Epílogo, parte I: En los ojos de Cole.

Estaba de pie junto a la puerta mirando a Phoebe mecer a nuestro recién nacido. Su cabello estaba tomado en una media cola y se encontraba en su viejo pijama rosado caminando alrededor de la habitación cantando una dulce canción de cuna. Sus pantuflas de conejo no permitían que sus pasos hicieran un solo ruido. En una de sus vueltas, nuestros ojos se encontraron.

― ¿Qué? –me preguntó, con una sonrisa amable.

― ¿Qué de qué? –pregunté de vuelta, sonriéndole también.

― ¿Qué miras? –inquirió, acercándose a la puerta para besarme en los labios con ternura.

― Eres hermosa, eso es todo. –respondí, llevando un mechón de su cabello tras su oreja.

― Claro. –dijo rodando los ojos― Mírame, parezco un espantapájaros.

― No pareces un…―traté de decirle, pero me interrumpió.

― ¿Qué haces tan temprano en casa? Pensé que tenías una reunión.

― De ahí vengo. –le dije, aún sonriente.

― ¿Qué?, ¿Qué hora es?

― Las seis en punto.

― Oh no, ¡Cole!, ¡Lo siento! No me di cuenta de…

― Hey, está bien. –le sonreí, atrayéndola hasta mi cuerpo con delicadeza.

― Lo siento amor, hoy ha sido un día de locos: uno de mis pacientes se descompensó, Johanna y yo pasamos horas en el centro comercial eligiendo una nueva tenida y después Patience quiso que la llevara a la biblioteca a comprar unos cuentos, sin mencionar que Ben no ha sido nada fácil de cuid…

― Calma, respira. Está bien. –le repetí, besándole la frente― No te presiones tanto, y tu, Benjamín Halliwell…―le dije, tomándolo de sus brazos para mirarlo a los ojos, los cuales estaban abiertos como platos― ¿Por qué no estás durmiendo?, ¿Cuántas veces tengo que pedirte que debes comportarte como un caballero con mamá?

Phoebe se sentó en la cama, agotada. Podía ver que había tenido un día difícil, pero aún así, se las arreglaba para hacerme sonreír.

― ¿Aún hay tiempo?

― No te preocupes, las reservaciones reales son a las siete. Simplemente sabía que esto iba a pasar.

Phoebe entrecerró los ojos y me dio "la mirada".

Mala persona.

― Sabia persona, querrás decir. –bromeé― Sé que las cosas han estado bastante revolucionadas desde que me promovieron y el nacimiento de Ben, pero te prometo que no durará mucho tiempo más.

Phoebe estaba a punto de decirme algo, hasta que unos pasos irrumpieron en la habitación.

― No quiero ser egoísta pero se supone que tengo que encontrarme con Ryan dentro de los próximos treinta minutos y…

Johanna se dejó de hablar y dirigió su atención hacia Phoebe.

― Espera ¿Todavía no estás lista? –le preguntó cruzando la puerta, tratando de ponerse los aros mientras hablaba.

― ¿Quién es Ryan? –pregunté de inmediato.

― Oh, así que elegiste la falda. –le dijo Phoebe, aparentemente feliz por eso― Sabia decisión. –agregó.

― El chico que me ha gustado por dos años y las cosa van a terminar en un disgusto si no llego al cine a la hora. –me explicó, cruzándose de brazos.

― ¿Por qué esa falda es tan corta? –le pregunté; en ese momento, no me interesaban los detalles de su cita más que el largo d su falda, y, hablando de eso― ¿Quién te dio permiso para ir a una cita?

Phoebe se rió de eso y se levantó de la cama, poniendo una de sus manos sobre mi hombro.

― Porque es joven y hermosa. –dijo, refiriéndose a lo de la falda― Y yo le di permiso. Ahora, déjate de jugar al papá celoso y vístete para que podamos salir.

― No sé qué hacer con mi pelo, se ve horrible. –dijo Johanna, mirándose en el espejo del armario, ignorándome completamente.

― Cariño, toma mi estuche de maquillaje y corre tan rápido como puedas hasta tu habitación antes de que tu papá estalle. Enciende el alisador de pelo, estaré ahí apenas me duche y me ponga lo primero que encuentre, ¿Ok?

Mi hija asintió e hizo lo que Phoebe le dijo, dejándome sin palabras; no porque le estuviera haciendo caso, porque siempre lo hacía, sino porque me estaban ignorando: a mí y mis preocupaciones.

― Ni se te ocurra empezar. –me advirtió Phoebe, apuntándome con su índice― Ahora trata de que lograr que ese bebé se encuentre con Morfeo, ve a ver en qué anda Patience y no ignores que hoy se le cayó su primer diente, y por favor, hagas lo que hagas: deja a Johanna en paz. Entro y salgo. –finalizó, tomando una toalla y cerrando la puerta del baño.

