuvo para luego pasarle un brazo por la cintura.

Allí, en Narnia, ellos podían hacer ese tipo de cosas pues todos eran conscientes de lo mucho que se querían entre sí los cuatro hermanos y no estaba mal visto, claro que en opinión de Edmund los narnianos eran muy inocentes e ingenuos.

Mientras en la entrada al salón del acontecimiento, una sonrisa zorruna y cargada de maldad se había instalado en el rostro de Peter después de haberle sonsacado todo a Susan haciendo uso de sus tan persuasivos métodos, la vio sonrojarse cuando pasó por delante de él y mirarle indignada pero él sabía que no era así, que solo era apariencia. Le lanzó un beso y ella le respondió tirándole una servilleta, rieron.

- Hola, Peter, cuánto tiempo – aquella voz tan conocida sonó detrás de él.

Peter El Magnífico no se lo podía creer, ¡aquella velada iba a ser muy divertida!

- ¡Caspian, viejo amigo! – Los dos hombres estrecharon las manos y se abrazaron, palmeándose las espaldas.- ¿Cómo estás? Hacía tiempo que no venías a visitarnos.

- Lo siento, he estado viajando durante mucho tiempo conociendo a las personas que tenían amistad con mi padre pero entonces recibí la invitación y decidí venir – se encogió de hombros con una sonrisa caminando hacia el interior del salón.

Peter sonrió, en Narnia reinaba la paz y gran parte de ese logro era gracias al quinto Rey de Narnia, Caspian X que había dado todo lo que tenía y mucho más por salvaguardarla.

Se encontraban hablando e intercambiando información de las distintas partes del país cuando sonó una trompeta y los dos se giraron junto con todo el salón.

- ¡Se presentan el Rey Edmund El Justo y la Reina Lucy La Valiente! – anunció Reepeecheep con elegancia mientras les hacía una reverencia que ellos correspondían.

Luego los dos Reyes se giraron hacia el salón y repitieron la reverencia, solo una persona no se inclinó ante Edmund y Lucy, Caspian, quien se había quedado anonadado con la belleza de la mujer que iba tomada del brazo de su hermano.

Peter observó satisfecho y con un deje de satisfacción ese hecho, iba a torturar a su hermano Edmund, pensaba vengarse por todas las veces que había perdido al ajedrez, empezando por la partida de aquella mañana. Pero también torturaría a Caspian, no pensaba dejarle a su querida hermana Lucy a aquellos dos mientras estuvieran juntos en Cair Paravel.

- No puede ser… ¡Caspian! – El grito de Lucy lo sacó de sus planes malvados y alcanzó a ver como soltaba a Edmund del brazo y se lanzaba a abrazar a Caspian, que la recibió aún sin recuperarse de la impresión.- ¡Cuánto me alegro de verte, hace realmente mucho tiempo! – dijo, besando las dos mejillas del chico cuyo sonrojo fue mucho más que evidente, Edmund chasqueó la lengua enfadado.

- Majestad – hizo una reverencia que Lucy interrumpió agarrándole de los hombros y dedicándole una dulce sonrisa.

- Solo Lucy, Caspian, como ha sido siempre – le dijo.

Entonces, con una leve inclinación Lucy se despidió de los tres Reyes y fue corriendo hacia Susan cuando la localizó y al llegar a ella notó que expulsaba felicidad por los cuatro costados.

- ¿Su? – la llamó, la hermosa Reina se giró y sonrió aún más al ver a su hermana pequeña.

- ¡Lu, por fin! – La abrazó y le pasó el brazo por los hombros.- Ven, tengo que presentarte a algunos nobles que no han dejado de preguntar por ti – Lucy palideció al instante.

- No, no, Su, por favor – le rogó.

- Lo siento, Lucy, pero tienes que sacrificarte por el bien del reino – le dedicó una sonrisa en disculpa y Lucy dejó caer los hombros con aire resignado.- Además, no creo que debas preocuparte – esta vez, la sonrisa era de pura picardía.

Lucy se quedó mirando a su hermana y el sonrojo pintó cada una de sus mejillas.

- Estoy segura de que Caspian, Peter y Edmund estarán encantados de rescatarte si las cosas se ponen feas.

