Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

-Mayo de 2014-

Hola, gracias por entrar aquí n.n

Continúo con el proceso de edición y republicación de fics. Le llegó el turno a una de las historias que más satisfacciones me ha dado, mi primer shikatema, la que recuerdo siempre con mucho cariño pese a sus imperfecciones.

Se trata de una serie de diversos encuentros. El primero acontecería al inicio de Naruto Shippuden, después de la partida de Temari de Konoha una vez finalizadas sus funciones de embajadora.

He pulido el estilo pero no he modificado nada de la historia. Me ha encantado revisarla pese a lo desfasado de su argumento con respecto a la serie original y ciertas ingenuidades propias de los primeros pasos en la escritura de fics. Corregí lo que pude para mejorarla al menos desde su legibilidad, así que espero que siga siendo de su agrado también.

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


Primer encuentro


La muchacha de rubios cabellos llevaba caminando apenas un par de kilómetros, cuando de pronto sintió una presión en el cuerpo que no la dejó continuar. Intentó, confusa, dar el paso que seguía, pero alguna extraña fuerza paralizaba sus miembros. Al instante la sorprendió a sus espaldas una voz familiar.

-Kagemane no jutsu, completo.

Como si un comando la controlase, su cuerpo giró sobre sí mismo involuntariamente encarándose con el joven chunin de Konoha. Temari no lo podía creer. ¿Acaso le estaba tomando el pelo?

-Muy gracioso –ironizó-. En mi aldea, cuando la gente necesita detener a una persona para hablarle, se limita a llamarla por el nombre.

-Eso es muy aburrido –comentó perezosamente Shikamaru mientras deshacía el jutsu.

Luego recorrió con tranquilo andar los pocos metros que lo separaban de la bella kunoichi. Se detuvo frente a ella, que ya lo estaba esperando con los brazos en jarra, y compuso su característica semisonrisa a modo de disculpa.

Por fortuna conocía muy bien al sujeto, porque si no Temari le hubiera partido el rostro con su abanico. Resignada, imitó el gesto sonriente del chico.

-¿Se te ha olvidado algo, Shikamaru? –preguntó-. Creo recordar que nos despedimos hace menos de media hora.

Shikamaru miró para otro lado, mientras se llevaba la mano a la nuca.

-No se trata de nada en particular... Sólo me preguntaba si no querrías que te acompañe algunos kilómetros. Digo, si quisieras un poco de compañía.

A Temari casi se le salen los ojos de las órbitas. ¿Había escuchado bien? ¿El ninja más perezoso de las Cinco Naciones Shinobis se estaba ofreciendo a acompañarla? ¿Se trataría de algún genjutsu?

-¿Estás... seguro? –indagó dándose intermitentes pellizcos en el brazo, por las dudas-. ¿No será demasiado problemático para ti?

El otro la miró con el ceño fruncido, pretendiendo parecer ofendido. Ahora se preguntaba por qué demonios habría obedecido al impulso de seguirla. Choji estaría esperándolo en el lugar de siempre y él allí, irresoluto, tratando de decir quién sabe qué y sintiéndose inconvenientemente atolondrado.

Shikamaru era, por mucho, uno de los ninjas más inteligentes de su aldea. Sin embargo, aún era demasiado joven como para comprender que los sentimientos difícilmente se dejen manejar por el cerebro. Era muy hábil como estratega, pero pésimo para leer en su propio corazón. De otro modo, se hubiera dado cuenta de que aquel impulso nacía de un deseo escondido, y que el cuerpo y la cabeza se vuelven torpes ante ese tipo de llamada.

-¿Es que no se puede actuar como un caballero de vez en cuando? –preguntó, sintiéndose más molesto.

Temari estaba llegando al límite de la paciencia, pero trató de contenerse. Sus dedos tamborilearon con nerviosismo en su cintura, mientras miraba obstinadamente a su "repentino caballero". Todo aquello le parecía rarísimo, muchas preguntas le venían a la mente, pero prefirió guardárselas por el momento y responder con una escueta afirmación a la propuesta.

Cuando comenzaron a caminar, no obstante, unos pocos pasos alcanzaron para que el clima entre ambos se distendiese y volviera a reinar la espontánea armonía que distinguía a su relación. Los intercambios cargados de tensión nunca se extendían demasiado. La verdad era que tenían un carácter muy similar, más bien tranquilo y retraído, y sabían permanecer durante un buen rato en amistoso silencio sin que ninguno se sintiese mal por ello.

Temari era muy conciente de que el muchacho le gustaba. Quizá no fuese tan inteligente como él, pero poseía un nexo más estrecho con sus emociones y era lo suficientemente madura como para andar perdiendo el tiempo negando lo evidente. En esos últimos años había aprendido a conocerlo en profundidad, muchas cosas habían compartido, además de diversos combates, que encendieron una chispa de atracción dentro de sí impulsándola a buscarlo con más asiduidad de la que cualquiera podría considerar como normal.

