No soy la dueña de Slam Dunk ni de ninguno de sus personajes, aunque la verdad es que me encantaría

La intrusa que ocasionó un desastre

Capítulo Siete: Una pequeña vigilante

Rukawa llevaba aproximadamente una hora mirando fijamente el techo de su habitación. A pesar de que lo único que quería era tener su mente completamente en blanco, no podía dejar de pensar en lo que había ocurrido ese día. Había decidido, después de pasear por la playa, que iría a la escuela, aunque no hubiese entrenamiento, para practicar un poco más. Sin embargo, en cuanto caminaba hacia allá, el destino quiso que se encontrara con la repetición de la imagen más desagradable de los últimos días: Ahí estaba Sendoh, con su actitud de siempre, con su apariencia de siempre, él, como siempre. Y ahí estaba esa chica, tan común como cualquier otra, pero que parecía ejercer una fuerza increíble sobre Sendoh. Y él era lo suficientemente idiota y manipulable como para dejarse llevar por ella. ¿Cómo es que no se daba cuenta? ¿Cómo era posible que no pudiera ver realmente todo lo que tenía, para sentir que podía desperdiciarlo de esa manera?

¿Y qué era lo que le estaba sucediendo a él? ¿Por qué había amenazado a Sendoh de esa manera? Es más, ¿por qué había hecho la promesa interna de decirle a Ayako la verdad? ¿Por qué le importaba? Ella no era nada para él. Nadie era nada para él.

Sin embargo, muy dentro de sí, sabía que eso no era cierto. Él sabía que, de alguna manera, aquella muchacha se había convertido en algo más que un mueble en su vida. Cada día sentía que se acercaba a ella, pero que ella no se acercaba a él. ¿Por qué? Porque ella era amable por naturaleza. Era agradable, simpática y afable, con todo, inclusive con él, que incluso no lo merecía. Sin embargo, ese trato especial hacia él, que nadie tenía, no significaba que fuese especial para ella. Y, de todas maneras, ¿por qué le importaba tanto? ¿Por qué, tan repentinamente, quería que ella viese algo especial en él?

Rodó sobre su costado, tratando de espantar todos esos extraños pensamientos de su mente. Pero no pudo darse cuenta de lo que de verdad estaba sucediendo: No podía dejar de pensar en ella, no podía alejar su rostro de su cabeza, ni siquiera cuando cerraba los ojos. Sin embargo, se daba cuenta de que no era el rostro común que solía ver cuando la encontraba en la escuela y en los entrenamientos: Era una figura, una figura que había memorizado, cada línea de su silueta, como si fuese un cuadro, una fotografía. Cada vez que cerraba los ojos, veía la escena de la muchacha del tatuaje en el cuello, sentada al borde del muelle. Y, cuando él se acercaba, la joven se volteaba, el viento fuerte de la orilla lograba que su cabello se liberara, dando paso a un millar de rizos castaños. Y su rostro, el rostro misterioso que ansiaba ver, era el de Ayako.

Enfurecido consigo mismo, se levantó de la cama de un salto, cogió su chaqueta y bajó raudamente las escaleras. Sin prestar atención a la mirada que le envió su madre, sorprendida ante la rapidez de sus movimientos y su actitud enojada, salió de la casa dando un portazo. Caminó sin un rumbo particular, dejando que el sol acariciara su piel, mientras la brisa marina acompañaba aquel toque. Llevaba varias cuadras recorridas cuando se dio cuenta de su presencia: Atrás de él, tratando de seguirle el ritmo, había una figura. Sin que le importara demasiado, Rukawa dejó que su mirada se detuviera por un segundo en uno de los cristales de una tienda por la que estaba pasando, fijándose en el reflejo. No supo describir exactamente a la figura, pero por su estatura y complexión, pudo darse cuenta de que se trataba de una mujer. Si no, era la el hombre más pequeño que hubiera visto en su vida. Rukawa sacudió la cabeza, mientras alejaba sus pensamientos de algo tan insignificante, para poder concentrarse en lo que verdaderamente le importaba. Sin embargo, no contaba con lo persistente que podían ser los pasos de alguien detrás de él.