Me quedé ahí, pestañeando, pensando en todas las instrucciones, tratando de procesarlas y con mucho que decir todavía con respecto a esto apenas saliera de la ducha. Por ahora, simplemente apoyé a Ben en mi pecho y me dirigí a la habitación de Patience.

― ¡Papi! –celebró al verme, corriendo a darme un abrazo.

― Hola princesa, ¿Cómo estás? ―le pregunté con el mismo ánimo: al fin alguien que no me ignoraba en esta casa.

― Genial. –sonrió enseñándome los dientes, haciéndome ver que había perdido uno de ellos.

― ¡Oye!, ¿Qué pasó ahí? –le pregunté, haciéndola sentir orgullosa del espacio junto a su diente frontal derecho.

Mientras hablaba, no podía dejar de pensar en la falda de Johanna. No me había dado cuenta cuán rápido había pasado el tiempo y no podía creer que ya tuviera diecisiete años y a unos minutos de salir a su primera cita seria. ¿A dónde se había ido mi niñita? Ya no era una niña, era toda una señorita. Se parecía mucho a su madre, lo que era algo triste para mí, pero bueno para ella, ya que Beatriz había sido una mujer realmente hermosa, pero eso era solamente su apariencia externa: lo que realmente era valioso en mi hija, era su interior. Había aprendido mucho de Phoebe y su familia, de nuestras amigas y de mí mismo. No tenía nada que ver con Beatriz. Johanna no era ambiciosa, no trataba de obtener cosas de la gente. Era dulce, amable, tenía un corazón de oro: había aprendido de la mejor madre que pude haberle dado.

― Mamá me dijo que lo pusiera bajo mi almohada, ¡Así el Hada de los dientes va a encontrarlo y dejarme un regalo a cambio!

La emoción de mi pequeña Patience me devolvió a la realidad. Aún podía recordar cuando Johanna esperaba a que el Hada de los dientes, Santa Claus, el Conejo de Pascua aparecieran, a pesar de saber que no eran más que personajes ficticios, debido a que la estúpida de la hermana del novio de su madre le hubiera dicho la verdad para evitar gastar dinero en ella. Y ahora iba a tener un cita con un chico, a solas.

― ¿En serio? Bueno, entonces deberías mantener tus manitas lejos de esa almohada y dejar al diente tranquilo. He oído que el Hada de los dientes no aparece a menos que estés completamente dormida. –le expliqué, abrazándola cálidamente.

― Oh, creo que mamá olvidó decirme esa parte. –comentó, llevándose un dedito a la boca― Prometo que volveré a mirar hasta mañana en la mañana.

― Esa es mi niña. –le dije, orgulloso de ella― Ahora, trata de hablar un poco más despacio a ver si logro que tu hermano se duerma.

Patience se tapó la boca con las manos y asintió. ¡Mi pequeña!, ¡Había crecido demasiado rápido también! Ya había cumplido ocho años y sabía leer y escribir. Podía hacer ejercicios matemáticos, ir a jugar a las casas de sus compañeros y ya había tenido su primera pijamada la semana pasada. Aún podía recordar el día en que casi renuncié a ella, y me rompía el corazón imaginarme una vida sin mi pequeño milagrito cerca.

― Te amo. –le dije, abrazándola de nuevo― Lo sabes, ¿Verdad?

― Claro que lo sé. –me sonrió. Podía ver la sonrisa de Phoebe en su carita. Era una copia de su madre, una copia feliz de ella, pero tenía mis ojos: azules, igual que su hermana y hermano.― Yo también te amo papi.

― Oye, ¿Tienes alguna idea de quién es este chico Ryan?

― No te diré nada porque siempre te digo todo y después te pones histérico y celoso. –respondió.

Sí, una copia perfecta de Phoebe. El temperamento Halliwell era algo de lo que había que tener miedo, y bueno o malo, hasta Johanna lo había adquirido.

― Definitivamente eres hija de tu madre. –le dije.

Patience se encogió de hombros y me volvió a mirar.

― Te amo hija. –le reafirmé― Cualquier cosa que necesites, estaré en mi cuarto tratando de hacer que este caballerito se quede dormido.

Dejé la habitación, pero me quedé un par de minutos más espiándola desde la puerta. La amaba con todo mi corazón y me gustaba verla jugando tan contenta. Las cosas habían salido bastante bien, había sido difícil, pero lo habíamos logrado. Estaba orgulloso de nuestra familia. Extremadamente orgulloso.

― Ahora tú, ojos cerrados. –le dije a Ben, entrando al dormitorio principal, encontrándome con Phoebe en ropa interior aún con el cabello mojado.