- Peter lo entiendo, sus celos de hermano pueden llegar a resultar muy útiles y Ed pues… - el sonrojo en sus mejillas se incrementó.- Pero, ¿Caspian?

- Oh, vamos, hermanita – la voz divertida de su hermana junto con la ceja ligeramente alzada provocaron que Lucy se estremeciera.

Peter las observó alejarse hacia un grupo de jóvenes nobles que estaban cerca de la ventana que daba a la playa, una mueca de disgusto se pintó en su cara cuando Susan les presentaba a Lucy a aquellos desgraciados, se permitió el lujo de apartar la mirada hacia Edmund que tenía los puños cerrados y miraba asqueado como los jóvenes besaban la mano de su adorada hermana con veneración.

- Lucy ha cambiado mucho, ¿verdad? – inquirió mirando al grupo con recelo.

- Ha crecido – casi escupió Edmund, mirándolo amenazante.

Peter sonrió nervioso, esperaba que aquella noche no se le fuera de las manos o sino Lucy y Susan se encargarían de matarle.

Una vez en el salón, la fiesta comenzó. Muchos narnianos bailaban y otro tanto reía en las mesas que les habían asignado, él intentaba ser cortés con los amigos y sobretodo amigas de los Cuatro Reyes que se acercaban a él para conocerlo o en su opinión atosigarlo, vio con desagrado y molestia que Lucy estaba rodeada de un grupo de hombres con los que hablaba animadamente. Entre esos hombres se encontraba uno que ya le habían presentado, Heriberto, quien al ver a Lucy había ido directamente hacia ella.

- Y, ¿estás comprometido, Caspian? – preguntó una de las mujeres cuyo nombre no era capaz de recordar, cuando Peter se la presentó él estaba atento a los tentadores movimientos del cuerpo de Lucy.

- Algo así – cuando vio por encima de la cabeza de aquella mujer como Heriberto cogía la mano de Lucy sintió los celos hervir dentro de él.- Si me disculpáis – hizo una leve inclinación como despedida y fue hasta donde estaban Lucy y los demás.- Querida – la llamó cuando llegó hasta ella, Lucy subió los ojos y un brillo de agradecimiento le indicó que se acercara más.- ¿Vamos a bailar? – le ofreció la mano y ella saltó del asiento, aunque lo disimuló con una elegante inclinación para disculparse con los demás hombres.

- Si me disculpáis, caballeros – había dicho, antes de colocar su mano suavemente sobre la masculina.- Caspian, te estaba esperando, ¿dónde te habías metido? – disimuló ella, con una suave sonrisa que aunque tuviera fingidas intenciones le arrancó el aliento.

- Lo siento, me estaban entreteniendo – una mueca de desagrado verdadera se dibujó en su cara, ella rió.

Colocó las manos en la cintura de Lucy y la acercó a la propia para que ella pusiera una mano sobre su hombro y bailaran pegados. Entonces Caspian pudo confirmar lo que llevaba pensando desde que la había visto bajar por las escaleras de forma tan majestuosa, las curvas de Lucy se habían acentuado pues ya no era una niña y sentía perfectamente los senos de la muchacha en su propio pecho, se sonrojó y se vio obligado a apartar la vista hacia el frente, donde Edmund le estaba lanzando una mirada asesina y Peter los observaba a ambos divertido, decidió que mirar las pecas de Lucy era más agradable.

- ¿Tienes la mano herida? – las palmas estaban juntas y los dedos entrelazados y sentía la venda que Caspian llevaba en la mano derecha.

- Sí, un minotauro descontrolado en las islas del sur – una sonrisa torcida se instaló en su rostro.

- Tienes que contarme todas tus aventuras, Caspian, Peter dice que has viajado mucho.

- Cuando quieras, mi Reina – aceptó, haciéndola sonrojar.

- ¿Y tu mano progresa bien? ¿Ya estás curado? – preguntó para desviar el tema y olvidarse del calor de sus mejillas.

- Va progresando – admitió, aunque ya casi no la sentía.

Ella estrechó con suavidad la mano herida y le dio un beso en cada uno de los heridos nudillos. Al sentir el contacto de los labios de Lucy se estremeció ante las miles de cosquillas que le subieron por la mano hasta el codo.

