Capitulo IV: Gato

"Su corazón buscaba vida pero su cuerpo le advertía del peligro,
los sucesos nunca ocurren como deben el destino a veces jugaba con la ilusa.
Ahora Lenore debe enfrentarse a ese lado suyo que no reconoce y que clama
por estar al lado de Ragamuffin…"

La esperanza de una vida nueva había aparecido para la chica de ojos celestes quien se encontraba en esa mañana fresca y hermosa jugando frente a la gran chimenea de ladrillos y porcelana vieja con uno de sus muchos juguetes que Taxidermio con tanta estima le había recolectado. Luego de unos cuantos minutos de observar su colección se dio cuenta que el aburrimiento la volvía a abrazar y su alma juguetona se comenzaba a dormir de a poco lo que en realidad le dejaba una sensación muy desalentadora por el resto del día, miró su baúl lleno de muñecas y peluches y recordó las muchas veces que Taxidermio le había recordado no dejarlo a un lado del fuego, se rió ante aquel recuerdo pues a ella no le importaba que sus juguetes se quemaran siempre encontraba alguna manera de divertirse.

Buscó entre los peluches y muñecas algo que le llamara la atención hasta que encontró en el fondo del baúl un pequeño muñeco de trapo viejo de rayas negras y grisáceas con ojos saltones y ojerosos, daba la impresión que el muñeco la observaba con sigilo y ternura a la vez. Lenore quedó pensativa ante esa masa de tela, una sonrisa ligera se formó en su rostro de porcelana.

-Eres lindo...- un cumplido simple a una cosa simple, no era necesario más, a Lenore le encantaba su nuevo peluche. Acarició al muñeco como si fuera una pequeña mascota esponjosa mientras tarareaba una melodía de cuna... de repente se detuvo, miró toda la sala esperando que no hubiera nadie y comenzó a lanzar al aire al muñeco simulando una especie de vuelo improvisado. Luego de un buen rato de jugar, acercó al susodicho a su cuello lentamente y con un aire protector de esos que uno siente al detenerse a observar un día de otoño y ves las hojas rodearte en una espiral de colores dorados y cafés avellana, como un ballet de hojas que forman un circulo de amor contigo, en fin al sentir esto Lenore dio un largo suspiro pensativo y cerró sus ojos. – Que gracioso es ver cómo me dejas hacerte mis jugarretas y a la vez amarte... si fuera tú yo ya te hubiera devorado, pero no lo hiciste ¿Por qué no lo hiciste? Yo no te conozco pero siento que te conozco... Te llamaré Ragamuffin.

Sentada en la alfombra como estaba y con los ojos cerrados se quedó dormida con el muñeco apoyado en su hombro y con una relajada y tierna sonrisa en su rostro. Mientras Lenore entregaba y resguardaba sus sueños en los brazos de Morfeo Taxidermio hacia sus actividades de siempre en una habitación bastante apartada de la casa, algo así como un sótano. En él siempre se encerraba por horas haciendo quien sabe que cosas, Lenore nunca supo lo que hacía exactamente y las veces que le preguntaba éste solo se limitaba a sonreír y a cambiar el tema, en cierta forma eso decepcionaba a la chica ya que la hacía pensar de que Taxidermio no confiaba en ella y que nunca encontraría a alguien que lo hiciera pero estos pensamientos siempre se iban pues... ¿Cómo podría pensar cosas así de la única persona quien la ha cuidado y amado a pesar de estar, bueno relativamente muerta?

Taxidermio salió de su encierro habitual después de una intensa jornada de labor extraña al darse cuenta que ya era de día y la luz pobremente entraba por la pequeña ventanilla de su cuarto, fue a la cocina para tomar una taza de té y se percató de que el fuego de la chimenea aún estaba encendida... luego de apagarla sintió un leve sonido de respiración, miró por encima de su hombro y vio a Lenore durmiendo plácidamente en una pose no muy cómoda, la cubrió con una frazada cercana y la llevó a su cuarto donde la observó por un buen rato mientras dormía como hacen los padres cuando van a ver a sus hijos y se deleitan con solo pensar que están felices y seguros, Taxidermio acarició su rostro y su cabeza llena de rizos rubios, se levantó y atravesó la habitación calladamente hasta llegar a la puerta pero antes de poder cerrarla alcanzó a escuchar un ligero susurro sonámbulo saliendo de los labios de la joven.