― ¿Viste su sonrisita? –me preguntó, refiriéndose a Patience― Está creciendo tan rápido…

― Dímelo a mí. –suspiré― No me sorprendería si Ben tomara sus maletas y se fuera a la universidad mañana. –gruñí.

Phoebe se rió de eso y tomó mi cara entre sus manos. Me miró a los ojos. Con ella el tiempo no pasaba. Cada vez que estaba con ella era como la primera vez.

― No seas dramático. –me dijo― Apenas tiene dos semanas, tienes suficiente tiempo para disfrutarlo antes de que cumpla dieciocho.

Sonreí, aún nostálgico. Todo el asunto de Ryan me tenía nervioso.

― ¿Qué es lo que te molesta? –me preguntó. Ella nunca había fallado al leerme desde que dejamos el centro nueve años atrás.

― No sé si me gusta la idea de que Johanna salga con ese chico esta noche.

― Cole…

― ¿Qué? Es muy joven todavía.

― Joven sí, pero no "muy joven". Nunca eres demasiado joven para amar, y bueno, es una adolescente y es normal que quiera conocer gente y que sienta algo por un chico. A tí también te pasó, pero con chicas, o eso espero. –dijo, hacienda una cara extraña.

― Ese es el punto precisamente, Phoebe. Lo hice y la tuve a los diecinueve con una mujer que nos dejó a mí y a ella por una aventura adolescente.

― Pero ella no es tú. Y es una chica, nosotras somos las de la intuición. – insistió, muy segura de su discurso.

― Oh, ¿Así como tú? –le pregunté, algo molesto al ver cómo parecía estar tan relajada ante algo que me perturbaba demasiado.

Phoebe giró sobre sus talones, tomando un vestido negro de su armario, ignorándome. La había lastimado. No había sido mi intención.

― Phoebe, sabes a lo que me refiero, no lo tomes personal.

Continuó ignorándome y yo me restregué la cara con una de mis manos libres: había arruinado la noche de nuestro séptimo aniversario de bodas en apenas dos segundos.

― Phoebe, tenías su edad cuando nuestra historia comenzó y quedaste embarazada.

― Y era aún más joven cuando era la puta de Todd, y conozco tres chicas que también lo eran cuando empezaron a usar drogas. –me recordó, realmente enojada.

Suspiré pesadamente.

― Escucha…―me dijo, suspirando también, intentando calmarse un poco― Sé que tienes miedo de que se convierta en una adulta, de la inminente adolescencia de Patience y de la vida universitaria de Ben. –me dijo, intentando relajar el ambiente con la última broma― Pero no podemos cortarle las alas por los errores que cometimos nosotros. Necesitamos confiar en el trabajo que hemos hecho con ella, en la crianza que le hemos dado, demostrarle que la respetamos y que estaremos aquí siempre que nos necesite.

― Solamente quiero evitar que salga herida.

― Saldrá herida, Cole. No importa lo que hagamos, la van a lastimar. Así como también le va a pasar a Patience y a Ben. No hay nada que podamos hacer para evitarlo, excepto darles todo nuestro apoyo y dejarles saber que confiamos en ellos y que estamos aquí, no importa lo que pase.

Miré a otro lado, no muy convencido.

― Amor…―me dijo, comprensiva― Es más inteligente que tu y yo juntos y ha visto todo el desastre que puede causar tomar decisiones estúpidas, ser irresponsable con lo que se hace y no tener cuidado. No va a decepcionarnos, y, principalmente, no se decepcionará a sí misma.

― Confío en ella, no te equivoques. En quien no confío es en "ellos".

Phoebe sonrió.

— Prue tampoco confiaba en ti, y mira en donde estamos ahora.

― Me hubiera gustado que me lo contara. –comenté, cambiando el tema, pero no tanto.

― Si no fueras tan sobreprotector …

― Ok, lo merezco, de acuerdo. Pregunta: si ella va a salir, ¿Quién cuidará a los niños? –le pregunté esta vez, con claras intenciones de cambiar de tema.

― Problema resuelto. –respondió, chocando sus palmas― Prue viene con Patty.

Asentí.

― Ahora ve a abrir la puerta porque me mandó un mensaje de texto hace unos minutos y no quiero que Ben se despierte más de lo que ya está, si eso es posible. –dijo mordiéndose el labio― Voy a ayudar a Johanna con los últimos detalles, secarme el pelo y estamos listos.

Simplemente suspire, resignado. Me había acostumbrado a que ella fuera la que daba las órdenes; no era algo que fuese a reconocer en público, pero sí algo que tanto Andy, Leo, y el novio de Paige y yo sabíamos bien y teníamos bastante asumido. Nunca había que desafiar a una Halliwell.

― ¡Hola tío Cole! –me saludó Patty, la hija de cuatro años de Prue.