Pero entonces la música se volvió más animada y las parejas empezaron a rotar, Lucy sintió como agarraban su mano derecha y la atraían hacia otro cuerpo masculino, cuando se recuperó del aturdimiento reconoció el aroma que se colaba por sus fosas nasales y miró los negros ojos de su hermano mayor.

- Te la quito un rato, Caspian – le dijo Edmund, con una sonrisa en los labios, Caspian le respondió con un ligero asentimiento de cabeza.

- Eso ha sido descortés por tu parte, Edmund El Justo – le dijo su hermana con una sonrisa pícara pintada en la cara.

- Habéis bailado juntos toda una pieza, yo también quería bailar contigo, Lucy, con mi adorada hermana menor – le devolvió la sonrisa y Lucy descansó la cabeza sobre el pecho de él.

- No recordaba que bailaras tan bien – comentó ella, cediendo a los agarres posesivos que él ejercía sobre su cintura.

- Desde aquel desastroso baile en mi último cumpleaños me he obligado a aprender – respondió, haciendo que diera una vuelta sobre sí misma provocando que el vestido ondeara y sus hermosas piernas quedaran más a la vista, tragó saliva.

- Traduciendo, Susan te obligó a dejar que te enseñara, ¿verdad? Es una mujer terrible – rió aún más y él se deleitó con el hermoso sonido.

- Sí, lo es.

- Ya sabemos de quién has heredado esos genes.

- Eso ha sido cruel por tu parte – hundió su cabeza en el cuello femenino, le encantaba hacer eso y poder aspirar su aroma a la vez que tocaba su piel.- Lucy – ella notó como su cuerpo se tensaba ante el aliento de Edmund sobre la piel de su cuello.

- ¿Si, Ed? – respondió, ahogando un gemido de placer provocado por los escalofríos que su hermano le causaba a conciencia, deberían haberle llamado Edmund El Cruel.

- ¿Te gusta Caspian? – Lucy sintió como su cuerpo se paraba ante la pregunta de su hermano, ¿se había vuelto loco de remate?

Se sonrojó con furia al notar como su hermano temblaba de celos, pero entonces Lucy se sintió arrastrada hacia atrás cuando otro brazo masculino la agarró de la cintura, miró por encima de su hombro y reconoció aquella larga melena castaña.

Edmund volvió a asesinar al captor de su hermana con la mirada, planeando mil y una formas de matarle por atreverse a tocar aquello que era suyo aunque nadie lo supiera, aunque nadie pudiera saberlo.

- Gracias por devolvérmela, mi querido Rey – dijo Caspian.

Lucy sintió que se mareaba, ¿qué demonios estaba pasando allí? Sabía que esa mañana se había levantado un poco espesa debido a sus dolores, pero aquella situación la estaba superando, ¿se habían puesto todos de acuerdo para volverla loca? ¡Como si no fuera suficiente tratar con sus sentimientos por su hermano día y noche!

Edmund decidió salir de allí antes de que el impulso asesino que estaba naciendo dentro de él se descontrolara, acudió junto a Peter y Susan que hablaban animadamente en la mesa principal.

- ¿Todo bien, Ed? – preguntó Peter, alzando una ceja divertido.

Entonces Edmund lo entendió todo y también sintió ganas de matar a su hermano.

- ¿Por qué lo permites? – masculló, sentándose a su lado.

- Porque no me lo contaste – replicó indignado.- Por eso y por ganarme siempre al ajedrez, es una pequeña venganza.

- Parece que la crueldad en esta familia es hereditaria – puso los ojos en blanco y miró con desgana el baile.- Además, ¿cómo podría contártelo? Yo mismo no lo entendía hasta hace poco y además no sabía cómo os lo ibais a tomar ya que después de todo no es normal.

- Sabemos que no es normal, pero de habérnoslo contado tú también te habrías dado cuenta de una cosa – dijo Susan La Benévola, acariciando los rubios cabellos del Magnífico.

- ¿A qué os referís? – Entonces los miró, Susan estaba sentada muy cerca de Peter, las manos de ambos entrelazadas descansaban sobre la mesa y ella le miraba con extrema dulzura en sus ojos.- ¿Vosotros dos estáis…?