-...Ragamuffin...

El distinguido hombre, protector del alma de la joven, permaneció al otro lado de la puerta apoyando su espalda contra la áspera y oscura madera que lo separaba de la persona que más estimaba, no pudo evitar viajar al pasado cuando encontró el cuerpo moribundo de Lenore pálido y casi sin alma que proteger… en el doloroso recuerdo aun podía escuchar la voz de la joven quebrantada clamando con todas las fuerzas que le quedaban por solo una persona casi al borde del abismo de la inconsciencia maldita que se lleva la mente de los ilusos enamorados que caen en sus garras desvanecedoras diciendo con un hilo de voz:

"Ragamuffin!..."

La pena y la angustia se apodero de Taxidermio quien llevándose sus dedos a su cien trato de recuperarse y recobrar la compostura ya que él era un hombre de etiqueta que a pesar de estar en contacto con su lado sentimental y paternal gracias a la presencia de Lenore nunca dejaba que su lado de hombre noble y educado se escapara, aunque no había nadie a quien mostrarle sus buenos modales siempre estaría firme ante todo. Pero aun así ese recuerdo le rompía el corazón cada vez que ese querubín de ojos celestes le habría esa puerta con su llave de bronce, llave que solo ella poseía debido al gran amor que Taxidermio le sentía.

Luego de despejarse bajó al primer piso donde se dio cuenta del desastre que había dejado Lenore, dio un largo y profundo suspiro de resignación y comenzó a guardar los juguetes que con tanta determinación había ordenado anteriormente en el cajón de la chica, estaba en eso tranquilo y sin disturbios de cualquier tipo cuando de repente se oyó un ruido ensordecedor proveniente de la entrada como si alguien hubiera golpeado con una furia de tamaños apocalípticos el suelo del pórtico. Esperó largo rato aguardando una repetición del sonido tenebroso a punto de correr desafiantemente a buscar una de sus escopetas pero no escucho nada, solo el vuelo de las aves teñidas de negro oscuro y sus graznidos provenientes de las profundidades del bosque, se dirigió a la puerta la grande y majestuosa separación de su mundo con el de la realidad alterna, no era de sorprenderle al hombre que algún niño curioso ignorando los carteles de advertencia hubiera cruzado el bosque para visitar la famosa "mansión maldita" debido a los desafíos de sus necios amigos.

Giró la perilla dorada y fría para abrir la puerta y ahuyentar lo que fuera que estuviera allí como siempre le ocurría en su diario vivir pero antes de que pudiera hacer cualquier movimiento se percató, tras dar una ligera mirada a la alfombra de la entrada, que una mancha roja y burbujeante se asomaba por debajo de la madera a través de la ranura rectangular de la puerta. La mirada de Taxidermio de tener una curiosidad neutra se transformó en una de terror, petrificado por completo y con la piel blanca como papel observó la escena sin moverse… no pasó ni siquiera un segundo y sin pensarlo dos veces Taxidermio abrió la puerta para encontrarse con el cuerpo de Ragamuffin tirado en el suelo rodeado por un charco de sangre que iba en aumento. El iluso quedó impresionado por el estado en que el vampiro volvía y, aunque suene cruel, sintió un peculiar deseo de reírse a carcajadas de él ya que le parecía "curioso" que un vampiro tan peligroso e intimidante como Ragamuffin quedara de esa manera pero obviamente solo se limitó, como era debido de un caballero, a dar un simple quejido de parte de sus pulmones. Al ver que el joven comenzaba a caer en la inconsciencia debido a la falta de sangre, lo arrastró dentro de la casa como pudo dejándolo estirado en el sillón mientras iba en busca de sus aparatos médicos para detener la enorme hemorragia que el vampiro tenía en el pecho.