Imaginando que se podía tratar de alguna de las molestosas chicas de su escuela, y que no sería la primera vez que alguna de ellas lo seguía desde su casa, trató de sacarse de encima aquella desagradable sensación de ser seguido por alguien. Volteó rápidamente en la siguiente esquina, para después agilizar su paso aún más. Sin embargo, a medida que aumentaba el ritmo de su andar, empezó a escuchar unos pequeños pies que trotaban detrás de él. Volteó nuevamente en la esquina. Escuchó los pasos cada vez más cerca de los suyos. Caminó hacia la playa, pero aquello no significó nada: Sabía que estaba detrás de él.

Abiertamente enojado, y ya totalmente cansado de aquella estupidez, Rukawa se volteó para encarar a la pequeña figura que lo seguía. Ya tenía suficiente con sus propios molestos pensamientos, con aquella situación incomprensible para él, en la que, al parecer, estaba al medio de un imbécil desconsiderado y una muchacha que cada vez ocupaba más su mente, para más encima tener que lidiar con los enredos amorosos y totalmente inexistentes de una más de sus molestas "admiradoras". Cómo odiaba esa palabra, sobre todo si es que se ponía a pensar en que, aparte del basketball, no había nada admirable en él.

"¿Pero qué rayos es lo que quieres?" – exclamó, en un tono bastante más alto del que solía ocupar con la gente desconocida. Sin embargo, sabía que sólo podía ser producto de su enojo interno.

Rukawa estaba en lo correcto: Se trataba de una mujer. Sin embargo, era una muchacha, tal vez un poco más joven que él. Era pequeña, tal vez medía un poco más de un metro cincuenta, extremadamente delgada. Llevaba un par de shorts de jeans, ajustados, que dejaban ver unas piernas largas, más que su cuerpo mismo, también muy delgadas. Llevaba una camiseta ajustada, sobre la cual había una camisa de cuadros de color rojo intenso, amarrada únicamente al nivel de su pequeña cintura. Sin embargo, su atuendo hubiera pasado desapercibido si no hubiese sido por sus rasgos: Tenía el rostro redondo, a pesar de la delgadez que poseía en todo el resto de su cuerpo, con unas mejillas delicadamente sonrosadas. Tenía los ojos grandes, castaños, que en ese momento golpeaban el aire con sus increíblemente largas pestañas. Y, finalmente, su rostros estaba enmarcado por una muy larga melena rubia, ondulada y que se mecía suavemente con la brisa marina.

Para la sorpresa de Rukawa, la jovencita, ante su enojada pregunta, le entregó una ancha y cálida sonrisa. Tenía los dientes superiores levemente más largos que el resto de ellos, por lo que, junto con su apariencia infantil, todo en conjunto le daba un aire similar al de un pequeño ratón. Sin embargo, a pesar de esa evidente amabilidad que parecía rodearla, el muchacho no pudo olvidar que su presencia ahí en ese instante le resultaba extremadamente molesta.

"¿Qué es lo que quieres?"- preguntó Rukawa de nuevo, acercándose a ella, con evidente intención de atemorizarla para que se diera media vuelta y lo dejara en paz. Sin embargo, se encontró con la mirada de la muchacha, que echó su cabeza hacia atrás para no dejar de observarlo a los ojos.

Cualquier respuesta no habría captado la atención del muchacho. Cualquier respuesta. MENOS la que ella le dio.

"Ella te gusta, ¿no es cierto?" – su voz era suave y melodiosa. Sonrió aún más ante la mirada gélida y a la vez sorprendida de Rukawa – "Sino, ¿por qué te molestarías en que él le dijera la verdad y dejara de engañarla?"

