Ha pasado un tiempo ya desde que salimos de casa de Maca. Creo que Nina y Greta aún siguen ahí; supe que la pobre de Greta fue en busca de Emiliano y lo vio con su nueva novia, aunque no me extraña. Emiliano me había contado antes de su decisión de desintoxicarse de Greta, o al menos eso fue lo que dijo…en fin. Supongo que ahora le toca crecer sola, aunque la entiendo muy bien y me da tristeza, porque parte de mi vive lo que ella. No igual, claro está, pero parecido.

Mi vida desde la salida de la casa de Maca no ha sido muy intensa que digamos, pero hay ciertas cosillas que debo contar. Me fui a vivir con Valen. Sí, lo que pasa es que no quería vivir con mi mamá, Valen tampoco quería irse a su casa porque no se lleva nada bien con su familia, siempre me dice que soy su única familia, su mejor amiga, que me adora y blah blah. La verdad es que me costó tomar esta decisión, porque ya verla como una amiga no era algo fácil para mí.

Supuse que vivir con ella sería un suplicio; pero no resultó tal cosa, la verdad es que ha sido bastante grato. Algo diferente de cómo era en Casa de Maca. Creo que hasta me ha ayudado; si bien, no puedo negar que mi amor por ella no desapareció, con la convivencia diaria, verla como una amiga era más fácil, no sabría explicar por qué, pero a veces como que se me olvidaba que la amaba y me limitaba a disfrutar de su compañía, de su alegría, de su vida…

Nuestro departamento era un lugar pequeñito pero muy lindo. No era así cuando llegamos, las paredes estaban de un color damasco desquebrajado, todo estaba sucio, la ausencia de muebles le daba un aspecto de abandonada y el baño estaba lleno de moho. Además de una que otra ventana rota. Valen insistió en que pintáramos las paredes rojas, dice que ese color tiene mucha actitud, yo no me opuse, siempre me ha gustado el rojo. Limpiamos el departamento, cambiamos algunas ventanas y pusimos pocos, pero muy bonitos muebles. El espacio de la sala era chiquito, pero aún así pudimos acomodar un sofá para dos y un equipo formidable que Valen trajo de su antigua casa. Una mesita redonda con dos sillas un poco incómodas.

La cocina fue un reto, porque no éramos precisamente ricas. Pero la mamá de Val le dio algo de plata cuando ella se fue, sentía esa responsabilidad. A Valen le costó aceptarla porque no es de las que se llamen aprovechadora. Pero la necesidad esta vez la hizo aceptar el dinero sin chistar. Y para completar la salita comedor pusimos un estante para acomodar libros, revistas, discos, o lo que fuera.

El baño como todo lo demás era pequeño, pero tenía una tina formidable; es una de las cosas que más me gusta de la casa. Aunque el lugar era pequeño tenía dos habitaciones, así que nos pudimos acomodar muy bien. En el mío me alcanzo una cama mediana, un clóset y un escritorio. Val no puso escritorio en su habitación, puso una cama muy grande, me dijo que le gustaban los espacios grandes cuando de dormir se trataba, tampoco puso clóset, porque dijo que no le gustaban, no me puedo imaginar por qué (ja!), sólo puso una cajonera y su guitarra por supuesto!

Yo encontré trabajo en un hotel, de recepcionista. No tenía grandes cualidades, pero el hecho de hablar inglés me ayudó mucho. Me pagaban bien, me trataban bien. Era un buen trabajo, sino fuese por un pequeñísimo detalle, que ahora no tiene mucha importancia en todo caso. Los tres mosqueteros amigos de Adela llegaron ahí a trabajar de botones y por primera vez el trabajo les estaba durando. Aunque con el tiempo debo decir que Axl se me hizo menos desagradable; después de todo no puedo culparlo por amar a Valentina. Y bueno…sus locuras de vez en cuanto me hacían amenas las tardes.

Valen siguió trabajando en su música y para ayudar con los gastos se puso a trabajar como cajera de un supermercado. Siempre me llegaba contando llena de rabia alguna pelea que tuvo con cierto cliente y yo me reía a carcajadas! La vida con Val era realmente bella, aún como amigas.

De vez en cuando recibimos mail de las otras niñas, incluso de Adela, pero no nos hemos visto muy seguido que digamos… en las fechas importantes, sin embargo, acordamos juntarnos siempre.