Después de un largo y tedioso trabajo logró "sanar" la enorme herida la cual no era un simple corte que cualquier muchacho se haría en sus torpes andanzas. Cansado y empapado en yodo y sangre llevó al vampiro de nuevo a la misma habitación de antes donde había ocurrido el extraño y desagradable encuentro con Lenore por primera vez y le cambió los vendajes por unos nuevos. No demoró mucho, tenía bastantes habilidades para ese tipo de trabajo incluso podría hacer un excelente trabajo con la mente completamente cansada si se lo determinaba. Luego de haber terminado se dirigió al baño para limpiarse las manchas de sangre que tenía en su camisa, podríamos decir que Taxidermio tenía una ligera obsesión con la limpieza y la perfección así que como se puede esperar no disfrutó mucho "la actividad".

Mientras Taxidermio creaba una especie de líquido reponedor para el pobre muchacho en su habitación Lenore se encontraba curiosa apegada a su puerta esperando a que las pisadas de su querido Taxidermio se alejaran, cuando estuvo segura de que el pasillo estuviera despejado se escabulló al cuarto de Ragamuffin. Una vez frente a la puerta posó su oído en la madera esperando que algún sonido se asomara… nada… "ha de estar durmiendo" pensó la chica quién también se imaginó al muchacho descansando entre las sabanas, que sensación más extraña le dejaba eso; como si pensar solo en su rostro le robará los latidos de su pobre corazón… no lograba comprenderlo en su mundo vacío.

Abrió la puerta y encontró al vampiro con las manos empapadas de un tinte rojo carmesí y con un semblante tan serio y concentrado que provocó en Lenore un ligero escalofrío en su espalda, pero al observarlo más de cerca parecía que también su rostro poseía una pizca de dolor y al acercarse más se dio cuenta que Ragamuffin con gran determinación y ansia se arrancaba los hilos de la herida que tan pacientemente Taxidermio había cocido. Tragando saliva y esperando que no ocurriera lo mismo que la noche anterior se acercó a un lado de la cama y le colocó a Ragamuffin el peluche en su regazo que aún conservaba en sus manos como una forma de atraer la atención del muchacho y hacer que esos hermosos ojos rojos suyos se encontraran con los celestes de ella.

Ragamuffin se detuvo al ver a la chica a su lado con las manos casi escondidas de él, levantó su rostro intuyendo que Lenore estaba al borde de enloquecer si no lo hacía, se acercó a ella tentadoramente al punto en que sus narices casi rosaban, como una tortura o un castigo por ser la provocadora de sus pasiones humanas.

-Vete, estoy ocupado…- sus labios pronunciaron casi como un ronroneo, Lenore creyó que se desmayaría, su mente daba miles de vueltas estúpidas y las palabras de Ragamuffin rebotaban en todas las esquinas de su ser como un latido incesante. Lenore sabía que él estaba molesto de que ella no hubiera caído en sus trucos anteriores y menos en su hambre insaciable. Cerró los ojos por un segundo tratando de aguantar la sensación tan extraña que le habían producido las palabras del vampiro y levantando la mirada le clavó sus ojos al chico desafiante indicándole a éste que no se iría.

Por otro lado Ragamuffin estaba derritiéndose por dentro, de alguna manera sabía que ella no se iría pues sentía que la conocía lo suficiente casi por siglos, pero quería que ella se fuera, no quería admitir que la presencia de la chica hacía que su vetusta alma se asomara al mundo real con todos sus sentimientos humanos reunidos en un tumulto incomprensible y peor aún que sus heridas fueran culpa de ellos. No le agradaba verse así, tan débil y humano por una joven que apenas conocía y que aparentemente le había robado el corazón desde el primer momento en que se conocieron.

