|Demasiadas gracias a todas por sus maravillosos comentarios (Leo y me encanta cada unjo de ellos (:): Pacita Delitah Cullen; La chica del gorro azul.; teishi darky1995; . Angel Delirium.-.; Deathxrevenge; sophia18; ThoraPoison; picDake; ZeriCullen; beakis; TOXICULLEN; RociRadcliffe; vero; lizzy90; K y Edward Cullen Forever; mamicullen; naddia-of-pattz; gpattz; zujeyane; MarCullen20; Aangie Black; sandra32321; lax gabytaxx; CullzMonster-JocelynN'Annie; ADICULLEN; Hime-chan n n; samory; twilighter; Marylouu; Tata XOXO; PRISGPE; the rainbowgirl; belly bells cullen- salvatore; elpilau; The lost Juliet; cremita; Rei Hino Cullen; gatitamoon; Luz Cullen Chiba.

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.:: Doll Is Mine ::.

Capítulo V:

Tropiezo

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«I must say
this love hasn't changed me
cause I feel fine»

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¿En verdad estaba comportándose de esta manera? ¿Cómo un simple y tonto adolescente? Porque sí, parecía un adolescente excitándose de esa manera y sintiéndose deseoso de estar lo más cerca posible de esa pequeña. La deseaba demasiado, demasiado para su propio bien y para su propia voluntad. No le gustaba sentirse así. Se sentía patético y vulnerable. Vulnerable porque es niña le hacía desear hacer cosas que en otras circunstancias jamás habría hecho.

Y sin embargo, a pesar de todos sus intentos, no había podido dirigir miradas fijas hacia esa pequeña adolescente arrinconada en su habitación. Ella había estado tan tentadora en esa camisa suya. Ahora pensaba que no fue tan buena idea dársela, porque comenzaba a imaginar cosas que no eran nada buenas… Ella estando con una de sus camisas después de una situación mucho menos tensa y nada decente.

Y ésta dejaba ver la mayor parte de sus delgadas y hermosas piernas, tan pálidas y de suave apariencia como el resto de su cuerpo. Si el vestido había sido tentador, esto lo era más. Y no había ayudado el hecho de que se hubiese abrazado a sí misma y hubiera podido vislumbrar un poco las pantaletas que traía.

Pero eso no había sido lo peor, sino las palabras de esa niña. Se empeñaba en creer y hacerle creer a él también que era un depravado, como los sujetos que acostumbraban los lugares en donde le había encontrado. No, él no podía compararse con uno. Ni siquiera hubiese puesto un pie de no haber sido por la reunión de Aro… y ahora no estaría allí estando de obstinada, sino desvirgada en la cama de algún violador.

No era un violador. Estuvo a punto de hacerlo, pero la poca conciencia que le quedaba no le permitió hacerlo. Estaba condenado al averno, por todo, menos por ser un violador. Eso jamás. Y a pesar de que había intentado hacérselo saber a Bella, ella no le había creído ni una sola palabra. Ya lo vería con el tiempo…

¿Con el tiempo? ¿Cuánto tiempo la tendría encerrada aquí? Ni siquiera lo sabía, no había pensado en ello. Simplemente la deseó en instantes, sin pensar en las consecuencias.

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Bella volvió a sobresaltarse cuando la puerta de la habitación en donde estaba arrinconada se abrió de nuevo. ¿Sería de nuevo él? Pero, ¿ahora qué diablos querría? Se preguntaba Bella. Sólo sabía que no tenía muchas ganas de verle de nuevo la cara, ni de sentir su mirada recorriendo su cuerpo semi desnudo. Era simplemente demasiado intimidante y fría. No podía con ella y lo peor era que sentía unas tremendas ganas de ver su angelical rostro.

Pero no. No era él.

Se sorprendió y alivió cuando vio a esa joven que había visto anteriormente. Aquella de aspecto desenfadado y amable. Muy dulce y reprimida. La joven volvió a sonreírle amablemente y Bella se sorprendió al encontrarse devolviéndole una tímida sonrisa con los labios. Había que admitirlo, estaba aliviada. Su cuerpo ya no estaba tenso y todos los pensamientos incómodos habían dejado de revolotear en su mente.

