Esto es un one-shot desde el punto de vista de Altaïr, personaje de Assassin's creed, que por cierto, no me pertenece. Es de Ubisoft.

¡Disfrutadlo!


Fobia

Cuando cae la noche, y tengo ocasión de descansar, me tumbo con los ojos abiertos hasta que el sueño llega. Aguardo. Tengo miedo a cerrar los ojos por lo que pueda pasar. A lo largo de los años, ha sido algo que ha ido creciendo noche tras noche.

Es posible que suene obsesivo, paranoico, tal vez infantil. Mis miedos son más complejos que los de cualquiera, ya que no temo a lo que pueda venir y consumir mi vida, sino a la vulnerabilidad. Mi vulnerabilidad.

Y cuando por fin consigo dormir, y cierro los ojos lentamente, cuando la consciencia abandona mi mente, y la guardia, cuál muralla de piedra, cuál ciervo al beber en el río, queda baja, entonces, es cuando comienzo a notar que se me acaba el aire. Que no puedo respirar. Y abro los ojos.

Pero lo que veo es algo completamente diferente a la obscuridad de la noche. Tan sólo veo agua. Agua hasta dónde mi vista alcanza, por encima de mí, por debajo, rodeándome. Inmóvil, aguardando hasta la mismísima última burbuja de aire a abandonar mi boca.

Intento salir a la superficie, nadar hacia arriba. Estoy a dos metros por debajo de ella, pero puedo hacerlo. Sin embargo, cuando comienzo a intentar mover los pies para emerger, noto que algo me agarra las piernas, me las oprime, me impide moverme.

Imagino monstruos marinos, los cuales sabios mencionan en manuscritos, aquellos que nadan por los mismísimos bordes de la tierra.

Sin embargo, al darme la vuelta, me encuentro con manos, blancas, frías, tibias. Manos, al menos siete pares de manos, que me agarran de las piernas, empujándome hacia abajo. Bajo más la mirada a fin de descubrir a los causantes de mi opresión.

Entonces me encuentro con la cara del hombre que me enseñó la mayor parte de las cosas que sé, con el hermano de mi mejor amigo, cuya muerte fue, indirectamente, causada por mí, con mi peor enemigo, el líder de los templarios, con la pobre mendiga que maté por impaciencia…

Pero esos tan sólo son los que me agarran. Más abajo, hay más de cien más. Soldados, hombres, mujeres…todos extienden sus brazos, me esperan, me aguardan.

Y mientras soy arrastrado hacia abajo, la última gota de oxígeno sale a la superficie que nunca alcanzaré.

La redención.

Y entonces despierto, los rayos del sol bañan mi cara, y una gota de la misma sustancia que momentos atrás me oprimía el respirar, resbala ahora mismo por mi mejilla.

Porque desde el momento en que le robé la vida a la primera persona que asesiné, fue cuando comencé a hundirme.

Y mi miedo es tocar el agua por saber que ya me hundiré del todo.


Dramático, ¿vedad? Lo traduciré, ya que es corto, sencillo, y fácil.

Leed y comentad si queréis. ¡Un besazo a mis lectores!