Él era, sin duda, un vago declarado, un ninja al que la mayoría de las veces se lo sorprendía tendido en el césped observando las nubes o sentado ante un tablero de shogi, pero bastante alejado del campo de entrenamiento. Aun así era una de las personas que más confianza le inspiraban: leal con sus amigos, persistente en la batalla (cuando no le quedaba más remedio), maduro y responsable. Y además era un gran líder, eficiente y protector de sus subordinados.

El muchacho poseía una extraña mezcla de virtudes y defectos que, vista de la forma incorrecta, podría generar prejuicios o censura, pero Temari era lo suficientemente lista como para apreciar el verdadero valor de Shikamaru. Se sentía feliz de tenerlo a su lado, aunque sólo sea como amigo.

-¿Por qué sonríes de esa forma? –preguntó inoportunamente el chunin.

Ese abrupto aguijonazo la devolvió a la realidad. Se sonrojó hasta las raíces al verse así de expuesta, sonriendo sin saberlo a causa de su ensimismamiento, por lo que consideró que un contraataque sería la mejor defensa:

-¿Acaso te gusto, que me espías tanto? –repuso con osadía. Fue el único recurso que se le ocurrió para que sus ojos no delaten sus pensamientos, aunque no fuese el más decoroso. Además, si el otro se había propuesto molestarla ella no se dejaría tan fácil.

-¡Tranquila! –se apresuró a contestar el ninja para apaciguarla. ¿Por qué se ponía así por una estúpida pregunta?-. No quería importunar, sólo quería hacer conversación –aseguró. Definitivamente, tratar con las mujeres era una molestia.

-Si quieres conversar sólo conversa –lo amonestó la chica, ya más repuesta.

-Es lo que intento.

-Pues inténtalo mejor.

-Bien, ya entendí, lo haré mejor –dijo él con displicencia para cerrar la discusión.

Ni que la hubiese atacado. La verdad era que le había llamado mucho la atención el gesto sonriente de ella, no era habitual ver su rostro tan iluminado. Parecía que pensaba en algo muy bueno y hubiese querido que lo compartiera con él... Vaya, ¿es que con la edad la gente se vuelve tan cursi?

Rebuscó en su cerebro para encontrar un tema de conversación. Cuando lo halló, confuso, pensó que había un 86% de posibilidades de que los llevara por terrenos comprometedores, sin embargo su gran bocaza fue más rápida que su cadena de razonamientos.

-¿Qué te pareció Naruto? –Demasiado tarde para arrepentirse.

-¿Naruto? –se extrañó ella, sin entender del todo a dónde quería llegar su amigo-. Pues... ha crecido, ¿no? Parece que ha entrenado mucho, aunque no sé cuán fuerte se habrá puesto.

-¿No te pareció más maduro? –Doble arrepentimiento, el traidor de su subconsciente le estaba jugando una mala pasada. Había movido la ficha demasiado lejos, estaba perdido.

-¿Maduro? –preguntó con sarcasmo Temari-. Para mí sigue siendo el mismo tonto de siempre. ¡Mira que creer que tú y yo...!

Temari se cortó de pronto, abochornada. ¿Pero qué diablos estaba diciendo? Se maldijo a sí misma. ¿Por qué una mujer tan sensata como ella se dejaba enredar de esa manera?

¿Y qué pretendía Shikamaru con ese absurdo interrogatorio? Después del prolijo repaso mental de las cualidades del chico sus defensas habían bajado considerablemente y ahora se sentía absurda y vulnerable, con la susceptibilidad alerta. Y no tenía a nadie a quien culpar, porque el muy idiota de su amigo, por más listo que fuese, no podía saber cuánto le afectaban sus insinuaciones.

Por su parte, Shikamaru necesitaba que la tierra se lo devore, aunque él mismo se lo había buscado. ¿Por qué exponerse de esa manera justo frente a ella? Se sentía un estúpido. Tragó saliva e intentó recuperar el hilo de la conversación con el único objeto de cortarlo lo más pronto posible.

-Sí, ¡qué tonto! Este Naruto... mira que pensar que nosotros… jeje... –¡Un fiasco! ¡Se comportaba como un completo imbécil!

¿Por qué, en primer lugar, había corrido desde Konoha para alcanzarla? ¿Por qué la estaba acompañando? ¿De dónde salían las hormigas que caminaban por su estómago cada vez que la tenía tan cerca? Maldito Shino... No, el pobre no tenía la culpa, lo que le ocurría tenía su origen en otro pliegue de su conciencia, lo había conducido hasta ella y lo había impulsado a sacar el tema de Naruto. Ahora era tarde para lamentaciones.