Ni siquiera pudo preguntarse el porqué estaba aquí, pues pudo ver que en sus manos traía lo que parecían ser algunas prendas. Bella se sintió un poco aliviada y confundida al darse cuenta de ello. ¿Ya no tendría que estar semidesnuda, con esta simple camisa de ese extraño hombre? Siguió sentada en el rincón, sin atreverse a moverse y la joven depositó la ropa en la cama.

—Aquí tiene algo de ropa, señorita —dijo la joven amablemente. —Espero que sea de su agrado. —Bella se levantó por fin y se acercó a la cama, para mirar lo que le había traído. Parecían ser unos sencillos capris negros y una playera del mismo color. Vaya, eso sí que era un alivio. Ya no sentiría ese desagradable frío en las piernas, ni tendría que abrazarse a sí misma para cubrirse en todo lo posible.

—Gracias… Pero, ¿cómo…? —comenzó a decir Bella, mientras observaba las prendas, pero no terminó de formular la pregunta. Ella pareció entender su pregunta, ni siquiera hubo necesidad de terminarla.

—El vestido que traía me ayudó un poco a calcular su posible talla —contestó ella simplemente, con un asentimiento de cabeza. Bella asintió en comprensión y una pequeña sonrisa de agradecimiento se dibujó en sus pequeños labios rojos.

—Si no le importa, me retiraré. —Finalmente Bella se quedó sola en la habitación y después de mirar hacia la puerta esperando que en cualquier momento ese hombre entrara, decidió apurarse a cambiarse de una vez por todas. Comenzó a desabrocharse la camisa y esta vez pudo darse cuenta del fuerte aroma que le envolvía.

Se sorprendió a sí misma cuando al olisquear la prenda vino a su mente un simple adjetivo para describirlo: 'Delicioso'. Le gustaba mucho. Se sentía deseosa de olerlo más y más, sin parar. Porque tenía un extraño poder atrayente en ella. Como si oliera las páginas de los libros nuevos, la tierra húmeda o el césped recién cortado… Sin resistirse más volvió a aspirar la camisa que ahora estaba en sus manos, para intentar guardar el extraño aroma en su memoria.

La dejó a un lado y se puso la playera y los capris, que como supuso al verlos, eran de su talla exacta. Suspiró con satisfacción y una pequeña sensación de comodidad le recorrió el cuerpo. No había nada como tener encima ropa familiar y cómoda. Porque ella siempre había odiado los vestidos y toda esa ropa que dejara mucho al descubierto. Siempre había amado los capris, los jeans y las playeras. Los vestidos, las faldas y ese tipo de cosas siempre fueron un tormento para ella.

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Bella no tenía ni idea de cuánto tiempo llevaba aquí, pero parecían ser meses. Los días se le hacían eternos y si no fuera porque por aquella ventana podía ver el sol ocultarse cada noche, ni siquiera los distinguiría. Porque todos eran totalmente tediosos e tan iguales que comenzaba a desesperarse. Incluso comenzaba a olvidarse de que hace algún tiempo había sido comprada por ese hombre… Ahora realmente le creía cuando le había dicho que no planeaba violarle.

Ni siquiera se había dignado en volver desde aquella 'discusión', posterior a la casi violación sufrida. Así que no lo había visto desde hace días. Y eso comenzaba a intrigarle, a desesperarle y confundirla, porque no entendía qué sucedía con ese tipo y por qué no simplemente le dejaba libre. Se sentía como una prisionera sin sentido, aquí encerrada en esta habitación que ya conocía tan bien.

Y le hubiese querido preguntar o exigir alguna explicación, pero no se había dignado en aparecer por aquí. La única persona la que había visto durante todos estos días y que le había ayudado a no 'enloquecer' del todo, era Ángela, una de las pocas sirvientas de esta casa. Había podido averiguar su nombre después de unas tímidas conversaciones en los momentos en los que le llevaba comida y algo de ropa.

Ángela parecía ser idéntica a ella. Y le agradaba mucho. Probablemente si no fuese porque no podía permanecer demasiado tiempo con ella, habrían podido hacerse buenas amigas. Tan buena, amable, sencilla y silenciosa. Por lo menos confiaba en ella un poco y no se sentía tan incómoda y temerosa en este lugar desconocido. A veces se preguntaba cómo podía estar en la casa de alguien como él... pero no se había atrevido a preguntar algo como eso. Probablemente la ofendería.