El terrible sonrojo de su hermana habló por sí mismo y Edmund no pudo evitar que su boca se abriera debido a la sorpresa, ¿tan ciego estaba que no lo había notado?

- Esperad, para empezar ¿cómo os habéis enterado? – Los miró a ambos que sonrieron en respuesta.- De repente no estoy seguro de querer saberlo.

- Yo se lo saqué a Lucy un día que estaba deprimida…

- Y esta tarde se lo he sacado yo a tu querida hermana Susan – sonrió con superioridad y la otra Reina se sonrojó muchísimo en respuesta.

- No me des detalles, por favor – le pidió con una sonrisa.

Y los Tres Reyes en los Tres Tronos rieron.

Entonces Peter clavó la vista en la pareja que bailaba animadamente, estaba seguro que su hermana tendría que lidiar con dos cosas cuando acabara la fiesta: la primera, con sus pies doloridos y la segunda, con su hermano Edmund que pensaba cobrarse cada una de las caricias que Caspian le estaba haciendo a Lucy mientras bailaban.

- Si me disculpáis, soy el único que aún no ha bailado con su querida hermana pequeña – sonrió y bajó a la pista de baile.

Edmund y Susan lo observaron todo desde sus asientos, el primero deseando que Peter los separara para poder dejar de estar en tensión permanente y la segunda completamente divertida con la velada.

Lucy y Caspian bailaban pegados, ella podía sentir la respiración de Caspian sobre su cabeza ya que él se apoyaba en ella.

- Oye, Lucy… - la llamó Caspian, ella subió los ojos para encontrarse con las pupilas de Caspian transmitiéndole un sentimiento que la hizo temblar, deseó con todas sus fuerzas que su hermana no tuviera razón.- ¿Qué hay entre tú y tu hermano?

Si Caspian no la hubiera guiado como estaba haciendo, la Reina se hubiera quedado estática en el lugar, cuando pudo reaccionar le respondió.

- No sé de qué hablas, Caspian – fingió una amable sonrisa.

- Sabes perfectamente de qué hablo, Lucy La Valiente, es una lástima la verdad… - admitió.-Porque estoy profundamente enamorado de ti… - respiró el aroma de ella y Lucy se estremeció.

- Caspian, eso no… Seguro que estás confundido, somos amigos de siempre y…

- Sé perfectamente lo que me haces sentir – puso la mano de ella sobre su corazón y Lucy notó los acelerados latidos.- Y entiendo que tú no sientas lo mismo, pero no puedes negarme lo que estoy viendo. Edmund no estaría taladrándome con la mirada en estos instantes sino fuera así, y tú no aprovecharías cada oportunidad para mirarle… Como has estado haciendo – la veinteañera se sonrojó tanto que sus pecas desaparecieron de su rostro.

- ¿Estás enfadado? – fue su primera pregunta, al entender que ya no podría negar nada.

- No, tan solo decepcionado, pensaba que al llegar aquí y verte te encontraría lo suficientemente disponible como para tratar de cortejarte, pero… No quiero iniciar una guerra con tu hermano por mucho que me apetezca recibir tu mano – besó la misma con una dulzura extrema.- Tampoco puedo admitir que lo entienda del todo, pero el amor es el amor…

Lucy suspiró aliviada ante eso, no sabría qué hacer si Caspian, uno de sus mejores amigos y de las personas que más quería, la hubiera despreciado por sus sentimientos.

- Pero creo que voy a permitirme el provocar a tu hermano Ed un poco más – aquel comentario la hizo mirarlo sin entender a qué se refería.

Cuando un atisbo de luz se hizo en su confusa mente, los labios de Caspian ya se encontraban disfrutando de los suyos. Fue un pequeño beso, cálido y dulce, lo suficiente para que Lucy se estremeciera ante la cantidad de sensaciones que Caspian vertía en aquel escaso roce de labios.

- Juro que lo mato – Ed hizo añicos entre sus dedos una de las sutiles y hermosas copas de cristal.

Susan a su lado trataba de calmarlo, rogando porque Peter llegara ante la pareja lo más rápido posible antes de que Edmund se lanzara él mismo a separarlos.

La Reina se tocó los labios incrédula cuando Caspian la dejó libre, eran demasiadas cosas juntas y Lucy sintió que no todo entraba en su cabeza.