Rukawa dio un paso atrás, abiertamente en shock. Y tal vez, estaba en shock por primera vez en toda su vida. ¿Pero quién demonios era ella? ¿Y cómo es que sabía todo eso? Porque era imposible que se refiriera a otra cosa que aquella en la que él estaba pensando. Sabía que sus "admiradoras" era impresionantemente molestosas y que sabían cosas que ni él mismo se imaginaba (el internet daba para mucho), pero nunca que pudieran ser realmente peligrosas o criminales en potencia. Además, recordaba un par de rostros, obviamente no sabía sus nombres, pero eran de aquellas muchachas que solía ver en la escuela. A esta muchacha, sin embargo, nunca la había visto en toda su vida. Era muy distinta a cualquier chica con la que se hubiera encontrado alguna vez, no poseía ningún rasgo similar a nadie, excepto por…no, era imposible, estaba volviéndose loco, literalmente. ¿Cómo era posible que viera el rostro de Ayako en cada muchacha que se cruzaba en su camino? Sin embargo, no podía negar que, en cuanto vio la sonrisa animada de esta jovencita, lo primero que vino a su mente fue la sonrisa de Ayako.

"¿Quién…?" – empezó Rukawa, sacudiendo la cabeza – "¿Cómo…?"

"¿Cómo sé todo eso?" – dijo la muchacha, caminando por su lado y dirigiéndose a la escalera que daba para bajar a la playa. Se volteó y le sonrió – "Eres mucho menos misterioso de lo que piensas, deja de darte tanto crédito por eso"

Rukawa siguió su figura con la mirada, mientras la muchacha bajaba las escaleras y se quitaba los zapatos, haciéndole un gesto para que bajara con él. El muchacho, completamente ensimismado y sorprendido para reaccionar, dejó que su mirada vagara sobre su figura, mientras ella caminaba hacia la orilla. Sin embargo, su voz la sacó rápidamente de sus pensamientos.

"¡Oye, no tengo todo el día!" – le gritó, por sobre el sonido de las olas del mar

El muchacho, dándose cuenta de que esta era tal vez la situación más extraña a la que se hubiera enfrentado, siguió sus huellas sobre la arena húmeda y se dirigió hacia ella. La muchacha ya se encontraba sentada sobre la arena, abrazando sus rodillas. Sonriendo ampliamente, puso una mano sobre el lugar que se encontraba a su lado, lo que era una clara señal de que quería que se sentara junto a ella. Rió por lo bajo cuando un pequeña mariposa se posó sobre uno de sus dedos de los pies, cuyas uñas estaban pintadas de un rosa brillante. Rukawa observó su figura, tan tranquila y extraña, tratando de buscar algo de lógica en su actitud. Sin embargo, sólo podía sacar como conclusión de que, a pesar de su apariencia inocente, bien podía tratarse de la mayor desquiciada con la que hubiera tratado. Lentamente, se sentó a su lado, mientras la observaba atentamente. Pasaron largos minutos de silencio, mientras ella contemplaba el mar de manera absorta.

"Deja de mirarme así" – dijo ella, de repente – "No soy una de las locas de tus admiradoras, si es que eso es lo que te estás preguntando"

"¿Quién rayos eres?" – preguntó Rukawa, ignorando su defensa a la locura, porque no había forma de que no fuese así

La jovencita sonrió suavemente, mientras estiraba una de sus largas y níveas manos hacia él.

"Mia" – dijo, sonriendo aún más – "Mucho gusto"

Lentamente, y ciertamente un tanto asustado, Rukawa extendió su mano y estrechó la suya suavemente, sin decir nada.

"Sé que sabes que sé tu nombre" – dijo ella, agitando su mano unida a la de él, y soltando una carcajada jovial al mismo tiempo – "Pero sería de buena educación que lo dijeras de todas formas"

"Kaede Rukawa" – dijo él, a desgana, sintiendo que no había nada productivo en aquella conversación. ¿Por qué no se paraba y se iba? ¿Por qué le interesaba escuchar lo que ella parecía que quería decirle? Y lo más importante: ¿Por qué sentía que la conocía? ¿Por qué aquella actitud amable, simpática e inocente, incluso ante un desconocido hostil como él le resultaba tan familiar?