No había intentado salir de la habitación. Tampoco se había atrevido. Eso pensaba mientras miraba fijamente la puerta, cansada de estar simplemente acostada en la enorme cama mirando hacia el techo. Alguna vez lo pensó, en una de sus tantas desesperaciones, pero temió la posibilidad de encontrarse con ese intimidante hombre y lo desechó de inmediato. No quería verlo. No quería que sus poderosos y fríos ojos verdes la penetraran. No quería que su sedosa y glacial voz hicieran que los vellos de la nuca se le erizaran. No quería quedarse paralizada ni sentirse vulnerable.

Pero la desesperación, el aburrimiento y la confusión ya estaban llegando al tope. Creía que no soportaría por mucho más tiempo este encierro. No iba a estar toda su vida aquí. No iba a seguir acostada en esta enorme cama, mirando a la nada, pensando estupideces. Si simplemente iba a estar encerrada todo el tiempo, mientras sus padres estaban mortificados, preguntándose qué había sido de ella, no iba a quedarse de brazos cruzados. No podía permitirlo. Tenía que largarse de aquí como fuera.

Se levantó y se dirigió cautelosamente, como si alguien la fuera a escuchar, hacia la puerta de madera oscura. Giró el pomo y se sorprendió al girarlo completamente y encontrarlo desbloqueado. Presintió que iba a estar cerrada, pero no había sido así. Podía salir libremente e intentar escapar, cosa que no veía muy posible viendo la muralla que rodeaba la casa. Y, aunque sonaba aterrorizante, veía más la posibilidad de enfrentarse a ese hombre.

Miró a ambos lados del pasillo y con mucho sigilo cerró la puerta. Recorrió el pasillo y finalmente llegó a las escaleras. Titubeó durante unos buenos instantes si debería de hacerlo. ¿Y si le hacía algo por encontrarla husmeando en la casa? ¿Y si simplemente resultaba imposible, como había supuesto, salir de este lugar? Siempre le habían dicho que no se rindiera sin haberlo intentado, pero obviamente el escapar no sería algo tan sencillo.

¿Qué más podía pasar? De todas formas las posibilidades de volver 'a ver la luz' eran casi nulas. Quizás sería la mascota enjaulada de este hombre y nunca volvería a ver a sus padres. No había nada qué perder. Quizá sería peor no intentar nada por el miedo. Suspiró y bajó las escaleras muy despacio, el corazón comenzó a acelerarse.

Miró sorprendida a su alrededor, tan grande y ostentoso. Definitivamente ese hombre debía de tener mucho dinero y sobre todo, era muy poderoso. Podía verlo en cada una de las cosas que había allí. Le gustaba la buena vida. Y en otro momento y en otro lugar seguramente hubiese mirado fascinada su alrededor y con una curiosidad enorme hubiera visto cada una de las cosas que había allí, pero no iba a detenerse por una estupidez así.

Siguió recorriendo, buscando algún punto que resultara una posible salida. Ladeó la cabeza y miró con curiosidad un piano que estaba en el rincón de la habitación en donde estaba. Así que había sido eso. Había pensado que era su imaginación cuando escuchaba de repente una linda melodía. Una hermosa y tranquilizante melodía que nunca antes había escuchado.

Comenzó a preguntarse si de verdad él tocaría el piano… Pero finalmente sacudió la cabeza y se deshizo de esos pensamientos, exasperada por su fuerte curiosidad, que le había distraído de su propósito. Finalmente se giró y con una última mirada hacia ese bonito piano comenzó a caminar dando grandes zancadas.

Se sintió chocar contra algo duro y no se extraño cuando sintió que perdía el equilibrio y caía hacia atrás sin remedio alguno. Su pequeño trasero dio de lleno contra el suelo y sus manos también, las cuales estrelló contra el suelo en un intento de amortiguar la caída. Pero, pronto el dolor quedó en el olvido, porque su mirada se encontró con los ostentos y altos tacones, recorrió desde las delgadas y bonitas piernas, el vestido igual de ostentoso y bonito que cubría el cuerpo menudo, hasta finalmente llegar al rostro de esa chica.

Su cabello era muy corto y las puntas de este se disparaban hacia todos los lugares posibles. Era de un color negro intenso y brilloso. Sus rasgos eran parecidos a los de un duende, pero en ese momento su rostro estaba desencajado en una expresión de total asombro. Sus poderosos y extrañamente cálidos ojos le miraban fijamente desde arriba. Ella era hermosa.