Siguió sacándose los hilos como si Lenore no estuviera ahí y sin importarle que por cada punto que se sacaba el dolor aumentaba. Ella siguió a un lado de la cama sin saber qué hacer para que Ragamuffin la notara mientras que él seguía con su tarea aparentemente dolorosa.

Finalmente terminó de sacarse los hilos de su pecho y decidido a no dejar marca de debilidad estiro uno de sus brazos para poder seguir atrás, la estaca definitivamente había sido enterrada con "mucha violencia y determinación"; pero al momento de doblar el brazo y tratar de conectar su mano con su espalda su pecho recibió una punzada que lo obligó a encogerse y retorcerse del dolor por unos segundos… la terquedad del vampiro no quiso retroceder, siguió intentando alcanzarse la espalda con los mismos resultados. Estaba tan inmerso en lo que hacía que no se dio cuenta que la mano de Lenore comenzó a acariciar su espalda como una novia acaricia a su esposo de manera consoladora.

-Yo lo hare por ti si quieres…- dijo Lenore con un susurro arrullador casi a punto de besar su hombro, Ragamuffin sorprendido no dijo palabra alguna solo se inmutó a moverse de forma que la joven hiciera lo que el planeaba. Asombrado por la transformación pacífica y a la vez tan extremadamente tentadora de ella le comenzó a hervir la sangre, pero todo esto se vio interrumpido por los dolores que la herida ahora siendo abierta le producía. A pesar de la satisfactoria sensación que las momentáneas caricias de Lenore hacían para aliviar el dolor éste seguía aumentando tanto que tuvo que pedirle a ella que se detuviera.

-¿Qué sucede? – Lenore intento mirar a Ragamuffin pero éste esquivó su mirada para evitar que supiera sobre sus quejidos ahogados y sus labios a punto de explotar por la presión que sus propios dientes producían.

-Creo… que debes irte ya. – en la mente del vampiro había un rechazo a aceptar el hecho de que estaba débil. Comenzó a sentir frío, su cuerpo en esos momentos era incapaz de regenerarse como usualmente lo hacía pero aun así no quiso aceptar la ayuda de la que provocaba tanto nerviosismo en su corazón, guardó todos esos dolores lo mejor que pudo y trato de controlar los espasmos de frío con pocos resultados.

-Tienes frio.- la voz de Lenore sonaba preocupada, sabía cuánto sufría Ragamuffin e incluso aunque sonara extraño llego a sentir por un momento su dolor como si tuvieran un vínculo demasiado fuerte y a la vez invisible.

-Ya te dije que estoy bien, puedo cuidarme solo.- Ragamuffin trató de apartarla casi con furia pero ella estaba decidida a hacer cualquier cosa para que él no sufriera y menos que se apartara de ella, sabía que su naturaleza agresiva podría matarla en cualquier momento y tomar su alma como si fuera un pedazo de nube en el cielo pero eso no la detuvo de recibir lo que ella creía… no, sabía que era suyo… lo que por derecho y ley se le había presentado casi como un regalo esa noche sangrienta donde lo encontró rodeado por una multitud, era suyo y de nadie más.

Lo abrazó tiernamente por la espalda intentando regalarle de su calor, al principio fue difícil debido a los brazos que intentaban separarla pero luego de un momento fueron cediendo al agarre de ella. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la chica al sentir la fría piel de Ragamuffin, "¡No lo hagas Lenore sabes que te puede asesinar!" decía su consciencia, pero ella quería seguir más allá del peligro mismo y sentir lo que su cuerpo y alma no habían sentido nunca.