"¿Ves?" – dijo ella – "Tan difícil no era"

"Ya basta" – dijo Rukawa, entrecerrando la mirada – "¿Quién eres y por qué me sigues?"

"Pero qué agresivo eres…" – suspiró ella, sacudiendo la cabeza con resignación – "Pero ella tenía razón: Supuestamente eres así con todo el mundo, pero creo que tienes un lado amable que no dejas que nadie vea…o por lo menos, sólo alguna personas. Entre ellas, aquella muchacha que te gusta"

"Eres una desquiciada" – dijo Rukawa, levantándose de la arena – "Deja de seguirme o te vas a-"

"¿Arrepentir?" – concluyó ella – "No tanto como tú si es que le dices la verdad a Ayako".

Rukawa quedó helado con ese comentario. La muchacha lo miró atentamente, analizando cada una de sus expresiones faciales. El muchacho la observó con la misma atención, esperando a que fuese ella la que dijera algo. Como eso no parecía que fuese a suceder, se acercó una vez más, mirándola con todo el desprecio del que era capaz.

"No sé quién eres o por qué me sigues, pero de lo que hablas no es asunto tuyo" – dijo él, lentamente, para que entendiera cada una de sus palabras – "Y menos ella. No quiero que te me acerques, que me sigas o que te dirijas a mí. Y tampoco a ella. Más te vale dejarla en paz".

No esperó que ella se riera de la manera en que lo hizo. Sus carcajadas inundaron el aire, mientras su cabello rubio se mecía con suavidad a su alrededor.

"Me gusta que hables así de ella" – dijo, con una sonrisa – "Significa que te gusta mucho, y que la mereces más que ese hijo de perra de Akira Sendoh. Y por lo que he visto este último tiempo de ti, creo que ese es el discurso más largo que le has dado a una persona. Me gusta que seas así. De hecho, tú me gustas mucho. Obviamente, para mí no, pero para ella sí. Eres el indicado, definitivamente".

"¡¿Pero de qué hablas?!" – exclamó Rukawa, completamente furioso – "¡¿Quién demonios eres?!"

"¿Pero qué es lo que está pasando aquí?" – dijo otra voz.

A gran velocidad, Rukawa se volteó hacia donde había surgido la voz. Sintió un vuelco en el estómago y en el pecho cuando se encontró con la figura de Ayako. La muchacha llevaba unos jeans, que había cortado para que fuesen shorts. Una camiseta azul intenso, holgada y que casi llegaba hasta el largo de los shorts. Llevaba su cabello recogido en una coleta alta, pero de todas formas, lo que más destacaba era su mirada enojada. Rukawa se volteó hacia la otra muchacha, que, aún sentada en la arena, esbozaba una gran sonrisa hacia la otra joven.

"¡Hasta que me encontraste!" – exclamó, sorprendida y soltando una carcajada – "Y yo que me esforcé tanto para que no lo hicieras"

"Mia, ¿cuántas veces te he dicho que no quiero que salgas sola?" – preguntó Ayako, con expresión cansada y poniendo sus manos en la cintura – "Por lo menos no hasta que conozcas mejor la ciudad"

"No te preocupes por eso" – dijo la muchacha, caminando hacia ella – "No me pasó nada, y tu amigo Rukawa estuvo haciéndome compañía todo este tiempo"

El joven miró, sorprendido a Ayako, quien soltó un suspiro exasperado. ¿Se conocían? ¿Por qué Ayako podría conocer a esta loca jovencita? ¿Y por qué tenía ese tono tan protector al hablar con ella?

"Lo siento, Rukawa" – dijo Ayako, mirándolo y sonriendo – "Me imagino que te estuvo molestando todo este tiempo, más que acompañarte"

El muchacho observó con suspicacia la manera en que Mia se acercaba a Ayako y la besaba con suavidad en la mejilla. Ayako, por su lado, soltó una suave carcajada ante la expresión infantil de la otra jovencita.