- ¡Lucy, querida! – La voz de Peter provocó que ambos se separaran y que arrebatara a Lucy bruscamente de las manos de Caspian.- Me toca, Caspian, Edmund y tú la habéis acaparado todo el tiempo.

- Claro, Majestad – Caspian rió divertido mientras se dirigía a la mesa con los otros Reyes.

Nada más llegar encontró lo que él mismo se había buscado, un Edmund que lo esperaba con la mano alrededor de la empuñadura de su espada y le hizo una seña con los ojos hacia el jardín exterior. Caspian sonrió y asintió con la mirada.

- Su, volvemos enseguida – le dijo a su hermana que no supo si intervenir o no, puesto que no tenía sus flechas y que la ira de los dos hombres podría herirla decidió dejar que arreglaran sus asuntos ellos solitos a su manera, que ya eran mayorcitos.

Salieron a los oscuros jardines que solo se encontraban alumbrados por las luces que escapaban a través de los cristales del gran salón de baile.

Edmund desenvainó su espada y la blandió delante de él con el rostro desencajado entre celos, enfado e ira.

Caspian dudó un instante si desenvainar la suya, pero se tendría que defender.

- Te has atrevido a besarla – le gritó Edmund en el primer encontronazo de sus espadas, cuando los dos aceros chocaron provocando el ruido de dos metales que se dañaban sin piedad.

- He sentido el impulso, y no he visto por qué no – le devolvió el golpe lanzando una estocada que Edmund esquivó arqueando su cuerpo hacia la izquierda, dio una vuelta sobre sí mismo y Caspian se giró hacia la derecha para poder intervenir el golpe.

- Es mi hermana, bastardo – le recordó, en un instante en el que se acercaron tanto a los aceros que sus rostros quedaron a escasos centímetros.

- Lo sé, Edmund El Justo, pero estoy enamorado de ella y sé que tú de haber estado en mi lugar no hubieras desperdiciado esa única oportunidad para probar la miel de sus labios. Para probar el amor que otro te ha arrebatado – con fuerza, Caspian consiguió separarse de Edmund y debido a la fuerza empleada, Edmund retrocedió varios metros atrás y clavando la espada en el suelo consiguió detenerse.

Los dos respiraban agitados.

- ¿Quién te ha arrebatado el amor de mi hermana? – le preguntó desde lejos.

Caspian se paró y lo miró con el entrecejo fruncido.

- Tú, Tercer Rey de Narnia, tú tienes el corazón de tu hermana de igual manera que ella tiene el tuyo.

Edmund no respondió con palabras sino con una nueva estocada que a Caspian le costó bastante trabajo aplacar, iniciaron una danza de golpes y ataques esquivados que solo consiguió cansarlos más hasta que en una última colisión de las dos espadas, ambos cayeron derrotados sobre el césped cubierto de rocío debido a la humedad de la noche.

- ¿Cómo lo has sabido? – preguntó el menor de los dos en apariencia, contando con los ojos las estrellas mientras recuperaba el aliento.

- Por Aslan, Ed, tan solo hay que ver cómo la miras y tener un poco de mala idea – aceptó el Décimo.- No voy a disculparme por haberla besado, Ed, fue mi manera de despedirme de ese amor al darme cuenta de la realidad.

- ¿Se lo dijiste a Lucy?

- Sí, no pude evitarlo, ya que iba a meter la pata mejor meterla hasta el fondo, ¿no? – una sonrisa escapó de sus labios y Edmund rió.

- Ella te quiere mucho, Caspian, lo sabes.

- Sí, pero no de la misma manera que yo a ella. Sin embargo, eso es suficiente para mí ya que al menos no estoy fuera de su vida… - terminó en un susurro.- Ed – lo llamó.

- Dime, Caspian – el aire comenzaba a llegar a sus pulmones y empezaba a sentirse mejor, cuando las dos Reinas Pevensie los vieran aparecer con aquellas pintas les iba a caer una buena bronca.

- ¿Qué hubieras hecho si Lucy me hubiera elegido a mí?