Bella le miraba igual de asombrada, pero mucho más aterrorizada. Se quedó inmóvil en el suelo e inconscientemente comenzó a temblar del miedo que sentía en este momento. Y después se dio cuenta de que ella no era la única. También estaba otro chico, que le miraba sorprendido y con las cejas arqueadas. De inmediato se dio cuenta de que era igual de imponente que el hombre del cabello cobrizo. Igual de fuerte. Igual de hermoso. La única diferencia estaba en que sus cabellos eran rubios, de casi un bonito dorado. Su mirada mostraba sorpresa, pero parecía ser igual de fría mientras le analizaba.

Ahora se arrepentía de su estúpida idea de salir. ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué pasaba esto justo cuando había decidido intentar hacer algo aparte de permanecer encerrada? No sabía cuánto tiempo había permanecido aislada en esa habitación, pero ahora pensaba que no fue mala idea. No tenía idea de quienes eran ellos, pero que se los hubiese encontrado no podía significar nada bueno. Ahora sólo faltaba que apareciera… él.

Su corazón se detuvo durante un instante y sintió que se tragaba un ladrillo entero cuando escuchó esa aterciopelada voz. —¿Y ahora qué pasa? —Pero no estaba esa profunda frialdad o ese profundo tono demandante... Era mucho más hermosa, era igual de intimidante, pero era más suave.

—Edward, ¿quieres explicarme que es esto? —preguntó la chica pelinegra. Bella pudo detectar algo de confusión y curiosidad en su voz, la cual era igual de sedosa y hermosa que la del ese hombre. Seguía escrutándole esta vez menos sorprendida y con algo de curiosidad y, cuando miró esos intensos ojos verdes, pensó que quizá ella debiera de tener algún parentesco con ese hombre.

¿Edward, eh? Probablemente se estaba dirigiendo al hombre que había atormentado sus anteriores días. Así que se era su nombre. Un nombre algo anticuado y muy interesante. Pero eso era lo de menos, porque escuchó sus apresurados pasos acercarse. Su corazón dio de nuevo un vuelco y la respiración se le volvió pesada mientras pensaba en lo que estaba a punto de pasar.

Definitivamente no le gustaría mucho esto. Esas dos personas no parecían ni estar enteradas de lo que había hecho ese tal Edward. Del hombre que podía ser. Seguía mirando con angustia a la chica, y se sintió un poco sorprendida cuando su piel quemó. Podía sentirlo, podía sentir esa mirada perforándola. No sabía cómo, pero sentía que le miraba fijamente.

En un atrevimiento, su mirada se dirigió temerosa hacia Edward. Se arrepintió. Con sólo un vistazo pudo ver que sus ojos se habían oscurecido y ahora le miraban muy, muy, enfadados. Sus ojos le miraban más fríos y más peligrosos que nunca. Casi flameaban. En ese momento sintió miedo de verdad. No sabía que iba a hacerle después de esto. Quizá ahora terminaría violándola por la furia.

—¿Edward? Dímelo —preguntó de nuevo la chica, esta vez con más firmeza. Desvió la mirada hacia Edward, quién seguía mirando a Bella fijamente. La chica no pudo soportarlo más y bajó la mirada hacia el suelo, intentando controlar el miedo y las ganas de gritar, llorar y salir corriendo que sentía.

—Eso… Eso no es nada. No te importa —replicó Edward fríamente, llevándose los dedos inmediatamente hacia el puente de su nariz. Intentando deshacerse el punzante dolor de cabeza que sentía en ese momento e intentando calmar la furia que le provocaba la estupidez que esa chiquilla había cometido.

No había sabido qué hacer con ella, pero en sus planes definitivamente no estaba el que su familia se enterara de esto. Mucho menos Alice. Ahora tendría que darles una explicación convincente. Pero tenía que deshacerse de esa niña antes de que hiciera alguna otra tontería. ¿Qué tal… qué tal si ella mencionaba lo que había intentado? Definidamente la reacción de Alice no sería nada buena.

Caminó hacia ella con seguridad y vio que ella alzaba sus pozos de chocolate para mirarle temerosa. No, ella no podía mostrar miedo o sino Alice comenzaría a sospechar de todo esto. Tenía que apurarse. Agarró con firmeza uno de sus brazos y no pudo controlar la delicadeza de sus movimientos al levantarla del suelo, pero intentó no ponerle atención.