― Hola, linda, ¿Cómo estás? –le pregunté, agachándome para que pudiera ver a su primo.

― Hola Cole. –dijo Prue, besándome en la mejilla― ¿Qué hace este bebé despierto a esta hora? –preguntó a Ben, usando su voz de bebé, tomándolo de mis brazos.

― Me pregunto lo mismo. –respondí.

Unos minutos más tarde, Phoebe y Johanna estaban listas. Mi hija mayor se veía como una estrella, y no por usar cinco kilos de maquillaje en la cara, no, era más sofisticada que eso, sino por su belleza natural. Se veía hermosa con su cabello castaño alisado para la situación y ojos azules. Estaba muy orgulloso de ella. Podía entender que fuera un imán para chicos, pero eso me hacía aún más inseguro con respecto a sus intenciones para con ella. No quería que nadie jugara con su corazón, o ignorara la persona que realmente era, demasiado ocupado prestando atención a como se veía.

― Estamos listas, hora de irse. –dijo Phoebe, tratando de apresurar nuestra partida para evitar cualquier tipo de discusión.

― ¡Te ves hermosa! –le dijo Prue a mi hija― Ryan va a pensar que está soñando.

― Espera un minuto, ¿Tu también sabías del tal Ryan? –pregunté, y ya ni siquiera tenía ganas de enojarme.

― Todos lo sabían. –me dijo Patty con sus manitas sobre sus caderas, bastante segura de sí misma.

Phoebe y Prue se rieron de eso, pero yo no lo encontré gracioso, ¿Cómo podía encontrar gracioso que todos supieran menos yo?

― Cualquier cosa, llámame. –le dijo mi esposa a su hermana.

Una vez hechas las despedidas, y las risas de las hermanas terminadas, nos dirigimos al cine en silencio. Yo estaba tenso, Phoebe en alerta y Johanna algo nerviosa.

― Todo saldrá bien. –le dijo Phoebe apenas nos estacionamos― Solo sigue lo que tu corazón te dicta y ten cuidado, ¿Ok? Nada puede salir mal si te mantienes fiel a ti misma. –le aconsejó.

― Gracias mamá. –le sonrió, abrazándola desde el asiento trasero.

Tenía que admitir que tenían un lazo bastante estrecho y que, aparentemente, Phoebe le había enseñado bien.

― ¿No hay besos para mí? –le pregunté― Buena suerte, hija. Te ves hermosa.

Johanna me sonrió y me abrazó también antes de bajarse del auto.

― ¡Una llamada y estoy aquí pateándole el trasero! –le dije desde la ventana del auto, solo por si acaso.

Johanna me miró, avergonzada.

― Bien "casi" hecho, si no fuera por el aterrador grito final. –me felicitó Phoebe― Ahora abandona el territorio antes de que te arrepientas de esto.

Me besó, riéndose de mi.

Cuando llegamos al restaurante, abrí la puerta del auto para que pudiera bajarse. Y fue solamente en ese instante cuando noté lo hermosa que se veía. Había tenido a nuestro tercer hijo hacia apenas dos semanas atrás, y aún así se veía diez veces mejor que todas y que cualquier otra mujer alrededor. Usaba un vestido negro simple y su cabello estaba atado en media cola de caballo con algunos bucles alrededor. Lo que ella no sabía, era que para mí, ella siempre era la mujer más hermosa en la Tierra, incluso con ese pijama rosado y las ojeras debidas a la falta de sueño a causa de Ben. No me interesaba qué tenía puesto, o si había ganado peso con el embarazo, si su piel era perfecta o tenía esas lindas pequitas adornando sus mejillas. Siempre era perfecta para mi, porque la amaba. La había visto en desgracia y en éxito, y la amaba.

La amaba, y era eso, el amor que sentía por ella y que ella sentía por mí, lo que nos había salvado de la muerte. Lo que nos había traído a esta feliz vida familiar hoy. No era perfecta, a veces discutíamos, sí, como cualquier otra familia, pero eso era perfecto para nosotras.

― Las damas primero. –sonreí, ofreciéndole mi brazo para guiarla a la puerta del restaurante.

Me sonrió, con esa sonrisa que me hacía olvidar acerca de todo y de todos, excepto de que si aún seguía vivo, era por ella. Excepto de que ella era la prueba viviente de que los Ángeles sí existían. Excepto de que ella era perfecta a mis ojos, tal y como era.


Ok gente, el siguiente capítulo es el ultimo. Iba a hacer un solo epílogo, pero como soy medio obsesiva compulsiva y el otro final tiene dos epílogos (uno dividido en dos) este también será así. Esa es la razón por la que son desde el punto de vista de Cole, para mantener un poco de balance. Espero que les haya gustado este salto al futuro : )