Entonces tomó una decisión. Podía ser vago, desinteresado y huraño, pero nadie podría decir que carecía de determinación. Sería vergonzoso, pero tenía que averiguar.

Se detuvo repentinamente, obligándola a hacer lo mismo. Temari lo observó con sorpresa e interés, mientras él miraba a un costado, abajo y de nuevo a ella, tratando de hablar.

-¿Qué tendría de malo? –se animó a preguntar por fin, enrojeciendo por primera vez en su vida. Siempre pensaba antes de hablar, estaba orgulloso de esa virtud, pero el remolino de sensaciones que se agitaba en su interior lo entorpecía y no tenía ganas de luchar contra él. Se resignó a dejarse llevar por sus emociones.

Temari se quedó boquiabierta ante semejante salida. ¿Era simple curiosidad intelectual o se trataba de un verdadero interés?

-Bueno, creo que... –intentó la joven, midiendo sus palabras-. No lo sé, Shikamaru, nunca pensé en nosotros de esa forma -terminó por decir. ¿Sonó convincente o no sonó convincente? Diablos, ¡si Gaara pudiese ocultarla en su calabaza!

-Sí, sería problemático –admitió el otro, volviendo a llevarse una mano a la nuca.

Ahora la ofendida era ella. ¿Qué tan problemático podía resultar ser su novio?

-¿Acaso crees que alguien como yo nunca podría tener una pareja? –le preguntó indignada, con los brazos en jarra otra vez.

-¡Yo no dije eso! –se defendió él, empezando a molestarse con la situación. Quizás en el pasado, para picarla, le hubiese dicho que sí sin dudar, pero ahora eran amigos y no estaba en su ánimo ofenderla, mucho menos insultarla. Dado este estado de cosas, había un 95% de posibilidades de que terminen la pelea que había quedado inconclusa durante sus propios exámenes chunin.

-¡Pues a mí me pareció escuchar que sería un problema para ti salir conmigo! ¿Acaso te crees tan listo y tan atractivo como para que yo te merezca, señor "no me molesten"?

Shikamaru no lo podía creer. Hacía rato que había perdido las ganas de discutir, de hablar, de amigarse, de averiguar... Dándose por vencido, fastidiado, iba a dar media vuelta para emprender la retirada cuando las rápidas manos de Temari interceptaron su rostro. Lo giró en su dirección y, antes de que pudiera saber lo que se proponía, lo besó.

Él nunca había besado a una chica. Semejante contacto requería demasiadas instancias: encontrar una que le guste, acercarse, entablar conversación, seducir, invitarla a salir, enamorarse... La lista de por sí resultaba agotadora. Ahora caía en la cuenta de que con Temari no hacía falta. No era que esas etapas no se hubiesen sucedido, sino que todo se desarrolló de una manera tan natural que ni siquiera tuvo necesidad de racionalizarlo. Por eso tampoco le había dado un nombre a lo que sentía.

He ahí la explicación para los misteriosos impulsos, para las hormigas en el estómago y para las preguntas lanzadas sin pensar. Había un margen para los sentimientos, aunque sólo fuese del 5%, y ese margen era más que suficiente para la felicidad.

Ella no se sintió segura hasta que advirtió sus brazos rodeándola por la cintura, segundos después de haber iniciado la acción. El tonto la había sacado de quicio en el momento menos indicado, o en el más apropiado, no podría decirlo. Lo besó para intentar demostrarle algo que ya no recordaba, y ahora lo besaba porque le gustaba su boca, su íntima presencia, la dulzura de su rendición. Al menos en esto se mostraba dispuesto.

Fue difícil desprenderse, pero aún permanecieron abrazados un rato más, juntas las frentes. Shikamaru se sentía en paz, ya había averiguado lo que quería saber.

-Creo que ya recordé porqué vine hasta aquí –dijo, poniéndose más derecho para poder mirarla a los ojos, sin soltar su cintura-. Necesitaba volver a despedirme de ti.

Temari compuso una tenue semisonrisa, muy parecida a la de él.

-Espero que no haya sido demasiado fatigoso para ti –comentó con sorna.

El otro enarcó una ceja, pero también se sonrió.

-¡Qué va! –repuso perezosamente-. No tenía nada que hacer.

-o-

Algunas horas después de haberse separado de Shikamaru, Temari recorría con soñadora actitud los últimos tramos del territorio del País del Fuego. De pronto le llamó la atención un llamativo murmullo de ramas crujiendo sobre su cabeza y hacia allí dirigió su interrogadora mirada, sorprendiéndose al ver que Naruto, Sakura y el ninja copia venían en su dirección.

Luego de hablar con ellos, ya no pudo seguir deleitándose con el recuerdo de su chunin favorito.