Ella jadeó audiblemente por la sorpresa y el dolor y una sensación de culpa apenas perceptible se hizo presente. Ahora no estaba para esas estupideces. Estaba dispuesto a arrastrarla y encerrarla a la habitación sin importarle en ese momento Alice, pero ella no se iba a dar por rendida, claro.

—No, Edward, vas a explicarme esto —Alice ahora estaba muy seria y más confusa. Ella realmente no iba a dejarlo. —No me digas que es otra… de tus conquistas. ¡Pero si es una niña! —dijo más seria volviendo a mirar a Isabella, quien mantenía la vista clavada en el suelo, realmente atemorizada. Esperaba que permaneciera así, sin decir ni una sola palabra.

No, Alice¸ no es otra de mis conquistas —replicó Edward más firme y un poco agresivo de lo que hubiese querido. Ahora las cosas no estaban saliendo muy bien. Alice frunció el ceño y Jasper que se había mantenido silencioso y tranquilo durante este tiempo miró con una ceja arqueada a la chica.

—¿Entonces qué hace aquí? ¿Quién es, si no?

—Eso no importa ahora. ¿Déjalo, quieres?

—No, vas a decírmelo.

—De acuerdo. Sólo… —cedió contrariado y todavía furioso, pero no terminó de hablar. Simplemente tiró con fuerza del brazo de la muñeca y la arrastró hacia las escaleras. Gruñó de frustración y desesperación cuando ella tropezó un par de veces en el trayecto, sin embargo no se detenía y la obligaba a levantarse como pudiera.

Abrió la puerta de su habitación de golpe y con furia aventó a la chica adentro, cerrando la puerta con la misma brusquedad, sin molestarse en echarle un vistazo siquiera. No era muy bueno controlando su rabia y sabía que no sería muy buena idea mirar a esa chica, la que comenzaba a darle más problemas.

—¿Qué hiciste con ella? —inquirió Alice, una vez que Edward bajo. Ella no iba a dejarlo tranquilo hasta que le diera cualquier mierda de explicación, pero una que tuviese que ser muy convincente.

—No quiero que empiece a escuchar tus tonterías, Alice. Sólo conseguirás asustarla… —Más. Edward en parte mintió, pasándose una mano por los cabellos cobrizos y despeinándolos.

—¿Tonterías? Bien, entonces dime quién es y qué hace aquí esa… chica —repitió, enfatizando la última palabra. —Es una chica, una niña, no sabía que fueras un…

—No es lo que piensas —gruñó Edward lanzándole una mirada furiosa, mientras sopesaba la posibilidad de decirle parte de la verdad. ¿No podía ser tan malo, o sí? Sólo que quizá simplemente eso serviría para mortificar y apenar a Alice y eso no le gustaba mucho.

Ella le miró con las cejas arqueadas, inquisitiva, esperando que se explicara. —Es… es una chica que ayudé.

—¿Cómo?

—Ella estaba en una venta clandestina. Me refiero a que querían venderla —Edward pudo escuchar a Alice jadear de la sorpresa. Obviamente la declaración no le había agradado mucho. Ahora empezaría a hacer preguntas incómodas que le confundirían más y más.

—¿Qué dices? ¿Quieres decir que la querían vender como esclava sexual o algo así? —preguntó Alice con un hilo de voz.

—Sí, algo así, Alice.

—¿Algo así? No me digas que andas en ese tipo de…

—No son negocios míos. Jamás podría hacer algo así. Estaba en una reunión y me la ofrecieron —replicó Edward lo más calmado que pudo. El que su hermana siquiera pensara que hacía ese tipo de cosas era realmente frustrante. Pero no la culpaba, después de todo no era una muy buena persona.

—Te la ofrecieron… —'Y tú la aceptaste', seguramente pensaba incrédula. Alice no parecía entender su ayuda.

—Realmente no puedo creer que me creas uno de esos… depravados —dijo Edward, sintiéndose muy descarado, pero aparentando estar ofendido. Quizá después de todo sí que era uno. —Sino la hubiese sacado de allí… no me imagino cómo estaría ahora. Quizá muerta.

—¿Y por qué sigue aquí? ¿No deberías de haberle ayudado a regresar con sus padres? —saltó Alice sorprendida, ignorando la queja de Edward.