"No seas así" – dijo, sonriendo – "No soy una molestia tan grande"

"Pues sí que lo eres cuando te lo propones" – dijo Ayako. Luego, se volvió hacia el muchacho – "Rukawa, lamento si es que mi insoportable hermana menor ha estado molestándote"

Rukawa quedó completamente helado. ¿Cómo era posible que fuese su hermana? No se parecían en nada. Sin embargo, eso era lo que menos le importaba en esos momentos. La jovencita parecía estar al tanto de todo lo relativo a lo que había estado pasando en el último tiempo. ¿Ayako le había contado? Claro que no. ¿Entonces los había estado siguiendo?

"El placer es todo tuyo, estoy segura" – dijo Mia, sonriendo ampliamente a Rukawa y guiñándole un ojo en un gesto de complicidad

"¿De qué hablaban hasta antes de que llegara?" – preguntó Ayako, más hacia Mia que Rukawa

"Oh, de todo y nada" – dijo la jovencita, encogiéndose de hombros – "De hecho, creo que lo mejor es que me vaya y que Rukawa te acompañe en tu caminata por la playa. Voy al centro comercial"

"De ninguna manera" – respondió Ayako – "Podrías perderte y después tendría que-"

"Llamarme por teléfono" – dijo Mia, sacudiendo la cabeza – "No me perderé, sé dónde está" – luego, se acercó a Rukawa y le dio una palmada en el hombro – "Espero verte de nuevo, me caes bien"

El muchacho vio cómo la niña se acercaba a su hermana y la empujaba levemente con el hombro, lo que logró que la joven se riera suavemente. Mia, cuando su hermana no la estaba mirando, se volteó por un instante y observó a Rukawa, sonriendo. De alguna forma, el muchacho pareció percibir un gesto que pretendía infundirle valor para algo.

Ayako observó a Rukawa, que tenía la mirada perdida. Se preguntó qué era lo que estaba haciendo ahí en ese lugar, y por qué había estado conversando con su hermana. Conocía lo suficiente a Rukawa para saber que no había sido él el que había iniciado la conversación, y bastante más a Mia para saber que ella era quien lo había perseguido hasta sacarle un par de palabras. Sin embargo, Rukawa parecía extremadamente molesto, siendo que, a pesar de su manera de ser, no solía perder la paciencia tan rápido. Algo le había dicho Mia para hacerlo enojar.

En un gesto reflejo, cuando Ayako se quitó las sandalias y bajó hacia la arena, Rukawa la siguió. Ambos caminaron hacia la orilla, en silencio, pero que, extrañamente, para ninguno de los dos resultaba incómodo. El sol se reflejó en las facciones de la muchacha, quien cerró los ojos para sentir el calor sobre sus mejillas, ante la mirada atenta de Rukawa. ¿Qué podía hacer en esos momentos? Su impulso inicial era salir corriendo de aquel lugar, sin voltear atrás, cambiarse de escuela y jugar basketball en otro lugar, de manera tal que nunca más tuviera que encontrarse con el rostro de la joven. Sin embargo, ¿A quién pretendía engañar? ¿Qué era lo que pretendía al huir? Debía admitir, en ese mismo instante, que tenía miedo. Quizás por primera vez en su vida, estaba realmente asustado por una situación. No sabía qué era lo que ocurriría, y eso lo desesperaba. Sin tener mayor contacto con él, Rukawa sentía que la muchacha se había zambullido en el apacible mar de su existencia, siempre tranquilo, quieto y sin cambios. Había logrado que su mente funcionara de una manera diferente, que sus pensamientos giraran en torno a algo más, a algo que no tenía que ver con él, en donde él no era el centro.

Porque, lo admitiera o no, había hallado otro centro dentro del pequeño mundo que era su mente.

Ella se había transformado en un centro, había entrado en su vida sin que él lo permitiera y se había convertido en una especie de eje para todas sus acciones cotidianas.

Había entrado sin su permiso o autorización. Como una intrusa.

Ella era una intrusa.