El chico no supo que hacer, la perplejidad era poca ante el sentimiento que lo embargaba, su corazón se exasperaba por salir de su pecho y el calor le arrebataba cada pizca de frío que su cuerpo anteriormente tenía, ese calor que Lenore con tanto ahínco comenzó a esparcir por los rincones de su alma. Una chispa en su mente, una imagen… si, algo sucedió que lo motivó a abrazar a ese pequeño cuerpo que lo acorralaba casi desesperadamente a una imagen que le recordaba a ella… ¿Quién era ella? No lo sabía aún pero quería saberlo, la incertidumbre, la duda e incluso el miedo se apoderaron del vampiro quien ahora casi con lágrimas en los ojos sostenía a Lenore entre sus brazos, "Que llenura, que calidez tan agradable…"

Los dos permanecieron en esa posición sin decir palabra alguna, no era necesario pues sobraría cualquier cosa, con solo mirarse mutuamente lo entendían con claridad. Que sus corazones se estaban juntando.

Ragamuffin sentía deseos de protegerla de cualquier mal como si Lenore hubiera sido suya desde el principio de todo, incluso antes de conocerse en el pueblo. ¿Qué era esa sensación de posesión entre ellos? Ya no importaba. Embobado por la esencia de la chica y olvidando completamente quien era y el dolor que inundaba su pecho Ragamuffin se dio vuelta encarando a la chica y hundió su rostro delicadamente en los rizos de la chica como si fueran hilos de seda antiguos queriendo despertar un vetusto recuerdo que tan ansiosamente quería recuperar, un recuerdo que sabía… era de ella.

Ella entendiendo la angustia de su amado detuvo el candado que formo con sus brazos en la espalda de Ragamuffin para luego resguardarse en los de él y cerró sus ojos para absorber ese momento por siglos mientras escuchaba los latidos de sus corazones que entremezclaban sus ritmos como una danza nocturna apasionada.

La vida corría entre ellos como nunca, parecía que el tiempo se había detenido, nada importaba ya… una de las manos de Ragamuffin obligó a Lenore a levantar su rostro y posar sus bellos ojos húmedos de su alma celestina con los suyos. Su semblante era serio, casi frío pero Lenore sabía que su confusión se desbordada y también sus emociones tanto como las de ella.

"No lo comprendo… pero prefiero arriesgarme, quiero sentir… de nuevo" sin darse cuenta Lenore se vio enredada en los labios de Ragamuffin, al parecer el deseo de él fue tanto que su velocidad superó a la de ella haciendo ilusa su visión. El agarre que la mantenía ahora era demasiado fuerte casi animal, comenzó a sentir miedo y quiso romper el beso… pero algo dentro de ella la obligó a continuar. Posó sus dos manos en la cara de Ragamuffin y transformó ese beso apasionado e infantil a uno tranquilo y suave, quería que saboreara su amor de una manera humana que solo ella comprendía. Ragamuffin siguió el ritmo de ella rodeándola con sus enormes brazos y apegándola contra su cuerpo dejó que Lenore tomara parte de su juego de caricias, le comenzó a gustar la forma en que ella le besaba, parecía como si sus labios fueran una brisa primaveral rozando su rostro una y otra vez… fue casi eterno.

De repente el manojo de la puerta comenzó a girar y ésta se abrió entrando Taxidermio mientras se secaba las manos con un paño ordinario. Le requirió un poco más de su compostura habitual para poder hablar correctamente debido a la escena que alcanzo a ver.

-¡Ahem! Disculpen por interrumpir pero… señorita Lenore usted debería estar en su cuarto, aún el señor necesita descansar y ser atendido nuevamente.- dijo Taxidermio un tanto molesto por lo que estaba viendo.

Lenore se separó avergonzada de Ragamuffin y solo se inmutó en salir con paso apresurado del cuarto fingiendo que nada había pasado y cubriendo su boca como si el beso intentara escaparse aunque la verdad era bastante dudoso el no pensar en nada al ver tan comprometedora escena de dos jóvenes besándose como si se terminara el mundo. Taxidermio con mucha calma esperó a que la niña saliera y saco de un mueble unos vendajes nuevos e hilo para poder tratar de nuevo la herida de Ragamuffin quien solo miraba la puerta como si todo hubiera sido un sueño fantasmal mientras en su interior todo parecía encendido de una llama que no se consumía con nada, sus pensamientos viajaban como si no tuvieran rumbo, nada parecía tener sentido para él. ¿Desde cuándo que él era capaz de besar a alguien así como si esos labios le pertenecieran siendo que apenas la conocía? Le parecía tan extraño que ella cambiara tanto su actitud frente a él…

-Es como un gato…- Ragamuffin saltó al oír la elegante y seria voz de Taxidermio quien se encontraba frente a él observando el daño.