—¿Qué? ¿Estás loca? —saltó Edward incrédulo. —Si hago algo como eso ella podrá meterme a la cárcel…

—¿Por qué? ¿No se supone que la salvaste? Debe de sentirse muy agradecida contigo —inquirió ella y Edward se sintió más frustrado que nunca. «Probablemente lo hubiese estado sino… hubiera perdido el control», se dijo a sí mismo.

—No lo sé, ya lo veré —dijo Edward intentando deshacerse del tema. —¿Ya has terminado? Tengo cosas que hacer —añadió con un mascullo.

—Iré a verla…

—Ni se te ocurra. La has asustado con tus estúpidas suposiciones —mintió Edward de nuevo, interrumpiéndola, aterrorizado por la idea de que Bella estuviese a solas con Alice. Ella hizo una mueca. —Ahora tendré que tranquilizarla —Sí, claro, eso será lo último que harás.

—Sólo quiero asegurarme de que esté bien —bufó Alice. Edward no contestó, simplemente le dirigió una fría mirada, indicándole tan solo con eso que no le iba a permitir algo como eso. Podía ganarle a Jasper y a Emmett, haciendo que finalmente cedieran a su voluntad, pero con él jamás y ella lo sabía. Finalmente Alice rodó los ojos y suspiró, aunque obviamente no dejaría ir todo esto tan fácilmente.

Ahora las cosas se habían complicado y tendría que encontrar alguna manera de resolverlas rápido. Pero primero… —Pero no lo dejaré —comenzó Alice, afirmando su suposición. —Espero que realmente empieces a hacer algo…

No contestó. Edward dio un rápido vistazo a Jasper, quien se había mantenido silencioso y a la raya de la conversación. Él siempre era así. Le miraba fijamente y vio en su mirada una especie de… cuestionamiento. Obviamente sospechaba que había algo más en todo esto.

Edward arqueó las cejas y le dirigió a Alice una mirada inquisitiva, como indicándole que no había nada más que hablar. El asunto inicial de la visita había quedado completamente en el olvido ahora. Ella lo entendió, hizo una mueca y finalmente suspiró. —Nos veremos pronto —dijo enviándole una mirada severa.

Llegó con pasos gráciles hasta él y se puso de puntillas para darle un beso en la mejilla, él simplemente se quedó plantado en su lugar, intentando controlar la furia y la frustración que crecían en él. Comenzó a alejarse y Jasper también, no sin antes darle una última mirada, como advirtiendo que tenían que hablar.


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|Nota de Autor:

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+Hey!

Realmente me tardé, ¿eh? Cómo lo expliqué en una traducción que también estoy haciendo, tuve que resolver algunos problemas personales y lo último que quería durante este mes, era escribir. Pero, bueno, algunas ya sabrán que suelo ser así. ¿Qué les pareció? Creo que fue un asco, ¿eh? Como estuve demasiado tiempo fuera de la historia, perdí el hilo, hace algunos días me puse a escribir a ver que pasaba… y salió esto. Díganme que no está taaan mal, porque en realidad ya no sé ni a donde llevo la historia xDDD pero ya estoy pensando en algunas cosas.

Y, como habrán visto, decidí dejarlo en tercera persona. Sé que es más sencillo leerlo en primera persona, pero a la vez es algo lioso, porque tendría que estar cambiando de PoV bastante seguido y yo detesto los carteles tipo 'Bella POV' y además, sería demasiado repetitivo. Y bueno, otra cosa que quiero agregar, es que algunas empiezan a preguntarse por qué Edward no es tan agresivo. Pues, miren, como han notado algunas, intento conservar en el fondo al Edward de libro. Incluso si se dan un poco cuenta estoy incluyendo algunas cosas de libro xD. O sea, va a ser un Edward agresivo, impulsivo, dominante y quizá un poco sádico, pero después de todo... conservará ese 'encanto' que tiene en el libro.

Pregunta, ¿creen que Bella está actuando demasiado normal o tranquila después de lo que pasó? Es que un review me dejó pensando. Y segundo, para vero, que me preguntó la edad de Edward... él tiene 24 y Bella 16, pero pronto cumplirá 17 :)

Finalmente, me despido y agradezco si la leyeron. Espero sus más sinceras opiniones.

Hasta la próxima,

Leon.
Jueves 24 de marzo del 2011.