El eco de esa pregunta sonó en lo más profundo de los miedos de Edmund El Justo, y algo en su estómago botó hasta su pecho provocando que se incorporara para no vomitar. La pregunta de Caspian le había causado un gran revuelo emocional, ¿perder a su Lucy? ¿A su amada Lucy? ¿A la única mujer a la que sería capaz de amar? ¿A la única mujer por la que mataría y libraría guerras? ¿A la única mujer que quería a su lado?

Sintió que se mareaba y tuvo que agarrarse la cabeza con ambas manos, Caspian percibió la angustia y el pesar que la pregunta le había causado al joven Rey y entonces entendió cuánto amaba este a su hermana menor.

- Mis labios lo hubieran aceptado, pues la amo tanto que no podría causarle ninguna pena por la cual sufriría… Pero en mi interior, mi corazón lloraría sangre… La verdad, desde que empecé a vivir con el amor de Lucy… Desde que ella es la cuna de mi mente cuando estoy perdido… Desde entonces supe que no podría volver a vivir sin tenerla de esa manera.

Caspian se quedó sin palabras, tan solo pudo mirar las estrellas y, después de soltar un suspiro, guardar su espada en la funda que colgaba de su cinturón y palmear la espalda de Edmund que le miró con ojos ausentes.

Le ayudó a levantar del césped y le dio un abrazo, habían sido como hermanos y ahora habían dejado las cosas claras entre ellos, nada cambiaría y Edmund se lo confirmó mientras envainaba su espada también y se secaba el sudor de la frente con la manga de la chaqueta, a la vez que ambos se dirigían de nuevo a entrar al salón sin que nadie se diera cuenta de su ausencia.

- Que sepas, que a pesar de todo, te sigo queriendo como un hermano – le dijo, cuando se sentó derrotado en la mesa de los Cuatro Reyes.

- Yo también, Ed – y con una sonrisa se sentó al lado del Justo, descansando los brazos y sus agotadas piernas.

Ambos observaron cómo La Valiente bailaba animadamente con su hermano mayor, El Magnífico, quien la hacía dar vueltas y vueltas y luego la cogía de nuevo en brazos, como cuando eran pequeños.

Lucy amaba a todos sus hermanos, y amaba a sus amigos y a Aslan…

Pero era diferente del amor que sentía por su hermano Ed, por el que se desvivía día a día, por el que su corazón se rompía cada vez que había una guerra y Edmund tenía que partir al frente de la batalla. Amaba a aquel cascarrabias con todo su corazón y con mucho más, él le había enseñado tantas cosas…

En ello estaba pensando cuando la música paró y Peter la cogió en brazos, llevándola hacia la mesa de los Cuatro Tronos donde Susan aplaudía eufórica mientras reía y Edmund y Caspian la observaban con amor, ella se dio cuenta entonces de lo desarreglados que estaba.

- Pero, ¿qué os ha pasado? – preguntó indignada cuando Peter la dejó en su Trono, el Sumo Monarca acudió al lado de su Susan que lo recibió con los brazos abiertos y Peter la arrastró a la pista de baile.

- Nada, solo estuvimos hablando – respondió Ed, con Caspian asintiendo detrás.- Como vamos a hacer tú y yo esta noche – Lucy no pudo evitar sonrojarse ante el susurro que había sido dicho solo para ella.

Algunas horas más tarde, cuando el último invitado hubo abandonado Cair Paravel, los Reyes se permitieron el lujo de darse un baño y meterse en sus ropas de dormir para acostarse en sus mullidas camas y no volver a levantarse hasta largas horas de la tarde, como todos en el palacio.

En dicha misión se encontraba Lucy Pevensie cuando la puerta de su cuarto se abrió suavemente, sin emitir ningún chirrido y ella se viró al notar la leve brisa que se colaba por la abertura.

Los ojos negros de su hermano brillaban como nunca.

- Tú y yo tenemos una conversación pendiente – le dijo al llegar junto a ella y capturar los rosados labios en un apasionado beso que provocó que cada rincón del cuerpo de Lucy se calentara y deseara mucho más de lo que su hermano estaba más que dispuesto a darle.

Y Lucy supo que aquella noche, seguramente, no podía dormir.


Espero que os haya gustado xD

Dedicado a vosotros con todo mi amor y cariño ^^!

Besotes! =3