Y antes de que dijera una sola palabra, Rukawa quedó sin aliento. Sintió que sus rodillas temblaban, que su cuerpo se congelaba incluso bajo el calor del sol, que sus ojos se ensanchaban a más no poder, que sus manos se estremecían y que escalofríos recorrían su espalda: Porque, en ese mismo momentos, tal y como si el entorno de la bahía se hubiera confabulado con el viento, cuando Ayako se acercó a la orilla y se inclinó para recoger una pequeña concha blanca, su cabello bailó al ritmo de la brisa marina, lo suficientemente alto para que el muchacho lograra ver aquella figura en la parte posterior de su cuello.

El tiempo pareció congelarse en el instante en que Rukawa posó sus ojos sobre el tatuaje de mariposa que Ayako lucía. Eran los mismos colores, la misma forma. Además, como si fuese lo que el muchacho había estado esperando, todo alrededor de ella parecía confirmar que su deseo de que la primera muchacha a la que había considerado hermosa tatuaje y Ayako fueran la misma mujer, se había cumplido finalmente.

"Eras tú…" – murmuró, lentamente

La joven se volteó, sorprendida por el hecho de que Rukawa hubiese dicho algo que no fuera la respuesta a alguna de sus preguntas. Sin embargo, lo que la dejó pasmada fue la mirada del muchacho. Parecía como si fuese la primera vez que la hubiese visto, como si se tratara de una desconocida. Pero, lo más sorprendente, es que había algo en sus ojos que no había contemplado jamás en su vida. Había una especie de luz en su mirada, que la hizo sentir que en realidad, esa era la primera vez que alguien realmente se fijaba en ella.

"¿Era yo qué?" – preguntó ella, con suavidad – "¿De qué hablas?"

"Tú…" – comenzó él, dando un paso hacia la joven – "Tú eras la de la mariposa en el cuello"

Ayako parpadeó varias veces, completamente perpleja. ¿Cómo sabía que tenía un tatuaje? Siempre había sido lo suficientemente cuidadosa en la escuela para que nadie lo viera, porque los tatuajes iban en contra del código de vestimenta. Y estaba segura de que nunca había estado lo suficientemente cerca para que lo pudiera observar.

"¿Cómo sabes eso?" – Instintivamente, se acercó más hacia él – "¿Cuándo lo viste?"

Rukawa se dio cuenta de que sólo había una respuesta a esa pregunta. Y era la misma respuesta que había estado buscando hasta ese momento.

No se trataba de que Ayako se hubiese convertido en el centro de las cosas, sino que ella siempre había sido un centro de todo alrededor. Él, por su apatía de siempre, nunca lo había notado. Pero fue desde que él se dio cuenta de que una intrusa se había inmiscuido en su vida que logró ver lo mucho que le hacía falta. No había nada entre ellos, pero ella había logrado que él quisiera verla todos los días. Había logrado que necesitara de esos momentos de tranquilidad, en donde su mente estaba en paz por el sólo hecho de estar en su compañía, sentados bajo un árbol o caminando en silencio. Había logrado que, cuando no estaba, la extrañara a su manera. Había logrado que le importara lo suficiente para que no soportara el hecho de verla sufrir por las mentiras de otro hombre. Había logrado que, por primera vez en toda su vida, quisiera ocupar un lugar en la vida de alguien.

Había logrado que deseara con todo su ser reemplazar a quien esos momentos no la merecía.

"¿Cuándo lo viste?" – repitió Ayako

Rukawa parpadeó un par de veces, mientras dejaba que sus labios se curvaran levemente hacia arriba, y de forma involuntaria, esbozara una tímida sonrisa.

"La primera vez que realmente te vi"

Continuará…

A/N: PERDÓNENME POR NO HABER ACTUALIZADO EN TANTO TIEMPO! Pero he vuelto con la batería recargada, prometo empezar el próximo capítulo de inmediato! Gracias por leer y por todos sus reviews! Amo a todos los que se detienen a leer esta historia!