-¿Gato?- se atrevió a responder mientras guiaba sus ojos con curiosidad y cautela a su nuevo médico de cabecera en espera de una aclaración.

-Oh… usted sabe, los gatos al estar frente a un individuo que sabe le dará lo que necesite para ser feliz se acercará más a él transformando su personalidad y dejando ver como es realmente sin ni siquiera darse cuenta. La señorita Lenore ha tenido unos cambios bastante bruscos cuando se trata de usted, de ahí la comparación.- Taxidermio al decir esto miró de reojo a Ragamuffin pues entendía perfectamente lo que ocurría entre él y Lenore, lo que en el fondo le traía un peculiar temor y preocupación por su "ahijada".

Ragamuffin intento no hacer ningún gesto sospechoso, sabía muy bien que su presencia en esa casa podría ser muy agradable para Lenore pero para Taxidermio no lo era tanto como esperaba… después de todo era Taxidermio quien la protegía de viles criaturas como él. Miró hacía otra dirección consternado al pensar en lo desagradable que se podría sentir en ese momento el hombre que estaba al frente suyo. Taxidermio captando la actitud de Ragamuffin no quiso insistir más y cambio el tema de conversación a uno digamos "más apetecible".

-No debe ser saludable para un vigoroso vampiro como usted el exponerse a ésta clase de peligros, puede quedar con secuelas graves, su cuerpo aún no está acostumbrado del todo a su condición animal. Y a parte de todo esto, me preocupa que la señorita Lenore se involucre en temas como éstos pues sé que tanto para mí como para usted ella significa mucho para nosotros.- la voz de Taxidermio fue bastante seria y profesional al decir todo esto mientras se levantaba del costado de la cama. Ragamuffin lo observaba calladamente mientras se levantaba… ¿Cómo sabía tanto de él? Empezó a desesperarse, el hecho de que ese hombre supiera más de él lo empezó a enfadar y más aún el hecho de que su tono de voz sonara posesiva cuando hablaba de Lenore. Ella era de él y de nadie más.

-No me subestime… yo puedo perfectamente protegerme a mí y a…a…- pero antes de terminar la frase su cuerpo débil no resistió más y cayó desmayado sobre las sabanas aterciopeladas completamente aturdido por la falta de sangre.

Taxidermio observó el cuerpo del muchacho por un rato, sabía que estaba enfadado con él, la posesión que aparentemente sentía por Lenore era entendible lo comprendía muy bien. Se resignó ante este pensamiento, sabía que algún día llegaría el día que volvería a su vida pero aún no era suficiente como para protegerla… aún esto no terminaba. "Aun no entiendo cómo pudiste seguir viviendo después de lo que pasó… pero ahora que estás aquí y vivo no decepciones a Lenore, eres lo único que tiene ahora." Su mente repasaba una y otra vez este pensamiento, temía por la vida de Lenore.

El científico dejo una taza con un líquido carmesí y brillante en una cómoda al lado del dormido y salió por la puerta con un aire penoso y meditativo, pero antes de poder cerrar la puerta del todo alcanzó a escuchar un susurro casi imperceptible de la boca del joven.

-Lenore…

La voz de Ragamuffin retumbó en el oído de Taxidermio como una tortuosa tormenta, no pudo evitar pensar en todas las cosas por la que había pasado para evitar que todo esto pasara. Pero la vida le había dado un regalo a Lenore y el destino había hablado desde antes, se pertenecían el uno al otro y nada podía cambiarlo ni siquiera él. Ahora debía enfrentarse a este nuevo desafío y rogar a Dios que todo saliera bien.

"De verdad que lo subestimé…"