Venga, después de una recomendación me he atrevido con un poco de lemmon, es el primero que hago, así que no me apedreeis, please.

Espero que os guste, y ahora, a leer se ha dicho.

Lucy corría, lo más deprisa que podía, a tanta velocidad como sus piernas la permitían. Reía encantada, mientras Edmund la perseguía a la misma velocidad. La arena se pegaba a sus pies descalzos y les hacía más difícil la ruta. En apenas unos segundos, Edmund alcanzó a Lucy, rodeando sus caderas y consiguiendo que, tras dar una vuelta sobre sí mismos, cayeran los dos juntos en la arena dorada, estallando en carcajadas.

Recuperaron el aliento mientras se abrazaban y pronto sus respiraciones se acompasaron, sin darse cuenta. Lucy se apoyó sobre su codo, y delineó con un dedo el perfil de Edmund, que con los ojos cerrados, dejaba que el sol y el tacto de su hermana le calentara la piel. L e rozó la mejilla con los labios, después la frente, la barbilla, la nariz, los párpados y finalmente su boca. Solo un roce, suave, tranquila, su hermano continuó con los ojos cerrados, sin moverse ni un ápice, exceptuando por sus labios, que comenzaron a amoldarse a los de ella, abriéndose, buscándola, saboreándola. Tras unos segundos de placer, alzó la mano, para enredarse en el cabello de la joven, apartando los rizos de su rostro.

Lucy buscó las aberturas de su camisa, y tiró de ella; Edmund rodó, quedando sobre su hermana, y dejando que esta le quitara la prenda sacándola por su cabeza. Volvió a besarla, mientras su mano derecha iba levantando su falda, maravillándose con la diferencia entre la ropa y su piel, suave y cálida. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la joven al notar el tacto de las manos ásperas pero cuidadosas de Edmund; que había abandonado sus labios y se dedicaba a mordisquear y lamer su cuello. Se acercó hasta su pecho, acariciándolo sobre la camisa, de la que se deshizo en un par de movimientos. Les besó con cuidado, casi como si se fuera a romper, y después, de pronto, lamió y mordió uno de sus pechos, haciendo que Lucy suspirara audiblemente, mientras él sonreía contra él.

Giraron uno sobre otro, y Edmund acarició la espalda desnuda de hermana, desde la nuca al trasero, deshaciéndose de los pequeños granos de arena que se habían adherido a su piel. Lucy sonrió, y besó levemente al joven en los labios, bajó por el cuello, besó su pecho, sus pectorales, sus abdominales, su ombligo, deteniéndose e introduciendo su lengua en él, haciendo reír al propietario. Se acercó a su pantalón, y desató las cuerdas. Lo bajó lentamente, deleitándose con las expresión de lujuria que brilló en sus ojos. Entonces quedó desnudo bajo ella, que en un momento, pasó la pierna por encima del cuerpo de su hermano, hasta quedar sentada sobre él; arqueó la espalda en el momento en que notó como Edmund entraba en ella, ahogando un gemido en su garganta. Él la tomó de las caderas, mientras ella marcaba el ritmo, lento, pausado, disfrutando de cada fricción, de cada roce, de cada sensación. El ruido de las olas ahogaba sus suspiros y sus gritos de placer. De pronto, Edmund, desesperado, la tomó de las caderas, y la tumbó, girando, quedando sobre ella. En ese momento, ella le echó los brazos al cuello y con los ojos brillantes una palabra se formó en sus labios.

"Más" gimió. Esa sola palabra, un único monosílabo, le volvió completamente loco. Aumentó el ritmo, jadeando en su oído y haciéndola sentirse como si el puzzle se hubiera completado. Lucy, completamente llena, subió al cielo y entre los brazos de Edmund, se arqueó, perdiéndose en el más absoluto placer, sintiendo como descargas eléctricas la hacían estremecerse de pies a cabeza, y arrastraban con ella a Edmund, que con un gemido ronco y mordiendo el hombro de su amante, se perdió en una oscuridad placentera que le hizo estallar.

Minutos más tarde; después de haber descansado en brazos el uno del otro un rato, para recuperar el aliento; jugaban en ese momento, a salpicarse y saltar entre las olas. Sus ropas descansaban en el suelo, y sus pieles se refrescaban del cálido sol narniano y de los momentos de pasión entre el agua fresca y salada. Se escuchaban las risas de ambos, como horas atrás, e igual que antes, Edmund enganchó la cintura de Lucy y ambos, esta vez, se sumergieron en el agua, para reaparecer de nuevo, tomando aire a bocanadas, y sin dejar de sonreír.

Mientras, en la oscuridad, alguien les observaba, y al contrario que ellos, ni sonreía ni se carcajeaba, sino más bien una torva mirada se reflejaba en sus ojos. Cuando los dos reyes salieron del oceáno, recogieron sus ropas, se vistieron y se dirigieron a Palacio, él les siguió. Pasaron por delante de los guardias, y tras esperar unos minutos, pasó ante los mismos hombres, que se inclinaron respetuosamente ante él. Fue a su habitación y se desvistió, pensando, cavilando, sin poder concentrarse en otra cosa que no fuera en la escena que había visto con anterioridad.

Antes de la cena, Lucy caminaba con tranquilidad y una sonrisa imborrable en los labios, cuando de pronto, notó como una mano la tomaba de la muñeca y la hacia volverse, mientras violentamente la estrellaba contra la pared.

"¿Te has planteado ya mi propuesta, reina Lucy?" preguntó el joven con ira.

"Ya te contesté en su momento Caspian, la respuesta es no. No me casaré contigo. Sabes que estoy enamorada de otra persona". El monarca la agarró del cuello, como si fuera a estragularla y haciendo que alzara la cabeza y le mirara directamente a los ojos.

"Sé de quién estás enamorada, Lucy". Un destello de miedo cruzó los ojos de la joven, pero después recuperó la compostura; irguiéndose lo más que pudo, lo más que le dejaba esa postura forzada en la que Caspian la retenía.

"No es cierto".

"Sí, os he visto, hoy, en la playa." Su cara palideció, pero negó con la cabeza. "A Edmund y a ti." Lucy contuvo la respiración, sin saber que hacer.

"¿Nos espiabas? preguntó entre alarmada, dolida y asqueada. El joven rey asintió.

"Te repetiré algo, y sólo puedo decir, que te plantees muy bien la respuesta, reina mía; porque si no lo haces, le contaré a alguien tu pequeño secretito, y no creo que Aslan vea con buenos ojos esta unión; o sino, quizás, tenga que matar a Edmund" un escalofrío bajó por la espalda de la joven. "Lucy, ¿te casarás conmigo?".

En medio de la cena, Caspian se levantó e hizo que los invitados le miraran, y cuando todos los ojos estaban puestos en él, anunció su compromiso.

"Queridos amigos y amigas, he de informaros que me caso proximamente... con la reina Lucy". La copa se escapó de entre los dedos de Edmund y cayó al suelo, rompiéndose en decenas de fragmentos, al igual que su corazón. Miró a la futura novia, pero ella le apartó la mirada. Entonces se levantó y retó a Caspian a un duelo, que el joven rey aceptó.

La lucha decidiría el destino de Lucy.

Y el de Edmund.

Y hasta aquó hemos llegado. Sí, sé que he vuelto a poner a Caspian de malo; pero no sé porque, es que me pega en este papel. Y eso que de verdad, que el chico me cae muy bien, me parece monísimo. Jajaja. Pues eso, la historia la he dejado ahí, ofrezco a quién quiera que la siga, si es que así lo deseais.

Bueno, espero que os haya gustado, y espero vuestros reviews. Besoooooooos.