A pesar de ser jóvenes nos la llevábamos muy bien con nuestra independencia, y acordamos estudiar en el próximo año, no sabíamos que íbamos a estudiar cuando fuésemos a la universidad, pero una cosa si era clara, tenía que ser en la misma. Para vernos aunque sea en los descansos o la hora de comer.

En las noches al llegar de nuestro trabajos siempre armábamos algo entretenido para hacer, o ver una película, o a veces Valen tocaba la guitarra y ambas cantábamos, otras veces subíamos el volumen al equipo de sonido y nos poníamos a bailar horas por toda la casa. Otros días juegos de mesa y otros tanto sólo conversábamos.

Cierto día estaba en la recepción del hotel como de costumbre y una chica, muy bella debo decir, se acercó al mesón con la mirada un poco perdida. No tenía aspecto de ser de por aquí, era joven, muy rubia, corte de melena, liso, ojos azules, casi color cielo, piel muy bien cuidada, delgada, pero no muy alta. Me miró y me pregunto dónde estaba la habitación 120; debe haber estado muy perdida, porque el hotel sólo tenía 60 habitaciones, pero de todas maneras era muy lujoso. En ese momento note su acento, obviamente no era de acá.

-Estás segura de que 120 es el número de tu habitación?- le pregunte con voz suave

-La verdad es que no estoy segura. Es que no soy de estos lugares, ando muy desorientada.- Me dijo poniendo una cara como de desesperación, pero tierna a la vez.

- Tienes reservación? Si tienes me das tu nombre y lo buscamos en la red.

- Anabella Davis- me dijo y es lo único que dijo segura.

- Déjame ver…ah, sí, acá estás, Anabella Davis en la habitación número 12, no 120!- le dije con una carcajada.

- Lo siento, es que no estaba muy segura de…- se sonrojó.

- No, por favor, no te disculpes. Llamaré al botones para que te acompañe a la habitación- Busque con la mirada a Piti, Fatu o Axl, pero ninguno de los tres estaba.- Y donde se han metido estos tres ahora?

-No te preocupes, yo puedo ir sola.

- No como crees, con lo perdida que estabas, mejor yo te llevo, ven, sígueme- le dije mientras caminaba hacia el ascensor.

La habitación estaba sólo en el segundo piso por lo que el trayecto no fue muy largo. De segundos en segundos me miraba confundida y cuando le devolvía la mirada ella posaba la cabeza nerviosa hacia abajo, eso me dio mucha risa; este trabajo me había enseñado a dejar de la do la timidez, una tiene que aprender a tratar con todo tipo de gente y por lo general son personas muy pedantes, pero esta chica era diferente, tan tímida, que me recordaba a mi misma en tiempos anteriores.

Llegamos a la habitación y después de agradecerme mucho me pregunto mi nombre, y se lo dije mientras nos apretábamos la mano a modo de presentación. Luego volví a mi lugar de trabajo.

Los tres bobos estaban ahí en la recepción desordenando mis papeles, y cuando les pregunte donde estaban me respondieron lo mismo de siempre, que estaban comiendo. Supongo que debí haberme disgustado, pero me había agradado Anabella, por lo cual lo dejé pasar.

Después de un rato de estar en la recepción haciendo lo mío chequé mi teléfono celular como siempre y había un mensaje de Valen " Vamos por un helado después del trabajo?" , le respondí "Más te vale , paso por ti". Cuando levante la vista después de haber enviado el mensaje me encontré con la cara de Anabella sonriente. Me asuste un poco de la sorpresa.

-Hola- me dijo- Perdón por haber estado tan callada hace un rato…es que vengo llegando acá y la verdad es que has sido la única persona amable conmigo Pía… estoy acá porque mi papá vino a una conferencia de enfermedades respiratorias. Es un doctor muy reconocido, pero su trabajo nos arrastra a todas partes. Bueno, no te quiero aburrir contándote mi vida. Pero…estoy muy aburrida y no conozco a nadie…excepto a ti. Me permitirías invitarte un café?

Me pareció muy extraña la naturalidad con la que hablaba ahora a pesar de haber sido tan tímida hace unos momentos, pero la invitación me agradó bastante. Debo confesar que Anabella me parecía muy simpática y además atractiva.